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Oveja, perro y lobo. (Historia para la profesión de confeccionador)

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Oveja, perro y lobo. (Historia para la profesión de confeccionador)

Mensaje por Nyrbe el Lun Nov 09, 2015 2:22 pm


Oveja, perro y lobo.




Cuando Tsuki y yo teníamos 16 y 12 años respectivamente, después de mucho tiempo viviendo como nómadas rurales decidimos buscar un nuevo y pacífico lugar al que pertenecer. Después de todo lo que habíamos pasado y padecido consideraba que debíamos darnos la oportunidad de buscar sitios tranquilos para vivir, así que tras muchas travesías llegamos a la isla Sefor, la isla más pequeña del archipiélago Ísulan. Era una isla muy tranquila, de poca población que vivía del comercio marino y un ambiente increíblemente agradable, destacando por el medio tropical y la brisa marina.

Hacía dos meses que llegamos, aprovechando un barco de mercancías que tenía como encargo entregar dos cargamentos de platanos a los mercados principales de las aldeas y para poder pagar el viaje Tsuki y yo estuvimos limpiando la cubierta todo el tiempo que duró el trayecto.

Sin embargo, después de establecernos en la aldea más cercana a la playa conseguí un nuevo trabajo. Un hombre de mediana edad me ofreció 40 auréos semanales por ayudar a guardar su rebaño de ovejas, la oferta era atractiva y no encontré nada mejor en aquel momento, además, Tsuki necesitaba seguir con los estudios, ya había acabado la educación básica y ahora tenía que dar el paso al siguiente curso en la escuela.

Además del empleo, el amable señor (Conocido como Antuán) nos ofreció desinteresadamente su casa para que Tsuki y yo tuviéramos un techo, pero además de su solidaridad, existía otro motivo.

Con el tiempo comenzamos a tomar confianza, Antuán era un bonachón y nos contaba cosas de su vida donde la mayoría de ellas eran simples anécdotas cotidianas, pero cuando ya llevamos un mes viviendo nos reveló que él  estuvo casado hasta hacía dos años. Nos contó que tenía dos hijos también, pero un día determinado su mujer huyó con sus niños sin explicación alguna. Era obvio que Antuán nos vio como un reemplazo para el vacío que la marcha de sus hijos dejó y por lo general era comprensible.

En cuanto al trabajo, no era una tarea muy difícil, consistía en turnarnos para hacer guardia por las noches en una pradera no muy lejana de la aldea y espantar bestias tales como lobos para evitar que mataran alguna oveja. Hasta la fecha nunca tuve ningún problema durante las noches que me tocó hacer guardia y por lo visto Antuán tampoco, mientras que Tsuki se dedicaba a ayudar en las tareas de casa a la par que estudiaba tanto para sus estudios como para la magia, su verdadera pasión.

Cuando pasaron los dos meses, un día determinado cuando me levanté de la cama oí ruidos extraños en la parte trasera de la casa, Antuán tenía una especie de tallercito y por las tardes solía trabajar en él, además Tsuki estaba en clase, por lo que me extrañó escuchar jaleo ahí atrás. Me puse en pie, me vestí y salí de mi cuarto para después rodear la casa.
La puerta al tallercito estaba entornada, pero los ruidos que venían desde dentro parecían indicar que dentro había actividad. Me acerqué poco a poco y por el filo que se dejaba ver, vi de espaldas a Antuán, no parecía hacer nada sospechoso así que golpeé la puerta tres veces seguidas.

-¿Hmmm? ¿Quién anda ahí?- Preguntó.

Abrí la puerta y entré en el taller. Era bastante grande para aparentar lo contrario desde el exterior, había herramientas de todo tipo y algunas mesas de trabajo, cubos con agua y hasta un pequeño horno de piedra.

-Soy yo, viejo. ¿Qué andas haciendo?- Dije apoyándome en el marco de la puerta.

Antuán se giró y pasó de darme la espalda a tenerlo de frente.
Estaba agarrando una pieza grande de algo muy raro, era parecido al pelo que tenían las ovejas y les cubría todo el cuerpo.

