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Fairy Tail Chronicles


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Mi nombre es Elénaril - Parte 2

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Mi nombre es Elénaril - Parte 2

Mensaje por Alex el Mar Nov 03, 2015 12:38 am

-¡Atrapadlos, no pueden estar lejos!- Gritaba una voz.

El rugido del viento entre los árboles se veía interrumpido por los feroces ladridos de tantos perros de caza como el enemigo portaba con ellos. En eso se habían convertido Alex y Elénaril, en presas. Pero el mercenario no era un objetivo sencillo. Había posicionado trampas estratégicas por el bosque y había camuflado su olor y el de su compañera con barro. Aunque no era suficiente. Poco a poco les daban alcance. Quizás tuvieran caballos, eso explicaría por qué eran tan rápidos. La única solución a ello era ocultarse en una zona más frondosa, sin embargo eso solo se convertiría en una espada de doble filo pues acabarían perdidos y tardarían demasiado en retomar el camino.

Como si todo aquello fuera insuficiente, se les acababan las provisiones y Alex no podía cazar ya que no podía comprobar las trampas con tantos hombres merodeando a su alrededor. Solo quedaba una opción. La elfa no conocería el lugar y no sabría cómo escapar, aunque si él le indicaba levemente quizás tuviera alguna oportunidad.

-Si sigues en línea recta alcanzarás un pueblo. No te detengas allí más de unas horas. Lo justo para tomar provisiones y seguir el camino. Allí pide indicaciones y marcha hasta el Oeste para llegar a una ciudad en la que podrás esconderte. Tengo algunos áureos que te servirán de ayuda. Yo los distraeré mientras huyes y no te preocupes, no pueden acabar conmigo- Le dijo con una sonrisa.

Sus intenciones eran las mejores y no solía mentir, pero esta vez sí que dijo una mentira piadosa. No estaba tan seguro de salir indemne, eran demasiados hombres y aun cuando lo consiguiera podría ser culpado de atacar al ejército personal de un noble. Un dolor en la mejilla interrumpió sus pensamientos. Ele le había propinado una bofetada. La cara de la mujer reflejaba tristeza, angustia y culpabilidad mientras las lágrimas recorrían un rostro sucio por el hollín, el fango, y días de incesante trabajo. Ales no pudo reaccionar en aquel momento, no entendía el porqué de aquel golpe. Solo quería ayudarla y se lo agradecía así…

-Todo esto ha sido mi culpa. De no ser por mí no tendrías que estar huyendo. Si alguien debe marcharse eres tú. Yo sí que puedo entretenerlos lo suficiente como para que te marches. Pero no puedo permitir que te sacrifiques, no después de todo lo que has hecho sin saber nada sobre mí- Le respondió entre sollozos.

Sencillamente perfecta. Aun con toda la suciedad y las amargas lágrimas, Alex supo que ella era su alma gemela. Sentía una unión, un lazo irrompible de los que se forjan en las más bellas historias. La sentía cerca y terriblemente lejos. Tangible pero intocable. Un hermoso castillo hecho de cristal. Así era Ele, una obra de arte bella y frágil que lo había enloquecido. Tantas veces había creído sentir eso que su confusión había sido enorme durante toda su vida. Pero ahora lo tenía claro, estaba más seguro que nunca. Era ella, ella o ninguna. No iba a permitir que nada le ocurriera pues se había convertido en su caballero, su escudo, su protector… igual que ella se había convertido en todo para él en tan poco tiempo que parecía imposible pero que se sentía como una vida entera.

-¡Aquí están!- Gritó un soldado que salía de la maleza.

Tras él llegaron más hombres y comenzaron a rodearlos. Ahora sí que no había escapatoria, ninguno de ellos podría huir y Alex sería incapaz de distraerlos lo suficiente como para que ella escapara. Aunque quizás pudiera abrir algún camino si atacaba con fuerza. Pero sería demasiad peligroso para ella pues podrían lanzarle un ataque mientras corría. Maldición, ¿cómo habían llegado a aquella situación? ¿Tan inútil era él? No servía ni para huir y esperaba recuperar el nombre y el honor de su familia. ¿Cómo podía esperar nada tal fracasado?

-Si lo dejáis marchar puedo compensaros de muchas formas- Les suplicó acercándose a ellos.

Antes de que avanzara más Alex se posicionó frente a ella y lo impidió.

-Nos vas a compensar cuando él muera quieras o no. Pero no vamos a dejarlo escapar- Le contestó el hombre que los había descubierto.

