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Fairy Tail Chronicles


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El alquimista del destino.

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El alquimista del destino.

Mensaje por Dark S. Satou el Jue Nov 05, 2015 11:43 am

Todo lo que insistes en ignorar de ti mismo, tarde o temprano te hará la vida imposible.

La pared de cristal que los separaba no les permitía hablarse entre ellos, pero se entendían completamente. Fuego y hielo intentando comunicarse a través de una superficie trasparente. Él apoyó la mano lentamente enseñando una gran llama. Ella suspiró creando una mano helada que parecía conectar. Estaban unidos por el destino o incluso algo más fuerte que éste. La magia, algo visible pero intangible.

Era la primera noche en la que no soñaba con Elisabeth. Estiró el cuello un poco para después levantarse tras un bostezo perezoso. El cuerpo le dolía a rabiar; los entrenamientos eran cada vez más exhaustos. Esta vez, referentes a la magia. Debía complementarlos con poderosos elixires que Elisabeth le dejó antaño, recuperadores mentales y físicos muy avanzados. Pero empezaban a acabarse. Él no tenía ni idea de alquimia, ni Nyrbe, ni Ashley... Debería entrenar como un humano normal al pasar unos días. Gruñió ofendido mientras bebía el contenido de la pócima. Su cuerpo se notó más ligero, los hematomas pasaron a ser piel normal. Sonrió plenamente y se levantó de un salto.

-Hey Ashley, ¿has visto a los demás? -preguntó mientras salía de su tienda-. Debería conseguir más aceleradores, las reservas se acaban. ¿Cómo entrenaremos entonces?

-¿Como personas normales? -respondió mientras salía a la par de otra tienda, tenía un oído muy fino-. Si no hay aceleradores y no podemos evitar las dichosas agujetas...

-¿Sólo agujetas? -preguntó Dark mientras señalaba una venda que recorría todo su brazo-.

-El de las heridas eres tú, principucho. Si luchases cuerpo a cuerpo...

-Si luchases cuerpo a cuer...

Ella se acercó sonriendo pícara y golpeó su costado tras adivinar lo que iba a decir. Empezaban a conocerse bien. Demasiado bien, pensó, mientras la cazadora imitaba el rostro que iba a poner el príncipe de disgusto.

-¿Cómo va eso de entrenar el hielo?

-No necesito entrenar nada más que el fuego o el viento. Me niego a utilizar la magia para conjurar otras cosas. Dime tú cómo puedo complementar el fuego o el viento con el hielo. Porque yo, la verdad, no lo sé. Sería un desgasto mental increíble para nada. Puedo calentar el aire, avivar la llama. ¿De que me serviría enfriarlo? Estamos en el norte, no quiero pasar más frío del que ya tengo.

-Lo notas, ¿verdad? El hielo abrasador.

-¿Por qué siempre repites lo de hielo abrasador? ¿Quieres que te queme viva y comprobarás lo que es abrasador de verdad?

-Es un dicho de mi pueblo. Un oxímoron en la lectura.
A pesar de que Dark ya conocía de sobras cuál era aquel recurso literario, ella explicó sin guardar ningún pelo en la lengua. Intentaba pensar en tomar algo caliente, en pasársele el mal augurio con el cual se despertaba cada mañana. Pero Ashley le abrasaba a preguntas, historias y mitos. Totalmente innecesarios.

Y la mañana pasó rápido, como siempre. Los páramos del norte le fascinaban sin dudarlo. Mantenía un conocimiento moderado sobre la zona, pero siempre lograba descubrir algún territorio que provocase sorprenderle. El frío no era ningún problema; lograba calentarse con su elemento principal. El problema, era cuando se encontraba cansado. A pesar de que mantener el calor corporal casi no provocaba cansancio, era precavido, y siempre prefería pasar frío a entablar combate con agotamiento mental. Estos días Dark los mantenía en el estudio de la alquimia, del cual había leído, pero nunca usado. Brebajes, pociones, elixires... Si se equivocaba en lo más mínimo, acabaría muerto de intoxicación o exceso. ¿Qué sería lo peor que podría pasarme? Debería intentarlo.

