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El camino del veneno

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El camino del veneno

Mensaje por Talamaur el Miér Nov 04, 2015 9:22 pm

El camino del Veneno


Según un comunicado recibido hace unos días, todos los miembros del gremio que no supieran preparar venenos, debían presentarse en la central. En las instrucciones ponía que nos encontraríamos con un tal Sirius Black, que era un maestro con la química y sería nuestro instructor en este campo. Siempre había querido instruirme en este arte, ya que matar a tus enemigos por dentro era algo que debía disfrutar en primera persona. Por lo que había escuchado, Sirius trabajaba para un rey o un noble, pero esté solo le pedía pociones curativas y ungüentos para aliviar el dolor. Pero un día se cansó y cambió las pociones por veneno, provocando una gran catástrofe en el reino, del cual salió de milagro. Al poco tiempo Ekatherina vio su potencial, reclutándolo bajo su protección y cuidado. Por fin veía a los lejos la ciudadela de la hermandad, en pocas horas conocería a mi instructor.

Llegué al patio del castillo y allí se encontraban unas decenas de novatos, algunos no tan novatos y el propio Sirius. Era un hombre de 1,80 flacucho, con un extraño sombrero verde. Tenía un enorme bigote y barba de color negro algo desaliñada llegándole a la altura del cuello. Tenía una mirada penetrante, como si pudiera prever lo que ibas hacer, reforzado con un color verde esmeralda. Estaba de pie frente a los que iba a enseñar y sin perder el tiempo me uní a ellos para completar a la gente que iba a ser instruida.

- Ajam, ya estáis todos, ajam – dijo Sirius – bien, me han encomendado enseñaros química o al menos su base para que podáis hacer venenos. Solo los mejores llegaran al último paso, en el que yo personalmente le enseñare una de mis formulas. – dijo con un tono de superioridad.

Pasamos todos dentro del castillo y comenzamos a bajar las escaleras, según habían comentado, para llegar a los laboratorios que había en el sótano. Cuando bajamos, nos encontramos una sala inmensa con 10 mesas grandes y 1 más pequeña al final. Nos dividimos en grupos iguales ocupando las mesas grandes y en la mesa pequeña se situó el instructor. – Bien antes de empezar tengo que explicaros que es la química, ajam, o acaso creíais que ibais a tocar mis herramientas sin aprender teoría antes – dijo mirando con la cabeza alta. – pero que porquería de instrucción -dijo un orco novato recién llegado al gremio. Sirius se acercó muy calmado a la mesa donde se encontraba el orco. ¿Acaso no sabía que era el protegido de Ekatherina? – pensé mientras Sirius se paraba delante de la mesa del orco. – contigo hare una excepción y te daré una clase avanzada, ya que tienes tantas ganas de empezar – comento con un tono demasiado tranquilo.

En ese momento varios novatos comenzaron a hablar – yo también quiero una clase avanzada – dijo uno, - a ese orco no le enseñes, yo soy más listo – dijo otro novato. Así hasta 7 novatos, por lo que Sirius se dirigió a todos a la vez – está bien, para empezar ¿veis ese recipiente de color rojizo que tenéis delante?, cogedlo. Los novatos que habían hablado cogieron el recipiente, mientras los demás nos quedamos expectantes para ver lo que ocurría. De repente uno de ellos comenzó a retorcerse de dolor y otro después, así hasta que todos los que habían cogido los recipientes estaban en el suelo. – oh, perdonad se me había olvidado que unte de veneno los recipientes y que teníais que poneros unos guantes. Es una pena que no me haya dado tiempo a explicároslo, retirad los cuerpos cuando dejen de moverse – dije impasible y volvió a su mesa. Los novatos convulsionaron durante unos instantes echando espuma por la boca, hasta que al cabo de poco tiempo pararon muriendo con un terrible sufrimiento. Entraron algunos súbditos del gremio y retiraron los cuerpos, con lo que pudimos proseguir la instrucción.

