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De bandidos y víctimas (Objetivo de historia)

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De bandidos y víctimas (Objetivo de historia)

Mensaje por Alex el Lun Jun 02, 2014 11:55 pm

La luz se filtraba entre los resquicios de una ventana mal cerrada. Hacía brillas la tersa piel de una mujer hermosa que dormía plácidamente. Apenas tapada por una fina sábana dejaba ver casi todo su cuerpo. El cabello castaño de la chica caía como una cascada por el lateral de la cama. Alex, a su lado, abrió los ojos con dificultad y la miró sonriendo. Recordaba todo lo que había pasado, le gustaba el alcohol y había tomado, pero nunca tomaba suficiente como para olvidar una noche así. Le gustaba estar sobrio y en plenas condiciones cuando “salía de caza”. Y esta vez le había salido bien, pues la compañía que tenía así lo demostraba. Aunque no estaban solos. Al otro lado de la cama, en el lateral contrario, una imponente mujer de cabellos rizados y de color áureo comenzaba a despertarse. Alex se incorporó quedando sentado en la cama y despertando a ambas mujeres, que lo miraron y acariciaron contentas, con el movimiento.

-Buenos días, señoritas. Jamás había amanecido con tan hermosa escena ante mí- Dijo con una pícara sonrisa.

-¿No vamos a continuar lo de anoche?- Preguntó.

-Nada sería más placentero para mí, pero me temo que he de marchar. Me esperan en la ciudad y no puedo demorarme mucho- Respondió.

-Espero que volvamos a vernos algún día- Sugirió la mujer rubia.

-No podría estar más de acuerdo. Espero poder veros de nuevo, a ambas, pronto- Contestó antes de besarle el hombro a una y mordérselo a la otra.

Acto seguido se levantó con dificultad a causa de las suaves sábanas que le rogaban que permaneciera acostado y de las hermosas mujeres que lo abrazaban. Consiguió zafarse, aunque no orgulloso de ello, y buscó su ropa. La búsqueda se le hizo ardua pues sus vestimentas se habían perdido por la habitación junto a las de las muchachas entre el fragor de la noche anterior. Tras encontrarla se la puso y se marchó se la habitación, no sin antes dedicarles una sonrisa y un guiño de ojo a sus compañeras. Bajó a la posada y pagó un desayuno para las dos mujeres antes de marcharse. Él había disfrutado y estaba seguro de que ellas también, pero no estaba de más ofrecerles una buena comida antes de partir.

En el exterior se escuchaban gritos e insultos, pero no había nadie en las calles, todos gritaban desde sus casas y en cuanto un hombre pasaba frente a ellas todos cerraban las ventanas y puertas escondiéndose. ¿Quién era ese hombre? Él reía mientras todos lo maldecían y se detuvo frente a Alex que miraba, apoyado en la pared exterior de la posada.

-¿Qué estás mirando, idiota? Cómo sigas con esa cara voy a tener que arrancarte la cabeza jajajajaja- Dijo el hombre.

Alex lo ignoró y suspiró, el mundo estaba lleno de subnormales y ese no era una excepción. Pero no iba a perder el tiempo dándole una lección a uno de ellos. Encaminó su marcha hacia Fergor. Isma y William ya debían estar por la ciudad o llegando y no era plato de buen gusto llegar demasiado tarde cuando solía ser su hermano menor el que nunca llegaba puntual. Mientras pensaba en lo que diría si llegaba tarde, escuchó un grito. Era como el de una mujer. Se giró y buscó el origen, pero no lo hallaba. De nuevo volvió a escucharlo y, ahora, sí que sabía de dónde provenía. Empezó a correr tanto como pudo hacia uno de los callejones. Al entrar vio lo que estaba pasando. El hombre de antes estaba agarrando por los brazos a una mujer joven que portaba un vestido rosáceo rasgado. El mercenario corrió hacia allí y agarró al hombre por el cuello lanzándolo hacia atrás.

-Maldito cerdo, ¿qué te creías que estabas haciendo? - Dijo el hombre.

-Vas a pagar muy caro lo que has hecho, hijo de puta. ¡Nadie le pone la mano encima a uno de los Alas Negras!- Gritó el hombre.