-¡Ya es la época del año!-

-¿La época del año?-

-Sí, muchacho, ¿Acaso no sabes que hay que esquilar las ovejas una vez al año?-

En ese momento me sentí idiota.

-Ehm.. ¿Y para qué se esquila una oveja?- Pregunté sinceramente.

Antuán me miró con decepción.

-¿Pero tú para qué has ido a la escuela, chico? No tengo ovejas para vender su carne, vendemos su lana.-

Me sentí más idiota aún y me dio miedo preguntar, mi silencio provocó un suspiro en el viejo.

-A ver, la lana es el material del que están hechas vuestras ropas, es el material principal de la tela, vosotros no usáis ropa de piel.-

Como reacción estiré mi prenda de vestir y la miré con curiosidad, lo más triste es que posiblemente Tsuki supiera esto y yo no.

-Dentro de casa hay una olla de agua en la cocina, seguramente ya se ha calentado. Tráemela por favor.-

Sin dejar de mirarme la ropa, salí del taller, rodeé la casa y entré por la puerta principal. Cuando estuve en la cocina, había una olla grande llena de agua sobre un fuego, por suerte el agua no hervía pero sí que comenzaba a generar vapor.

Agarré las asas de la olla con protección y sin mucho esfuerzo pude levantarla y transportarla al taller. En cuanto Antuán la tuvo delante sumergió la lana dentro de esta, haciendo que un poco de agua se desbordara.

-Acercate, chico. Vamos a preparar la lana.- Me invitó.

Me puse de cuclillas para observar cómo comenzaba a limpiar la lana de restos de piel y suciedad varia que encontraba mientras frotaba, se ayudaba de un cepillo.

-Pruébalo tú, si te enseño prepararemos la lana en menos tiempo.-

Me pasó el cepillo y sin ningún tipo de repulsión comencé a frotar, limpiando la pieza de lana, intentaba esforzarme para que Antuán viera que podía serle de utilidad.

-Bien chico, bien, recuerda darle la vuelta y limpiar por ahí.-

Antuán no se quedó de brazos cruzados. Agarró otro cepillo y me ayudó a lavar también. Al cabo de diez minutos más tarde dijo:

-Bueno, con esto creo que ya está. Déjalo sumergido y aparta la olla, ponla debajo de la mesa mismo.-

Arrastré la olla debajo de una de las mesas de trabajo y me puse en pie, esperando más instrucciones.

-¿Hay que dejarla en remojo?- Pregunté con curiosidad.

-No, pero antes de continuar debo enseñarte cómo obtener la lana, muchacho.-

Antuán pasó por delante de mí y se paró frente a una de las estanterías, agarró un instrumento parecido a unas tijeras y las guardó en su bolsillo trasero.

-Acompáñame- Me indicó.

Salió del tallercito y le seguí. Comenzamos a caminar durante diez minutos hasta que llegamos a la pradera donde estaban las ovejas.

El viejo se acercó a una y la atrapó fácilmente de las patas traseras, se la cargó a la espalda como si nada.

-Agarra una tú también, no son muy rápidas y son inofensivas, ya lo has visto.-

-Sí, señor.-

Imitando a Antuán me acerqué a una oveja y haciendo ademán de querer acariciarla, logré engañarla y cogerla de ambas patas traseras, agarrando dos patas con cada mano también la cargué a la espalda como si fuera un simple saco de harina.
Volvimos a casa, pero esta vez con dos piezas del rebaño. Llegamos al patio trasero y Antuán soltó a la oveja con delicadeza y me pidió que hiciese lo mismo con la mía. Andé unos cuantos pasos y en la zona donde más hierba había la solté.

El viejo sacó las tijeras que anteriormente se había guardado.

-Mira, Berny, te voy a enseñar cómo esquilar estos bichos.-

Me acerqué y me coloqué a medio metro de él.

-Para empezar hay que tumbar la oveja, agarrándola de la parte posterior del cuello. De esta manera se sentirá comoda y no estará asustada.-

Antuán tumbó a la oveja de costado y se puso en cuclillas.

-Mira, acércate más.-

Sin apartar la vista, me acerqué al viejo por su costado izquierdo y doblé mi espalda, apoyando las palmas de mis manos en las rodillas: un gesto natural que denotaba curiosidad e interés.