La desesperación iba a más, aquellos soldados se acercaban y eran más de una decena. No sería la primera vez que Alex se enfrentaba a tantos hombres, pero estaban demasiado bien armados y protegidos, no eran simples bandidos con ropas de piel y armas endebles. Era soldados en condiciones financiados por un rico noble. Finalmente estalló cuando una mano se acercó a Elénaril. En su cabeza resonaba la promesa que le hizo a su abuelo. Jamás usaría la Energía Interior. Lo prometió, le aseguró a su abuelo que lo cumpliría y que no la usaría jamás.

“Yo siempre cumplo mis promesas. Mi palabra, mi honor, mis principios… son superiores a mí, algo que jamás he de traicionar. Pero hay ocasiones en las que incluso yo debo romper una promesa”

-¡No vas a tocarla!- Gritó con furia.

De él comenzó a surgir una energía rojiza que cubrió todo su cuerpo hasta empañar también su espada. Los hombres retrocedieron asustados mientras él cortaba la atrevida mano que se había acercado a ellos. La armadura de hierro no ofreció demasiada resistencia y cedió ante el inmenso poder que Alex estaba exteriorizando en aquel momento. Los hombres siguieron retrocediendo, algunos incluso caían de espaldas y volvían a levantarse. Alex había ganado algo de terreno por el momento, aunque no era suficiente. La tensión podía palparse en el ambiente hasta el punto de que casi podía cortarse con aquella misma espada. Los segundos que pasaron hasta que todos reaccionaron fueron casi eternos. Un epitafio de un momento que moría y dejaba paso a uno nuevo que llegaba con miedo.

Alguien dio paso al enfrentamiento. Aguerridos, aunque amedrentados, los soldados iniciaron el ataque. Podría haber sido como en aquellas historias en las que el príncipe se enfrentaba a cien guerreros y los derrotaba uno a uno, pero este era el mundo real. Alex se vio, en un instante, rodeado por cinco hombres que se arrojaban hacia él. No podía retroceder porque Ele se encontraba tras él, y no podía avanzar porque delante estaba el enemigo. Hizo lo único que podía hacer en aquel momento. Blandió su espada y sesgó el aire tajando de esa forma al primero de los rivales. El resto recibió un corte más leve y reculo. Volvieron a abalanzarse pero, esta vez, la duda los hizo atacar de forma descoordinada y con desorden.

Las armaduras eran rígidas, pero la energía espiritual dotaba al mercenario de la potencia suficiente como para penetrarlas. La punta de su mandoble atravesó el pecho de uno mientras salía por un lateral y tajaba parte de otro. Con ello fueron tres los que continuaron. Detuvo un hachazo con la espada mientras detenía un sablazo con el guantelete. No fue suficiente y sintió un duro golpe del cual se resentiría más tarde. El último no tuvo tiempo de atacar pues, en cuanto pudo zafarse, Alex le propinó un corte en el cuello. Los otros dos trataron de luchar, pero sus defensas eran inútiles y su fuerza no podía compararse a la de su único contrincante. Haciendo gala de un físico superior venció a aquellos que lo habían amenazado y, cogiendo a Ele de la mano, echó a correr en dirección contraria. No podían permanecer allí más tiempo o llegarían los refuerzos.

Corrieron durante horas esperando despistar a sus perseguidores. Sin embargo tuvieron varios encontronazos en los que Alex se vio obligado a luchar de nuevo. Finalmente llegaron al pueblo que el mercenario le había nombrado a su acompañante con anterioridad. Era un lugar precioso, idílico. La canción del viento susurraba entre las hojas y el olor a comida recién hecha llegaba desde algunos hogares. La madera de las casa estaba trabajada y barnizada dándoles un aspecto humilde pero hermoso. Sin embargo y por desgracia, no había tiempo para deleitarse. Poco tardaron en encontrar un transporte hacia la ciudad. Una vez allí lograrían ocultarse. Al menos por un tiempo. El carruaje que los llevaba no era rápido ni cómodo, pero no podían permitirse nada mejor en aquel momento y se conformaron con lo que tenían. Tardaron una jornada entera en llegar, pero agradecieron el poder descansar las piernas un tiempo.

Durante el trayecto Alex no pudo evitar pensar algo. Había traicionado su palabra, había mentido a su abuelo y había usado la energía interior aun cuando prometió que  no lo haría. Pero de no haberlo hecho no habría podido salvar a Ele. Sabía que aquel hombre lo entendería, pro muy estricto que fuera siempre sabía que había que hacer lo correcto. Pero no por eso dejaría de sentirse decepcionado y era por culpa de su nieto mayor. Aquello entristecía al mercenario pues, aunque era un chico muy travieso, desde niño siempre trató de hacer que sus abuelos se sintieran orgullosos. Pero era indudable que había sido un poder útil en demasía. Le había servido para proteger a quien ama… ¿amaba? ¿Cómo podía si quiera pensar en algo así cuando no la conocía de nada? Ella tampoco sabía nada sobre él. Era una estupidez. Aun así sentía algo, un fuego que ardía en su interior y quemaba sus entrañas, pero no dolía. Quizás solo era atracción, era una mujer indudablemente bella y, de hecho, para él era físicamente perfecta. Sí, debía tratarse de ello.

