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El sabor de la vida

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El sabor de la vida

Mensaje por Wernack el Mar Nov 11, 2014 12:20 am

No tenia una moneda. Ni un solo trabajo en varias semanas, y el frió y el hambre hacian que me empezase a replantear la vida de mercenario. "Quizas siendo bandido me fuese mejor..." pensaba. Pero entonces habría tenido que luchar contra los mercenarios que acompañaban a las caravanas de comercio. Era habilidoso, pero me faltaba experiencia. Atacar una caravana pobre apenas me daría nada, y una mayor tendría demasiados guardias. También había intentado cazar, pero ni un animal se acercaba: Estaba casi inconsciente por el hambre, lo cual me hacia torpe y ruidoso.

Estaba en mi forma de bestia, tumbado en el suelo por el cansancio, sin poder apenas moverme. Creía que iba a morir de inanición. "No puedo morir así... soy demasiado bueno para esto..." pensé.
Entonces oí un ruido de arbustos moviéndose y ramas crujiendo. Mucho, incluso para un animal. Debían ser humanos, u otra especie inteligente... Cambié a forma humana, aun sin poder levantarme, con la esperanza de que fuesen a ayudar a otro humano. Por suerte, tenia razón.
-Intenta no hacer tanto ruido, pedazo de...- se interrumpió. -¡Joder! ¡Menudo susto! ¡Eh, ven aqui, creo que es alguien herido!- dijo una voz masculina. Unos segundos después, se arrodilló junto a mi. -¿Que te ha pasado? ¿Estás bien? -preguntó. Solo pude pronunciar una palabra.-Haaaaambreeeee...-

Perdí el conocimiento. Me despertó el aroma a un suculento estofado. Abrí los ojos repentinamente, y lo vi delante de mi, caliente, con una cuchara. En cuestión de segundos, me puse a comer lo que tenia delante con un apetito voraz. En poco tiempo, terminé con el cuenco. Hasta ese momento no me habia dado cuenta de que mi salvador estaba en la habitación, sentado. -Menudo apetito... tenias un hambre de lobo, ¿eh?- dijo. Reí para mis adentros. "Y que lo digas..."
El hombre parecia un granjero de mediana edad. No tenia ningún rasgo especial que saltase a la vista. Me contó que habia ido a recolectar algunas setas por el bosque para la comida, y me encontró ahí, tirado en el suelo, y con solo unos pantalones harapientos. Me llevó con la ayuda de su hermano hasta su hogar. No era del todo un granjero, simplemente vivia de la naturaleza.

Estaba agradecido por la ayuda, aunque seguía desconfiando. -¿Donde está tu hermano, por cierto?-

-Ha ido a buscar más comida.- me levanté y me acerqué a él. -Muchas gracias por salvarme. Le debo la vida.- dije seriamente, levantándome.

-Tranquilo, hijo. No es para tanto. De todos modos, ¿que estabas haciendo en el bosque, semidesnudo y paralizado por el hambre?- preguntó, dandome la espalda y dirigiéndose afuera. -Pues verás...- dije, con una voz ronca y grave. Entonces se dio la vuelta, y desgarré su cuello con mi garra. -Eso no es asunto tuyo.- dije. Rabia cambiado de forma justo antes de la frase, y ahora el hombre estaba en el suelo, boca arriba, mirandome con una expresión de terror y sin poder decir nada por su garganta destrozada. -¿Sabes? No era mentira, agradezco tu ayuda... Pero me parecia que en realidad estabas cazando, y que igual habias visto unas huellas de lobo enormes que terminaban en mi. -le expliqué mientras se desangraba.- Además, sigo teniendo hambre, y no quiero abusar de tu hospitalidad pidiendo más comida...- continué. Entonces lamí una de las uñas que habia perforado en su cuello. Le tenia cierto gusto a la sangre, en ambos sentidos de la expresión. Sin embargo, nunca habia probado el sabor de la carne humana. Por supuesto, me lo habia pensado varias veces antes de desfallecer de hambre, y me habia propuesto devorar al próximo humano que viese.

