Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» [Pasado] Como NO escapar de un calabozo [Talamaur]
Lun Mayo 22, 2017 10:01 pm por Mark.

» Delirios de Cazador [Starrk y Zhul'Urk][Pasado][Privado]
Mar Abr 04, 2017 7:28 pm por Starrk

» Cierre temporal
Mar Mar 21, 2017 12:30 am por Web Master

» Consulta Afiliación
Sáb Nov 12, 2016 3:30 pm por Alex

» ¡No os he olvidado...! pero por si acaso, ¿cómo te llamabas?
Lun Nov 07, 2016 4:48 pm por Alex

» Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]
Vie Nov 04, 2016 11:32 pm por Kraknar

» Construyendo el hogar (Pasado Alex, Isma y Starrk)
Jue Oct 27, 2016 4:50 am por Starrk

» Petición de objetos y materiales
Dom Oct 23, 2016 12:05 am por Alex

» Armería "El herrero tuerto"
Sáb Oct 22, 2016 11:58 pm por Alex




Fairy Tail Chronicles


Crear
foro

Elisabeth I

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Elisabeth I

Mensaje por Dark S. Satou el Mar Mayo 19, 2015 5:47 pm

Entrenamiento espectral

Jóvenes enzarzados en una danza sin fin, exótica y de pasos ágiles. La luna reluce por encima de ellos, dando a paso a una característica luz que ilumina las cristalinas aguas del lago entre la basta oscuridad. Un giro completo tras un cruce de miradas indican que están coordinados y saben que la noche tiene fin. Pero no las ganas de que acabe.

El chirriar de las espadas acompañado de los pesados jadeos determina la condición actual del moreno. La goma del mechón se suelta dando paso libre a hebras danzando al son del viento. Impactan contra la espalda y se pegan a ella, presas del sudor y la suciedad del pelo. Muchos días entrenando conllevan a un Dark cansado, pero mucho más hábil. Sus reflejos se agudizan y sus sentidos se abren al entorno; escucha mejor, logra visualizar las cosas más rápido y el tacto le hace sentir lo imposible. Tras cesar los sonidos por su parte y recuperar el aliento, vuelve a agarrar el mango con las dos manos. Las tiene apoyadas con firmeza y ya no hace falta mirar hacia estas. Ha dominado a la hoja y ella le domina a él ahora, pidiéndole a gritos que la empuñe y venza a su oponente.

-Es impresionante. No sabía que podía mejorar de esta forma, viejo. -Exclama, en forma de alago hacia su maestro. Él es orgulloso y muy prepotente. El conocer sobre su personalidad y oír esas palabras ciñen una sonrisa de comisura a comisura en el rostro del hombre. Toma un momento para recuperar aun más el aliento y dedica una mirada firme al rubio.- Quiero aprender más de ti. Si no, no podré ser un maestro espadachín. ¿Verdad?- Pregunta esta vez, de forma retórica. Es egocéntrico y sabe que le volverán a repetir sobre su talento oculto. Le encanta. El maestro le dedica una última lección, esta referida al viento. Un paso digno de un príncipe, una brisa más bella que un ocaso. Tarda tres días en aprenderla.

La tortura

El sabor metálico le despertó. Aquella voz tan parecida y a la vez tan distante interfería contra su propia mente y raciocinio. No le costó demasiado abrir los ojos, se encontraba en un entorno oscuro con olor a humedad y heces. Notaba su cuerpo entumecido y no le respondía; cuerdas fuertemente atadas alrededor de éste le impedían cualquier movimiento. Lo único que notaba en aquel momento entre la lucha de identificar algo en la oscuridad y zafarse de aquellas cuerdas, era el roce de éstas. Escocía demasiado, arrebatándole el intento de liberarse por miedo a recibir más dolor. Su espalda ardía, pero la frialdad que notaba en el interior de su cuerpo le hacía olvidarse de cualquier fuente de calor, incluso proviniendo de él mismo. La gélida mirada que Dark dirigía a su agresor llegaba hasta a hipnotizar. Tenía un ojo cerrado -el derecho, el que el mercenario le rasgó-, pero a su vez podía notarse el odio en esa cuenca vacía. Las hebras negras que tenía por pelo yacían hacia atrás del cráneo, dejando su ancha frente a la vista.

