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Fairy Tail Chronicles


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Todos ven lo que aparentas, pero pocos ven realmente lo que eres.

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Todos ven lo que aparentas, pero pocos ven realmente lo que eres.

Mensaje por Dark S. Satou el Mar Nov 10, 2015 11:45 am

-¿Un mes con los Harken? -Exclamó con el ceño fruncido.- No quiero molestar a nadie. Ya nos han hecho el favor de traernos hacia aquí y separarnos de Elisabeth, así que deberíamos volver atrás y reunir una vez más el dinero.

-¿Es que no lo entiendes? Eli cree que tenemos que pasar el mes con ellos para hacernos más fuertes. Y sabes que siempre tiene razón.

La voz de la razón nunca calla, pensó. Acarició una de sus muñecas mientras pensaba la respuesta y suspiró pesadamente metiéndose dentro de la casa. No sería nada fácil convivir en un sitio fijo y pequeño, pero debería acostumbrarse. Ya no había vuelta atrás en aquellos páramos helados del norte. Lo único que podían hacer era asentarse y entrenar. Y así comenzaron, en la pequeña y humilde morada del abuelo de los mercenarios.

En el segundo día, Dark se preparó para salir a correr y hacer sentadillas, entrenamientos para fortalecer su velocidad aún más. Abrió lentamente el portal principal y el frío lo echó hacia atrás. Bueno, tal vez hoy no deba salir a correr. Giró su cuerpo un poco y lanzó un conjuro de aire hacia atrás. Sus sentidos habían mejorado bastante gracias a su nueva profesión de cazador, logrando escuchar pasos en un intento de sigilo.

-¡Eres un bruto! -Gritó Ashley muy ofendida- ¿Es que no ves que me podría hacer daño algún día?

-Si eso llegase a pasar, sería tu problema al tratar de ir sigilosamente detrás de la espalda de alguien que puede escucharte. -Paró y pensó que podía haber atacado a otro sin querer- Así que no vuelvas a hacerlo, ya que no quiero hacer daño a nadie. Si se te pasa por la cabeza te atacaré sin escrúpulos.

La cazadora refunfuñó y se dirigió hacia el cuarto de las chicas para pasar de Dark. Siempre la trataba mal en general, incluso habiendo salvado su vida en una ocasión. ¿Por qué no se mostraba nunca agradecido? Mantenía una conducta agria matar a Dark para separarle de ella él la mantuvo en su corazón y la siguió hasta el fin. ¿Algún día hará eso con alguno de nosotros?

El quinto día volvió a sorprenderse viendo al príncipe resignarse por el frío y negándose a salir a entrenar una vez más. Prefería leer los cuatro libros contados que había en una pequeña estantería en un rincón de la casa. Pasaba los días al lado de la chimenea estudiando sobre alquimia o leyendo sobre la zona norte de Dyscordia. Tras comprobar de que él no la seguiría hacia los entrenamientos, salió hacia fuera y tensó su arco para intentar golpear un árbol a una distancia moderada. Notaba los dedos entumecidos a pesar de llevar guanteletes de cuero y eso le restaba precisión, provocando que fallase el tiro. Será irónico, pero este frío es bestial a comparación de mi magia. Y continuó intentando golpear al árbol, hasta que una mano en su hombro la sorprendió provocando que saltase y cayese de bruces contra el suelo. Se quitó la nieve de la cara y se sorprendió, ya que esa misma mano se ofreció a levantarla.

-Hey Ashley -saludó- ¿quieres que te ayude?

-¿Ayudarme, tú? -Le respondió intentando no hacerse la sorprendida.

-He estado pensando estos días y creo que debería dar un poco de más de mi parte en mi relación con todos.

No quería fiarse ante lo que decía, pero algo le hacía confiar en él ciegamente. ¿Tal vez sería su carisma, quizás? Sus palabras, la gesticulación de su rostro, cómo se movían sus labios... Sin duda, era una persona carismática. Gracias a sus actos juntos con los de Nyrbe habían logrado tres tratados siendo nadie en este mundo, un príncipe desterrado y un tahur que prometió ayudarle.

-Estás... yo... esto... ¿seguro? -Preguntó intentando encadenar las palabras sin parecer boba.

