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Fairy Tail Chronicles


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El príncipe y los demás.

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El príncipe y los demás.

Mensaje por Dark S. Satou el Vie Mar 06, 2015 12:43 am

Llevaba unos días separado de mis compañeros, y ya un mes fuera de palacio. Había llegado hasta el norte, y se notaba... Altas montañas desprendían un frío horrible al cual no estaba acostumbrado de ninguna forma. A pesar del gran abrigo de cuero que llevaba, no era la mejor defensa contra una temperatura tan baja, así que cada vez que podía, pasaba mi mano iluminada en fuego por debajo de la gabardina para calentar ligeramente mi cuerpo y evitar que el calor se desprendiera de éste. La dificultad de poder caminar en las pisadas aumentaba cada vez a más; tenía una altitud ligeramente considerable, tal vez llevaba subiendo cuestas y caminos varias horas. Una cosa me alarmaba ligeramente; aún habiendo pasado tanto rato caminando, no había encontrado ninguna taberna ni hostal para poder recuperar fuerzas de mi paso por la densa y blanquecina nieve. Me apoyé en una pared cubriendo mi mano con fuego para no congelármela y, jadeando, miré hacia el suelo algo nervioso. ¿De verdad había llegado a una zona inhabitada? Podía volver hacia atrás, pero no tenía estamina infinita y el cansancio ya dominaba mi cuerpo, haciendo torpes y pesados mis pasos.

Elevé mi mirada hacia el camino y comencé a caminar una vez más, con cuidado de donde pisaba para no fallar el paso al hacer fuerza en la nieve. Rodeé el paso subiendo por una cuesta en forma de S y tras subir lo suficiente como para poder ver qué había encima de él, pude distinguir una taberna que estaba al pie de unas montañas. Sí... debería descansar ahí y podría recuperar fuerzas. Llevé mi mano al bolsillo y comprobé si la bolsa de áureos seguía ahí; sí, seguía ahí. ¡Menos mal! Si la perdía, pobre de mí... Avancé lo suficiente como para plantarme en la puerta y la abrí con brusquedad, viendo que... ¿y esa gente tan baja? Qué hacían enanos ahí? Los miré con cierta resignación y entré dirigiéndome hacia el mostrador, intentando ignorarlos... Hasta que pateé a uno sin querer por no mirar hacia abajo. Agarró mi cintura y comenzó a agitarla bruscamente sin demasiados buenos ánimos, tal vez incluso con intenciones para causar daños hacia mi persona. Intenté apartarlo pero tenía más fuerza que yo y no podía quitármelo de encima. Creé un golem de piedra que, centrando toda mi atención en él pateó al enano logrando deshacer su agarre.


-¡Si supiera con quién está tratando, enano de la plebe! -grité enfadado- más le vale alejarse de mí, o sufrirá las consecuencias -le advertí con voz seria.

Me miró de mala forma y se giró, retomando su paso hacia una de las mesas en las cuales se sentó en un taburete bajo. Suspiré enfadado y me apoyé en el mostrador, esperando a que viniese alguien para atenderme. No, los enanos no me miraban de muy buena forma, ¿por qué fuera a donde fuera la plebe siempre acababa mirándome mal? Para ser gente de clase baja, se lo tenían muy creído...
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Alex el Sáb Mar 07, 2015 12:33 am

Hacía ya unos meses desde que fueron aceptados en Fire Blood y habían conocido a Druk-Halar y Ania. El tiempo pasaba rápido, aunque todavía no los habían tenido muy en cuenta dentro del gremio. Las misiones que les habían otorgado eran más bien sencillas y no los llamaban para nada serio. Les habían concedido un permiso de dos semanas para visitar a la familia y tener unas vacaciones. Su abuelo los recibió con golpes e insultos, aunque también con abrazos. Pasaron unos días en la casa familiar y marcharon al alba el día de la partida. Ahora que eran "libres" por un tiempo decidieron pasar por el pueblo de los enanos cerca del camino principal. Decían que servían allí muy buena cerveza.

El camino fue largo pero ameno. El clima era frío como solía serlo en el Norte de Dyscordia y, en especial, en las Montañas del Enano. Pero los hermanos Harken estaban más que acostumbrados a esa temperaturas y no les molestaba demasiado. Aquel día lucía un Sol hermoso y potente que acariciaba a los caminantes con cálidos rayos de luz. Era de agradecer. Las nubes, aunque presentes, estaban muy esparcidad y escondidas en su mayoría. Un día espléndido, seguro que lo pasarían muy bien. El pueblo se veía a lo lejos, no tardarían demasiado en llegar. Siguieron su camino durante veinte minutos hasta toparse con la entrada al lugar. "Bienvenidos todos aquellos con un gaznate sediento" rezaba en el cartel de una taberna.

Aquella sí que era una buena bienvenida. Sin duda ellos encajaban con la descripción y, por lo tanto, serían bien recibidos. Alex abrió la puerta, pero Sam se adelantó y se introdujo en el edificio mucho antes que el moreno. Este entró seguido de su hermano y su orco. El establecimiento estaba lleno de enanos, como era normal en aquel pueblo, y había algún que otro miembros de diferentes razas. Había uno que resaltaba mucho y que tenía una ropa extraña de aspecto foráneo. El miembro de Fire Blood se acercó hasta la barra esquivando a un par de enanos que, ebrios, discutían y llegaban a las manos de vez en cuando. Cuan típicas resultaban esas escenas en aquellos lugares. Tomó asiento junto al chico extraño.

-Muy buenas, tabernero, ¿sería tan amable de ponerme una pinta de cerveza?- Saludó y preguntó.

-¡A mí un zumo de naranja, señor!- Gritó la chica de forma vivaracha.

Se sentó al lado de Alex y el orco, a su vez, al lado de ella. Druk-Halar se limitó a pedir otra pina como la de Alex y a ignorar todo cuanto los rodeaba. El orco solía ser poco sociable y no le gustaba relacionarse con al gente. Mucho menos en tabernas ya que, casi siempre, acababa provocando una pelea. Y no quería causar problemas estando Samantha cerca. Aunque el moreno sabía, perfectamente, que a su amigo le gustaban las reyertas y que muchas veces las provocaba a propósito para entretenerse o hacer algo de ejercicio físico. No era algo que a Alex le desagradara del todo, aunque prefería evitarlas también estando su hermanita junto a ellos. todo lo que la pusiera en peligro era rechazado al instante.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Windalfr Valar el Sáb Mar 07, 2015 1:16 am

Hacía mucho tiempo que había abandonado mi ciudad y los bosques donde vivían mis compañeros elfos. Durante mis viajes había visto de todo, plantas peculiares con la capacidad de curar heridas ligeras, plantas con espinas de 10cm de longitud e incluso encontré una extraña planta que provocó que un conejo que la comió cayera al cabo de 10 minutos. Mi viaje me llevaba cada vez más lejos de mi hogar y con ello las probabilidades de encontrar nuevas plantas que usar en mis estudios, o eso pensaba. Mis ojos miraban a todos lados y lo único que eran capaces de vislumbrar era un manto blanco que cubría todo el suelo que me rodeaba.