Y pasó días malo, con dolores a rabiar. Nunca más usaría aquella hierba con la flor característica del norte combinándolas en agua destilada. Había provocado justo lo que él quería, ver mejor en la oscuridad. Pero no al precio que él estimaba, el de vómitos, diarreas y darle la mano a la muerte. Encima el efecto había durado unos segundos, demasiado poco para tantos efectos secundarios. Aunque gracias a aquello, logró calmarse un poco sentimentalmente. Ashley pasaba con él los días, le ayudaba a estudiar y le aconsejaba ante según qué elementos del entorno.

-Ashley -Dark le agarró el hombro mientras se retorcía de dolor en la cama.

-Dark...

-Yo... -Intentó encorvarse para abrazarla.

-No hace falta -Le cortó, abrazándolo profundamente.

Elisabeth no recurría tanto a su mente. Ashley lograba calmar aquel recuerdo. Ella le ayudaba a... olvidarla. El olvido le ayudaba a abrirse.

No basta con levantar al débil; hay que sostenerle después.

-Tres pasos más hacia delante, cuatro hacia atrás. Gírate y sostén el arma con las dos manos. Finta, quiebro. Bola de fuego de medio metro. ¡No, eso es más de medio metro! Sí, así está mejor. Recuerda, nunca sabes con qué puedes encontrarte allá fuera. Tanto bandidos como bestias te querrán como comida. No literalmente para los humanos, o tal vez sí, quién sabe.

-¿Por qué insistes tanto en entrenarme? Te recuerdo que vencí en duelo contra ti. Tuviste que huir...

-Sí, pero yo no soy ni una bestia, ni un bandido. Lucho limpio.

Dark no entendía qué era luchar limpio. ¿Implicar el honor a la batalla? Sí, lo hacía. Pero si tenía que luchar por su vida... Tal vez las cosas cambiarían. ¿O su orgullo y prepotencia se lo impedirían?... No, no quería pensar en eso ahora. Se golpeó contra un tronco que caía y se retorció en el suelo.

-Vaya, te has vuelto a sumergir en pensamientos. ¿Sabes lo que te podría costar eso en una batalla real?

-¿Un ojo de la cara? -exclamó mientras se sonreía.

Ashley no pudo evitar reírse. Dark llevaba con buen humor lo de tener un ojo menos. O bueno, más bien, fingirlo. Le había visto aquella mirada hipnotizante. La cicatriz que recorría de su frente hasta la mandíbula le daba un aspecto varonil, mayor. Experto. Se acercó a él y retiró el pelo de su cara, observando dos ojos confusos ante la actitud que había demostrado la cazadora. Dos amatistas desorientadas que fingían no sorprenderse. Se veía el fuego arder en ellas... Un fuego violeta.

-¿Seguro que vamos por buen camino? No me gustaría perder a Colmillo de Fuego. Es importante para mí. Además de que tiene una hoja excelente, corta con facilidad y es ligera.

-Ese tipo de arma es muy útil en combate. Tienes una ventaja abrumadora contra quien use puntas, y una velocidad rápida y precisa contra quien use las hojas. Pero se nota frágil a simple vista.

-¿Frágil? No lo es. Bueno, vale. La hoja está partida por la mitad, pero porque la choqué contra lo que no debía. Debería siempre esquivar a intentar parar.

-Ni velocidad ni reflejos te faltan -le aclaró-, aún así, no entiendo esa actitud tan... ¿Berserker? Que tienes en combate.

-Evaluar al enemigo a primera vista.

-Evaluarlo te ha costado un millar de cicatrices por tu cuerpo.

-Cicatrices que no se repetirán ante un próximo combate.

Los dos se llevaban muy bien a su manera, pero tenían personalidades muy fuertes. Aquellas formas de ser les obligaban a pelearse súbitamente. Compartían un viaje en común, el de encontrar un herrero que reparase a Colmillo de Fuego mientras Dark estudiaba alquimia. Se dirigían hacia Fergor una vez más, pero esta vez Dark debía ir totalmente encapuchado. La capital estaba a unos días de Norin en barco y podrían intentar raptar al príncipe por la fuerza. Ashley iba como su guardaespaldas, o como ella lo decía, su ángel de la guarda. Lo que no sabía, es que él odiaba los ángeles.

