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Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Luthia Zul el Vie Nov 20, 2015 7:11 am

-¡Eres un genio, Tura! ¡Has encontrado lo que estábamos buscando!-

-¿L-lo soy? V-vaya, deberías llamar a mi padre p-para darle la buena nueva- Tura dijo sonrojado mientras veía como Astinus se dirigía de manera rápida, pero silenciosa con Luthia.

-Mira, Luthia, lee esto-

Ella tomó el libro y comenzó a escanearlo.
Era difícil concentrarse en el tomo, unas partes estaban escritas en primera persona, luego divagaba un poco con cómo se sentía el autor, y terminaba usando la tercera persona. Tras unas hojeadas, Luthia se dio cuenta que quizás este libro era un diario por la manera en que estaba escrita.
Pero… Que tan viejo habría de ser esto para poseer detalles de historias de los tan susodichos demonios.
Varias cosas pasaron por la mente de Luthia en ese segundo.

El autor quizás ya estaba muerto, pues los relatos utilizaban modismos algo antiguos para esta época.
O quizás era alguien más longevo, como un elfo. ¿Earandil quizás?


Si la dueña de este diario era la Líder del gremio, lo mejor sería tratar de contactarla inmediatamente. En caso de no ser ella la propietaria, quizás Earandil podría intuir quien es el dueño o usar la información escrita para lanzar una estrategia con los enemigos actuales.

Incluso hubo un momento en que a Luthia se le ocurrió buscar al Loco Tod. Pero era imposible saber si el viejo se encontraba en el gremio, o había salido a defender los alrededores. El Loco Tod era alguien hábil, aunque sumamente peculiar en su manera de actuar, y claramente sabio.

-Sería bueno comentarle esto a Earandil. Y si no la encontramos, quizás consigamos información con el Loco Tod. ¿Qué dicen?-

Al tener una fuente de información ahora, el trio debería decir si probar suerte en buscar a Earandil, o al Loco Tod. Aunque era dudoso si tendrían tiempo para buscar a ambos.

El extraño que se encontraba cerca de ellos, claramente no miembro de Summa Sapientia. Era obvio, al menos para Luthia, que los había estado escuchando desde hace rato.
Hasta ahora, no se había detectado malicia alguna en el forastero, y quizás sólo buscaba refugio en el gremio.

Luthia tomó el diario, y se puso de pie. Moviéndose a la sección siguiente y acercándose al hombre. Sería mejor enfrentarlo de una vez.
-Buenas señor. Mi nombre es Luthia. Veo que no es parte del gremio. ¿Habrá algo en que le pueda yo ayudar? Dudo mucho que encuentre mucha información en el libro que lee usted- Dijo amablemente, mientras miraba el escrito que leía el personaje frente a ella.

”El Corazón: Piedad o Pelear”

Ciertamente no un libro a escoger para tomar un descanso recreativo, pues era un rudo análisis sobre el uso de la Magia en la sociedad contemporánea. A Luthia le pareció que un extraño no tomaría ese libro a menos que fuese a tener un examen teórico sobre la moral de la magia, y por su vestimenta, no era un adepto en magia.  

Estaba a punto de descubrir si su intuición le decía lo correcto.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Abbadon el Vie Nov 20, 2015 7:06 pm

Una mano me guió hasta un puesto vacío en el carruaje que usaríamos como transporte. Me subí y me senté donde me indicaron. No era muy placentero para mí obedecer órdenes, pero volver a morir por no hacerlo tampoco era muy de mi agrado. No tardamos en ponernos en camino, todos tenían tanta prisa como yo por ver a las terribles criaturas que tanto miedo ejercían sobre el mundo. ¿Realmente serían para tanto? En cierta forma las admiraba, pues yo deseaba ser así. Causar tanto pánico en la gente da un poder inimaginable. Pero estaba muy lejos de conseguirlo, demasiado lejos. Sin embargo tenía la esperanza de que este viaje me fortaleciera y me permitiera aprender algo más. Quise preguntar cuantas horas duraría el viaje, pero preferí callar. Cuanto menos oyera las voces de mis acompañantes menos ganas tendría de matarlos.

No era necesario, de todas formas, que me respondieran. Dada la ubicación del gremio la distancia hacia el centro era enorme y tardaríamos horas, si no días en llegar. Pero tenía la paciencia que la eternidad me daba y, si alguna ventaja obtenía de mi situación es que no dormía. Podría guiar el carro mientras el resto sí lo hacían. A no ser que quisieran parar a descansar y dormir en el suelo en vez de en el transporte y los animales. Acaricié mi daga mientras pensaba en mil y una forma de deshacerme de los nigromantes que me acompañaban por si surgía la imperiosa pero deseada necesidad de hacerlo. Si los mataba de forma sigilosa no tendría ningún problema.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Dark S. Satou el Sáb Nov 21, 2015 4:35 pm

-¿Acaso os creéis superiores a decidir o prejuzgar ante personas que son títeres de un líder marginado tanto política como socialmente?- Exclamó mientras la llama de su hoja se volvía más intensa -No, no lo sois. Esta era la opción diplomática, el mal menor. Pero habéis alzado espadas contra un grupo que aún no lo había hecho. Los bandidos son unos matados bravucones que buscan sembrar el miedo a base de la mayoría numérica de la cual suelen destacar. Perros sin bozal.

Inclinó su mano izquierda hacia atrás y se propulsó diez metros en tan solo un segundo gracias a un conjuro de viento, abarcando la distancia necesaria como para cortar el torso del líder. Agitó la mano, dando varios saltos ágiles en el mismo sitio para estirarse y entrar en calor. El bandido ni se estremeció, pasando la mano por la herida y llenándose las manos de sangre. Con que solo superficial, ¿eh? Pensó a la vez que daba un quiebre ágil hacia un lateral para evitar el espadón que desenvainó rápidamente. Eso no puedo bloquearlo. Deberé tener cuidado.

-¡Venga niñato, intenta bloquear si tienes cojones!- Gritó lanzando un corte horizontal que el príncipe esquivó con un salto.

-¿Y para qué voy a intentar bloquear algo que no puedo? Intenta tú darme, si es que puedes. ¿O es que no puedes?- Vaciló mirándole seriamente.

Los bravucones suelen ser propensos a ataques de ira contra cosas que no puedan golpear o superar murmuró mientras ponía su cuerpo de lado para evitar una estocada. Lo único que tendré que hacer es cansarle y degollarle. Pero no sería tan fácil; su oponente cada vez aumentaba más la velocidad, haciendo que incluso a Dark le costase esquivar los cortes. El primero sesgó su costado que, por suerte, solo fue un pequeño corte. El segundo cortó su mejilla al no agacharse con la suficiente agilidad. Vale, tengo que tener más cuidado. Esto empieza a escocer.

-¡Muahaha! ¿Ves? Todo lo que tienes de chulo, lo careces de guerrero.

-Llevo un año luchando con gente igual o peor que tú, para que tú vengas ahora y juzgues sobre mí. -Se encogió de hombros y apretó los labios, agarrando a Colmillo de Fuego con las dos manos. -Así que toca luchar en serio.

Y el segundo asalto comenzó con el ágil espadachín cortando media cara de su enemigo con una ágil finta. Gritó enrabiado y le golpeó con una patada que bloqueó con antebrazo izquierdo, retrocediendo aturdido varios pasos debido a la intensidad del golpe. Esta vez acudió a usar el mismo conjuro de viento para salvarse de una muerte inminente. Resopló agobiado y llevó la mano a su costado, llenándola del espeso carmín que emanaba de la herida anterior. Saltó hacia delante y vio la claymore de su enemigo venir. Se retorció hacia un lado encogiéndose lo más que pudo y asestó el golpe final, que degolló a su enemigo completamente. La cabeza cayó a varios metros y el cuerpo impactó contra la nieve, manchándola de rojo poco a poco.

-Ahora, a seguir con el plan.

Corrió hacia el carruaje aprovechando el fragor de la batalla de sus aliados y se acercó a uno de los caballos para partir el asta del carruaje que el unía de un corte. Saltó encima del caballo ayudándose de una sola mano y comenzó a cabalgar hacia la bifurcación. Pasó por el lado de Nyrbe y lo miró de reojo.

-¡Llévales de vuelta donde el abuelo Harken!- Gritó mientras golpeaba con más fuerza las espuelas -¡Cuando rescate a Angelica volveré, esta es mi lucha, no la vuestra!
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Alex el Sáb Nov 21, 2015 7:39 pm

Los bandidos se echaron sobre ellos y Alex se preparó para la primera embestida. Detuvo un ataque con su mandoble. Aquellos rivales no eran gran cosa, serían simples hombres sin entrenamiento, pero eran bastantes. Dark se puso a luchar de inmediato con el líder mientras hacía un monólogo sobre la moralidad. ¿De verdad estaba defendiendo a estos engendros? ¿A los que habían amenazado con matarlos y violar a las mujeres? ¿Qué clase de moralidad tenía? Hablaba sobre opciones diplomáticas y sobre superioridad para juzgar. Alex nunca lo necesito, no cuando su vida o la de los usyos corrían peligro.

-¿De verdad vas a hablar de moralidad cuando has ofrecido a unos violadores que se unieran a ti? ¿De verdad me juzgas por levantar mi espada contra aquellos que han amenazado a los míos? No hay piedad para quien haga daño a mi familia- Le aseguró a su compañero.