-Ya has despertado. ¿Te encuentras bien?

-Preferiría encontrarme muerto ahora mismo.

-Eso no le gustaría a tu padre.

¿Padre? ¿Acaso él tenía un padre? Él tenía una vida en común con su madre, en palacio. Todo hasta que aquel chico llegó y le arrebató todo lo que tenía. Futuro, presente y pasado. Ya no sabía quién era en realidad ni mucho menos podía decidir ante los episodios de ataques amnésicos que sufría desde que tenía conciencia. Elisabeth, Nyrbe, Tsuki... Todos ellos podían irse al infierno. Él existía para proclamar su trono y gobernar su país. No tenía ninguna otra función, ni mucho menos una didáctica o de hermano mayor hacia nadie. La tortura que llevaba recibiendo durante días comenzaba a pasar mucho más de una física.

-Lo entiendes, ¿no? La mente es lo que más dolor puede causar. No estás entrenado para recibir torturas... Eres simplemente un crío. Has vivido feliz, pero hay algo que no encaja en tu historia. ¿Qué haces fuera del manto de Stella? Creíamos que estabas bien protegido por ella.

-Estoy fuera de su manto porque soy grande. No necesito vivir en Norin ni mucho menos bajo su metafórico manto.

Un golpe en seco a la altura del estómago le arrebató el aire.

-Mientes. Tu pulso está acelerándose, y eso es algo que puede verse a simple vista. Tus pupilas se dilatan y tu rostro cambia a uno más serio instantáneamente. Si accedes a ayudarnos, nosotros te presentaremos a tu padre.

Los hilos rojos que salían de su boca comenzaban a acumularse, para después salir despedidos en una carcajada. Dark no iba a creerle, ni mucho menos. Era demasiado inteligente como para caer en una trampa así. No, no necesitaba ser inteligente para ver aquel burdo intento de buena gente. Ellos no eran buena gente.

-Sólo te vamos a pedir una cosa. ¿Has visto el daño que te hemos provocado? Es para que sepas que el dolor, es real. Esa cicatriz que tienes en el ojo significa mucho más que un fallo en batalla. Significa, que eres mortal. Pueden alcanzarte y pueden causarte dolor. Puedes morir en cualquier momento. Así que vamos a liberarte y vamos a darte una pequeña mansión. Con una única misión.

Algo desató sus cuerdas, algo que no estaba presente en la misma sala. Su cuerpo no podía moverse por mucho que le ordenase levantarse. El miedo. Tenía demasiado miedo como para dar un paso.

-Queremos que organices la defensa de Norin. Sabes perfectamente que no puedes ir tú y tus tres pelagatos a defenderla. Necesitas un ejército... Justo lo que te pedía tu compañero castaño. Ryüko.

Su torturador se acercó a la mesa y agarró algo que se encontraba en ella. Con una figura alargada, en un manto de lana. Cuando logró quitar la protección con un ágil juego de muñeca, se fijó en un mango perfecto y una funda llena de piedras preciosas. Parecía viva. De la funda sacó un arma con una hoja que parecía un granate gigante. El elfo le tendió el arma y Dark la agarró con dificultad debido a las heridas. Era ligera y pre isa. Asestó un corte en el aire y lo rasgó, provocando un dulce silbido.

-Sabemos que puedes encantar armas, pero tiene un defecto. Mellas, oxidas o destruyes la hoja. Esta arma no se lastimará aunque le des el mayor de los usos. Para que logres entender nuestra alianza, humano. No te imaginas el papel que juegas en este tablero mundial de ajedrez.

Un papel de rey. Soy intocable. Aprovechó para encantar el arma y fijarse en que se prendía con más facilidad y que las llamas eran mucho más potentes. Le curaron y le explicaron el paradero de unas ruinas que debería conquistar para tener su base.

Tras volver a casa, miró a Elisabeth. Tenía el cuerpo lleno de heridas, la mente cargada de preguntas que no podían o no debían ser respondidas. La lluvia le calmaba un poco, desde siempre. Echó un poco la capucha hacia atrás para dejar ver su rostro y después dirigió unas últimas palabras hacia su compañero.