-¿Cómo llevas el estómago? -Le preguntó por intentar romper "el hielo."

-Muy mal. No quiero usar a nadie como sujeto de prueba, y al final acabaré lamentándolo. Si me dedicase a estudiar venenos, estoy seguro de que crearía el más letal al primer intento de elaborar el más sencillo. Tal vez... soy un poco malo para el arte de los brebajes.

-Perseverancia, supongo.

-Sería un buen nombre para una espada -dijo sumergido entre pensamientos- mi próxima espada, se llamará así. Perseverancia.

-A mí me parece horrible.

-A mí me parece más horrible llamar a un arco "domador". ¿Qué vas a domar, ardillas?

Volvieron a pelearse. No se dirigieron la palabra hasta llegar a Fergor, donde debían comunicarse obligatoriamente. Y lo hicieron entre gestos y resoplos. Pasaron la puerta principal con facilidad y se encaminaron hasta una casa que según lugareños y guardias era la del herrero del pueblo. No se diferenciaba en nada a las demás del alrededor con una única excepción, la de un hombre con armadura pesada resguardando la puerta. No tardó en reconocer a Dark y poner cara de asco. Ashley tampoco tardó en entender por qué la ponía.

-¿Qué haces aquí, niñato estúpido? -exclamó ofendido-. Espero que te vayas por donde vienes o te juro que te ensartaré mi lanza desde la tráquea hasta el intestino.

-Disculpe por mi comportamiento de hace un año. Necesito hablar con Roker urgentemente.

-¿Que disculpe por tu comportamiento? ¡Incendiaste mi casa!

-Sin querer, ¿vale? -explicó mirando a Ashley.

-¿Sabes qué? Que no te voy a dejar pasar. Antes muerto.

Dark realmente dudó sobre si intentar entrar a la fuerza o no. No era un mal hombre, y tenía mucha culpa de que se comportase así contra su persona. Suspiró pesadamente y sacó una bolsa de áureos que hicieron cambiar de opinión rápidamente al hombre. Pasaron y observaron la humilde morada del típico herrero. En el salón se encontraban cajas de madera con armas desgastadas en una esquina. En las paredes habían escudos de proporciones tanto épicas como diminutas, incluyendo colores y emblemas de familias locales. La forja no se encontraba ahí, si no en la parte trasera,la cual no tardaron en llegar. Hacía un calor sofocante combinado con la humedad del ambiente de Fergor. Dark aprovechó para quitarse la capa y dirigir su mano hacia unos centímetros de su cara para conjurar una brisa constante. Ashley simplemente congelaba por décimas de segundo las zonas en las que tenía calor.

-¡Roker! ¿Estás por ahí? -Preguntó Dark tras observar hacia todos lados.

-No puede ser, el niño de doña Stella. ¿Qué haces aquí?

El herrero salió de detrás de una mesa llena de cajas. Llevaba un delantal que le recorría toda la parte delantera, manchado seguramente por la fragua. Era rubio con ojos verdes y de un rostro muy bello, tanto que Ashley intentó no dirigirle la mirada por mucho tiempo. Les saludó con la mano y comprobaron los dos a la vez que tenía unas manos trabajadas y duras, con rozaduras por todos los lados. Roker se acercó y tendió la mano a Dark para después besar la de Ashley.

-Me alegro de que estés por aquí. Justo ahora tengo un pequeño problema.

Dark no sabía por qué, pero había tenido la sensación de que no sería tan fácil pedir que le reforjasen el arma.

-¿El qué, Roker? -Le preguntó tras otro de sus pesados suspiros. Miró de reojo a Ashley y notó que estaba sonrojada. Tal vez por el calor de la forja.

-Bueno, mi ayudante está muriéndose lentamente. Tiene una intoxicación muy grave y me gustaría pedirte que hablases con Elisabeth para que le preparase alguno de sus mejunges.

