Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» [Pasado] Como NO escapar de un calabozo [Talamaur]
Lun Mayo 22, 2017 10:01 pm por Mark.

» Delirios de Cazador [Starrk y Zhul'Urk][Pasado][Privado]
Mar Abr 04, 2017 7:28 pm por Starrk

» Cierre temporal
Mar Mar 21, 2017 12:30 am por Web Master

» Consulta Afiliación
Sáb Nov 12, 2016 3:30 pm por Alex

» ¡No os he olvidado...! pero por si acaso, ¿cómo te llamabas?
Lun Nov 07, 2016 4:48 pm por Alex

» Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]
Vie Nov 04, 2016 11:32 pm por Kraknar

» Construyendo el hogar (Pasado Alex, Isma y Starrk)
Jue Oct 27, 2016 4:50 am por Starrk

» Petición de objetos y materiales
Dom Oct 23, 2016 12:05 am por Alex

» Armería "El herrero tuerto"
Sáb Oct 22, 2016 11:58 pm por Alex




Fairy Tail Chronicles


Crear
foro

Elisabeth II.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Elisabeth II.

Mensaje por Dark S. Satou el Lun Oct 12, 2015 12:38 am

La verdad II

El viaje había sido exhausto, sin lugar a dudas. Una semana entre junglas e intensos combates contra bestias de pantanos y aves más grandes de lo normal. Pero había merecido la pena; estaba mucho más cerca de lograr su objetivo con Nyrbe. Sus ojos relucían en llamas vivas, llamas amatistas que no tenían intención ninguna de dejar de brillar. Golpeó varias veces a la puerta pero no halló respuesta alguna. Preocupado, agarró a colmillo de fuego y cortó su respiración para después introducirse por la puerta de atrás de la casa. Escuchó gemir a Elisabeth toscamente, dando a entender de que estaba sufriendo. No tardó más de cinco segundos en correr todo el pasillo y derribar la puerta del lavabo de una fuerte oleada de viento conjurada. Sus músculos dejaron de estar tensos y soltó una bocanada de aire, la que llevaba aguantando ese intenso momento para dar paso a una inspiración honda, de alivio. Sólo estaba vomitando.

-Eli, ¿te encuentras bien? -pronunció un todavía preocupado Dark.

-S-sí -tartamudeó, tapándose la boca-. No te preocupes. Algo me habrá sentado mal, quizás.

Dark no se extrañó en absoluto. Elisabeth a veces comía cada cosa más rara..., más de una vez la pilló comiendo mejunges raros o partes no muy comunes de animales.

-No había trampa alguna -le reprochó orgulloso-. No has tenido razón esta vez.

Por un instante le pareció ver aquella pequeña mueca melancólica que mostró su hermana antes de partir a las ruinas. Frunció el ceño y esperó respuesta por unos segundos, pero no obtuvo ninguna.

-Bueno -continuó-, lo único extraño que me encontré fue a una chica rubia que alegaba ser defensora del bosque y tuve que enfrentarme a ella. -Elisabeth mostró más interés ante la muchacha que citaba el príncipe; giró poco a poco el rostro y afirmó con la cabeza-. Ashley, se llamaba. Supondré que por ese rostro, la conoces.

-Sí, y sé que no has logrado matarla. ¿Te pica la sien, verdad? Por eso frunces el ceño.

Afirmó con un movimiento de cabeza. Elisabeth se dirigió hacia el mueble del lavabo mientras contaba atrás con los dedos. Cuando cerró el último, Dark cayó desplomado al suelo.

-A veces hay que hacer sacrificios. Nuestro rumbo se ha acabado. Hay algo que nos unirá y a la vez nos separará para siempre. Te advertí de que era una trampa. Aún así, fuiste, forzándonos a todos a colaborar. Y sé que estás haciéndote el desmayado y que ya habías tomado el antídoto. Adiós.

Lo último que notó fue cómo algo le atravesaba todo el pecho. Le había clavado un cuchillo, su propia hermana. Soltó una bocanada de sangre y perdió la consciencia al instante debido a la sustancia del filo.

Hielo abrasador II

Despertó, aquel olor a vainilla le invadió el olfato. Pero no era su tan querido olor a avellanas y lavanda. Abrió los ojos con dificultad y en cuanto vio la persona que le miraba, se erguió instantáneamente. El dolor de su pectoral izquierdo le obligó a caer tendido en la cama tras un gemido de dolor agudo.