- La química es crear, es poder hacer cosas que el mundo todavía no conoce. Investigar, poder, versatilidad, eso es química. Mientras estéis en el laboratorio deberéis llevar guantes, para que nos os ocurra como….. a esa escoria de antes. – dijo despectivamente.

Comenzó a explicar los conceptos básicos químicos y que componentes se deberían mezclar para hacer algunos tipos de venenos. Durante una semana aprendimos conceptos teóricos de los diferentes usos que tenían los venenos, ya fueran mortales, paralizantes o la de creación de somníferos. En ese transcurso de ese tiempo algunos novatos cansados de teoría y sin cerebro, volvieron a plantarle cara a Sirius.

- Esto es inaceptable – grito mosqueado un hombre – llevamos una semana y aún no hemos tocado ningún recipiente y no hemos preparado nada – dijo amenazante a Sirius.

- Calla novato – dijo uno de los veteranos – Sirius es un maestro en este arte y se está tomando la molestia en enseñarnos para que seamos mejores asesinos – dijo acercándose al novato que había gritado.

De repente el novato se lanzó hacía el veterano con furia, portando un hacha a dos manos entre las manos. El novato era un bárbaro de las montañas que se creía que sus músculos podían con todo, algo totalmente equivocado en Discordya. El veterano también era un hombre alto y musculoso, pero destaca con respecto a su oponente. Lo había visto en otras ocasiones luchar y siempre mantenía la cabeza fría, analizando a su oponente con detalle, para acabar con el de un golpe. El novato lanzó un tajo vertical al veterano, el cual esquivó con facilidad propinándole una patada en el costado al novato. Tras esto el veterano cogió su espada de una mano y antes de que su oponente se pudiera levantar del suelo, le ensartó la espada  en la garganta. La sangre comenzó a resbalar por el filo de la espada, manchando cada vez más rápido el suelo de la sala.

Sirius ni se inmuto por lo que había ocurrido, aunque no me extrañaba nada. Tenía fama de ser un gran asesino, siendo su especialidad los venenos. Tras el incidente comenzamos a preparar los venenos paralizantes, para ello debíamos seleccionar los ingredientes tal y como había estado explicando la semana anterior.

Empecé a mezclar los ingredientes según había explicado, un poco de esta hierba molida, otro poco de la otra hervida y tras unas horas de trabajo. Sirius comenzó a pasar por las mesas a ver los resultados, lo cual me recordó a mi niñez cuando en la escuela de magia pasaba el profesor a corregir los exámenes. Ya había visto varios venenos cuando se acercó a mi mesa y comenzó a revisar el recipiente donde había echado el veneno.

Seguro que has echado los ingredientes en el orden correcto…. Kalgur – dijo mirándome fijamente.

- Me llamo Talamau….. – intente decir pero Black me cortó – no te he preguntado cómo te llamas, te he dicho si lo has mezclado bien – dijo en tono autoritario y prepotencia.

- Si…. He seguido al pie de la letra tus indicaciones – dije sabiendo que si contestaba o le agredía, podría acabar muy mal.

Sirius observó el veneno y metió el dedo sin proteger en su interior, lo que me dejo algo impresionado. Tras ello sacó una daga, untó el veneno de los dedos en ella y me hizo un corte con ella. – Pero que mierda estás haciendo – dije perdiendo las formas, mientras el corte superficial del brazo comenzaba a sangrar levemente. El brazo comenzó a entumecerse levemente, lo que hacía que lo moviera con algo más de dificultad. – mmmmm, solo el brazo – comentó Sirius sin darle importancia a que me había cortado – si fuera uno de mis venenos habrías caído paralizado al suelo, pero qué más puedo pedir a unos aprendices. Cúrate la herida, durante una hora no podrás mover bien ese brazo, pero bueno tienes tres más – dijo mientras pasaba por el resto de las mesas.

