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Aprendiendo a ser un cazador

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Aprendiendo a ser un cazador

Mensaje por Alex el Lun Mar 09, 2015 3:13 am

La brisa era fresca y el aire danzaba entre las hojas creando una armonía natural tan hermosa como el paisaje. Era un lugar idílico y los ciervos pastaban en un claro cercano. Las órdenes eran sencillas, cazar un ciervo por persona y llevarlo hasta el campamento. El sol acariciaba la piel de Alex que se estremecía tras los arbustos mientras tensaba el arco. Maldita sea, él no era un buen arquero y no tenía puntería con esas armas. Si aquellos animales presentaran combate sería fácil cazarlos, pero no era tan sencillo. Se trataba de criaturas escurridizas y esta sería la quinta vez aquel día que se escapaban frente a él. El cazador dejó el arco en el suelo y deslizó su mano acariciando el cinturón. La daga reposaba en el cuero tranquilamente hasta que la desenfundó. El contacto frío del metal revigorizó sus dedos que se aferraron a él.

Pero el venado levantó rostro y orejas y olfateó el aire con presura. Alex había cometido un fallo, algo ínfimo, ¿pero qué? La brisa que acariciaba su nariz le respondió. El viento, por algún capricho del destino, había cambiado de dirección sin que él se diera cuenta. Era algo básico, sencillo, pero no lo descubrió hasta que hubo sido demasiado tarde. Su olor había llegado hasta el animal que ya buscaba asustado al posible depredador. El hombre, apresurado, se levantó y lanzó la daga con tan mala fortuna que cercenó el aire a escasos centímetros de la cornuda cabeza. Pero su presa sí que fue afortunada y brincó veloz para alejarse. Alex había colocado trampas cerca, pero no en el lugar adecuado y pasarían inadvertidas e intocadas por el ciervo que se alejaba raudo sin dar oportunidad al lastimero cazador.

Habría huido de no ser por un virote que atravesó su cuello y acabó con su vida. Un hombre se acercó y arrancó el proyectil de la carne haciendo que emanara un rápido y ligero chorro de sangre. El tirador miró al cazador y se cargó la ballesta al hombro.

-A este paso no sabrás cazar nunca, Harken. Hasta yo he olido tu sudor. Procura no estar contra el viento si tu presa puede olerte- Le dijo.

Su instructor era un hombre serio y estricto, pero en cierto modo era bueno y le acababa de dar una presa que había sido incapaz de cazar por sí mismo. De no ser porque el campamento necesitaba la comida habría rechazado aquel gesto y hubiera seguido cazando por sí mismo. Más calló, tragó y marchó. Con el animal a sus hombros llegó a la zona de tiendas y lo dejó en la provisional despensa que habían hecho los soldados. Una tropa de cincuenta hombres estaba patrullando la zona en busca de un grupo criminal de fama bastante terrible. Había diez exploradores y otros diez cazadores entre los que se contaba a Alex. Aquel día Isma se había quedado con Sam en el Gremio realizando otras labores. El mayor no trabajaba bien sin su hermano, se había acostumbrado a luchar y realizar hasta la acción más mínima junto al pequeño y se sentía solo y torpe si no estaban juntos.

Aquel fue el último día de caza de la jornada. Durante las dos semanas siguientes se dedicó a patrullar y a recibir clases de su instructor sobre trampas y nociones de la cacería. Clases tan básicas que se las sabía de memoria. Y aun así cometía los mismos fallos una y otra vez. Pero no era algo que hiciera a propósito, había nacido para guerrear y no para hacer de cazador. Se le daba bien la espada y no el arco. Pero si no era capaz de usar armas a distancia sería incapaz de cazar. ¿No? ¡No! No debía ser así, había un cazador experto en el grupo que portaba un hacha y era capaz de cazar con ella. Alex lo siguió unos días ofreciéndose como pupilo. Jamás había visto a un trampero tan habilidoso. Era capaz de esconder trampas tan ingeniosas que ni un ser inteligente las habría descubierto aun buscándolas. Los animales caían en ellas con facilidad y él solo daba el golpe de gracia.

Si él hacía lo mismo, si se dedicaba a realizar emboscadas y trampas en vez de intentar en vano disparar con arco tendría más posibilidades. Pero eso exigía un aprendizaje casi nuevo. Ya tenía algunas ideas pero no eran suficientes. Siguió a aquel hombre un tiempo más, lo justo para comprenderlo y aprender tanto como pudiera. Y así fue. Su provisional profesor lo dotó de los conocimientos necesarios para plantar las trampas de forma adecuada y en las mejores zonas donde podría cazar los animales sin problemas. Pequeños agujeros, raíces, hojas, todo servía para ocultarlas. Hasta le enseñó a disimular su olor mediante barro y otros productos que la naturaleza regalaba. Era un cazador muy ducho y era el mejor acechando a la presa. Incluso hubo veces en las que mataba a los animales de un hachazo limpio antes de que estos supieran que eran una presa. Y sin necesidad de nada más que la sorpresa. Alex no esperaba emular aquello pronto, pero lo intentaría algún día.