Pero, entonces, ¿por qué el único deseo que sentía era acariciarla y besarla? La había visto desnuda, la había sentido cerca y había deseado poseerla pero ahora… ahora solo quería tenerla cerca. Con eso era suficiente. Su olor a flores silvestres, su dulce y suave voz, su sonrisa tan hermosa, todo aquello que ahora se volvía necesario y vital para él. Si necesitara volver a usar la energía interior lo haría sin dudar, todo para mantenerla a salvo, para mantenerla con él un poco más. Pero no solo por ella, también por su familia. Incluido su abuelo. Aunque ya no podía pedirle que lo entrenara, que le enseñara más sobre ese poder. Por supuesto, hablaría con él y le explicaría lo ocurrido, pero había perdido el derecho de tenerlo como maestro. Lo que necesitara, a partir de ahora, debía conseguirlo por sí mismo. Y eso pretendía hacer. ¿Pero cómo empezar? No había entrenado aquella energía desde la última vez que su abuelo los instruyó a él y a Isma. Mientras pensaba una forma de lograrlo, aquella mujer que lo acompañaba interrumpió sus pensamientos con un gesto tan sencillo como una caricia.

La tersa mano de Ele se deslió por la cara de Alex que sintió sus fuerzas renovadas y su cuerpo rejuvenecido como por arte de magia. Aunque no hubo hechizo alguno de por medio, solo la sensación. Ella se acercó a él, girando su rostro, y lo besó en los labios con ternura. Como si fuera la primera vez de ambos y estuvieran nerviosos y confundidos.

-Ya te dije que no tenías que hacerlo- Le dijo él con cierta tristeza.

Era justo lo que quería, sentir sus labios, el contacto de su cuerpo, la caricia de su piel y tenerla cerca. Pero no por obligación o agradecimiento. Él nunca había sido así y no iba a serlo ahora. Ella sonrió con toda la sinceridad que le faltó cuando se conocieron. Ahora se veía mucho más hermosa.

-Ahora sí que quiero hacerlo- Le respondió.

No hubo más palabras. Ella se acurrucó junto a él cómodamente a pesar de la recia armadura y continuaron todo el viaje así. ¿Qué significaba aquello? ¿Qué eran ahora? Alex quiso preguntarlo, quiso saber si ahora eran pareja, si se repetiría había sido algo improvisado que jamás se repetiría. Pero no lo hizo, tenía miedo de la respuesta. Temía escuchar que no estarían juntos y que solo había sido casual. Solo calló y disfrutó. Una vez en la ciudad ya estaban a salvo. El noble no tenía jurisdicción allí y sus hombres no podrían atacarles sin repercusiones por parte de la guardia. Aunque debían tener cuidado.

-Pasaremos la noche aquí y mañana… marcharemos hacia la casa de mis abuelos. Es muy humilde y no vivo solo, pero te aseguro que es un hogar y que es mucho mejor que cualquier castillo- Le explicó.

Casi sintió vergüenza. Un hombre adulto como él viviendo con sus abuelos. Pero no se imaginaba otro tipo de vida, no quería separarse de ellos y quería tenerlos cerca para cuidarlos. Lo habían criado y él debía devolvérselo de alguna forma. Aunque no podría ni en mil vidas después de todo lo que habían hecho por él. Ele sonrió e hizo un gesto de afirmación. No tenía otro lugar al que ir. Por lo que le había contado durante la huida, sus padres eran mercaderes ambulantes y no recordaba haber tenido un hogar. Una vez llegaran al suyo ya decidirían lo que haría la chica. ¿Se quedaría con él? Eso esperaba el mercenario. Eso deseaba. Pero había cosas que debían hacer antes. Decidieron pernoctar en una posada bastante humilde pues, después de todo, lo poco que el mercenario llevaba no le permitía nada más. Sin embargo hubo un problema, solo había una habitación. Alex la alquiló y, una vez tuvo la llave, se la entregó a la mujer.

-Esta es la llave de tu habitación. Es la tercera a la derecha- Le dijo.