Durante la siguiente semana habíamos perfeccionado el veneno de parálisis, aunque los materiales usados eran de baja calidad. Como máximo paralizaban una extremidad y como mucho durante una hora, por lo que si se querían venenos de mejor calidad habrá que usar mejor materia prima. La siguiente lección era los somníferos, algo que me interesaba bastante. Si podías dormir a tu enemigo y matarlo, para que enfrentarte a el directamente.

Para esta práctica había que machacar las plantas hasta que fuera polvo, lo que se traducía en mucho trabajo moliéndola. Durante horas estuvimos moliendo hojas y plantas deshidratadas y hasta que no veía que estaba totalmente hecha polvo, no podíamos comenzar con su elaboración. Tras varios intentos por fin comencé a preparar el somnífero, que en un principio consistía en hervir en una bolsita la planta hasta que el agua se hubiera evaporado. Después de esto se abría el paquete y se dejaba secar durante 2 horas, hasta que cogiera un color rojizo. Era fácil de hacer, ya que lo único que había que tener en cuenta eran los tiempos. Eso sí, si te equivocabas creabas simplemente un polvo de plantas que no hacía efecto alguno.
Sirius volvió a pasar por las mesas, pero esta vez iba puntuando y quien no tuviera un buen nivel quedarían fuera de la preparación de los venenos. Era muy exigente con sus aprendices, algo que valoraba, ya que hacía que todo el mundo se esforzara más de la cuenta. Cuando terminó de puntuar el color, textura y demás de nuestros somníferos comentó que debíamos ponerlos a prueba. La dosis a usar era pequeña, pero incluso esa dosis podía adormecer a un hombre adulto sin problemas. Para ello puso a un grupo de voluntarios en fila y cada uno de los aprendices debía echarle el somnífero, puntuando la reacción que provocaba.

Uno tras otro fueron echando el polvo en los voluntarios, algunos se sentaban adormecidos y a otros no se les notaba el efecto. Por fin me tocó probarlo a mí, por lo que esparcí el polvo en dirección a mi sujeto de pruebas, esperando que funcionara correctamente. El hombre comenzó a sentirse cansado, pero no lo suficiente como para caer sentado, aun así había sido mejor que otros novatos. Estuvimos una semana de ensayos y errores, para perfeccionar el somnífero y que tuviera el efecto deseado. Tras aquella prueba Sirius menciono a las personas que se quedaban en la última lección, los venenos.

- Furmun, Derian, Cormut y por último, ajam, Talamaur. Has entrado por los pelos, espero que en la última prueba estés a la altura… novato.

Aquella palabra hacía que explotara por dentro y más de la manera que la decía ese cabrón asqueroso. Mi paciencia se estaba agotando, se ponía chulo porque sabía que estaba bajo la protección de Ekaterina.

Los que no habían sido nombrados salieron de la sala y solo quedamos una decena de personas, 5 humanos, 2 elfos, 2 enanos y yo. No sabía por qué seleccionaba a los que podían usar venenos, supongo que era una manera de controlar sus aprendices. Sirius se plantó frente a nosotros, mirándonos con detenimiento a cada uno de arriba-abajo. Era un poco incomoda la situación, pero tas un momento comenzó a hablar- ajam, ahora os enseñare el secreto de los venenos, algo que no todos los del gremio saben y que solo a los mejores aprendices enseño- dijo mientras andaba de un lado para otro. – Id cada uno a una mesa y os explicare el proceso de este arte mortal, ajam – dijo mientras volvía a su mesa.

Nos comentó algunas variantes de venenos, algunos que actúan al nervio, otros a los sentidos y otros que provocan malestar. Después comenzamos a crear el veneno, el cual era el que más se tardaba de hacer y el que necesitaba más elaboración. Primero coger la hoja y hacer unos cortes para recoger su sabía, la cual se calentaba en un caldero durante 10 min. Por otro lado la hoja seca y sin sabía se machacaba y se mezclaba con una semilla de otra planta. Después se echaba agua y se movía poco a poco hasta crear una pasta amarilla, debido a la semilla. Apartábamos la savia y la uníamos con las demás cosas y por último echábamos un ascua encendida en su interior. Esto último provocaba un calentamiento repentino de la pasta, cambiándolo a un color verdoso. La dificultad del proceso erradicaba en las cantidades, los tiempos y la temperatura del agua y la savia. Entre el tiempo que tuvimos de lección y la creación correcta, pasaron unas dos semanas, pero por fin había llegado la prueba final.