-Sí. -Respondió sin dudar ni un momento. Parecía que ya había estudiado las posibilidades de la conversación.

Acercó su mano y quitó algo de nieve que tenía en el moflete a la muchacha. No pudo evitar sonrojarse ante aquella acción. Se mostraba más atento y logró ver algo inédito en él: una pequeña sonrisa. ¿Qué había pasado por su cabeza en aquellos cinco días? ¿Tal vez habría hablado con alguien y se habría dado cuenta de que su actitud era errónea con sus compañeros? No, no quería creer aquello. No podía confiarse del todo, ya que podía ser algo pasajero. Pero cada vez que él hablaba, todas las otras consideraciones palidecían. No pudo evitar ruborizarse una vez más cuando agarró su mano firmemente y notó la calidez que desprendía ésta.

-Siempre tienes las manos muy frías, ¿eh? -Le preguntó de forma retórica mientras guiñaba uno de sus ojos.

-Tú siempre las tienes ardiendo. -Le respondió para continuar el juego, guiñando también el ojo.

El día acabó rápido y las semanas lo pasaron aún más. Dark se mostraba más abierto tanto con los Harken como con los demás, y no parecía ya una cosa pasajera. Aquello aumentaba su carisma aún más, el mostrarse como una persona segura y sonriente. Los demás lo aceptaban por igual, y un entorno que había previsto como caótico se mostró cálido y agradable, incluso para ella. Recordaba los días en los que se estremecía por el frío esperando a presas para comer aquella noche. Recordaba cada persona que mató defendiendo el bosque. Y después, recordaba aquel chico saliendo de las ruinas, esquivando su flecha, derribándola en combate. Jamás una derrota había sido tan dulce.

Y lo más dulce de su vida comenzaría en aquella noche en la que el príncipe la despertó con delicadeza y llevando un dedo en la boca para indicar que se callase. Llevaba un traje que había logrado conseguir en una de sus expediciones matutinas en los pueblos de al lado. Llevaba una camisa blanca de manga larga por debajo de un chaleco que era negro por la parte delantera y gris por la de atrás. Los bordes y las uniones del chaleco eran de hilo de oro, y conjuntaba la parte superior con unos pantalones de cuero tratado marrón por debajo de unas botas altas. Lanzó hacia ella otro traje, digno de una princesa: un vestido de una sola pieza que combinaba el azul y el blanco por los flecos y la falda que llegaba hasta más allá de las rodillas, conjuntado con unos tacones negros altos. Ashley no sabía ir en tacones, nunca los había necesitado ni había tenido la oportunidad de tenerlos. Pero aquella noche él le había dado la oportunidad de ser una princesa, y así actuó, arreglándose como pudo y colocándose la melena en un moño improvisado pero a buen gusto de ver combinado con un aceite que lo hacía brillar y le daba un aspecto sano. No era suficiente.

-¡Despertad! -Gritó nerviosa hacia el grupo de chicas que dormía- Tenéis que ayudarme con ésto...

No despertaron. La última que se le ocurrió fue la elfa, pero dormía con el mayor de los hermanos. Se dirigió hacia su habitación, la que era antaño de los padres de los Harken y golpeó a la puerta insegura. No quería interrumpir un acto íntimo, pero no sonaba nada detrás de la puerta. La abrió tras preguntar si había alguien e impresionó a Ele sola.

-¿Me puedes ayudar con todo esto? -Se señaló a sí misma y puso cara triste- Dark me ha invitado a salir y... No como pareja, claro, como amigos... Pero... Quiero ir... ¿bella? -Le explicó ruborizada.

-Claro, ven. Cuando trabajaba en el castillo ayudé a unas cuantas mujeres con la ropa y el pelo. Veamos qué podemos hacer- Le dijo con una agradable sonrisa.

Y el trabajo que realizó fue impresionante. Ashley parecía una persona distinta, y no podía estar más agradecida.

-¿Crees que le gustará? -Bajó la cabeza y sonrió mirando al suelo- Gracias, Ele. Ha sido muy amable por tu parte hacerme este apaño. Y lo de Dark... que quede entre las dos. Somos amigos y ya, ¿vale?

-Estoy segura. Y no tienes nada que agradecer, puedes contar conmigo si necesitas ayuda- Le respondió.

