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Los Recuerdos de un Grabado

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Los Recuerdos de un Grabado

Mensaje por Gautrek el Mar Nov 10, 2015 11:40 am

Colores:
Solo he puesto colores a PIM, PAM, PUM y a mi en la hisotria hace 16 años, para diferenciarlo de los demas pj

Los Recuerdos de un Grabado


Actualidad

Me encontraba con mis nuevos compañeros Pim,Pam y Pum, disfrutando de la noche estrellada. Habíamos montado un campamento improvisado, encendiendo un fuego y colocando algunas telas a modo de tiendas. Yo estaba cocinando un pequeño jabalí que había cazado Pum, el cual se había herido levemente al hacerlo.

– La próxima vez nos pides ayuda Pum – dije algo mosqueado.

– Es que se iba a escapar…..- dijo Pum pero lo interrumpí- No quiero excusas, te podía haber matado – dije tropezando levemente con mi bartulo, lo que hizo que mi hacha cayera contra el suelo.

Pim la recogió y se quedó mirándola durante un momento, más detalladamente el mango del hacha. – Oye Gautrek ¿que pone en esta inscripción?, es que no se leer y parece importante – dijo Pim

- Y lo es….. es de mi hermano al que admiro mucho. Pone “Para ayudar a un tozudo a cumplir sus sueños” – dije algo serio.

- Vaya es una inscripción algo rara – comentó Pam.

- Nunca he contado esto a nadie, pero os contare como conseguí mi hacha, sentaos y escuchad- dije mientras me sentaba en una roca cercana.

Hace 16 años

Hacía un mes que había escapado de las garras de Filipo, un mago que me tuvo cautivo gran parte de mi vida. Vagaba por los bosques en busca de alimento y cobijo como un animal, ya que en pocas ocasiones había salido de la torre y no sabía sobrevivir fuera. Durante cierto tiempo me dirigí al norte y no me preguntéis porque hacía allí, solo seguía mi intuición. Escape de milagro de varios peligros, lobos, ladrones y el mundo en general. Una vez caí en un lago helado del cual no podía salir, ya que no había comido en días y mi cansancio era extremo. Pero de repente los dioses pusieron a alguien para que me salvara y no de una raza cualquiera, era un enano. Nunca había visto a nadie de mi raza, incluso creía a veces que era el único. Pero aquello me hizo ver que estaba totalmente equivocado…

- Oye , oye estas bien – dijo una voz grave

- ¿todavía respira papa? – dijo otra voz algo más juvenil

- No…. No.. me hagáis daño…. – dije antes de perder el conocimiento.

Desperté con una sensación de calidez que en la vida había sentido, por lo que no quería abrir los ojos por si se acababa. – Papa, creo que ya está volviendo en sí – dijo una voz mientras escuchaba acercarse a alguien. – Oye muchacho estas bien, dime algo por favor- dijo con voz preocupada. -Tráeme más mantas Gautrek – dijo mientras se alejaba. Abrí los ojos lentamente para ver que estaba pasando y si no supiera que me habían rescatado, hubiera pensado que estaba en el paraíso. Me encontraba en una cabaña amueblada rústicamente, un par de camas, una silla, una mesa y pocos muebles más. El fuego de la chimenea iluminaba las pieles y cabezas de animales colgadas de las paredes, combinadas con algunas armas y escudos. Un enano con la barba blanca que le llegaba a la barriga se acercó a mí

.-  Uf, que alivio, veo que por fin te has despertado- dijo tocándome la frente.

- No tienes fiebre o al menos eso parece, aun así descansa un poco más antes de incorporarte. Por cierto ¿cómo te llamas?, mi nombre es Erguan, enano herrero, padre y curandero – dijo con una sonrisa.

- No tengo nombre, solían llamarme Siervo – dije con la voz algo apagada. – ¿Siervo? Que clase de nombre es …. – dijo el otro enano con el pelo negro como el carbón, pero Erguan lo calló. – Ya veo… quédate el tiempo que quieras en este lugar, donde viven 2 viven 3 – dijo tocándome el pelo con una sonrisa. Durante aquella noche no me moví de la cama, estaba demasiado cansado y nervioso como para escapar de allí.