Hacía mucho que los bosques y valles que rodeaban las montañas y pude observar plantas por última vez, ahora lo único que veía era nieve por todos lados y una pequeña nube condensada de mi propio aliento debido al frío que rodeaba el ambiente. Maldito sea el momento en el que decidí venir a las montañas del enano. Nunca pensé que llegaría a hacer tanto frío. Maldecía mientras caminaba y me frotaba con la mano emitiendo una pequeña cantidad de calor por encima de mis ropajes sencillos que apenas abrigaban. Llegado un momento me cansé de frotarme los brazos y convertí toda mi piel en la de un conejo blanco, cubriéndome por completo de pelo y ganando una ligera resistencia al frío y, por ende, no necesitaba frotar mi piel para resistir al frío. Con mi nueva piel caminar se me hizo un poco más sencillo por lo que durante aproximadamente 10 minutos el frío no sería problema. El único contratiempo de esto es que el hacer esto me agotaría y si no encontraba un lugar donde reposar para no morir congelado en esas montañas donde solo podría ser salvado con un milagro.

Mis pasos eran cuidadosos, aún más que de costumbre ya que en esas montañas un paso en falso podría significar perder la vida y no quería que mi viaje acabara al principio del mismo. Cada paso que daba buscaba la mayor estabilidad posible por lo que casi siempre pisaba en posiciones centrales del camino ya que habitualmente son más estables y menos peligrosas. Seguí ascendiendo por aquél camino por unos diez minutos, y justo en ese momento mi piel volvió a la normalidad haciendo que volviese a notar el frío pero con el agravante de que ahora estaba agotado por usar mi magia por tanto tiempo. Así un poco mi arco en mi espalda y alcé la vista para ver si encontraba algún lugar donde al menos refugiarme o si moría allí y, para mi suerte había una taberna unos cuantos pasos más adelante. Caminé como pude a la taberna y abrí la puerta con tranquilidad para ver una taberna repleta de enanos, como era de esperar del lugar. Caminé malamente y esquivando a duras penas los enanos que iban de un lado a otro, algunos tranquilos, otros algo embriagados y peleándose entre ellos y  también habían algunos sujetos de otras razas.

En la barra se veían a tres sujetos peculiares, un hombre y una mujer que parecían humanos acompañados de lo que probablemente sería un orco. No tenía nada en contra de ninguno de los presentes así que simplemente me coloqué al lado del orco apoyando mi arco al lado opuesto al orco y con una voz calmada y cansada dije Tabernero, ¿sería usted tan amable de servirme una jarra de cerveza? Mi mirada permanecía en un punto vacío donde no mirara a nadie y mi cuerpo solo esperaba un descanso y algo que le calmase un poco del largo viaje. No me importaba que me mirasen de forma extraña no que mi pelo estuviese repleto de nieve, imperceptible por su color, ahora lo único que me importaba es que no hacía frío y podía descansar.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Etsu el Dom Mar 08, 2015 5:31 pm

Hacía casi veinte años que no poníamos un píe en aquella blanca y gélida tierra. Tierras de grandes alturas, donde parecía que el mismísimo sol se había olvidado de proporcionar calor. El suelo, y todo cuanto mirásemos estaba completamente cubierto de nieve, el aire se arremolinaba e intentaba colarse por entre las perneras del pantalón, las cuales estaban metidas en la ropa. Me había hecho de un grueso abrigo, con la esperanza de no morir congelado. En cambio, para Zafón no era más que un día con mal tiempo, prefería el frío al calor y aunque sabía que nunca lo admitiría, él también tenía frío. Vestía su larga y habitual túnica y luego una fina chaqueta de cuero que le llegaba casi hasta los pies. Pero no debía servirle de mucho, porque el aire no cesaba de levantarsela una y otra vez.

-¿Crées que falta mucho para llegar ya? -pregunté dejando que mis pensamientos fluyesen hacia él.

-Deberíamos estar bastante cerca, no recuerdo que el viaje fuese mucho más largo -razonó él con tranquilidad.

Continuamos nuestra lenta pero incesante marcha. En alguna que otra ocasión tuvimos que refugiarnos tras un saliente, momento que aprovechaba para calentarme ligeramente con un poco de fuego. Pero a penas llega a sentir alivio, porque tras extinguirse las llamas el frío y mortal abrazo del aire volvía a ceñirse sobre mi ser. Caminamos durante un trecho más, cuando al levantar la vista vi lo que parecía ser una construcción artificial. Seguimos acercándonos a lo que parecía ser una casa algo distorsionada, su arquitectura era rara, robusta y poco refinada, algo normal entre los enanos, un pueblo al que la belleza no le importaba demasiado y por ello optimizaban todo lo que construían al máximo.
La puerta era de madera, algo baja para mí, pero aún así la empujé con fuerza, abriendo paso a un espacioso interior. Era cálido, bien iluminado con una gran fogata en torno a una chimenea y había gente allí.

-¡Qué frío! -exclamé nada más pasar a la estancia -los gigantes de hielo deben haberse congelado, por eso no he visto ninguno.

-Tampoco es para tanto elfo, hará frío de verdad cuando nuestras mujeres dejen de afeitarse -me respondió un enano entre carcajadas, pero paró de golpe al ver a Zafón.

-¡Un demonio!, ¡fuera, largo! -comentó otro enano desde detrás de la barra.

-No es un demonio, es mi amigo dije con suma tranquilidad, mientras me despojaba de mis capas de ropa además creo que en el mundo del dinero, si los demonios poseen dinero, no importa lo que sean, ¿verdad?

-Está bien, pero mantente alejado de mis clientes -dijo mirándonos con cierta sensación de asco -¿qué vais a querer?

-Una jarra de hidromiel especiado y el conejo más grande que tengas -comenté acercandome a la barra y pagando unas monedas.

