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El fantasma del dolor - Capítulo 1.

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El fantasma del dolor - Capítulo 1.

Mensaje por Nyrbe el Vie Oct 30, 2015 3:22 am

Capítulo 1





Se desvanece un nuevo amanecer






Hoy se cumplía un año desde que vinimos a vivir a Fergor.

Todavía recuerdo el día en que vinimos, a mí no me entusiasmaba la idea precisamente, la pérdida de mamá y de Dark fueron golpes duros, a pesar de que papá intentó todo lo que estuvo en su mano. No necesitaba fingir, echaba mucho de menos a mi madre incluso con nuestro padre esforzándose por darnos siempre lo mejor y aceptando trabajos horribles para que pudieramos comer cada día. Tsuki era muy pequeña, pero yo había estado 7 años con mi madre, esto era un sucedáneo, yo quería que esas tardes en familia en nuestra pradera volvieran, los días en que mamá jugaba con nosotros hasta el anochecer cuando papá llegaba del trabajo.

Me encontraba sentado en el sofá , Tsuki en el otro extremo leía un libro de cuentos que le prestaron de la biblioteca, habíamos acabado de llegar del colegio (último día por fin) y estábamos en el salón de casa esperando a que papá nos hiciera la comida.

Seguí con mis pensamientos, mañana comenzaban las vacaciones de verano y yo no tenía ningún tipo de planes con los que llenarlo, realmente no tenía ilusión por salir a la calle y jugar con los otros niños, no hice ningún amigo este curso y exceptuando la literatura nada más me interesaba.

-¡Berny, berny!- La voz de Tsuki gritaba. -Tienes que leerte este cuento ¡Tiene un final muy bonito!-

-Ehm? Sí, claro..- Respondí sin prestar demasiada atención.

Mi hermana por lo general era demasiado pesada, nunca me dejaba en paz, siempre quería jugar o hacer lo que ella quería, cuando ella quería, aunque hoy al estar distraída con sus historietas podía descansar un rato, menudo verano me esperaba.

-¿Cómo que "Sí, claro"? Ni has escuchado lo que he dicho!-

Tsuki fruncia el ceño e hinchaba los mofletes mirándome fijamente.

-Eres un mal hermano.., no te importan mis cuentos.- Dijo con voz medio llorosa.

-Tsuki, yo ya leí todo eso a tu edad, ya soy mayor y no me interesan esas tonterías.- Aclaré.

-¡No son tonterías!- Ya tenía una carga de lágrimas a punto de estallar en el parpado inferior.

-Bah, déjame en paz.- Dije sin saber que mi frase actuaría de detonante.

De repente Tsuki empezó a llorar como una niña mal criada y comenzó a repetir "mal hermano" como si fuera un loro y entre lágrimas. Al poco rato llegó papá al comedor con dos platos, uno en cada mano.

-¿Pero qué es lo que pasa aquí? ¿Es que no se os puede dejar solos nunca?- Preguntó con expresión de enfado, una actitud autoritaria y sirviendo los platos encima de la mesa que estaba delante de nosotros.

-Es que, le digo algo y no me hace caso, pasa de mí.- Tsuki interrumpió su llanto para decir esas palabras.

-Pero bueno, hija mía, tampoco puedes obligar a la gente a hacer lo que quieres y menos si te pones a llorar- La expresión de enfado de papá prosiguió.

-¿Lo ves?- Dije dirigiéndome a Tsuki en un vano intento de que entrara en razón.

-Y tú también, es tu hermana, sólo tiene 6 años y es normal que quiera compartir contigo lo que le gusta.- Papá también se cebó conmigo.

-Y ahora, pediros perdón. Los buenos hermanos se piden perdón.-

Eso agravó mi enfado.

El llanto de Tsuki pasó a ser cortos gimoteos y unos ojos rojos donde antes habían lágrimas y pareció empezar a comprenderlo.

-P..Perdón.....- Dijo con dificultad, se sonó la nariz con una servilleta y me miró fijamente.

Tenía una mirada tan triste y sincera, que ablandó mi corazón.

-Lo siento, hermana...-

-No pasa nada, hermanito...-

La cara de papá cambió drasticamente a una sonrisa de satisfacción.

-Venga niños a comer que hoy la he podido hacer rápido.-

Tsuki y yo comenzamos a comer, eran spaghetti's , la comida que mejor le salía a nuestro padre y una de mis favoritas, mientras devorábamos como posesos, papá trajo su plato, se sentó con nosotros y nos acompañó.

-Bueno, contadme, ¿Cómo creeis que irán las notas?- Nos preguntó.

Lo miré de reojo y respondí sin rodeos:

-Yo he aprobado todo.-

Tsuki estaba demasiado entusiasmada comiendo y no contestó hasta que papá insistió.

