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Fairy Tail Chronicles


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Marchando hacia Norin... o no (Privado)

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Marchando hacia Norin... o no (Privado)

Mensaje por Alex el Mar Sep 08, 2015 11:42 pm

Dicen que no importa cuan lago sea el recorrido o cual sea el destino, que lo realmente importante es disfrutar el camino. Pero esta aventura no prometía diversión alguna. No era más que un trabajo cualquiera con un "jefe" prepotente al que Alex le debía un ojo de la cara... literalmente. Pero les había pagado y eran unos profesionales. Lo acompañarían lo más lejos posible y, si estaba a su alcance, también a Norin. A pesar de que, a cada paso, el mayor de los hermanos Harken se arrepentía más de haber provocado una herida que lo obligara hacer aquel viaje.

Sin embargo el aire fresco del Norte siempre era agradable cuando el Sol calentaba el clima. Hacía que un ose sintiera vivo. Y la oportunidad de ver mundo era de agradecer en cualquier momento. Hacía mucho tiempo que Alex e Isma no salían del territorio de Fire Blood y este sería su momento de despejarse y ver algo nuevo. No todo era malo y el optimismo era algo que caracterizaba a los Harken. Con un clima tan hermoso nada podía salir mal. La posibilidades eran infinitas y podrían vivir grandes cosas. Quizás esto es lo que habían esperado tanto tiempo.

Alex se despertó con el amanecer y se levantó para preparar el desayuno. Sam no tardó en levantarse y ayudarlo como hacía odas las mañanas. Tardaron un buen rato en despertar a Isma y juntarse todos para merendar. Ele también se unió a ellos y, por primera vez, fue una de las cocineras. Los platos estaban deliciosos y los cargaron de energía para poder iniciar su tarea. Los dos hermanos salieron del hostal y se dirigieron al punto de encuentro. Si Dark era puntual, no tardaría en unirse a ellos. Las mujeres del grupo tardarían un poco más, pues Sam se había empeñado en preparar las provisiones alegando que Isma y Alex se comerían la mitad si se encargaban ellos.

-Había unos pastelitos tan deliciosos...- Aseguró Alex.

Era cierto, los dulces que iban a llevar eran realmente deliciosos. Y no podrían tocarlos hasta que su hermanita lo decidiera. y eso sería mucho más tarde de lo que ellos desearían. Pero no había más remedio y debían soportarlo. Aunque casi era preferible soportar a un dragón que las ganas de comer. El paisaje de aquel pueblo era hermoso y animaba la mañana. Era un día perfecto para andar y, si el clima no cambiaba, el trayecto sería relajado y agradable. Aunque no eran cosas que les pasaran muy a menudo.

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Re: Marchando hacia Norin... o no (Privado)

Mensaje por Dark S. Satou el Sáb Oct 03, 2015 2:13 am

El azul que marcaba aquel hermoso día se desvaneció en cuestión de horas, con vientos que descendían de las gélidas montañas del norte. No bastaba con la capa y el abrigo que llevaba por debajo de ésta. Se retorció por debajo de la lana cálida que recorría su cuerpo. Elevó la mirada lentamente y logró ver unas nubes negras que se acercaban con una rapidez asombrosa para la longitud de éstas. Una tormenta o una ventisca no serían problemas para su magia de fuego, pero debería ser precavido. No quería morir o sufrir una hipotermia grave. Apresuró la marcha.

-Parece ser que no queda demasiado para llegar hasta el punto de reunión.

Pero aquel comentario resonó por el eco de las grandes laderas, sin que nadie pudiese escucharlo. Viajaba solo esta vez, con ánimo e intenciones de comenzar a reclutar gente por las montañas. Pero, a pesar de sus intenciones -que no eran realmente buenas-, no parecía mucho importarle la decisión que había tomado. Conocía la fuerza de los mercenarios con los que se encontró en la taberna y logró observar de que destacaba un ápice de personalidad radiante en ellos. Por lo menos lo que conoció antes de llegar a las armas con el chico moreno. Elisabeth le advirtió. Elisabeth. Desvía tus pensamientos, no merece la pena.

Los portones de las grandes murallas de Fire Blood no le pararían en absoluto. Debía introducirse y lo haría con facilidad. Se dirigió hacia los guardias, de misma altura y tez pálida, seguramente debido al entorno en el que se encontraban. Los analizó lentamente y dio un paso seguro hacia delante, intentando pasar como un ignorante por el puente. Pero le agarraron del brazo, cortando su marcha ágil y desinteresada. Suspiró y se encogió de hombros, alegando sin palabras que no sabía nada.

-¿El permiso para poder acceder? -Preguntó uno de los guardias, el que le agarraba.

-Regalé un huargo al gremio. Ya debería tener un pase en mi cartera, y aún no dispongo de éste. ¿Me conocéis mejor así?

Levantó la capucha, dejando ver su rostro, o la menor parte de éste. Lo tenía todo cubierto por su cabellera oscura, tapando el "ojo malo". Enseñó la parte izquierda, precisamente el color violeta. Le dejaron pasar sin dudarlo; el chico de ojos como amatistas podía entrar y salir a propio deseo siempre y cuando se encontrase solo y fuese registrado. Palparon lentamente sus tobillos, pantorrillas, cintura, abdomen y pecho. Una vez comprobaron que tenía poco más que su espada y un buen saco de áureos, le dejaron pasar.

Tras preguntar varias veces y caminar un buen rato, llegó donde quería. La casa de los mercenarios. Le echó un vistazo por encima y logró observar de que era muy modesta y la pintura estaba desgastada. Justamente lo que me temía, pensó, mientras golpeaba con el mango de la empuñadura la puerta. Tenía los nudillos entumecidos debido al frío. Habían hecho un trato, ya hacía casi un año, y había venido a reclamar lo que era suyo por una vez por todas. Debería manipularlos e hilarlos como él quisiera para lograr su cometido. Ryüko no iba a construirse sola.

-Hola, soy Dark. El chico de la taberna que acabó sin ojo. Os di una cantidad bien generosa de áureos, y ahora vengo a reclamar vuestros servicios. Necesito ayuda con un tema que me tiene muy ocupado.

Había hablado en un tono alto y conciso, seguramente le habrían escuchado ahí dentro. Si realmente eran mercenarios, estarían despiertos a mitad de día. Si no, debería volver por donde había venido maldiciendo no el dinero, sino la falta de gente. Esperemos que no sea eso último.
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Dark S. Satou
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