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Fairy Tail Chronicles


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[Summa Sapientia] Recolectando Ingredientes [Misión]

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[Summa Sapientia] Recolectando Ingredientes [Misión]

Mensaje por Luthia Zul el Vie Oct 09, 2015 5:59 am

"Eso es fácil de entender-” Decía el padre mientras tomaba un pedazo de pastel preparado por uno de sus cocineros. “¿No lo crees, Luthia?” Dijo entre bocados.
Luthia sólo se encogió de hombros. Incomoda ante la plática. Ya se había arrepentido de siquiera haber mencionado el tema de que era lo que transportaban los barcos bajo el estandarte de su pariente. Él mostraba gran orgullo de hablar de esto, y rápidamente la conversación familiar se tornaba en un monólogo fastidioso y aburrido.

“Suena terrible e innecesario” Al fin comentó Sophia, quien se encontraba cruzada de brazos, en la otra parte de la mesa. “¿Qué caso tiene mandar bienes a gente que no dan nada de regreso? ¿Acaso no es ese el principio de todo intercambio?”

El padre sólo rio. “Hay cosas que aún no sabes de esta vida, Sophia”

“¡Bah!” Inconforme con lo que se le acusaba “Tenemos 13 años padre, no nos trates como unas ingratas”
“Linda edad para creer que uno lo sabe todo”
“Otra vez con eso…”

Los dos continuaron discutiendo, a ambos parecía agradarles mucho escuchar su propia voz. Luthia ya no les prestó atención y volteó a ver a su madre, quien se acercaba con más pastel. La pariente sonreía, causando que la niña regresara el gesto.  
Se sentó a lado de ella y le puso el plato frente. “Gracias, mamá. Pero… No tengo apetito-”
Fue incapaz de terminar la frase al darse cuenta de que la tarta llevaba una pequeña vela.

No era cumpleaños de ella. Mucho menos de su hermana, al ser gemelas.

“¿Madre?” Cuestionó el detalle. Pero la madre sólo sonrió de nuevo y movió su atención a los dos que seguían discutiendo. Al ver que no iba a obtener respuesta, Luthia se enfocó de nuevo en el postre, la flama de la vela daba cierta inconformidad. Al poco rato la llama creció repentinamente, cegándola, y haciéndola saltar en su asiento.
Al principio creyó que era una mala broma. Una muy mala broma, pero al momento de querer buscar explicaciones y mover su cabeza hacia su madre, noto que el sitio completo estaba en fuego.  

Incluyendo a sus padres.

Intento moverse para auxiliarlos, pero la silla en la que se sentaba se había transformado en una especia de víbora que la ataba, evitando cualquier movimiento. Los siseos de la serpiente le lastimaban los oídos, forcejeó y gritó inútilmente tratando de callarlos.
“Luthia” decían los padres a unísono. Mientras su cara parecía derretirse ante el calor de las llamas, la piel caída mostraba el cráneo. “¿Por qué nos abandonaste?”
“¡No!” Luthia se sacudía, asustada y un sentido de culpa le destrozaba el pecho “¡Eso no fue lo que sucedió! ¡No pude-¡”

Los parientes, ahora esqueletos en lumbre, se levantaron, acercándose a la atada. Tocándole la frente, quemándola por igual. Dolor salía de la boca de Luthia “¡B-basta!”

“Hubieras muerto con nosotros, Lucy querida… ¿Qué clase de hija eres?”

“N-no… No digan eso… Por favor…”
“Hija. ¿Por qué?”
“No…”
“¡Eres una ingrata!”
“¡No! ¡Lo siento! ¿¡Cómo iba a saber que esto pasaría!?”

Finalmente, las calacas fueron consumidas, volviéndose rápidamente ceniza. Dejando a Luthia en lágrimas.

“Hey, Bubis Planas” Frente a ella, su hermana Sophia observaba sentada, sin parecer que le afectara el literal infierno que se desataba alrededor de ella. “Tienen razón. Sólo eres una niña ingrata malagradecida”
“Por favor… Basta…” El calor comenzaba a apoderarse  de Luthia. El mero horror le causaba creer que ella también estaba prendida en fuego.

“Quizás… Si hubiera sido mejor que murieras…”
“¡No digas eso, eres lo único que me queda!”