Acto seguido clavó su espada en el pecho de uno de los atacantes destrozando su esternón. Se dirigió a por otro, pero recibió una bola de fuego en la cara que, sin duda, sería de Ele. Nyrbe e Isma también estaban entretenidos luchando. Uno de los bandidos trató de acercarse al carro, pero murió carbonizado. El siguiente rival de Alex no tuvo mucha suerte y sufrió un destino similar al del anterior. Aunque consiguió golpear al mercenario, la armadura le impidió hacer daño y su ropaje no sirvió de defensa ante el imponente espadón que lo partió en dos. Mientras se distraía, el príncipe terminó con el líder y robó uno de los caballos de los Harken. Alex no se habría enterado de no ser por el grito de Sam.

Como era lógico, el mercenario miró y vio al chico llevándose a Parduzco, el caballo favorito de su abuelo. Silbó con tanta fuerza como pudo y el animal se detuvo en seco antes de dirigirse hacia su dueño. Lo tenían desde hacía mucho tiempo y había pasado muchos días con él. El equino lo obedecía y respondía siempre a sus silbidos. Esta vez no iba a ser diferente. ¿Por que trataba ahora de huir? Y no solo eso, acababa de destrozar las bridas del carro y ahora costaría arreglarlo. Y, si se llevaba un caballo, pondría en aprietos al resto del grupo. Pero Alex no sabía que pensar ahora mismo y la lucha le impedía organizar sus ideas o reprender a Dark.

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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Astinus Wallace el Sáb Nov 21, 2015 10:10 pm

Luthia dijo algo muy sensato. Ellos no descubrirían gran cosa sobre el libro, pero había alguien que sí lo haría. Earendil podría entender todo lo que había en aquel texto y seguro que se alegraba de que lo hubieran encontrado. Ahora hacía falta encontrarla pues con tanta gente fuera del gremio era posible que ella también se hubiera marchado. De ser así, ¿debían acudir al Loco Tod como señalaba su compañera? Sin duda ese hombre era un sabio y un genio, pero también un demente. ¿Y si quemaba el libro o lo perdía por un accidente? Astinus no quería desconfiar de él, pero pro algo tenía ese sobrenombre. Era mejor buscar a la líder del gremio.

-Si Earendil no se ha marchado debe estar en su despacho. Nunca he entrado y me da mucha vergüenza, pero podíamos ir y comprobarlo- Le dijo a Luthia.

Aunque no sabía muy bien si su compañera lo había escuchado pues habló con un desconocido que, al parecer, leía un extraño libro. Astinus se fijó en él. No lo había visto nunca, aunque no era extraño ya que no se fijaba mucho en los miembros del gremio y había demasiado como para que él los recordara a todos. Pero había sido un gran fallo por su parte no haberse dado cuenta de que había alguien tan cerca. ¿Y si era un espía de los demonios que quería averiguar cuanto sabían? No, era una idea absurda e improbable... ¿verdad?

-¿Podemos ayudarle en algo?- Preguntó.

Astinus se sintió mal por haber pensado algo así. ¿Cómo iba a ser un simple hombre cómplice de los demonios? Por lo poquísimo que sabía, lo único que querían era destruirlo todo. No iban a hacer aliados. Pero seguía siendo extraño ver a alguien ajeno al gremio dentro de la gran biblioteca. Además había que pedir permisos para entrar pero, claro, ahora tampoco había nadie vigilando.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Talamaur el Dom Nov 22, 2015 6:23 pm

Por fin apareció Tharkos y esta vez venía de frente, algo que me hacía pensar que estaba haciendo otra ilusión de nuevo. Para comprobarlo usé una de las avispas que tenía guardadas y la hice volar para que se posara en su espalda, si se apoyaba era real si no sería una ilusión. Observé que la avispa se había apoyado en su espalda, lo que me verifico que él era real. Ya había llegado a mi lado, cuando comenzó a hablarme con la superioridad con la cual lo hizo la última vez. Me comentó que no había cambiado nada y que era un desperdicio, lo que hizo que tuviera que contenerme para no atacarlo. No me gustaba nada su manera de hablar y de dirigirse a mí, pero tenía que contenerte  ya que sabía que era un mago más habilidoso que yo.  Siguió hablando sobre la misión que me iba a encomendar, recalcando que esta vez tendría más objetivos que la última vez que nos encontramos. Básicamente era buscar a un hombre, llamado Bames Jond y de paso buscar información sobre los demonios.

Había escuchado algo sobre los demonios en este mes, aunque pensaba que eran delirios de algunos o alguna secta que estaba emergiendo en algún lugar lejano. Tras decir lo de los demonios, Tharkos creo unas tinieblas y desapareció como la última vez, observando que la gente que estaba a alrededor no se había inmutado. – Con que Bames Jond – me dije pensando qué clase de persona sería, para pertenecer a los espías del gremio. Lo que más me extrañaba de la información que acababa de recibir, era que no especificaba que hacer con el objetivo al encontrarlo. En otras misiones había que robar, matar o en raras ocasiones escoltar, pero en esta ocasión nada. Me quede un momento pensativo, ya vería sobre la marcha y procedería según lo que me encontrara. Tenía que ir a la frontera en su busca, por lo que buscaría algún caballo por allí y lo cogería prestado. – Vamos Rutha – dije caminando en busca de transporte, ya que no me apetecía recorrer el desierto andando.

Llegue a un puesto de guardia, percatándome que había varios caballos atados a un poste delante de él. No había nadie así que era una buena oportunidad para agenciarme uno, aunque debía de ser rápido para que no me cogieran. Ya estaba cerca cuando el oficial de más rango salió del edificio - Yo soy el que manda aquí, así que no hay nada más que hablar – dijo mientras se montaba en un caballo y salía al galope hacía las afueras del pueblo. Ya sin el oficial me subí en el caballo más cercano, desatándolo previamente, pero antes de salir escuche una voz detrás de mí. – Oye, ¿Qué haces con el caballo? – dijo con la espada en la mano. En ese momento pensé en algo que pudiera confundirlo momentáneamente, para poder escapar de allí sin tener que luchar. Transforme mi cara en la del oficial que había salido y mire al guarda, que era un novato recién llegado a juzgar por su uniforme. – No ves que estoy en misión de espionaje, vas a descubrir mi disfraz. Ve dentro antes de que me alguien sospeche – dije tajante y sin vacilar, esperando que el novato se lo tragara. El guarda dudo durante un instante – pero, ¿segur….. – dijo pero lo interrumpí – Yo soy el que manda aquí, así que no hay nada más que hablar – dije repitiendo al frase del oficial. – Si señor- comentó el novato metiéndose para adentro. Comencé a cabalgar con rapidez hacía las afueras del pueblo, recuperando mi tapadera del rostro del borracho, quería llegar a la frontera antes de que cayera el sol. Para cuando descubrieran el engaño ya debería de estar lejos, aunque tendría que estar preparado por si acaso me seguían.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Rog'Muk Warsong el Dom Nov 22, 2015 7:15 pm

El humano que luchaba contra Rog'Muk, enfureció ante el comentario que le tachaba de cobarde y el cabezazo que había recibido, pero su furia no era mayor que la de aquel trío de orcos, y desde luego, no le ayudaría en el combate. Pero no dejaba de ser un oponente difícil a diferencia de sus compañeros. Lanzó un corte en vertical, usando su peso como aliciente para que el ataque fuese devastador, por lo que el orco saltó hacia un lado para evadir semejante ofensiva. Poseía una gran fuerza, pero su contrario también y no podía arriesgarse. Aún había muchos esclavos esperando su llegada triunfal.

Esta vez fue el hombre de piel anaranjada el que hizo su movimiento. El hacha de su mano izquierda se detuvo ante la espada del humano y pudo aprovechar la situación para utilizar la otra y conseguir encajarle un corte. El cuero de su armadura frenó gran parte de los daños, así que no fue letal. -Y es por eso que es estúpido ir sin armadura. ¿Te crees lo suficientemente bueno como para ir desprotegido?- Comentó el herido, con una mueca de dolor y contra-atacando nuevamente. -Por supuesto que no. Aún no soy más que un guerrero novato entre los míos. Pero tanto equipamiento me resulta incómodo y reduce mi movilidad.- Respondió, girando por el suelo para esquivarle una vez más y saltando para acabar hundiendo ambas hachas en los hombros del secuestrador.

Rog'Muk, al verlo indefenso, incapaz de mover sus brazos y desangrándose, sintió piedad. Sabía que moriría tarde o temprano, pero no hacía falta darle el golpe de gracia. Aunque realmente, morir de dolor y por falta de sangre era una mayor agonía. No obstante, no clavaría su arma nuevamente en un ser que no podía seguir su batalla. -Hubieras sido un gran luchador si hubieses escogido otro camino. Pero jugaste con la gente equivocada.- Poseía grandes virtudes, pero no tenía una buena disciplina ni fue capaz de seguir el ritmo del orco. Después de todo, no era más que una masa de músculos con una hoja enorme.