-Bien, el conejo tardará un rato -informó el enano dispuesto a desaparecer tras la pared.

-Me gustaría verlo antes de que lo cocines, si no es molestia -dije antes de que se fuese.

A los dos minutos vino con una enorme jarra de un licor de color ámbar. Estaba tibia y desprendía un olor dulzón y refrescante. En la otra mano, sujetaba a un conejo blanco, bastante grande. Tendí la mano para cogerlo y me lo entregó.
Se lo tiré a Zafón que tardó poco en devorar el cerebro del pobre animal que prácticamente ni se inmutó. Zafón acostumbraba a romperles el cuello antes a las presas, sabía que no era algo a lo que los habitantes de la superficie se acostumbrasen con facilidad. Y tras acabar me devolvió el cuerpo inerte de la criatura, con la cabeza ligeramente manchada de sangre.

-Especielo bastante, me gusta la carne espaciada -dije entregándole el cadáver al enmudecido enano ante la mirada atónita de los presentes, el enano asintió levemente y volvió a desaparecer.

Fui directo hacia una mesa próxima a la fogata y me senté. Zafón también lo hizo y empezó a hablar conmigo de lo cortos de mente que éramos los habitantes de la superficie. Ahí comenzamos otro de nuestros silenciosos y acalorados debates sobre nuestros puntos de vista opuestos. Yo bebí, paraba y lo miraba seriamente, luego sonreía o simplemente mostraba un gesto de desaprobación. Él movía sus manos y de vez en cuando emitía un leve chillido acompañado de un movimiento de sus tentáculos. Para cualquiera que nos vieses sería un estúpido y mudo teatro, quizá pensaran que incluso estábamos locos, pero estábamos acostumbrados, y no nos importaba.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Ania Dawson el Jue Mar 12, 2015 12:26 am

Después del día, tal y como dije, que estuve en aquel gremio, me fui despidiéndome de las personas que había conocido recientemente. Alex, Isma, Sam y Druk-Halar, sin mucho éxito recíproco del ultimo.

Por desgracia, no encontré las direcciones que esperaba durante mi estancia allí. Aun así, me marché a la mañana siguiente. La verdad, es que no tenía ni la menor idea de a donde dirigirme, durante un tiempo estuve tentada a regresar donde el gremio o volver hacia el sur, donde había conocido a Anne y los demás. Pero no podía volver atrás, aunque me pasase meses recorriendo esas montañas, encontraría la manera de volver al templo, sea como sea.

Después de estar caminando errante por los nevados bosques, comenzaba a aumentar el frío. Por suerte, aun tenía mi kimono para poder llevarlo por encima.
Así llevo el kimono:

Solo el kimono rojo, lo de debajo es lo que sale en la imagen de perfil. El kimono se arrastra por el suelo al caminar, y las mangas caen por la altura de las rodillas.
Como siempre solía llevarlo dentro del templo. Al menos, estaba hecho para aguantar el frío, con un buen forraje por dentro.

Después de ponérmelo, continué caminando e intentando ver donde llegaba.

Al poco rato, me topé con lo que parecía una posada. No tenía otra opción, solo esperaba no destacar demasiado y no tener problemas en ella. Me acerqué rápidamente hasta la entrada, me sacudí la nueve de mi ropa, respiré profundamente y entonces entré. Abrí suavemente la puerta para observar el interior, había bastante gente, mayoritariamente enanos. Lo demás era gente de distinta raza. Entré y empujé la puerta para que se cerrase, lo cual hizo un sonido, al cerrase, bastante fuerte.

Llamé la atención de gran parte del local, me quedé totalmente petrificada durante unos segundos, hasta que me atreví a avanzar.  Algunos enanos que estaban en pié me miraban con cara extrañada, quizás mis ropajes llamasen demasiado la atención, y mas aun siendo de color rojo. Continué avanzando ignorando algunas miradas y tratando de no chocar contra algún que otro enano ebrio. Aceleré el paso hasta llegar finalmente a la barra, menudo alivió sentí al salirme de en medio de esa gente.

Enseguida tenía a un enano detrás de la barra preguntándome si iba a tomar algo. Mi idea era pedir direcciones y no estaba segura de tener suficiente dinero para pagar... me decidí por lo que se supondría que sería mas barato.
- Emm... ¿agua? - le dije con total sinceridad.
-[Enano]- ¿Enserio?... hay un río no muy lejos ¿sabes? - dijo el enano sarcástico por mi petición.
- Amm... pues... ¿un zumo? - le pregunté.
-[Enano]- ¿Me lo preguntas o me lo pides?- respondió una vez mas.
- ...si.. zumo - dije finalmente. No estaba segura de si me estaba gastando una broma.
-[Enano]- Zumo.. ¿de que? - respondió nuevamente.
- De... ¿manzana? - pregunté, no estaba segura si tendrían de manzana.
-... esta bien, zumo de manzana - dijo finalmente soltando un suspiro previamente.

La conversación había sido un tanto incómoda, no estaba segura de si era o no una broma, pero preferí dejarlo estar y centrarme en mantener la calma. Podía sentir las miradas de otras personas clavadas en mi... o quizás sería mi paranoia otra vez. Estaba totalmente rígida y mis movimientos eran rígidos. Saqué el libro y me puse a intentar aprovechar el tiempo para localizar por fin el templo y volver con mis hermanas.


Última edición por Ania Dawson el Miér Ago 26, 2015 3:05 pm, editado 3 veces
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Isma el Lun Jun 08, 2015 1:49 am

Aún costaba creer que fuesen miembros de Fire blood. Quizás porque les resultó bastante sencillo entrar a ser parte de aquellos mercenarios con renombre y porque tan solo habían pasado algunos meses desde entonces. Isma ni si quiera se había acostumbrado a la sede principal. Aunque ya conocía a todos los integrantes femeninos, de los cuales, un setenta por ciento le había rechazado y el otro treinta le ignoró. -(¿Qué es lo que me falla? Tampoco soy tan feo...)- Se preguntaba así mismo el castaño, desconociendo el motivo, aunque obvio, de que le dieran calabazas una y otra vez.

