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Reencuentros con el pasado

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Reencuentros con el pasado

Mensaje por Starrk el Dom Nov 08, 2015 8:25 pm

Las dos chicas eran bien parecidas físicamente en sus rasgos la forma de la cara y la nariz. Parecía que podrían ser hermanas realmente. Un rato después vino uno de los asesinos y me dijo que Brake me llamaba. El asesino me llevo por los pasillos hasta llegar lo que parecía ser el despacho de Brake, este al vernos entrar dijo. -Dejadnos solos, vosotras también mis pequeñas.- Como había supuesto eran realmente hermanas. Ambas salieron de la habitación, al igual que el resto de asesinos quedando solo Brake y yo. Al cerrarse la puerta Brake comenzó a decirme. –Me alegro de ver que estas bien. Parece que mis chicos no te han hecho mucho.- Ese comentario me molesto un poco. –Si quieres mi ayuda, ¿Por qué los mandaste matarme?- Brake se rió y dijo sin dejar de reír. –Ya sabes que es lo que nos diferencia de los asesinos. Les das una orden y pueden no cumplirla.- Cierto era que sus asesinos podían haber hecho eso, pero sus hijas no tenían la misma mentalidad. –Tus hijas son diferentes, tienen aspecto de que las hubieras educado como si fueran ejecutores.- El hombre dejo de reír y no del todo serio dijo. –Ellas son mi tesoro, nadie aquí sabe que son mis autenticas hijas. Creen que solo les tengo cariño, aunque algunos desarrollan cierta envidia hacia ellas. Las he entrenado de la mejor forma que he podido. Ya conociste a Jessica ella ha llevado mis enseñanzas a su límite y podría ser toda una ejecutora si quisiera. Pero su hermana, Eliana, se empeña en no querer aprender nada que tenga que ver con este mundo, aunque a pesar de ello no es una chica que se deba subestimar.- Parecía orgulloso de sus hijas y por lo que decía tendría que tener cuidado con ellas. Pero aun había alguien de quien no me había hablado.

–¿Qué hay de su madre? ¿También es una gran ejecutora como tú o una asesina de gran reputación?- El hombre pareció torcer el gesto cuando mencione a la madre de sus hijas. Pareció que había tocado un tema delicado para él y me resultaba extraño, pues él era uno de los mejores ejecutores y ahora parecía un anciano con músculos. El hombre trago saliva y dijo mirándome a los ojos con una mirada que podría haberme matado de haber podido. –En parte es por ella por lo que necesito tu ayuda. La madre de mis hijas lo era todo para mí aparte de ellas dos. Pero un día asaltaron la casa en la que vivíamos antes de crear esta hermandad de asesinos. Ella murió… cuando acabé con casi todos los asaltantes me dirigí al que quedaba con vida y le pregunte quienes eran y porque me habían atacado. El me dijo que eran ejecutores y que se les había ordenado dar caza a los ejecutores que habían abandonado la orden por traidores. Maté a aquel infeliz y me juré que acabaría con la persona que había hecho que me arrebataran a mi amor. Por eso te hice llamar, quiero que me ayudes a acabar con el que da las órdenes. Esto te atañe a ti también ya que eres un ejecutor que ha dejado la orden. No te pido que trabajes para mí, ya tengo a muchos que lo hacen, quiero que seas mi aliado y vengas en mi ayuda cuando te lo pida. También puedes quedarte con nosotros si quieres. Yo seguiré buscando ejecutores que dejaran la orden.- Aquella propuesta era bastante lógica, aunque la razón era un tanto extraña. ¿Por qué el jefe de la orden mandó matar a todos los que la abandonamos?

