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No hay mayor victoria que una sonrisa ni mayor derrota que una lágrima

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No hay mayor victoria que una sonrisa ni mayor derrota que una lágrima

Mensaje por Alex el Dom Nov 08, 2015 7:16 pm

Mil navajas atravesaban su piel con el desgarrador frío de un abrazo perdido, de un beso que no fue y del amor que se marchaba. Alex sentía la impotencia de ver perder lo que amaba sin poder impedirlo. ¿Cómo sobrepasar sus límites? ¿Cómo luchar cuando su cuerpo no respondía? ¿Cómo podía ser su voluntad más poderosa que su incapacidad? Unas lágrimas terriblemente dolorosas apuñalaron sus ojos clamando por salir, pero el propio dolor impedía que besaran la tierna luz de las antorchas.

-¡Déjala! ¡Ella no tiene la culpa de nada! ¡Ya me tienes, mátame a mí y déjala ir!- Gritaba Alex desesperado.

-¿Por qué cambiarías tu vida por la de ella?- Preguntó el hombre.

-Porque sin ella no habría vida- Respondió con pesar.

Sabía que, en ese momento, poco importaba lo que dijera. Estaban destinados a morir ahí sin poder evitarlo. Aquel desgraciado tenía entre sus manos a la mujer por la que Alex habría dado todo y por la que ahora quedaría sin nada. Sabía que con deslizar una daga tan ligera como el aire, todo aquello terminaría y el hombre obtendría su venganza.

-Precisamente por eso es tan importante. Matarte no me daría nada, pero matarla a ella sería despojarte de la vida y verte caer en la desolación y la locura hasta que no fueras más que una cáscara vacía, una sombra de lo que fuiste, el perfecto deshecho de mi rencor- Expresó con satisfacción.

Todo estaba dicho, el cruel sino de los amantes estaba ya decidido y el desamparado niño que en otro momento fue un valeroso guerrero ahora veía las puertas del infirerno frente a él. Pero era pronto para que se abrieran. No había pluma más fuerte que su espada, no había tinta más potente que su sangre, y no había papel más resistente que su voluntad. Sus manos comenzaron a brillar en un tono rojizo. Una luz de esperanza ante un amargo final. El brillo se extendió por sus brazos y usó la poca fuerza que le quedaba para romper las cadenas que lo retenían y lo separaban de ella.

-No hay vida para mí sin ella, pero mientras viva la protegeré con la mía- Dijo de modo intimidante.

Se levantó, flaqueando al primer intento, y se arrojó hacia el hombre. Antes de que él pudiera desenvainar su daga, Alex lo desestabilizó con un golpe e hizo que cayera al suelo. Una inconsciente Ele se desplomó en los brazos de su amado que la recogió con suavidad. La llevó hasta la piedra en la que había sido encadenado y la apoyó con ternura. Después se dirigió a por aquel que casi lo convirtió en un muerto en vida. Este trató de clavarle la daga en el pecho, pero el mercenario lo detuvo agarrando la amenazante mano. Apretó la muñeca hasta que su rival soltó el arma por el dolor.

-¡No! ¡Esto no puede terminar así! ¡No lo hará!- Gritaba furioso. -¡Tú me la arrebataste! ¡Ella lo era todo para mí, era mi mundo, y vi con mis propios ojos como la despojabas de su vida!- Gritó esta vez.

¿Ella? Quién era ella? Alex no recordaba una escena similar, él no era un asesino y jamás había matado a nadie a sangre fría. Mucho menos mientras alguien miraba y lo que aquel hombre describía era un imposible para él. ¿Se había equivocado? ¿Había estado a punto de condenarlo solo por un malentendido?

-Yo no soy un asesino, idiota, has atacado al hombre equivocado- Le reprendió.

-No, eres tú, llevo años fraguando mi venganza solo para verte sufrir como yo lo he hecho. Ella era hermosa, tierna y perfecta. Me miraba con esos ojos brillantes y azules y me hablaba con su dulce voz para que me tranquilizara cuando estaba enfadado. Nunca fui capaz de decirle cuanto me importaba pero siempre estuvo a mi lado. Y ahora nunca podré hacerlo porque tú me la arrebataste, ¿no lo entiendes? ¡Tienes que sufrir, tienes que sentir lo que me hiciste sentir a mí!- Dijo intentando dar un sentido a su odio.

