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Fairy Tail Chronicles


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La llegada al nuevo hogar

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La llegada al nuevo hogar

Mensaje por Mylotych Reezek el Miér Mayo 28, 2014 5:53 pm

Después de años deambulando de un lado a otro, Mylotych decidió, finalmente, asentarse en un gremio. No fue suya la decisión, sino de los dioses, y desde luego él no pudo oponerse a aquellas voluntades que regían su destino.

Todo comenzó hace ahora diez años, en un día como otro cualquiera, en el que el sol se asomaba a ver las maravillas de la creación en aquel pequeño mundo, y cada ser viviente del bosque por el cual Mylotych caminaba, se asomaba a recibir sus rayos. Un sendero atravesaba aquel bosque como parte de una ruta comercial, y por este caminaban los dos, Mylotych, el elfo ahora llamado “de sangre”, y su compañero, Shinshei, el dragón blanco. Aquellas dos personas eran, sin duda, la pareja ideal, completamente complementarios. Uno era velocidad, alguien que se basaba a la hora de combatir en nunca ser acertado, en evitar todos los golpes, y asestar él los ataques. El otro era lo opuesto, fuerza pura y dura, un cuerpo grande y duro, con más músculos que cualquier bestia, y una fuerza sobrehumana. Pero no quedaba en eso su complementación, ambos eran diferentes, Mylotych fue el elfo que nació con piel morena, repudiado por los suyos por aquello. Shinshei el Audron albino, repudiado por ser más blanco que los demás. El destino y los dioses les hicieron enfrentarse y hermanarse, y ahora ni ellos mismos podrían romper aquella unión que la sangre y la guerra habían forjado, respeto mutuo y amistad, aquello unía a los dos seres.

De repente, y mientras ambos paseaban tranquilamente de camino a una ciudad, un ruido alertó a ambos. Era un grito, de alguien que estaba en peligro, y su reacción natural fue correr para socorrer al herido en apuros. La voz había sido grave y sorda, la clásica voz de los enanos de la montaña, unos hombres aguerridos y fuertes, pero de estatura modesta como poco. Para sorpresa de ambos, al llegar lo que encontraron fue a un grupo de enanos armados, listos para emboscarlos. El audron miró a Mylotych sonriendo, y dijo algo en tono de mofa. –Eso nos pasa por ser buenos samaritanos, ¿eh? –Ambos rieron ante aquella gracia, y los enanos, que no comprendieron el chiste, se lanzaron a por ellos con todo. Dos de los enanos les lanzaron un par de hachas arrojadizas a cada uno, que Mylotych sencillamente esquivó, y Shinshei las bloqueó con su arma. El pequeño de ambos, Reezek, corrió a la espalda de uno de aquello enanos y apunto a su cuello desde allí con su peculiar katana.

-Ahora dadme una razón para que no derrame vuestra sangre por el suelo. –El enano comenzó a reír, junto con todos los demás, y un grupo todavía mayor salió de detrás de aquella roca. Eran muchos, si trataban de enfrentarlos a todos probablemente perderían, así que Reezek y Shinshei se reorganizaron para cubrirse las espaldas mutuamente. –No va a ser fácil… -Murmuró este primero a su compañero, pero los enanos no atacaron, nada más lejos, guardaron sus armas, aún sonrientes.

-Venid con nosotros, ¿sois del gremio Fire Blood, no?, habéis superado la prueba, sois fuertes, no cabe duda, y además lo bastante amables para acudir en la ayuda de quien grita pidiendo auxilio. Seréis bien recibidos en nuestra fortaleza, cuando os llamamos no sabíamos que vendríais tan rápido, además, nos dijeron que sería un humano quien vendría, ¿hubo algún problema? –Todo sucedía muy deprisa, y lo único que podía pensar Mylotych era en asentir a las palabras del que parecía ser el jefe de los enanos, y cuando este formuló aquella última pregunta, tuvo que improvisar aquel contratiempo que nunca tuvo lugar.