Sacando su propia daga de su túnica, Sophia se acercó con intenciones obvias.
“Tarada malnacida… ¿Cómo osas llamarte mi hermana?”
Dio un salto, y con el arma penetro a Luthia en el pecho. El dolor era tan intenso que ni se pudo permitir gritar.

El fuego dejó de sentirse. Sus ojos no podían enfocarse ya, su visión se volvió borrosa, pronto oscura.
Su cuerpo se sentía tieso, ya sin fuerza. Sólo un terrible dolor en su torso.
Pero pocos segundos después, eso también dejo de sentirse.

“Inútil…”

Un frio indescriptible la envolvió.

----

“…Lucy?”

Su corazón palpitaba con fuerza, parecía que se le iba a salir del cuerpo. Su respiración era irregular, sudaba frio, su cabello estaba hecho plasta en su frente y lágrimas caían por sus mejillas.
Tardando en calmarse, Luthia inspeccionó el lugar.
Era la el cuarto que se le había asignado en el gremio después de haberse registrado

“¿Estas bien?”

Una voz le hizo brincar de nuevo. Volteó, observando al joven que se encontraba en el piso, con una mano en su cara. Frotándola.

“¿Qué? ¿Tura?” Dijo entre respiraciones “¿Qué sucede, que haces? ¿¡Qué haces en mi cuarto!?”
“Estabas gritando… Quise despertarte, pero me abofeteaste…”
“¿Lo hice?” Luthia salió de la cama “Déjame ver” Se sentó a lado del muchacho, tomando su mano y observando el rostro. Parecía haber sido un golpe fuerte, la piel afectada se mostraba color rojo.

“Lo siento… No sé qué me sucedió…”
“Yo estoy bien. Me preocupas tú”
Luthia se incorporó. “Debo tener algún ungüento por aquí” Ignoró a Tura, buscando a sus alrededores algo de medicina.
“N-no es necesario. En serio”

“¡Bien!” Dijo molesta “No voy a insistirte” Se peinó un poco, pues seguía llena de sudor “¿Qué horas son?”
Tura no respondió pues no sabía. Apenado se encogió de hombros.
Luthia tomó su túnica, planeando ir fuera.

“Necesito caminar. Pensar. No lo sé.” Dijo antes de que Tura pudiera decir algo.
“¿Quieres que te acompañe?”
“A solas”
“Correcto…”

Dejando solo al joven en el cuarto, Luthia salió del sitio.

---

Era temprano. El Sol apenas comenzaba a salir.  El canto de las aves y algunos insectos era lo único que la acompañaban.

Aún no había mucha actividad en el gremio, pues noto a poca persona mientras caminaba para ir al exterior.
Luthia dio un largo suspiro, continuando la caminata. Metió sus manos a las bolsas de su prenda. Dentro de una, sintió un papel. Lo tomó para analizarlo.
Era la carta de su hermana.

“Sophia…” La arrugó aún más y la volvió a meter. “¿…Por qué?"

Que pesadilla tan estúpida

Luthia se sentía agotada, por lo que se sentó cerca de la puerta del castillo, obligándose a no estorbar. Despertar de una pesadilla siempre deja a alguien sintiéndose adormecido a pesar de que se hayan dormido las horas apropiadas o no.
Al poco rato, se comenzó a sentir extremadamente solitaria, y quizás algo ridícula al estar sentada a las orillas del gremio. Por lo que decidió ponerse de pie una vez más y regresar al castillo.

---
Era hora de la primera Misión de Luthia como nueva miembro de Summa Sapientia. Muchos se sentirían emocionados, con ganas de gritar, y correr libremente por el lugar para gastar la energía extra.
Pero ese no era el caso de Luthia. Ella se mostraba cansada e indiferente a lo que se le había asignado.

“¿Visitar las Playas de Belinar, eh?” Se cuestionaba a si misma mientras leía el papel de su misión.

Luthia preparo sus pertenencias y las cosas necesarias que creía iba a necesitar. Tomo su daga, pequeños suministros como agua y aperitivos.
Pensando que ya estaba lista, se dirigio fuera de su cuarto establecido por el gremio, y hacia la entrada del Castillo a esperar al Viejo Mago que tenía que acompañar.  

Pronto, una persona de tercera edad destaco entre la poca multitud que estaba presente dentro del gremio. Un instinto le decía a Luthia que él era la persona que debía acompañar. Dicho asi, se acercó a él.