La persona tabú había sido nombrada. El príncipe bajó la cabeza molesto y Ashley dio un paso para hablar con él.

-No viaja ya con nosotros. Elisabeth tuvo que marchar hacia los bosques del norte a liderar no sé qué.

-No puede ser... Entonces deberé partir a buscar algún tipo de ayuda. En la ciudad no saben nada de alquimia.

-Yo puedo ayudarte. -Exclamó Dark tras levantar la cabeza-. No tienes por qué salir y perder producción. Dame unos días y prepararé la poción. ¿Aguantará?

-Eso espero.

-Vale, ahora necesito que trabajes para mí unos días, si puedes. Esta espada es de un mineral algo raro y... Se partió en combate.

Dark sacó a Colmillo de Fuego y la tendió entre las manos del herrero. El hombre la esgrimió con facilidad y la levantó para verla mejor con la luz de las velas del techo. Rozó poco a poco la hoja y por la zona partida pasó el dedo tras fruncir el ceño.

-Este mineral es raro, sí. Por suerte, puedo restaurarla. Incluso mejorarla. El arma tiene un filo especial y si se moldea una vez más logrará cortar mucho mejor y resistir aún más golpes. -Explicó-. Bueno, tú curas mi ayudante y yo te reforjo la espada. ¿Te parece bien?

Dark asintió con la cabeza y agarró de la mano a una Ashley embobada con la belleza del herrero. Se dirigieron a un hostal a unas horas de la capital para proseguir con el entrenamiento de alquimia. El joven ya había leído siete libros de alquimia y practicado un sin fin de combinaciones con plantas que ya tenía a mano. Logró crear una poción para ver en la oscuridad durante varios minutos, otra para acelerar el metabolismo y, al final, la tan solicitada poción para salvar al joven aprendiz. Solo le había costado tres semanas de estudios intensos y noches de dolor insufrible. Pero la experiencia era buena en cierta parte, ya que a partir de ahora mejoraría como alquimista poco a poco y podría acabar creando las pociones de Elisabeth para no tener que necesitarla de ninguna forma.

Al fin y al cabo, el olvido consiste en olvidar. Y algo a lo que has albergado media vida deja tal huella que el olvido se vuelve imposible.

-¡Se levanta! ¡Eso es magnífico! -gritó Roker sonriente.

Tras miles de gracias por partes del herrero y el aprendiz que le importaban muy poco a Dark su merecida recompensa llegó rápido. Empuñó a Colmillo de Fuego restaurada y notó que pesaba un poco más, pero que hacía silbar al aire con facilidad. Asestó varios cortes a un muñeco de madera y logró partirlo con facilidad.

-Oh, eso no podía hacerlo antes. La espada se clavaba en la madera, pero ahora... -el príncipe observó una vez más el arma, viendo que relucía con fuerza-, funciona mucho mejor. ¿Podré matar un oso negro de un corte? ¿Podré rasgar la coraza de una tortuga sin dificultad?

Preguntas que se respondió con el paso de los días, probando cada vez que podía su nueva hoja mejorada. Todo iba como la seda, se volvieron a encontrar con Nyrbe y Tsuki y partieron hacia delante para continuar con el tema de los tratados. O todo quería ir como la seda hasta el día que encontraron a una niña en medio del camino en un día lluvioso. Pararon el carro y Dark saltó iluminando con una capa de fuego. La cazadora le siguió y los demás se quedaron resguardando su medio de transporte.

-Es una niña, pero cuidado. Tal vez sea una trampa.

-¡¿Cómo va a ser una trampa, insensible?! -Ashley corrió hacia la pequeña albina y la resguardó entre sus brazos-. Está helada. Trae aquí esa mano en llamas -bramó ofendida mientras agarraba la mano de Dark y la traía hacia la cría para calentarla-. ¿Chiquitina, estás bien?

-S-sí...

Hay que bordear los flancos y observar entre los matojos de izquierda y derecha. Por el frente no nos atacarán si no son estúpidos.