-Esto… Sí, así es. El humano que iba a venir… -Entonces salió a relucir la poca capacidad creativa de Mylotych. -…tenía diarrea aguda y no ha podido siquiera salir del baño. –Ahí estaba dicho ya, poco o nada se podía hacer ahora. Sin embargo, por extraño que pudiera parecer, los enanos dieron por buena aquella excusa, y no solo eso, sino que entendieron bien el problema al parecer.

-Oh, lo entiendo, nosotros hemos llegado a pasar semanas enteras convertidos en máquinas de hacer caca, sin salir durante semanas de las letrinas. –Aquella era una información harto innecesaria, pero ya la había oído, el daño ya estaba hecho. En cualquier caso, aquellos enanos ya creyeron a la pareja de extranjeros, así que de momento todo iba bien. –Es igual, seguidme, os llevaré al lugar en cuestión de un momento. –Tras decir aquello comenzó a internarse en una mina, acompañado del resto de aquellos pequeños pero valerosos guerreros, y de los dos supuestos “héroes” que habían enviado como ayuda. No tardaron en encontrar una habitación dónde se encontraba el que parecía ser el cabecilla de aquellos enanos. Nada más entrar, aquel anciano enano se refirió a ellos para explicarles el porqué de su llamada.

-Bienvenidos, hijos de Fire Blood. Mi nombre es Theros, soy el padre protector de los enanos de estas tierras, y me gustaría haberos conocido en otras circunstancias, sinceramente, pero no es el caso… -Se notaba la preocupación en su voz, era más que evidente que iba algo mal por allí, y aquella debía ser la razón por la que pidieron ayuda a un gremio. –Unos bandidos merodean nuestras tierras, y tenemos razones para pensar que pueden estar buscando puntos de entrada a nuestras tierras, a nuestras propias casas, y no podemos arriesgarnos. Esa es la razón por la que os hemos pedido ayuda a vosotros, el gremio con el que tanta historia ha compartido nuestra raza. ¿Nos ayudaréis? –Aquella pregunta pilló por sorpresa a Mylotych, que aunque Shinshei trató de decirle que confesara y se fueran de allí cagando leches, continuó con su mentira, aceptando la misión.

-Por supuesto, no podemos dejaros colgados después de toda la historia que hemos compartido. –Dijo haciendo referencia a lo oído, pues era lo poco que sabía de aquello. Sin embargo, mientras él hablaba, se oía un murmurio en la sala, los demás enanos, cercanos a la puerta, cuchicheaban al ver como llegaba alguien nuevo, y el rumor sobre aquella persona se extendió como la pólvora. Un enano corrió a avisar a Theros de lo que ocurría, y al parecer, según él mismo dijo, nuestros protagonistas no eran los únicos que “envió” Fire Blood.

-Oh, ya veo. Alegraos, al parecer el humano que vuestro gremio enviaría, sí ha podido venir finalmente, entre los tres será muy fácil que realicéis la misión. –El enano no se daba cuenta de nada, por suerte mientras el otro no los traicionara diciendo que no eran de su gremio, los enanos no los matarían de forma dolorosa. Sin embargo, al ver el aspecto de aquel humano que allí se presentó, Mylotych y Shinshei se dieron por vendidos ya, preparándose para pelear. –Hola, bienvenido a nuestras tierras, hijo de Fire Blood. Tus compañeros dijeron que no podrías venir, así que pensábamos que solo contaríamos con ellos dos, me alegra que estéis tres hombres del gremio, demuestra un gran interés por vuestra parte en mi familia y en nosotros. Gracias. –El anciano hizo una reverencia respetuosa, y aquel hombre la correspondió.