“Ah, tú debes ser el jovencito que se ofreció a ayudarme” El viejo dijo antes de que Luthia pudiera presentarse.

Al ser confundida de género, a Luthia ganas le dieron de tumbar al pobre anciano ahí mismo. Pero se llenó de paciencia y contestó: “Asi es, señor.” Hizo una reverencia “Sera mejor nos vayamos pronto. Cuando usted guste” Hizo un gesto de manos, mostrando la salida del Gremio.

“¡Pero vaya!” Dijo el mago asombrado ante la amabilidad y nobleza que la joven maga poseía “Es raro ver a jóvenes tan educados como usted, damita”
Luthia solamente sonrió, siguiendo al Viejo Mago fuera del lugar.

---
Pronto la conversación se convirtió en un monologo. El Mago Viejo comenzó a hablar de su juventud, y quizás algo más dijo acerca de su juventud, pero Luthia no puso ya más atención y movía la cabeza de vez en cuando para decir “si” y evitar hacer sentir mal al pobre anciano de que no escuchaba del todo lo que contaba.
Aun así. Luthia sentía que alguien o algo los estaba observando. Quizás era solamente una mínima paranoia nacida por el evento del otro día donde Luthia fue atacada por esos tres bandidos a la entrada del gremio.
Fuese lo que fuese, decidió ignorarlo.

El tiempo pasaba lento para Luthia, pues se encontraba caminando a un paso más lento de lo que ella estaba acostumbrada, pues el anciano necesitaba tomarse su tiempo para dar el siguiente paso en su andar. Aparte de que hablaba mucho, por lo que se paraba por completo para tomar aire y seguir. Por  lo cual Luthia también tenía que dar alto total y esperar a que lo alcanzara el viejo.
Lo bueno era que el camino era plano y fácil de caminar por. Y el clima era soleado y agradable. De no ser así, el anciano no iba a poder dar mucha lucha.

Debían de tomar un pequeño barco para arribar a la playa, lo cual le alegraba a Luthia, pues de esa manera no tendría que esperar cada 15 segundos a que el anciano retomara el paso.  Sabía bien, que el monologo no iba a parar, pero eso ya no le molestaba.
En cierta forma le daba simpatía el anciano, y como hablaba de personas más joven que él. Por lo que Luthia llegaba a escuchar, era de familia grande.

Luthia suspiro.

El anciano noto esto y se le ocurrió preguntar “Joven Luthia. ¿Hay algo que le moleste?”
Pero ella sólo movió la cabeza de un lado a otro.

“Le agradezco la preocupación, señor” Forzó una sonrisa “Pero no he de porque embarrarle mis pequeños problemas a una persona de su altura”
La reacción del viejo, sin embargo, fue inesperada, pues se soltó a reír a carcajadas.
Rio tanto que pronto comenzó a toser y ahogarse.

Luthia asustada, rápidamente le dio unos pequeños golpes en la espalda, tratando de ayudar a que éste pudiera respirar mejor.
El viejo rio un poco más, de manera más ligera esta vez para evitar perder el aire de nuevo.
“¡Boberias!” Dijo el mago finalmente “¿Embarrarme tus problemas? ¡Boberias!” Repitió “Pequeña, tú me has escuchado desde que salimos del gremio. ¿Qué acaso no te diste cuenta de que sólo yo hablaba y tú escuchabas? ¡Haz hecho a este viejo feliz con tan solo permitirme hablar hasta por los codos! ¿Acaso piensas que no voy a permitir que hables tú también?”
De repente el viejo acelero el paso de manera impresionante, dejando a Luthia un poco atrás “¡Pero vamos, ven! ¡Que nuestro barco nos espera!” Agitadamente movió sus manos, felizmente y obligando a Luthia a acelerar el paso.

A pesar de todo lo que había vivido en estos últimos días, Luthia no pudo evitar una pequeña sonrisa de pura felicidad.
Era inexplicable, pero ver al anciano actuar de esta manera le causo un poco de alegría.
Subio al barco, y se sento junto al anciano, que aun reia un poco. Su amable sonrisa le llego a contagiar a Luthia, ella regresando una sonrisa tambien.

