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En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

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En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Jue Sep 18, 2014 2:34 pm

La mañana era clara y despejada. El murmullo de algún riachuelo sonaba cerca y se podía oír el canto de unas golondrinas. La brisa acariciaba el rostro de Alex enfriando su piel. El otoño se había hecho presente y en las Montañas del Enano atacaba con fuerza y frío. Pero nada que no pudieran combatir unas piezas de ropa corrientes. El camino se mostraba perfectamente en un pequeño sendero que circulaba entre los árboles. Muy humilde para ser parte de un importante gremio. Quizás se había confundido de rumbo y se habían perdido, aunque el mapa indicaba que estaban llegando. Una voz despejó las dudas con un "¡Alto!". Un fornido enano los recibió y preguntó el motivo de su presencia. Tras confirmar que querían formar parte de Fire Blood les permitió continuar su camino. de forma amable les señaló en el mapa la ubicación exacta. Era innecesario, el mercenario ya sabía dónde era, pero no estaba de más.

Miró el equipaje. Un carro cargado de mercancías los acompañaba. La travesía era relativamente segura, pero el mercader les ofreció un par de monedas por acompañarlo. Rechazaron el dinero, pero se ofrecieron a acompañarlo de todas formas. Al fin y al cabo se dirigían al mismo lugar. El mandoble de Alex descansaba pesadamente en su espalda. No había necesitado desenfundarlo en ningún momento desde que salieron de su pueblo, y eso era de agradecer. mientras se acercaban pudieron escuchar el sonido de unas cascadas. Según tenía entendido el castillo del gremio estaba sobre una, así que debían estar a unos minutos. Pensó en su futuro, como mercenario no iba a llegar muy lejos, al menos no todavía. Pero, junto a un gremio como aquel, tendría posibilidades infinitas, podría recuperar el buen nombre de su familia y sus títulos así como darle una mejor vida a sus abuelos. Y, por fin, llegó a ver el inmenso edificio.


Última edición por Alex el Sáb Mar 07, 2015 12:21 am, editado 2 veces

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Sáb Sep 20, 2014 12:39 am

Continuaba lentamente por el camino hacia el norte, no sabía donde exactamente me dirigía, el mapa estaba demasiado confuso para poder ver un lugar en concreto, quizás esta ladrona que robó los libros del templo, modificó el mapa para que solo ella supiese como descifrarlo correctamente. No me quedaba otra opción, solo sabía que tenía que ir hacia el norte, y quizás encontraría por suerte el templo nuevamente, o algo que me resultase familiar.

El frío comenzaba a hacer acto de presencia, el vestido de Anne no era de mucha ayuda, por eso mismo me puse el kimono sobre el mismo, no lo coloqué como tal, pero me lo puse como un abrigo. El kimono era bastante largo, y al no llevar los zapatos para alzarme, este rozaba el suelo al avanzar. La verdad, el kimono si me proporcionaba bastante calidez y me cubría bien, así continué por el camino, avanzando con cautela y atenta a mi alrededor.

Mas adelante me pareció ver una carruaje, lleno de mercancía "¿Serán mercaderes?" pensé mientras lo observaba a lo lejos, no sabía si acercarme por si creían que era hostil.

Pero la verdad no me gustaba mirar atrás y ver que no había nadie... me producía una sensación de vació muy desagradable. Así que decidí tratar de pasarles rápidamente, aceleré el paso pero continuaba caminando. Si echaba a correr es posible que pensasen que no tenía buenas intenciones, traté de no mirar y comencé a superar el carro por el lado derecho. Con agilidad y energía conseguí avanzar bastante pero aún no les conseguía pasar. Justo delante pude ver un enano corpulento llevando dicho carro, y vi a un hombre delante que parecía el protector del carruaje, traté de no mirar y enfocarme en pasar lo mas rápido posible.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Miér Sep 24, 2014 11:52 am

Ya era hora de cambiar de aires. La vida como mercenario dejó de satisfacer su ansia de aventura y guerra hace ya algún tiempo. Necesitaba pensar y actuar a lo grande, como en un ejército, mas no anhelaba limitarse a las órdenes de un superior, sin posibilidad de elección y rigiéndose por unas reglas firmes que no variarían. Fire Blood era el lugar indicado. Un gremio lleno de guerreros armados con coraje y un arma para aniquilar a su enemigo. Actuaban de forma libre, por el bien de los inocentes, además, la paga sería buena y aunque los hermanos Harken no fuesen ambiciosos, una suma generosa podría darle una mejor vida a sus seres queridos. Partieron en busca de la sede principal muy temprano. El viaje era largo y querían llegar cuanto antes. Las montañas del enano eran escarpadas y con difícil acceso, así que fueron siempre con cuidado y esperando encontrar el camino más corto y seguro.

Por el camino se toparon un mercader. Un enano robusto, de escaso cabello y vestido con ropajes de tela y cuero. Necesitaba llegar a la sede de Fire Blood, al igual que ellos, así que aceptaron su oferta de escoltarlo, mas no cogieron el dinero. Pensaban que sería bastante despreciable por su parte, pues ellos se dirigían allí, y no tendrían problema por tener algo de compañía. Si había problemas, tendrían que defender a aquel hombre, pero luchar era una de sus aficiones y ayudar era casi una necesidad. Por el camino cayeron un par de cajas del carruaje, que se mostraba tapado por una gran tela carmesí, cosida por varios lados, como si la hubieran hecho a prisa o simplemente el coser no fuese su fuerte. El castaño avisó del percance y pararon para recoger la mercancía, tras esto, le dijo de atar unas cuerdas para evitar que siguieran cayendo, lo cual le agradeció y aceptó de buen agrado. Entró al interior del carro, el movimiento dificultaba la tarea, pero no sería imposible. Todo eran cajas, algunas más grandes que otras y parecían portar víveres. Unos cuantos nudos y consiguió aferrar las cajas a la madera, impidiendo prácticamente su movimiento. Avisó al enano y salió del carruaje. Para su sorpresa, una mujer avanzaba rauda hacia adelante, pasando por su lado.

Era joven, de cabello liso, bastante largo, en un tono azabache, de ojos oscuros, aunque quizás, lo que más sorprendió a Isma, fue su vestimenta. No tuvo demasiado tiempo para analizarla, pero parecía llevar una especie de vestido y lo que se asemejaba a un kimono. No había visto demasiadas vestimentas de ese tipo y aquella chica lo tenía puesto de una forma peculiar, a modo de abrigo, aunque era entendible, un simple vestido fino no le quitaría el frío. El hermano menos fue algo imprudente y sin pensar que podría parecer un delincuente, un acosador, o simplemente una amenaza para ella, se acercó a ella, dando unos pocos pasos, pues no estaba demasiado lejos, y sin dejar de caminar, esbozó una sonrisa y preguntó curioso.

-Oye, perdona... No es por meterme donde no me llaman, pero pareces algo tensa ¿Necesitas ayuda con alguna cosa?- Dijo este, intentando iniciar una conversación. -Disculpa mi descortesía, soy Isma, aquel es mi hermano Alex.- Añadió, señalando a su hermano al finalizar la frase. -Y él es un mercader que se dirige a la sede de Fire Blood y puesto que nosotros también, le estamos acompañando. Esto... Vaya, ya estoy divagando y estoy diciendo cosas que probablemente ni te interesen... Al caso. Es extraño ver a alguien con esos ropajes por aquí y bueno, pensé que igual precisabas de ayuda.- Finalizó este, frotándose la nuca. Isma era bastante extrovertido, y sobretodo con las mujeres, pero a veces dejaba a un lado sus pensamientos impuros y priorizaba la ayuda que pudiese otorgar.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Vie Sep 26, 2014 12:28 pm

Alex escuchó unos pasos. Eran ligeros pero rápidos. Provenían de sus espaldas. ¿Asaltadores de caravanas? No había escuchado ningún cuerno ni alarma, por lo que no podía ser alguien peligroso o el enano de antes habría hecho algún aviso sonoro. O lo habían matado. Echó su mano al mango de la espada y se giró. Se sorprendió gratamente al contemplar una joven y hermosa mujer que se dirigía hacia ellos. Había temido que se tratara de algún grupo de malhechores, pero no era así. Y, aún si tuviera malas intenciones, aquella mujer estaba sola. Su hermano no tardó en acercarse a saludarla. El mercader miró hacia atrás y pareció sentirse aliviado al comprender que no había ningún peligro, pero agarró con fuerza las riendas de su yegua. Mercader precavido vale por dos. Alex también se acercó a la muchacha. Tenía curiosidad del por qué iba tan rápido y con esa actitud distante. ¿Quizás sí que era peligrosa?