-Lo he decidido. Vamos a hacer ese ejército.


Inolvidable I

Un olor a almendras y lavanda hizo que Dark se despertase. Conforme abría los dos ojos, lentamente, empezaba a ver un cabello liso y sedoso recorriendo toda su cara. Los labios le picaban y sentía dentro de su boca varios pelos que le molestaban en parte. Pero cubrían el sabor metálico que mantenía en el paladar. Elevó poco a poco su visión con un esfuerzo titánico y comprendió dónde estaba. Un ángel.

-Oye, ¿estás bien? -Preguntó la muchacha de hebras albinas.

Pero no contestó. Su belleza le fascinaba de tal forma que las palabras no servían de nada. Ni las dudas ya resueltas sobre su paradero. Lo único que tenía en mente era aquella voz dulce y embriagadora. Sutil y amable.

La verdad I

-¿De verdad que debes ir? -Preguntó Elisabeth mientras peinaba lentamente su cabellera blanca-. Es una trampa. No debes ir. Hacer caso a una disputa y luchar contra alguien que no debías te costó un ojo.

-Ojo que no lograste curar -Le respondió de mala gana Dark mientras afirmaba bien las botas de su indumentaria.

-¡Ojo que no curé porque era imposible!

El príncipe observó su ojo derecho. O lo que quedaba de ello. Una cuenca vacía, mucho más que su sentimiento de indiferencia hacia la gravedad de la misión a la que se enfrentaba. Echó su flequillo hacia ese ojo, tapándolo, y aprovechó para maldecir por lo bajo su error en aquel día. Un mal paso debido a la nieve del contorno en el que luchaba le costó... un ojo de la cara, literalmente. Se sonrió.

-Sé que no me vas a hacer caso, como siempre. Pero es una trampa.

-Ven conmigo y afrontémosla juntos, Elisabeth.

-No, yo no puedo ir. No a ese lugar. No contigo.

Le extrañó su comportamiento, y lo tensa que llegó a ponerse en cuestión de segundos. Le evitaba la mirada directa, permanecía inmóvil delante de él, cabizbaja. Suspiró indignado.

-Sé que es territorio de los elfos. Sé que no quieres saber nada ni mucho menos estar relacionada con ellos. Pero debemos ir. Tengo los medios para volver a Norin, pero no la edad. Lo único que puedo hacer, es dotar de un ejército de élite cuando vuelva.

-¡Tu ego tapa toda visión! -Gritó furiosa.

Pero él sabía que ella, conocía lo que era. Sabía también que tenía capacidad de liderazgo. Al diablo la humildad. Sabes de sobra que soy capaz y soy de élite, pensó elevando la mirada hacia el techo. Miró de reojo a su hermana y le pareció por un segundo haberla visto sonreír. Una sonrisa melancólica.

Diamante en bruto I

El sol le producía una sensación horrible. Lo poco que se filtraba entre las rendijas de los árboles impactaba contra Dark. La humedad y el calor eran insoportables, pero no debía sacarse la capa. Le protegía contra insectos no identificados. El sudor recorría la piel lentamente, mezclándose con las gotas de rocío que iban cayendo lentamente por toda la selva. Espoleó un poco el caballo, obligándole a marchar aún más aprisa.

El príncipe llevaba varios días de recorrido hasta las ruinas que le habían citado; estaban lo suficientente lejos como para cargarse de un carro de provisiones. El problema de hacer aquello estaba claro: bandidos. Dark aguantó la respiración y pasó las correas del caballo por sus muñecas, apretándolas hasta el punto de hacerle daño. Se dejó caer por el lado izquierdo del caballo y apretó los dedos contra el lomo para agarrarse. Sus brazos estaban tensos y sus piernas apoyadas en una alforja con provisiones en ese mismo lado.

-¡Nada! Un caballo salvaje. O por lo menos, desde hace poco.

Tres. Con el factor sorpresa, lograré incapacitar a uno, pensó, mientras notaba cómo los brazos comenzaban a entumecerse, los otros dos serán un problema.

