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My personal hell

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My personal hell

Mensaje por Dark S. Satou el Lun Jul 28, 2014 3:32 am

-¡No! ¡¡¡¡¡¡Nooooo!!!!!! -dije entre sollozos, gritando.

Me agarré a las puertas del carruaje con todas mis fuerzas y mordí la mano de uno de los soldados que intentaron meterme en el vagón de atrás. Intentaba elevar la vista hacia el otro carruaje, pero entre las lágrimas y las cortinas no podía ver más que la silueta de mi madre. Solté un cabezazo al soldado e intenté tirarle una pequeña llama que esquivó apartándose normalmente, no podía hacerme daño, "era el príncipe". Tras flaquear mis fuerzas a más no poder, acabé soltándome, con las manos entumecidas y los brazos dormidos. Cerraron la puerta lentamente y empecé a golpear los cristales con todas las fuerzas que me quedaban, pero era inútil, no iban a abrir, no nos iban a devolver ahí. Mis padres se habían discutido, ¿y si padre se tomaba esto como un adiós por parte de mamá?
Bajé la cabeza y me acurruqué contra la puerta, ahogándome entre mis propios sollozos. A mí, me daba igual ser príncipe... yo solo quería vivir con mis hermanos y mis padres feliz, y ahora podía comenzar a comprender el por qué de huir tanto, el por qué de que nunca estuvieran del todo tranquilos mis padres, realmente algún día nos iban a encontrar, incluso aunque estuviésemos en el rincón más escondido de la isla. El carruaje comenzó a moverse, tembloroso por la carretera de grava, provocando que pegase pequeños saltos por lo poco que pesaba, era real, nos íbamos. Estiré lo más fuerte que pude de mis mejillas pero pude comprender de que esto no era un tipo de mal pesadilla. Miré al guardia que había delante, que estaba distraído y sin casco, dormido profundamente. ¿Cómo había podido dormirse en escasos minutos, y con todo el ruido y temblor que provocaba el vagón? Me acerqué hacia él, agarrando su espada lentamente y abriendo la puerta del vagón. No sabía exactamente qué hacer, y la espada pesaba mucho, era de plata por la calidad del filo que tenía, pero la plata conllevaba a un mayor peso, lo cual significaba que me costaba de alzar, tenía que usar las dos manos aún siendo una espada corta.
Volví a mirar hacia la unión y los frenos que conectaban el carruaje principal con el vagón, si atacaba hacia los frenos todo acabaría. Pero por el peso de la espada y la dificultad de mantenerse en pie, le di un golpe contundente a la unión, provocando un ligero "crack" que separaba el carruaje con el vagón. Caí hacia atrás por el parón del vagón y este comenzó a caerse por la curva de la carretera de grava, un pequeño barranco. El soldado reaccionó rápidamente y me agarró a mí y a la espada, metiéndonos dentro del vagón y agarrándome entre los brazos y su torso para protegerme de los golpes que el propio soldado se daba por mí con cada sacudida y vuelta del vagón. Una vez el vagón paró, tras veinte segundos horribles, el soldado golpeó la ventana con su guantelete y salimos por ahí con dificultades. Se levantó refunfuñando por el dolor que le había causado los golpes.


-La ha liado bien, su príncipe. Pero bien. -dijo cabreado.

Se acercó a mí y comprobó que estuviese bien por todos los lados antes que él. A pesar de que parecían los malos, este no parecía eso. De rostro agraciado y pelo lacio azabache, una sonrisa se ceñía sobre él tras comprobar que me encontraba bien. La noche notaba caerse puesto que las sombras y la oscuridad comenzaba a adueñarse del bosque. Hizo una hoguera rápidamente, parecía tener bastantes habilidades de supervivencia combinadas con un gran físico, cazó un ciervo con un arco improvisado. Tras cenar, hizo un pequeño hoyo en el cual se metió conmigo, cubriéndolo con hojas y ramas para que no nos pudieran atacar por la noche. Era realmente inteligente, y las palabras sobraban entre los dos. A pesar de llevar varias horas con él, le había cogido cierto afecto, el cual provocó que a pesar de toda la preocupación que tenía en esos momentos sobre mi familia, quedara ahogada entre sus brazos tras dormirme.
Al despertarme, el desayuno ya estaba servido; un surtido de bayas rojas y negras encima de unas hojas. Me miró sonriendo tras pronunciar "¿ya está en pie, su alteza? y agité afirmando con la cabeza mientras sonreía.


