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Fairy Tail Chronicles


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Historias I

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Historias I

Mensaje por Etsu el Mar Mar 10, 2015 12:08 am

Recuerdo la primera vez que sostuve un libro entre mis manos, fue una sensación extraña a la par que maravillosa. Conocimiento, eso era lo que sostuve, el peso del conocimiento. ¿Pero realmente pesa? No lo sé, en nuestras cabezas el saber se guarda de una manera extraña y peculiar, si me lo preguntas diría que no se trata de otra cosa que de magia. Una magia antigua y poderosa que no podemos ni siquiera emular, una magia que nosotros impregnamos en los libros a través de palabras, que son conjuntos de sonidos y representamos con lo que llamamos letras. Leemos y escribimos muchas cosas a lo largo de una vida, pero nunca podremos llegar a almacenarlas tan bien como lo hace la cabeza de una persona.
Esa extrañeza unida a la curiosidad infantil hace que empieces a leer. A interesarte por esas pequeñas cosas que no comprendes, que nadie logra explicar del todo y definitivamente a aprender.  
Ahora que lo pienso, cuando era pequeño conocí a Gyrenna Firyas, una anciana mujer de cabellos plateados, ojos almendrados y semblante perdido. Había sido la mejor investigadora que el mundo había conocido. Una semielfa dotada con una larga longevidad, pero al fin y al cabo, mortal. Había estudiado las costumbres de los antiguos pueblos, antes de que todos aprendiesen lenguas. Los secretos de la magia y lo que más me llamó la atención de lo que me dijo, las armas de los dioses. Según su relato, los dioses se retiraron de Dyscordia hacía muchísimo tiempo, pero al hacerlo precipitadamente y como seres eternos, dejaron atrás los objetos que habían usado para darle forma al mundo, para las riñas que tenían entre ellos o simplemente algo que tocaron. Estos objetos adquirieron un increíble poder y fueron llamados armas, armas legendarias. Dotados de un increíble poder eran capaces de hacer cosas asombrosas, desde gobernar un mundo hasta destruirlo.
Como es normal, entre nosotros, las criaturas inferiores a los dioses, las usamos para un propósito en principio beneficioso. Proclamamos países, defendimos a la gente de los demonios que escapaban de su encierro y nos ganamos nombres entres nuestros respectivos pueblos. Pero como ocurre en la mayoría de los casos, no podemos tener un poder guardado durante mucho tiempo y por ello empezamos a usar las armas los unos contra los otros. El mundo se convirtió en un caos, las gentes lloraban sus pérdidas, la tierra se regaba con sangre y el fuego destruía todo a su paso. Pero eso no duró mucho más, como si fuese sido una intervención divina los objetos perdieron su abrumador poder. Se convirtieron en simples baratijas carentes de utilidad. Las personas, aterradas por la guerra se refugiaron y durante los próximos años las armas fueron desapareciendo de las manos de quienes las había usado.

El pueblo élfico estaba casi extinto, muchas pérdidas, y debido a nuestra inmortalidad, tendemos a postergar demasiado nuestra descendencia. Aquella vez casi nos extinguimos por ello, pero no lo hicimos. Los antiguos, los grandes elfos, aquellos que recordaban la primeras eras esperaron a que los jóvenes se desarrollasen y luego, partieron, llevándose consigo los artefactos que habían robado durante años. Nadie sabe a dónde fueron y si partieron todos juntos, solo sabemos que renunciaron a algo preciado para ellos, sus vidas. Desaparecieron del mundo, renegaron de sus dioses y sus nombres se perdieron en los susurros de las hojas de los árboles. Los elfos que sobreviven de aquel entonces no hablan, se encerraron ellos mismos en los árboles. Dejaron que el mundo los olvidase y se pusieron a dormir entre grandes árboles, terminando así cubiertos de sabia. En la sala de los recuerdos se dice que esperan, sumidos en su apacible sueño.

Esa historia me llevó a querer descubrir que era lo que había pasado en realidad, por ello empecé a intrigarme por la mitología, la historia y la geografía. Me apasionaba descubrir nuevos datos que me acercasen a mi meta, pero lamentablemente ningún dato me llevaba a un lugar en particular. Solamente eran datos que enlazaban con los que ya tenía y me planteaban nuevas preguntas, que no se respondían de la manera que yo quería. Conforme el tiempo pasaba mi intriga se acrecentaba. Tras mi entrada en Summa Sapientia pude acceder a su enorme biblioteca y tampoco encontré muchos datos que me ayudasen a llevar a cabo mis descubrimientos. Decidí que lo mejor era recurrir a los grandes eruditos de la época, pasar un tiempo con ellos y así aprender de ellos. Pasé poco tiempo con ellos, tres años más o menos. Fueron de las pocas personas que no mostraron desprecio hacia Zafón, de hecho les encantó la idea de conocer a uno de los de su especie. Lo avasallaron a preguntas, la mayoría de ellas quedaron sin respuesta. Mi joven amigo era demasiado pequeño para saber con certeza de lo que le hablaban, su tiempo con los demás illithid había sido bastante leve  y todavía no era muy bueno tratando con otras razas inteligentes. Eso provocó que alguna que otra vez se me escapase alguna carcajada, que era rápidamente acallada por aquellos hombres y mujeres. A la vez que recibía una reprimenda por parte de Zafón y que por favor lo sacase de allí.
Pasé casi un año llevando los libros y pergaminos de un lugar para otro, sirviendo como ayudante de aquellos eruditos, de cualquiera que me necesitase. Hasta que finalmente, Hyro Alisse me acogió como su aprendiz. Todos empezaron a rifarse a Zafón, pero él se negó, simplemente le interesaba leer aquella enorme biblioteca.