Practicó un tiempo y se adecuó al uso de las trampas. El frío tacto del hierro, el robusto cuerpo de la madera y el vasto abrazo de la cuerda. Todo aquello se volvió para él como respirar. Pero pronto volverían al castillo y apenas tenían noticias de los criminales. Además se sentía defraudado consigo mismo por haber sido incapaz de cumplir su cometido en las partidas de caza. Aunque nunca lo hubiera hecho le gustaba destacar en todo y se jactaba de aprender rápido, pero llevaba semanas haciéndolo y se veía incapaz. Nunca lo conseguiría, con trampas, con arcos, con ballestas e incluso con jabalinas fallaba. Quizás no había nacido para ello y nunca desarrollaría la habilidad, ¿no? Si algo había con certeza en su convicción, es que jamás se rendiría. Aunque tardara toda una vida sería capaz de hacerlo y enseñaría a esos veteranos que un “campesino novato” como él era capaz de igualarlos.

Pero había algo importante, algo que debían resolver antes de ello. El grupo de exploradores avisó sobre unas huellas numerosas que acababan en la nada. Como si los criminales se hubieran esfumado en el aire o fueran capaces de volar. Aquello era desconcertante y extraño al mismo tiempo. Algunas de las pisadas llegaban hasta los alrededores del campamento, por lo que aquellos a los que perseguían ya sabían de su existencia y su emplazamiento. Lo único que conseguirían con aquello sería alargar la misión sin lograr nada. Habían perdido toda posibilidad de encontrar a aquellos hombres y debían volver con el amargo sabor del fracaso en sus paladares. Aunque el capitán de la expedición no lo veía así y envió una veintena de avezados guerreros y exploradores a buscar por la zona de “desaparición”.

Alex no se encontraba en ese grupo, así que dedicó el tiempo que le restaba a la caza. Desde la vuelta de los exploradores todos aquellos que salían del campamento se veían obligados a portar un cuerno con ellos para avisar en caso de emergencia. No era algo que gustara al cazador novato, pero no iba a incumplir las normas. Emergió entre el follaje y depositó sus trampas en el suelo. Las ocultó tan bien como buenamente pudo utilizando el follaje y las raíces. Eran trampas penosas en comparación a las de su maestro, pero esperaba que sirvieran. Realizó un perímetro y las posicionó en los lugares que habían frecuentado algunos ciervos. Quizás, y con suerte, los animales siguieran visitando las zonas y cayeran en alguno de los artilugios. Pero no debía alegrarse ni emocionarse por ello. No, al menos, todavía. O acabaría protagonizando el cuento de la lechera.

Pasó horas colocando todo y preparándose para atrapar a su presa. El trabajo era agotador porque exigía mucha precisión y perfección. Cualquier fallo, por mínimo que resultara, podía convertir el mayor éxito en un fracaso estrepitoso y no podía permitírselo. Exploró sus trampas una a una hasta que llegó a la tercera que había puesto. La cuerda que, estaba sujeta a un árbol, se encontraba tensada. ¡Lo había logrado, había atrapado a algo! Se sentía pletórico, vencedor y lleno de energías renovadas. Se deleitó pensando en el hermoso animal que le esperaría al final, la cornamenta que lo adornaría y la cantidad de carne que sustentaría al campamento con él .incluso podría tratarse de un oso. Aquello sí que sería digno de un cazador primerizo como él, algo de lo que hablarían mucho tiempo.

Pero toda aquella alegría se perdió momentáneamente cuando llegó a su destino. El majestuoso y enorme animal… no era más que un conejo. Una pequeña y ridícula bola de pelo que luchaba por escapar y que acababa de ver a Alex como un depredador. El animalito se puso nervioso y empezó a saltar hacia todos lados sin lograr nada pues estaba bien aferrado. Había cumplido como cazador, logró atrapar a una presa, pero no eral o que esperaba. Aunque intentó consolarse a sí mismo diciendo que era su primera captura y que los ciervos se habían espantado, no logró sentirse mejor. Se había decepcionado a sí mismo y esas eran cosas muy difíciles de solucionar. Sacó su daga y puso la mano sobre el pequeño lomo del animal para tranquilizarlo. Al menos era algo y podría comer él y un par de personas más con aquel pobre animal. La muerte sería rápida y sin sufrimiento.