Al amanecer, los rayos del sol comenzaron a calentar la cabaña. Los rescoldos del fuego descansaban en la base de la chimenea, mientras los ronquidos de Erguan se escuchaban por todo el lugar. Me levante con una manta rodeando mi cuerpo y me asome a la ventana, fuera estaba todo blanco y nevado. Me quedé asombrado de lo bonito que podía ser aquel lugar y de repente observe que de un cobertizo cercano salía humo. Salí de la cabaña y me acerque al cobertizo para ver que era, me extrañaba que hubiera una chimenea en aquel lugar. Al entra me percate que estaba en otro enano encendiendo un fuego, pero en una chimenea algo extraña. El enano me miró – por fin despiertas, has dormido bastante – dijo mientras apretaba un fuelle y proporcionaba aire a las brasas. – Mi nombre es Gautrek, soy el hijo de Erguan- dijo sonriendo. – Ven ayúdame y así terminaremos antes – dijo mientras seguía preparando cosas de lo que parecía un taller.

Tras un rato Erguan apareció en el taller y vio la escena en la que yo ayudaba a su hijo con el fuego. Desde que nació y su madre falleció, Gautrek no había estado con otra persona que no fuera su padre. Por lo que Erguan tomó una decisión, adoptarme para quedarme para siempre con ellos. En un principio no me fie demasiado de aquella propuesta pero conforme fueron pasando los días, mas quería quedarme con ellos. Finalmente tras un mes disfrutando de su hospitalidad, acepté su ofrecimiento de que aquel lugar sería mi nuevo hogar.

Una semana después de que aceptara quedarme, Erguan nos citó a los dos en el taller a primera hora de la mañana. Nos presentamos los dos delante de él y comenzó a hablar.

- Bueno muchacho, es hora de ponerte un nombre nuevo. Siervo no es adecuado para ninguna persona, por lo que te llamara Tyr, ¿Qué te parece? – dijo mientras me miraba sonriendo.

Nunca nadie se había preocupado tanto como aquellos dos enanos, me habían dado cobijo, comida y …… un nombre. – Claro que me gusta, gracias – dije emocionado.

- No me des las gracias a mí, dáselas a Gautrek –
dijo echando un vistazo a su hijo.

- Papa, quedamos en que iba a ser idea tuya – comentó algo sonrojado.

- Bueno, os he reunido para esto y para algo más. Os enseñare el arte de la herrería  pero dado que solo tengo un taller para la armería y uno para forjar, os enseñare una cosa a cada uno.

Aquello no gusto nada a Gautrek, ya que ahora tendría que esperar a aprender a Forjar cuando yo ya lo hubiera dominado. – Pero padre, quedamos que me enseñarías las dos cosas este año y el secreto es solo para la familia – dijo seriamente. – Lo se hijo, pero ahora Tyr es hijo mío y no hay más que hablar-. Gautrek se fue bastante mosqueado del taller dando un portazo, haciendo que parte de la nieve del tejado cayera al suelo. – No te preocupes, se le pasara – me dijo Erguan tranquilizándome.

Durante los 3 meses siguientes aquel enano que me había llamado hijo y me había salvado la vida, comenzó a instruirnos en la herrería. Yo aprendí a forjar armadura para protegerme en el combate y Gautrek aprendió a hacer armas.

- Muy bien Tyr has hecho una armadura bastante buena – dijo tocándome el pelo. – y Tu Gautrek, hacía tiempo que no veía un hacha tan bien hecha, JAJAJAJA – dijo riéndose con felicidad.