Se retorció y trató de atacar a Alex varias veces más, pero a pesar de su debilidad era claramente superior a aquel despojo humano que trataba de matarlo. Ahora era el cazador el que se convertía en la impotente presa. Una desesperación que surgía de sus rincones más oscuros lo consumía y le mostraba que todo lo que había soñado cuando había perdido a aquella mujer no iba a hacerse realidad.

-Mi dulce Valquiria de Fuego ya no cantará más- Sollozó.

¿Valquiria de fuego? Claro, ahora lo entendía todo. Alex había luchado hacía años con un grupo de bandidos liderado por una hermosa pero temible mujer. Tanto él como su hermano casi perdieron la vida en aquel enfrentamiento, pero el mayor consiguió asestar un golpe mortal a la llamada Valquiria. ¿Pero cómo lo sabía aquel hombre? ¿Cómo lo había visto? El escondite de la mujer no estaba lejos del lugar del combate y cualquiera que hubiera estado allí habría podido observar la trágica escena. No fue hasta días después de entregar el cadáver que Alex descubrió los motivos de la Valquiria para tener aquella vida. La mujer había criado a un grupo de huérfanos tan bien como pudo, pero por un camino oscuro que nada tenía que ver con el de una madre. Era una asesina despiadada que asaltó, mató y robó todo lo que hubo frente a ella y aprovechó los beneficios para darle algo de vida a aquellos niños. Pero no había excusa que justificara tales atrocidades. ¿Qué vida se podía esperar de unos chicos que habían crecido frente a tanta muerte?

-Ahora la recuerdo. Y no me siento orgulloso por lo que hice. Pero no tuve elección, era su vida o la de mi hermano. Y su vida no era ejemplar, era una ladrona y una asesina. Había matado a decenas de personas y no se habría detenido. Era una mujer horrible- Respondió Alex.

-Pero era mía y tengo que hacerte pagar, tengo que hacerte sufrir, tengo que hacer que ella se sienta orgullosa de mí- Dijo el hombre con tristeza.

Ahora no era más que un niño. Estaba claro que era menor que Alex, unos años quizás, pero ahora parecía un muchacho pequeño e indefenso, un huérfano que lloraba por unos padres que se habían marchado. Alex había entendido susufrimiento y su pérdida por unos segundos y jamás querría volver a sentirlo. Casi perdió a la mujer que amaba y lo consumió la locura durante unos instantes. También sabía lo que era perder a alguien a quien amas, perderlos tan pronto que el dolor y la pérdida se convierten en el único sustento de una vida pobre y despedazada. Pero había tenido la fortuna de contar con gente que recomponía esos pedazos y daba un nuevo brillo para espantar las tinieblas.

-Sé que nada de lo que te diga será consuelo para ti. Yo también perdí a personas que eran más importantes que mi propia vida. Durante años sufrí el amargo rechazo por la vida y me sentía morir cada día. Pero el mundo sigue y hay que aprender a luchar, a adaptarse y encontrar nuevos motivos por los que luchar, nuevas razones para sonreír. Aprovecha la segunda oportunidad que tienes y busca ese pedacito de luz que necesitas- Le dijo como intento de consuelo.

-¿Un pedacito de luz? ¿Para mí?- Preguntó en voz alta para sí mismo.

Alex se giró y se dirigió hacia Ele. Darle la espalda a aquel hombre podría haber sido un terrible error, pero sabía que nada le ocurriría pues ese niño destrozado ya no era capaz de arrebatar una vida. Al menos no ahora. Desgraciadamente, el mercenario se equivocó. El indefenso cachorrito todavía tenía dientes y la daga probó sangre. Un gritó desgarró el aire y Alex pudo ver cómo el chico caía al suelo mientras la mirada se desvanecía en sus ojos.

-Ella era mi pedacito de luz… y volverá a iluminar mi vida- Dijo antes de sucumbir.

Otra vida desperdiciada. Otra vida que se marchitaba alimentando un voraz círculo de muerte que jamás estaba satisfecho. Alex levantó en brazos a Ele, que comenzaba a recuperar la consciencia.

-Tranquila, princesa, todo ha salido bien- Le dijo con una sonrisa despreocupada.

