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Fairy Tail Chronicles


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Crónicas II

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Crónicas II

Mensaje por Etsu el Sáb Mar 07, 2015 1:42 am

La noche era fría y lluviosa, el viento se colaba por la ventana y hacía que las llamas de la chimenea danzaran más bravas que de costumbre.  Lo que hacía que produjeran un molesto sonido. Zafón dejó el libro que estaba leyendo y se acercó a mí antes de subir las escaleras que llevaban a nuestra habitación. Poco después yo hice lo propio. Abrí la puerta y me di cuenta de que la estancia ya estaba iluminada, la mesa colocada en su sitio y una hoja de papel blanca con el tintero junto a ella me esperaban. Zafón me miraba con sus extraños ojos, haciendo lo que a lo largo de los años había identificado como una sonrisa de su parte.
Zafón era un ser especial, aunque hacía años que compartíamos una misma mente, yo sabía perfectamente que apenas había llegado a un cuarto de la suya, era demasiado vasta e intensa y muy difícil de discernir para mí. En cambio para él, la mía no guardaba ningún secreto, se había metido en ella, arraigando en lo más profundo y desde ese momento se negó a abandonarla. Era lo único que él podía llamar familia y yo me alegré por ello.

Retiré la silla sin hacer apenas ruido, me acomodé en ella y cogí la pluma que reposaba sobre la maltratada superficie de la madera. Zafón se recostó en su cama, cerrando los ojos y extendiendo los zarcillos de su conciencia hasta la parte más superficial de mi mente. A pesar de que en cualquier momento podría ver claramente lo que plasmaría en el papel, a Zafón le gustaba que le contasen historias y por ello retiraba su conciencia lo máximo de la mía, para solo centrarse en la historia que estaba a punto de escribir.  Mojé ligeramente la pluma en el tintero y empecé a deslizarla lentamente sobre el papel.

Crónicas II


”El tiempo pasó lentamente junto a mi nuevo compañero. Era un ser endiablado, o al menos eso pensé en ese entonces. Muchas veces pensé en deshacerme de él, pero no era caz. En más de una ocasión se abalanzó sobre mi cabeza en un intento por sorberme el cerebro, pero le fue imposible. Eso lo envalentonó de formas insospechadas para mí en aquel entonces. Se volvió un ser peligroso, rabioso y sobre todo algo que daba miedo. Su cuerpo era como un niño elfo, pero su cabeza me daba cierta sensación de asco. Lo único que pude hacer en aquel entonces fue dejarlo sin sentido, amarrarlo y esperar a que volviese en sí. Pero la criatura fue volviéndose cada vez más violenta y pálida, le abandonaban las fuerzas y apenas podía tenerse en pie. No comía nada de lo que le ofrecía, ni carne ni verduras. Sin embargo sus intentos de atacarme a la cabeza eran siempre constantes. Entonces lo comprendí, atrapé una cierva, y se la acerqué. Zafón en ese entonces ni se inmutó, apenas le hizo caso a la criatura, que dejé atada a su alcance. Finalmente al cuarto día un terrible alarido de dolor procedente de la cierva me despertó, me levanté como si tuviera un resorte t me encontré los tentáculos de illithid metidos por entre la piel del pobre animal. Escuché un crack, la bestia sufrió un espasmo y se quedó quieta.

La criatura que había acogido se alimentaba de cerebros. Recordaba haber escuchado historia sobre aquellos seres cuando era un niño. Se decía que eran demonios, demonios que no abandonaron este mundo, pero que se quedaron a vivir en las sombras. Yo lo miraba y por muy grotesco que fuese su aspecto o lo extraño de su comportamiento, no me parecía una criatura maligna. De hecho, hasta sentía pena por él. Lo solté, liberándolo de sus ataduras, lo insté a que se alejase, pero no se fue. Permaneció allí, acurrucado lejos de mí, pero sin alejarse. Sus profundos ojos me miraban y se escondían cuando veía que lo miraba directamente. Me habría gustado acercarme a él, pero no me dejaba, se ponía nervioso, movía sus tentáculos de manera amenazadora y me enseñaba sus pequeños dientes.
Decidí que o mejor era partir, por lo que emprendí de nuevo mi viaje, intentando dejar a la criatura atrás, pero sabía que me seguía. Intentaba esconderse de mi mirada y yo me hacía el tonto como si no me diese cuenta. Supuse que lo que quería era compañía, sentir la presencia de alguien y si me descuidaba, una comida fácil.

Me acostumbré a dejar atadas a mis presas, alejarme de ellas y decir que me gustaba la carne fresca. Desaparecía durante unos minutos y tras escuchar el alarido de dolor de la pobre criatura volvía, para hacerme el sorprendido al ver al animal en el suelo.
Zafón, que por aquel entonces no tenía nombre había cogido un poco más de confianza, se dejaba ver tras de mí, no se molestaba en ocultarse. Y luego, mientras que yo comía él se mantenía a una distancia prudente.