-Te has salvado por unos centímetros -alegó una voz seria y directa. No era sutil y amable, ni mucho menos dulce-. No esperaba que Elisabeth te atacase. Suponía que morirías con el veneno que inhalaste.

-Y, adivino -le cortó con voz débil y adolorida-, que has venido a rematar el trabajo. ¿Me vas a torturar, quizás? Si no, no te habrías molestado en cortar la hemorragia y vendarme. Puedes golpearme en el pecho o en mis partes nobles. Ahí me dolerá más.

La muchacha sonrió y se apoyó en el cabezal de la silla. Se mantenía sentada con el asiento al revés y las piernas abiertas.

-Una bonita forma de agradecer que haya salvado tu vida, sin duda -respondió con cierto tono irónico-. Vengo a unirme a ti. ¿Sorprendido? ¿O te harás el duro demostrando tu ego latente?

Dark demostró con una pequeña mueca y un encogimiento de hombros que eran posibles las dos cosas a la vez.

-Parece ser que eres un hombre de gestos y no palabras -afirmó-, cosa la cual me decepciona profundamente.

Ashley levantó la mano conjurando unas estacas de hielo delante de la cara de Dark. Acto seguido, notó un calor molesto en la espalda. Las estacas de fuego estaban ahí de hace rato. Cuando bajó la mirada, observó la mano del príncipe levantada. Los carámbanos cayeron impactando contra el torso del joven. El hielo era molesto, y lo más increíble, era la sensación de quemazón. Un hielo abrasador, poéticamente hablando.

-Vale, tú ganas. Parece ser que siempre vas un paso por delante.

Con Elisabeth no había podido ir un paso por delante.

-Ignorando ese halago innecesario después de un segundo intento de asesinato, acepto. Tu primera orden es informarme sobre Elisabeth. ¿Qué sabes sobre ella?

-Nada que no sepas tú ya. ¿Tú eres su hermano, no? -Ashley se tomó su tiempo y observó las vendas en el pecho de Dark-. O no, ahora mismo no. Me dijo algo sobre que tenía que quitarte de en medio, pero que tuviese especial cuidado contigo, porque moriría al mínimo error. Y bueno, irónicamente, aquí estoy, salvándote la vida. Podría matarte ahora con una facilidad absoluta y acabar su encargo, pero tengo un código moral y atacar a un indefenso que no puede socorrerse entra en protección.

Que manera más patética de camuflar que ha perdido.

Ashley apartó los carámbanos del pecho del joven indispuesto y pasó su cálida mano, calentando poco a poco el desnudo pecho de Dark que sólo lo cubría una venda. Cuando llegó a la altura de su corazón hizo hincapié en acariciar lentamente esa zona. Él se limitaba a mirarla callado, sin saber qué decir pero dejándose "usar". Exhaló un suspiro pesado, lleno de dolor y restregó poco a poco su cara, echándose el pelo hacia atrás en una coleta alta. Dejó caer el mechón por encima de su hombro y volvió a mirar a la cazadora.

-Esa cicatriz, te recorre casi medio rostro... -Exclamó sorprendida. La cara que puso al ver la herida hizo sonreír a Dark ligeramente-. ¿Cómo te la hicieron?

Si le hubieran hecho esa pregunta un año atrás habría mentido, pero no necesitaba encubrir una verdad necesaria. Le explicó a la muchacha todo, aclarando el mal paso que dio en la nieve.

-No es la única cicatriz que tienes. Tienes más marcas por el cuerpo. ¿Tan joven y tan lleno de cicatrices? -Asintió con un ademán de cabeza-, ¿qué es lo que quieres jugarte?

-No quiero jugarme nada -respondió de mala gana-, simplemente, necesitábamos el dinero y me enfrenté a bestias más grandes que yo. Más ágiles. Más letales.

-Yo también lo he hecho y mírame, sin ninguna cicatriz. Si eso me he roto alguna que otra uña...

-Y a mí qué más me da lo que te hayas hecho o te hagas -exclamó cortándola de golpe-. No te he pedido tu historia. Tu me has pedido que te contase lo de la cicatrices y yo te he respondido. No quiero que intimes conmigo, porque yo no necesito hacerlo contigo. No sientas pena porque yo no la sentiré si fuera te hacen una cicatriz, diez o un millar. -Notó cómo presionó aún más la mano contra su pecho, llegando hasta el punto de una molestia aguda.