Dejó a un lado sus pensamientos para centrarse en lo que tenían en frente. Tras un largo camino y unas merecidas vacaciones, habían parado en una posada ubicada en las montañas del enano. Y como era de esperar, estaba repleta de ellos. Solían ser amantes del juego y de las broncas, por lo que no sería extraño que acabaran en medio de una refriega. La diversión estaba asegurada. Mas fue decepcionante para el guerrero ver como rebosaba el olor de la masculinidad y no había una sola mujer en el establecimiento. -Que crueles son los dioses. Ni una sola dama a la que cortejar... No quiero vivir en este mundo si no hay belleza que admirar.- Dijo Isma con un toque dramático, casi tirándose al suelo para enfatizar más su teatro.

-Deja de hacer el idiota.- Refunfuñó Sam. Siempre se enfadaba cuando daba a entender que no la consideraba una mujer, además de que sentía vergüenza ajena por la actitud de uno de sus hermanos postizos. -No te enfades renacuaja. Sabes que no puedo verte con otros ojos que no sean los de un hermano mayor.- Añadió este acariciándole el pelo. -No es por eso ¡Idiota!- Respondió ella, avanzando rauda hacia la barra para acabar sentándose junto a Alex y Druk-Halar.

Isma pidió una jarra del mejor licor que pudiesen servirle y se dirigió a una de las mesas en las que reposaban un grupo de enanos jugando a un juego de cartas con varias apuestas de por medio. -¿Hay sitio para un servidor o tenéis miedo a que os pegue una paliza?- Cuestionó el humano con un tono burlón. Sabía como se las gastaban y si no demostraba algo de coraje, no lo tomarían en cuenta. -Más vale que no sean solo palabras o tendremos que cerrarte esa bocaza, mocoso.- Respondió uno de los presentes, echando hacia atrás la silla de su lado para dar paso al nuevo jugador.

Durante el transcurso de la partida, fueron llegando nuevos forasteros, pero el miembro de Fire Blood no les prestó atención incluso cuando destacaban de sobremanera. Pero todo cambió cuando entró cierta persona. Tampoco la vio llegar, pero si escuchó su voz, tímida y dulce. -Escalera de color. Lo siento señores, ha sido un placer jugar con vosotros, pero el amor me llama.- Comentó, agarrando el dinero que había ganado en la apuesta y se dirigió a la barra ignorando los insultos y las maldiciones que iban contra él. Una vez cerca de ella, dio dos vueltas sobre su propio eje y acabó con una reverencia. -Jamás podría confundir tu voz, mi preciosa Ania.- Sin duda, la chica ya debía estar acostumbrada a la personalidad pintoresca de aquel donjuán, pero él no perdía la esperanza ni las oportunidades.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Dark S. Satou el Miér Ago 26, 2015 1:00 am

Dark no tardaría en darse cuenta de que aquella gente era mucho más peculiar de lo normal. Poco bastó para junto con su oído y vista lograse localizar gente de lo más extraña. ¿Un orco por estos lares?, se preguntó, estupefacto tras darse cuenta de aquel gran tipo. Pero aquello no le amargaría el inicio de la noche, y mucho menos la estancia en aquellos lares. Analizó atentamente, ayudándose de su capucha y de una postura discreta a cada persona que iba entrando, buscando algún indicio de persona que él conociese. De verdad que quiero volver a castillo... Nyrbe no me deja huir, es más rápido y fuerte. Que depresión.

Sumergido entre sus pensamientos dejó de prestar atención hacia la puerta de la taberna, ignorando a los últimos integrantes. Tendría que acercarse de forma sencilla y natural. Levantó un pie y lo tendió sobre el suelo frágilmente, intentando hacer el menor ruido posible. Otro paso bastó para colocarse de pie, en una postura rígida y sospechosa. Mantuvo su postura por unos segundos y dio una vuelta sobre su eje para buscar a aquel enano que le había molestado anteriormente. Los enanos son vengativos y temperamentales, claro está. Por lo menos eso dictan los libros. Deberé andarme con cuidado se advirtió a sí mismo para no cometer ningún error.

Estaba solo, por lo menos en aquella taberna. Avanzó varios pasos hacia el tipo moreno, el cual sobre destacaba ante los demás. Una gran armadura plateada, portándola a su manera también el castaño que cortejaba con la chica oriental. Tras ignorar los fállidos intentos del joven puso una mano sobre la mesa y la golpeó con fuerza para llamar la atención del grandullón. Si algo le caracterizaba en aquel momento, era la ausencia del miedo ante su mirada. Pero no era una mirada carente de temor, era más bien una mirada pícara y confiada.

-Buenas tardes. Soy... bueno, mi nombre no importa en esta situación. Estoy buscando unos mercenarios para que me acompañen a Norin. Prejuzgando, si me lo permiten, son el estereotipo del grupo de personas que busco... -Dark paró para tomar aire- Así que, ¿qué les parece? -pero entendió que tal vez los modales sobraban. No podía desvelar su identidad tan fácilmente. El príncipe pecaba de experiencia- Si no, deberé recurrir a otros perros de la caza. Sois muy comunes por estas zonas.

¿Se había pasado? Sí, tal vez. Pero ellos rajarían su yugular y entregarían la cabeza a sus captores si conocían su cara. Dark era famoso, pero no por aquella zona. No podrían reconocer su rostro de ninguna de las formas, y demostró aquello destapando la capucha lentamente, para reflejar una cabellera azabache. El mechón cayó y rebotó contra su espalda; le llegaba hasta la mitad. Su piel nívea le haría pasar por un habitante de las cumbres y no debería dar demasiadas explicaciones a aquellos mercenarios. No mientras nadie desvelase su nombre.

-¡¡¡Dark, busco a Dark Satou!!! -Dark dirigió una mirada de asombro hacia la puerta, pero trató de pasar desapercibido- Ahí estás.

Intentó zafarse del agarre de la rubia, pero no pudo. Le agarró del mechón y tiró hacia abajo para obligarle a retroceder unos pasos hacia atrás. Vale, la está liando. Elisabeth la está liando muy gorda.

Esbozó una sonrisa tímida, y, tras soltar una oleada de viento débil a su compañera para que le soltase volvió a dirigirse al grupo de mercenarios.