- Veo que ya habéis terminado, ahora lo probaréis…. – dijo con una sonrisa en los labios algo espeluznante – pero entre vosotros. Los 5 que quedéis en pie, recibiréis un premio. Primero el antídoto si os han tocado y segundo una de mis pociones, realizado con buenas materias primas ergo más potente. Comenzad pero sin golpes mortales o si no os matare yo.– dijo sin vacilar dando dos palmadas.

Tras aquello unté las dagas con mi muestra rápidamente, sabía que los que estaban allí no vacilarían en atacar. Sin quererlo nos emparejamos en los combates: humano-humano, enano-humano, elfo-humano, elfo-enano, yo-humano. Comenzaron a pelearse ferozmente, los dos humano comenzaron a entrechocar sus espadas, el enano embistió al humano. El elfo disparaba flechas a su oponente, el otro elfo golpeaba con la daga el escudo del enano. A mí me había tocado un hombre de mediana estatura, corpulento y sin ningún pelo en la cabeza. Saque mi bastón y lo monté rápidamente, mientras él sacaba una espada corta y un escudo.

Se abalanzó sobre mí golpeándome con él escudo fuertemente en el estómago, mientras dejaba caer la espada sobre mi pierna. Rápidamente interpuse mi bastón interceptando el ataque, mientras que con la daga intente darle un corte en el brazo sin éxito. En un momento en el que mi oponente se cubría con el escudo, use mi magia de ilusión para crear 4 brazos y esconder los míos bajo la invisibilidad. Cuando le ataqué su intención era interceptar mis dagas, pero se dio cuenta con horror que no eran los brazos reales. Le hice dos cortes, uno en el brazo y otro en el pecho, pero de manera superficial. Mi oponente salto hacia atrás dolorido y casi sin darme cuenta me lanzó un cuchillo, el cual no me dio tiempo a esquivar. Me había dado en el hombro, por lo que los dos estábamos infectados con los venenos, el cual ya estaba haciendo efecto. Un malestar comenzó a invadirme, como si tuviera náuseas y un dolor en el abdomen, aunque soportable.

Los demás combates ya habían terminado y habían tomados sus respectivos antídotos – mmmm esto se pone interesante, ajam – dijo Sirius complacido – dejaré que este combate sea a muerte o moriréis los dos a la vez – comento mirando un reloj de arena – y os poco tiempo- . El humano envistió de nuevo y esta vez cree en mis manos dos bolas de fuego y las lancé hacía él. Se protegió con el escudo limitando su visión y aproveche para crear una ilusión del antídoto en mi mano, escondiendo el que había en la mesa de Sirius – que lento eres, he cogido el antídoto. Dije mientras corría como podía a mi mesa. Mi oponente comenzó a correr detrás de mí, sin darse cuenta de que no era el antídoto real. Al llegar a mi mesa hice como si me tropezara y cree una ilusión de antídoto en mi recipiente del veneno – arg, el antídoto lo he perdido y no puedo levantarme – dije de manera que convenciera. – jajajaja , she´ka , morirás entre terrible sufrimiento – dijo mientras cogía el antídoto ilusorio y se lo tomaba. – Ahora acabaré contigo con el permiso se Sirius – comento amenazante mientras quitaba la ilusión. – Mira lo que bebes o te puede sentar mal – dije con un malestar aún más agravado. La dosis que había tomado era muy elevada a la normal, por lo que el veneno actuó casi al instante, haciendo que muriera retorciéndose de dolor.
Me levanté del suelo con los brazos agarrándome el estómago, en el cual tenía un dolor agudo. La visión se estaba poniendo borrosa, pero conseguí llegar al antídoto, el cual me tomé rápidamente, aunque después caí contra el suelo bastante mareado. – Llevadlo a la habitación que hay aquí al lado y los cuerpos retiradlos antes de que empiecen a oler – dijo Sirius con tranquilidad. Noté como me levantaban y me llevaban a una cama que había en la habitación, donde esperaba que se pasara aquel dolor pronto. Tras 1 hora de molestias, el dolor comenzó a remitir y pude incorporarme en la cama.