-Hey, pequeñaja,¿Y tú qué?-

-¿Eh?-

-Las notas, que cómo te han ido.-

-¡¡Aaah!! ¡Muy bien, papi, todo aprobado!- Mientras decía eso, soltó el tenedor, estiró el brazo y formó una V con sus dedos índice y corazón.

-Me alegro mucho, no tendréis cargas para el verano, que por cierto ¿Qué os gustaría hacer?-

-En mi clase los demás dicen que sus papás los llevarán de vacaciones fuera de Fergor.  Pero a mí eso me parece un rollo, ¡Yo quiero aprender magia este verano!-  Tsuki parecía muy decidida.

Mi padre sonrió ligeramente y después concentró su mirada en mí, indirectamente esperando mi respuesta.

-Yo... Me gustaría que siguieramos practicando el Hayaku..- Respondí finalmente.

Era cierto, desde que nos mudamos, papá y yo no habíamos practicado con la espada, bueno, la katana.

-Bueno... Hijo, ya lo sabes... me gustaría seguir enseñándote, pero tendría que ser en casa... Si ya intento evitar salir de casa con la katana, imaginate si me vieran enseñándote un arte tan extraño de cómo blandirla- Explicó con gran pesar.

-Soy un fugitivo para Norin y aunque sea una pequeña nación, no sé de qué serían capaces con tal de capturarme.- Añadió.

Mi expresión y mirada de decepción se intensificaron, pues aunque parcialmente comprendía la situación, no quería quedarme estancado.

-Haremos sitio en casa, quitaremos los muebles de alguna habitación y será nuestro lugar de entrenamiento. ¿De acuerdo?-

Eso hizo que mis ilusiones florecieran de nuevo. Por fin iba a retomar el estilo Hayaku...

-Y en cuanto a ti.- Continuaba -Te apuntaremos al gremio de magos del barrio alto para que puedas aprender magia.-

-¡¡Síii!! Podré hacer magia, podré hacer magia.- Tsuki se dejó llevar tanto por la emoción que tiró el tenedor y manchó el suelo de salsa de tomate.

Después de una pequeña regañina, papá trajo los postres, nos los tomamos y seguimos charlando un poco más los tres juntos.

Pasado un rato, papá rectificó su postura en el sofá y nos comentó algo.

-Esta tarde tengo que salir un momento, a lo mejor me sale un trabajo extra para el verano y tengo que hablarlo.- Nos miró al terminar la frase. -Berny, hijo ¿Por qué no vais al parque esta tarde?-

¿Al parque? No tenía ganas en absoluto de ir, prefería quedarme en casa y leer el cuento de Tsuki treinta veces.

-¡¡Síi, vayamos al parque, a lo mejor están mis amigas!!-

Ya me tocaba tocarla al parque, siempre hacía lo que quería y dado este punto la discusión estaba perdida, así que no tenía otra opción.

El parque estaba a unos diez minutos de casa,  en la zona norte de Fergor, era un lugar amplio donde los niños de clase baja y media solían reunirse, pasaban un rato agradable entre ellos y hacían todo tipo de juegos. Al final del todo tenía un barranco con una caída de unos seis metros, la cuesta hacia el fondo era casi del todo empinada y los niños no se acercaban por ahí, seguramente advertidos por sus padres.

Cuando papá se marchó y nos quedamos solos en casa, Tsuki no dejó de insistir en que fueramos al parque, así que para no oírla más le dije que se preparase. Cuando estuvo lista salimos y eché la llave, comenzamos el paseo hasta el parque y en unos amenos diez minutos estuvimos allí.

Estaba lleno de niños de todas las edades, jugando a todo tipo de juegos. Nada más pisamos el parque Tsuki reconoció a un par de compañeras de clase y en cuanto las vio se olvidó de mí corriendo tras ellas. Me senté en un banco de piedra cercano para vigilarla y estar tranquilo a la vez, los siguientes bancos estaban ocupados por los respectivos padres y/o familiares que seguramente harían lo mismo que yo.

El tiempo pasaba y se reflejaba en el cielo, ya estaba de un color anaranjado así que deberían ser ya las siete de la tarde, las madres de los más pequeños comenzaban a irse. Poco a poco empezó a entrarme el sueño, luchaba por mantenerme despierto pero las condiciones no ayudaban: El cálido ambiente, las bonitas vistas y un coro de risas infantiles de fondo facilitaban mi inevitable siesta en el banco... Cerré los ojos y comencé a soñar.

Cuando volví a abrir los ojos ya había anochecido. No había ningún niño y tampoco rastro de Tsuki por el parque principal.... Me levanté del banco asustado y comencé a mirar a mi alrededor desesperadamente para encontrarla, no había padres, absolutamente nadie... Excepto...

