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Recuerdos de palabras dichas en algún momento que ha quedado en mí (Obteniendo Erudito Ilustrado)

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Recuerdos de palabras dichas en algún momento que ha quedado en mí (Obteniendo Erudito Ilustrado)

Mensaje por Alex el Vie Oct 16, 2015 2:22 am

“Todos los conocimientos de este mundo son importantes. Incluso la cosa más simple puede resultar vital. Y aquel que consigue muchos conocimientos es capaz de alcanzar metas con las que otros ni si quiera pueden soñar. Cree, hijo mío, cree y haz posible todo lo que te propongas. Pero no lo olvides nunca, todo lo que hagas, vivas y aprendas deja una huella en ti.”

Esas palabras fueron de gran importancia para Alex, pues fue una de las últimas cosas que su padre le dijo. Casi parecía una despedida, como si aquel hombre de verdad supiera lo que iba a ocurrir. Era un gran mago, muy poderoso, pero no adivino. Aunque sí que tenía mucha razón. Cada momento atesorado significa un conocimiento más y cada error, cada acierto, va formando lentamente el completo de lo que cada uno es. Incluso los momentos más terribles forman una parte muy importante. Y así fue para los hermanos Harken pues, aunque a veces desearían olvidarlo, siempre permanecerá en sus recuerdos las llamas que consumieron lo que más amaban.

Un fuego que no perdona y que acaba con todo aquello que encuentra a su paso. Así fue, así es aquel amargo recuerdo que a día de hoy sigue quemando en lo más interior de los hermanos Harken. Alex tenía miedo de dormir días, después de lo ocurrido, porque era incapaz de cerrar los ojos sin ver aquel edificio pasto de las llamas. No fue mucho mejor el funeral, ya que era una extensión de aquella terrible muerte. Una pira para la pareja mientras el fuego los volvía a consumir ya muertos como si no se hubiera saciado con ellos en vida. Pero las enseñanzas perduran y todo lo que aprendió de sus padres permanece en él.

Como aquellas veces en las que leía los libros de su padre casi sin entender lo que ponía. “Genealogía de las polillas” era uno de los que más detestaba. No tenía sentido alguno y era muy aburrido, pero su padre lo sorprendió más de una vez leyéndolo a escondidas. Jamás lo confesó por vergüenza a que lo consideraran un estúpido, pero él quería ser tan listo como el gran hombre que lo engendró. La pequeña biblioteca que tenían en su casa ya no ocultaba secretos para un pequeño Alex que disfrutaba con las novelas de fantasía y se asqueaba con las de romance. Pero, quizás, uno de los momentos más importantes para él fue el día en que su madre le instó a pedir ayuda para estudiar.

Nunca le habían gustado los estudios, pero todo era diferente si era Adam, su padre, el que lo enseñaba. Fue con él que aprendió a leer y con él fue también cuando leyó su primer libro. Gracias a eso podía decir ahora que había leído una gran cantidad de ellos. Aunque también podía calcular que hacía más de cien libros que no veía a aquellos que le dieron la vida. Hubo un tiempo en el que se juró que jamás volvería a leer. También dejó de hacer otras cosas, pero esa tuvo mucha repercusión ya que era lo que más hacía con su padre y era una parte muy importante de su vida. Pero cuando él se marchó aquel mundo dejó de ser hermoso para él. Y ahora sonreí leyendo un libro de su infancia. Era terriblemente aburrido y el escritor no sabía cómo atraer a los lectores ni cómo explicar bien lo que quería exponer. No estaba seguro de por qué lo habían publicado, pero allí estaba leyéndolo.

-¿Qué estás leyendo?- Preguntó Ele observando a un tranquilo y concentrado Alex.

-Genealogía de las polilla- Respondió al instante.

Sonrió con melancolía y cerró el libro por un momento. La vista de aquella hermosa elfa siempre lo reconfortaba incluso en los momentos más duros. Tuvo ganas de abrazarla, pero se contuvo para no parecer estúpido. Aunque nunca era una estupidez mostrar afecto.

-¿Es un buen libro?- Preguntó.

-No, es nefasto- Contestó echándose a reír.

-Ojalá yo pudiere leer como tú. Estar sentada y olvidarme de todo sumergiéndome en un mundo lleno de fantasía- Dijo más para ella misma que para su acompañante.

Alex sabía muy bien que ella no sabía leer, pero nunca se había atrevido a enseñarle. No se consideraba un buen profesor y no quería que ella se sintiera avergonzada.