Los ganadores de la prueba ya se habían ido y solo quedábamos Sirius y yo, el cual estaba bebiendo una copa de vino. Su mesa estaba llena de viales con diferentes tipos de venenos, que reconocía levemente por el color que tenía cada uno. – Talamaur….- comento el químico. – Has pasado la prueba de milagro, por lo que no te daré una de mis pociones, así que ya te puedes ir – dijo con aire de superioridad, como si estuviera echando a un siervo. Aquello ya había colmado mi paciencia, que después de pasar las pruebas no pudiera llevarme algo que me pertenecía. – Has aprendido bien Talamaur, pero no me has complacido, así que eso es todo por ahora. ¿Dónde está mi copa? – dijo mientras miraba por la habitación. En ese momento cree una ilusión y cambie su copa por un recipiente con uno de los venenos y unos de los venenos por la copa. – ajam, ahí está. ¿Todavía no te has ido? – dijo bebiéndose el contenido de la copa ilusoria.

- ¿Qué está pasando?, no puedo moverme – Dijo caí balbuceando Sirius, antes de quedarse inmóvil completamente.

- No es nada personal…. Maestro, pero me mosquea mucho el tono de superioridad y que no pueda llevarme lo que me pertenece – dije cogiendo un vial de la mesa de Sirius – ahora si me marcho, sin rencores- dije mientras salía de la habitación y cerraba la puerta. Sabía que lo que había hecho podía conducirme a la muerte, pero tenía mis principios.

Tras salir de la habitación, una persona salió de las sombras, una mujer con un gran poder en aquel lugar. – Oh mi querido Sirius, ¿Cómo te has podido dejar engañar como un novato? – dijo suavemente, mientras vertía un líquido por su boca. Parecía ser un antídoto, ya que al poco tiempo comenzó a moverse de nuevo con algo de agarrotamiento. – Maldito Talamaur, quiero que acabes con el Yasmine – dijo Sirius. – calma Sirius, si Ekaterina se entera de lo ocurrido te matara. Además su acto no ha sido grave del todo, solo te ha paralizado y ha robado una de tus pociones. La poción la puedes reponer en cualquier momento, pero espero que ese novato de resultados pronto. Si no… bueno ya lo sabes- dijo Yasmine con tranquilidad. - Nos veremos en la reunión- tras decir aquello Yasmine despareció igual de rápido que pareció.

Peticiones: aprender alquimista: químico. Una botella de veneno del tipo que el moderador elija de grado 2. Y de enemigo a Sirius, el químico maestro del gremio.
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Re: El camino del veneno

Mensaje por Isma el Jue Nov 05, 2015 5:32 pm

La historia está bien y apenas he visto faltas (Algún fallo por descuido quizás, pero nada grave). Lo que si te aconsejaría es que usaras más sinónimos. Algunas palabras las repites en demasía. Como "novato" o "veterano".

Consigues 3.125 puntos de experiencia y 4.728 áureos. Además, obtienes la profesión de químico y una pócima con un veneno paralizante.

Veneno paralizante: Esta sustancia será capaz de inmovilizar por completo a cualquier ser vivo de un tamaño menor a los tres metros, dependiendo de su resistencia natural (Solo podrá paralizar por completo a personajes de nivel 20 o inferior durante dos turnos. A los personajes hasta nivel 40 les supondrá un pequeño malestar y entumecimiento de la parte afectada por el veneno durante un turno. A partir de nivel 41 hacia arriba, será inservible) [Solo tiene un uso].

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