-Que sepa, que daré mi vida por usted, pase lo que pase. Pero una duda... ¿me podría decir su nombre? -preguntó algo curioso- se parece mucho a su madre, tiene el mismo color de ojos, y la misma cara de inocencia y liderazgo. Rasgos nobles en un príncipe.

-Dark Sajerasu Satou... -dije- ¿y el suyo?

-Roy, no hace falta que me hable de usted, su majestad.

Sonreí tiernamente, pero algo nos alarmó a la vez; un desenfunde de espadas sonó. Estábamos rodeados por cuatro hombres, malolientes, con harapos como ropa. Caras delgadas, pelos largos, barbas sin afeitar... bandidos. No dudaron nada en atacarnos tras ver los bordes de oro del vagón. El soldado cogió con un acto increíble de rapidez la espada de plata, mutilando de un corte el brazo del atacante. Se giró rápidamente bloqueando una estocada del segundo bandido, tirando el arma de susodicho con un fuerte juego de muñeca al suelo. Solo podía ver como la sangre me salpicaba a mí y convertía en carmín la preciosa armadura de plata del soldado, aterrorizado. Era la primera vez que veía tanta muerte... El tercer bandido, más hábil, chocó varias veces espada con fuerza contra el soldado, pero acabó atravesando la espada tras una patada en el pecho por una de las uniones de la armadura del soldado, provocando que gritara de dolor. El cuarto le agarró del pelo y lo último que pude ver y oír de aquel soldado... "¡Huya! ¡Huya su príncipe, huya y viva! ¡Dígale a mi mujer e hijos que los amo cuando llegue a Norin!" antes de que le mutilaran la cabeza. Un corte fue dirigido hacia mi cuello pero el cristal lo paró en seco. Me quedé mirando atónito al bandido y le tiré una llamarada a la cara, provocando que comenzara a gritar de dolor y me perdieran de vista.
Esquivé un brazo que intentó agarrarme y comencé a correr hacia lo profundo del bosque, siendo perseguido por el que mutiló a Roy. El miedo provocaba que no pudiera dirigirme bien hacia los sitios por los temblores, pero la subida de adrenalina y mi propio instinto provocó que agarrase más velocidad que el que me estaba persiguiendo, deslizándome entre raíces de árboles y demás. Aproveché para meterme entre un arbusto y el bandido pasó de largo. Intentaba controlar mis sollozos y miedo, pero unas palabras se me vinieron a la cabeza, "Pues porque tenemos que tener valor hermano, papá siempre me lo dice…", palabras que provocaron que dejase de llorar y pudiera quedarme callado. Me levanté tras media hora y comencé a divagar por el bosque, intentando seguir el norte gracias a que podía ver el sol en el cielo. "si voy hacia allá acabaré llegando a algún pueblo" y efectivamente, tras caminar una hora, llegué a lo que parecía ser un pequeño barranco que llevaba a unas grandes murallas de madera.


-Ahí. -dije, si llegaba a un pueblo, con lo conocidos que eran mis padres acabarían encontrándome. Sólo tenía que decir que era el príncipe....

Una vez llegué a las murallas, tras otra hora de barranco y complicados saltos, esquivando todo tipo de bestias en los bosques, me decidí a entrar hacia el pueblo, pero unos guardias me pararon.

-¡Alto! Aquí si se entra, no se sale.

Ignoré lo que dijo y entré, estaba demasiado cansado como para hacer caso a lo que me dijeran. Lo más extraño era... ¿no se habían preguntado qué hacia un crío de seis años entrando solo, lleno de moratones y heridas...? Tenía que encontrar a alguien que me ayudase aquí dentro.
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Re: My personal hell

Mensaje por Alex el Lun Jul 28, 2014 2:02 pm

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