-Por supuesto. –Dijo mirando a los otros dos supuestos miembros de Fire Blood, a los que no reconocía, pero aun así decidió dejar las preguntas para después. –A propósito, mi nombre es Vaas, es un placer conocerlo, señor de los enanos. –Ahora fue él quien empezó la reverencia, y el anciano quien la correspondió, instando al humano a que se levantara rápidamente. –En fin, creo que más formalidades estarían de más, nos encargaremos de los invasores, Theros, tiene mi palabra. –Llevó su puño contra su corazón en un fuerte golpe. Tras esto ahora miró de nuevo a los extraños supuestos miembros. –Acompañadme. –Diciendo aquello los cogió y los llevó a una esquina, donde los apoyó contra la pared. –Veamos, no sois miembros de mi gremio, eso lo tengo más que claro. –Su mirada seria y penetrante era intimidatoria, pero ninguno de los dos se dejaba amedrentar. El Audron era más grande que aquel hombre, así que no sería por fuerza por lo que le asustaría, mientras que aquel “Elfo de sangre” no temía a nadie más que a los propios dioses, y aquel tipo distaba mucho de ser uno de ellos. –Hmm… Sin embargo no parecéis unos completos inútiles, quizás hasta podáis ser de ayuda. Os propongo algo, ayudadme a llevar a cabo la misión, y estos enanos nunca sabrán de vuestro engaño. –La propuesta era más que tentadora, no era plato de buen gusto tener que enfrentarse a todos aquellos enanos armados en su propio terreno, así que, y tras mirarse ambos, accedieron asintiendo con la cabeza. –Genial, partiremos en breves. –Concluyó Vaas, dándose la vuelta y volviendo a terminar su coloquio con aquel viejo enano, que por suerte no mentó nada acerca de la severa diarrea que supuestamente incapacitaba a Vaas.

En cuestión de minutos ya estaba preparado para partir, y llamó a aquellos dos improvisados acompañantes para que no quedaran rezagados en la misión. –Aprisa, no quiero que anochezca antes de llegar al campamento enemigo. Según han comentado los enanos son aproximadamente diez hombres, que con una actitud hostil, desprecian las visitas de los enanos y desoyen sus advertencias sobre aproximarse a las tierras de los enanos, lo cual les lleva a pensar que no han venido simplemente a pasear. Los enanos tienen un tesoro de valor incalculable, y temen que ese grupo sea una avanzadilla que investigue puntos de entrada para que uno mayor los asedie buscando robar este. Nuestra misión es simple, en primer lugar conocer las intenciones de esos hombres, y tras esto, actuar en consecuencia de las mismas. –Por sus palabras se deducía fácilmente que, de ser las que pensaban los enanos, la actuación consecuente sería acabar con la vida de aquellos hombres. Reezek no era alguien extremadamente beligerante, pero con una razón de peso para pelear, se convertía en el más aguerrido guerrero y en el más letal asesino, así que no le importaría participar en dicha masacre.

Salieron de allí, con Vaas a la cabeza, y se adentraron en el bosque donde se encontraba el campamento de aquellos bandidos desconocidos, que no tardaron más de veinte minutos en encontrar. Estaban apostados a la orilla de un río, y habían montado unas tiendas hechas con lonas de piel curtida, así como una hoguera en el centro del mismo campamento. Pronto anochecería, y aprovecharían aquello para, al amparo de la noche, acabar con aquello de forma rápida. El primer paso, la obtención de información, se resolvería rápido. Uno de los bandidos fue a orinar, pues al fin y al cabo todos eran seres humanos y tenían aquellas necesidades. Vaas habría preferido que fueran otras las circunstancias, pero no fue así, de modo que, mientras el bandido sacaba la manguera para regar las plantas, este le asestó un golpe por la espalda que lo dejó inconsciente. –Daros prisa y ayudadme a llevarlo ahí atrás… -Susurró a Reezek y a Shinshei, que negaron con la cabeza.

-Ni loco pienso coger al meón, soldadito. –Matizó Reezek, asqueado al ver cómo, tras quedar inconsciente, aquel bandido se había orinado encima por prácticamente la totalidad del cuerpo.