Mientras tanto, Dark se encontraba con Alex en el comedor.

-Yo... ¿crees que esto está bien? Ya sabes, ir como amigos, bien arreglados. ¿Debería de...? -miró hacia un lado intentando explicarse- de... Ya sabes, llevo diez meses con ella, pero... -Calló.

Alex se echó a reír, pero no con maldad. Después le puso la mano en el hombro a su amigo.

-No te preocupes, eso debe surgir. Si lo fuerzas todo irá mal. Cuando llegue el momento sabrás si debes hacerlo o no. Espera que ella te de señales y... bueno, ya sabes- Le explicó.

¿Señales de qué? En palacio no tenía que esperar a señales... ¿Con Ashley tiene que ser distinto? -Le preguntó con el ceño fruncido.

-Muy distinto, creeme. Ahora no te lo darán todo hecho, no conseguirás lo que tú quieras cuando tú quieras. Ahora cuenta más que ella quiera, que ella desee llegar lejos. Tú solo fíjate en ella, en lo que hace, lo que dice, su mirada, sus gestos.... Seguro que te darás cuenta en cuanto llegue el momento. Es algo natural- Le dijo.

Dark asintió con la cabeza y colocó bien los puños de las mangas. Se puso firme y observó a Ashley saliendo por la esquina.

-Vale, ya estoy cambiada. ¿A qué viene todo esto? -preguntó una vez más, sorprendida- ¿qué pretendes?

-Siempre te he hablado de la vida en palacio. Lujos, trajes y fiestas hasta las tantas de la noche. Sé que no es la mejor situación ni el mejor lugar, pero hoy quiero que veas lo que es ser un princesa por una noche. Te debo mucho por todos estos meses, y quiero regalarte esto. -Paró para tomar aire.- Sé que no es nada en comparación y que podría hacer mucho más, sin dudarlo, pero... No me llegaba el dinero para más. Logré encargarme de un pequeño asunto de unos cuantos lobos salvajes que atemorizaban a una familia un poco rica y me dieron lo suficiente de recompensa como para poder hacer esto. ¿Quieres venir?

-Sí. -Le respondió sonriendo.

Le ofreció la mano y se despidió de Alex con la otra guiñándole el ojo a la vez. Salieron hacia fuera y Dark echó una capa por encima de su pareja para resguardarla del frío. El próximo objetivo era llegar hasta el pueblo más cercano, pero no era especialmente difícil; Ashley se encontraba por debajo del brazo del príncipe, el cual la guiaba con facilidad gracias a una de sus pócimas para ver en la oscuridad. Además, se encontraba mucho mejor y más cálida pegada a él. Una vez llegaron a los caballos se subieron al del abuelo y galoparon durante varias horas entre ventisca e intensos fríos nocturnos. Pero ella se agarraba con fuerza a la espalda de su acompañante y se evitaba de las ahogantes bocanadas de frío aire que chocaban contra su cara resguardándose detrás de él.

-Mira, ya llegamos. Dejamos el caballo por aquí y vamos a la taberna. Ten cuidado con el semental, o el abuelo Harken nos tira de las orejas... Y con esos músculos, la verdad es que no me gustaría experimentarlo... -Exclamó un Dark asustado. Agitó la cabeza y miró a su cita y volvió a agarrarla de la mano para conducirla hacia el sitio en el que se divertirían. O no.

-¿Qué hacéis aquí, niños de la nobleza? Ya os podéis ir para fuera.

Un enano resguardaba el portón. Portaba por encima una armadura de cuero con pequeñas placas de acero que le daban un aspecto temible, acompañado de un rostro enfadado y barbas que llegaban hasta la altura de su pecho.

-Discúlpeme, noble señor. Yo y mi acompañante desearíamos gastar nuestro dinero aquí dentro para encontrarnos en un estado de embriaguez que nos permita derrochar aún más los áureos que portamos encima.

Yo no sabía que hablaba tan bien. Pensó mientras entrelazaba su brazo y sonreía como una niña pequeña mimada. El brazo de Dark era musculoso; no tenía demasiada masa pero ya no pecaba de ser delgaducho y endeble.

-No acepto vuestro dinero. Ahora, agradecería que os dirigieseis hacia otra taberna.