“Solo hay una habitación, me temo que debemos dormir juntos”. “Es una lástima que solo haya una cama”. “Lo siento, no hay más opción que pasar juntos la noche”. Podría haber dicho tantas cosas y las calló todas. Quería pasar la noche con ella, quería abrazarla hasta el amanecer y sentirla entre sus brazos, pero no iba a actuar así. Tendría que buscarse la vida y dormir en otro lugar. No sería la primera vez que durmiera en la calle y, seguramente, tampoco la última.

-¿Quieren que les acompañe a su habitación? Si esperan a mañana es posible que nos queda alguna más libre, pero lamento informarle que hay un solo camastro- Dijo la mujer que lo había atendido.

Ele miró sorprendida a Alex que sintió una vergüenza terrible. Había mentido y ahora ella lo sabía. Quizás pensara que quería aprovecharse de ella, que había tendido una trampa junto a la posadera para que se vieran obligados a dormir juntos. Lo había perdido todo sin tener nada.

-Si hay una sola habitación, ¿qué pensabas hacer?- Preguntó.

-No te preocupes por mí, estoy acostumbrado a dormir al raso. No será problema para mí, tú descansa- Respondió.

Elénaril se acercó lo tomó del brazo y lo arrastró escaleras arriba hacia la habitación. Él no reaccionó, pues no sabía cómo hacerlo. Simplemente se dejó llevar.

-Ambos somos adultos, podemos dormir en la misma cama sin problemas. No tiene por qué pasar nada si no queremos… ¿o tú quieres?- Dijo.

Era cierto, no debía pasar nada, no estaban obligados. Podían dormir como dos personas adultas sin que nada ocurriera entre ambos. Aunque también era cierto que quería. No era lo que más deseaba, ni si quiera era lo que le interesaba de ella, pero también quería. Aunque, si lo pensaba bien, tampoco lo necesitaba. El simple hecho de dormir con ella ya sería más que suficiente. ¿Qué le estaba pasando? Estaba acalorado y se sentía terriblemente nervioso, como si fuera un niño. Lo había hecho antes y nunca había sido un problema, pero ella lo hacía difícil y nuevo.

-Sí que quiero- Dijo en un tono de voz tan bajo que solo él lo escuchó. O quizás simplemente lo había pensado.

Ella parecía más tranquila, pero tenía las mejillas enrojecidas.

-Sí, podemos dormir sin problemas. Somos adultos- Respondió con una sonrisa.

Esa contestación, aunque aparentemente fuera la correcta, no pareció gustar a la mujer que se giró y se dirigió a la cama. Por algún motivo que desconocía, Alex se sintió culpable de algún crimen que no reconocía. ¿Había hecho mal? Se había comportado como un caballero. ¿No era eso bueno? ¿Por qué las mujeres eran tan complicadas? Se quitó la armadura con algo de dificultad a pesar de estar acostumbrado a quitársela y ponérsela solo. Se desnudó dejándose solo los pantalones y se acercó a la cama. Pudo ver el vestido de Ele acomodado en una mesilla de noche. Levantó la manta con cuidado de no destaparla a ella y se tumbó. Se sintió realmente incómodo, pues no sabía si dormir de espaldas o de cara a ella. ¿Cómo debía actuar ahora?

-¿No te gusto?- Preguntó mientras se giraba hacia él.

-Sí que me gustas- Respondió Alex.

-¿Entonces por qué eres tan distante? ¿Es tu primera vez?- Volvió a preguntar.

Aquella pregunta tomó por sorpresa al mercenario que no supo responder durante unos segundos. ¿Qué podía decir? Ni si quiera él estaba seguro de por qué era tan “frío”.

-No es mi primera vez y no es porque no me gustes, es que… no quiero que sea así. Me gustas mucho, de verdad, pero me gustaría que fuera algo especial para ti- Le contestó.

Estaba asumiendo que lo harían tarde o temprano, aunque… es lo que iba a pasar, ¿no? Ella no respondió. Lo observó callada durante unos instantes.

-¿Especial… para mí?- Interrogó esta vez.


-Sí. No me vas a creer y quizás te parezca una estupidez pero… siento algo muy especial por ti. Siento que te he tenido toda una vida y que me queda otra entera para tenerte. Siento que debo darte todo y que mereces el mundo entero. Siento que eres especial y que estamos hechos el uno para el otro. Siento que quiero pasar el resto de mis días junto a ti. Y aunque suene demasiado poético, siento que de verdad eres la primera pues nunca había sentido algo así. Por eso quiero que, si llega el momento.- Le confesó.