Pero, cuando saltó hacia arriba sacando la espada como si de un Iai se tratase, paró de seco, con algo de esfuerzo, a unos centímetros de la yugular del curioso.

-Menuda bienvenida, Dark -bramó un ofendido elfo.

Se desató las muñecas y frotó las manos contra sus ojos. No podía ser posible. Guardó la espada lentamente, pero dejó la mano en el grabado de hierro que tenía por empuñadura. Por si acaso.

-Yreim, ¿qué haces aquí? -preguntó el todavía sorprendido príncipe-. No sabía que pudieses salir de tus territorios, así de fácil.

El elfo se sonrió.

-Estos son mis territorios también, exiliado amatista.

Exiliado amatista. El término le quedaba claro, pero el apodo pecaba de poco original. También era horrible. Dark se encogió de hombros e hizo una pequeña mueca de asombro, sin responder.

-Por muy amigo, hermano, o lo que quieras llamarte con Elisabeth, los humanos no son bienvenidos aquí. Agradecería de que cogieses las riendas de ese semental y volvieses por donde has venido.

Dark maldició por dentro el mero hecho de que Elisabeth se negara a no venir. Hubiera sido mucho mas sencillo con ella, al fin y al cabo. Colocó los dedos aún mejor en el mango y dedicó una mirada fría al alto elfo.

-Te han cambiado estos dos años, ¿eh? Todavía recuerdo ese chiquillo que huía por primera vez de la falda de su madre. Se nota en tu mirada, humano. Tienes un ojo menos, pero las llamas arden en tu ojo izquierdo. Por dos. -Provocó un largo silencio mientras juntaba sus manos. Dark sabía que eso era magia de naturaleza-. Por muy hábil que seas con el fuego no lograrás quemarlo todo. Vuelvo a repetirlo, y esta vez no de forma cordial. Date la vuelta y vete.

Dark ya no sentía miedo por casi nada, pero sí mantenía un profundo respeto hacia los altos elfos. Podían mover bosques en horas y controlar todos los animales de dentro sin una gran fatiga mental. Aquella selva era una trampa viva. Una... trampa.

-Yreim, escucha. No voy a profanar este sitio, ni tengo intenciones de atacar a nada. Busco las ruinas de Rerpor, para encontrar un cobijo para mis hombres. Sabes que no miento. Elisabeth te ha mandado para pararme, ¿no?

-Algo así, Dark. Rerpor está maldito y es una trampa viva. ¿Por qué no buscas en otro lugar? Ni tienes por qué ir a lo más fácil. La visión se te nubla, los puntos comienzan a salir y la vida se exhala. Ese lugar te drena la fuerza vital.

-Espera un momento, ¿puntos en la visión?

-Así mismo.

Dark subió a su caballo mientras se le escapaba una sonrisa amplia, sincera. Nadie se atrevería a entrar ahí, y él estaría seguro.

-Bueno, parto hacia allá. Gracias por la advertencia. Si muero, dile a Elisabeth que tenía razón con lo de la trampa -exclamó mientras le miraba de lado con el rostro feliz- y que debería haberle hecho caso. Si no, por primera vez, tendré razón. Sé como disipar esa... Maldición.

Golpeó con los dos pies a la vez y se alejó sin despedirse de los elfos que ya comenzaban a quedar atrás. Debía acercarse a la ciudad más cercana, a la posada de Troman, para ir a por sus hombres.

Descendencia I

-Vaya, vaya, pero mira quién tenemos aquí... El exiliado amatista.

Dark juró hacia dentro que golpearía al próximo que dijiese eso.

-Louise, ¿qué haces aquí? -Murmuró, intentando no hacerse el sorprendido-. Creía que habías vuelto a Norin.

-Mi amor por ti me ha hecho seguirte.

Dark se quedó con la boca abierta. Agitó la cabeza y pasó las dos manos por el rostro. El cuero áspero le advirtió de que no estaba delirando.

-Vaya, no sé qué creer. Fui muy humilde con lo del "eres libre", pero es que salió así. No estoy ya interesado en tener una pareja. Me distraería.