-Una vez que tenemos al animal calmado hay que comenzar a esquilar.- Dijo mientras se pasaba las tijeras a la mano derecha. Lo más curioso era la manera de cogerlas, como si fueran unas pinzas enormes, pues precisamente era eso lo que parecían, unas pinzas con hojas en los extremos.

-Ahora bien, tienes que agarrar las tijeras con tu mano buena. ¿Eres zurdo chaval?-

-Sí. Supongo que tendré que cogerlas con mi mano izquierda.- Respondí con obviedad, intentando demostrar mi competencia.

-Exacto. Con tu mano buena debes agarrar las tijeras y con la otra debes ir palpando al animal. Mira, la técnica es esta.- Antuán comenzó a presionar las tijeras a modo de pinza en el aire para enseñarme cómo se debía cortar.

-Nunca lo hagas hasta el fondo, no es necesario, son unas tijeras muy afiladas y la lana se corta fácilmente.- Esta vez para proseguir, introdujo los dedos extendidos entre la lana y pareció remover un poco la mano.

-Mientras vas cortando, tienes que ir palpando el cuerpo del animal para saber el límite del corte, de esta manera no lo lastimarás, además de que debes constantemente ir apartando el tejido para ver lo que estás haciendo, obviamente.- Siguió apartando lana del animal como demostración.

-Comenzaré yo para que te hagas una idea.-

Introdujo los dedos en el cuello e hizo un corte con las tijeras, cortando la lana de forma vertical por todo el cuello.
-Empezar por aquí es la clave, de esta manera toda la lana será una pieza y eso es lo que queremos.-

Los siguientes dos minutos se los pasó esquilando al bicho y lo hacía con una rapidez increíble, sólo le faltaba el trasero.

-¿Ves? Ahora te toca a ti.- Dijo pasándome las tijeras.

Las cogí con la mano izquierda y me agaché del todo para tener una buena posición para empezar, estaba nervioso y tenía miedo de herir al animal.

-Venga, no es tan difícil como parece.- Dijo mientras se ponía detras de mí y me agarraba las manos como si fuese su marioneta. Comenzó a guiarme y pude sentir cómo debía hacerlo, el truco estaba en cortar por encima de la mano que repasaba el pelaje, de esa manera asegurabas cortar sin peligro.

Cuando el viejo notó que estaba más seguro de mí mismo, se levantó y se alejó, confiando en mí. Como no quería decepcionarle comencé a cortar sin miedo y cuando me quise dar cuenta ya tenía medio culo pelado, así que no descansé hasta tener el trabajo acabado.
Al cabo de cinco minutos, orgulloso, llamé a Antuán para que evaluara mi trabajo, bajo mi criterio no lo había hecho nada mal.

Llegó al momento y se acercó a la oveja, agarró la pieza de lana y cuando la estiró todo la parte que yo había esquilado estaba separada de la pieza principal y cayó como cachos independientes.

-P-pero, si había...- Dije agachando la cabeza después, decepcionandome conmigo mismo, realmente creí haber hecho un buen trabajo.

-Chico, ¿Has ido trasquilando de arriba a abajo?-. Preguntó el viejo.

Hubo un silencio incómodo. Antuán se encogió de hombros y agitó la cabeza de un lado para otro con los ojos cerrados.

-Si no cortas de arriba a abajo, se desgarra y se desprende de la pieza.- Dijo mientras agarraba los trozos que cayeron de mi trabajo.-Hmmm, venga no te preocupes, podemos usarlo para hacer hilos cortos.- Intentó animarme.

-Pero no te preocupes, era de esperar, es con la práctica con lo que se mejora, adelante prueba con la otra oveja que hemos traído.-

Hice caso y me puse manos a la obra. Mientras esquilaba, Tsuki llegó de la escuela y mientras yo acababa con la oveja, entre ella y Antuán prepararon la comida, para cuando estuvo lista yo aún no había terminado.

Cuando por fin terminé el trabajo me salieron tres piezas de lana en lugar de una única, era realmente difícil para mi nivel que no se separara mientras cortaba. Después el viejo me dijo que lo dejase para mañana, fuimos a limpiar la lana en agua caliente como hicimos por la mañana y el resto del día lo pasamos como los demás.