-No como yo. Yo no me olvido de todo, princesa, a ti siempre te tengo en mis pensamientos. Y no necesito sumergirme en ningún mundo de fantasía cuando todo lo que deseo lo tengo ya- Le confesó.

Se levantó y estiró la mano para alcanzarla. Luego tiró de ella y volvió a sentarse posándola sobre él y arrojando el libro al suelo.

-Yo puedo intentar enseñarte a leer. Si tú quieres- Le indicó.

-¿Lo harías?- Lo interrogó con una mirada curiosa y alegre como la de un niño pequeño.

Claro que lo haría, haría cualquier cosa por ella. Y, aunque no fue nada fácil, se convirtió en profesor y empezó la enseñanza de Ele como Adam lo hubo hecho con él en el pasado. Como aquellas veces en las que leía “Cuentos de mil y un amanecer”. La historia de un príncipe que se veía obligado a contar mil y un cuentos para distraer a un malvado invasor que amenazaba con tomar su reino. Mientras le contaba los cuentos el invasor no podía atacar por miedo a no saber el final de las historias y el día del último cuento el príncipe había reunido a su ejército y expulsó al malvado. Sin embargo, no empezó con los mismos libros que Ele empezaría, ya que ahora había muchos mejores para ese fin.

Tampoco leerían los que él estaba acostumbrado a leer, ya que los tecnicismos y la dificultad que tenían no eran aptos para un aprendizaje. Si algo sacó de aquel tiempo como profesor, fue un mayor amor por los libros. La chica despertó en él algo que había muerto junto a sus padres, una afición por la lectura que creía perdida para siempre. Desde aquel día recuperó la costumbre de aprender con enciclopedias y diccionarios. Incluso investigó sobre viejas civilizaciones y poblaciones o sobre los dioses que habían creado Dyscordia.

Siempre disfrutaba aprendiendo y recordaba todos y cada uno de los libros didácticos que había leído. En gran parte gracias a que su madre lo instaba continuamente a ejercitar su memoria. Siempre que leía algo nuevo le pedía un resumen sobre la lectura y eran pocos los días en los que no hicieran juegos en los que necesitara memorizar. Y no se arrepentía, ahora podía recordar todos los momentos de su vida con mayor nitidez que otras personas. Y, aunque difícil, podía ver la cara de sus padres si se lo proponía cada vez que cerraba los ojos. Era algo mágico volver a verlos como si estuvieran allí. Aunque también doloroso.

-Ya he terminado- Dijo la chica.

-¿Qué? Oh, sí, pasemos a la siguiente hoja- Respondió él.

Por un momento ella se extrañó. ¿Tan ausente había estado Alex? Tanto y más.

-Ya he terminado… el libro. No me has prestado atención, ¿verdad?- Preguntó inflando los mofletes.

-No, lo siento, estaba recordando viejos tiempos- Se disculpó.

Se acercó a ella y la besó en los labios con ternura. Aunque eso no redujo del todo su enfado. Pero tenía una técnica milenaria que siempre funcionaba. Las cosquillas. Jugueteó con sus dedos en los costados de la muchacha y la hizo reír sin control hasta que recibió, como “recompensa” un codazo en la nariz y una hemorragia que Sam se vio obligada a detener. Una vez curado y con su lívido de nuevo en un nivel normal, descartó la idea de volver a hacer cosquillas y siguió con el aprendizaje de su amante y pupila. Recordaba un libro que solía leer cuando le costaba entender la diferencia entre algunas palabras. “George el poco curioso”, pero fue incapaz de encontrarlo por mucho que lo buscó y se vio obligado a encontrar otro modo de enseñárselo.

Ele era buena alumna. Le ponía muchas ganas y esfuerzo y aprendía rápido. Casi le recordaba a él cuando intentaba emular a su abuelo en el arte de la forja. Al menos hasta que lo convirtieron en un castigo y dejó de gustarle. También podía asemejarse a sus primeros momentos de entrenamiento con la espada, que fueron bastante desastrosos pero fructíferos al cabo de un tiempo gracias a su dedicación. Y, tal y como hicieron con él, decidió darle unas pequeñas vacaciones a su amada. Nunca era bueno aprender demasiado de forma rápida pues saturar el cerebro no era buena idea.