-Creo que en el tiempo que llevamos viajando juntos nunca me he presentado –dije con tranquilidad -bueno, tu tampoco. Soy Etsu.

-Sé quién eres, elfo resonó una voz en mi cabeza -¡yo no tengo nombre!

-¡Oh, vaya! –exclamé sorprendido -¿me has entendido siempre?

-No, siempre no. Soy muy joven todavía –resonó de nuevo la voz, aunque era más bien un pensamiento.

-Ya veo… bueno si vamos a seguir viajando juntos tendré que tener una forma de dirigirme a ti, ¿no crees? –le sugerí a la espera de un nombre.

-No es necesario –resonó en mi mente -yo sabré cuando te diriges a mí.

Intenté continuar con la conversación, pero no recibí respuesta, por lo que decidí dejarlo por imposible.

El tiempo pasó y casi tres años después, tras explicarle el significado de la amistad a mi nuevo amigo decidió un nombre para él. Zafón. Zafón significa vínculo en su idioma, no tiene nada para designar el amor o la amistad, ya que en la sociedad illithid se consideran innecesarios y signo de debilidad. Mi amigo zafón y yo nos adentramos en el complicado arte de la magia. Yo tenía una destreza envidiable en el uso de la magia elemental, para solo ser un novato, claro. Y zafón parecía tener dotes para la magia arcana.
Nos unimos a un gremio, Summa Sapientia, el cual mostró reticencias a abrirle las puertas a Zafón, algo completamente normal. Pero en seguida que vieron su habilidad comprendieron que podría ser alguien que mereciese la pena. Y así fue como comenzaron nuestras clases para aprender a dominar el arte de la magia, un anciano humano de unos 70 años fue el que se prestó voluntario para instruirme a mí. Y su joven nieta hizo lo propio con zafón, pero teníamos que entrenar junto, él se negaba a alejarse demasiado de mí.

-Bien, elfo. La magia como ya sabrás es algo sutil, pero la elemental se centra en dominar las fuerzas de la naturaleza –comentó el hombre. Asentí y continuó con la explicación -ara ello debes doblegarlas con el poder de tu mente. Aunque también hay alguno que usan palabras, pero son innecesarias.

-Entonces, ¿debería usar palabras o no? –pregunté intrigado.

-Haz lo que quieras, elfo, es lo mismo comentó, lo primero es saber las órdenes que puedes darle a la naturaleza, que son sus elementos agua, aire, tierra, fuego y rayo.

-Zúlimar, éranix, wirfran, argareth, hurvírin –vinieron a mi cabeza, eran las palabras en la antigua lengua.

-Una vez que llames a un elemento, debes darle una orden, las más básicas son bola, ráfaga, barrer,a metralla, aura, manto, escudo, animación y fortalecer.

Eliban, yltharen, nomerin, imagen, tellamig, qüinei, leliban, elythiun y orthark –traduje a la antigua lengua sin mucho esfuerzo.

-Ahora sí está claro, empecemos por algo simple –dijo extendiendo el brazo hacia su izquierda -Lo primero es el elemento, lo segundo, la orden. Fuego, bola.

Delante de la mago del mago empezó formarse una esfera de llamas anaranjadas y ésta salió disparada hasta impactar contra una roca y desaparecer quedando un quemazón en ella. Luego me miró y me señalo con las manos.

-Bien, ahora prueba tú –dijo instándome a hacerlo.

Extendí mi mano izquierda, ya que soy zurdo, y murmuré las palabras que había asignado a mi hechizo, argareth eliban, y una diminuta esfera empezó a formarse en mi mano antes de estallar y obligarme a retirar la mano al sentir la quemazón de la llama. Miré al anciano humano que no parecía haberse inmutado y lo intenté de nuevo. Recité las palabras y la pequeña esfera volvió a materializarse en mi mano, Esta vez salió disparada de ella, pero se disolvió en el aire, como si nunca hubiese existido. Continué con aquello una y otra vez hasta que sentí que mi cuerpo no podía más. Las piernas me temblaban y caí de rodillas al suelo.
Escuché el agudo chillido de Zafón, pero simplemente dije que no pasaba nada, que solo estaba cansado.

-Ahora empiezas a sentir los efectos de abusar de la magia comentó el anciano mago -los magos somos poderosos, pero no invencibles. No podemos usar la magia durante mucho tiempo o nos agotamos fácilmente. Somos como una hoja de papel ardiendo, cuanto más se sopla, antes se consume.

-Entonces, ¿qué puedo hacer? –pregunté levantándome del suelo. Las piernas me temblaban pero podían mantenerme en pie.

-Debes aprender a usar todo a tu favor. Los magos debemos pelear aprovechando al máximo nuestro poder, sacando el máximo provecho del hechizo más débil. –comentó el hombre con suma tranquilidad -otra de las cosas que debes saber es que si sobrepasas tus límites, puedes llegar a perder el conocimiento. Fuego, fortalecer, bola.