-En fin, tendré que hacerlo yo… -Dijo Shinshei mientras se acercaba y lo tomaba por la cabeza, arrastrándolo hasta detrás de unos matorrales, donde se encontraba Reezek esperándolos. Cuando el bandido despertó y vio a aquellos tres tipos pensó en gritar, pero la hoja de la katana de Reezek recorría su cuello como advertencia de lo que podría pasar de intentarlo, así que simplemente calló y observó como Vaas, el enviado de Fire Blood, sacaba su espada bastarda y la clavaba en el suelo con fuerza, de forma amenazante.

-Bien, ahora vamos a hacerte unas preguntas, que espero nos respondas con sinceridad, ¿de acuerdo? –El bandido asintió con la cabeza, aunque aquello no significaba que fuera a ser sincero. –Está bien, primera pregunta: ¿A qué habéis venido? –Aquel bandido dudó un par de segundos, y finalmente, confesó.

-Vale, de acuerdo. Lo admito, hemos venido a ver a las enanas desnudas, dicen por ahí que están increíblemente buenas. –Tras decir aquello, con una soberbia impropia de un prisionero, echó a reír. Aquello fue lo último que aquel hombre diría, pues Vaas sacó su espadón de tierra y cercenó el cuello de aquel hombre con un rápido tajo, al tiempo que giraba sobre sí mismo para aumentar la velocidad y potencia del corte. La cabeza de aquel bandido acabó rodando por el suelo, y Vaas la puso bajo su bota, mientras miraba a los dos acompañantes que se agenció.

-No íbamos a sacar nada en claro de este tipo, además, ya ha confesado que van tras el tesoro. –Ambos compañeros se quedaron boquiabiertos. ¿Cuándo había confesado aquello? Ninguno lo había oído, pero entonces Vaas abrió la chaqueta del bandido y encontró un plano dibujado a mano que dictaba “Cámara del tesoro”. –Ya los había visto debatir acerca de esto, y ya sabía a qué venían. Cuando lo capturé fue para determinar solamente si haría falta matarlos o entrarían en razón al vernos. Ahora ya sabemos la respuesta. –Con aquellas palabras llevó su espadón sobre sus hombros y comenzó a andar en dirección al campamento de bandidos, más se detuvo un instante antes para mirarnos. –Vosotros dos vendréis conmigo. –Al decir aquello Reezek y Shinshei comenzaron a andar, algo amedrentados, tras aquel hombre de aspecto peligroso. Cuando calló la noche los tres estaban agazapados en los arbustos cercanos al campamento, y todo sucedió muy deprisa. El primero en salir, en cuanto Vaas dio la orden, fue Reezek, el más veloz de todos ellos. En ese momento Vaas se dio cuenta del potencial que aquel tipo tenía, reconociéndolo como alguien medianamente hábil al ver lo que hizo. En un momento, y moviéndose a una velocidad increíblemente elevada, saltó las zarzas de los arbustos y desenvainó su peculiar katana en el aire, para nada más caer al suelo, ensartarla en el pecho de uno de los hombres que dormían a la intemperie alrededor de la hoguera.

Fue gracias a una técnica especial que Reezek tenía, que aumentaba la velocidad de su cuerpo, al aumentar su ritmo cardiaco de forma elevada. Había aprendido a hacerlo años atrás, el problema era que terminaba siendo un aumento súbito, pues el ritmo decaía pasados unos segundos, así que tan solo era capaz de mantener aquello durante unos instantes.

Aquel ataque alertó mínimamente a los demás, pero ya era tarde, y bajo la luz de la luna y la hoguera como única iluminación, Shinshei saltó con su gran hacha en sus manos para clavar la cuchilla de este en la espalda de uno de los recién avisados bandidos. Entre tanto, Vaas había acabado ya con otros dos de ellos, y ya solo quedaban cinco, que arrinconados, tomaron sus armas y trataron de huir.