¿Qué estaba diciendo? Estaba haciendo justo lo contrario a lo que había que hacer. Había usado muchas técnicas para seducir mujeres. Algunas muy efectivas y otras totalmente nulas. Confesar algo así desde el principio lo abocaba al fracaso, aunque nunca había confesado amor a nadie. Y mucho menos cuando solo habían pasado unos días juntos.

-Nunca me habían dicho nada tan bonito. Aunque yo no sé hablar así ni decir cosas tan bonitas, siento algo muy parecido. Nunca me habían tratado tan bien sin pedir nada a cambio y tú… me has devuelto a la vida. Incluso ahora que has podido tomarme te has contenido por mí. Gracias- Le respondió.

Lo abrazó y él sintió su cuerpo desnudo, sus brazos en la espalda y sus pechos en su torso. El calor que transmitía era el más agradable que había sentido nunca y él respondió al abrazo y durmió sonriendo toda la noche.

-Buenos días- Dijo al despertar.

Pero no hubo respuesta. Nadie le deseó lo mismo y se asustó. Se levantó de la cama y vio que ella ya no estaba. Su vestido también había desaparecido. Estúpido y valiente idiota. Tanos cuentos de hada que había leído y ahora creía que se habían vuelto realidad. En el mundo real nunca pasaban esas cosas. ¿Cómo iba a encontrar así al amor de su vida? ¿Cómo iba a enamorarse y a ser correspondido en solo unos días? Había sido un iluso. Pero no podía evitarlo. Y ahora que ella no estaba se sentía a morir. Como si el mundo entero se quebrara y los pedazos cayeran sobre él. Era el hombre más desgraciado y estaba condenado a mil infiernos por lo que sentía. Mil infiernos que ardían con fuerza y lo arrastraban a la locura consumiéndolo lenta y dolorosamente.

-Buenos días- Dijo la voz más hermosa que había escuchado nunca.

De pronto el alma volvió a su cuerpo. Sintió de nuevo aquel calor agradable y que la vida volvía a tener sentido. No se había ido, todavía estaba allí. Aquel inocente soñador estaba viviendo un sueño real. La mujer se acercó a él con una bandeja llena de piezas de fruta.

-No he podido conseguir mucho más. En la plaza hay unos árboles de fruta y he tomado prestadas unas pocas- Dijo.

Se había despertado antes que él. Lo que era extraño. Alex tenía un sueño muy ligero y se despertaba con el más mínimo movimiento cercano pero había dormido profundamente hasta el punto de no darse cuenta de la desaparición de la chica. Pero estaba allí, lo devolvía al cielo y no lo dejaba perderse en la locura del olvido.

-Buenos días- Repitió.

Desayunaron y partieron. Tenían que llegar a la casa de sus abuelos y tenían el dinero justo para un carruaje. Aunque no los llevarían hasta allí, si no al pueblo más cercano. Una vez en la aldea tendría que buscar la forma de llegar. Quizás si pedía algún favor o pedía que confiaran en él… su abuelo hacía muchos negocios en el pueblo y sabían que la familia Harken era confiable, quizás lo ayudaran. Partieron de la ciudad rumbo a la siguiente población. El viaje duró unos días en los que ambos se conocieron mucho más. Era increíble que cada nuevo conocimiento, aun siendo algo contrario entre ambos, los uniera aún más. Se había formado un lazo que solo era posible en los cuentos de fantasía. Pero ahí estaba, como si estuviera escrito por alguien que los deseara juntos. Pero eran ellos los que lo habían hecho real, no ningún ente superior que escribiera sus destinos.

Aunque las cosas no salieron tan bien como a Alex le habría gustado. A pesar de que su familia gozaba de buena reputación y confianza en el lugar, nadie estaba dispuesto a ayudarles. No había ni un solo carruaje que les permitiera viajar con ellos ni el dueño de un establo que les dejara un caballo o, si quiera, un asno. El mercenario se vio obligado a ofrecerse como guardia de caravana para que los llevaran. Por desgracia los dejaban a medio camino y se verían obligados a llegar a pie. Aunque era mejor que hacer todo el trayecto andando. Ele viajó junto a las mercancías mientas Alex guiaba la caravana con un caballo viejo y resentido que tenía más de una dificultad para mantenerse en pie. Finalmente llegaron al punto en el que debían seguir el camino por su propia cuenta e iniciaron la andada.

-Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Una bonita parejita. Dadnos todo el oro y, por qué no, también a la mujer- Dijo una voz.