Kashira, en vista de que sus acompañantes eran capaces de derrotar al enemigo sin su ayuda, se fue junto a los prisioneros para brindarles apoyo y curar sus heridas. Su magia aún era débil, pero podía sanar algunos cortes y cardenales. Y el combate no se prolongó demasiado. Los pocos supervivientes huyeron y el clan Warsong pudo liberar a los cautivos. La orca usó su magia blanca para curar también el corte de Rog'Muk. -Llevémoslos ante su líder. Se alegrarán de verlos a salvo.- Sugirió este.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por FlyFenrir el Dom Nov 22, 2015 7:40 pm

Aunque miraba al libro que había cogido no trataba de leer ni comprender nada. Solo oía lo que decían aquellos a los que había seguido. Parecieron encontrar algo, algo sobre la última vez que los demonios estuvieron aquí o al menos eso me pareció entender. Dijeron que una tal Earendil podría saber más, supuse que debía ser alguien importante en el gremio de magos. Noté entonces que los pasos de alguien se acercaban, alce la vista del libro y vi que era la chica del grupo al que había seguido. Me  dijo su nombre y comentó que no era parte de su gremio. El joven que iba con ella se sumó a pregúntame  si necesitaba ayuda. La chica dijo que en el libro que leía no hallaría mucho. Cerré el libro provocando este un sonido como de un golpe y poniéndolo donde lo había cogido dije. -Lo cierto es que no se si quiera de que va este libro. He venido aquí siguiéndoos a vosotros, pues he pensado que quizás alguien que en lugar de huir se encierre en busca de algo puede ser por dos razones. La primera es que tenga algo que ver con lo que está sucediendo y quiera aprovecharse de la confusión que reina o que sea alguien lo suficientemente sereno como para buscar solución a lo que nos acontece. Por lo que he podido oíros habéis encontrado algo que podría ser una pista sobre los demonios. Si no tenéis inconveniente me gustaría ayudaros, no soy tan listo como vosotros los magos pero os ayudare en lo que pueda. Como se suele decir 2 cabezas piensan mejor que una, así que cuantos más seamos quizás hallemos más.- Dije mientras hacia algunos gestos con las manos mientras hablaba. La falta de costumbre de hablar con la gente me hacía no explicarme a veces con la suficiente claridad, pero esperaba que lo hubieran entendido.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Ishkar el Dom Nov 22, 2015 7:57 pm

Alguien dijo una vez: "La fortuna favorece a los audaces". Pero no todos los hombres podían blandirse con su coraje y esperar que les lloviera ese tesoro. Un claro ejemplo era aquel bandido, que a pesar de superar a su enemigo en número, decidió intervenir de forma individual y atacar al coloso. Armado con una espada corta, lanzó un corte ascendente y diagonal contra el vientre del audron. Este ni si quiera se inmutó. Recibió el ataque de pleno, aunque la fuerza de aquel humano no era suficiente como para penetrar para conseguir una herida mortal. Tan solo pudo realizar un corte leve, que aunque doloroso, no impediría que el albino contra-atacase. Golpeó la cabeza de su contendiente con el mango de la espada y lo empujó con el pie derecho. -Eso no será suficiente.- Comentó, realizando un ataque devastador. El bandido no tuvo forma de sobrevivir ante semejante embestida y sus compañeros se sorprendieron.

Al no moverse y recibir un corte sin inmutarse, parecía que la arrogancia de Ishkar no conocía límites, aunque realmente no pretendía dar esa impresión. Su velocidad no era su fuerte y aquel oponente fue lo suficientemente rápido como para atacarle sin que este pudiese reaccionar. Mas no fue rival para su fuerza bruta. Pero al ver la actuación del audron, los restantes se prepararon para atacar a la vez. No quería sufrir el mismo destino que su compañero, aunque no parecían afligidos por este.

-¡Vamos!- Exclamó uno de ellos, dirigiéndose a un costado mientras el otro iba al contrario. Eran muy predecibles, pero aún si el audron podía saber desde donde atacarían, no sería capaz de detener a ambos y menos aún evadirlos. Fruto de su combinación, encajaron varios cortes en el coloso. Uno en la espalda, otro en el pecho y un tercero en las costillas. Todos superficiales, pero harían mella en el grandullón, que desfalleció por un instante. Giró sobre su propio eje, imitando a un remolino, aunque solo media vuelta. Uno de sus adversarios recibió un tajo a tener en cuenta que le dejó con una rodilla hincada en la arena y presionando una de sus manos en la herida.

<< Esto va a ser un problema. >> Pensó, observando la sangre que emanaba de su cuerpo. Centró su atención en el hombre que apenas podía moverse y lo decapitó antes de que recuperase el aliento, pero aún seguía quedando uno y parecía ser el más veloz.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Gautrek el Dom Nov 22, 2015 7:58 pm

- para aquí- le dije al goblin mientras cogía un poco de aire. No nos habíamos alejado demasiado de la posada, pero si lo suficiente como para que fuera difícil encontrarnos. El goblin se sentó en el suelo exhausto mientras pensaba rápido lo que hacer, ya que la vida de Pim, Pam y Pum, podían correr peligro. Tenía que volver a por ellos, pero no podía dejar a quien había rescatado a merced del bosque. Pero al otear un poco los alrededores describí algo. Interesante, una madriguera vacía, seguramente de algún lobo o algún animal mal pequeño. La revise mejor para comprobar que realmente estaba vacía, que así era y le dije al goblin que se metiera en su interior. – Confía en mí, te sacare de aquí en cuanto pueda – le comenté entregándole una daga que nunca usaba y tapando la entrada con una roca cercana, lo bastante pesada para que alguien normal no pudiera abrirla. Le deje un pequeño hueco para que pudiera respirar y le di mi odre de agua y un trozo de pan. – Vuelvo enseguida – dije corriendo al cruce donde había quedado con los tres hermanos.

Corrí camino abajo a toda velocidad, mientras escuchaba sonidos de pelea en el cruce que había quedado. Llegue al camino y pare un instante, lo suficiente para ver la escena de detrás de un arbusto y sin que se percataran de que estaba allí. En estas circunstancias ser enano tenía sus ventajas ya que podías esconderte mejor, aunque nunca lo reconocería por orgullo. Vi con nerviosismo como Pim estaba herido en el brazo izquierdo, mientras Pam y Pum lo protegían de 3 hombres. 1 de ellos era un guarda, mientras los otros dos eran simples campesinos con una espada – Jajaja, os hemos atrapado, ¿pensabais que podíais escapar después de lo que hicisteis? Ahora os mataremos aquí y ahora – dijo el guarda. – Pero Filip, Jasón no estaría de acuerdo con matarlos, vamos a llevarlos ante el- dijo uno de los campesinos – NO- dijo tajante – ahora no está Jasón y estoy al mando, así que los mataremos y se acabó- dijo abalanzándose contra Pam. Entre Pam y Pum pudieron repeler en parte el ataque, pero Pam se llevó un corte en la pierna derecha. Era más diestro con la espada que ellos dos, así que debía de tener cuidado al salir, por lo que me puse a la espalda de los tres hombres y hablé.- JAJAJA, veo que los habéis capturado, el del centro para mí – dije poniéndome cerca de los dos pueblerinos.

- ¿Quién eres tú? – dijo Filip mirándome desconfiado

Por aquella pregunta supuse que el guarda ya se había dado cuenta que no era amigable, así que saque mi hacha rápidamente y le corte la cabeza al hombre que estaba más cerca. El otro se puso a gritar como loco por lo que había hecho y se puso en guardia, no sin temblar de miedo. – Habéis herido a mi familia y eso os convierte en mis enemigos – dije con voz fría, mirando al guarda y al otro hombre. – Me alegro de verte Gautrek- dijo Pim sentado en el suelo con la mano en el brazo. Me acerque con rapidez al campesino, el cual levantó la espada con los ojos cerrados y el bajo con rapidez. – No se puede luchar con los ojos cerrados – le dije evitando fácilmente su espada y hundiéndole el hacha en el pecho. Tenía la barba con manchas de sangre al igual que parte de mi armadura, si tenía que manchármela por los míos no dudaba. El guarda se había quedado un poco confuso, pero se lanzó rápido hacía mí, lanzando un golpe horizontal. Con el hacha lo paré pero no con la suficiente rapidez, lo que provoco un pequeño corte en el brazo derecho. – Eres bueno, pero no tengo tiempo para ti – dije lanzando un fuerte golpe hacía su cabeza, pero él lo paro con la espada. El fuerte hachazo hizo que se tambaleara y cayera al suelo de espaldas y allí estaban Pam y Pum para acabar el ataque, atacándole con fiereza. – Corred, coged a Pim y vayamos a casa de mi padrastro, el curara tus heridas – dije con presura. Antes de irme cogí la espada del guarda, que se veía que era algo mejor que las otras dos.

Al salir del camino escuchamos como caballos se acercaban al cruce y gritos como de órdenes. Teníamos que salir de allí lo antes posible y de camino nos llevaríamos al goblin que habíamos rescatado. Quería preguntarle de donde había venido y porque lo habían capturado, aparte de si sabía algo de demonios de los que se estaban hablando. El camino no era muy largo pero con Pim herido y el Goblin que apenas se podría mantener en pie, iríamos algo lentos. Mientras ellos andaban yo intentaba borrar el rastro, colgando unas ramas secas detrás de mí, borrando parcialmente las huella de nuestros pasos. Esperaba no encontrarme nada peligroso por ahora, hasta que saliéramos de casa de mi padrastro.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Tomoyo Mitsuko el Dom Nov 22, 2015 8:28 pm

     Al final me contestaron con una cara bastante triste el tema de los demonios, al parecer llevaban una semana escapando de ellos después de que uno de sus hijos muriese y se estaban dirigiendo a Fergor. Había escuchado noticias sobre esa ciudad, capital del Norte y uno de los mayores puntos comerciales por ese lugar, quizás mereciera la pena viajar a la ciudad tanto para aprovisionarme como para tener cierta protección más, las ciudades eran mucho más protegidas que las poblaciones que había visitado por el camino. Miré a los viajeros y viajeras y pude ver algunas caras tristes, algunos parecían campesinos y otros simplemente ciudadanos asustados, les acompañaría para protegerlos, no había necesidad de que muriese más gente por el camino y si yo podía evitarlo lo haría.