-Disculpad. Es mi hermana pequeña, y se le va un poco la olla. ¿Quién será ese Dark Satou, eh? -acabó diciendo con una carcajada. Se le daba bien mentir, pero lo único que esperaba es que nadie fuese espabilado. Había una gran recompensa por devolverle a Norin... Vivo... o muerto.
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Alex el Miér Ago 26, 2015 8:50 pm

Todo parecía ir como de costumbre, un día totalmente normal. Aunque, siendo sinceros, ningún día era normal en la vida de los Harken. Era extraño que no hubiera ocurrido algo. ¿Sería este uno de esos días como los de la gente corriente? No, no podían tener tanta suerte. Aun así parecía que la tendrían, nadie les había atacado ni parecía querer hacerlo. Isma había desplumado a unos tipos y no le habían hecho nada. Sam estaba en la barra y nadie se metía con ella. Ni si quiera Druk-Halar estaba llamando demasiado la atención. Todo salía a pedir de boca. Por si fuera poco, alguien conocido había entrado. La voz de aquella mujer lo confirmó pero lo que aseguró totalmente la respuesta fue el "Ania" que Isma pronunció.

Alex se giró y, dándole un toque en el hombro a Samantha, se dirigió hacia la muchacha que acababa de llegar. Aunque no fue el primero. Isma ya se había puesto a su lado y, para variar, estaba intentando seducirla. Tenía perseverancia, aquello era innegable. Pero no tenía éxito. El mayor de los hermanos lo apartó con el brazo y se puso frente a la chica con una sonrisa cálida y sincera. Sin embargo no tuvo tiempo de decir nada, pues Sam se interpuso gritando el nombre de la recién llegada radiante de felicidad. Era una muchachita muy cariñosa y parecía que Ania le había caído más que bien. Pero aquella mujer se agoviaba con facilidad y era posible que aquellas muestras de afecto le resultaran algo molestas.

-Perdona a la pulga y al pulpo, pero ya sabes que son inofensivos- Dijo refiriéndose a Sam e Isma respectivamente. -Hacía mucho tiempo que no sabíamos de ti, ¿encontraste lo que estabas buscando?- Le preguntó interesándose por ella.

Mientras tanto alguien más se presentó. Un muchacho que quería encargarles la misión de llegar a Norin. Alex jamás había escuchado ese nombre, por lo que supuso que no se encontraría en el Norte de Dyscordia. Después nombró, tanto él como una nueva muchacha, el nombre de un tal Dark Satou. Tampoco lo había oído nunca, pero había un precio por su cabeza y eso siempre era interesante. ¿Sería algún criminal peligroso. De todas formas no podrían cumplir la misión que el chico les proponía. O, al menos, no completamente. Los Harken nunca salían del norte. Ni si quiera embarcaban. Puesto que debían lealtad a su gremio y que nunca se habían aventurado muy lejos de sus abuelos. Pero, al menos, podrían llevarlo hasta el puerto más cercano o a la mismísima ciudad de Fergor.

-Soy Alex Harken, miembro de Fire Blood, y él es mi hermano Isma y ella mi hermana Sam- Se presentó. -Lamentándolo mucho, no podemos aceptar tu petición. No trabajamos fuera del Norte y ese lugar debe estar bastante lejos. Aunque podríamos acompañarte hasta la frontera o hasta alguna ciudad- Dijo.

Esperó respuesta por parte de Ania o de el chico de Norin.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Ania Dawson el Dom Ago 30, 2015 12:00 am

En lo que esperaba mi zumo, la trenza comenzó a molestarme demasiado. Decidí deshacerla, necesitaba sentir el pelo suelo. Apenas escuché "Jamás podría confundir tu voz..." con ese tono específico que ya había escuchado antes, me recorrió un escalofrío espantoso por la espalda. Y con mucha razón, era aquel chico castaño y avispado de la otra vez, junto con los otros dos que no tardaron en aparecer.

Apenas tuve tiempo de contestar al primero, apareció su hermano Alex y la pequeña Samantha poco después. Ella parecía realmente feliz de verme. Al verles respondí con una amplia sonrisa, hacía mucho tiempo que no llegaba a sentir esta sensación tan cálida y agradable. Y finalmente, después de un largo trabajo, logré soltar totalmente mi pelo "Por fin..." pensé aliviada.

- Pues... no. Realmente todavía estoy buscando y estoy perdiendo algo de las esperanzas de poder encontrarlo la verdad... - dije manteniendo la sonrisa pero expresando mi preocupación con una mirada entristecida y perdida.

- Bueno, pero tampoco es nada por lo que haga falta montar ningún drama. - dije intentando quitar importancia al tema y tratando de esconder mi cara con el pelo por la vergüenza.

- ¿Y a vosotros os ha ido bien?, al menos veo que el equipo sigue completo. - dije mirando fugazmente a Samantha, Isma y Druk-Halar. - dije haciendo un ultimo intento de cambiar de tema. Pero justo después escuché a un chico interesado en obtener mercenarios para algún tipo de misión de viaje.

Al poquísimo rato entró una mujer gritando que buscaba a un tal Dark Satou. Miré a Alex para ver si sabría del tema, pero estaba mas atento a lo que estaba ocurriendo. Al poco rato Alex le respondió a su petición explicando su inconveniencia con el hecho de salir del norte. El chico aquel negaba tener ninguna relación con ese tal Dark Satou, realmente no sabía si lo era o no, pero no estaba muy interesada en saber si era o no un posible convicto con recompensa.

Ante la duda de si esto desencadenaría algún tipo de lucha, cerré mi libro y lo guardé con cuidado en la manga del kimono. Escuché un ruido de como si pusiesen un vaso sobre la barra, miré atrás y justo a tiempo, era el zumo que pedí, el señor también parecía algo interesado por la escena, me aseguré de pagar inmediatamente al enano. Cogí el vaso y comencé a beber lentamente y con pequeños sorbos silenciosos, sin perder ojo de la situación.
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Isma el Mar Sep 01, 2015 5:07 am

La indiferencia de Ania creaba en él un deseo aún mayor. Le encantaban los retos, aunque a decir verdad, toda mujer lo parecía, pero a pocas o ninguna conseguía embaucar con sus palabras. Quizás si tuviera mejor apariencia, fuese más apuesto y no fuese tan directo, conseguiría mucho más, pero pararse a pensar en imposibles no resolvía nada. -No te pases de listo, Alex. La taberna está muy tranquila como para que nosotros empecemos la pelea.- Dijo Isma al ver como su hermano mayor le apartaba y, con un apodo, volví a dejarlo mal ante una dama. Aunque no le dio más importancia al ver que su antigua acompañante respondía la pregunta del moreno. -Sí, la verdad es que muy bien. Estamos bastante conformes con el gremio.- Dijo respondiendo a la pregunta de la chica. -Pero tú tranquila, Ania. Seguro que lo encontrarás algún día. La esperanza es lo último que debe perderse.- Mencionó, con un tono serio e impropio de él. -¡Y si no, te ayudaré a buscarlo! ¡Atravesaré los bosques, escalaré montañas y surcaré los mares para encontrar aquello que anhelas!- Pero poco duraría la seriedad.