-Puedes parecer bravucón y cálido por fuera, pero esa chica ha dejado el mayor vacío, el mayor frío. Uno mayor que yo pueda hacerte pasar con mi magia elemental. Puedes tener heridas externas, que cerrarán como ya ves. Pero una herida en el corazón, en el alma, nunca sana.

Dark no pudo evitar soltar una carcajada. No creía en tonterías de esas, a pesar de que su propia madre intentó educarle de pequeño de esa forma. Sin embargo, el pecho le dolía. Pequeñas punzadas como con un sentimiento de seguridad. Necesitaba a Elisabeth. Necesitaba verla reír, peinarse el pelo mientras le advertía sobre el peligro. Sobre trampas. Desvió esos pensamientos y prosiguió con su charla.

-¿Alma, corazón? La única forma de herir un corazón es chamuscándolo, atravesándolo... Y moriría al instante. No siento dolor alguno por Elisabeth, puesto que no existe el dolor mental. Si crees que estás triste, enfadado o contento, son reacciones del cerebro. Si eres tan débil como para permitir que una cosa así te deprima, vamos muy mal. Estamos en un mundo en el que el peligro acecha a cada esquina. No gastaré mi tiempo lamentándome en algo que, realmente, no me importa. Elisabeth tendría sus razones para traicionarme. Era borde y seco con ella. Me aconsejaba y la ignoraba. Me hacía regalos y no se los devolvía. ¿Algo que nos une y a la vez nos separa? No sé ni sabré a qué se refiere. ¿Cuánta edad tiene realmente? ¿De verdad tiene mi edad, o ya tiene sus cientos de años como todos los elfos? Cuestiones que me traen sin cuidado. Los hechos son los hechos y ahí están.

-Cuestiones que te traen sin cuidado, pero que las formulas con un tono retórico. Que deseas que no deban ser contestadas pero a la vez deseas que ella sea la misma que te las conteste. Aquello que os une y a la vez os separa es...

-Basta -volvió a cortarla-. No me importa.

Se levantó de la cama con dificultad y anduvo hacia fuera, apoyándose en el marco de la entrada principal de la casa. Hizo un pequeño giro con los brazos y agarró los cinturones de colmillo de fuego y su otra espada de acero, colgándolas en su espalda como siempre hacía. Había notado magia alrededor, y no precisamente la de Ashley. Se agachó lentamente y tocó unas pisadas entre la hierba del recibidor, unas pisadas de oso. Las siguió lentamente con una bola de fuego pequeña en la mano que no dudaría en incrementar de tamaño si la gran bestia se postraba ante él a la esquina de la casa. Evidentemente, a la esquina le esperaba una bestia que no era un oso, pero sí compartía su tamaño. Dark dio un paso ágil hacia atrás y desenfundó la espada de acero.

-¿Un polimorfo o algo así? -Preguntó Dark, esperando respuesta.

Pero lo que recibió fue un intento de zarpazo que esquivó con una floritura ágil. Tiró la bola de fuego hacia los pies de la bestia y ésta le esquivó con un salto que la colocó aún más lejos de él. Cerró los ojos y agarró la espada con las dos manos, intentando olvidarse del dolor que le provocaba la herida de su pectoral. Hizo una ágil finta hacia delante y la espada silbó con el aire, para después provocar que él se desastibilizase. El arma había rebotado contra aquella, aquello, lo que fuera. Notó una mala sensación en los brazos, no era agradable chocar pegando con tal fuerza. Dejó caer contra el arma al suelo mientras agarraba a colmillo de fuego y la imbuía en un aura de viento cortante. Perdóname por usarla, Elisabeth, pensó mientras asistía un segundo tajo que la bestia esquivó por los pelos. Pelos que logró cortar. Comenzó a rodearla hasta la altura del bosque mientras con fuego en la mano izquierda intentaba asustarla. Pero no pudo prever el golpe que lo echó hacia atrás volando varios metros para después aterrizar con el costado. Tosió tras recuperar el aire por el impacto y se reincorporó con mucha dificultad. La bestia volvió a cargar, hasta su altura. Dark preparó el arma para cortarle la cabeza, contuvo la respiración, se echó un paso hacia delante cargando a su son. Pero algo la paró de golpe. La bestia había recibido una flecha en un ojo, provocando un gemido ensordecedor y una huida por su parte.