Un grupo de asaltantes los rodeó. No eran más de cinco, pero suficientes para atacar a una pareja o a una sola persona. Pero se habían equivocado de víctimas. En cuanto reconocieron a Alex como miembro de Fire Blood y justiciero de la zona, huyeron tan aprisa como pudieron. Él los habría seguido pero la habría puesto en peligro a ella, por lo que sería el día de suerte de los malechores. Siguieron andando y, tras varias horas de caminata, llegaron al hogar de los Harken. El mercenario se detuvo frente a la puerta. Tenía ganas de entrar, pero tenía también vergüenza. En cuanto viera a su abuelo debía explicarle lo que había hecho y, por supuesto, tendría que contarles a todos sobre Ele y lo ocurrido. Estaba tan indeciso que fue incapaz de llamar. Aunque no le fue necesario.

-¡Alex!- Grito Sam al tiempo que abría la puerta.

La muchacha saltó hacia su hermano mayor y lo abrazó con fuerza. Después se quedó mirando con cierta sorpresa a Sam. La reacción de la chiquilla no pasó desapercibida y tanto su abuelo como su abuela salieron a recibirlo.

-Soy Samantha, su hermana pequeña. Aunque todos me llaman Sam. ¿Quién eres tú?- Se presentó y preguntó con naturalidad.

-Encantada, Sam. Mi nombre es Elénaril. Aunque puedes llamarme Ele- Le respondió.

-¿Por qué no dejamos las presentaciones para después? Hemos hecho un largo camino y es una larga historia. Además, tengo que partir pronto para informar al gremio sobre mi misión- Dijo Alex.

Su abuela los hizo pasar y atendió con mucha amabilidad a Ele que se sintió, por primera vez en mucho tiempo, como en casa. Pero faltaba alguien, el hermano menor.

-¿Dónde está Isma?- Preguntó.

-En la forja. Le dije que trajera leña cuando volviera y volvió con dos ramitas. Se había olvidado como siempre y me quiso tomar por tonto. Así que lo he puesto a trabajar- Respondió su abuelo.

Alex sonrió con inseguridad. Aquel hombre solía castigarlos así cuando eran pequeños, aunque no había perdido la costumbre y lo hacía incuso ahora que ya eran hombres. Tras pedirle permiso a su abuelo, fue a buscar a su hermano y lo hizo pasar. Una vez estuvieron todos juntos explicó todo lo sucedido, obviando algún que otro detalle, y contó su relación con Ele. La más maravillada fue Sam, que estaba encantada con el cuento de hadas que vivía su hermano. Walter, su abuelo, estaba algo receloso por la situación. Aunque no puso pegas. La abuela se maravilló casi tanto como la pequeña Samantha e Isma… él reaccionó tan normal como siempre. Alex se alegró de que todos aceptaran tan fácil lo que había ocurrido. Pero la alegría no terminó en desaparecer. Debía partir pronto para dar su informe. Además, tendría que explicar muchas cosas sobre el noble. Pero pasarían la noche allí. Sería inhumano viajar tanto sin descansar. Por motivos obvios, tuvieron que cambiar de habitación. Isma pasó a dormir a la de Sam y las dos mujeres ocuparon la habitación de los hermanos. Alex, por su parte, ocupó el destartalado sofá por traer invitados sin avisar. Aunque, antes del anochecer, hizo lo que más temía. Fue a hablar con su abuelo.

-He roto la promesa que te hice. Usé la Energía Interior- Confesó con amargura y decepción.

El rostro de su abuelo se ensombreció y se tornó más serio de lo que ya era.

-¿Lo hiciste por proteger tu vida?- Pregunto. Al ver que Alex negaba con la cabeza descubrió cual era la pregunta correcta. -¿Por protegerla a ella?- Pregunto esta vez.

-Sí. Lo siento mucho, pero no tenía otra opción. Si no lo hubiera hecho ahora estaría muerta y…- Explicó sin terminar.

-No te excuses. Lo hiciste y rompiste tu promesa. Aunque sabía que lo haríais tarde o temprano. Sois tan tozudos como lo era vuestro padre… y como lo soy yo. Por lo menos lo hiciste por un buen motivo y te agradezco que me lo cuentes- Le respondió.

Acto seguido se levantó y le propinó un doloroso capón en la cabeza antes de indicarle que podía marcharse. Se fue a dormir con un dolor terrible pero con la conciencia limpia. Al día siguiente, tras desayunar y aclaras con Isma que marcharían juntos hacia el gremio, apartó a Ele y habló con ella.

-Tengo que marchar por unos días y aunque podrías acompañarme es peligroso y preferiría que te quedaras aquí- Le dijo.

-¿Y si quiero acompañarte?- Preguntó ella.