     -Fergor, capital del Norte, queda bastante camino para llegar, tendremos que tener cuidado con los bandidos y proteger las provisiones de posibles animales saqueadores. Os acompañaré hasta la capital y ahí nuestros caminos se separarán.-Dije con una sonrisa.

     -Yo por desgracia solo tengo una patata y algo de bebida en la cantimplora, así que si puedo tomar prestado algunas de las provisiones podré acompañaros.-Añadí con la misma sonrisa

     Después de mis palabras tomé mi ballesta y empezamos a caminar hacia el norte, con la esperanza de que alcanzaríamos Fergor sin ningún contratiempo, o al menos es lo que yo quería. Los demonios parecían historias de niños pero si ellos se lo han tomado tan enserio es que algo debe de haber pasado por el centro del país y necesitaba información, mucha información. El tiempo se había despejado y no nevaba casi, sería fácil llegar a la capital si seguía de esta manera y sobretodo sería fácil encontrar información ahí. Solo espero que no haya más problemas allá que en el propio centro, al parecer los demonios se acercan aquí, si no no me explico como es posible que estos viajeros solo lleven una semana escapando, deben de vivir bastante cerca, comparado a mi caminata de casi un mes y medio.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Xyox el Dom Nov 22, 2015 8:51 pm

Después de liberar al resto de los orcos cautivos y de que estos fueron asistidos por Kashira, se emprendió el viaje de vuelta al hogar de los mismos, al llegar orco se reunieron con sus pares, haciendo que la tristeza y la desesperación se esfumara en segundos. Aunque el viaje que se emprendió en primer momento esperaba que la cantidad de orcos fuera mayor, ya que alguno que otro en el transcurso del viaje de retorno se me dijo que algunos fueron vendidos y otros perecieron por las condiciones en que los tenían, yo aún estaba molesto. Mi ira continuaba creciendo más y más. No quería que volviera a suceder algo así con otro clan así sea más pequeño que el de los Iron bulls, por lo que que aproveche el momento de comenzar con la misión en la que había emprendido en un primer momentos
-. Iron Krug… yo.. Garrosh Hellscram del clan Warsong exijo que te unas a nuestro nuevo pacto para unir cada clan orco bajo un estandarte y devolver a la raza orca a la cúspide del mundo, el plan es evitar que algún otro orco sea esclavo de otra raza y ayudarnos mutuamente!.-
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Isma el Dom Nov 22, 2015 9:37 pm

Isma cada vez estaba más cerca de estallar y volver a sentir la mandíbula del príncipe entre sus nudillos, pero el verdadero peligro estaba al frente y no podía empezar una disputa con su compañero cuando sus vidas estaban en juego. No obstante, no entendía como Dark quería concederles el privilegio de la duda a aquellos canallas. Pues, a pesar de que era cierto que muchos se guiasen en base a su líder, no eran armas que este empuñase. Eran personas y, aún si era bajo amenaza o por deudas, se dedicaban al crimen y ninguno de ellos puso pegas sobre las intenciones del portavoz. Es más, la sonrisa se dibujó en sus rostros con facilidad al imaginar sus posibilidades con las féminas.

Por suerte, seguía estando el mayor de los Harken para dejar las cosas claras. Pero, Isma pensaba que Dark no era consciente de lo que hacía o decía. Se había dejado llevar por la desesperación y quería salvar a Angélica y a su hogar de cualquier forma. Algo que los mercenarios no debían permitir. Tenían que demostrarle que no hacía falta valerse de cualquier medio para vencer en una guerra.

Mas no había tiempo para darle vueltas al asunto. Apenas en unos segundos ya tenía a uno de aquellos bandidos a punto de sesgar su cuello. Pero el arma no pudo si quiera hacerle un rasguño a su escudo de acero cuando este lo puso por delante. Al ver que su ataque no había surtido efecto, aquel hombre saltó hacia atrás y contempló al joven guerrero que le observaba con seguridad. Una espada corta, precisa y ágil y un escudo capaz de bloquear cualquier ofensiva que pudiese realiza. ¿Tenía algún punto débil? Desde luego, pero no para aquel criminal que apenas sabía sostener su arma.

El combate se prolongó por varios intentos en vano hasta que Isma consiguió desestabilizarlo con un golpe y pudo atravesar su abdomen. Ultimando con un corte en el cuello para evitar la agonía. Contempló como Dark intentaba irse, solo nuevamente, pero Alex detuvo llamó al caballo para que se detuviera. -¡No te dejaremos ir solo, estamos juntos en esto, maldita sea!- Exclamó Isma indignado ante la tozudez de su amigo.

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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Nyrbe el Dom Nov 22, 2015 9:56 pm

En cuanto estuve al lado de Álex, Dark comenzó a soltar palabrería. Sinceramente esto me decepcionó, pues no tenía sentido nada de lo que decía. Álex desenfundó el arma y rebatiendo los argumentos de Dark se lanzó al ataque: En ese momento nos dispersamos. Saqué mi arma del cinto y comencé a golpear con esta enfundada, aturdiendo a dos de los bandidos para con un tajo rápido al desenfundar destriparlos en conjunto. En cuanto me di cuenta, en medio de la batalla, Dark intentó huir cabalgando pero no lo consiguió debido a que Álex silbó al caballo y este al estar adiestrado por él, obedeció sin pensarselo.

Continué batallando para evitar que los enemigos se abrieran paso hasta el carro junto a Isma y Álex, no podíamos permitir que las chicas resultaran heridas o algo peor...

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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Web Master el Dom Nov 22, 2015 10:07 pm

Poco a poco, como si algo los atrajera, muchos de los habitantes de Dyscordia parten hacia el centro. Los demonios infunden terror, curiosidad y valentía. La gran mayoría quiero conocerlos, saber algo de ellos, y ya sea por incautos o locos, muchos se dirigen hacia el epicentro para averiguar algo sobre estas criaturas. Las más avanzadas de ellas han llegado bastante lejos y han arrasado ya algunas aldeas fronterizas. Se dice que hay avistamientos de demonios incluso en zonas alejadas del centro. Las ciudades más importantes reciben una fluctuación enorme de refugiados pero, ¿de verdad hay un lugar seguro? Los que no van a encontrarse con esas criaturas por su propio pie terminarán por encontrarlas por el de ellas. Las ciudades más importantes de cada región empieza a movilizar a sus ejércitos. Los reinos estaban preparados para la guerra desde hace mucho tiempo, pero hasta ahora no esperaban luchar.

Tiempo: En vuestros post, como los que estáis viajando, podéis poner que pasan varias horas puesto que no hay un tiempo explícito y así puedo adaptarme a todos.

Dark, Nyrbe, Alex e Isma:
Los bandidos acaban por morir completamente y no queda nadie que oponga resistencia. Todos han luchado sin rendirse, algo que los honra aun con la vida que llevaban. El caballo en el que Dark va montado se dirige hacia Alex entendiéndolo como dueño gracias al tiempo que llevan juntos. Mientras tanto escucháis un horrible ruido como de madera partiéndose y de entre los árboles emerge una criatura de cinco metros de altura. Jamás habéis visto algo así, ¿es un demonio? Si contáis los bandidos os daréis cuenta de que falta un cadáver, ¿estará relacionado con esa criatura? Podríais intentar huir, pero con las bridas del carruaje roto, el carro no puede moverse y no hay caballos suficientes para todos. A pie podríais intentarlo pero puede que sea demasiado rápido.

Demonio:

Nivel: 40
Estadísticas: 5 puntos en físico y 3 puntos en agilidad.
Luthia, Astinus y Fenrir:
El hombre da una explicación pero confiesa que ha estado siguiendo a Luthia y a Astinus. ¿Es de confianza? Ha dicho la verdad, pero también ha fingido en un principio. De todas formas, y aunque vosotros no lo sabéis, Earendil está en su despacho en la parte más alta del castillo. Si vais a su oficina os atenderá personalmente. Por otra parte el Loco Tod está tranquilamente en su laboratorio. Bueno, tan tranquilo como ese hombre puede estar. Podéis ir a alguno de los dos o seguir discutiendo con el extraño. Sin duda tiene razón y cuanto mayor sea el grupo más facilidades tendrá. Pero es un completo desconocido y podría ser alguien peligroso. ¿No? Vosotros decidís que hacer, podéis dejar que os acompañe o incluso llamar a los guardias de gremio, aunque no hay demasiada gente en el lugar.
Talamaur:
Los guardias no se dan ni cuenta de tu engaño y, teniendo en cuenta que el oficial no está ahí, no lo harán hasta que sea demasiado tarde por fortuna para ti. Hasta la frontera hay más de un día de camino, aunque a caballo no será difícil. Los caminos no son muy seguros y es posible que te encuentres bandidos o alguna patrulla. Tu caballo es, obviamente, un animal fuerte y preparado. Cualquier soldado que lo vea sabrá que es un animal militar por lo que podrías tener problemas si no piensas en una buena explicación. Por lo demás no sabes nada sobre Jond. Su paradero es desconocido y ni si quiera sabes por dónde empezar. La frontera es enorme y necesitarías una vida entera para poder encontrarlo. Quizás si encuentras algún compañero del gremio en los pueblos y ciudades cercanos te puedan echar una mano con ello. Aunque, quizás, también sea peligroso comentar tu misión. ¿Qué harás?
Starrk:
La capucha del hombre empieza a arder de forma instantánea emitiendo una llama potente y de un tono azulado. Alrededor suyo el humo se torna realmente oscuro y huele a químicos. No sabrías identificar exactamente el olor, pero sabes que no es natural. El tipo se deshace rápidamente de esa prenda y muestra una cara desfigurada. En un principio parecen quemaduras, pero no fue el fuego lo que lo desfiguró de ese modo.