No me gustaba incumplir promesas, y menos a mi mismo, asi que metí mis fauces en el abdomen del hombre, ya agonizante, que solo pudo lanzar un grito ahogado por su sangre antes de morir. El sabor era tan bueno como imaginaba... la jugosa carne, mejor alimentada que cualquier animal, era tan tierna... Me di un verdadero festín con el delicioso cadáver. Por supuesto, no podía permitir que nadie supiese lo que acababa de pasar, ya que eso atraería a los gremios mercenarios y pondrían una recompensa. Dejé los restos del cadáver en la entrada, me metí en la cabaña y, en forma humana, rebusqué cualquier cosa que pudiese ser útil: Ellos ya no lo iban a necesitar, y le prendería fuego después de todos modos. Encontré algo de dinero, y algunos libros. Me puse a leerlos mientras esperaba pacientemente. Aprendí algunas cosas sobre magia y fuego que no había encontrado en otros libros. Finalmente, oí un grito: El hermano había llegado. Volví a mi forma de lobo y lo recibí como debia. El humano, arrodillado sobre los restos de su pariente, apenas ofreció resistencia.

No tenia hambre para otro festín, así que llevé ambos cuerpos dentro de la cabaña, y la prendí fuego. Mientras volvía hacia donde había dejado mis pertenencias, la cabaña ardía. Si alguien la encontraba, no vería los restos de mi crimen, solo un par de idiotas que se durmieron con el fuego encendido y quedaron carbonizados.


Última edición por Wernack el Miér Nov 12, 2014 12:25 am, editado 1 vez
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Re: El sabor de la vida

Mensaje por Wernack el Miér Nov 12, 2014 12:07 am

Tras mi primera vez de probar la carne humana, se me abrió un mundo de posibilidades. Ya no volveria a pasar hambre, por mal que me fuese. Sin embargo, debia tener cuidado de no volverme a quedar sin dinero. El problema que tuve era que solo iba a por los grandes trabajos, asi que tenia que competir con los gremios. Sin embargo, tras pensarlo mucho, decidí ir a por los trabajos menores. De esa forma, ganaria experiencia en combate, y suficientes aureos como para comer, e incluso ahorrar algo. Uno de los trabajos fue especialmente sangriento, y me sirvió de recordatorio de que no era invencible.

Parecia algo simple. Proteger una caravana de mercaderes. La paga era bastante generosa para ese tipo de trabajo, aunque era un buen trecho: De Hrotmur a Fergor, unos cuantos dias, tres carros. Por supuesto, no era el único guardia. Al parecer los mercaderes tenian dinero como para pagar generosamente a doce guardias, incluyendome. Ninguno sabia que habia en las cajas que llevaban los carros, pero por 1.000 aureos el dia, más la comida, y el doble de lo acumulado al llegar, nadie iba a hacer muchas preguntas. Los guardias eran variados: Unos parecian enormes tipos duros, con cicatrices, armaduras pesadas y martillos de guerra. Otros eran bastante jóvenes, y con menos experiencia que yo. Pero habia de todo, en general. Siete guerreros, tres arqueros, un mago, y yo. Supongo que yo contaba como guerrero. Parecia colocado estratégicamente: Un arquero y tres guerreros en cada carro. Excepto en el central, en el que habia un arquero, un guerrero con armadura pesada, el mago, y yo.
Todo eso eran las cosas en las que pensaba durante el viaje. Tras un dia y medio, supuse que no estaria de más iniciar conversación con alguien para no morir de aburrimiento. Pero ¿con quien?

El orco de más de dos metros de armadura pesada no parecia muy interesante. Respondia a todo con monosilabos y no soltaba el martillo ni un segundo. También habia un humano, delgado y algo bajito, que no se callaba. Me habia parecido verle hablar mientras bebia agua alguna vez. Habia fantaseado con destrozarle la cabeza con el martillo del orco en numerosas ocasiones. Asi que solo quedaba el comerciante, que no parecia dispuesto a revelar mucho, y el mago.
El mago... un elfo de ojos verdes y pelo rojo brillante. Me llamaba mucho la atención su aspecto, como era de esperar. Habia algo extraño en el, incluso para un elfo, pero no conseguia saber que.

Fuera como fuese, parecia el miembro más interesante del grupo. Apenas habia hablado en todo el viaje, al igual que yo. Me acerqué a el y le pregunte.

-Hola... ¿Te importa que te pregunte algo?