En uno de mis bruscos vaivenes de pupila conseguí distinguir la figura de un grupo de niños al fondo, justo donde se hallaba el límite, justo donde el acantilado estaba. Corrí tan rápido como las piernas me permitieron para comprobar si por casualidad Tsuki era uno de ellos, o al menos, esa era mi esperanza. Una vez estuve cerca ya pude distinguir la identidad de algunos crios, evidentemente, Tsuki entre ellos.

El más alto de todos era un chico llamado Arthur, iba a mi clase y por lo general era uno de los más simpáticos y risueños de toda la clase, un chiquillo bien educado y de buenos modales. Había cuatro niños más, dos de ellos iban a la clase de Tsuki y los dos restantes no los había visto nunca en mi vida.

Nada más notar mi presencia, de golpe y repente Arthur me gritó de una manera muy desagradable:

¡Sajerasu!... Aléjate, si no quieres que la tiremos al acantilado. ¡Vamos!- Y mientras se volvía loco voceando, agarró a Tsuki de la cintura y la acercó al precipicio.

Tsuki estaba sollozando, su mirada sólo expresaba pánico, el más puro y básico pánico que un niño puede demostrar.

-¿Pero qué haces? ¡Déjala en paz, hijo de puta! ¡Deja a mi hermana!- Le grité lleno de ira.

-Resulta que tu hermana le ha pegado una pedrada en el ojo a mi hermano- Explicó señalándo a uno de los chicos que yo no conocía: Tenía el ojo rojo y con restos de sangre.

-¡Eso es mentira!.... Fue Susan...-Aclaró Tsuki a punto de romper a llorar.

La escena era horrible, además de la situación el clima pareció haber decidido acompañar los eventos: Estaba nublado y el aire se volvía muy violento.

Poco a poco, paso a paso, me fui acercando al grupo de chicos.

-¡Te lo advierto, no te acerques más!- Volvió a gritar al darse cuenta de mis movimientos.

No sabía qué hacer, no me veía preparado para resolver esa situación... De verdad quería salvar a mi hermana, de verdad quería protegerla... Maldito Arthur, nunca fue lo que aparentó ser, quise tumbarlo en el suelo y darle puñetazos durante horas.

Una sonrisa de maldad se dibujó en su cara y con un pequeño esfuerzo lanzó a Tsuki hacia el vacío...
A partir de ahí, todo pasó muy deprisa: Corrí hacia la punta de ese precipicio, empujando a los niños que obstruían mi camino incluyendo a Arthur y sin pensarmelo salté para cogerla.

Pude lograr tal maniobra en medio del aire e instintivamente pude agarrarme al saliente con el brazo libre y como resultado no fuimos victímas de la gran caída, pero otro problema surgía: No podía aguantar mucho más colgado, mi delgado brazo aguantando mi peso y el de Tsuki no daba abasto.

Finalmente lo tenía asumido, íbamos a caer y aunque hacía esfuerzos titánicos por mantener mi mano agarrada a ese borde de piedra no había posibilidad, nadie nos iba a ayudar y menos aquella panda de niños cabrones.
Mis ojos se desvanecieron y sufrí un desmayo, olvidando todo lo que pasó a partir de ese momento.







<< No podemos permitirlo >>..








Desperté de un sobresalto.




Cuando me rasqué los ojos para ver claramente, Tsuki estaba en su cama durmiendo placidamente: Compartíamos habitación.


Cuando empecé a estar más consciente me percaté de que ya era de noche, las ventanas estaban cerradas y las lámparas apagadas. ¿Papá estaba en casa?

¿Qué había pasado? ¿Los niños nos salvaron al final?..

¿Cómo habíamos llegado aquí?


Las dudas impidieron que volviera a dormir, toda la noche la desperdicié dándole vueltas al asunto. Al despertar sentí un gran alivio, ver a mi hermana sana y salva, nuestra familia podría haberse destrozado aún más si lo peor hubiera ocurrido, un escalofrío recorrió mi piel.

Cuando me di cuenta el sol estaba empezando a salir.

Y entonces, en mucho tiempo, me importó lo que pudiera pasar de ahí en adelante, pude sentir que algo importaba, una especie de miedo hacia el destino, por lo que pudiera traerme, con lo que pudiera castigarme: otro cambio de estilo, otro cambio de escena. Tenía claro que la felicidad de nuestra familia, era que siguieramos pudiendo ver siempre, un nuevo amanecer.

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Re: El fantasma del dolor - Capítulo 1.

Mensaje por Alex el Dom Nov 08, 2015 12:40 am

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