-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Tiene gracia que uno de los dos se presente ante mí sin que lo busque. Tenía pensado encargarme antes del otro, pero has elegido ser el primero- Dice, de repente, con una voz diferente a la que había puesto antes.

Utiliza un hechizo de viento que hace despejar el humo en tu dirección. Quizás para ahogarte o quizás para distraerte pues nubla tu visión e impide que veas lo que hace a continuación. De sus manos emergen unas estacas de roca que lanza hacia ti.
Gautrek:
Por ahora parece que estáis a salvo, aunque no del todo. Con dos miembros tan heridos en el grupo no podéis avanzar demasiado rápido. Sin embargo debéis daros prisa pues tarde o temprano os encontraran. Aunque también es posible que las órdenes no sean contra vosotros. ¿Os quedaréis para averiguarlo? La casa de tu padrastro no está demasiado lejos pero al ritmo al que vais podríais tardar horas. Si fueras capaz de encontrar caballos o algún carruaje sería mucho más fácil y los heridos podrían descansar. El establo del pueblo está a unos minutos de tu ubicación, pero no sabes quién hay allí. Es posible que haya guardias y sea peligroso, ¿pero no es peligroso seguir el viaje de esa forma? Quizás, casi sin darte cuenta, te hayas convertido en un criminal. ¿Sería eso posible? Muchas muertes penden sobre tus hombros solo este día.
Tomoyo:
El camino hasta Fergor puede durar días, pero hay unas pocas horas hasta la ciudad más cercana según los mapas que llevan esos viajeros. Aunque, claro, tú no lo sabes si no los miras. Tu comentario sobre la patata hace que se rían.

-Pues claro que puedes tomar de nuestras provisiones. Siempre cumplimos nuestra palabra y te hemos prometido que a cambio de acompañarnos las compartiríamos contigo- Te dice uno de ellos.

Parecen buenos compañeros y llevan alimento suficiente para que podáis subsistir todos durante semanas. Por fortuna no pasará tanto tiempo hasta que lleguéis a Fergor. Tal y como van cargados casi parece que se hayan llevado todo lo que han podido de su casa. ¿Será eso? No sería descabellado pensarlo pues tuvieron que huir por miedo y ahora pretenden empezar de nuevo en otro lugar.
Rog’Muk y Garrosh:
Todo es muy bonito, casi idílico. Habéis vencido a lso esclavistas y liberado a vuestros hermanos. Incluso os ofrecen una alianza para unir a todos los clanes orcos. Suena un poco ridículo pues la mayoría ni se conoce y hay demasiado como para unirlos a todos. Pero un sueño es un sueño y este no está mal. Pero olvidábais algo, el hecho de que sigue siendo extraño el por qué están ahí si los esclavistas eran tan inútiles. La respuesta no tarda en hacerse patente. El líder de aquellos hombres aparece tras vosotros arrastrando el cadáver de uno de los que habían huido.

-No está mal, nada mal. Aunque debí imaginar que no me servirían. Ya ha llegado el momento, ahora os mostraré que vuestra estúpida era a terminado- os dice.

El hombre empieza a transformarse hasta convertirse en una inmensa criatura de casi 4 metros. ¿Es un demonio? Eso explicaría cómo han atrapado tan fácil a los vuestros pero… ¿de verdad un demonio?
Demonio:

Nivel: 25
Estadísticas: 3 puntos en físico y 2 puntos en agilidad.
Abbadon:
El viaje avanza sin percances. Llegado un momento os topáis con unos hombres que os exigen un tributo para dejarlos pasar pero tus acompañantes los matan antes de que tú puedas siquiera moverte. Al parecer son mucho más poderosos de lo que te imaginabas. Quizás no es tan fácil matarlos. Sigue habiendo un largo viaje hasta el punto donde han decidido detenerse, pero dado el tiempo y el clima, paran y montan un campamento. Uno de ellos se ofrece a hacer guardia por si ocurre algo mientras ofrece al resto dormir. Quizás no confían en ti o quizás no sepan que eres un no-muerto. Esta podría ser tu oportunidad o quizás es preferible no dejarte llevar por tus instintos. Si quieres ver a los demonios los necesitarás, tú no sabrías ni por dónde empezar a buscar. ¿Verdad?
Ishkar:
El hombre parece enfurecido por la muerte de sus compañeros. No es gran cosa y podrías deshacerte fácilmente de él en otras condiciones pero estás algo herido y cansado por el viaje mientras que él está fresco y enfadado. Seguramente lo mates pero, ¿cómo acabarás tú? Independientemente del resultado necesitarás tratar tus heridas, pues con un largo tan viaje como el que tienes por delante necesitarás sanarte bien o podrían empeorar hasta convertirse en un verdadero problema. Además deberías echar un vistazo a las provisiones que los bandidos tenían. Son demasiadas para un solo caballo pero… también podrías llevarte los animales que habían traído ellos. Aunque, antes de nada, debes deshacerte del bandido que queda vivo. De nada sirve pensar en todo eso si no sobrevives al combate.

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Dark:
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Luthia:
Nivel: 10
Estadísticas: 2 puntos en magia blanca.
Nemonic:
Nivel: 25
Estadísticas: 5 puntos en magia negra.
Astinus:
Nivel: 12
Estadísticas: 2 puntos en magia arcana.
Starrk:
Nivel: 30
Estadísticas: 4 puntos en magia elemental, 1 punto en físico y 1 punto en agilidad.
Fenrir:
Nivel: 17
Estadísticas: 2 punto en físico y 1 en agilidad.
Nyrbe:
Nivel: 21
Estadísticas: 2 puntos en físico y 2 puntos en agilidad.
Alex:
Nivel: 37
Estadísticas: 4 puntos en físico y 3 puntos en agilidad.
Isma:
Nivel: 20
Estadísticas: 2 puntos en físico y 2 punto en agilidad.
Gautrek:
Nivel: 16
Estadísticas: 3 puntos en físico.
Rog’Muk:
Nivel: 10
Estadísticas: 1 punto en físico y 1 en agilidad.
Tomoyo:
Nivel: 11
Estadísticas: 2 puntos en agilidad.
Garrosh:
Nivel: 14
Estadísticas: 1 punto en físico y 1 en agilidad.
Jesaix:
Nivel: 6
Estadísticas: 1 punto en magia negra.
Abbadon:
Nivel: 1
Estadísticas: Ningún punto.
Ishkar:
Nivel: 10
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Dark S. Satou el Lun Nov 23, 2015 8:18 pm

Muy para pesar del joven príncipe el caballo se renegó a seguir, acercándose al mayor de los Harken. Los bandidos habían perecido rápidamente, no eran hábiles en el fragor de la batalla. Alzó la vista para mirar si alguien había escapado -no quería ser asaltado por un moribundo cuando acampasen- y logró notar de que faltaba uno de los tantos. ¿Dónde está? No puede haber huido. La única salida era por...

Unos pasos quebraron el silencio. Un rugido le agitó cada parte de su cuerpo. Giró la cabeza lentamente mientras bajaba del semental de un salto y lo presenció. Su figura era atronadora. No podía apreciarse una mirada u ojos entre los blanquecinos vellos que recurrían por todo su cuerpo. Unos cuernos de forma curva al lado de la mandíbula le daban un aspecto incluso más amenazante. Su altura era impresionante, pero no a la altura de la longitud de sus brazos y piernas. El carro. Me he cargado el carro. No podemos huir.

Entonces se dio cuenta de algo: era igual a los demonios de sus sueños. Él se resignaba a quedarse atrás y ver cómo le devoraban poco a poco. Pero esta vez no podía quedarse atrás. No si quería evitar ver a sus seres "queridos" devorados. Dio un paso hacia delante y encaminó su marcha hacia el lado de los hermanos y Nyrbe. Bajó la cabeza y cerró el puño con fuerza, estando atento a los pies de sus compañeros por si tenía que esquivar algún golpe. No sabía cómo reaccionarían los demás, pero lo único que podía hacer era animarles.

-Bueno...- exclamó en voz baja. -¿Hora de tragarnos nuestras palabras con lo de enfrentarnos a los demonios, no?- Prosiguió, elevando el tono conforme hablaba. -Tenemos que luchar como un equipo, codo con codo. Esos bandidos no eran ni un cuarto de lo que será ésto. Por lo menos, lo que he leído en lo libros. Un fallo y todos estamos muertos. Pero podemos y Angelica está esperando.

¿Por qué me intento convencer de que está viva? Por qué estoy arriesgando mi vida ahora mismo?, se preguntaba, mientras elevaba la cabeza poco a poco y agarraba a Colmillo de Fuego con la mano derecha, sacando el arma que le forjó Alex para empuñarla con la izquierda.

-Bueno, ¿tendré que estrenarla, no?- Exclamó con una sonrisa.

No sentía miedo y no porque no pudiese sentirlo, si no porque estaba muerto si algo le obligaba a echarse hacia atrás. Se echó hacia delante e intentó un corte en diagonal con Colmillo de Fuego en llamas para acabar con una estocada de su espada de acero envuelta en hielo gracias a Ashley. Colocó la mano en el suelo y saltó hacia atrás impulsándose con esta para no estar en el rango del demonio. Después dos flechas volaron hacia el torso del demonio, impregnadas en hielo también.