Ashley fue a contestarle, pero Dark tapó su boca con un dedo y le guiñó el ojo sonriente.

-¿Sabes cuál es la ardilla? -Le preguntó mientras crujía el cuello y separaba a Ashley de él.

-¿Qué ardilla? -Le contestó malhumorado.

El príncipe pasó la mano por su rodilla, creando un manto de llamas por encima de ella para después en un ágil movimiento tumbar de un rodillazo al enano contra el suelo y dejarlo inconsciente con facilidad.

-La que te pega en llamas con la rodilla. -Dijo en voz baja.

Dark resopló y arrastró al enano hasta la parte trasera de la taberna, colocándolo entre dos cubos de basura. Se limpió las manos en la cara del abatido y volvió con la c
cazadora.

-Bueno princesa, ¿preparada?

Asintió con la cabeza con una sonrisa de felicidad e impaciente. El príncipe golpeó la puerta con el pie y le agarró del brazo para adelantarse varios pasos y entrar bailando, haciendo levantarse a todos los que estaban ahí dentro. ¿Qué hace? se preguntó a sí misma mientras se dejaba llevar. Pero observó que Dark la agarró de la cintura y se la llevó en medio del lugar, que se encontraba despejado. Unas liras comenzaron a tocar lentamente mientras el moreno le indicaba cómo poner los pasos para bailar.

¿Cómo sabías que me fascinan las lir...?

La hizo callar con el dedo y le dio una vuelta sobre sí misma elevando el brazo y haciéndola girar. Es perfecto... pensaba. Y en aquel momento, entre la gente bailando y las liras tocando, vio la primera sonrisa que caló en su corazón. Le pasó el dedo por las hebras doradas mientras la miraba con una sonrisa cálida y esperanzadora. Ese era él de verdad, un muchacho asustado bajo una máscara fría y distante. Pero cada vez que sonreía rompía de forma metafórica la máscara. Ashley comprendió que, desde que viajaban juntos, estaba perdidamente enamorada de él. Del príncipe arrogante que la había derrotado al que soportó dirante diez meses enteros. Apoyó su cabeza en el pecho de su pareja y se abrazó a él ruborizada. Las miradas se cruzaron y comenzó a elevar su cabeza mientras miraba hipnotizada los labios del joven. Hasta que sonó un estruendo.

-¿Quién ha abatido a nuestro hermano? -Preguntó una de las voces.

Volvió a agarrarla de la mano, sacó a Colmillo de Fuego y la tiró hacia la ventana con fuerza, rompiéndola y saltando por ahí con ella. Torcieron la esquina y Dark la empujó hacia el portal de una casa, apagando la vela que la iluminaba con una bocanada de aire conjurado. Abrió la capa y la pegó contra su cuerpo, cerrándola después y encorvándose. Pasaron de largo. Ashley no paraba de reír. Habían evitado a la milicia con absurda facilidad.

-Vale, esta es la última vez que golpeo a un enano con la rodilla. O tal vez no –Exclamó sonriente. La cazadora se fijó en aquella sonrisa tan transparente y sincera. ¿Dónde se encontraba aquel príncipe que solía encontrarse arrepentido?- Es que, ha sido divertido. ¿Cuál es la ardilla? La que te pega en llamas con la rodilla –imitó la mueca de dolor del enano y comenzó a reír junto con Ashley.

Pero por mucho que lo intentase, no podía parar de mirar aquella sonrisa de perfil. Amplia y reluciente. ¿Dónde se encontraba el muchacho que se limitaba a responder con gestos o monosílabos? Esa noche no eran cazadores ni guerreros: eran jóvenes. Jóvenes danzando hasta la madrugada en tabernas. Jóvenes que no sabían distinguir el alba del ocaso. Dirigió la mirada hacia Dark, que se encontraba atento y demostraba ser un gran vigía ante el peligro. Se había dado cuenta gracias a su gran oído de que les perseguían y su rostro había pasado de uno feliz a uno serio y frío.

-¡Por allí! Rápido, ¡cogedlos! -Gritaron la milicia.