Sacó un puñal de su cinturón y corrió hacia Alex tratando de darle una punzada. Éste agarró el brazo de su rival y lo retorció haciendo que quedara de espaldas a él y soltara el arma por el dolor. Después lo empujó hacia delante y cayó de boca. Se acercó poco a poco, con precaución, por si tenía otro puñal. El “Alas Negras” se levantó furioso y volvió a lanzarse al ataque. Intentó encadenar un par de puñetazos, pero Alex los esquivó y le propinó un cabezazo en la boca. La sangre comenzó a brotar mientras aquel hombre se tapaba con las manos. La mujer corrió llorando a salvaguardarse de aquel monstruo. El tipo intentó agarrar el puñal, pero el mercenario le pisó la mano y empujó el arma con el pie lanzándola lejos.

-¡Cabronazoh! ¡Me haz rodto loz dientez! ¡Doy a volved con miz amigoz!- Gritó con dificultad antes de echar a correr.

Que viniera con quien quisiera, a Alex no le preocupaba. Salió del callejón y buscó a la mujer para comprobar si estaba herida. La encontró en el portal de una casa rodeada de gente. Al acercarse un hombre mayor fue hacia él.

-Te agradezco que hayas salvado a Mery, pero ahora vendrán los cinco bandidos y saquearán todas las tiendas. Y seguro que matan a alguien… es mejor que te vayas y no empeores las cosas, si te encuentran aquí será peor- Le dijo el señor.

Ahora se sentía mal, no sabía que aquello iba a desencadenar en algo así, solo había tratado de salvar a una mujer. Si no hubiera intervenido podría haberla violado e incluso matado. ¿Quién sabía lo que aquel cerdo quería hacerle? Pero ahora no podía abandonar a esta gente, si se marchaba aquellos bandidos harían de las suyas en el pueblo y no podía permitirlo. Hizo un gesto de negación con la cabeza e informó a aquel hombre de que los ayudaría. Después se acercó a la mujer y con el rostro serio le pidió perdón por no haber llegado antes.

-Si te empeñas en quedarte vas a tener que saber unas cuantas cosas de esos bandidos. Pasa a mi despacho y te explicaré lo que sabemos. Por cierto, soy el Alcalde Tom, encantado- Respondió el hombre.

El despacho estaba en frente de la posada en la que había pernoctado. A pesar de ser un pueblo rural tenía algún que otro adorno lujoso en las paredes. La mesa parecía de nogal y era bastante grande. Pero Alex no era nadie para juzgar la opulencia del lugar ni la riqueza del alcalde, ahora solo quería ayudar. Según los informes que habían dado los ciudadanos, los bandidos eran cinco miembros y se hacían llamar los “Alas Negras”. No eran soldados ni tenían aspecto de desertores, pero estaban armados y atemorizaban a todo un pueblo entero. Nadie se les había enfrentado, pero habían matado a dos hombres que no habían querido atenderlos. Para el mercenario no eran más que unos bandidos cualquiera, pero había algo extraño. ¿Cómo era posible que todo un pueblo no reaccionara ante solo cinco hombres?

Alguien interrumpió en el despacho golpeando la puerta con fuerza. No esperó a que el alcalde diera permiso de entrada. Un hombre, de mediana edad, entró agitado y sudado. Tenía un sombrero en las manos y lo estaba arrugando, debía estar realmente asustado. “Ba… ban… ¡bandidos!” Atinó a decir cuando su garganta se lo permitió. Después salió corriendo hacia el exterior y Alex lo perdió de vista. Se despidió del alcalde y salió tras el hombre huidizo. El Sol calentaba el suelo arenoso y hacía que el aire se distorsionara pro el calor. No era buen momento para llevar armadura y agradecía no habérsela puesto. Aunque eso podía ser peligroso, una herida fatal… y adiós. En la distancia se podía ver un pequeño grupo de personas avanzando en su dirección. Alguno de ellos parecía agitado y no paraba de señalar al mercenario. Entonces iniciaron la carrera.

-Ahí vienen. Espero que sean tan idiotas y patéticos como el primero… - Se dijo a sí mismo recordando al bandido con el que se había topado anteriormente.