Era muy extraño, pero realizar una alianza con una hermandad de asesinos era la mejor forma de asegurarte una oportunidad. Nunca se sabía cuan útiles podían ser.
–De acuerdo, me uniré a ti. Pero no me quedaré aquí tengo asuntos que aclarar y trabajos que hacer.- Acepté. El hombre pareció satisfecho y asintió. –Puedes marcharte cuando quieras, daré órdenes para que todos sepan que ahora eres uno más de nosotros, eso te ayudará a que ninguno de los de aquí se atreva a hacerte nada. Solo te pido que realices una misión antes de irte. No quiero poner en peligro a mis hijas y nadie aquí puede realizar este trabajo a parte de ti, ya que yo no puedo mostrarme mucho en público.- Estuve en silencio un rato pensando en lo que me pedía. Pero tal y como había dicho Eliana no tendría más opción que hacer lo que me pedía. Así que no tuve que pensármelo mucho. Lo miré y asentí, dándole a entender que lo haría. Brake junto las manos dando una palmada y empezando a frotarse las manos como ansioso de que le trajera lo que necesitaba. –Bien, verás. Hay en esta ciudad una mansión y su dueño es un acaudalado comerciante Xelathir. Ha amasado una fortuna haciendo préstamos y pidiendo intereses desorbitados. Hace poco uno de nuestros contactos tuvo unos problemas financieros y cometió el error de pedirle dinero, ahora necesitamos que alguien se cuele en la mansión y robe el documento que acredita el préstamo firmado por este contacto, y si quisiera esa persona podría robar el resto de documentos y así ayudar a mucha gente que lo está pasando mal y también joder un poco a ese avaro. El objetivo principal de la misión es obtener el documento, lo que hagas después será decisión tuya. La mansión esta al norte desde aquí, en cuanto la veas sabrás que es esa ya que no hay otra igual.- No sabía cómo se desarrollarían los acontecimientos en la mansión, así que no podía asegurar poder hacer más que la misión principal. Salí del despacho de Brake y me dirigí hacia la habitación que me dieron como mi aposento. Según salía del despacho de Brake pude oírlo llamar a Jessica y Eliana.

Finalmente llegué a mi cuarto y sentí como me pesaba un poco el cuerpo. Las heridas se me habían abierto un poco por el esfuerzo del entrenamiento y ahora necesitaba cambiar las vendas. Me quité la camiseta y el vendaje del torso. Las heridas no sangraban tanto como al principio, por lo que lavé las heridas y le puse vendas nuevas. Las que estaban manchadas de sangre las metí en agua para lavarlas y así reutilizarlas en un futuro. No quería que nadie intentara matarme durante la noche, y puesto que no había sentido a nadie que tuviera magia, creé un pequeño muro de piedra que hacía que la puerta estuviera bloqueada. Ahora nadie podría atravesar la puerta.

Me tumbé en la cama y me dispuse a dormir. Aunque tardé un rato y pude oír murmullos fuera de la habitación, pero no les presté demasiada atención. Mi noche transcurrió tranquila y sin problemas, tampoco tuve sueños raros.

A la mañana siguiente, tras despertar y comprobar los vendajes, me aseé y quité el muro de la puerta. Traspasé el umbral y me encontré con la mujer asesina, Jessica caminando hacia mí.
–El maestro me dijo que te encargarías de nuestro problema con el mercader. Que sepas que iba a ser yo la que hiciera pagar a ese Xelathir. Pero no contravendré las decisiones del maestro, aunque no esté de acuerdo.- Dijo cuando se me acercó. –Vuestro maestro necesita que alguien se encargue de eso. Dado que ahora somos como compañeros he decidido que le ayudaría. Lamento que tu deseo sea ocuparte tu misma, pero tal vez Brake no quiera ponerte en peligro.- Al oír que llamaba a su padre por su nombre sacó velozmente una de sus dagas y la puso en mi cuello empujándome hasta una pared. –No vuelvas a mencionar su nombre, para todos es el maestro. Si no lo respetas de esa manera yo misma te sacaré el respeto de tus entrañas.- Era bastante buena, se notaba que Brake la había entrenado como a una ejecutora. Me atrevería a decir que Jessica podía ser incluso mejor que yo. Pero de eso se trataba mi viaje, de encontrar a gente fuerte y fortalecerme también yo.