---

El sol brillaba, el viento soplaba, y el mar era transparente y sus olas chocaban con el barco de manera agradable.
La ida en el navío no fue del todo como esperaba Luthia. Al principio se imaginaba que iba a ser unilateral la plática en donde el anciano contara más historias del pasado. Pero no. La única que hablo fue ella. Se dedicó en su mayoría a contarle al viejo su historia y de cómo había llegado al gremio. Y sin saber que la convenció para contar tal cosa, también incluyo la tragedia de su hogar, y la desventura de sus padres.

“… Y después mi hermana” Sentía un nudo en la garganta. “Lo siento…” Forzó una última sonrisa antes de que dos pequeñas lágrimas se le resbalaran de sus ojos.

“Calma, hija…” Decía el viejo mientras apoyaba su mano sobre el hombro de Luthia “Todo está bien. Saca todo lo que tengas que decir. No tienes por qué cargar el peso del mundo completo por ti sola”
Luthia se quedó callada, sólo con sollozos de vez en cuando. Realmente ella trataba de no mostrarse patética ante el viejo mago, pero su sonrisa muchas veces la obligaba a sentirse vulnerable y llorar de nuevo. Incluso se veía que el capitán del barco llego a sentirse sentimental al oir la historia de Luthia.

“Lo siento…” Volvió a repetir, mientras limpiaba lágrimas y moco de su cara.

Pronto llegaron a su destino, el barco soltó ancla y los dos navegantes bajaron. El capitán accedió a esperarlos, pues fueron convincentes en decir que no se tardarían mucho.
Luthia bajo primero, y dio mano al viejo para apoyarse y poder bajar de manera segura.
“Niña buena” dijo el, tomando su mano y bajando a la velocidad que sus piernas le permitían.

“El papel sólo decía que necesitaba muestras de algas y pequeños animales, ¿cierto? ¿Necesita algunos en especial, o esta bien que recolecte los primeros que vea?”
“Eso no importa ahora” Respondio el viejo mientras dejaba que sus pies tocaran las frescas olas
“D-Disculpe?”
“Eso no importa ahora” repitió “Dulce niña ¿Acaso tú crees que materiales tan sencillos de encontrar es la parte más importante de la misión que se te asigno?” El mago dio una de sus sonrisas tiernas.
Luthia se quedó ponderando un rato, sin dejar de observar al mago.
“Esta es una playa muy bella” Dijo el, mientras cerraba los ojos y abría los brazos para recibir los rayos del Sol. “Y es aún mejor cuando tienes a alguien con quien compartir tal belleza”

“Entonces…” Comenzó a hablar Luthia “¿Usted sólo quería que alguien lo acompañase?

“Mi niña” Dijo el anciano, echando una pequeña risilla “Aparte de bonita, es usted muy lista. Si si si. ¿Pues que no desde el principio dije que el sólo escucharme me había logrado poner muy contento?”
Luthia se quedó callada, caminando al lado del anciano

“La soledad es una enemiga terrible, y muy difícil de combatir. A este viejo le duele que a tan joven edad, niña mia, hayas sufrido tal tragedia en tu familia. Pero muchas veces la vida nos tira jugadas extrañas y duras a algunos de nosotros. ¿La razón? Imposible saber. Quizás hiciste algo malo en tu vida pasada. O quizás te lo merecías por haberle quitado un dulce a un bebe alguna vez. O sólo quizás porque eres lo suficientemente fuerte para enfrentar el reto. O aún más simple, los dioses se divierten con este tipo de cosas.” El viejo volteo a ver a Luthia quien se paraba a lado de él. “Sea cual sea la razón, joven Luthia, tu estas aquí, y estas viva. Ese mero regalo de existir te permite tener el poder de decidir qué es lo que vas a hacer con tu futuro tú.”

“Yo…” Pero no podía decir nada. El nudo en la garganta se hizo sentir de nuevo “Yo quiero ayudar a otros a evitar sentir esa soledad que conozco…”  

“Un pensamiento noble” Sonrió el viejo

Se quedaron los dos callados mientras sentían las brisas y el placentero Sol de esta playa. Las gaviotas hacían sonar sus ruidos. Se sentía paz.
Muchas cosas pasaban por la cabeza de Luthia en este momento.

“¡Pero bueno!” Interrumpio el viejo “Agarra cualquier cosa para que recibas tu bono y regresemos al Castillo. Ya te he hecho perder bastante tiempo con estos huesos viejos”

"No señor" Luthia rio "Al contrario. Le agradezco lo que ha compartido conmigo”
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Luthia Zul
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