Y antes de que nadie pudiese contestar, apareció un sujeto de lo más peculiar. Era joven y demasiado altanero. Mostró gran despreció hacia todos los presentes y esperaba poder contratar unos cuantos mercenarios que le brindasen seguridad en su viaje. Tras él apareció una muchacha rubia que parecía conocerlo. Le llamó Dark Satou aunque él intentó hacer creer que n conocía a nadie que se hiciese llamar así. Alex le respondió con un tono amable, aclarando que solo podrían acompañarlo hasta Fergor o algún lugar donde pudiese conseguir un transporte hacia el lugar del destino. -Dicen que los perros tienen muy buen olfato y yo huelo mentiras y una interesante recompensa por tu cabeza.- Añadió Isma, cambiando su amplia sonrisa por una un tanto cínica. Pero ellos no se dedicaban a cazar criminales sin saber sus delitos. Muchos no eran más que presas de nobles u otros entes poderosos que los convertían en convictos por puro capricho. -¿Qué tal si dejamos las formalidades a un lado y hablamos de dinero?- Continuó el castaño, pensando que habría una buena paga si se jactaba de poder conseguir a cualquier hombre que le custodiase.

-Quizás por una cantidad interesante, podríamos hablar con el líder de nuestro gremio para hacer una excepción y llegar a Norin.- No tenía ni idea de donde estaba aquel lugar y ni si quiera lo decía muy en serio. Pero quería ver cuantos áureos estaba dispuesto a pagar. Todas las miradas estaban puestas en aquel alborotador. Miradas de desprecio, rabia y algunas de curiosidad. En aquel establecimiento no era más que un plato fácil para tantos guerreros experimentados. Y si realmente era Dark Satou, parecía un premio sencillo de conseguir.

Aunque cabía la posibilidad de que no fuese él. Por lo que no harían nada descabellado sin pruebas. Y quizás podían conseguir una buena suma por un poco de travesía con un crío arrogante y pedante.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Dark S. Satou el Dom Sep 06, 2015 3:31 am

Dudó por un segundo ante su raciocinio al relacionarse con aquella gente. Mordió su labio inferior con sutileza y colocó una bolsa llena de áureos encima de la mesa tras escuchar al castaño.

-Tengo mucho más una vez llegue. De verdad que es muy importante para mí llegar hasta allá.

Su mente le mantenía preocupado sobre cómo estaría su madre, la única persona a la cual quería y valoraba. Louise... Louise era un tema aparte. Dark no pensaría en ella mientras no tuviese la necesidad de hacerlo. Y precisamente ahora no necesitaba sentirse "querido" con su diestra. Pero qué coño..., pensó, analizando el eco que resonaba en su mente. Aquella noche sin dormir no le ayudaba en nada tanto como a su estado físico o psicológico. Tal vez, y solo tal vez, debería irme e ignorarlos. ¿Pero por qué tengo esta sensación de que debo obligarles?...

-Os espero en la salida. Supongo que el dinero ya ha contestado por vosotros.

Dos pasos torpes hacia atrás y un giro de media luna le encaminó hacia la salida. El sonido de cada golpe, cada jarra chocándose, cada grito atenuándose le provocaban una migraña enorme, llegaban a producirle una migraña intensa que penetraba toda su sien. Elisabeth no dudó en proseguir la marcha de su hermano mayor siguiéndole mientras trotaba de forma feliz e inocente, sorprendida por los rayos de sol que se introdujeron en la taberna cuando su compañero abrió la puerta de un golpe seco.

-Dark, ¿no crees que hace mucho sol? -le preguntó.- Es decir, estamos en las montañas...

Pero sería la última vez que mencionase el nombre de su coadjutor. Exhaló una bocanada de aire forzosa y un grito ahogado entre la gran mano que tapó toda su mandíbula; desde el mentón hasta el filtrum. Dark no tardó en notar la ausencia de su allegada al cruzar la puerta sin ningún tipo de chistes de toc toc. Miró de reojo hacia atrás mientras poco a poco su rostro iba transformándose de uno cansado a otro furioso. No puede ser...

-¡Ey tú, manos sucias! -gritó intentando llamar la atención del gran nórdico.- ¿Podrías dejar a esta chica? Si no quieres que tenga que hacerte daño, creo.

El miedo recorría su médula. Era imprudente, salvaje y bien educado. No sabía qué hacer, así que debería recurrir a un truco barato que lo distraería. Forzó su pierna hacia delante, pero sólo recibía una respuesta llena de temblores. Dark, trata de recordar todo lo que te he enseñado. Una voz dulce con palabras llenas de amor le hicieron tomar aire hondo. Porque el verdadero valor, consiste en dominar el propio miedo… Acabó recordando, pero esta vez con su propia voz. No eran palabras suyas, pero tampoco podía determinar de quién eran. Unas palabras que le habían apoyado toda su vida. Antes de que el coloso de dos metros lograse utilizar de rehén a Elisabeth, Dark le lanzó una llamarada pequeña a la cara. Toda la taberna se revoloteó y su compañera logró zafarse del agarre de su agresor.

-Corre, Elisabeth. Corre.
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Alex el Dom Sep 06, 2015 4:36 pm

Parecía que los habían contratado. Tras las respuestas de Isma, el chico mostró una bolsa de oro y se giró dando por entendido que los mercenarios aceptarían. Alex iba a entregarle de nuevo el oro y negarse. Nunca le había gustado la gente altanera ni que lo trataran como un mercenario cualquiera. Lo eran sí, pero ellos escogían sus trabajos y siempre hacían lo que creían correcto. Sin embargo, antes de lograr hacerlo, pasó algo que alertó a toda la taberna. Un inmenso hombre tomó a la chica que acompañaba al que los acababa de contratar y este le arrojo una bola de fuego para liberarla. La pobre muchacha trató de escapar, asustada, pero Alex la agarró del brazo.

-Si te alejas nadie podrá protegerte- Le advirtió.

