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Visita a Elfolandia[Privado Helena-Tomoyo]

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Visita a Elfolandia[Privado Helena-Tomoyo]

Mensaje por Tomoyo Mitsuko el Dom Sep 06, 2015 3:26 am

     Largos viajes por los reinos, algunos a caballos y otros a píe, por largas sendas y fuertes cimientos conseguí alcanzar el oeste siniestro. Bosques llenos de vida poblaban el paisaje una vez alcanzada la puerta del valle y se podían observar ardillas, mariposas, osos, abejas y toda clase de animales e insectos trabajando conjuntamente para mantener un lugar tan perfecto. Un viaje placentero pero a la vez peligroso, tuve que enfrentarme a leones y tigres el doble de grandes que yo, cosa que no hice porque salí corriendo. Alguno que otro pude matarlo usando mi pequeña ballesta, pero muchos de ellos preferí seguir corriendo a perder el tiempo.

     Después de todo el largo viaje alcancé lo que venía siendo el centro del bosque, un gigantesco árbol lo poblaba y muchísimos seres se movían alrededor, los más asombrosos y multitudinarios eran los elfos, humanoides con orejas puntiagudas y alargadas. Se suponía que eran inmortales, o eso es lo que escribía en los libros de mis padres, unos seres bendecidos por la diosa de la naturaleza con la vida eterna. Seguí caminando hacia el gran árbol y podía ver pequeñas tiendas alrededor de la misma haciendo referencias a comidas de origen élfico, vendían pan, galletas y todo tipo de chucherías. Me acerqué a una de estas tiendas y miré al que la mantenía, era un hombre de tez roja y con unos ojos saltones y grandes, lo extraño era que no tenía orejas alargadas, así que no era un elfo.

     -¿Qué desea señorita? En la tienda del Tío Rialdo encontrará las mejores chucherías de los elfos, aunque yo no soy elfo.-Dijo el hombre terminando con una carcajada.

       -Oooh, por eso no tiene usted las mismas orejas que los demás. Yo tampoco soy elfa como verás.-Dije mientras apuntaba a mis orejas no puntiagudas y tampoco alargadas.-Me gustaría una de esas piruletas en forma espiral y con un dibujo de hoja en el centro.

     -¿Estas?

     -No, las de al lado a la derecha.

     El hombre las metió en una bolsa de paja y me la dio, sorprendéntemente la bolsa se sentía suave y no áspera como esperaba al ser paja.

      -Son nada más y nada menos que 50 áureos, pero como ha conseguido hacerme reír se lo dejaré en 25 áureos.-Dijo el hombre con una gran sonrisa.

     -Aquí tiene, muchas gracias.-Terminé mientras le ofrecía 25 áureos y me disponía de nuevo a ir hacia el árbol central mientras miraba a los ciudadanos por las calles de ese bosque, si es que se les podía llamar calles, era sorprendente como podían vivir los elfos tan bien.


Última edición por Tomoyo Mitsuko el Dom Sep 06, 2015 4:35 am, editado 1 vez
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Re: Visita a Elfolandia[Privado Helena-Tomoyo]

Mensaje por Helena Brea el Dom Sep 06, 2015 4:31 am

Un largo viaje no bastó para llegar hasta lo más dentro de los bosques del Oeste. Situada cerca del lago del Ocaso, Dalia era conocida como una ciudad mayoritariamente élfica; todo lo verde y natural predominaba en el ambiente. Helena respiraba paz y tranquilidad. Helena escuchaba cantos y melodías. ¿Cómo lograba sentirse tan bien en aquel momento? Le hacía olvidarse de que el dragón que habitaba en su interior era parte de ella. Se sentía humana a pesar de que, irónicamente, no abarcase un territorio precisamente lleno de humanos.

-¿Cuánto queda, señora? -Sonó por detrás.- Estamos realmente hambrientos.

-Queda poco. -Contestó Helena con un tono dulce y esperanzador.

Ni siquiera el tono de voz que mantuvo era digno de ella. Dalia era un buen lugar, sin lugar a dudas. Había llegado hasta tan lejos con la propia misión de rescatar a aquellos esclavos élficos. Eran hábiles magos y los tenían sobreexplotados para mantener la economía de los hornos que se encontraban debajo de las montañas de por aquella zona. Ella tenía la gran suerte y, por supuesto, el instinto como para llegar a aquellos desdichados.

Eran cinco, de corta edad -cincuenta años, para ser exactos- para su longevidad élfica. Habían llegado hasta aquella zona buscando aventuras y retos, pero acabaron capturados con facilidad debido a su inexperiencia ante el mundo real. No les culpo, pero no pueden ser cautos viviendo en una zona tan pura. Son demasiado inocentes. Se dijo a sí misma, mientras echaba una ojeada a la parte de atrás del carruaje. Las pisadas de los caballos alertaban a los guardias de las puertas de la pequeña ciudad, acercándose hacia el paradero en el que se encontraban.

-¡Élvidas! -Gritó uno de los esclavos.

-¡Hermano! No puede ser... ¿Los has rescatado? -Preguntó atónito uno de los guardias, refiriéndose a Helena.

Helena sonrió vagamente y pasó la mano por la parte izquierda de su cara, acomodándose las hebras por detrás de la oreja mientras asentía con la cabeza. Negó toda recompensa tras aquella gran bienvenida y la pasaron por los grandes portones sin dudarlo. Todos los ciudadanos observaban a una mujer de orejas redondas y pequeñas portando a todos los esclavos hacia el centro. Se sentía orgullosa de aquel acto, pero no saciaba el enorme hueco que mantenía ante tantos años de torturas y trabajos forzosos. Necesitaba hacer mucho más que aquello, algo mucho más grande.

Tras reunirse un gran grupo de gente y agradecerle una vez más su proeza, cedió el carruaje para el esclavo más pobre.

-Véndelo y vive con ese dinero. No lo malgastes. -Le advirtió.

No, tampoco las lágrimas agradecias de aquel elfo saciaban el enorme agujero de su pecho. Suspiró satisfecha y comenzó a darse una vuelta por el pueblo para ver qué tal se daban las cosas por aquel lugar tan pequeño. Espero no encontrarme nada malo, la verdad. Es un lugar demasiado casto y puro.
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