Decidió dar un paseo romántico y tranquilo con ella. Esperó al anochecer y preparó la cena, con mucha ayuda de Sam, y la guardó en una cesta. Vendó los ojos de la elfa y se la llevó por los bosques. Tuvieron más de un tropiezo y se vio obligado a destaparle los ojos para que viera el camino. Cuando llegaron al lugar la hermosa vista hizo que la chica se deleitara. Él también habría disfrutado de las brillantes estrellas y la Luna que acariciaba con su luz a los dos enamorados, pero ya estaba observando lo más bello que había en todo el paisaje. Para cuando ella se dio cuenta de que la estaba mirando ya llevaba varios minutos siendo admirada.

Ella, con una sonrisa inocente, lo empujó haciendo que cayera de espaldas sobre la suave y algo húmeda hierba. Se recostó sobre él y lo miró con los mismos ojos que el hombre había tenido segundos antes. Pero como en la vida de un Harken nada era fácil, una voz ronca y desagradable los interrumpió.

-¡La bolsa o la vida!- Gritó el hombre que había roto el romántico momento de la pareja.

¿De verdad? ¿La bolsa o la vida? ¿Quién intentaba robar a alguien de esa forma tan obsoleta y poco imaginativa? Pero eso no quitaba tensión al momento, los estaban asaltando y era peligroso. Alex no había previsto algo así por lo que no llevaba armas. El asaltante, en cambio, estaba provisto de una daga que parecía decir “ven, ven, quiero hacerte una caricia… en las entrañas” El mercenario se levantó y se posicionó entre el criminal y su amada como un galante caballero de los libros que había leído durante su infancia. Su rival, fiero cual dragón, no tardó en lanzar una estocada que él esquivó grácilmente. Podría desarmarlo, romperle la muñeca, doblarle el brazo y finalmente reducirlo. También podría encajarle un golpe en la boca del estómago y golpearlo en la nuca. O, incluso, trabajarle la cara hasta que suplicara misericordia.

Nadie pondría en peligro a su amada. Tantas eran las posibilidades que no se decantaba por ninguna. Y mientras combatía esquivando y encajando algunos ataques, una bola de fuego impactó en la cara del adusto hombre haciéndolo retroceder unos pasos para caer de espalda al resbalarse con una hierba congelada. Alex no era capaz de hacer eso así que… solo podía tratarse de Elenaril. Se marcharon del lugar alejándose lo suficiente como para no volver a encontrar problemas. No tenían cuerdas para atar a aquel asaltante ni podían cargar con él. Mientras andaban de camino a casa, ella se detuvo y lo miró.

-Te he salvado la vida, pero no hace falta que me lo agradezcas- Le dijo de forma burlona.

-¿Ah, no? Creo que te lo voy a agradecer de una forma muy especial- Le respondió él.

Aquella forma especial era una de sus favoritas y sabía que era una muy buena manera de agradecerle algo. La elevó en sus brazos y ella lo apartó cuando trató de besarla. ¿Estaba jugando con él? Si esas tenían, él era un gran jugador y se le podían ocurrir muchas cosas para animar el momento. Ella se deshizo del agarre.

-He traído algo que podría ser divertido para ambos- Le confesó.

¿Algo divertido para ambos? Aquellas palabras eran muy buenas, podían significar muchas cosas pero todas positivas. Al menos eso creyó el hombre hasta que la chica sacó un libro de la pequeña bolsa que portaba. Sin duda, divertido era. Y en cantidades desorbitantes. Pero solo para ella.

-Me gustaría que me lo leyeras- Le dijo con una elegante sonrisa.

Alex la miro seriamente y no pudo evitar echarse a reír a carcajadas como pocas veces lo había hecho. Que escogiera ese libro significaba que lo había hecho solo por molestarlo y eso lo hacía aún más divertido. Sin duda había cumplido con su objetivo, había traído algo divertido para ambos. La volvió a elevar en brazos con una mirada pícara y la besó, esta vez sin interrupciones. Pero al terminar el beso ella volvió a liberarse y empezó a hacerle cosquillas soltando, para ello, el libro que había enseñado. Este cayó al suelo boca arriba mostrando una rugosa y marronácea portada en la que se podía ver en letras grandes “Genealogía de las polillas”.

Peticiones:
-Profesión de Erudito Ilustrado.
-Memoria eidética leve entrenada por Alex durante su infancia.

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Re: Recuerdos de palabras dichas en algún momento que ha quedado en mí (Obteniendo Erudito Ilustrado)

Mensaje por Dark S. Satou el Sáb Oct 17, 2015 12:57 am

Bonita historia, sin lugar a dudas. No he logrado ver ningún error excepto un punto que te has dejado después de unas comillas. Ha sido entretenido leer cómo Alex entrenaba a Ele y lo bien que se llevan. Sin duda una buena pareja. Recibes todo y:

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