-No necesitaba ayuda -pronunció algo enfadado mientras disimulaba el dolor del costado-. No esperes que te lo agradezca.

-Ya lo sé. Empiezo a acostumbrarme a tu personalidad prepotente y ácida, así que prefiero hacer estos actos por humildad. Ahora, ¿me dejarás vendarte otra vez? La herida del pecho se te ha abierto otra vez.

El príncipe asintió encogiéndose de hombros y mirando a otro lado. Era un gesto extraño, pero Ashley logró descifrarlo rápidamente. Volvió a ser vendado y curado, esta vez añadiendo más vendas por el torso para fijar el costado izquierdo que tanto le dolía.

La suerte del lobo

-¡No! ¡De esa forma no! -Bramó una ofendida Ashley.

Dark suspiró pesadamente y soltó unos matojos de hierbas. Había accedido a ser entrenado por Ashley para que según ella: "no hayan más cicatrices en un cuerpo joven".

-Eres muy hábil con tu espada, sobretodo con la magia. ¿Sabes la ventaja que otorga usar conjuros en la caza? Hace ya antaño, había un grupo de élite que utilizaban conjuros para cazar. Eran muy hábiles gracias a unas mutaciones que otorgaron un entrenamiento de años y miles de elixires tomados. -Sacó un colgante-. Esta era su marca. Ya es muy viejo y dudo que quede alguien vivo, pero que tú y yo nos dediquemos a ésto usando la magia, significa...

-No pienso permitir que alguien sufra ni tome elixires ni tan ruines cosas. Realmente me da igual quien sufra -aclaró- pero si alguien debe salir a cazar ahí fuera, es con su propia fuerza. La magia es nuestra fuerza. No podemos usar la energía interior, puesto que carecemos de ésta. Algo tenemos que tener. La verdad es que preferiría tener un filo ultra cortante a... ésto...

Dark pasó la mano por la espada de acero, otorgándole un aura cortante de viento. Acercó levemente el arma sin tocar contra la hierba y todo lo verde fue cortado sin ningún movimiento. Se concentró y la volvió de fuego, quemando todo el follaje. Pisoteó los remansos de llamas que quedaban y sonrió a Ashley de forma ligera. Después tuvo que poner las manos en alto para agarrar algo que le tiraba. Le pinchó las manos pero ni se quejó ni puso ninguna mueca de dolor. Abrió las manos lentamente y vio al dragón. Comenzó a elevarlo poco a poco, viendo que era reluciente y no tenía nada de óxido para lo viejo que era.

-Es realmente interesante -pronunció el príncipe mientras lo observaba atentamente-, no tiene ninguna marca de sufrimiento a pesar de los años que tiene. Parece como algo...

-¿Inmortal? Bueno, se rompe como cualquier cosa. Pero a mí siempre me ha dado buena suerte y puesto que gracias a mi habilidad no lo necesito, quiero que lo portes tú.

-No te hacen daño porque les atacas a veinte metros de distancia -exclamó dirigiéndole una mirada seria. La mirada tras los días ya no era ácida, era más bien normal para él-. Lucha cuerpo a cuerpo como yo y veremos si logras salir sin daños.

La cazadora calló a Dark tras demostrarle durante tres días seguidos que salía sin daño alguno de las peleas. Lograba rastrear a las bestias o animales de la selva con los mínimos indicios: heces, pisadas e incluso el daño en según qué zonas. El joven aprendió por ejemplo, que si encontraba árboles altos marcados con zarpas debería andar con cuidado por la presencia de osos en la zona. También aprendió que si debía capturar a peces en un estanque, si tapaba todas las salidas el pez estaría acorralado y podría tomarse todo el tiempo del mundo para capturarlo. Llevaba ya dos semanas de entrenamiento intenso y aprendió más de un truco algo rudimentario para los métodos que él le gustaba usar.

Sin embargo, la prueba llegó. La prueba que demostraría que había aprendido algo y que no ignoraba a Ashley en sus enseñanzas. No le gustaba la idea de que le enseñasen, pero debía aprender para no depender de nadie. Después perfeccionaría la técnica que ella le habría enseñado y, quien sabe, tal vez incluso sería aún más fuerte. Dark partió en el alba con provisiones para unos días y su ropa típica de cazador, con un jubón cómodo y unos pantalones de cuero. No podía portar armadura o protecciones pesadas contra bestias, ya que le frenarían y no le servirían de nada contra placajes, por ejemplo. Pero al dar unos pasos, algo se acercó. Se giró mientras llevaba su mano al arma y hacía un movimiento ágil para parar a la altura del pecho de Ashley. Ella ni se inmutó; sabía que Dark pararía.