La vida en la cabaña era dura, pero gracias al esfuerzo de los tres conseguíamos salir adelante. Erguan, me contó historias de mi raza y de la grandeza de la misma. Me explico a distinguir los metales en las minas y a saber de qué manera había que recolectarlos. Una de las noches en las que había terminado mis tareas pronto, me senté en una roca cercana a la cabaña. Al rato Gautrek apareció con un bartulo entre sus manos, aunque no sabía que podía ser. – Tyr, ¿entras?, ya empieza a hacer frio – dijo frotándome las manos. – Gautrek, ¿alguna vez has tenido un sueño? – dije seriamente. – Si claro, pero ahora estoy feliz aquí y mi sueño es seguir ayudar a mi padre y seguir con el legado de herrería – dijo contento – Si…. Vivir aquí está bien y tu padre quiere que sea un gran herrero. Pero…. Yo tengo otro sueño Gautrek, quiero vivir aventuras, quiero ver el mundo. He estado demasiado tiempo encerrado y me he perdido tantas cosas – dije observando el horizonte. – El mundo es demasiado peligroso, ¿Qué mejor que vivir aquí? esos son pensamientos de gente estupida – dijo con un tono despectivo. En ese momento me levante enfadado – nunca entenderás como me siento – dije algo agresivo.  Gautrek también se puso en pie y me miro con odio – si te vas nunca volverás – dijo marchándose hacía la montaña con un bartulo entre sus manos.

Gautrek no apareció en toda la noche y fue por la mañana cuando regreso a casa. - ¿Dónde has estado?- dijo Erguan preocupado, - Lo siento papa no volverá a ocurrir, ahora solo necesito descansar un poco y me pondré con la tarea – dijo con visibles síntomas de que había pasado frio y hambre por la noche. Después de aquella noche mi relación con Gautrek no fue buena, poniéndome siempre mala cara e intentándome hacer quedar mal delante de su padre.

– Eres un tozudo eso no se hace así – dijo Gautrek

- Claro que se hace así testarudo – dije yo

- Tozudo –

- Testarudo –

- Chicos vale ya, ninguno de los dos tiene razón y si hubierais cooperado, lo habríais sacado – dije algo molesto Erguan.

Los días pasaron y tanto yo como Gautrek perfeccionamos nuestro arte en herrería, algo que al menos a mí me llenaba. Un día Erguan nos comentó que iba a enseñarnos lo opuesto a lo aprendido hasta ahora, yo aprendería armería y Gautrek Forja. Los dos estuvimos de acuerdo por primera vez desde hacía un tiempo, aunque lo que nos dijo a continuación Erguan nos gustó demasiado.

- Como veo que habéis aprendido bien, ahora tendréis que enseñar al otro lo aprendido- dijo mirándonos – y no quiero peros, si os negáis los dos os quedareis con las ganas de aprender – dijo seriamente. Aceptamos de mala gana los dos, ya que llevábamos un tiempo en el que nos peleábamos por todo y casi siempre me acaba llamando Tozudo y yo testarudo.

Quedamos a la mañana siguiente en el taller, primero me enseñaría él y luego le enseñaría yo. Al llegar al taller, Gautrek estaba encendiendo el fuego como cada mañana y al verme soltó un gruñido que entendí como hola. Me senté en una de las sillas que había allí y esperé a que me comenzara a hablar. Estuvo un buen rato sin dirigirme la palabra, pero cuando ya había encendido el fuego y preparado las herramientas se dirigió a  mí.

- No creas que hago esto porque quiero, sino porque me obliga mi padre – dijo en tono de desprecio.

- Lo mismo digo – le conteste.

Comenzó a explicarme las temperaturas que debían tener los materiales para comenzar a trabajar con ellos, ya que era la base para comenzar. Tenía una buena base por haber aprendido forja, pero había algunas cosas que aprendí al escucharlo. Durante una semana me enseñó a crear los moldes para hacer las armas y el material que había que usar para ello.

- Para el molde de una daga haremos, esto y esto – dijo Gautrek

- ¿No sería mejor hacerlo así? – comente pensando que era una manera mejor.

De repente Gautrek me propino un puñetazo en el mentón tirándome al suelo. – Estas aquí para aprender, no para replicarme – dijo agresivamente. Yo me levante calmado mirándole fijamente, mientras me tocaba el labio ensangrentado. En ese momento le propine un puñetazo en el estómago y otra en la barbilla, haciéndole caer al suelo también. Después nos enzarzamos en una pelea a puñetazos, en la que los dos terminamos con parte de la cara amoratada y otra ensangrentada. Erguan nos hecho la bronca por lo ocurrido y nos dijo que no se volviera a repetir.