Ella se aferró a su cuello y lo abrazó con fuerza. Ojalá fuera cierto, ojalá todo hubiera salido bien y no cargara con una muerte más. Pero al menos estaban a salvo. Cargó con ella hasta que estuvo lo suficientemente recuperada como para andar. Por fortuna para él, fue bastante pronto. En cuando la dejó en el suelo se dio cuenta de lo agotado que estaba. Lo habían golpeado y torturado y había usado la extenuante energía interior. Pero no iba a decir nada, no iba a dar muestras de debilidad ante ella porque no quería preocuparla. Llegaron a su casa bien entrada la noche y cenaron junto a todos. Estaban tan cansados que no les importó estar sucios por el viaje. En cuanto Alex estuvo un momento a solas se acercó a su abuelo.

-Necesito aprender más. Y necesito que me permitas retirar mi promesa- Le pidió.

-No te lo permito. Debes vivir sabiendo que la rompiste, que fallaste a tu propia palabra. Solo así aprenderás cuando debes hacer una promesa- Le respondió. -¿Por qué quieres aprender más?- Preguntó.

-Porque necesito ser fuerte. Porque quiero poder protegerlos a todos. Y… porque no quiero que me pase como a papá. Si llegase el momento quiero poder luchar con todas mis fuerzas, hacer todo lo que sea necesario por mantener a todos con vida- Le explicó.

El abuelo cambió su semblante serio por uno melancólico, triste. Reconoció a su hijo en el rostro de su nieto y, en parte, también se recordó a sí mismo. Y aunque eso lo llenaba de orgullo también lo asustaba.

-No siempre vas a poder protegerlos a todos. Tarde o temprano perderás a alguien más, es algo inevitable. Pero si eres fuerte de verdad podrás afrontarlo- Le dijo.

-No, no voy a perder a nadie más- Respondió Alex con seguridad.

-Ya no eres un niño. Sabes que no siempre podrás protegerlos. Pero debes ser fuerte cuando puedas hacerlo. Mañana empezaremos, prepárate- Le advirtió.

Dicho y ello. Desde hacía unos días había empezado a dormir con Elénaril en la que antaño fue la habitación de sus padres, por lo que Walter golpeó a la puerta de su nieto por miedo a entrar y ver algo que no deseaba ver. Y, claro está, por lo incomodar a la muchacha. El chico se levantó en cuanto hubo amanecido por lo que, en cuanto su abuelo fue a buscarlo ya estaba más que preparado. Partieron hacia el increíble patio de entrenamiento del que gozaban… el bosque. Una vez allí, su abuelo lo golpeó durante varios minutos sin que él pudiera a penas defenderse. ¿Un entrenamiento? No, estaban calentando. Y Walter, dicho sea de paso, lo estaba disfrutando. El entrenamiento era relativamente sencillo, pues solo debía emular lo que había hecho anteriormente. Meditar, dejar fluir su energía, controlarla… El hecho de haberla entrenado tanto tiempo durante su infancia lo dotaba de una facilidad agradable ahora. Aunque el no haberla usado durante tanto tiempo, a su vez, se lo ponía difícil. Pero él no era de los que se rendían.

Tras un duro día de entrenamiento en el que, básicamente, se dedicó a utilizar su Energía Interior de forma extenuante para golpear árboles hasta el punto de caer rendido, recibió el descanso que tanto deseaba y fue a dormir. Una vez en la cama, Ele lo miró asombrada por las magulladuras que tenía y, suponiendo que había estado entrenando, se interesó por él.

-¿Qué estáis haciendo?- Preguntó intrigada.

-No te preocupes, princesa, te lo diré cuando terminemos- Le respondió antes de darle un beso.

Ella supo que era debido a lo ocurrido. Pensó que, seguramente, se estaba entrenando para que no volviera a ocurrir algo así. Se sintió débil e inútil. Aún peor, se sintió como una amenaza para él y para el resto, pero Alex la abrazó haciendo que olvidara todos sus temores.

-Buenas noches, mi caballero andante- Le dijo ella a modo de burla.

-Buenas noches, princesa- Le respondió él sin caer en la broma.