-Así que sigues mis consejos, ¿eh? Sobretodo el de concentrarte en tu alrededor. -Murmuró orgullosa.

-No sigo tus consejos, simplemente soy sensato. ¿Cómo voy a ir por un bosque, de noche por cierto, sin fijarme en nada?

-¿Tanto te cuesta ser agradecido? ¿De verdad? Me he tirado dos semanas enseñándote casi catorce horas diarias sobre la caza, sin pedirte nada. Tal vez me sentaría bien que pronunciases -Ashley comenzó a imitar el tono árido de Dark-: Gracias por enseñarme, Ashley. Gracias por el amuleto que me has dado.

-Gracias por enseñarme, Ashley. Gracias por el amuleto que me has dado. -Le contestó con una pequeña mueca sonriente. Se acercó a ella y se descolgó a Colmillo de Fuego, tendiéndosela entre aquellas frágiles manos-. Toma, Ashley. Dijiste que era trampa cazar con este arma, y te la otorgo para enseñarte que soy capaz de hacerlo con un arma normal. Ahora, adiós.

Y partió, dejando boquiabierta a Ashley. Ella le dejaba irse porque volvería sin ninguna cicatriz más. Se dirigió hacia la casa sonriendo sonrojada y la observó. Mientras tanto, Dark se sentía ligeramente aliviado. Sabía que volvería a casa y alguien le esperaría. No le recibiría con un: Dark, ¿ya estás aquí?. No le abrazaría con ímpetu ni envolvería su larga cabellera plateada con él. Pero por lo menos, alguien le esperaba. Alguien que confiaba en él. Tal vez a parte de Nyrbe y Tsuki, ella sería la tercera del exterior que realmente le caía bien. Pero no debía apresurarse con su juicio, su lema moral era no abrirse a nadie. Era su defensa, su caparazón impenetrable. Por lo menos desde que Elisabeth se fue; si ella no estaba, no estaría nadie más calentando su corazón. Ese hueco estaría siempre abierto para el día que volvieran a cruzar sus caminos, tardasen lo que tardasen. Dark sabía que si hubiese querido, Elisabeth le habría matado. Le había dejado vivir por aquel "hay algo que nos une y a la vez nos separa". Y algún día lo averiguaría. No lo preguntaría ni lo buscaría, pero lo averiguaría.

Demostrando capacidades

Una semana en lo más hondo del bosque le producía una sensación de asco impresionante. Se encontraba buscando un hombre-lobo famoso por ser más bestia que humano. Sin éxito por el momento, a pesar del entrenamiento que le había impuesto la cazadora. Tenía los sentidos concentrados entre el silencio y la falta de luz del lugar en el que se encontraba. Los cardenales e irritaciones del período de práctica le molestaban a cada paso que daba, pero eran soportables hasta cierto punto.

Tras darse cuenta de una piedra excepcionalmente rara que se encontraba en medio del camino de tierra, frenó en seco. Aquello no era algo de la propia natura; un pedazo de lana yacía encima de la roca. Dark mantuvo distancias y observó atentamente a su alrededor. Suspiró pesadamente y contó hasta tres, agachándose de forma violenta para esquivar un zarpazo. Vale, el entrenamiento si que me ha servido algo. Se dijo a sí mismo mientras echaba la mano para agarrar a Colmillo de Fuego. No estaba.

-Vale, razonemos. No siento ningún temor por ti, noble bestia. Si quieres luchar accederé encantado, pero deberías recordar cómo te esquivé la primera vez. Si lo hice sin verte ahora me será mucho más fácil. -Vaciló.

No lo fue. Cayó hacia atrás con el estómago ligeramente ensangrentado debido al zarpazo que soltó su enemigo. Llevó la mano a éste y mordió su labio con fuerza. El hombre-lobo le empujó con un placaje y al instante retrocedió. Dark miró lo que su contrincante temía. El colgante. No dudó en lanzarse en el momento de duda y rasgar todo el torso de su enemigo, provocándole una muerte instantánea. Suspiró y volvió con Ashley.