Dark salió del lugar en el que estaban escondidos, dejando la capa encima de Ashley y agarrando a Colmillo de Fuego mientras miraba seriamente a los tres guardias que venían corriendo como si se les llevase el alma el diablo. Comenzó a caminar hacia un lateral para alejarlos de Ashley y empuñó la espada en posición de batalla. Después, pasó lentamente la mano haciéndola arder y sonrió pícaramente.

-¿Os atrevéis a luchar contra alguien que es usuario de la magia? -Exclamó mientras pasaba la espada de mano en mano.

-Vaya que si nos atrevemos. Entrégate o deberemos reducirte. -Le ordenó el capitán de los tres.

-No me apetece entregarme -Le respondió el príncipe encogiéndose de hombros.

Blandió el arma y pegó un corte, rasgando toda el pecho del primero que se lanzó con fuerza. Cayó hacia atrás llevándose las manos al pecho y al instante desmayándose.

-Necesita atención médica. Las mismas llamas habrán cerrado al instante la herida pero no quita que sea de gravedad. -Les explicó mientras quitaba el conjuro de su arma.

Pero le sorprendió el hecho de que el capitán y el otro soldado ignorasen al abatido y le rodeasen. Fintó hacia atrás torpemente por la densa nieve y volvió a sacar la rapier. ¿Qué mierda están haciendo? Se morirá si no hacen nada al respecto. Aunque yo he sido el causante...

Mientras tanto, Ashley observaba atónita la situación. ¿Ese era Dark? No había dudado en atacar a un humano que le había intentado frenar, haciéndolo con frialdad y objetivamente. Bajó la cabeza e intentó no mirar la situación, ya que sabía cómo acabaría. Su acompañante era demasiado fuerte para dos guardias nocturnos.

-¿Vais a parar ya?

-¡Antes muertos, bellaco!

Resopló y sacó de una pequeña riñonera un frasco con un líquido dorado. Comenzó a tomarlo lentamente mientras elevaba la otra mano y lanzaba ráfagas de viento a todas los faroles cercanos. La oscuridad se hizo al instante y lo último que escuchó la cazadora fue cómo la hoja impactaba contra la carne de los enemigos, la cortaba con facilidad y se exhalaba un último aliento. Elevó la mirada y se resignó a que el príncipe le agarrase de la mano.

-¿Qué pasa, Ashley? Vamos otra vez a la taberna. -Le pidió sonriendo.

Pero la poca luz que le permitía ver aquel rostro le atemorizaba. Lo tenía lleno de sangre al igual que las partes blancas de su traje. Chocó su hombro contra el de Dark y se alejó rápidamente tirando la capa que le prestó al suelo.

-¡Oh, venga ya! -Gritó.- ¿No ves que ellos eran los malos? ¡Nos iban a atacar y te he defendido!

Ignoró todo lo que le dijo hasta llegar al caballo y lo dejó ahí solo, alejándose a un ritmo rápido. Sí, me he equivocado, pensó. No ha cambiado en nada. Sigue anteponiendo su bien al de los demás. Yo solo era su trofeo de caza, una cosa que daba por sentado. Pero se va a tener que esforzar mucho más si quiere conseguirme. Que difícil es dejarlo ahí solo, pero se las apañará...

Lo último que hicieron al son a pesar de la distancia fue llevarse la mano al pecho. Les dolía, una barbaridad. Quedaba una semana para que recibiesen la carta de Fire Blood.


Última edición por Dark S. Satou el Jue Nov 12, 2015 10:24 am, editado 1 vez
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Re: Todos ven lo que aparentas, pero pocos ven realmente lo que eres.

Mensaje por Dark S. Satou el Jue Nov 12, 2015 10:24 am

Historia acabada.
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Re: Todos ven lo que aparentas, pero pocos ven realmente lo que eres.

Mensaje por Alex el Vie Nov 13, 2015 6:39 pm

Recibes 3.214 puntos de experiencia y 4.821 áureos.

Ha estado bien la historia, me ha gustado la relación entre ambos y los cambios de Dark, aunque no he entendido esta frase:
"Mantenía una conducta agria matar a Dark para separarle de ella él la mantuvo en su corazón y la siguió hasta el fin. ¿Algún día hará eso con alguno de nosotros?"

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Re: Todos ven lo que aparentas, pero pocos ven realmente lo que eres.

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