En los días siguientes, Gautrek no menciono una palabra fuera de lo que era el aprendizaje. Actuaba como instructor, pero no como hermano o amigo, una clase y fuera. No me importaba que se comportara así, mientras me enseñara armería. El crear armas bastante difícil, igual o algo más que crear armaduras. Había que aprender a darle forma al arma, a afilarla correctamente y a usar diferentes tipos de piedra para pulirla y dejarla brillante. Aquello era un arte y me alegraba el poder aprender el legado de su familia y que ellos hubieran decidido enseñármelo.

Ya había pasado un mes desde que comencé a aprender a hacer armas, aunque al principio no fue fácil. Que si me faltaba metal, que si no lo había dejado el tiempo suficiente para moldearlo. Me atasqué durante un tiempo en crear las empuñaduras, pero Gautrek con paciencia me explico la mejor forma de hacerlo. Casi sin darnos cuenta, las peleas y las discusiones fueron desapareciendo, lo que hacía el trabajo en el taller más ameno. Estuve en pequeños apuros cuando llegamos a la lección de las ballestas, ya que no se parecía en nada a las armaduras.

- Tensa la cuerda así  y luego anúdala en uno de los extremos – dije con voz calmada

- Por fin la he terminado. Han sido dos días de trabajo pero ha merecido la pena –
dije bastante contento.

Gautrek había cambiado con el tiempo en el taller, cada vez era más amable, algo que me hacía sentir aquello como un hogar. En cierto momento de la tarde, el hijo de Erguan, se marchó a la mina por minerales y me quede a solas con él.

- Oye Erguan te escuche mencionar a la madre de Gautrek una vez, pero…. No quiero que te molesté si te pregunto – dije dubitativo.

- Te refieres a Fabalá –
dijo mirando al cielo. – Era la madre de Gautrek, una mujer con mucho carácter y que siempre tenía claro lo que quería hacer. Cuando nació mi hijo, Fabalá quiso que viajáramos por el mundo para que nuestro niño conociera todas las maravillas de él. Pero me negué y se fue sin nosotros en busca de su sueño, no podía  obligarla a quedarse en este lugar. Después de unos años regresó, pero la mala suerte quiso que contrajera una enfermedad que nunca había visto. Era de algún pueblo lejano y mis conocimientos de curación era inútiles contra ella. Al poco tiempo falleció y ahora Gautrek le echa la culpa al mundo, algo de lo que me arrepiento. Querría que viera mundo como su madre, no que se quedara encerrado aquí para siempre. Yo ya he vivido mucho y se lo que hay fuera, pero él…. – dijo con la voz triste.

Al cabo de un rato Gautrek volvió con un par de conejos para la cena – hemos tenido suerte, han caído en las trampas que puse ayer – dijo enseñando triunfante su captura. Las cosas comenzaron a mejorar cada día, ya que comencé a ser uña y carne con Gautrek. Salía con él a mirar las trampas, a la mina por minerales y a preparar el fuego por las mañanas. En ciertos momentos me levantaba por la noche con pesadillas de mi cautiverio, pero él se quedaba hablando conmigo por la noche hasta que me quedaba dormido.

Continuamos con la siguiente lección, la creación de escudos, por fin algo similar a las armaduras. Me explicó que había que tener en cuenta las medidas, ya que debido a eso se utilizaban más o menos refuerzo. Después de unos días de duro trabajo, por fin pude hacer mi primer escudo de hierro. En ese momento Erguan entró en el taller – Tyr magnífico trabajo, se nota que mi hijo te está enseñando bien, jajajaja – dijo con alegría y más, al ver que nos llevábamos tan bien. – Quería que fuera una sorpresa pero os lo diré, la próxima semana hay fiesta en uno de los pueblos cercanos. Permitiré que vayáis a divertiros os lo habéis ganado, pero no bebáis mucho. Eso sí, después te toca a ti aprender Forja y no quiero excusas de resaca, jajajaja – dijo marchándose del taller.