Acto seguido desenvainó su espada y se acercó al enorme "animal". Una vez lo suficiente cerca apuntó con la punta de su arma al cuello de aquel energúmeno. Sabía que Isma lo destrozaría si él no actuaba antes, el pequeño no soportaba ver cómo alguien maltrataba a una mujer y mucho menos si se trataba de una chica joven. Pero debía tener cuidado, quizás aquel hombre no estaba solo y algunos de los que había en la taberna lo apoyaban. Echó un rápido vistazo pero a tanta velocidad que no pudo asegurar que estuvieran libres de problemas. De todas formas tampoco podía perder el tiempo ojeando en una situación como aquella.

-Lo siento mucho, pero ese chico nos ha contratado por lo que no podemos permitir que lo toques a él o a su acompañante. Además, no nos gusta nada que la gente maltrate a inocentes. Hazte un favor y márchate pacíficamente- Le explicó.

Seguramente el hombre se negaría. Eran muy pocos los casos en los que alguien obedecía cuando Alex hacía una advertencia como esa. La gran mayoría se lo tomaban como una amenaza y atacaban. Cómo actuaría este? Entonces se escuchó el ruido de la madera haciendo fricción entre ella. Varios hombres se levantaban de sus asientos haciendo que las sillas se arrastraran por el suelo. Si hacían eso era para unirse a la reyerta. La pregunta era: ¿Se unirían al bando de los hermanos o, como el mayor se temía, serían parte del grupo de aquel hombre? Se avecinaban problemas pues, se decantaran por unos o por otro, parecía que querían pelea.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Ania Dawson el Mar Sep 08, 2015 5:11 pm

Aquel chico parecía que acaba de contratar al grupo de Alex, sin embargo, no estaba segura si eso me incluía a mi o no. "Hace tiempo que me separé de ellos por objetivos distintos, y claramente no parezco mercenaria, creo..." pensé confusa mirando mi atuendo. Lo menos que me importaba era la cuestión del dinero, sin embargo jamás había escuchando nada acerca de ese lugar que mencionó, Norin.

Solo tenía dos opciones, comprobar si yo misma entraba en el trato o no decir nada y seguir vagando por aquel lugar buscando... La verdad, no tenía muchas esperanzas de encontrar el templo a estas alturas, ni tampoco estaba segura de si lo encontraría algún día, nunca me había alejado tanto y por una buena razón. Sin embargo y de sopetón, una pequeña pelea me sacó de mis pensamientos.

Aquel chico atacó a un hombre de gran estatura con una bola de fuego, por molestar a aquella chica que iba con él. Vi que Alex enseguida fue a ayudar y trató de calmar a la chica e intento amedrentar a aquel bruto. Sin embargo, no parecía muy amedrentado por el aviso de Alex, y para colmo toda la taberna estaba de aviso y atentos a lo que estaba ocurriendo. Algunos incluso se habían levantado con aparentes ganas de pelea.

- Hombres... - murmuré observando a mi alrededor y soltando un suspiro de exasperación. No tenía la mas mínima gana de comenzar otra pelea, pero estaba segura que sería lo que acontecería. Emplacé donde estaba Samantha esperando por si Alex me pedía que la mantuviese lejos de la pelea, como la otra vez.
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Isma el Jue Sep 10, 2015 1:36 am

Las monedas tintineantes que debía contener la bolsa que el joven engreído había dejado sobre la madera, eran un buen aliciente para aceptar el encargo. Aunque Isma no parecía muy conforme con compartir viaje junto a él. No obstante, sabía de sobras que no debía juzgar por las primeras apariencias. Vio como aquel chico, junto a su compañera, en la que el castaño aún no se había fijado por estar pendiente de Ania, se marchaban hacia la puerta. No obstante, su actitud y la posible recompensa que había por su cabeza, no iban a jugar en su favor. Un hombre de gran tamaño, de armadura simple, variando entre el metal, pieles y algunas tiras de cuero, agarró a la muchacha. Acto seguido, el moreno le sorprendió con magia elemental y ella aprovechó para correr.

Cuando su hermano se aseguró de que la chica quedaría bajo protección y advirtió al bárbaro de las posibles consecuencias de sus acciones, Isma observó a Ania y Samantha. Todos los presentes se preparaban para unirse a la refriega, y siempre las veían como el plato fácil, aunque no fuese así, al menos por parte de la morena, que sabía manejarse muy bien con su kodachi. Se guardó el pago y dirigió la mirada al problema principal. -No, no, no, no, no.- Repetía él una y otra vez mientras movía el dedo índice que su mano derecha de un lado a otro. -Así no se trata a una dama...- Se acercó, apartando la espada del mayor y asestó un golpe en el rostro de aquel hombre con su escudo que lo tumbó al acto. -¡¿Queda claro?!- Añadió en un breve grito para todos aquellos que osasen ir en su contra.

Un solo ataque no bastaría para dejar fuera de combate a semejante bestia, pero no fue su intención. Era una advertencia y pretendía darle una a cada hombre que se acercase a ellas. -Te dejo al grande. Voy a divertirme pateando a unos cuantos idiotas.- Sonrió y volvió a ponerse delante de Ania y Sam para protegerlas. Era consciente de que una de ellas no lo necesitaba, pero era su forma de ser. Aún si él fuese más débil y no tuviese posibilidad alguna, pondría su cuerpo como un muro para bloquear cualquier amenaza.

-Uno, dos, tres, cuatro...- Empezó a contar a sus adversarios mientras los señalaba, pero uno de los más cercanos se abalanzó contra él, cargando un enorme martillo, potencialmente destructivo, pero previsible y fácil de evadir. Por no mencionar que se quedó clavado en la madera. -¡No me interrumpas, imbécil!- Exclamó Isma, blandiendo su espada y utilizando el mango para noquearlo con un impacto en la nuca. -Cinco, seis...- Un corte en horizontal y una patada en el pecho quitó de en medio a otro de sus enemigos. Resopló y volvió a contar. -Siete, ocho, nueve y diez.- Habían algunos más, pero varios no parecían dispuestos a participar, al menos por el momento. -Diez más para mi colección de bárbaros inútiles derrotados. Aunque puedo dejaros alguno.- Ultimó con una sonrisa en su rostro.

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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Dark S. Satou el Jue Sep 10, 2015 2:29 am

Sin lugar a dudas, lo que más se temía se hizo realidad en un instante. No logró ni siquiera dar su tan típico suspiro antes de agarrar a Elisabeth y empujarla hacia fuera a la vez que él mismo entraba. Por qué siempre me meto en líos desde que estoy fuera de Norin..., acabó pensando, mientras encendía sus manos con llamas.

-Vale, si os rendís ahora no habrá sangre. Los otros mercenarios... eh...