El resto de la semana lo dediqué a aprender la técnica del esquile pero seguía siendo difícil, una vez logré que sólo fueran dos piezas, pero por miedo a estropear la mercancía Antuán se encargó del resto de ovejas: Teníamos que vender la lana en condiciones para comer y que él me pudiera pagar.

Por otra parte Antuán me enseñó cómo deshollar animales, básicamente la técnica era más fácil aún, con ayuda de un cuchillo había que ir pelando al animal sin arrastrar la mayor cantidad de carne posible hasta pelarlo como un plátano, según él me ayudaría a esquilar mejor.

Después de estar un mes despellejando animales como conejos, ardillas y fauna local que aprovechamos como alimento, fui cogiéndole el tranquillo al asunto, ya era algo rutinario. Recordaba que al principio, aún con mi edad y todo lo que había visto hasta ahora, me dieron arcadas , aunque quizá se debía mayormente al olor que desprendía aquel conejo abierto.

Cada vez nos sentíamos más agusto en Sefor, aunque nuestra experiencia más placentera fuese en Arnidel dado que era una comunidad un poco más grande, habían más niños y el pueblo era más completo, la vida en esta aldea era el cambio que necesitábamos.

Un día mientras entrenaba como de costumbre en el patio de atrás por la mañana, Antuán se acercó a mí.

-Berny, hijo, ven conmigo, creo que estás preparado para que te enseñe esto.- Me anunció.

Volví a colgar el yugo con los cubos y lo seguí hasta el taller. Abrió la puerta con llave y se metió dentro, yo le acompañé.

La luz penetraba por el hueco abierto y dejó a la vista un montón de pieles extendidas en la mesa de trabajo, cabe destacar también el mal olor: Las pieles parecían frescas y el lugar siempre solía estar cerrado por las noches.

-¿Lo has visto, no?- Dijo seguramente refiriéndose a las pieles.

-Ahora que tienes experiencia deshollando, te enseñaré el arte del curtido.-  Dijo orgulloso.

-Mira, esas pieles extendidas están en secado. Esto es el primer paso si quieres convertirlas en material para fabricar prendas.-

El viejo se acercó a las pieles.

-La clave está en secarlas y con la ayuda de unas pinzas así, extenderlas sobre una superfície plana. ¿Ves?- Siguió explicando.

Cierto era que con Antuán aprendí muchas cosas durante el tiempo que estuve aquí, además de su oficio era un hombre muy sabio, culto y entendido en muchos campos, no entiendía aún por qué su mujer lo abandonó.

Después de explicarme el proceso de secado, plegó las pieles y al igual que como hicimos con la lana, las lavamos y las dejamos en remojo durante un día entero.

Al día siguiente me explicó que el proceso servía tanto para la lana como para el cuero. Después del secado me enseñó también a quitarle el pelo con una crema que era fácil de hacer con los ingredientes adecuados, aplicándola suavemente.
Una vez acabamos, la piel quedó como un trozo de tela, blando y según Antuán ya estaba lista para ser recortada y posteriormente usarse para la confección de prendas.

Antuán además de ser un entendido del curtido y el esquile, era también muy buen costurero, así pues decidió enseñarme a coser correctamente para ahorrarme el tener que comprarle ropa nueva a Tsuki. Así pues dediqué otro mes entero a aprender a coser siguiendo los pasos de mi maestro. Cosía pequeños trozos de cuero y a veces hacía lo mismo con lana tratada y estirada previamente con husos.

Durante la primera semana de aprendizaje, me costó mucho aprender a hilar la aguja, pues me pinchaba a menudo hasta que Antuán encontró un dedal que tenía en su taller. Gracias al cuero y la lana comencé a hacer guantes y calcetínes, aunque los primeros eran realmente deformes, las costuras eran penosas y se deshilachaban a la mínima, no tenían resistencia alguna. Además de eso, todas las noches procesaba lana y curtidos de manera artesanal, el proceso era lento y pesado a pesar de todo lo bien que Antuán me había enseñado.