Gautrek se quedó algo pensativo, era la primera vez que su padre le dejaba ir al poblado y no sabía si era seguro ir allí. Lo convencí para ir al pueblo, ya que hacía mucho tiempo que desde que llegué no había salido de allí. Durante la siguiente y última lección, armas a dos manos y grandes, se notaba que Gautrek estaba animado por lo de salir de fiesta conmigo al pueblo. Tuvo paciencia de más para explicarme las ventajas y desventajas de las armas grandes y los puntos que había que reforzar para darles equilibrio. Esta lección me la tome con más calma y durante una semana estuve ella. Quería que se le hicieran los días más cortos a Gautrek y sabía que estando en el taller así era.

- No me había dado cuenta, así se pone el contrapeso ¿verdad? – dije colocando la pieza en su sitio.

- Si así es, aprendes muy rápido –

- Porque tengo un buen maestro, jajajaja. Oye ¿tienes ganas de ir a pueblo?

- La verdad es que si, mi padre ha accedido a que vaya al pueblo. Nunca me había dejado y  lo mejor es que podemos ir juntos, por lo que nos los pasaremos genial. – dijo riéndose

El día de la fiesta había llegado, - tened cuidado muchachos, no hagáis que me arrepienta de esto. Llevaos estas provisiones, el viaje es algo largo – dijo mirándonos con cara de orgullo. Tras la conversación partimos hacía el poblado con los primeros rayos de sol, ansiosos de llegar para divertirnos. Durante el camino cantamos algunas canciones que nos había enseñado Erguan, para trabajar en la herrería. Eran muy pegadizas y ayudaba a mantener el ritmo de los golpes con el martillo en el yunque. Tras varias horas de caminó, por fin vimos el pueblo en la lejanía tal y como nos había indicado el viejo. Aquello era precioso, colores por todas partes, risas, música, un gozo para todos los sentidos. Comenzamos en una de las tabernas del lugar a beber algo de hidromiel y casi sin darnos cuenta el día terminó. Lo habíamos pasado muy bien, cogiendo la manzana con la boca, en la carrera de velocidad, aunque lo que más me gusto era atrapar el jamón. Consistía en subir por un palo untado con manteca y llegar al jamón que había en lo alto, el que lo cogiera se lo quedaba. Gautrek lo intentó un par de veces y menudos tortazos se pegó, haciendo que me doliera la barriga de reírme. Cuando todo terminó emprendimos el viaje de vuelta, pero esta vez era noche cerrada.

- Ah estado muy bien – dije bastante contento

- Si, espero que mi padre me deje ir más a menudo- comentó Gautrek

Ya casi habíamos llegado a la cabaña, la cual se hacía notar por un farolillo que colgaba en la puerta con forma de yunque. Pero justo cuando quedaba nada, Gautrek se paró un momento.

- A genial aquí esta – dijo sacando una púa de acero y un pequeño martillo.

- ¿Para qué quieres eso ahora? – dije algo extrañado

- Ahora lo veras, vuelve a la cabaña vendré enseguida – comentó mientras se alejaba corriendo hacía la montaña.

La luna estaba plena en el cielo, lo que ayudaba a que pudiera orientarme sin problemas por allí. No sabía dónde había ido Gautrek, pero confiaba en él y sabía que tendría cuidado. Erguan salió de la cabaña y observó que su hijo no estaba – ¿Dónde está Gautrek? – dijo preocupado. – No lo sé, me dijo que esperara aquí – comenté. Pero su padre no estaba tranquilo, por lo que cogió su ballesta y su espada y salimos en su busca. Cuando llevábamos un rato caminando en la dirección por la que se había ido, comenzamos a escuchar unos gritos.

- No os la llevareis – se escuchó gritar a Gautrek con fuerza.

- Vamos chico, dánoslo o sufrirás las consecuencias – se escuchó una voz que no reconocía.

Comenzamos a correr hacías las voces, mientras se escuchaba un forcejeo y varios golpes. Cuando llegamos había dos hombres en el suelo inconscientes, otro al lado de Gautrek y el último con una espada atravesándolo.

- GAUTREEEEEEEEEEEK – grito Erguan disparando contra el que tenía la espada, haciendo blanco en su cabeza. El otro casi no tuvo tiempo de reaccionar, cuando el viejo saco su espada y le atravesó en el corazón.