-Mi hermano ya me ha presentado, un placer. Disculpa nuestra rudeza, más es extraño ver a una mujer sola por estos parajes. No tengas miedo, no somos peligrosos ni tenemos malas intenciones. Ya que Isma te ha declarado nuestro camino, ¿podríamos saber hacia dónde te diriges tú? Supongo que, por el camino que sigues, también te diriges a la sede de Fire Blood. Puedes acompañarnos, seguro que en el carro hay sitio para una dama- Dijo.

Al mercader no le había gustado la proposición. ¿Por qué iba alguien a viajar en su carro? Pero tampoco se opuso.Simplemente se echó a un lado dejando espacio suficiente en la banqueta para que la mujer pudiera acomodarse de aceptar la oferta. Aunque todavía no se había presentado y no sabían nada de ella. Si se trataba de un enemigo era mejor tenerla a la vista y cerca que al acecho. Alex miró, con precaución, hacia los alrededores. Conocía historias de grupos que utilizaban niños o mujeres para acercarse a sus víctimas y después se lanzaban al ataque. Pero, a simple vista, no había nadie más. Suspiró una vez más y volvió a mirar a la mujer. Ahora que lo pensaba, quizás la estaban incomodando o asustando. Tampoco era normal encontrarse con dos hombres ataviados con armadura y armas. Comprendía ese posible miedo. Pero antes de que pudiera responder apareció una chica joven de cabellos dorados y ojos verdes, Sam.

-¡El castillo es precioso, Alex! ¡Daos prisa, quiero verlo por dentro!- Gritaba llena de alegría.

Y fue entonces cuando vio a la desconocida. Su rostro cambió de repente, ahora sentía la timidez que la caracterizaba y se ruborizó por aquel comportamiento infantil que había tenido, pero Alex acarició su cabeza y ella infló los mofletes como reproche.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Sáb Sep 27, 2014 8:37 pm

Casi cuando iba a comenzar a acelerar mas el paso para pasar el carruaje, un muchacho que iba con ellos se me acercó, se ofreció a ayudarme y se presento, a él y a su hermano. Incluso me explico la razón de viajar juntos, hasta su destino, cosa que realmente me sorprendía que dijese tan a la ligera a una desconocida.

Mas tarde, justo cuando iba a responder al llamado Isma, habló su hermano Alex. Eran demasiado gentiles para lo que aparentaban, incluso llegaban a intimidad con esas enormes armas y esas armaduras. No esperaba en absoluto encontrar tanto agrado en un camino hacia algún lugar, y menos por parte de hombres. Mi maestra siempre decía que, cuanto mas agradable es un hombre mas oscuras son sus intenciones, pero de aquí para atrás ya había visto ejemplos de hombres que se salían de sus advertencias. Mi maestra es sabia, pero no creía que siempre tuviese la razón, nadie puede tenerla siempre.

Antes de poder hablar vi a una muchacha, unos pocos centímetros mas pequeña que yo, de cabello rubio y ojos verdes saltones. Al verme, parece que se sintió avergonzada, hasta que Alex le puso una mano en la cabeza y vi como inflaba sus mofletes. "Parece que no soy la única con esa manía..." pensé al ver como inflaba sus mofletes mientras estaba ruborizada. Parece que iba con ellos, pensé que al tener a alguien como ella, no podían ser mala gente. Finalmente opté por darles dicho voto de confianza, pero nunca viene mal mantener un rango de desconfianza.

- Soy... Ania... - dije de manera entrecortada y con la voz un poco baja, seguidamente hice una leve reverencia rápida. No quería dar a notar mi timidez y mi inseguridad, pero no podía evitarlo.

- Yo me.. dirijo hacia el norte también... y.. no hace falta que me llevéis en el carruaje... puedo caminar perfectamente... - dije tratando de dar a entender que no era de esas mujeres debiluchas de "tobillos flojos", siempre he sido una mujer dura, aunque mi aspecto fuese todo lo contrario, pero no había otra opción en un mundo como tal, y mas aun sola.

Me quedé en silencio mientras mantenía el paso con ellos.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Sáb Oct 04, 2014 2:56 am

Poco después de que el más joven de los hermanos iniciara la conversación, Alex se unió a esta, y casi al instante se unió Sam, aunque de forma indirecta, interrumpiendo con su exuberante alegría y su emoción por llegar a aquella arquitectura de tan imponente aspecto. Pareció avergonzarse ante la extraña y el moreno acarició su cabello, como solía hacer, cosa que poco le gustaba y por ello inflaba los mofletes para demostrar su desconformidad, pero lo único que conseguía era sacarles una sonrisa a los aventureros que no lo hacían con mala intención. Tras esto, la chica de cabello azabache se presentó como Ania. Aceptó la oferta de brindarles su compañía pero no accedió a ir sobre el carruaje, alegando que podía ir caminando sin problema alguno.

-Bonito nombre... Ania.- Dijo Isma, esbozando una sonrisa ladeada. Parecía tímida y bastante inocente, aunque el castaño ya no se fiaba de las mujeres. Había cruzado palabras con todo tipo de ellas, y más de una le había soltado un buen bofetón por muy mansa que pareciese. Algunos lo veían como un donjuán, un mujeriego, aunque era más bien algo como un intento de ello. No era el más atractivo, ni el más romántico, pero nunca dejó de intentarlo, mas cada vez procuraba ser más cuidadoso y no se lanzaba a la mínima, apreciaba su cara a pesar de todo, y una cicatriz era más que suficiente.

El trayecto llegaba a su fin. Dejando a un lado sus pensamientos, Isma miró hacia adelante y contempló maravillado el bello edificio que se erguía frente a ellos. Era enorme, con grandes banderas blancas y negras, con un dragón carmesí en el centro. Colgaban sobre la fachada, custodiada por dos guardias armados con alabardas. Era impresionante el simple hecho de ver un castillo como aquel, tan oculto y prácticamente al borde de un precipicio. Daba la sensación de que se caería de un momento a otro, pero ya llevaba allí demasiados años, las posibilidades de que aquello pasara eran tan remotas como matar a un dragón con un cuchillo de cocina. En ese momento, el enano se despidió de ellos tras agradecerles la compañía, ofreciéndoles una recompensa a pesar de que lo hubieran hecho por propia voluntad, la cual no cogieron. El mercante entró al lugar y ellos se quedaron observando.

-Bueno, al fin hemos llegado... Vaya... Es extraño, me siento bien, emocionado, que digo ¡Me siento eufórico!- Decía el castaño, que aún no daba crédito de lo que veía. -Esto va a cambiar radicalmente nuestras vidas, Alex, Sam.- Añadió, dando un par de pasos para acercarse más todavía. -Por cierto, Ania ¿Que vas a hacer ahora? Ya hemos llegado a la sede del gremio, y no es por meterme donde no me llaman, pero nosotros tenemos pensado unirnos a Fire Blood, pero si podemos ayudarte en algo antes, estaremos encantados de hacerlo.- Finalizó este, esperando una respuesta de parte de la chica con una gran sonrisa en su rostro.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Dom Oct 05, 2014 5:49 pm

La chica rehusó ir en el carro con mucho tacto pero con un gesto que parecía de ofensa. ¿Quizás le había molestado el ofrecimiento? Era una chica con carácter y, al parecer, fuerte. No todo el mundo habría rechazado la posibilidad de viajar gratis. Aunque Alex no iba a insistir. Sam viajó a su lado todo el camino mirando de vez en cuando a la desconocida con curiosidad. Debían parecerle muy extraños los ropajes que llevaba. Al hermano mayor también, pero no era de buena educación preguntar sobre aquellas cosas. Si la mujer iba vestida de aquella forma debía ser por algo especial. Nada que los incumbiera a ellos al fin y al cabo. No tardaron mucho en llegar a las puertas del castillo. Era un lugar realmente hermoso, pero se trataba solo de la entrada. La verdadera belleza del lugar residía en el castillo en sí ubicado en el acantilado. Isma se sorprendió tanto como Sam al verlo, pero Alex los entendía. Después de aquello el hermano menor preguntó el motivo de la "visita" de Ania. Pero alguien los interrumpió.

-Largo camino habéis hecho, viajeros. ¿Puedo saber vuestra identidad y el motivo de vuestra llegada a nuestro hogar?- Preguntó el guardia de la puerta.

Alex se fijó en la zona. La inmensa puerta estaba construida en la roca y estaba muy bien detallada. Las banderas del gremio ondeaban en las paredes de la montaña y había varios guardias custodiando el lugar. La puerta debía dar a un túnel en el interior de la roca que llegara hasta el castillo. Mediría bastante, pues desde allí hasta el acantilado donde se asentaba el castillo habría, mínimo, trescientos metros. Una muy buena forma de defenderlo pues el túnel podía estar repleto de trampas o de tropas en caso de ataque. Y, en inferioridad numérica, el poco espacio jugaría en su ventaja. Eso sin contar que los asaltantes podrían verse rápidamente superados por proyectiles cayendo desde la cima de la montaña mientras trataban de entrar. Un gran lugar y una gran elección para los Harken. Alex dio un paso al frente y se dirigió al guardia.