-¿Para una noche de sexo salvaje necesitamos ser pareja? Estoy muy necesitada de sentirte. Yo sola ya no me quedo satisfecha.

Intentaba mostrarse indiferente, seguramente sería una trampa. Pero era un hombre, y él también estaba necesitado. Louise le atraía demasiado. Y más con aquella vestimenta: mantenía un generoso escote del cual se perdía e intentaba no mirar. Una camisa de seda blanca, que caía hasta una falda corta negra que dejaba ver sus muslos y largas piernas. El pelo lo tenía desatado y salvaje, como a él le gustaba. Como había soñado siempre, y había contado un millar de veces a Elisabeth. No podía ser real, tenía que ser una trampa.

-Camarero, reserve una habitación para una, no, dos noches.

Dark se dejó llevar. Fueron a una mesa y bebió de una jarra que Louise le trajo. A partir de ahí, de poco en poco, todo comenzó a hacerse borroso. Sus hazañas en las tierras de Dyscordia sorprendían a una receptiva Louise. Ella jugaba con sus piernas pegadas, rozándolas suavemente mientras enrollaba sus hebras doradas entre sus finos dedos. Qué cojones, a la mierda. No aguanto más.

A partir de ahí, lo único que recordó fue cómo el pelo de Louise se metía en su boca. Un pelo blanco que tapaba un sabor metálico. Un olor a almendra y lavanda que le sonaba demasiado. A Louise el acto le dolió mucho, como si hubiese sido su primera vez. Dark fue gentil y amable con ella, algo que no solía ser con nadie. Sólo podía pensar en que Louise, por fin, era suya.

Diamante en bruto II

-Susvía contah' una cosa, joven príncipe -El analfabeto parecía seguro de lo que hablaba-. Si me prestáis quinceh áureos, sus lleno de felicidá.

A pesar del aspecto prepotente y engreído de Dark, gobernaba en él una gran paciencia. Tanta que los soldados que le seguían comenzaban a tirarse de los pelos. Frunció el ceño y miro de forma especial al vagabundo. No podía ser alguien normal, y mucho menos con ese aspecto y accento tan extremos. Suspiró mientras agarraba la bolsa y sacaba cincuenta áureos. Se los dió.

-Bendita sea doña Stella por traeh al mundo este joven y apuesto galán. -Dark sabía que, evidentemente, le conocía. Esas amatistas como ojos le delataban a cualquiera que hubiera estado por Norin-. Le conduciréh al pasadizo, oiga.

Dark asintió con la cabeza a duras penas. Cada vez que se le pasaba por la cabeza el retrato de su madre iracundo, apenada por haber dejado Norin a escondidas, su propia alma se rompía. Intentó reprimir las ganas de llorar poniendo un rostro serio e inamovible.

No tardaron demasiado en llegar a las Ruinas. Estaban en el pie de una montaña cerca de la posada en la que Louise le dejó tirado y desapareció. Suspiró ofendido. Una trampa, y encima no recordaba nada de aquella noche.

No se demoraría demasiado en darse cuenta de que, en aquellos pasillos, se encontraba algo más que la preciada verdad que tanto anhelaba. La respiración del joven se notaba cortada, casi como gritando ayuda en un intento de agarrar una bocanada de aire. El pasaje por el cual pasaban inspiraba temor que iba siendo alumbrado vagamente con aquel fuego que ya estaba casi extinguido. Por todos los santos de Dyscordia, pensó, ¿es que no sabe alimentar una llama?

Su duda no tardó en responderse tras quedar a oscuras al llegar a una gran catacumba. Le tocaría hacer de "antorcha humana" después de comprobar que ya no quedaba venda en el palo. El lugar comenzaba a provocarle alucinaciones, empezando por pequeños puntos morados alrededor de su visión. Así que por esto alegan que el lugar permanece encantado; se dijo a sí mismo, deberían dejar de especular, ésto es falta de oxígeno.

-Así que encantado, ¿eh? -Vaciló.

No recibió respuesta ninguna, y aquello fue lo que le ocasionó más placer. Los pasos tras el descenso de presión tan fuerte perdían poderío, tornándose pesados y torpes. Si bajaban más acabarían ahogados o totalmente exhaustos. Pero para ésto sirvo yo.