-¡Os cubro por detrás, chicos!- Gritó la cazadora mientras tensaba su arco aún más y dirigía una mirada ácida a Dark.

Sabía que la había ofendido, sobretodo el hecho de haber intentado escapar con el caballo. O tal vez haberse cargado el carro. O quizás matar a sangre fría el líder. ¿Podía ser a lo mejor haberles invitado a unirse a ellos? Agitó la cabeza y evadió las posibles respuestas. Si había algo que le daba más miedo que el demonio, era ver a Ashley enfadada.

-En fin, Nyrbe- Dijo ya para callar el resto del asalto -¿Nuestras peleas cada vez van a mayor peligro de muerte, eh? Stella... mi madre, no me creerá cuando le cuente esto.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Alex el Mar Nov 24, 2015 12:54 am

Un demonio. La criatura más terrorífica de Dyscordia se presentó ante ellos creando en Alex una inseguridad, impotencia y miedo que jamás había sentido. Excepto una vez, aquel extraño sueño... Pero esto era real, igual que la bestia. Un mastodonte de una altura superior a la de los robles que rodeaban el camino y con un aliento tan fétido como la muerte. El clima había sido frío durante todo el trayecto pero al mercenario se le había helado el alma como si su cuerpo fuera hielo. Que angustia, que horrible sensación. Tanto camino recorrido, tantas historias escritas y por escribir y aquí su pluma quedaba seca. ¿Qué trágico final terminaría con él? Aplastado, devorado, desmembrado, arrastrado a la locura en un frenesí de oscuridad... y todo frente a sus seres queridos.

No, no frente a ellos. Alex reaccionó y su primera idea fue obligar a todos a huir con el carro, pero estaba inutilizado. Dark estaba hablando, pero no pudo escuchar lo que decía a pesar de tenerlo a su lado. Se recompuso, se convirtió en el héroe de la fantasía más infantil y ocultó su miedo como si su corazón no estuviera encogido y aterrado. Si fallaba ahora, ¿qué iba a ser de ellos? Tantas veces prometiéndose vivir para protegerlos a todos y ahora imaginaba su muerte. No, no era digno de un Harken. Asió su espada con ambas manos y apretó con tanta fuerza que rasgó la piel de sus manos. El dolor, aunque leve, le hizo recordar la dura realidad y le ayudó a enfrentarse a ello. Pero algo más inició la llama de su fuero interno. Hielo, fuego, luz... ataques que impactaban en el demonio desde algún punto. Las magas del grupo lo estaban atacando.

-¡Corred!- Gritó con tanta fuerza como sus pulmones le permitieron.

La criatura se abalanzó a por las mujeres que lo habían atacado y Alex se interpuso en su camino. Tajó el aire y la espada buscó carne que sesgar. Se topó con una de las piernas y produjo un corte demasiado superficial, pero suficiente como para cambiar el objetivo de la bestia. El héroe había golpeado primero, pero incluso los más grandes y bravos guerreros encuentran un final. Un golpe seco obligó al mercenario a cerrar los ojos. El dolor lo estremeció iniciándose en su espalda y siguiendo por su cabeza y sus extremidades. Notó como los dedos se paralizaban y sus manos se tornaban rígidas. Un árbol había frenado su lanzamiento, pero el propio golpe recibido había sido demasiado fuerte como para resistirlo estoicamente.

Se levantó usando su espada a modo de apoyó y buscó al enemigo con una vista nublada. Creía escuchar gritos y voces, pero la cabeza le daba vueltas y no estaba seguro. En cuanto se recuperó observó que la situación no había cambiado. Todos estaban allí. ¿Cómo iban a huir de algo que los alcanzaría de una sola zancada? Era el momento, era necesario, y su abuelo sabía que lo necesitaría tarde o temprano. Una luz rojiza comenzó a emanar de él y a cubrir la hoja de su arma. Su Energía Interior fluía a través de él y se exteriorizaba. Este iba a ser el primero de una larga lista de nuevas víctimas.

-Hora de cazar demonios- Se aseguró a sí mismo.

Haciendo gala de velocidad y fuerza volvió a lanzarse al ataque. Ayudándose de los ataques de sus compañeros volvió a cortar en a misma pierna. Esta vez había puesto toda su atención y la simple idea de perder a los suyos le hizo olvidar que el terror lo consumía. El tajo, ahora, fue bastante más profundo. Lo suficiente como para que la criatura se tambaleara y detuviera su movimiento momentáneamente. Aun así ni si quiera tocó hueso cuando habría partido a un hombre con suma facilidad. No insistió en que el resto se marchara, no lo harían y lo sabía. Por desgracia para él solo podía protegerlos acabando con su enemigo. Ni si quiera podía sacrificarse. Pero mientras hubiera más sangre en sus venas que en su ropa y su corazón latiera, nadie les haría nada.

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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Luthia Zul el Mar Nov 24, 2015 9:23 pm

-Si Earendil no se ha marchado debe estar en su despacho. Nunca he entrado y me da mucha vergüenza, pero podíamos ir y comprobarlo-

-No te preocupes, Astinus- Le aseguró Luthia a su compañero –Lo peor que puede pasar es que nos llame la atención y nos pida que no volvamos a molestarla. Pero en casos de emergencia, como este, dudo que le cause inconveniente que entremos a sus cuarteles-
Dicho esto, parecía que la idea de buscar al Loco Tod quedaba descartada. Quizás era mejor no buscarlo, su forma excéntrica de actuar y hablar podría no darles las pistas que realmente necesitaban.

Después de eso, los tres enfrentaron al extraño. Al parecer no parecía tener intención hostil, y quizás sólo quería refugio. Aunque Tura se encogió en su lugar al oir cerrar el libro que sostenía, él seguía de nervios ante todo lo que estaba sucediendo.

-… o que sea alguien lo suficientemente sereno como para buscar solución a lo que nos acontece. Por lo que he podido oíros habéis encontrado algo que podría ser una pista sobre los demonios. Si no tenéis inconveniente me gustaría ayudaros, no soy tan listo como vosotros los magos pero os ayudare en lo que pueda. Como se suele decir 2 cabezas piensan mejor que una, así que cuantos más seamos quizás hallemos más.-

-B-bueno, ahora seriamos cuatro cabezas lo cual…- Pero Tura se interrumpió a si mismo al darse cuenta de que las miradas de todos se enfocaban en él, sobre todo la mirada supuestamente fría de Luthia –Es decir… Porque tú Luthia y Astinus… Y él dijo q-que eran dos cabezas y… Entonces… Yo… Me callo...- Apenado, no dijo más.

Después de un silencio incomodo, Luthia tomó la palabra de nuevo. –No veo inconveniente a que se una a nosotros, pues parece ser de los que también está intentando buscarle solución a este lio. Sin embargo… Me gustaría poder llamarle por su nombre, a menos que prefiera que nos refiramos a usted como “el extraño que encontramos en la librería”-

Como siempre, a Luthia le importaban mucho las presentaciones, y le daba suma incomodidad que el nuevo miembro del equipo no se molestase en dar su propio nombre.
Al escuchar esto, Tura se presentó también.

-Y-yo soy Tura. Un placer conocerle señor- Sonreía levemente, tratando de ocultar su nerviosismo aun.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Starrk el Miér Nov 25, 2015 12:49 am

La bola de fuego impacto en la capucha del tipo haciendo que esta ardiera. Como pensaba la capa debía tener algún tipo de producto que hizo arder una llama potente y azul. El hombre se quito la capucha y vi que había sufrido algún tipo de quemadura en el pasado y debido a eso tenía la cara desfigurada. El hombre comenzó a hablar. -Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Tiene gracia que uno de los dos se presente ante mí sin que lo busque. Tenía pensado encargarme antes del otro, pero has elegido ser el primero- Su voz no tenía nada que ver con la que mostró con anterioridad. El hombre lanzó un hechizo de viento que lanzó el humo hacia mí.

Para evitarlo fui hacia una de las paredes del callejón y genere un saliente de roca que hiciera que el humo pasara de largo sin tocarme. Acto seguido agarré mis ballestas y salí del hueco apuntando al tipo y disparando ambas armas a sus manos, después fui hacia él para que entrara en mi rango de acción y usé mi magia para que del suelo se generara una columna que golpeara la entrepierna de aquel tipo. No quería matarlo ya que necesitaba la información que este me podía proporcionar. Probablemente tendría que esforzarme bastante si aquel ataque no resultaba ser el golpe que me permitiera vencerle.

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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Tomoyo Mitsuko el Miér Nov 25, 2015 9:32 pm

     Quizás suene extraño, pero el pan que me habían ofrecido esos viajeros parecía traído por los mismisimos dioses, a decir verdad llevaba mucho tiempo subsistiendo a base de ratas cocinadas y algún que otro insecto. Tampoco pescaba mucho, no me gustaba eso de estar mucho tiempo esperando a que algo picase el anzuelo, me parecía estúpidamente lento aunque probablemente en un futuro me salve la vida pescar. Los viajeros se rieron cuando mostré mi gran asombro con ese pan, lo estaba disfrutando y seguidamente me ofrecieron algo de carne cocinada, eso ya era el colmo, creo que fue una idea perfecta venirme con estas personas, aunque a ellos les falte una casa yo los protegeré hasta donde deban llegar, solo por haberme alimentado.

     -Esto es delicioso, muchas gracias por permitirme comer de vuestra comida, llevo demasiado tiempo subsistiendo como sea posible.-Dije con una sonrisa mientras devoraba la comida.