Al día siguiente volvieron con el adiestramiento. No iba a ser sencillo, pero el trabajo duro no lo amedrentaba. Esta vez cambiaron, en vez de un método tan directo optaron por la meditación. De nada servía potenciarse si era incapaz de controlarlo. Aunque Alex lo consideraba algo innecesario, pues lo controlaba perfectamente. Pero qué iba a saber él cuando solo era el alumno… cuanto más poderosa era la energía más difícil resultaba controlarla. Su abuelo bien lo sabía y lo educaría para que él también lo supiera. Con tal de que el entrenamiento no fuera pesado, fueron intercalando ambos tipos de ejercicio haciendo uno un día y el siguiente al otro. Era un método poco ortodoxo, pero bastante funcional pues ya lo habían usado antes.

-Si de verdad quieres conseguirlo, céntrate en tu objetivo. Piensa por qué quieres mejorarlo. Si te concentras en tu deseo de protegerlos lograrás mejorar. Si solo piensas en hacerte más fuerte no lograrás nada- Le dijo.

Aquellas palabras, aunque algo confusas, tenían cierta lógica. Y Alex lo entendió a la primera. No quería ser más fuerte. Al menos, no deseaba ser más poderoso que nadie. Si buscaba una mayor fuerza, un poder superior al de otros, era precisamente para poder defender a los suyos. Él no podía hacerlo como su hermano, su Energía Interior era ofensiva y no defensiva. Pero podía hacer algo, podía destruir a cualquier amenaza para ellos. En ese se centró. Era más complicado de lo que pensaba, su abuelo no le daba tregua y lo forzaba mucho más que en su niñez. Durante varios días, quizás dos semanas, los entrenamientos se volvieron más intensivos dándole poco tiempo para descansar o comer. Eso sin contar los días en los que fracasaba y debía trabajar en la forja. Tras un tiempo con ese proceso, el abuelo decidió cambiar el entrenamiento. Esta vez optó por algo más agresivo. Situó varias piedras en una zona y obligó a su nieto a golpearlas hasta romperlas. Habría sido ligero si hubiera llevado guanteletes, pero debía hacerlo a mano desnuda. Por miedo a romperse los huesos, tardó más de tres días en partir la primera. De ahí a romperlas todas pasó otra semana.

-Ya hemos terminado- Le informó el hombre.

-¿Mi energía interior ya es superior?- Preguntó.

-Eso es relativo. ¿Superior a tu anterior energía interior? Sí. ¿Superior a la mía? Diablos, no. Te faltarían decenas de años para alcanzarme. Pero solo has rozado la mejora. Tienes que entrenar mucho más para considerarte mejor- Le dijo.

-¿Eso significa que puedo hacerlo?- Preguntó esta vez.

-Sí, retiro tu promesa. Puedes entrenarla cuando quieras, pero n deja de ser peligroso. Solo úsala cuando no haya otra opción y no abuses nunca de ella. Ahora hablaré con Isma, es momento de que él también aprenda- Respondió.

Aquello alegró al chico que mantuvo una sonrisa de oreja a oreja todo el día. Incluso ya por la noche, cuando había llegado la hora de dormir, su rostro seguía feliz. Fue entonces cuando recordó que no le había contado nada a Ele. Habían terminado y le dijo que se lo explicaría cuando lo hiciera.

-Ya hemos terminado. ¿Quieres saber qué he hecho?- Preguntó.

-Claro- Respondió ella.

-Digamos que me ha enseñado a ser más fuerte y a poder protegerte siempre- Le dijo con una sonrisa.

-No tienes que protegerme siempre, no cuando yo tenga que protegerte a ti, tontito. Me basta con veste sonreír- Le contestó.

Ele no entendió la respuesta, suponía que hubo un entrenamiento, pero no lo dijo. Todo lo que lo hiciera sonreír era bueno para ella y él sonreiría a partir de entonces sabiendo que ahora tenía la fuerza para impedir que el destino volviera a arrebatarle a los que amaba.

Peticiones:
-Energía Interior de grado 2

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Re: No hay mayor victoria que una sonrisa ni mayor derrota que una lágrima

Mensaje por Nyrbe el Mar Nov 10, 2015 1:42 am

Excelente.

Recibes el grado 2 de energía interior, 2661 puntos de experiencia y 3991 aúreos.

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