Corrí hacía donde estaba Gautrek, mientras el padre acababa con el último de ellos. – Te pondrás bien hermano – dije casi sin pensar, pero que realmente lo sentía. – No..no.. me lo han quitado Tyr, mira – dijo dándome un bartulo al que se había aferrado. – Es tuya, qu..uiero que salgas de aventuras, que cumplas t, cof cof, tu sueño, prométemelo – dijo a duras penas. – Pero ….- dije pero Gautrek me interrumpió – PROMETEMELO – dijo con más fuerza. – Te lo prometo – le dije entre lágrimas.- Nunca me había divertido tanto como hoy, gracias por hacer este día tan especial, herman….. Tras aquellas palabras, Gautrek dejó cae al bartulo al suelo,, mientras notaba como dejaba de respirar. – NOOOOOOOOOOOOO – grite al aire escuchándose en toda la montaña.

Al día siguiente una nevada suave comenzó a caer, como si los dioses estuvieran llorando la muerte de Gautrek. El padre abatido por haber dejado salir a su hijo, no había levantado la cabeza desde que lo enterramos. Yo no podía parar de llorar, pero recordé el bartulo que me dio Gautrek y lo abrí. Al quitarle la tela que rodeaba al objeto comencé a llorar aún más y Erguan al escucharme vino a mi lado. Observó lo que me había dado Gautrek y comenzó a llorar también. Era un hacha hecha a medida para mí con una inscripción en ella “Para ayudar a un tozudo a cumplir sus sueños”.
Días después tome una decisión que cambiaría mi mundo y mi forma de ser para siempre. Me acerqué a la cabaña y hable con el viejo.

- Erguan, quiero pedirte un favor y sé que no es correcto, pero quiero hacerlo – dije preparando mis cosas para marcharme.

- Que es lo que necesitas – dijo algo desanimado.

- Quiero portar el nombre de Gautrek como propio y vivir mi sueño como él hubiera querido. Quiero que viva a través de mí, que su nombre recorra el mundo, por favor….- dije con los ojos brillantes.

El viejo resoplo y miro al cielo – esto es lo que tu habrías querido, ¿verdad hijo?.Sé que te prohibí salir para que no te pasara como a tu madre, pero…. Es momento de que este viejo cambie su forma de pensar – dijo volviéndome a mirar – Esta bien Gautrek, ahora te llamaré así en honor a mi hijo. Haz que el nombre recorra el mundo, que canten canciones con él, haz que se sienta orgulloso de que lo portes. – me dijo poniéndome la mano en el hombro. – Ahora parte hacía tu destino Gautrek, eres mi hijo y su hermano. Siempre serás bienvenido aquí y gracias por toda la alegría que has traído a esta casa – tras esas palabras se marchó de la cabaña y no lo volví a ver.

Partí hacia lo desconocido, enfrentándome al mundo desconocido para mí. No dejaría en mal lugar el nombre que portaba y haría que se escuchara en todo el mundo.

Actualidad

- Pero, prrffff, historia tan “gnonita” y tan triste – dijo pum mientras se sonaba la nariz.

- Vale ya de historias a dormir todos – dije mientras me alejaba del campamento y dejaba a los hermanos hablar entre ellos.

- Querido hermano, tu nombre comenzará a escucharse te lo prometo. – dije mirando al cielo.
Después de ello, partimos al norte en busca de aventuras y de paso volvería para ver si mi padre seguía estando en aquella cabaña. Contar la historia hizo que quisiera volver a verlo y que viera en que gran enano me estaba convirtiendo.

Peticiones: herrería – armería. Mejorar la resistencia al frio y al calor de salir y entrar tanto a la fragua. Mejorar mi resistencia física debido al esfuerzo realizado durante ese tiempo. Reducir levemente el cansancio al hacer acciones, debido a que he pasado tiempo en la montaña. Un hacha de dos manos de doble hoja de grado 1 +, que es la que me dió mi hermano antes de morir.
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Re: Los Recuerdos de un Grabado

Mensaje por Nyrbe el Mar Nov 10, 2015 5:23 pm

Excelente.

Ganas la profesión que has solicitado, el arma a grado 1+, 3939 puntos de experiencia y 5908 aúreos.

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