     Los hombres estaban asombrados con mi forma de comer y mostraban una sonrisa casi una risa. Había conseguido hacerlos sonreír y eso era importante. Al menos yo les divertiría por un tiempo y quizás pudiesen llegar a olvidar a todas las víctimas, o al menos dejar por un tiempo curar la herida que hicieron en sus corazones. Yo había perdido pocas cosas en mi vida, también es cierto que es muy corta, pero eso no importa ahora. Ahora lo importante es alcanzar Fergor cuanto antes y sin muchos contratiempos. Terminé de comer y seguimos caminando, el tiempo empezaba a volverse nublado y quedaban pocas horas de luz, caminaríamos hasta el ocaso y dormiríamos por turnos, esta vez había quedado en que yo haría el primer turno y estaría en vela para proteger a los demás, si en algún momento llegara a pasar algo avisé de que me despertaran rápidamente.

     Viento y nieve, eso era lo que sobraba ahora mismo, ah y frío, como no. Estaba con los ojos como platos mirando a mi alrededor, pero nada, ningún animal, ningún movimiento, ningún ave en el cielo, solo nieve cayendo copo a copo. Estaba cubierta con mi chaqueta y dos mantas, pero aún así sentía que el frío intentaba penetrar de cualquier manera, en ese momento echaba de menos la chimenea de casa, pero era ya tarde para anhelar cosas, me había decidido a ir al norte por mi misma, me merecía esto y probablemente acabaría aprendiendo como resistir el frío mucho mejor que en una casa con tantos lujos, vivir por mi misma me traía problemas, pero también mucha experiencia, eso me hacía feliz. Después de estar en vela durante 6 horas, me dormí y dejé a una mujer que hiciese su turno de vigilancia. Los ojos rápidamente se me cerraron y los sueños me alcanzaron, un breve sueño comenzaba.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Talamaur el Jue Nov 26, 2015 4:45 pm

Había conseguido escapar del pueblo sin que se dieran cuenta o al menos eso era lo que parecía. A caballo me será más rápido llegar a la frontera pero debía de tener cuidado, ya que los emblemas de la guardia cubrían el cuerpo del animal. Si un guarda me veía podía tener problemas, por lo que ya improvisaría algo por el camino. Durante el camino me encontré con varias bifurcaciones, en las cuales estaba indicado el camino hacia la frontera con carteles. Pero en uno de los cruces no había cartel, parecía que alguien lo había quitado a propósito par que la gente no llegara. - Mira se ha parado otro – escuche detrás de un matorral. – Ay, perdón he hablado en voz alta – seguía diciendo la voz – Ay, vale, vale ya me callo – comentó y después de hizo el silencio. Seguramente los que habían quitado el cartel había sido aquel tipo y no sabía si estaba acompañado, al menos hasta que salieron de su escondite.

Eran dos hombres casi sin ropa, salvo un pantalón hasta las rodillas y una tela que le cruzaba el pecho. Iban armados y parecían fuertes, aunque su olor corporal ya habría matado a más de uno – Me estáis haciendo perder el tiempo, ¿Qué queréis?- dije en tono poco amigable. El más alto de ellos habló – calma amigo solo queremos hablar – dijo mientras caminaba hacía mi lentamente – hablar, robar, matar – dijo cambiando el semblante y blandiendo un hacha de una mano.- tu pedazo de mierda, ve por el otro lado así no podrá escapar – dijo señalando a mi espalda, haciendo que el otro se encaminaba preparando su hacha de dos manos. El más bajo no parecía demasiado listo, es más, parecía bastante manipulable.

- ¿Vas a dejar que trate así? – dije con tranquilidad

- Solo es así a veces cuando esta mosqueado, me trata bien casi todo el tiempo – dijo el otro.

- No le digas nada, no hables con tu presa – comento el más alto.

- Ah ya veo, casi todo el tiempo… y seguramente él se lleva las mejores cosas. Pero… cuando ya no le seas útil, se deshará de ti – le dije con un tono más sutil al final.

El más bajo se quedó algo pensativo y miro a su compañero – es verdad que coges las mejores cosas – dijo algo molesto. – No es momento para esto, la presa se va a escapar – dijo el alto. – Si es momento, me dijiste que el colgante aquel lo querías para tu madre enferma. Al día siguiente vi que lo vendiste para pagarte a unas putas y beber hasta caer al suelo. Siempre te dejo que te lleves lo mejor, pero hoy no. Hoy me llevare yo lo que elija – dijo acercándose más a su compañero y mosqueándose más. – ¿Qué tú vas a elegir primero? No me hagas reír. Ni de coña vas a elegir – dijo el más alto. De repente comenzaron a pegarse, gritando que el botín era suyo y que algunas cosas más. No sabía cuánto tiempo tendría mientras peleaban, pero debía darme prisa para llegar a la frontera. Justo cuando iba a escapar, un tercero se abalanzo sobre mí desde un árbol cercano pillándome por sorpresa. Caímos los dos al suelo, aunque por suerte caí encima de él, llevándose la peor parte de la caída.

Los otros dos dejaron de discutir en ese instante y corrieron hacía mí, como si la discusión hubiera sido planeada. En ese momento cree mis tinieblas, escondiéndome dentro de ellas, mientras le clavaba una daga en el cuello al que me había tirado.

- Me dijiste que no me tendríamos que enfrentarnos a magos, me lo dijiste – se escuchó al más bajo hablar desde fuera de mis sombras.

- No te asustes, está solo y esta sombra negra no nos hace nada – dijo mientras metía el brazo en ellas – ves, no pasa nadaaaaaaargggggh – dijo sacando mano sin dedos, ya que desde dentro se los había cortado.

- Quien entra en mi oscuridad no sale de ella – dije con voz suave.

- Mago esta vez nos retiramos, pero acuérdate de mi nombre, Macnarac. te buscare cuando me recupere al fin del mundo o moriré en el intento – fue gritando cada vez más en la lejanía.

Deshice las sombras y observé que no estaban ya por los alrededores, aunque no me fiaba demasiado. Rebusque entre las ropas del que me había atacado, solo tenía una espada corta oxidada y un colgante con una gema roja engarzada. Cogí el colgante, me subí al caballo y levanta la mirada para decidir qué camino iba a escoger. En ese momento me percate que había un hombre apoyado en un árbol de enfrente, muy diferente a los que me habían atacado. No le veía bien el rostro, pero podía ver un ropaje elegante y unas botas marrones. – Pensaba que tendría que rescatarte – dijo con tono burlón mientras se acercaba y por fin vi de quien se trataba.

- Si te apareces otra vez así tendré que matarte – le dije con una sonrisa en la cara.

- Tú y cuantos más, jajajja – dijo carcajeándose.

Era un amigo del gremio que aunque tenía pocos, los pocos que tenían eran de fiar. Su nombre era Lorian, un asesino que  atacaba a distancia y usaba la espada de una mano bastante bien. Su atuendo no parecía de un asesino, ya que le gustaba vestir elegante. Decía que la vestimenta no quitaba que fuera el más cruel y en alguna ocasión que había compartido espada lo había comprobado. No era muy corpulento  pero era bastante fuerte, algo de lo que siempre alardeaba. Era un poco más bajo que yo, cosa que a veces le irritaba cuando se ponía a mi lado y que a mí me hacía gracia. Tenía un cabello largo moreno cogido en una coleta por detrás, en la cara tenía una bigote que iba a lado a lado de la cara terminado en punta.

- ¿Qué haces aquí?, estas lejos del gremio – le comenté

- Pues igual que tú, parece que eres mi refuerzo y no podía ser alguien mejor, jajajaja – dijo alegre, lo que no quitaba que fuera un zafio y letal.

Me comentó que había seguido el rastro en de Jond, ubicándolo en uno de los pueblos cercanos de la frontera, pero que no era 100 % seguro que estuviera allí. Tenía un caballo al igual que yo, por lo que no tardamos en llegar al poblado que había comentado. Nos quedamos en la entrada sur del mismo percatándonos de que había demasiado silencio, así que esperaríamos a ver a alguien antes de actuar.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Gautrek el Jue Nov 26, 2015 8:25 pm

La situación no pintaba bien, ya que Pim se empezaba a encontrar algo débil por la pérdida de sangre y el goblin parecía algo desorientado. Acabábamos de ponernos en marcha de nuevo, parando en un arroyo cercano para beber y descansar. Hacía ya un rato que no escuchábamos los gritos en el bosque, por lo que supuse que habíamos podido dar esquinazo a nuestros perseguidores. Aunque no nos siguieran no estábamos en condiciones de ir a ningún lado, teníamos que encontrar a un curandero pronto. Recordé que había una pequeña aldea cercana, en la que mi padrastro iba a pedir víveres y aun recordaba el nombre de quien las traía a casa.- como era…. Como era…. A sí, Baluc – me dije pensativo, mientras veía a lo lejos la aldea.

Llegamos y desde una de la ladera, observamos patrullas de guardias que estaban haciendo la ronda. Incluso a algunos se podía escuchar lo que estaban hablando.

- Has oído lo que ha pasado en el cruce – dijo el primer guardia

- Si, ha sido una masacre. El capitán está buscando a los culpables y seguro que los encontrara. Aunque espero que no sean demonios, creo que no estoy preparado para encontrármelos – dijo el segundo guardia

- Como te escuche diciendo esas cosas el capitán te va meter en prisión, fíjate lo que le ha ocurrido al pobre Pit. Se emborracho de servicio y el demonio que teníamos encerrado pudo escapar. Encima le echo la culpa a un enano, lo que hizo enfadar mucho a su superior. – termino diciendo, ya que después no pude escuchar nada más debido a que se habían alejado más.