En ese momento algo importante pasó, el vínculo entre Zafón y yo se hizo más vigente, el absorbía cualquier información que yo recibiese y me saturaba el cerebro con lo que él leía. La mayoría de las veces estaba tan cansado que apenas prestaba atención a Hyro, que no dudaba en explicarme cómo se debían marcar adecuadamente las coordenadas en un mapa. Casi otro año pasó y poco a poco fui aprendiendo que los mapas y el cielo no guardan secretos, que con las estrellas puedes desplazarte por la tierra y mirando la tierra conocer lo que allí pasó. Ruinas, objetos, escritos, todo lo que encuentres te abre un inmenso vínculo con el pasado. Vinculo que puede llevarte a descubrir algo que llevaba buscando años, las armas legendarias. Hyro decía que no había una evidencia de ellas, pero que la falta de pruebas no significaba que no existiesen. Nadie pensaba en los elfos hasta que aparecimos en esta tierra, eso me decía.
Durante el siguiente año me esforcé por ser un buen aprendiz, llevaba al día las investigaciones teóricas y finalmente me llamó llamar. Era tarde, por lo que me alerté un poco, pero a pesar de ello acudimos, a la cita. Entré mientras Zafón esperó fuera.

Tendría mi primera investigación sobre campo, las ruinas del bosque Silandir. Eran unas antiguas edificaciones en las que había aparecido un antiguo medallón plateado, y necesitaban de un erudito que lo estudiase a fondo. Por ello un erudito debía ir y asegurarse que no quedaban más restos escondidos. Llegamos al bosque pocos días después, el medallón había sido enviado y estaba siendo estudiado. Nosotros nos adentramos en el bosque, preparados para descubrir cualquier cosa, desde un medallón hasta un arma. Por desgracia no encontramos nada. O al menos eso pensamos hasta que uno de los agudos chillidos de Zafón nos alertó, él se había alejado un poco de nosotros y pasaba uno de mis pinceles por el suelo, intentando que el aburrimiento pasase. Durante un instante el corazón se me paró no sabía lo que había pasado y luego lo vi, era algo brillante, de color plateado y sucio. Sobresalía ligeramente del suelo y un pincel lo estaba limpiando con sumo cuidado. Informé a Hyro de lo que se trataba, a voces, porque yo ya había salido a correr, para encontrarme con Zafón.
El hombre que era regordete intentó seguirme el ritmo, pero enseguida se dio por vencido. Cuando apareció ya tenía entre mis manos un precioso objeto hecho de plata o de un material similar. Se trataba de un anillo con una piedra azulada en él. Empecé a limpiarlo con cuidado, sacando los productos que llevaba en el maletín y finalmente vimos de qué se trataba. Un anillo de plata con una gema de ámbar azul y en su interior salía una extraña inscripción.

“Aquel que camina por el sendero del bosque” tradujo Hyro. Una frase típica de los elfos dije en alto. Hyro asintió y guardó el anillo con sumo cuidado, para un análisis posterior cuando volviésemos a la academia. Seguimos allí durante algunos días más, pero no encontramos nada más. Hyro se quedó atónito cuando vio comer a Zafón por primera vez, durante el tiempo que estuvimos en la academia, mi amigo siempre había procurado comer a solas, disfrutar su comida a pesar de estar ya muerta. Pero por primera vez en mucho tiempo habíamos cazado nuevamente y no me pareció correcto arrebatarle el gusto de un cerebro fresco. Eso provocó que Hyro se cerrara y con él el resto de los eruditos. Una actitud infantil y estúpida, pero al fin y al cabo podía incluso llegar a comprenderlos. Zafón era un ser especial, solo comía cerebros y procuraba no llamar la atención más de lo necesario, pero evidentemente la llamaba.
El anillo no resultó ser nada nuevo, por lo que yo me hice cargo de él. Podría haberlo vendido y sacar algo por él, pero no lo hice, preferí guardarlo como recuerdo. Tras la vuelta a la academia se nos hizo notar que nuestra presencia ya no era necesaria y por tanto nos fuimos, volviendo al gremio. No había estado tan mal, había aprendido mucho y de paso me había llevado un bonito recuerdo, un anillo élfico y era antiguo.

La vuelta a casa fue algo mejor, notamos un agradable recibimiento y mientras yo fui a hablar con la maestra, para informar de lo que había pasado. Los demás miembros le pedían a zafón que le mostrase como había sido. Iba subiendo las escaleras, cuando las imágenes empezaron a aparecer delante de mis ojos, sobreponiéndose a mi visión de manera muy tenue. Agradecía que siempre que enseñaba algo dejara de lado los detalles más estúpidos o vergonzosos. Antes de llegar a la enorme puerta del despacho las imágenes habían cesado, ahora suponía que era el momento de Zafón. Él sería el que preguntaría incansablemente lo que los demás habían hecho. Por mi parte toqué la puerta y entré…

1751 palabras

Peticiones:
-Anillo de plata con una gema de ámbar y la inscripción “Aquel que camina por el sendero del bosque” en el antiguo idioma de los elfos. (La gema en un principio no es mágica, necesitaría un joyero para tallarla adecuadamente.)


-Aprender la profesión Erudito.

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Re: Historias I

Mensaje por Alex el Mar Mar 10, 2015 6:53 pm

Una muy buena historia, me ha encantado la parte de la mitología inicial como lo de los elfos "durmientes". Aunque no es muy extenso está bien explicado y se detalla el gusto del personaje por el estudio. He visto muy pocos fallos como "me llamó llamar" en vez de "me mandó llamar", pero nada demasiado grave. En general está todo bien, tienes un 8 de nota por lo que consigues todo lo que has pedido y, además, te otorgo un 15% de bono por lo que el resultado queda así:
2013 puntos de experiencia y 3020 áureos.

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