Escuché entonces la voz de Brake que se acercaba por el pasillo mientras decía.
–Jessica, querida. Ya te dije que es ahora como uno de los nuestros. La única diferencia es que él no es un miembro de la hermandad, es un afiliado, un aliado. No tiene que llamarme maestro sino quiere.- Jessica bajó la cabeza molesta, apartó el cuchillo de mi cuello y se marchó. –Perdónala, se deja llevar a veces por sus emociones. Supongo que la entrené cuando ya era demasiado mayor como para que se deshiciera de ellas. Pero no estoy aquí para hablar de ella. ¿Qué harás con el asunto del comerciante?- Pasé mi mano por el cuello para comprobar que no tenía ninguna herida ni ningún corte.  No tenía nada, así que hice crujir mi cuello y dije. –No se preocupe, entiendo cómo se siente ella. Con respecto al comerciante quiero ir a ver el edificio donde vive, hacer una ruta de todos sus guardias y las horas a las que se cambian. Una vez tenga esta información podre colarme sin que me vean. Eeeh… por cierto, ¿tiene algún mapa del domicilio o sabe cómo conseguir uno?- El anciano sonrió y dijo. –Ya veo porque Zero te apreciaba tanto. Si, puedo proporcionarte un mapa del edificio. Dentro de 3 días lo tendrás. Ahora te dejo, tienes mucho que hacer… y yo también, esta hermandad no se rige sola.- Brake se fue y quedé yo solo en el pasillo. Me puse en marcha y salí de la base de los asesinos.

Comencé a ir hacia el norte donde Brake me había dicho que hallaría la casa del mercader. Finalmente vi una mansión que parecía casi una fortaleza. La mansión tenía alrededor un jardín y este a su vez estaba rodeado por una muralla de unos cinco metros. Me di una vuelta alrededor de la muralla para ver si había más de una entrada, pero tan solo había una. Las puertas de la muralla eran de una gruesa madera, por lo que pesaban mucho y hacían falta varios hombres para abrirla o cerrarla. A los lados de la puerta por fuera y por dentro de podían ver a 2 centinelas. En la muralla vi a tres centinelas patrullando. Tenía ya a los guardias ubicados, ahora tenía que saber cuáles serian sus rondas y cambios de guardia. De esa forma podría tener una mayor posibilidad de entrar. Empezaría en aquel mismo instante, por lo que me subí al tejado de un edificio próximo a la muralla y desde allí observe a los guardias. Necesitaría al menos una semana de seguimiento para asegurarme de que no había días que cambiasen de guardias antes o después.

Aquel mismo día mientras permanecía oculto en el tejado podía ver que los de las murallas patrullaban en círculo hacia la derecha y tras tres vueltas empezaban a patrullar hacia la izquierda.  A veces uno de ellos paraba y se ponía en una de la almenas a mirar a la calle. Al cabo de cinco horas estas eran relevados por otra patrulla que repetían la misma rutina que los tres anteriores. Los centinelas de la puerta se mantenían en pie todo el tiempo, sin moverse. Al cabo de dos horas eran relevados por otra patrulla que repetía la misma acción. Al parecer los de las puertas tenían un menor tiempo entre cambios de guardia. Se repitieron estas condiciones hasta que llego la noche y cerraron las puertas. Ahora había cuatro en la muralla y uno en el patio. Estos eran relevados cada tres horas, tanto los de la muralla como el del patio. Finalmente volví a la base de los asesinos y me puse a descansar. Al día siguiente me preparé para repetir el seguimiento de los guardias y me marché. No hubo cambios en la rutina de los guardias aquel en todo el día. Mantenían los mismos sucesos que el día anterior. Volví a la base a descansar, a la mañana siguiente tras levantarme y prepararme para continuar mi vigilancia Brake vino a mí con un papel.
–He conseguido lo que querías. Toma, el mapa de la mansión. Espero con ansias que consigas traerme el documento del préstamo. Marcho a seguir con mis quehaceres.- Cogí el mapa y Brake se marchó. Guardé el mapa en mi habitación y salí de la base de los asesinos. Aquel día tampoco hubo cambios en la rutina de los centinelas. Por lo que volví a la base varias horas después de que el sol se hubiera puesto. Si todo seguía como hasta ahora el día que fuese a entrar, accedería al edificio por la noche.