-Como te he dicho, preferiría que no lo hicieras. No habría problema en que me acompañaras hasta el gremio, pero es posible que tenga que afrontar algún castigo por fracasar y, si consigo lo que quiero, me enviarán junto a un grupo a por aquel desgraciado. Y no puedo permitir que vengas en ese caso. Podría ser muy peligroso para ti- Le contestó.

Ella no respondió. Simplemente miró hacia el suelo con resignación. No solo entendía lo que le estaba diciendo, tampoco quería volver a aquel lugar.

-Sé que no tienes lugar a donde ir y, aunque esta es una casa muy humilde, puedes vivir aquí. Sam y mi abuela son un amor y mi abuelo… es un cascarrabias, pero te tratará bien. Yo… volveré pronto- Le explicó.

-¿Vivir aquí? ¿Contigo y tu familia?- Preguntó esta vez.

-Sí. Quizás estoy yendo demasiado rápido, casi no me conoces y esto parece magia. Quizás pienses que soy un loco romántico pero…-

-Me encantaría- Dijo ella antes de darle un beso.

¿De verdad existía el amor así? ¿Tan rápido y fácil? ¿De verdad le habría llegado el momento? Ella era perfecta para él, era un oasis de paz en medio de una vida caótica como la suya. Pero él no era nada, solo era un hombre normal. Él la amaba, sentía que ella lo era todo. ¿Pero sentiría Ele lo mismo por él? Quizás solo estaba confundida o era una forma de agradecimiento. Alex se entristeció momentáneamente pensando que eso era lo que estaba ocurriendo, pero ella lo tranquilizó como si le hubiera leído la mente.

-No te preocupes. A mí también me parece irreal. Todo esto solo pasa en cuentos, pero nos ha pasado. No creía que alguien tan insignificante como yo llegaría a ser amada por alguien. Y mucho menos con la vida que tenía… pero apareció mi príncipe y aquí estoy. No solo pusiste tu vida en juego pro mí, si no que me devolviste la dignidad y me diste algo por lo que vivir- Le explicó.

-No, tú no eres insignificante. Eres perfecta- Le respondió tratando de besarla.

Pero no llegó a hacerlo, alguien la apartó de él.

-¡Deja de acapararla! Tenemos que hablar de cosas de mujeres- Le ordenó Sam.

La muchacha era muy seria cuando quería y Alex olvidaba que ya era una mujer. Pero no podía evitar verla como a una niña, su niña. No iba a dejar de ser su hermana pequeñita nunca. Pero ahora que habría otra mujer joven en casa era normal que quisiera pasar tiempo con ella. Después de todo, la abuela era demasiado mayor y tanto él como Isma eran hombres. Antes de partir, Ele le pidió algo.

-Sí te creen, por favor, no vayas con el grupo. Hazlo por mí. Si vas… podrían matarte. Conozco a ese hombre y es capaz de cualquier cosa-

-No te preocupes por mí, no me pasará nada- Le respondió con una sonrisa.

-Por favor, no vayas- Le volvió a rogar.

Debía ir, tenía que hacerlo porque había sido culpa suya… pero no pudo negarse. Le prometió que no iría y partió hacia el gremio junto a su hermano. Cuando llegaron recibió una reprimenda increíble por haber fracasado y no le dieron tiempo a explicarse. Al parecer habían llegado noticias del noble indicando que Alex le había atacado. Una acusación muy grave, pero el gremio decidió confiar en uno de los suyos y le dieron una oportunidad al mercenario para dar su versión tras varias horas de debate entre los altos cargos.

-Pide tu cabeza. Y por lo que nos ha contado lo hace de forma legítima y merecida. Explícate- Dijo una mujer.

Se trataba de Natasha. La instructora de los hermanos y un miembro importante de Fire Blood. Le habían caído en gracia desde el principio y los cuidaba como una maestra atenta y casi como una madre. Pero se metían en demasiados problemas y se lo ponían difícil. A pesar de ello sabía que no eran malas personas y que jamás harían algo similar.

-Ese hombre es un esclavista. En cuanto llegué pude ver como golpeaban a una mujer y confesó que había llegado a prostituirla. Supe que era una esclava porque, según él, era una sirvienta por deudas y llevaba toda su vida trabajando. Por si fuera poco nunca terminaría de pagar su deuda ya que le cobraba la estancia y el alimento. También dijo que tenía a otras mujeres en las mismas condiciones- Explicó.

-Sabes que lo que me estás contando es demasiado difícil de demostrar, ¿verdad?- Le preguntó ella.

-Lo sé, pero también sé que eres capaz de hacer que confiese. Además, si tienes testigos será mucho más fácil. La muchacha elfa… me la llevé conmigo- Contó el mercenario.