El entrenamiento

Dark había pasado por mucho, sin lugar a dudas. Aprender a ser un cazador le había costado un tiempo muy notable y, sobretodo, muchísima paciencia con Ashley. Había sido muy dura con él, levantándolo cada mañana nada más salir el sol e insistiéndole en que estudiase una pila de libros sobre los monstruos y ecosistemas de la zona. Estudiar los monstruos era fácil para una persona autodidacta como él, pero a la hora de la práctica costaba demasiado. Los huargos eran rápidos e iban en manada. Los osos eran difíciles de alcanzar y cortar debido a su peso y tamaño. Cada día volvía con magulladuras, cortes y heridas infectadas que Ashley iba tratando con vendas y con mucha paciencia. El príncipe no era especialmente hábil a la hora de rastrear o cazar, pero el entrenamiento le volvía hábil en todos los aspectos.

No era únicamente ver, oler o sentir. Era un paso más allá de todo: volverse uno con el entorno, prever los movimientos de los animales y bestias. Solo así lograría ser uno con el ecosistema. Empezó comportándose y alimentándose como un lobo, comportamientos obligatorios por parte de su instructora para entenderlos. Cazaba pequeñas alimañas y las comía tras pasarlas por fuego, horripilándose del sabor tan nefasto que tenían. Pero sabiendo la ubicación de aquellas pequeñas alimañas, también lograba conocer dónde se dirigían los lobos. El mismo patrón lo repitió durante una semana, observando de lejos a las criaturas del bosque y apuntando cada comportamiento y movimiento que hacían entre ellos. Algunos preferían el sigilo, otros se lanzaban en picado por su presa.

Pero el mayor problema era a la hora de lucharlos, por lo menos hasta que logró conocer trucos para camuflar su olor o pasos mucho más sigilosos, atento hacia cualquier rama o hoja que pudiera revelar su ubicación en base al sonido de sus pisadas. La cazadora cada vez le insistía más, le despertaba más pronto y le hacía comer peores cosas. Pero su estómago iba acostumbrándose y los malestares y sus muy malas aguas mayores iban adaptándose a todo lo que le rodeaba. Sabía que a los animales ágiles había que acorrarles mientras que a los más pesados se tenían que luchar con una especial atención, o intentar matarlos por la espalda.

Gracias a todo aquello, más las pruebas que Ashley le puso por en medio, Dark pudo llamarse a sí mismo cazador.

Peticiones:
-Un amuleto de un dragón con un rubí incrustado que según Ashley, da buena suerte.
-La profesión de cazador - acechador.
-Tras tanto entrenamiento de caza, Dark gana de forma pasiva sentidos superiores a los humanos: mejor vista, oído, tacto y olfato.


Última edición por Dark S. Satou el Jue Nov 05, 2015 11:54 am, editado 1 vez
avatar
Dark S. Satou
Fire Blood [Luchador]
Fire Blood [Luchador]

Mensajes : 236
Fecha de inscripción : 24/04/2014

Hoja de personaje
Nivel:
30/100  (30/100)
Experiencia:
30150/32000  (30150/32000)
Áureos Áureos: 68.660

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Elisabeth II.

Mensaje por Dark S. Satou el Dom Oct 25, 2015 7:29 pm

Historia acabada.
avatar
Dark S. Satou
Fire Blood [Luchador]
Fire Blood [Luchador]

Mensajes : 236
Fecha de inscripción : 24/04/2014

Hoja de personaje
Nivel:
30/100  (30/100)
Experiencia:
30150/32000  (30150/32000)
Áureos Áureos: 68.660

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Elisabeth II.

Mensaje por Alex el Jue Nov 05, 2015 3:06 pm

Consigues 3.733 puntos de experiencia y 5.599 áureos.
Consigues todo lo que has pedido.

_________________

Nombre:
Alex Harken

Clan:
Clan Harken

Gremio:
Fire Blood

Profesion:
Mercenario

Npc's acompañantes:
Sam
Ele

Ficha
Datos
avatar
Alex
Fire Blood [Campeón]
Fire Blood [Campeón]

Mensajes : 622
Fecha de inscripción : 17/02/2014

Hoja de personaje
Nivel:
45/100  (45/100)
Experiencia:
68946/70000  (68946/70000)
Áureos Áureos: 157.539

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Elisabeth II.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.