Los días pasaron sin que hubiera demasiada diferencia en la rutina de los guardias. Lo único diferente fue que empezó la mansión a ser visitada por gente, aunque se iban antes del anochecer. Finalmente había llegado el día, ahora tocaba infiltrarse en la mansión y reconocer cada rincón, ya que en el mapa no se especificaba que era cada habitación. Me pasé todo el día estudiándolo hasta recordarlo palmo a palmo. Al llegar la noche salí de la base de los asesinos y marché en dirección a la mansión.

Una vez frente a la muralla de la mansión comencé a escalarla. La muralla estaba hecha con piedras con muchos resquicios, por lo que era fácil de escalar para alguien como yo. Cuando pasaron los centinelas aproveché para subir a la muralla y para pasar al jardín generé unos pequeños salientes a los que poder saltar sin hacerme daño. Al llegar al suelo del jardín deshice los salientes para que nadie los viera. Accedí al sótano por la puerta que había fuera, este estaba siendo usado como almacén de comida y otros suministros. Entré en la casa con cuidado de no hacer ruido. Fui sigilosamente por los pasillos hasta llegar a la planta baja de la casa. Una vez allí rememore el mapa y según ponía había 5 habitaciones en esta planta, 2 grandes, 1 mediana y otros 2 más pequeñas. Había una escalera en el centro que subía y a la vez separaba las habitaciones de la planta baja. Fui primero hacia la izquierda, vi que había 3 puertas, por lo que con cuidado pegue mi oreja en la primera.
“…Nada…” Pensé antes el silencio. Abrí la puerta y entré, aquel lugar era una de las habitaciones grandes. Observé un poco alrededor y vi que había decorado el salón con ostentosos muebles, trofeos y soportes de armas y escudos en las paredes. Aquel sitio no era el que buscaba, así que salí del salón y me dirigí a otra de las puertas. Repetí la acción que realicé con la primera. “…Se oye una respiración… No, son al menos dos…” Pensé mientras habría con sumo cuidado. Eché un vistazo dentro viendo que tan solo eran una pareja de sirvientes. Cerré y fui hacia la siguiente puerta. Repetí la misma acción pegando la oreja para oír en su interior. “…Ronquido… Probablemente otros sirvientes. No creo que el señor de la casa durmiera junto a sus vasallos…” Dije en mi mente mientras me alejaba del lugar con pasos silenciosos. De pronto oí como alguien bajaba las escaleras, era bastante torpón pues parecía intentar amortiguar sus pasos pero no lo hacía demasiado bien. Me oculte en la pared de la escalera. El que había bajado era un centinela e iba con una lámpara de vela. Pasó frente a mí sin percatarse de que estaba allí gracias a la oscuridad. Decidí continuar otro día, por lo que volví al sótano y una vez en este crucé la puerta que daba al patio. Escalé de nuevo los salientes de la muralla y una vez hubieron pasado los centinelas apostados en las murallas subí a estas y bajé a la calle. Acto seguido volví al gremio de asesinos para descansar.