-Es un placer dirigirme a ustedes. Mi nombre es Alex Harken y él es Isma, mi hermano. La muchacha que nos acompaña se llama Samantha Woodville. Sería un honor para nosotros unirnos al gremio- Explicó.

Después miró a Ania, aunque él no era quién para presentarla. Los guardias se cercioraron de que no había nadie en los alrededores e hicieron abrir la puerta, pero el que había hablado primero se acercó a la mujer morena y la observó de arriba a abajo escrutándola. A primera vista podría haber parcido malicioso, aunque para alguien entendido se podía ver claramente que estaba comprobando si la mujer portaba armas. O eso creía Alex.

-Disculpe, señorita, ¿podría responder a mi pregunta anterior? Como comprenderá no podemos dejar entrar a cualquiera y, si no viene con ellos, algún motivo debe tener- Dijo.

Mientras tanto otros guardia miraron el carromato y observaron la mercancía para apuntarla en una hoja de papel. El mercader no tardó en agradecerles la amabilidad y entró con su amado carro hacia el rocoso túnel. Alex iba a entrar tras él, pero decidió esperar a Ania. Los había acompañado hasta allí, lo mínimo era esperarla ahora y llegar juntos al castillo. Aunque dudaba que pudiera haber un lugar más seguro que aquel.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Miér Oct 08, 2014 7:08 pm

Después de un rato de caminar, y de haberme presentado de forma "general" comenzamos a andar.

Durante un largo rato me sentí observada, al mirar ligeramente hacia los lados, de tanto en tanto pillaba a la muchacha mirándome o tratando de hacerlo. No sabía si le daba miedo o simplemente tenía vergüenza, pero en ocasiones resultaba algo incómodo, aunque no era algo que nunca me hubiese ocurrido.

No tardamos en llegar hasta una entrada, aparentemente a el lugar donde ellos se dirigían, no sabía si debía entrar yo también o si quiera si podría entrar.

Cuando ellos fueron entrando dentro de la estructura, me dijeron que respondiese a la pregunta. Teniendo en cuenta que dicha fortaleza esta al borde de un acantilado, no tenía forma de ir mas al norte, así que según el mapa de mi libro, ya había llegado lo mas al norte posible... ahora necesitaría un tiempo para descifrar la otra dirección a la que seguir.

Zarandeé la cabeza para salir de mis pensamientos y pensé en responder a este hombre, el cual intimidaba bastante, tanto por su aspecto como por su forma de mirarme.

- Yo... - respiré hondo y me propuse a responder correctamente y determinando la mayor seguridad posible. Comprendí que tendría que decir mi nombre al completo, como habían hecho los demás.

- Me llamo Anastasia Dawson Laweder, soy sacerdotisa de peregrinaje - dije con toda la seguridad que me era posible, no podía vacilar ahora, era hora de tratar de convencerle.

- Me dirigí hacia el norte siguiendo unas directrices impuestas por mis superiores para saber regresar al templo... pero estoy un poco perdida... y necesitaría un lugar donde poder hospedarme hasta poder descifrar el otro fragmento que me dirá hacia donde dirigirme... - dije tratando de convencerle de que me dejase entrar. Por mucho que mirase, no veía ningún otro lugar donde poder pasar el tiempo necesario, y volver atrás sería una gran perdida de tiempo.

- Prometo no ser un estorbo, y si sucede cualquier inconveniente, ayudar en todo lo posible. Me iré a la mañana siguiente... haya conseguido encontrar mi dirección a seguir o no... - dije haciendo una reverencia de respeto, no levantaba la cabeza hasta que el señor me hablase. No estaba segura de que mas decir, temía el hecho de meterme en una fortaleza, probablemente repleta de hombres... mi maestra me mataría por solo pensarlo.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Vie Oct 10, 2014 12:19 am

No tardó demasiado en darles la bienvenida otro de los miembros de aquel gremio de luchadores. El hombre portaba una armadura de metal, con adornos rojos y un enorme hacha reposando en su hombro. Quería saber quienes eran los viajeros que habían llegado hasta la sede del gremio tras una larga caminata. El hermano mayor despejó su duda. Se presentó a sí mismo y seguidamente a Isma y a Sam, además de dar a conocer su objetivo. Abrieron las puertas casi al instante, pero no sin preguntar la identidad de Ania y observarla de pies a cabeza para idnentificarla.

El enano mercante fue el primero en pasar, llevando la mercancía a buen recaudo. Isma se alegró al ver que habían cumplido su trabajo. Pero aún quedaba algo por hacer, esperar a la mujer que les había acompañado. No la dejarían desamparada y preferían esperar a ver que pasaba. Se presentó como Anastasia Dawson Laweder, un nombre largo e interesante, sonaba importante, aunque el castaño no lo conociese. Continuó con la razón de su viaje, dando a entender que era una sacerdotisa en medio de un peregrinaje y que necesitaba un lugar donde cobijarse para pasar la noche y marchar al día siguiente.

-Nosotros nos haremos responsable de cualquiera cosa.- Dijo el Harken menor, esperando ayudar en algo.

-Perdóname mi descortesía y espero que no lo tomes como una ofensa, pero por ahora no sois más que desconocidos que ostentan entrar al gremio. Halago vuestro ímpetu y os doy la bienvenida, así como me alegro de ver nueva sangre para el gremio, pero por ahora no podemos basar nuestra confianza en que vosotros solucionaríais cualquier problema que tenga que ver con ella.- Respondió el guardia. -No obstante, tranquilo, no dudamos de la palabra de la muchacha, veo sinceridad en sus ojos, así como en los vuestros y os daremos una oportunidad.- Añadió haciendo un gesto para indicarnos que podíamos entrar. -Adelante jóvenes aventureros, dentro os dirán lo que debéis hacer para uniros al gremio y os enseñarán los aposentos.- Finalizó.

-Pues entremos entonces.- Dijo Isma, caminando hacia la entrada con una gran sonrisa en su rostro. -¡Y muchas gracias, no se arrepentirá, señor!- Exclamó, refiriéndose al guardia que les había atendido.


Última edición por Isma el Lun Oct 13, 2014 4:59 pm, editado 1 vez
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Lun Oct 13, 2014 1:28 am

Finalmente, gracias a la intervención de Isma, el guardia dejó pasar a Ania también. Alex se sentía alegre pro aquello, no le habría gustado que la mujer tuviera que permanecer fuera. No habría reaccionado bien y quizás rechazara participar en un gremio así. Pero no había llegado a aquella situación. Le dio las gracias al guardia e hizo un gesto de despedida antes de adentrarse en el túnel de piedra. Se acercó a Anastasia.

-Espero que encuentres lo que busques y que tengas mucha suerte. Supongo que aquí nos separamos, aunque puedes acompañarnos si te apetece, sería un placer para nosotros. Parece que le resultas muy curiosa a Sam, pero no te ofendas. Es una buena chica pero es demasiado tímida- Le dijo.

-¡Eh, que estoy aquí!- Gritó Sam para reprender al hermano mayor. -Discúlpeme, es que esa ropa que llevas es muy bonita y no la había visto nunca. Perdón si la he ofendido. Y... puede contar con nosotros si necesita cualquier cosa. Estoy segura de que estos dos estarán dispuestos a ayudarla si le hace falta- Le dijo a Ania.

Era una auténtica acción hercúlea para Sam hablarle de forma tan directa a un desconocido. Pero las palabras de Alex y el hecho de sentirse culpable por una posible molestia en la mujer le habían dado las fuerzas suficientes para hacerlo. Tras eso hizo una reverencia y corrió, pasillo adentro, para recorrerlo antes que los hermanos. Siempre era la primera en explorar todos los lugares, aunque el moreno odiaba aquello. No sería la primera vez que caía en una trampa o se hacía daño por esa actitud aventurera. Aunque él era igual y no podía reprochárselo. Le mostró una sonrisa cálida y sincera a Ania antes de girarse y seguir a Sam. la armadura y la espada pesaban, pero no eran obstáculo suficiente para que "diera caza" a la muchacha, que se apresuró aún más al ver que la seguían.

Un orco pasó cerca de ellos y los miró de arriba a abajo. Portaba una enorme arma a sus espaldas. Debía ser un hacha, aunque no se apreciaba muy bien desde la posición en la que Alex estaba. Se adelantó a ellos y se introdujo por una enorme puerta que estaba abierta de par en par. Se podía ver, a través de esta, una sala enorme y bien iluminada, aunque algo lejos. Aquello debía ser el castillo. El hermano mayor se fijó en el túnel. Estaba cavado en la roca pero muy bien trabajado. Las paredes eran rectas sin una sola grieta ni fallo y había grabados y banderas del gremio por doquier. Era un lugar espléndido que solo podía haber sido hecho por arquitectos enanos. Finalmente cruzaron y llegaron a la sala. Era tan amplia como podía esperarse del inmenso castillo. Había gente de todo tipo, asientos, mesas, y unas escaleras gigantescas que subían y otras que bajaban. Había varias puertas en lso laterales de la sala y al frente. ¿Dónde debían ir?