Desenvainó su arma y esperó. Habían empezado a correr demasiado pronto. Eso era bueno, se cansarían en vano y Alex tendría ventaja. Pudo ver como el que se había topado con él antes se mantenía lejos. Tres de ellos siguieron corriendo. Solo un poco… un poco más… ¡Ahí estaban! Dio un salto hacia atrás para esquivarlos. Se preparó para contraatacar, pero eran demasiados. Esquivaba golpes constantemente y detenía cuantos podía con su espada, pero no tenía tiempo para devolver los ataques. Esto era complicado. El enfrentamiento era encarnizado y cada intercambio hacía saltar chispas y rechinaba en los oídos con el metal golpeando metal. La cosa cambió por fin. Alex hizo un movimiento rápido y logró cortar parte de la muñeca de uno de los atacantes. No le había sajado la mano, pero soltó el arma por el dolor y la incapacidad de mantenerla sujeta. Los otros dos retrocedieron un poco ante los gritos de dolor de su compañero. Momento que el mercenario aprovechó para atacar. Aunque fue un error. La falta de armadura le pasó factura. Ante el nuevo ataque los bandidos reaccionaron y una espada cortó el aire en dirección al abdomen del moreno. No había espacio ni tiempo suficiente para evitarlo. La única reacción que llegó fue el instinto de apartarse, aunque no fue suficiente.

-¡Ya es nuestro!- Gritó uno de ellos.

La sangre salpicó el suelo y las costillas de Alex le enviaron un veloz mensaje a su cerebro. Dolor. Era insoportable y ardía como el mismo fuego. Se retorció en el suelo y a punto estuvo de gritar, pero mordió con fuerza el aire haciendo que sus dientes rechinaran y evitando, así, proferir ruido alguno. Se levantó en el momento justo para encajar una patada en todo el estómago. Volvió a rodar por el suelo y, esta vez, se levantó y saltó hacia atrás para detener a sus atacantes. Por desgracia había perdido el arma durante el percance. Aquel que lo había apuñalado fue el primero en hacer un movimiento. Alex estaba desarmado, pero no indefenso. Esquivó otra estocada y agarró la mano que sostenía el arma. La retorció haciendo que su rival girara el cuerpo y quedara en una posición en la cual su mano, junto al arma, amenazaba su cuello. El mercenario hizo un poco de fuerza y el filo del arma hizo el resto. Un bandido menos. El otro, furibundo, intentó acabar con el moreno. La rabia nunca era buena compañera de batalla. Al menos no si no se sabe usar. En cuanto estuvo lo suficientemente cerca, Alex se agachó con un giro haciendo que el arma provisional cortara la carne e hiciera que los intestinos de su enemigo sobresalieran. Aquella podría haber sido una muerte muy dolorosa y agonizante, pero terminó el trabajo. No le gustaba hacer sufrir a los demás.

-¡Acaba con él, ha matado a mis hombres!- Gritó uno de los dos restantes.

-Pedo ceñod, me matará. Mire lo que lez ha hecho a loz demaz. Yo… yo me doy de aquí- Dijo el primer bandido.

Echó a correr, pero la lanza de su “líder” lo atravesó por la espalda a la altura del corazón. Una muerte rápida y limpia. Un líder que mataba a sus propios hombres no podía llamarse líder. Y, aunque Alex odiara admitirlo y se asqueaba por ello, aquel hombre le había facilitado el trabajo. El mercenario inició una carrera hacia el hombre, pero no exactamente como su último rival pensaba. Cuando estaba cerca rodó por el suelo, recogió su arma y lanzó una estocada hacia el pecho de su enemigo. La sangre manchó sus manos, ya había terminado. O no. Un golpe en la cara hizo que retrocediera varios pasos. Vio el brazo de su enemigo con una profunda herida. Había adivinado el ataque y lo había detenido. Eso no era algo fácil de hacer, aquel hombre era bueno. Pero Alex esperaba que no lo suficiente. Iniciaron un intercambio de ataques, aunque el bandido tenía ventaja. La longitud de su lanza le permitía un alcance del que el moreno carecía. Aunque tenía un punto débil. Una estocada bastó para terminar el combate. Alex aprovechó el fallo y se impulsó junto a lo largo del arma enemiga. Su espada atravesó el cuello del líder bandido y éste hizo un sonido gutural mientras se ahogaba en su propia sangre.

-Ojalá no tuviera que terminar siempre igual. Nunca eligen rendirse… Pero bueno, fue su elección- Se dijo a modo de consuelo.

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Re: De bandidos y víctimas (Objetivo de historia)

Mensaje por Nyrbe el Mar Jun 03, 2014 12:56 am

¡Historia moderada!
Tu nota es un 8
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Re: De bandidos y víctimas (Objetivo de historia)

Mensaje por Magui el Mar Jun 03, 2014 1:18 pm

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Re: De bandidos y víctimas (Objetivo de historia)

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