-¡Cómo no! No podías hacerlo de otra forma, tenías que ser el héroe estúpido de la historia. Como siempre. Te tengo dicho que no puedes salvar a todo el mundo. Ese trato nos iba a beneficiar mucho y ahora lo has echado a perder por hacer justicia- Reprendió la mujer.

Tras esas duras respuestas se ocultaba una preocupación por él. Y Alex lo sabía. Natasha era una gran mujer y valoraba la justicia, pero entendía que había obrado mal y que había dado muchas dificultades al gremio.

-Yo misma dirigiré el grupo de captura. No será fácil y si te equivocas será mi cabeza la que pidan, pero confío en ti. Maldita sea mi propia vida por creerte. Pero mantente alejado, lo último que quiero es que traigas más problemas. Eso sí, antes de ir me gustaría hablar con esa elfa- Le expresó.

-Claro, está en casa de mis abuelos. Si desviarais un poco vuestro camino…- Se justificó.

-No. La llevarás al pueblo que esté más cerca del camino directo y allí hablaremos con ella- Ordenó.

Alex aceptó, no había otra alternativa. Le dio las gracias a Natasha por su ayuda y ella le hizo un gesto de desprecio antes de marcharse. Aunque le sonrió después de todo. Aquella mujer era muy ruda, pero también era maternal y protectora. El mayor de los hermanos esperó a que Isma terminara sus asuntos y partió de nuevo hacia su casa. Cuando llegaron buscó a Ele antes de nada.

-¿Cómo te han tratado?- Peguntó sonriendo.

-Como a una princesa. Tu familia es increíble- Le respondió con alegría.

Él lo sabía, no merecía una familia tan buena pero la tenía. Y sabía también que la habrían tratado muy bien. Pero había asuntos importantes que tratar.

-Tenemos que marcharnos. Mi supervisora quiere hacerte unas preguntas sobre aquel noble y sus crímenes. Yo estaré contigo en todo momento. Serán solo unos días- Le explicó.

-¿Tu irás al castillo?- Preguntó con preocupación.

-No- Contestó.

-Entonces podemos ir cuando quieras- Le aseguró.

Llegando la fecha acordada, Alex y Ele partieron hacia el pueblo por el que habían pasado en su huida y se encontraron con Natasha. Allí la mujer hizo unas cuantas preguntas a Ele para asegurarse de cuantos soldados había en el castillo y de los negocios de aquel hombre. Una vez se aseguró, hablo con el mercenario.

-De acuerdo, partiremos hoy mismo y haremos todo lo necesario para detenerlo. Tendremos que mover muchas influencias y pedir algunos favores para que la nobleza no se nos eche encima, pero lo haremos cueste lo que cueste. No vamos a permitir que haya esclavitud en nuestras tierras- Le confesó.

-Muchas gracias. Cuando lo detengas, ¿podrías decirle algo de mi parte?- Preguntó. La mujer afirmó con la cabeza, por lo que Alex supo que lo haría. -Dile que le advertí que si nos seguía iba a acabar con su vida. No morirá, pero la vida como la conoce habrá terminado para él- Le aclaró.

-No es muy bonito ni poético, pero me gusta. Descuida- Le dijo.

En cuanto se marcharon, Alex y Ele retomaron el camino a casa. Ella estaba feliz de saber que su amado no se pondría en peligro y él estaba contento de que Natasha se encargara del asunto. Aquella mujer no había fallado nunca en misiones similares y que ella se encargara significaba que habían creído al mercenario. Aunque, con total seguridad, era debido a que ella habría intercedido por él. Partieron con las ideas claras y la esperanza de que aquel hombre sería detenido. Hicieron camino como la vez anterior, aunque ahora habían llevado dinero suficiente como para costearse un transporte más cómodo y rápido. Aunque no tardaron mucho menos, la diferencia era de agradecer. Cuando llegaron tenían preparada una cama más en la habitación de Sam. Aunque ella y Alex no podrían dormir juntos, a él le bastaba con saber que estarían bajo el mismo techo. Al menos por ahora.

-La última vez no te lo dije. Bienvenida a tu hogar- Le dijo.

-A nuestro hogar- Le corrigió ella.

Ele tenía ahora el hogar que había deseado toda su vida y Alex tenía el amor que siempre había deseado. Quizás fuera un cuento de hadas pero, por una vez, el cuento se había cumplido. Aun cuando fuera extraño, aun cuando fuera demasiado rápido, era el cuento de ambos y era real. Pues ambos lo habían escrito juntos.

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Re: Mi nombre es Elénaril - Parte 2

Mensaje por Nyrbe el Sáb Nov 07, 2015 7:57 pm

Excelente.
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