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Mar Oct 14, 2014 6:32 pm

El chico llamado Isma ayudó a que el guardia acabase aceptando mi petición. No esperaba tal cosa, parece que mi maestra no estaba tan al tanto de la de hombres distintos que hay por el mundo. Al comenzar a entrar por el túnel el otro chico llamado Alex me habló, hablaba sobre acompañarles, antes de si quiera poder responderle, habló la chica que estaba con ellos. Al parecer le gustaba mis ropajes y se disculpó por si me había incomodado.

Después de ver y aceptar las disculpas de la muchacha, esta salió corriendo y el señor Alex detrás. La verdad, no tenía otra opción que aceptar acompañarles, al menos dentro de este lugar. Me recogí un poco la parte delantera del vestido para poder apresurarme y me puse a seguirles, sin llegar a correr tanto como ellos, pero finalmente ambos llegaríamos a la misma sala. Por el camino, pasó un orco por nuestro lado, el cual me recordó a Gawain, la vez que le vi en su forma autentica. Supuse que sería muy curioso que a los humanos, los orcos les parezcan todos iguales, y que a ellos los humanos les parezcan iguales. Era mucha de las cosas que me dediqué a pensar e investigar hace tiempo, la forma de pensar de la gente. Después de acabar con mis divagaciones llegamos finalmente a la gran sala, era realmente impresionante, y ver tanta gente me dio un escalofrío.

Estaba justo a lado del señor Alex, al ver tanta gente di unos pasos hacia él pero sin darme cuenta choqué ligeramente hacia él.

- Perdón... - le dije mientras continuaba mirando a tanta gente. Tenía unas ganas de terribles de subirme el kimono y taparme la cabeza con el, el solo hecho de haber tanta gente me ponía de los nervios, lo cual se podía notar a la legua en mi, comenzaba a mover los ojos de un lado para otro, al igual que la cabeza, con movimientos rápidos, como si de una gata me tratase. Comenzaba a notar mi corazón latir con fuerza, me llevé una mano al pecho para ver si podía tranquilizarme un poco.

- Demasiada gente... - murmuré en voz baja, no se si alguien me habría escuchado, pero en dicha situación me daba bastante igual, solo estaba atenta a la gran multitud.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Dom Oct 19, 2014 12:53 am

Entraron en el túnel que los llevaría al interior del enorme castillo donde culminarían su paso por el norte. Por fin iban a unirse a Fire Blood, aunque no esperaba que fuese fácil ni que los aceptaran de buenas a primeras sin una prueba o algo para demostrar su potencial, su valía y otras virtudes que pudieran interesar en uno de los gremios más grandes de Dyscordia. Mientras avanzaban, Alex habló con Ania y seguidamente fue Sam la que continuó la conversación, después de que el hermano mayor hablase sobre ella. Isma se sorprendió al ver que la pequeña maga hablaba con tanta soltura cuando normalmente era muy tímida y desconfiada con los desconocidos. No obstante, poco tardó en salir corriendo, tanto por su ansia de explorar como por evitar el momento incómodo que pudiera surgir.

Isma no sería menos, así que aceleró el paso para no quedarse atrás en aquella supuesta carrera que no perdería. Por su lado pasó un orco de gran tamaño, cargando un arma que hacía gala a su porte y mirándolos de arriba a abajo como si los estuviera analizando. A Isma le incomodaba aquella acción por parte de los demás, pero comprendía que era su sede y que cualquier forastero era alguien a tener en cuenta. Él también lo haría de ser miembro y estar en una situación similar. El joven mercenario se olvidó de todo aquello cuando cruzaron una enorme puerta que daba paso a una sala de gran tamaño. Había mucha gente, probablemente todos o la gran mayoría serían miembros del gremio. Según uno de los guardias, allí les dirían lo que debían hacer para cumplir su propósito, pero entre tantas personas... ¿Quién era el indicado?

El castaño se acercó a un soldado. Vestía con una armadura ligera y no parecía portar ningún arma. Estaba de espalda, así que Isma se dirigió a este de forma educada para llamar su atención. -Perdone ¿Puedo preguntarle algo?- Dijo este. El miembro de Fire Blood se giró. Portaba un yelmo que cubría su rostro, pero su cuerpo no parecía muy fornido. -Claro ¿Qué necesitas?- Respondió. Su voz no era grave ni parecía ser la de un hombre. Agarró el casco con ambas manos y se lo quitó, dejando ver tras de sí una hermosa mujer. De ojos color esmeralda. Su cabello era largo y de un brillante dorado, antes oculto dentro del yelmo.

-Sois como un ángel caído del cielo... Isma Harken, futuro miembro de este gran gremio de mercenarios. Para servirle- Dijo Isma, besando la mano de la mujer, cubierta por un guante de cuero. A lo que ella respondió con algunas risas. -Me halagas, pero se supone que eras tú quien venia por ayuda y no yo.- Añadió esta. -Cierto. Su belleza me ha cegado y nublado mis pensamientos. Discúlpeme hermosa dama. Queríamos entrar en el gremio y el guardia nos aseguró que aquí nos indicarían la forma de hacerlo.- Continuó. Se contuvo con Ania para no asustarla, no quería darle una mala imagen y que huyera de él por aquellas montañas tan peligrosas, pero ya no podía aguantar más la tentación de cortejar. Así era él, de buen corazón, pero algo baboso por el género contrario. -Guarda las formalidades para otra, no me conquistarás por ir de caballero galán. Y en efecto, yo misma os guiaré.- Finalizó guiñando un ojo.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Dom Oct 19, 2014 4:01 pm

Algo se chocó contra Alex. Cuando este se giró vio que se trataba de Ania. La mujer se disculpó, pero parecía ajena a todo. Sus movimientos eran erráticos y observaba su alrededor constantemente. Algo le ocurría. El mercenario hizo lo mismo y observó lo que les rodeaba, pero no había nada extraño. ¿Por qué estaría tan nerviosa? Había algo que preocupaba a Alex, no la conocían y era posible que tuviera malas intenciones. Quizás era una espía o una asesina preparada para su misión. Aunque... no lo parecía. Sus ojos decían lo contrario. Le puso una mano en el hombro. Quizás se lo tomaba como un abuso de confianza, pero Alex no lo había pensado antes de hacerlo.

-Ania, ¿te encuentras bien? ¿Quieres que busquemos algún lugar al aire libre? Hasta que encontremos lo que hemos venido a buscar tenemos un buen rato, quizás la brisa de las montañas te haga sentir mejor- Le dijo.

Si le ocurría lo mismo que a Sam podían ser náuseas, aunque la chica no se ponía nerviosa, simplemente necesitaba respirar aire puro. Anastasia, pro el contrario, parecía un saco de nervios. Lo cierto es que había mucha gente alrededor. Quizás alguien le había hecho algo malo o le parecía peligroso. Pero... ¿cómo averiguarlo? Había mucha gente, demasiada. ¡Eso era! ¡Demasiada gente! Era posible que Ania sintiera claustrofobia o no le gustara estar tan rodeada. A su abuela le ocurría lo mismo y por eso su abuelo no la llevaba a sitios muy frecuentados y eran los hermanos los que iban a mercados y comercios. Pero antes de que pudieran marcharse Isma preguntó a un soldado y éste, esta mejor dicho, se ofreció para guiarles.

-Le agradecemos su ayuda. ¿Podríamos ir a algún lugar más tranquilo? Creo que nuestra compañera se encuentra agobiada ne un lugar tan lleno de gente- Le dijo.

-Claro, seguidme. Y no me tratéis con tanta educación, la última vez que me miré al espejo era joven. Tuteadme, por favor. Si sobrevivís a la iniciación..- Explicó.

-¿Si sobrevivimos?- Preguntó Sam exaltada.

-La iniciación es peligrosa y muchos novatos mueren. No podemos permitir que cualquiera entre al gremio, necesitamos que nos representen en condiciones y asegurarnos de que cumplirán sus misiones. Pero no te preocupes, no todo es luchar. Podemos encargarte otros trabajos, hace falta gente para las cocinas, las recamaras, la limpieza, etc...- Le respondió.

-No, gracias. No me gusta luchar, pero voy con ellos y los acompañaré a dónde sea- Dijo orgullosa.