Al día siguiente, ya despierto y estudiando los mapas de la mansión, alguien llamó a la puerta de mi habitación. Le di permiso para pasar y resultó ser Eliana.
–Buenos días, espero que no te moleste que haya venido. No hemos podido hablar desde que vinimos aquí y bueno…- Le hice un gesto para que se sentara en la cama, yo me hallaba sentado en una silla frente a un escritorio. –Bueno, ¿y de qué querías hablar?- La chica miraba al suelo, las paredes o cualquier otro sitio menos a mí. –Es que he oído que mi hermana te amenazo el otro día y me preguntaba si estarías bien.- Me hizo cierta gracia aquel comentario, pero no emití ninguna risa ni sonreí siquiera. –Bueno, sigo vivo. Tu hermana parece una mujer peligrosa así que es más de lo que podría pedir.- Pareció entristecerse y mientras se le caían algunas lágrimas dijo. –Ojalá mi hermana no fuera así, ojalá mi padre no hubiera sido un ejecutor. Por su culpa mi madre murió y mi hermana y yo nos vimos obligadas a aprender a matar. Yo no quiero vivir pensando que en cualquier momento alguien aparecerá y tratara de matarme.- Ese era un sueño harto imposible. –Tienes miedo de que alguien intente matarte, eso lo respeto. Pero no puedes querer vivir de esa manera en los tiempos que corren. Siempre que haya alguien por encima de otros habrá envidia y celos, estos harán a la gente malvada y trataran de obtener más de lo que tienen de manera cruel. Otros por mera necesidad tendrán que convertirse en personas crueles. Si una persona tiene gente bajo su mando los usara para obtener más poder. Así ha sido y así será hasta que alguien decida acabar con cada persona cruel que halla y a la vez todos nos sintamos sin envidia, celos ni ira contra nadie. Yo no creo en dioses que nos puedan dar lo que pedimos mediante rezos, pero creo en la voluntad de las persona y en que si uno lo intenta y persevera tarde o temprano lograra su objetivo.- La chica me miró secándose las lágrimas y dejo con las voz temblando. –Entonces, ¿quieres decir que tendré que vivir siempre con el miedo a la muerte? ¿Qué si no hubieran sido los que perseguían a mi padre quienes mataron a mi madre podría haberlo hecho cualquier otro por una razón estúpida como unas pocas monedas?- Asentí levemente, Eliana agachó la cabeza triste mientras se apoyaba con el codo en su rodilla y la mano en la frente. Era cierto que podía parecer algo desesperanzador, pero era la autentica verdad. –Quiero que me lleves contigo, cuando acabes lo que mi padre te pidió quiero viajar contigo. Pienso que ir contigo me serviría para entender mejor lo que dices.- Dijo Eliana sin levantar la cabeza. Teniendo en cuando mi situación según lo que me había dicho Brake no era el mejor momento para llevar a alguien conmigo. –Lo lamento mucho, pero no puedo dejar que vengas conmigo. No es que no quiera, ya que no me importaría que me acompañaras. Es más bien por el hecho de que yo estoy en peligro. Los mismos que atacaron a tu padre me atacaran a mi tarde o temprano, por lo que por el momento no permitiré que vengas.
Sin embargo, cuando todo esto haya acabado, volveré a por ti y le pediré a tu padre que te permita venir. Si se lo pidiéramos ahora no te dejaría por el peligro que correrías.-
La chica pareció entristecerse ante el hecho de que tendría que quedarse en aquel lugar más tiempo. –Aun tengo que pagarte la deuda de que me hubieras salvado, así que sacarte de aquí será la manera en la que la pague.- Dije esbozando una sonrisa sin darme cuenta. La chica me miró y al verme sonreír dijo mientras se le escapaba una pequeña risa. –Bonita sonrisa.- Carraspeé y volví a mi cara seria de siempre. –Yo no sonrió.- Eliana volvió a reírse. –Sí, bueno. Me alegra haber hablado contigo, te dejare seguir con tus quehaceres.- Dijo antes que irse, parecía que haberme visto sonreír le había hecho aliviar su pena. Dejé eso a un lado y continué con lo que de verdad debía pensar.

Pasé varios días infiltrándome en la mansión por las noches y explorándola para saber que había en cada habitación, cuando guardias había por la noche rondando por la casa y las rutinas de estos. Cuando me di cuenta ya habían pasado dos semanas desde que empecé aquel trabajo para Brake. Por lo menos ya tenía la información necesaria y podía ir directamente a por lo que buscaba en la mansión.

En la decimo quinta noche fui a la mansión y me infiltré sin problemas. Subí a la segunda planta donde estaban las habitaciones importantes y forcé la cerradura de la puerta que daba al despacho. Una vez dentro Me acerqué al escritorio de madera de roble, había varios papeles pero ninguno era el que buscaba. Revisé el resto de la sala hasta que di con los documentos. Recogí todos los que decían algo de un préstamo y acto seguido salí de la mansión. Había estudiado tan bien las rutinas de los guardias que no hubo ninguna dificultad a la hora de entrar en la mansión o salir de ella.