Nadie le hacía caso, pero era normal. Un tono demasiado bajo en un altercado demasiado grande. Gruñió y desvaneció las llamas de sus manos, agarrando su espada y congelando la hoja para no herir de muerte a nadie. No creía que usaría esta técnica aquí.

-Sword enchant!... -Aprovechó para meditar un momento el nombre de la técnica y observó cómo uno de los brutos de la taberna se reía tras su pronunciación.- Usted es el primero en comerse la hoja helada de mi arma.

Su estilo de lucha era ágil e improvisado; no necesitaba acercarse al enemigo para sorprenderlo. La mano derecha bien agarrada a la empuñadura. La mano izquierda para disparar conjuros mágicos. Levantó la mesa que tenía delante con una ráfaga de viento y se deslizó a través de ella para después sorprender a su enemigo golpeando con gran fuerza contra su mandíbula. La sangre salpicó a Dark, el cual logró evadirla con una capa de hielo delante de su cuerpo. Espero que le guste el helado, porque si no eso debe de doler bastante.

-Vale, siguiente... -Murmuró hacia sí mismo. No le gustaba pelear en exceso, con la excepción del entrenamiento.

Pero si de algo pecaba el joven muchacho, era de su prepotencia a la hora de luchar. Se cruzó de brazos observando el resto de la gran pelea, compuesta por muchos bandos a la vez. Las velas que iluminaban el entorno caían contra el suelo, las mesas rodaban y las sillas volaban. Se agachó para esquivar un plato y volvió a levantarse, esta vez en vano debido al golpe que recibió a la altura de las costillas, apuntando hacia la espalda. Rodó varios metros hacia delante y mordió sus labios, intentando contener el grito de dolor. No lo logró. Tras gritar lo más fuerte que pudo alarmando a todos los de su alrededor, tiró desde el suelo dos bolas de fuego hacia donde se encontraba la estructura de madera. Estaba unida al techo de tal forma de que si aquellos pilares caían, el edificio caería con éstos.

-Buena idea, Dark -Escuchó entre sus pensamientos funestos hacia el posible agresor de su reciente herida.- ahora corramos y de esta forma todos se irán al carajo en breves.

-N-no creo que... sean tan e-estúpidos... -Le contestó entre llantos el hermano.

Pero no había tiempo para prejuzgar más sobre aquella gente. Eli agarró el brazo de su hermano y lo arrastró hasta fuera, ya casi para cruzar la puerta, pero otro de los grandullones se colocó en medio.

-¡Sal de ahí!... -Fue interrumpida por una estaca de hielo que rozó su mejilla y perforó la sien del bárbaro. Se desplomó, causando que las maderas crujieran debido al peso.- Vale... Vamos...

Acabó de sacarle hacia fuera y revisó la herida de Dark. Toda la zona se encontraba enrojecida, desprendiendo sangre a borbotones. Le habían dado con la mitad de una maza, con la suficiente fuerza como para romperle parte de las costillas. Elisabeth, asustada, llevó sus manos hacia el lateral de su prójimo, desprendiendo un aura que mitigaba el dolor de la herida, pero no la intensidad de ésta. Cerró los ojos del todo tras acomodarse la cabeza entre la nieve y dejó su destino a manos de su curandera.
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Re: El príncipe y los demás.

Mensaje por Alex el Jue Sep 10, 2015 7:16 pm

Alex miró hacia Ania que se acercaba a Sam. Él le sonrío como si supiera su intención, al parecer la apartaría de la refriega como ya había hecho en su anterior aventura. No hizo falta decir nada, esperaba que ella misma lo hiciera sin necesidad de aviso. Eso, además, evitaría que Ania se metiera en líos por su culpa. Alex envainó de nuevo su espada y desabrochó las ataduras de su armadura. Tras eso se la quitó y la dejó caer al suelo. El hombre que tenía frente a él lo miraba extrañado. Después se quitó los guanteletes y se preparó para luchar. No quería matar a nadie y tampoco le gustaba luchar con ventaja.

-¿Qué te parece si usamos solo los puños? Tú estás desarmado, sería muy feo por mi parte utilizar un arma- Le explicó.

Sin previo aviso, el gigantón dirigió su puño al rostro de su rival, que lo encajó casi sin darse cuenta y salió despedido. Mesas, sillas y una pared se interpusieron en la trayectoria, aunque solo la última detuvo el "viaje". Aquel había sido uno de los golpes más duros que Alex había recibido, era indudable que aquel titán tenía una fuerza muy bruta. El mercenario movió la mandíbula y un calambrazo de dolor recorrió su cuerpo. incluso sentía un ligero mareo, había sido un puñetazo demasiado potente. Pero las batallas no solo se ganaban luchando, desmoralizar al enemigo siempre era una buena estrategia.

-Buen golpe, creo que para un niño pequeño está muy bien. Aunque, claro... teniendo en cuenta tu tamaño y tus músculos debería ser un poco decepcionante. ¿Comes suficiente carne? Creo que te faltan nutrientes- Le dijo.

Como si de un hechizo se tratara, el hombre empezó a correr hacia él con el rostro desencajado por la rabia. Alex se levantó sin dificultad aparente y demostrando una resistencia superior a la de un humano corriente. Pero nada más lejos de la realidad. Le dolía la cara por el puñetazo y la espalda por los golpes con los diversos muebles. Hasta le costaba mantenerse en pie por el mareo. Pero debía mostrarse como un muro de acero. Esperó a que la distancia fuera propicia y esquivó otro ataque echándose a un lado. Trató de encajar uno, pero no estaba en buena posición y su fuerza se vio muy reducida.

-¿Y tú hablas de pegar flojo? Tú me has pegado como un niño pequeño... esto... ¡muy pequeño!- Advirtió el mastodonte.

Qué grandilocuente era, sin duda tenía un gran don para hablar... ojalá pegara igual de mal. Pero no era así. Alex encajó otro golpe en la cara, aunque esta vez fue bastante más débil y lo soportó con estoicismo. Con estoicismo y con mucha suerte. Ahora era su momento. Se posicionó y lanzó, desde tan atrás como pudo, su puño. Golpeó el vientre de su contrincante que se elevó unos centímetros del suelo y escupió conmocionado. Cayó de rodillas, pero se levantó rápidamente y volvió a atacar. Era muy lento, cosa que se explicaba por su tamaño, pero sin duda era demasiado fuerte y el mercenario no aguantaría muchos envites si no lo derrotaba pronto.

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