La mujer sonrió y los guió hasta un enorme balcón que daba hacia las cascadas. El aire era húmedo y se podía mirar hacia abajo. El terreno caía en picado más de cien metros, era un lugar a mucha altura. No había mucha gente allí, solo dos o tres personas que hablaban entre ellas y algún grupo alejado de ellos. Alex esperaba que fuera lo que a Ania le ocurría y que esto lo solucionara, aunque quizás la mujer se había tomado a mal su intervención o su falta de decoro al acercarse a ella de forma tan personal. La soldado se puso frente a ellos y desenvainó su espada. El mercenario estuvo a punto de desenvainar la suya por autoreflejo, pero se contuvo.

-Me acompañaréis a una cacería. Iréis conmigo y con otro novato. Lleva dos días aquí, peor todavía no ha podido "estrenarse" y esta iba a ser su oportunidad. La compartirá con vosotros. No puedo contaros mucho más, pero cazaremos a un grupo de criminales que no se lo pensarán dos veces para acabar con nuestras vidas- Explicó.

Parecía una misión de lo más complicado, pero no esperaba menos de un gremio tan importante. Se esforzaría al máximo, era necesario que empezaran a formar parte de él y daría lo mejor de sí. Aunque le preocupaba que Sam se expusiera al peligro y habría preferido que se quedara en las cocinas, tratando a los heridos, o cualquier otra tarea que no la dañara, pero no iba a poder hacer cambiar de opinión, así que no lo intentó.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Lun Oct 20, 2014 7:09 pm

Me sentía cada vez peor, con unas ganas terribles para salir huyendo hacia el exterior y meterme dentro de un barril, o lo que encontrase primero. No me gustaba nada sentirme observada, quizás esa gente ni si quiera me estuviese mirando, pero llegaba a tal estrés que me hacía pensar que si lo estaban haciendo, y no de buena manera, si no con mirada crítica y prepotente. "¿Que culpa tendrá esta gente de mis paranoias?" pensé algo avergonzada por juzgar sin conocer, pero no podía evitarlo, cuando me ponía nerviosa me suelo poner totalmente a la defensiva.

Sentí una mano sobre mi hombro y eso bastó para hacerme dar un brinco, me di cuenta que era Alex, pero eso no evitó mirarle con mis ojos abiertos como platos, como si me hubiese llevado el susto de mi vida.

Después de escuchar su pregunta, me di cuenta que me estaba comportando como una loca y que debía calmarme para no preocupar innecesariamente a esta gente. Fui a apartar lentamente su mano de mi hombro, pero no dio tiempo, otra cosa llamó la atención de todos, incluida la mía. El otro chico, Isma, había empezado una charla con una mujer, parece que iba a ayudarnos. Alex me mencionó, diciendo que buscásemos un lugar mas tranquilo por mi, mis mejillas se enrojecieron por la vergüenza.

Esta mujer comenzó a hablar de una iniciación, ello parece que alteró a Sam, la chica que acompañaba a ellos dos. No pensé que yo tuviese que pasar dicha iniciación, solo estaba de paso, aunque no dudaría en contribuir en lo que fuese necesario.

La mujer nos acabó llevando hasta un balcón con unas vistas hermosas. La verdad, esto estaba bastante mejor y sentía como me iba relajando poco a poco, pero trataba de yo misma estar siempre atenta a todo. "Incluso en los lugares mas placidos y tranquilos, puede albergar algún peligro" eso decía siempre mi maestra, y santa razón que tenía. Aunque en dicho balcón había algunas personas mas, aparte de nosotros, no me sentía tan abrumada. Estaban bastante lejos y había espacio para sentirme cómoda.

La mujer desenvainó su arma, no lo esperaba y me sobresalté bastante, pero cuando comenzó a hablar me calmé. La mujer mencionó el ir de cacería, no se si eso me incluía a mi, pero yo ya sabía cazar de antes, solía cazar con mis hermanas. Las veces que no podíamos comprar los víveres de los mercaderes, aunque la mujer, continuando, se refería a cazar criminales. Supuse que sería lo mismo, solo que no nos los comeríamos. Cuando dicha imagen se me vino a la cabeza no pude evitar arrugar la nariz, pero igualmente, estaría dispuesta a ayudar, incluso a "cazar" a criminales.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Vie Oct 24, 2014 2:29 pm

El hermano mayor agradeció la ayuda de aquella mujer y le pidió ir a una zona más tranquila. Por lo visto su compañera no estaba en las mejores condiciones, aunque Isma no se percató. Estaba más pendiente de su nuevo guía. Accedió a llevarlos a dicho lugar, pero antes mencionó algo sobre una prueba. Tal y como Isma esperaba, no sería tan fácil como llegar, entrar y que te dieran una medalla. La anotación de que muchos novatos morían en el intento fue un tanto brusca, pero él ya había participado en mil y una batallas junto a su hermano y era un riesgo que hacía mucho tiempo que llevaban consigo a todas partes. Por supuesto que temía a la muerte, pero era un temor que se guardaba y que no le acobardaría a la hora de desenvainar su espada, y mucho menos cuando había gente a la que proteger, como Sam, que siempre iba con él y su hermano.

Fueron a un balcón de grandes extensiones. No estaban solos, pero había mucho menos bullicio que antes y Anastasia parecía mucho más tranquila. Aquella terraza daba al otro lado del castillo. Se podía apreciar la colosal cascada que caía de la montaña a aquel vacío inmenso. Era una vista hermosa y el sonido relajaba aun siendo bastante fuerte por la cercanía y la cantidad de agua que caía continuamente. La mujer no tardó en continuar la conversación, no sin antes mostrar su espada, poniendo en alerta a todos, excepto a Isma. ¿Cómo un ser de tal belleza iba a hacerle algún daño? Las mujeres eran su perdición y de no ser por Alex y por Sam, alguna habría acabado hace tiempo con la vida de aquel insensato.

-No se hable más, partiremos cuando gustes.- Observó al grupo y agarró su escudo de la espalda y desenvainó su espada. -Tranquilas, os protegeré a todas con mi vida. Ningún criminal que ose acercaros a vosotras saldrá impune.- Decía este, refiriéndose a la mujeres presentes, aunque principalmente a las dos nuevas incorporaciones. Se mostraba seguro de sí mismo y dispuesto a todo, aunque no pensaba únicamente en el combate, algo más rondaba su mente. -Aunque me gustaría saber tu nombre, pues yo ya me presenté.- Añadió el castaño.

-Creo que no os faltarán las risas viajando con este personaje.- Dijo ella entre algunas risas. -Primero. No necesito que me defiendas, soy yo quien debe asegurar que volvéis con vida. Segundo. Esto no es una broma ni un juego, necesitaréis estar en plenas facultades. Y tercero... Mi nombre es Natasha.- Dijo ella, dejando reposar su espada sobre el suelo y posando sus dos manos sobre el mango.

-Un nombre casi tan bello como tú, Natasha.- Comentó Isma, apoyándose en la barandilla del mirador, dándole la espalda a la cascada y aún sosteniendo sus armas.

-¿Es así siempre?- Preguntó ella, arqueando una ceja. No parecía disgustarle, pero si se hacía pesado.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Sáb Oct 25, 2014 2:09 pm

La mujer se presentó como Natasha y aseguró que podía defenderse sola cuando Isma prometió protegerlas a todas. Tras eso preguntó si el hermano menor se comportaba así. Desde pequeño ya apuntaba maneras. Alex no conseguía recordar ni una sola vez en la que Isma no hubiera actuado así cuando una mujer bonita estaba cerca. Excepto cuando todavía era un niño. Sonrió y respondió.

-Lo cierto es que siempre es así. Pero debe comprenderlo, es usted una mujer realmente hermosa y a él... bueno, no hace falta que lo comprenda- Dijo.

Tras aquello la mujer decidió guiarlos hacia el lugar de la cacería. Estaba en los bosques, algo alejado del gremio pero no demasiado. Llegarían en menos de una hora a pie. Pero debían tener cuidado pues podría haber espías cerca del castillo para asegurarse de que no tendrían problemas. Alex pensó en algún plan, pero se lo calló y lo guardó para sí mismo. La veterana pensaría qué era lo mejor. Entonces llegó alguien. El orco que habían visto en la entrada, un tipo enorme de aspecto rudo y peligroso. El mercenario comprobó el arma, se trataba de un hacha a dos manos que intimidaba casi tanto como el orco. Sería otro veterano. ¿Quizás también los acompañaría?

-Bienvenido de nuevo, Druk-Halar. Te presento a tus compañeros...- Dijo.

-Alex Harken. Él es mi hermano Isma, ella es nuestra... hermana Sam y ella es Ania. Encantado de conocerte- Dijo Alex.

El orco respondió con un gruñido para después decir "encantado" de mala gana. Alex se sorprendió al ver que el orco era un novato como ellos. Tenía pinta de ser una avezado guerrero de gran habilidad y experiencia. Aunque el hecho de que fuera nuevo en el gremio no significaba que fuera nuevo en la batalla. Seguramente estaría curtido en más de una. La mujer finalmente se movió y se dirigió a las puertas del gremio. Una vez allí salieron y miró el bosque que los rodeaba. La estrategia era sencilla para Alex, entrar y acabar con todos. Pero no quería poner en peligro al resto. La soldado se dirigió a ellos.