El elfo tenia algo en las manos, una especie de sucesión de aros unidos en un anillo que estaba moviendo y girando, como si fuese algún tipo de puzzle. Dejó de manipularlo, se lo guardó en un bolsillo, y me miró. -Claro que no. Pregunta lo que quieras.- dijo con tono amable.

-¿Que clase de magia sabes usar?

-Piromancia, sobre todo, aunque cualquier tipo de magia elemental. También se algo de Magia Arcana, especialmente de telekinesis.

-Hmm. Impresionante. Siempre he querido aprender algo de piromancia. ¿Cual es tu nombre, por cierto?

El elfo hizo una pausa, como si se lo tuviese que pensar. Entonces respondió con una sonrisa. -Kouz. ¿Y tu?-

-Wernack. Un placer conocerte.- Curiosamente, era verdad. La magia me interesaba mucho y me parecia bastante respetable. -¿Puedo pedirte un favor?- Kouz asintió como respuesta. -Me gustaria que me enseñases algo de piromancia.

El elfo accedió a enseñarme los principios. Era más complicado de lo que pensaba, pero eso aumentaba mi fascinación. Durante unos dias, estuve intentandolo lo mejor que podia. Mi mayor logro fue crear una pequeña llama en la palma de mi mano, pero solo unos segundos antes de que se apagase.
-Vas por buen camino. Con algo más de práctica y concentración podrás llegar a ser muy poderoso.- Asentí con una sonrisa de satisfacción. En el poco tiempo que llevaba con Kouz, se habia ganado mi respeto y ya le trataba como si fuese mi maestro.

Sin embargo, alrededor del septimo dia de viaje, ocurrió algo inesperado. Una emboscada. Dos docenas de hombres con armaduras de aspecto caro atacaron la caravana. Al parecer llevábamos contrabando robado a un noble o algo así. Valia una gran fortuna, y querian recuperarlo. Asi que empezó el combate.

Nos doblaban en número y nos habian pillado por sorpresa. Además, estaban mejor equipados en general. Los mercenarios sin experiencia no fueron rivales para los luchadores entrenados. Me puse entre dos de los guardias de la caravana mejor armados para quedar mejor protegido, pero me tuve que separar pronto, la escaramuza era caótica. Kouz abrasó fácilmente a todo el que se le acercaba, pero empezaba a notarse cansado. Mientras, yo me enfrentaba con el que parecia liderar a los soldados, con una armadura ornamentada, espada larga y escudo. Me superaba en equipamiento y experiencia, asi que tenia que tener cuidado. Mi táctica fue atacar y retroceder de un salto para atacar de nuevo, probando distintas fintas para traspasar su defensa. No lo conseguia, y se reia de mis intentos. Entonces empezó a atacar, e hice lo que podia, retroceder y bloquear con mi propia espada. Finalmente, mi espada terminó rompiéndose, y el filo salió volando unos metros. El siguiente tajo fue hacia mi cara, y no lo conseguí esquivar del todo.

Me dejó una cicatriz que iba desde mi pómulo izquierdo hasta mi ojo derecho, que nunca se me terminó de curar. Justo cuando iba a lanzar el ataque que acabaría con mi vida, algo interrumpió al lider enemigo: Una bola de fuego dirigida a su pecho hizo que se cayese sobre su espalda y soltase su arma. No iba a tener otra oportunidad. Cogí la espada y le hundí la hoja en la cara antes de que se levantase. Miré alrededor. Solo quedábamos dos personas en pie, y Kouz estaba ahí, mirándome. Tenia la cara manchada de sangre, aunque no era la suya. Y sus ojos tenían un intenso brillo rojo. Caí al suelo y perdí el conocimiento.

Cuando desperté, conté los cadáveres. 37 en total. Es decir, todos los enemigos, los tres traficantes, y todos los mercenarios... excepto Kouz, que había desaparecido, y yo.
No cobré nada de ese trabajo. Solo conseguí la espada y una armadura que era lo único rescatable del carro, ya que dos de ellos estaban en llamas. Devoré un cadáver pare reponerme y continué con mi camino. Guardé la esperanza de volver a encontrarme algún día con el elfo semi-demonio para aprender los secretos ocultos del fuego.
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