Extendió de nuevo su mano y una esfera de llamas azules apareció en ella para luego salir disparada hacia la misma roca contra la que su magia anterior había impactado. La roca recibió el fuego y la piedra se enrojeció ligeramente antes de apagarse de nuevo.

-La magia puede fortalecerse de maneras sorprendentes, pero solo el entrenamiento y el tiempo te enseña cómo hacerlo –dijo mientras se daba la vuelta y se iba -recuerda, practica constantemente y llegarás a dominarlo.

Meses después ya había conseguido dominar lo básico, las olas ya no estallaban en mi cara, las ráfagas salían disparadas en la dirección correcta y ya casi no tenía ningún percance a la hora de usar la magia. Alguna que otra vez había intentado fortalecer mis magias, pero siempre que lo hacía, sentía como las fuerzas me abandonaban. Zafón me regañaba, pero era joven y alocado, me gustaba explotarme al máximo.

Zafón también llevaba bien su entrenamiento en la magia arcana, decía que su especie usaba algo similar. Un día intentó explicarme cómo en realidad la magia era otra cosa, pero no lo entendí, fue demasiado complicado para mí.
Nuestras clases compartidas se hicieron constantes, el anciano y su nieta tenían una opinión distinta de la magia. Cosa que zafón aprovechó para urdir un plan en el que ambos intentasen demostrar la superioridad de su magia enfrentando a sus alumnos. Zafón me daba verdadero miedo cuando tramaba algo, siempre lo llevaba a un nivel que era difícil de comprender para mí.

Los combates eran para nosotros poco más que una danza donde exhibíamos lo que habíamos aprendido, nuestro vínculo telepático era bastante fuerte y Zafón se adelantaba a todos mis movimientos y me mostraba los suyos. Por lo que los eternos combates siempre terminaban con ambos exhaustos y nunca porque uno le diese al otro. El anciano y su nieta discutían de que si un hechizo lo habría rozado si no fuese por la artimaña que el otro había tramado.
Pasado casi un año en el gremio, llegó el momento de nuestra primera misión, y como no podría ser de otro modo, Zafón y yo íbamos juntos y por tanto nos convertimos en compañeros.
A pesar del tiempo, la gente seguía mirando con pavor y asco al pobre Zafón, que no era indiferente a las críticas, pero se contentaba diciendo que a él en un principio también le di el mismo asco, que puede que los cerebros de los habitantes de la superficie fueran tan atrasados que tardarían años en comprender lo evidente. Sabía que no lo pensaba, pero él siempre se excusaba con eso.”


Levanté la pluma de la hoja. Miré hacia zafón que hacía rato que se había quedado dormido. Notaba la ligera sensación de su mente en la mía, pero no era para nada intrusiva, por lo que en realidad sí que estaba descansando. Cuando dormía se obligaba a sí mismo a retirarse, porque decía que mis pensamientos entorpecían su sueño, que no era capaz de guardármelos para mí. Sonreí con cariño, y le eché por encima una manta. Habían sido más de cuatrocientos años de amistad y en esos momentos en los que él se retiraba de mi mente, me preocupaba. Me ponía a pensar en el futuro, cuando pasen los años y él ya no esté, ¿qué haría con mi vida en ese entonces?
Decidí no seguir pensándolo más, me desvestí y me metí bajo las mantas de mi cama. Miré hacia mi amigo dedicándole un último pensamiento de buenas noches, sabía que no lo captaría, pero así me comunicaba con él. Estiré la mano en dirección a la vela y esta se apagó. Me giré en la cama y me dispuse a dormir, a la espera de saber qué me depararía el día siguiente, a lo mejor una misión interesante, quién sabe.

Son 2245 palabras.
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-Aprender las palabras mágicas.

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Re: Crónicas II

Mensaje por Asuna Yuuki el Sáb Mar 07, 2015 2:20 am

Hola, soy Asuna. Y hoy seré la que te corrija. Bien, al lío.

Partiré diciendo una cosa. El diario esta bien, la trama me gusta, la extensión no deja de ser menor y en donde se nota que hay un esfuerzo. Pero, a mi observación personal, no lo leíste una vez antes de entregar. ¿Razón? Hay muchos fallos mecanográficos (te comes una letra o reemplazas otras, etc) Los que entorpecen la lectura y, que por lo tanto, haga un poco complicada esta misma. Lo dejaré pasar ya que todos tenemos esos fallos, pero creo que para la próxima, debes revisar tu diario.

Tienes un 8. Y aprendes las palabras, te llevas 2244 de experiencia y 3366 áureos.

Puedes pedir segunda correción. Buenas noches.
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Re: Crónicas II

Mensaje por Alex el Sáb Mar 07, 2015 3:21 pm

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