-Druk-Halar, quiero que avances por delante de nosotros y te posiciones en su campamento. Si sigues por ese camino llegarás pronto. Pero procura que no te vean. Quiero que esperes a que iniciemos el combate para ir a por su líder. Estará oculto detrás del resto así que aprovecharás el caos para matarlo- Explicó.

Era un buen plan, ¿pero qué haría el resto? La respuesta llegó pronto. Harían de traidores. Si llegaban y se presentaban como desertores de Fire Blood quizás los aceptaran entre ellos. Y, si no funcionaba, quizás ganaban el tiempo suficiente para realizar un buen ataque.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Lun Oct 27, 2014 8:09 pm

Todo transcurría con tranquilidad, pero el chico llamado Isma no para de cortejar a la mujer, supuse que en cualquier momento ella le pararía los pies, pero tuvo bastante paciencia. Estos dos chicos tenían todo lo que mi maestra nos enseñó sobre los hombres, pero este par en particular parecía que estuviesen hechos de "otra pasta" como se suele decir. Yo siempre llegaba a mis conclusiones de que todo el mundo, tanto hombre como mujer, es distinto de por si, sin tener que seguir a "rajatabla" las directrices de ambos géneros, aunque nuestra maestra no quería saber de mis conclusiones... seguro se disgustaría el hecho de que pensase que voy en un grupo con dos hombres.

El hermano que parecía mayor, Alex, correspondió a la pregunta de la mujer sobre el comportamiento de Isma. Realmente, aquella mujer tenía muy buen aspecto, no era de extrañar que llamase de mucha gente, y sobre todo hombres.

Una vez nos pusimos en marcha para realizar la "iniciación", dejé que se adelantasen un poco, tenía que encontrar algún lugar donde cambiarme, no podía luchar con un vestido, y mucho menos por que no quería que se ensuciase. Encontré unas cortinas que tapaban una parte, justo debajo de unas escaleras, allí había un par de barriles, no me interesaba su interior. Aproveché que no estaban demasiado lejos, y con rapidez me cambié y me puse el yukata. Cuando ya estaba vestida, corrí hacia ellos en lo que me hacía una trenza en el pelo, sujeta con un lazo al principio.

Finalmente cuando les alcancé, alguien mas llegó. Era aquel orco de antes, tan intimidante como cuando lo vi. La mujer dijo que él nos acompañaría, supuestamente también tenía que hacer la prueba, no parecía en absoluto alguien que tuviese problemas para hacer pruebas... parecía realmente preparado para la batalla. Cuando Alex nos presentó a todos yo simplemente hice una reverencia, por ser orco no iba a perder mis modales, yo siempre he tratado por igual a todos. Pero después de escuchar su "encantado", no parecía muy alegre por estar aquí.

Después de escuchar el plan que la mujer mencionó para Druk-Halar, el orco, intenté pensar que haríamos nosotros. En lo que se decidían, cogí mi bolsa, preparé el alambre y la lancé, haciendo un movimiento circular con el brazo para que cogiese impulso, a lo mas alto del árbol. La primera vez, la mochila calló al suelo, pero la segunda si logré que se quedase en una de las ramas. Si tiraba con fuerza del cordel, podría bajarla sin problemas. El cordel era lo suficientemente fina para que no fuese fácil percatarse de ella. Eran pequeños trucos, que nos enseñaban en el templo, para ocultar nuestras cosas siempre que la situación lo requiriese.

Después de ello, presté atención a las tareas que nos designaban. Nos tocaría engañar a esa gente, para que creyesen que queríamos unirnos a su gremio, siendo desertores del mismo gremio del que venimos, que irónico. Menos mal que decidí cambiarme de ropa, con aquel vestido no me tomarían enserio. Lo mio nunca fue el trabajo en equipo, de hecho nunca me había hecho falta entablar batalla con nadie. Pero no significa que no diese lo mejor de mi, ni que pusiese en práctica todo lo que aprendí hace tiempo.

Me mantuve en silencio hasta ver que decidían.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Vie Nov 07, 2014 7:51 pm

Dejaron la charla para empezar con la misión. Poco después llegó un orco, de gran tamaño y con cara de pocos amigos. Era el mismo que vieron al entrar en la sede del gremio, pero Isma no lo reconoció, solo se vieron unos instantes y para él, todos los orcos eran iguales. Druk-Halar era su nombre y reacia su actitud tras la presentación de Alex. No parecía hacerle demasiada gracia la misión ni sus compañeros. Aun así, debía hacer la prueba para entrar al gremio al igual que los hermanos Harken y Sam. Dejando a un lado las formalidades y una vez explicado el plan, no tardaron en emprender el viaje para llegar al lugar de su misión. Ania se desvió para cambiarse, sin dar explicaciones pero sin tardar demasiado. Su atuendo tras el cambio parecía más útil para el combate, un traje igual de extraño para el castaño, pero más corto.

-Tranquila Ania, aun sabiendo el potencial de cualquier mujer, no permitiré que os toquen lo más mínimo. Cualquier pervertido que ose alzar la mano en vuestra contra, será víctima de mi ira.- Decía Isma, acercándose a Anastasia. -Bonito vestido.- Añadió, guiñando un ojo.

-Claro, contigo aquí no tenemos nada que temer, oh gran caballero.- Decía Sam en un tono burlón. -¿Cómo pretendes defenderlas de ti mismo? ¡Si tu eres el más pervertido!- Continuó la chica, agarrando del brazo a Isma y apartándolo de su compañera.

-¿Cómo puedes pensar eso de mí, Sam...? Tus palabras me hieren cual daga apuñalando mi pecho.- Ante aquellas palabras, la muchacha suspiró y prefirió mantenerse en silencio.

La misión era peligrosa y no parecía para nada fácil. Infiltrarse entre las tropas enemigas para atacar desde dentro. No cualquiera creería en la palabra de unos desconocidos. ¿Por qué iban a confiar en ellos? Nadie aseguraba el éxito ni si volverían o no, pero allí estaba Natasha para intentar que los novatos volvieran de una pieza y cumplieran su cometido. El orco emprendió la marcha en primer lugar y los demás continuaron su curso hasta alcanzar un campamento. El lugar donde residía el enemigo. Había un par de guardias en la entrada, aunque si saltara una señal de alarma, no tardarían en acudir los demás.

Al estar a poco más de medio metro de aquel par, los detuvieron. Exigían la razón de su visita, acercando el filo de sus espadas al cuello de ambos hermanos. Un movimiento en falso y sería el final. Isma tragó saliva y apartó la punta del arma con el dedo índice.

-Baja el arma compañero. No venimos a buscar bronca si no todo lo contrario. Somos desertores de Fire Blood. Estamos hartos de que actúen como se les venga en gana, hartos de que se crean mejores que los demás. Queremos ver ardiendo ese maldito castillo.- Decía este, ciñéndose al plan. -Hemos venido a unirnos a vosotros para luchar contra esos bárbaros.- Finalizó, dejando así una breve pausa de silencio.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Sáb Nov 08, 2014 12:26 am

Isma y Sam protagonizaron una de esos espectáculos que estaban acostumbrados a hacer. El castaño fingió ser un caballero para ser amonestado por la muchachita que lo conocía mejor de lo que él creía. Alex sonrió ante la situación y continuó caminando. No tardaron mucho en llegar al campamento de los desertores. No había ninguna pista de Druk-Halar, por lo que ya estaría infiltrado. Alex no entendía muy bien por qué Natasha había mandado a un guerrero tan grande y de aspecto fuerte a una tarea de sigilo. O era muy bueno en ello o tenía otros planes para él. Aunque también era posible que los desertores se asustaran si lo vieran o se olieran la mentira. Quizás lo conocían

-¿Más desertores? Últimamente nos estamos llenando más que el propio gremio. A este paso le quitaremos el puesto a Thorodan en unos meses. Y con suerte también la cabeza. Veamos a los nuevos- Dijo un hombre.

Se acercó al grupo y los miró de arriba a abajo, aunque hubo algo que desagradó a Alex sobremanera. El desertor se quedó mirando fijamente a Sam mientras la baba caía por la comisura de sus labios y se acercaba a ella. El mercenario iba a dar un paso cuando la soldado lo detuvo con la mirada. "La misión, recordó Alex".El hombre olfateó cerca de Sam y la dejó en paz alegando que todavía era muy pequeña y que había alguna más jugosa. Pasó cerca de Natasha. La armadura de la mujer definía sus curvas, aunque impedía cualquier manoseo o vistazo de más que pretendiera el hombre. Aunque había una que todavía parecía factible, Anastasia. El tipo se acercó a ella y la miró con una sonrisa mientras acercaba una mano hacia su pecho.