Conjuró varias armas de piedra resistente. Sería difícil aplicar fuerza constante debido al entorno al que se encontraban, pero no imposible. Era morir ahogados, sepultados o vivir para contarlo. Preferiría lo último. Pensó mientras daba la orden de que atacaran al techo. No ofreció resistencia; los escombros caían chocándose contra susodicho suelo, reventándolo a la par. Dark sonrió pícaramente.

-Una excelente idea, jefe -Exclamó uno de los guardias-. ¿Qué deberíamos hacer ahora?

Dark meditó la respuesta por unos instantes. Aquellas ruinas de tres pisos bien ventiladas y limpias serían un gran inicio para <>.

Hielo abrasador

Tras pasar una semana, Dark ya estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa para mantener la base. Pero tenía un problema grande: el tercer piso estaba inundado. Uno de los soldados había comprobado la grieta por la cual el canal se extendía y llenaba todo de agua... Sólo podía ser sellada con magia de hielo. Magia que Dark se había negado a aprender. Aunque tenía mayores problemas que aquél; alguien estaba amenazando a sus soldados con matarlos si seguían por la zona, una persona que no tenía miedo a la "maldición". Al príncipe no le sorprendió aquel hecho, debía ser uno muy estúpido para creerlo. No podían salir, o eso le decían los elfos. Dark salió.

-¡Alto ahí!

Un sonido muy agudo salió disparado hacia él. Colocó las manos en horizontal y conjuró por lo bajo un hechizo de viento que emanó de sus manos, ayudándole a esquivar una flecha. Suspiró ofendido y miró dónde habían disparado la flecha. Esta vez, de forma silenciosa, salió disparada una flecha de hielo que el príncipe logró derretir con dificultad. Al reconocer bien el elemento, comprendió de que debía jugar bien sus cartas para tener una poderosa aliada...

Peticiones:
Técnicas:
Nombre: Elemental master: Wind!
Descripción: Técnica defensiva / ofensiva.
Ficha: Ficha
Otros datos: Dark se impulsa muy levemente con aire varios metros hacia delante pudiendo usarlo para esquivar o atacar. (10 m/s)

Espada grado 3:


Una espada de adamantita forjada en la mejor herrería de Norin, adaptada a los gustos del joven príncipe. Es muy fácil manejarla y se dice que tiene propiedades conductoras mágicas al haber sido tratada por enanos expertos en magia. Es inmune a la magia de Dark al haber sido expresamente hecha para él, y no se dañará por mucho que la imbuya en elementos.
Base y áureos:
Una base subterránea de tres pisos a elección del moderador en cuanto a dimensiones. Lo mismo con los áureos.
avatar
Dark S. Satou
Fire Blood [Luchador]
Fire Blood [Luchador]

Mensajes : 236
Fecha de inscripción : 24/04/2014

Hoja de personaje
Nivel:
30/100  (30/100)
Experiencia:
30150/32000  (30150/32000)
Áureos Áureos: 68.660

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Elisabeth I

Mensaje por Alex el Dom Oct 11, 2015 1:03 pm

Es una buena historia, aunque no me ha convencido del todo.
Consigues la espada, aunque es de grado 2 y no tiene características especiales.
La base también la obtienes, de 100 metros cuadrados y muy deteriorada por lo que tendrás que repararla.
La técnica también la obtienes.

Ya que has obtenido unas cuantas recompensas, no consigues aureos extra.
Obtienes 3.431 puntos de experiencia y 5.146 áureos.

Hoja actualizada.

_________________

Nombre:
Alex Harken

Clan:
Clan Harken

Gremio:
Fire Blood

Profesion:
Mercenario

Npc's acompañantes:
Sam
Ele

Ficha
Datos
avatar
Alex
Fire Blood [Campeón]
Fire Blood [Campeón]

Mensajes : 622
Fecha de inscripción : 17/02/2014

Hoja de personaje
Nivel:
45/100  (45/100)
Experiencia:
68946/70000  (68946/70000)
Áureos Áureos: 157.539

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.