Por la mañana fui a hablar con Brake, este quedó maravillado cuando le mostré los documentos.
–Gracias chico, la hermandad te lo agradece. Siempre serás bienvenido. Ahora puedes marcharte cuando quieras, yo seguiré reuniendo a los ejecutores que abandonaron la orden que aun queden con vida.- Asentí y me marché de allí ese mismo día. Había perdido demasiado tiempo, por lo que retomé mi camino hacia Fergor.

Desde que me llegó la carta en aquel pueblo donde conocí a Tolkar había pasado ya bastante, esperaba que Alice aun continuara yendo a la taberna El Cíclope Decapitado. Tardé una semana en llegar, pero finalmente lo conseguí. Llegué a Fergor y busque sin detenerme ni un segundo la posada donde dijo que estaría Alice. Cuando la encontré entré sin pensarlo mucho, el corazón me latía con fuerza y sentía que la cabeza me iba a estallar. Busqué por la taberna con la mirada, pero no estaba. Sentí como si mi corazón se parase de golpe, me acerqué al tabernero y le dije.
–Disculpe, ¿ha visto alguna chica bajita, rubia con aspecto de niña?- El hombre al verme alzó una ceja y dijo. -¿Eres su padre? Está arriba, en la cuarta habitación. Lleva aquí desde hace casi un mes y decía estar esperando a alguien.- Le agradecí su respuesta y deje algunas monedas sobre la barra, subí las escaleras en dirección a la habitación de Alice, esa sensación de antes volvía a estar ahí. Cuando llegué a la habitación llamé a la puerta y oí entonces a Alice decir. –Un momento, en seguida abro.- Se oyó como algo caía al suelo y a Alice soltando un pequeño quejido de dolor. Entonces la puerta se abrió y allí estaba Alice, parecía haber crecido un poco, pero no mucho. Estaba tan guapa como la recordaba. Al verme se quedó con cara de sorprendida y salto sobre mi abrazándome. –¡Altaiiiir, por fin estas aquí! Temía que no vinieras nunca. Ighghhgghg, no sabes cómo te he echado de menos.- Esto último lo dijo mientras apretaba mas el abrazo. –Bueno, ya estoy aquí, pongámonos al día de lo que ha pasado.-

Hablamos durante algunas horas hasta que finalmente le pregunté. -¿Sigues trabajando para la orden?- Ella un poco extrañada por la pregunta respondió. –Sí, llevo un tiempo haciendo los trabajos que me llegaban en las cartas.- Aquello hizo que me temiera lo peor, que hubiera contactado conmigo podía deberse a que le hubieran ordenado matar a los “traidores” que abandonaron la orden. –Lo siento, pero debo preguntártelo. ¿Me has llamado porque te han ordenado que mataras a los que abandonamos la orden?- Si su respuesta era si, tendría que hacer algo para lo que jamás me hubiera preparado. Sin embargo, ella se mostró extrañada y dijo. –No sé de qué me estás hablando. Solo me dicen que mate a algunas personas aquí en Fergor, pero no a un ejecutor.- Al ver que ella no parecía tener conocimiento de lo que pasaba en la orden se lo conté, desde mi encuentro con Brake hasta lo de la alianza y la búsqueda de otros ejecutores. –Con que es eso lo que ha pasado. Tiempo antes de pedir que me mandaran a hacer misiones por el mundo noté que había algunos ejecutores no muy contentos con el hecho de que pudiéramos dejar la orden. Supongo que alguno de ellos habrá tomado el poder en la orden y ahora dirige las misiones. A la vista de esto me veo obligada a abandonar la orden. Me uniré a ti y tu alianza para evitar que hagan algo tan injusto. Al fin y al cabo alguien tiene que protegerte, jiji.- Alice viajaría conmigo a partir de ahora, no podía convencerla de lo contrario ya que era muy cabezota. Pasaríamos algunos días más por allí para yo descansar y aprovisionarnos.

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-Erudito, ilustrado
-Restar 20 áureos dados al tabernero por la información

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Re: Reencuentros con el pasado

Mensaje por Alex el Lun Nov 09, 2015 1:28 am

Lamentablemente no consigues la profesión, pues no he visto ningún aprendizaje que lo merezca. Los 20 áureos se han restado de tu cuenta y has ganado 4.175 puntos de experiencia y 6.262 áureos.
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