-No la toques- Advirtió Alex.

-Soy el examinador y tocaré lo que me de la gana- Respondió acercando más la mano.

Alex estaba seguro de que Ania podría defenderse perfectamente sola, pero no iba a ponerla en la elección de continuar la misión o defenderse, no era capaz de hacerlo. Desenvainó su espada rápidamente y con un ágil golpe produjo un corte en la mano que se acercaba golosa. No iba a perderla, pero la tendría inutilizada un tiempo. Se puso frente a la mujer y empujó al desertor para después mirar a Natasha que parecía decepcionada.

-Lo siento, no podía permitir que ese asqueroso cerdo tocara a Ania. Acataré cualquier castigo, pero ahora hemos de terminar el trabajo- Dijo con seriedad.

Había actuado por instinto pero, después de todo, cualquiera habría hecho lo mismo. ¿No? No podía permitir que ese hombre se sobrepasara con ninguna de ellas y mucho menos con Ania que los había acompañado y había decidido ayudarles sin recibir nada a cambio. Aunque lamentaba ese repentino cambio de planes y haber estropeado la misión de Natasha, pero no se arrepentía. Extendió su espada hacia el frente y miró a los guerreros que se acercaban armados.

-¡Sam, detrás de mí! ¡Isma, la táctica de siempre! Y, Ania, si sabes luchar eres bienvenida a la fiesta, si no ve con Sam y yo os protegeré. No dudes en llevarte corriendo a la pequeña si la cosa se pone fea. Temo que ella no se iría pro su propio pie- Dijo.

-¡No me voy a ir, voy a luchar con vosotros!- Respondió Sam.

Alex suspiró, ya sabía que Samantha no iba a marcharse ocurriera lo que ocurriera y que permanecería a su lado, por eso le había pedido a Ania que se la llevase si era necesario. ¿Pero sería ella igual que Sam o le haría el favor? Ahora lo importante era protegerlas, y los enemigos eran muy numerosos. Además eran desertores por lo que habían sido miembros y eso significaba que eran fuertes. ¿Cuan difícil iba a ser el combate?

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Sáb Nov 08, 2014 5:41 pm

Miré de reojo a Isma cuando se guiñó el ojo, pero lo que la pequeña, Sam, dijo después me hizo reír un poco. Traté de contener la risa, simplemente sonreí y me puse sería enseguida.

Después nos pusimos en marcha, el plan era hacernos pasar por renegados del gremio del cual proveníamos. No parecía una tarea difícil pero quizás no tan sencilla como debería, aunque siempre se me dio bien engañar y actuar. Ejercería le papel de mujer recta, dura e intolerante a todo, quizás soltaría alguna grosería para convencerles, hay que hablarles de la misma forma que suelen hablar estos tipos. Ya me disculparía con los demás, después de soltar dichas groserías.

Apenas al llegar, empecé a temblar un poco por los nervios, pero me calmé enseguida. Teníamos unos guardias delante que se pusieron hostiles al acercarnos. Isma se encargó de calmarles y pudimos establecer una conversación tranquila, pero no tardó en tornarse a una "comprobación". Uno de ellos comenzó a acercarse a Sam. Cuando vi eso, me vino una grandísima necesidad de interponerme entre ella y el baboso, pero no fue necesario, solo la olisqueo y la dejó en paz. Luego fue por Natasha, con la cual no tuvo la mas mínima oportunidad, su armadura se lo impidió. Pero, finalmente como me temía, fue a por mi. Creía fielmente, que el hecho de no ser precisamente atractiva ni bella, me libraría de este tipo, pero parece que estaba lo suficientemente desesperado...

Cuando vi su mano intentando tocarme, me quedé paralizada por los nervios, solo sabía, que en cuanto sintiese la mano, él la iba a perder en segundos... Mi maestra hubiera ardido en rabia de ver esta degradante situación. Encararme con él, no tenía por que poner en peligro la misión, parecer una mujer dura me serviría para que quisieran tenerme en su bando.

Pero no hizo falta hacer nada, Alex atacó directamente a su mano con la espada y lo apartó de mi. Enseguida todos se pusieron hostiles y comenzó el combate, Alex me pidió que si se ponía mal la lucha, me llevaría a Sam lejos, pero Sam se negaba a abandonarles. Lo comprendía totalmente, si manteníamos la concentración no tendría por que salir mal. Habían bastantes hombres enfadados que venían por nosotros, desenvainé mi arma y me preparé para el combate.

Uno de ellos se acercó para atacar, yo me preparé para acabar con él lo antes posible. Me abalancé sobre él, lo cual no se lo esperaba en absoluto, seguro pensaba que saldría huyendo. Esquivé por los pelos, su ataque con la espada, y dirigí mi arma directamente a su cuello, aprovechando que se había agachado con el ataque. Le atravesé el cuello con la espada y este se levantó desesperado poniendo una mano sobre la herida, de la cual se estaba sangrando muchísimo.

Me preparé para acabar con el próximo que se acercase demasiado, seguro se lo pensarían dos veces.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Miér Nov 12, 2014 1:10 am

Todo parecía haberse calmado con la intervención del castaño, incluso pensó que había salido demasiado bien para ser algo improvisado. Los guardias parecían aceptarlos de buen agrado, aunque era demasiado pedir la falta de incidentes. Uno de ellos se acercó al grupo, y su actuación fue tan poco agradable para los hermanos que, aun siendo como eran, rebanarle el cuello habría sido demasiado fácil y poco placentero. Se sobrepasó con todas y cada una de las mujeres presentes, pero ciertas circunstancias salvaron a las dos primeras de sus repulsivas manos, la edad y la armadura. Ania no contaba con la misma suerte. Su mano se acercó rauda a los senos de la muchacha, pero se detuvo ante la advertencia del hermano mayor, al menos por unos instantes antes de mencionar que estaba en su pleno derecho, reanudando así su objetivo que acabó con un corte en su muñeca y un grito que alertó a los demás.

-(Maldita sea, me estaba volviendo loco estar de brazos cruzados viendo a ese idiota. Suerte tuvo de estar cerca de Alex y no de mí...)- Pensaba el castaño, desenvainando rápidamente su espada y su escudo para prepararse para lo que se avecinaba.

No parecía que Natasha estuviera muy contenta ni satisfecha con la acción de Alex, pero para ellos fue tan válida como necesaria. Isma dio un paso al frente y aprovechó que su hermano había empujado al baboso para agarrarlo con la mano del escudo y acercarlo a él, propinándole un cabezazo segundos después. La nariz le empezó a sangrar a borbotones y la herida de la muñeca tampoco paraba de emanar aquel líquido carmesí. Se le iban a quitar las ganas de mancillar a una mujer, si es que pudiera tenerlas en la otra vida. Continuó con un segundo golpe, fruto de su escudo, en el mismo lugar y antes de seguir, dejó su arma a la altura de su estómago y se acercó para susurrarle. -Jamás vuelvas a ponerle encima el dedo a una dama sin su consentimiento.- Susurró y finalmente remató el trabajo hundiendo su espada en la endeble carne de aquel hombre que tan solo llevaba una protección de cuero inútil ante el hierro.

-Sentimos haber estropeado el plan, pero si no lo hubiera hecho él, lo hubiera hecho yo. El fracaso estaba garantizado, aunque aún podemos despacharlos y finalizar el trabajo ¿No?- Comentó Isma con una sonrisa en su rostro.

Observó como Ania se encargó de uno de sus enemigos con suma facilidad. Le sorprendió bastante, aunque no por el hecho de ser una mujer, si no por lo dócil que parecía. Siempre dicen que no hay que juzgar a nadie por su aspecto y esta podía ser uno de esos casos. El guerrero, se adelantó, pero no demasiado, no quería hacerse el héroe y morir en el intento. Uno de los desertores saltó sobre él, cargando un par de espadas. Isma interpuso su escudo para bloquearles e intentó dar un corte en horizontal. Sus oponentes no eran rivales de poca monta. Fueron miembros de Fire Blood y eso garantizaba el peligro que podrían ofrecer, aunque no se intimidaría por luchar contra gente hábil. Tal y como esperaba, detuvo su ataque con una de las espadas y volvió a atacar con la otra. El castaño se agachó y lo empujó para apartarlo. -Esto se pone interesante.- Mencionó.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Vie Nov 14, 2014 10:36 pm

El combate no tardó en empezar. Todos hicieron sus movimientos y un hombre de aspecto imponente cercano a Alex se dirigió hacia él. Entre insultos varios y maldiciones trató de golpearlo varias veces mientras que él solo esquivaba. Podría haber atacado si hubiera tenido oportunidad, aunque aquel hombre lo impedía. Sus movimientos eran más lentos que los de Alex, pero eran mucho más potentes y bastante precisos. Un solo golpe podría hacer mucho daño. ¿Pero por qué luchaba con las manos desnudas? La respuesta no se hizo esperar mucho. Al ver que era esquivado todo el rato se colocó algo en los puños. Parecían guantes de metal. Ahora sí que era peligroso. Se abalanzó de nuevo aún más rápido. Alex no tuvo tiempo casi de bloquear y el impacto dio de lleno en su pecho.