-¿Dónde estoy? -la niña se reincorporó y llevó las manos a sus brazos para entrar en calor-. Recuerdo ver una especie de haz de luz y... Bueno...

-No te preocupes, todo pasará rápido. Ven aquí, Dark. ¿Ves sus orejas? Es semi-elfa.

-Sí, ya me había dado cuenta de hace rato. ¿Te recuerdo que puedo ver en la oscuridad con la pócima?
La niña se giró y levantó las manos, creando una barrera de roca gigante que después cayó encima de los matojos a los que Dark observaba antaño. La barrera era como el triple de alto que ellos. Los dos cazadores observaron a la niña con la boca abierta. ¿Eso lo ha hecho ella? Yo también había sentido magos ahí. Pero cuando ya estaba levantando la barrera.

-Ellos me perseguían, también pasaron por el portal -la criatura se estiró y bostezó de forma perezosa-. Mi cometido era encontraros, pero parece que no he tenido que buscar mucho. ¿Dark y Ashley, no? El elixiado amatista y la cazadora helada.

Cruzaron las miradas, los sobrenombres que les habían puesto a lo largo de sus aventuras eran realmente estúpidos.

-¿Y para qué nos necesitas? -Preguntó Dark.

-Tenéis que entrenarme para ser muy poderosa y combatir a los demonios. O eso me encomendó Elisabeth.

Viendo eso, no es que haya mucho que entrenar... Espera, ¿Eli?

-Encantados lo haremos, ¿verdad? -Miró al príncipe con una mirada seria y fría, si se negaba, estaba muerto-. Sí, los ojos del chico aclaran que sí también.

-Eh, no hables por mí. No vamos a acoger críos en nuestra misión. Sería un suicidio para la niña. Que por cierto, ¿cómo te llamas?

-Em... Mi nombre... -la chiquilla miró hacia el lado- ¡Angelica! ¡Angelica Razuli!

-Eso es el nombre de una planta. Precisamente, la que acabas de mirar. Pero Angelica, tengo mucha paciencia. Tal vez te llames así porque tu padre tenía una absurda devoción a las plantas.

-Sí, algo así. Mi padre era un poco prepotente, pero buen padre, al fin y al cabo. Me enseñó todo lo que sé sobre la magia, es un mago ultrapoderoso.

-¿Y cómo se llama?

-Esos ya son nombres que no entraré en detalle -le explicó enfadada-. Lo importante, es que me vais a ayudar a ser más poderosa.

Dónde me he metido. Por qué el destino siempre juega conmigo de esta forma...

Los débiles son mucho más fuertes en grupo

Un día más, Dark se encontraba reposando en la cama. Su estómago rugía con ferocidad, tal vez por la pócima que tomó el día anterior. Golpeó la cama e intentó levantarse, sin éxito. Pero si la pócima funcionó bien..., pensaba. Pero no sabía que tal vez el aprendiz del herrero también podía estar en peligro. Se levantó como pudo al rato, paró el carro y volvieron una vez más a Fergor, que se encontraba a solamente unas horas de donde habían asentado el campamento.

-Vale, tal vez la haya liado. Seguramente el aprendiz del herrero esté intoxic... -apoyó la mano en un árbol y con la otra se tapó la boca, reprimiendo una pesada carga que quería salir por sí sola- ...intoxicado. Hay algo que falla en mi alquimia, algo que he pasado por alto estas semanas. No sé mezclar bien las hierbas. Es decir, sé sobre recetas, tengo muy estudiada la teórica, pero a la ahora de la práctica... Pasa ésto. He creado sin querer venenos lentos que actuan cuando el metabolismo los digiere.

Tras la explicación, se dirigieron a paso rápido a casa del herrero. El hombre con armadura de la puerta les dejó pasar mirando mal a Dark una vez más. La fragua estaba igual que siempre, pero con una diferencia: estaba apagada. Nunca había estado apagada en años.

-¡Maldita sea, don Dark! -Rekor salió del dormitorio con un cubo de agua y varios paños en la otra mano-. Mi aprendiz está aún peor que ayer. Duró unas horas en perfecto estado y después su estado empeoró a las horas.