Sonreí un poco aliviado, parece que la lo de echarle el alcohol por encima había funcionado. Pero ahora ese era el menor de mis problemas, debía llegar a cada de Erguan cuanto antes y necesitaba un carruaje para llegar. – Quedaos aquí, voy a por un transporte y vendré a recogeros. Pam, Pum, os dejo al cargo, tened cuidado – dije mientras salía de la maleza y me escondía en el lateral de una casa. Cuando lo vi oportuno salí con normalidad para no crear sospecha, por ahora no me estaban buscando o eso había escuchado. El pueblo era pequeño y rápidamente encontré la tienda de Baluc, ya que aparte era la única de por allí. Entre en su interior y había un enano con la barba blanca. Tenía un rostro agradable, como si supieras en un primer momento que era buena persona y al verme me habló.

- ¿En qué te puedo ayudar amigo? – me dijo con una sonrisa

- Baluc, soy Gautrek el hijo adoptivo de Erguan – le dije algo nervioso

- Gautrek.. gautrek…ah! Perdona, cierto que Erguan me contó lo que ocurrió. ¿Cómo estás? Hacía tiempo que no te veía – dije dándome un abrazo con varias palmadas en la espalda.

- Bien, bien, pero necesito tu ayuda. ¿Sigues llevando víveres a casa de mi padrastro? – le pregunte

- Pues claro, todos los lunes de cada semana- dijo mirando una tabla que tenía con los pedidos de la semana.

- Necesito que vayamos para haya y… a unos amigos. Le conté la historia de lo ocurrido, viendo como en algunas ocasiones Baluc ponía una cara poco agradable. – Y eso es lo que ocurre – dije algo avergonzado. El enano se quedó algo pensativo y con semblante serio, pero al cabo de un rato suspiro y me miro. – Tienes suerte de que tu padrastro sea un hombre formidable, que conste que lo hago por su amistad – dijo mientras salíamos de su tienda y nos montábamos en el carruaje. un carruaje con dos mulas y bastante amplio, lo suficiente para montar a varias personas en él. En la parte delantera se podía sentar alguien más con el cochero, por lo que me puse a su lado.

Justo en ese momento un hombre llego a caballo y comenzó a gritar. – Se ordena a todo el mundo que no salgan de sus casas. Un grupo de maleantes ha atacado a varios guardas y los han matado, se buscara por todas las casas. Quien se niegue estará bajo sospecha y podrá ser condenado como cómplice. Son 4, aunque desconocemos si son humanos, así que tened cuidado – termino diciendo. Conseguimos salir del pueblo sin que pararan el carruaje y tras detenernos un momento para que subieran los demás, proseguimos el camino. Los cubrimos con telas para que nos los vieran, pero parecía que nuestra suerte se estaba acabando. Vimos a lo lejos un grupo de guardas andando en nuestra dirección y en ese momento Baluc se abalanzo sobre mí y me beso. Me quede inmóvil por lo que acaba de hacer, pero lo comprendí enseguida cuando escuche a los guardas hablar.

- Agh que asco, nunca me acostumbrare a ver a dos enanos besarse. Dejémosles o creo que voy a vomitar – dijo el oficial. Esa acción había evitado que nos registraran el carro, por lo que cuando se alejaron un poco Baluc volvió a llevar el carruaje. – Erguan me va a deber muchos favores después de esto –dijo algo molesto mientras nos dirigíamos a casa de mi padrastro.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Astinus Wallace el Jue Nov 26, 2015 8:42 pm

El hombre ofreció unirse al grupo para ayudarlos con su búsqueda. Ciertamente era de agradecer tener más apoyo que ellos tres solos. ¿Pero de verdad era sensato confiar en alguien totalmente desconocido? Claro que sí. Justo eran estos momentos en los que había que confiar en el prójimo. Con la amenaza de los demonios a las puertas de Dyscordia, lo último que se debía hacer es empezar a separarse del resto. Pero Luthia pidió que se presentara. Claro, eso era totalmente cierto, no puedes confiar en alguien que no se presenta.

-Yo soy Astinus Wallace- Se presentó.

Esperaba que el hombre hiciera lo mismo, pues era educado hacerlo. Aunque, ahora que lo pensaba, ¿cómo le sentaría a Earendil que llevaran a alguien ajeno al gremio hasta su despacho? Astinus no estaba seguro, pero suponía que a la elfa no le importaría dadas las circunstancias. Cualquier cosa que sirviera para enfrentarse a los demonios sería útil y alguien que no perteneciera a Summa Sapientia tendría diferente punto de vista y podría aportar más ideas y opiniones al grupo. Además, así se sentiría algo más seguro pues el hombre parecía saber defenderse por sí solo.

Después de las presentaciones deberían ir a la oficina de la líder para poder mostrarle lo que habían encontrado. Sin duda sería de utilidad pues partían de una información totalmente nula y, en ese libro, al menos había algo sobre los demonios. Cualquier dato, por leve que fuera, sería beneficioso para todos. La mejor forma de luchar con un enemigo es conociéndolo.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Rog'Muk Warsong el Jue Nov 26, 2015 9:07 pm

La aparición de aquellos bravos guerreros custodiando a sus amigos y familiares llenó a aquel clan orco de júbilo. Muchos no volvieron, pero ya habían llorado demasiado por los caídos. Ahora derramaban sus lágrimas por los que regresaban. El trío Warsong respetó el momento de reencuentro y fueron a hablar con el líder. Garrosh tenía muy claro su objetivo y si conseguía nuevos aliados, estaría más cerca de conseguirlo aún si parecía imposible.

Pero no todo estaba de su parte. Ante ellos se presentó un nuevo enemigo. Un simple humano que cargaba con un cadáver de los suyos. Era corpulento pero no iba armado. Su cuerpo robusto indicaba que era alguien a tener en cuenta, mas no tendría oportunidad contra tantos adversarios. No al menos antes de su transformación. Cambió de forma radical, alcanzando fácilmente los cuatro metros. Casi doblando la altura de Rog'Muk y Garrosh. Su aspecto era terrorífico, con varias protuberancias por el cuerpo y la cabeza. Sus ojos habían desaparecido de su rostro pero muchos otros emergieron por su brazo derecho y uno enorme en medio del pecho. Era un ser diabólico y nunca se habían enfrentado a algo así. -¡Atrás! ¡Atrás!- Gritó el orco de piel anaranjada para sus homogéneos esperando lo peor.

Kashira, que permanecía a varios metros, tensó su arco y lanzó el primer ataque, clavando una flecha en el hombro izquierdo de la bestia. Ni si quiera se inmutó. -Si no salimos de esta... He de decir que me siento orgulloso de pertenecer a este clan y que jamás pude tener una mejor familia. Me alegro de haberte conocido. Y sé que en ninguna otra vida podría haber tenido un hermano mejor, Garrosh.- Tras esas palabras con cierto tono melancólico, dibujó una amplia sonrisa en su rostro y agarró con fuerza sus armas. Sabía que su compañero se negaría a morir en aquel lugar, pero también era consciente que tanto el uno como el otro arriesgarían la vida para salvar al contrario. Nadie les aseguraba que sobrevivirían, pero desde luego, tampoco se rendirían.

-Así que pase lo que pase... ¡Luchemos juntos una vez más en nombre de los Warsong!- Exclamó junto a un rugido de guerra y se abalanzó a por su enemigo. Al ser el más cercano y realizar un movimiento tan previsible, fue muy fácil denegar la ofensiva del orco. Un solo manotazo bastó para lanzar varios metros a Rog'Muk, causándole un gran dolor en el abdomen. -¡¿Eso es todo lo que tienes?!- Preguntó el guerrero, disimulando la aflicción por semejante golpe. Esta vez, volviendo a correr en línea recta, pudo predecir el ataque de su enemigo y saltar sobre su brazo derecho y clavar ambas hachas en dos de sus orbes.
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Re: Capítulo 1: Los Centinelas del Ocaso

Mensaje por Abbadon el Jue Nov 26, 2015 9:30 pm

Aquellos hombres decidieron montar un campamento para hacer noche y descansar antes de seguir el viaje. A menudo me veía fastidiado por las necesidades de gente ajena a mí, aunque siempre lo solucionaba con mi daga. Lamentablemente no podía hacerlo esta vez. Si diera rienda suelta a mi sed de sangre y acariciara sus gaznates con mi hoja no podría encontrar a los demonios. O quizás sí, después de todo tenía la eternidad para hacerlo. Pero la eternidad es demasiado tiempo y era mucho más útil mantenerlos a todos con vida para llegar a donde deseaba sin ningún problema. Además podría usarlos como cebo si la cosa se complicaba. Los demonios no eran seres controlables, todavía, por lo que necesitaría algo que los distrajera si yo estaba en peligro. Pero es difícil controlarse y lo era mucho más cuando me ofendieron al no ofrecerme la guardia. Eramos del mismo gremio después de todo, ¿por qué la desconfianza? Es decir, ellos no tenían idea alguna de mis ideas. Pero, después de todo, yo tampoco confiaba en los desconocidos puesto que a mí mismo me conocía demasiado bien. Pasé toda la noche pensando en mis cosas y recreando miles de veces en mi mente la muerte de todos y cada uno de mis compañeros de viaje hasta que amaneció y pudimos partir de nuevo. Por fin.
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