-No escaparán. –Dijo Reezek echando a correr tras ellos, alcanzando rápidamente a dos de ellos, que fueron abatidos sin dificultad con cortes en los tobillos, y rematándolos al desollándolos. Shinshei corrió tras otro de ellos, al cual tardó en alcanzar, pero nada más hacerlo significó el fin de aquel hombre, pues desmembró la pierna de aquel bandido con un tajo poderoso con su gran hacha de hierro. El último de ellos, pues al otro Vaas le dio alcance y lo ensartó con su gran espada por la espalda, había tomado algo de ventaja, pero tenía tras sus pasos a Reezek. La velocidad de este ya no era tan elevada, sin embargo se seguía notando su ventaja a cada metro, acercándose más y más a su “presa”, que terminó por soltar sus armas y armaduras para ganar algo en velocidad. Llegaron a un desfiladero, un barranco de un lado, del otro Reezek, “el asesino”. Su mejor opción seguramente sería saltar, y así lo hizo, pero para su sorpresa, aquel hombre que pensaba matarlo se apresuró a cogerlo y llegó a tiempo de agarrar su brazo. Ahora aquel bandido colgaba del precipicio solo sujeto al brazo de Reezek, que lo miró con ojos apenados.

-Gra… Gracias, me has salvado la vida… -Murmuró el bandido. Reezek sonrió, y negó con la cabeza.

-No digas estupideces, no podía arriesgarme a que sobrevivieras a la caída. –Tras decir esto atravesó el cuello de aquel hombre a la altura de su carótida, y después cercenó su brazo con su katana, totalmente bañada en sangre. Arrojó el brazo que ahora sostenía al precipicio, y se giró para volver con sus compañeros. Vaas estaba a su espalda para sorpresa del semi-vampiro, aplaudiendo.

-Eso ha sido increíble, aún tengo el vello de punta y todo. Volvamos con los enanos, después decidiré que hacer con vosotros.

Los tres guerreros volvieron a la ciudad de los enanos, que agradecidos, propusieron un banquete en favor de sus héroes, que Vaas declinó, e hizo declinar a sus dos compañeros. Se despidieron de los enanos y tomaron rumbo a la fortaleza de Fire Blood, dónde Vaas creyó que deberían tratar el asunto de haber suplantado a miembros de su gremio que concernía a Reezek y a Shinshei. Al llegar todo fue muy curioso, un grupo de ancianos hablaron con Vaas mientras, entre palabras y más palabras, ojeaban a los dos compañeros. Finalmente alcanzaron un veredicto, que les transmitiría uno de aquellos ancianos.

-Hemos decidido que una falta tan grande no puede ser sobreseída, el castigo por suplantar a miembros de nuestro clan será muy severo. –Al decir aquello Reezek llevó su mano a la katana, haciendo el amago de desenvainarla, pero una gran cantidad de guardias los rodearon, armados hasta los dientes.

-Así pues… -Ahora intervino Vaas, acercándose lentamente a Reezek y a su compañero audron alvino. –Sólo podemos llegar a dos soluciones. En vuestra mano estará escoger una de ellas. Podéis aceptar tal castigo por haber suplantado a miembros de nuestro clan… -Mientras decía aquello se acercaba todavía más a ellos. Tendió sus manos y en estas había un par de galones con el emblema de Fire Blood, que los reconocerían como miembros del clan. –O podéis uniros a nuestro clan para evitar haber suplantado a nadie, como auténticos miembros de Fire Blood. –La decisión estaba cantada, era evidente que no querían ser castigados, así que los dos tomaron las bandas y estrecharon sus manos a Vaas. Así fue como entraron en aquel gremio, el inicio de todo.
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Re: La llegada al nuevo hogar

Mensaje por Alex el Miér Mayo 28, 2014 6:16 pm

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