No hace falta que lo digas, lo sé de sobras.

-Bueno... Seguramente le suministré un antídoto que no era para él. Pero no te preocupes, lograré curarle. Y con esta garantía... -sacó a Colmillo de Fuego de la funda de su espalda y la tendió en la mesa del herrero-. Hasta que él no esté curado, no vendré a por la espada reforjada. Y si muere... Véndela. Te darán mucho dinero por ella.

-Un trato justo, aunque no querría llegar hasta esa situación... ¿Cuánto crees que le queda?

-¿Y yo qué coño sé? No soy médico. Solo te estoy asegurando de que buscaré una solución para mi error. Tarde lo que tarde, volveré. Toma estos áureos para compensar la falta de producción...

Volvieron al carro. Dark repasó una vez más todos los libros durante varios días, esta vez aguantando la fiebre y dolores a raíz de la intoxicación que él mismo se provocó. Creía hacerlo todo bien, repetía el proceso... El mismo color, olor y propiedades gaseosas. ¿Qué era lo que hacía mal?

-Estás... ¿echando las plantas al revés? -preguntó Angelica con el ceño fruncido.

-¿Como que echando las plantas al revés?

Golpeó su frente con la mano derecha y miró hacia el suelo abochornado. Coño, que hay un orden. Hay un p... orden.

-¡Ahora dame las gracias! -exclamó la semi-elfa mientras colocaba sus manos en la cintura, con una postura de superioridad-. Porque si no fuese por mí, te matarías tu solo con tus pociones.

-Habría llegado a esa conclusión... Pff... -suspiró-. Gracias, Angelica. Ahora vuelve a estudiar o te pegaré un buen castañazo.

-¿A que te chamusco?

-Si me chamuscas no podré enseñarte más -Exclamó encogiéndose de hombros-. Si quieres hacer eso, adelante.

-Vale, ganas esta vez.

La niña se fue danzante hacia su tienda y el príncipe aprovechó para agarrar los elixires y alzarlos en alto. Tiró todo lo que había hecho hasta entonces e invertió el orden de las pociones. Agarró el pequeño frasco tras la exitosa producción y lo tomó, centrando su vista en la densa oscuridad momentos después. Logró ver exitosamente en la oscuridad. Al día siguiente, su estómago ya no dolía. Ya no tenían que haber más problemas, así que preparó una vez más el dichoso antídoto y se dirigieron por última vez a casa de Roker.

-Toma. Se pondrá bien esta vez.

-¿Qué ocurría? ¿Qué hiciste mal?

-Yo... em...

-Tiraba las plantas al revés -contestó por él la cazadora-. Ahí donde lo ves, este "prodigio" tiene fallos muy tontos.

-Ese fallo casi le cuesta la vida a mi aprendiz, pero... Por lo menos, ha funcionado. Agarra tu arma, pero no antes sin pagarla. Lo siento, pero he perdido demasiada producción por tu culpa.

Dark pagó la espada refunfuñando y notó un agujero en su bolsillo, riñón y corazón. Cómo dolía perder tanto dinero en un solo momento... Pero no dolía ni un cuarto de no verle a ella. O tal vez la mitad. El dinero era doloroso, sin lugar a dudas.

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Re: El alquimista del destino.

Mensaje por Isma el Vie Nov 06, 2015 10:34 pm

Primero que todo, no acabo de entender el uso que le das a los guiones y a veces no pones mayúsculas después de punto. También he de mencionar que algunas palabras no quedan del todo bien en el contexto. Pero es entretenida y cumple su objetivo. Aunque hay algunas partes rebuscadas como lo de la chica, aunque supongo que lo explicarás más adelante.

Ganas la profesión y tu espada de grado dos forjada con un mineral ultra raro. (Acero Very Happy). No resto los áureos porque la espada se queda como estaba. Tan solo has hecho un favor a un herrero que te ha arreglado la espada a cambio.

Además, consigues 3696 puntos de experiencia y 5544 áureos.

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