Salió despedido varios metros hacia atrás. Sintió una presión terrible en el pecho y pudo ver como la armadura se había deformado ligeramente. Aquel ataque había sido brutal. De ser en la cabeza ahora podría estar muerto. Su rival no parecía tan fuerte antes, ¿cómo había cambiado tan de repente? Si no iba a poder defenderse de esos golpes y su estrategia se basaba en esquivar en todo momento... no tardaría en perder. Hubo quien dijo que la mejor defensa era un buen ataque, hora de pasar a la ofensiva y mostrar si tenía razón. Saltó desde donde estaba a tanta velocidad como pudo para encajar un espadazo. Su rival detuvo el golpe con una mano usando el guante como escudo y dirigió la otra hacia las costillas de Alex. Craso error. El moreno encajó una patada en la pierna izquierda de su enemigo haciendo que este se tambaleara. La espada, esta vez, surcó el aire en dirección al cuello, pero un ágil movimiento del hombre le permitió evitar un daño letal, aunque se había llevado un buen corte.

Pero aquello lo hizo despistarse y un segundo corte terminó el trabajo. Alex realmente odiaba matar, pero según les había contado Natasha aquellos eran lo peor que podían encontrarse. Asesinos, violadores y traidores. Habían asaltado pueblos y acabado con sus habitantes. No quería ser un verdugo, pero merecían morir. Y, lo que era peor, La actitud de aquel hombre no había dejado ninguna duda. Luchaba para matar y de la peor forma. Arrebatarle la vida a golpes a un contrario era una forma muy cruel de hacerlo, pero no parecía importarle. Seguro que se habría deleitado partiendo los huesos de Alex antes de acabar con él. De no haber acabado con él final del combate habría sido distinto.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Ania Dawson el Dom Nov 16, 2014 12:25 am

Los demás también comenzaron a luchar contra aquellos hombres. Los hermanos, Isma y Alex, demostraban bastante destreza en la lucha y un gran control. Aunque los enemigos eran fieros y estaban entrenados, no lo eran lo suficiente como para acabar con ellos.

Yo sabía defenderme, pero no luchar como ellos. Esa era la gran diferencia, mi forma de luchar era mas centrada y pensaba para acabar a los enemigos de uno en uno y con ataques certeros. Si el combate contra algún enemigo me durase demasiado, estaría acabada, no podía permitirme tal lujo, debía acertar todos los golpes, y no fallar ni uno si quería sobrevivir.

Sin apenas tiempo de reaccionar, otro hombre trató de abalanzarse con su arma de dos manos. Una espada bastarda muy bien cuidada, incluso demasiado, lo mas seguro es que fuese robada, esta gente no parecían en absoluto de los que "compran" sus armas. "¿Habrán asaltado gente noble?" el solo pensamiento me horrorizaba, no el hecho de matar gente noble, sino de matar de por si a cualquier persona, a sangre fría, con el simple fin de arrebatarles sus cosas. Eran escora, de la peor escoria...

Aquel hombre trató de lanzar un ataque descendente hacia mi. Cuando levantaba la espada, además de la altura del hombre, llegaba bastante alto. Por esa misma razón me sería mas sencillo encontrar algún punto débil, esperaría al momento en el que la espada tocase el suelo, así aprovecharé el tiempo que tarde en recuperarse para realizar otro ataque. Pero no salió como esperaba, su ataque descendió mas rápido de lo que presentía y, por muy poco, me habría alcanzado.
Rápidamente espabilé y ataqué sin piedad, de nuevo otro ataque directo al cuello, solo que esta vez le enterré la cuchilla en su garganta y acerqué mi cara a la suya para mencionar unas palabras.

- Que encuentres la paz en el abrazo de tu dios... - era lo que debía hacer, una sacerdotisa nunca mata sin mas, ni tampoco se me permitía hacerlo, a menos que fuese un caso extremo como este.

Nosotras nos encargamos de los muertos, no de los vivos. Alex e Isma son los que se encargan de este tipo de personas. Asaltantes, malhechores... nosotras nos encargamos de sus almas descarriadas cuando pretenden seguir haciendo daño, incluso después de fallecer.

La batalla continuaba, y no podía permitirme mas pensamientos y meditación en medio de un combate, tenía que concentrarme, el próximo ataque podría acabar con mi vida en un abrir y cerrar de ojos.
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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Isma el Jue Nov 27, 2014 3:36 pm

Volvieron a la carga, él siempre con el escudo por delante y su oponente atacando con ambas espadas. Isma se centró en defenderse de los fieros y rápidos ataques de su contrario mientras intentaba conectar algún que otro corte en vano. El desertor de Fire Blood intentó desconcentrar al castaño con insultos y calumnias, pero su objetivo se volvió contra él. Isma hizo caso omiso de sus palabras y actuó de la misma forma. Aquel tipo se enfadó con facilidad. Sus ataques se volvieron mucho más rápidos y fuertes, pero más predecibles. Alzando ambos brazos lanzó un corte en forma de equis. Isma pudo bloquearlo, pero era difícil mantener la compostura con un brazo cuando su enemigo tenía ambos haciendo fuerza y su posición le ofrecía cierta ventaja, no obstante, se había olvidado de su propia protección.

-¿Acaso te has olvidado que tengo una espada en la otra mano?- Preguntó el castaño, intentando aguantar y hundiendo su espada en las costillas de aquel hombre segundos después. -(Son hábiles con las armas, pero su ira les ciega y parecen actuar más por instinto... Ese es su punto débil y debemos aprovecharlo).- Pensaba él. Le gustaría comentárselo a los demás, pero no era buena idea revelar sus planes al enemigo y seguramente sus compañeros ya se habían dado cuenta.

Aun así, les superaban en número y ni usando aquella estrategia sería fácil contener a tantos. Isma se preparó para continuar con el siguiente que se acercase pero se quedó estupefacto al ver como Natasha entraba al combate con un salto asombroso y lanzando varias bolas de fuego que impactaron en un grupo de cinco, calcinando sus armaduras y ropajes, haciendo que salieran corriendo despavoridos mientras gritaban de dolor. -(¿Magia?)- Se preguntó a sí mismo. No esperaba que fuera capaz de crear fuego, aunque no era la primera vez que veía a un mago... Continuó observando. La mujer poseía una velocidad vertiginosa, y no solo era maga si no que tenía una destreza con la espada sin igual, derrotando a varios enemigos en un cerrar y abrir de ojos. Su nivel era muy superior a cualquier presente. Tanto es así, que la ventaja de número, dejaría de ser un problema muy pronto.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

Mensaje por Alex el Vie Nov 28, 2014 5:27 pm

Si su primer enemigo había sido tan complicado n oquería ni imaginarse como sería el resto, ahora sí que se preocupaba por la diferencia de número. Aunque eso no duró mucho. Su preocupación se desvaneció en cuanto vio a la miembro de Fire Blood luciéndose. El fuego brotó de sus manos eliminando a todo enemigo que estuviera a su alcance. Por si fuera poco con esa demostración de magia hizo gala de una velocidad increíble y una destreza con la espada fuera de lo normal. Alex y compañía no tuvieron que hacerse cargo de mucho más. De hecho el hermano mayor solo se enfrento a otro enemigo que, por suerte, no era tan hábil como el anterior. En pocos minutos todo había terminado, pero el mercenario se lamentaba más de lo que se alegraba. Natasha podría haberlo hecho sola perfectamente, ellos casi habían sido un estorbo.

-Ahora hay que darle la señal a Druk-Halar, que él se encargue del jefe antes de que se de cuenta de lo que ha pasado aquí- Dijo con un suspiro.

Tampoco fue necesario, el orco apareció casi al instante cargando con dos cuerpos que arrojó frente a la mujer. Ella se agachó a reconocerlos y admitió que uno de los dos era el jefe de los desertores. El plan había cambiado pro completo y, aunque había salido bien, Natasha no debía estar nada contenta. El parte que diera para el gremio sería bastante negativo... Alex ya se estaba despidiendo de formar parte de Fire Blood.

-Lo siento, no soy muy sigiloso y me han descubierto. No he tenido más opción que acabar con ellos- Lamentó el orco.

-¿Pero qué clase de grupo me ha tocado? Explorad el campamento para ver si queda algún rezagado que podamos llevar al gremio y volvemos. Tengo que dar el parte de la misión- Respondió Natasha.

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Re: En la brisa matinal se notaba el aliento de las montañas [Alex, Ania e Isma]

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