Pero un grito y una maldición inundaron el aire y llegaron a Alex antes de que hiciera nada. Se levantó con agilidad y acarició el cuerno con la mano izquierda. Estuvo a punto de sacarlo y hacerlo sonar, pero si se trataba de un error movilizaría al campamento entero para nada y recibiría una sanción por ello. Sin embargo, si se trataba del enemigo y no hacía nada podrían perder la única oportunidad que tenían. Se dirigió hacia el lugar donde se había originado el sonido. No estaba del todo seguro, pero creía poder localizarlo con facilidad pues no había sido demasiado lejos. Anduvo unos minutos y encontró destrozada una de sus trampas. Había huellas que se dirigían hacia el Este de forma apresurada pues los pasos eran largos y extraños como si tuvieran prisa por marcharse. Los siguió con cuidado.

Finalmente alcanzó a dos hombres que discutían en voz baja. Lo poco que Alex pudo escuchar era que el engañó había funcionado. ¿Engaño? Quizás ñas huellas eran falsas y por eso desaparecían, porque alguien las creó artificialmente para engañar a todos. De ser así había sido una jugada maestra. Aunque no todo fue tan bueno, no dijeron en ningún momento dónde se encontraba su guarida ni nada que pudiera comprometerlos. Se mantenían impasibles y callados como si supieran que cualquier cosa podría perjudicarlos. Alex no podía hacer nada más que esperar. Pero si esperaba demasiado perdería toda oportunidad de encontrar al resto de criminales. ¿Qué debía hacer? Pensó en enfrentarse a los dos hombres y obligarles a hablar. Pero no estaba seguro de que funcionara.

Finalmente se decantó por ello ya que era la opción que le parecía más correcta. Salió de entre los matojos y corrió hacia ellos con tan mala fortuna que lo descubrieron antes de que llegara. Se enfrentaron a él sin comprobar las cercanías ni preguntar. Suponían que era un enemigo y actuarían como tal. Las espadas se desenvainaron y surcaron el aire en una danza de metal y chispas. El espadón del miembro de Fire Blood era pesado y grande, pero se movía de forma ágil al encuentro de las otras dos armas y llegaba a alcanzar a sus enemigos. El combate finalizó con la muerte de uno de ellos y la incapacitación del otro. No fue sencillo, pero la dificultad tampoco fue grande para alguien ducho en la lucha como Alex.

Consiguió que el superviviente hablara y contara todo lo que sabía bajo amenaza de muerte. Ató al hombre con lo que tenía a mano y lo llevó hasta el campamento. Tras pocos minutos todos estaba prepararon y partieron rumbo hacia el escondite del enemigo. En unas horas habían reducido a todos los criminales y se habían alzado con la victoria completando de esta forma su misión. Ya no era necesario que permanecieran más tiempo en el campamento por lo que partirían enseguida. Antes de que eso ocurriera Alex debía encargarse de algo. Su cacería estaba a punto de terminar, pero no todavía. Inició una carrera en dirección hacia el conejo que había atrapado. No recordaba exactamente el tiempo que había pasado desde que lo encontró hasta que volvió, pero el animal se había escapado.

De una forma u otra había logrado zafarse de la trampa y huir. Alex casi se sintió bien por la salvación del pobre animalito, aunque era otro fallo como cazador .Sin embargo su cacería había tenido cierto éxito y se sentía orgulloso. Era cuestión de práctica y mejora para convertirse en el cazador que había observado en su maestro. No sabía cuánto tardaría en llegar a ese nivel. Pero ahora tenía esperanzas de hacerlo. ¿Por qué no?

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Re: Aprendiendo a ser un cazador

Mensaje por Asuna Yuuki el Lun Mar 09, 2015 8:24 pm

Hola, soy Asuna. Vengo de un día agotador, así que seré breve.

Vale, es una buena historia. Tiene sus buenos toques y es original, no vi eso de "Ah soy un tipo pro y aprendo todo en seguida". Si no que lo estás trabajando y bien. No vi casi ninguna falta importante, aunque sí encontré uno que otro dialectismo, que en lo personal, no me molestaron mucho. En resumidas cuentas, tienes un 8 justo. Te llevas 2196 de experiencia, pero soy buena, y porque me gusto la historia, la calidad y la cantidad de esta, te daré un 10% de más. Es decir, un total de 2415. Aprendes la nueva profesión (a nivel 1, claro) y te llevas 3294 áureos.

Buenas tardes.
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