Concienzudamente me dediqué las dos semanas siguientes a coser hasta que mi primer calcetín de calidad (aunque algo asimétrico en diseño) fue una realidad. Gracias a ello fui mejorando durante los próximos días midiendo los patrones, las plantillas y tomando medidas, Antuán estaba muy contento conmigo pues finalmente hice un calcetín de lana y un guante de cuero que logré crear con mis propias manos con todo el proceso de obtención de materiales y elaboración de las prendas.

Para mi alegría personal, Tsuki estaba muy impresionada con mi avance. Ella no sabía coser y obviamente me pidió que cuando fuese adquiriendo experiencia le tejiese todo tipo de prendas que tenía en mente, esa era una idea con la que ya contaba, mi hermana se merecía lo mejor.

Para el final del mes ya aprendí cómo elaborar una camisa y unos pantalones básicos aunque suponían un desafío, la cantidad de tela necesaria era mayor y un error podía costar la prenda entera. Antuán estaba muy contento con mi progreso, llegando incluso a proponerme que fuese experimentando y comenzara a teñir las prendas que hacía. Hasta yo noté mi evolución en el oficio: No tenía el talento pero durante estos meses de aprendizaje y práctica había logrado saber ya hacer un par de cosas básicas, tenía los fundamentos y a partir de ahí me dedicaría a seguir el consejo del viejo.

A mediados de mes, u día mientras cosía tranquilamente en el sofá, vino corriendo Tsuki aterrada al comedor gritando.

-¡¡Un lobo, onii!! ¡¡Un lobo!!!-

No hubo tiempo para pensar, Tsuki realmente tenía una expresión de pánico.

-Rápido, al cuarto de arriba ¿Dónde está el viejo?- Pregunté haciendole señas hacia las escaleras.

-¡¡Está afuera intentando intimidar al lobo, ten cuidado Berny, por favor...!!- Contestó Tsuki, haciendo caso de mis indicaciones, subiendo y poniendo ojos tristones mientras mantenía la mirada hasta que las escaleras la taparon.

Antes de salir por la puerta trasera agarré mi katana por la parte superior de la saya.

Crucé la puerta, el sol me dio los buenos días..

Era una posibilidad que el lobo hubiera seguido el rastro de las ovejas que fuimos trayendo, los animales que fuimos cazando. Su presencia en este lugar seguramente era la prueba de que había pasado por el rebaño de la pradera y como consequencia habría arrasado con las pobres ovejas, sólo nos quedaba esperar que no hubiese sido así.

Antuán sostenía un martillo frente al lobo que se movía de un lado a otro, con la espalda curvada y enseñando los dientes.
El viejo estaba asustado, la mano que sostenía la herramienta temblaba con exageración y gotas de sudor recorrían su frente.



Esta sí.







Esta era mi oportunidad.




Con total confianza y sin decir una palabra, avancé caminando hacia el lobo, cuyo animal se sintió esta vez amenazado por dos seres a la vez.

Me paré en el sitio, a menos de dos metros del lobo y observando cómo se movía, aunque no era el primero que mataba, miré con respeto a aquel animal.

-¡¡Berny!! ¡¡No tenías que haber venido!! ¡Ve a avisar a la guardia de la ciudad!- Gritaba desesperadamente Antuán.

Pero en aquel momento, no necesitábamos a la guardia, ni caballeros, ni a ningún tipo de super hombre.

Nadie ni nada iba a volver a cometer una tragedia en mi nuevo hogar, no otra vez.

Di un salto a ras del suelo hacia el lobo todo lo rápido que pude, mientras sentía la clásica sensación de velocidad y al son del viento, mi daito fue desenfundada para realizar un potente y rápido corte estilo Hayaku.

Yo no había venido para enfrentarme a un lobo, sino para trabajar como un perro para proteger a una oveja.

Peticiones: Profesión Confeccionador.

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Re: Oveja, perro y lobo. (Historia para la profesión de confeccionador)

Mensaje por Isma el Lun Nov 09, 2015 10:46 pm

Consigues 3.308 puntos de experiencia y 4.962 áureos.
Obtienes la profesión que has pedido.

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