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Fairy Tail Chronicles


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Don't be afraid.

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Don't be afraid.

Mensaje por Dark S. Satou el Jue Dic 17, 2015 10:46 pm

-Hijo, tienes mucho que aprender. Ellos te dirán dónde debes ir pero no lo sabrán. Hijo, toma todo lo que puedas. Te dirán todo lo que saben, pero no te lo enseñarán. Hijo, tengo un nudo en la garganta. Necesito estar sola... mientras sufro. Hijo, tienes mucho que matar... te siguen molestando, pero ellos no lo saben. Hijo, espera tu momento. Te dirán lo que es tuyo, pero arrebatarán lo mío. Hijo, tengo un nudo en la garganta. Necesito estar sola... mientras sufro. Hay un agujero en mi bote y necesito mantenerme a flote por el largo verano. Deja mi dulce mi alma. Las paredes tienen oídos, pero ninguna escucha.

Era raro, no soñaba con los demonios. Tenía la sensación de que se encontraba en el limbo durante demasiado rato; la sala oscura rodeada de pena y desesperación estaba totalmente iluminada. No sabía cuánto tiempo llevaba en aquel espacio pero sí tenía un presentimiento: no iba a permanecer demasiado rato ahí. Deseó despertar, cruzó sus manos por su cintura e hizo el gesto de abrir los ojos.

La luz que entraba por la ventana lo deslumbró, no sin más sorprenderle; entre lo poco que podía ver debido a la escasez de muebles -que los que habían en la sala, eran de pino por el color claro-, no encontró a nadie. Hizo un movimiento brusco para levantarse de la cama tras quitar varias mantas que le atosigaban y notó la herida del pecho. Gimió en voz baja y, tras una mueca de dolor, apoyó su espalda contra el cabezal de la cama.

-Recapitulemos.- Murmuró mientras examinaba una vez más el dormitorio, esta vez le sorprendieron las cortinas de tela roja. -Logré inutilizar la pierna del demonio, a costa de esto...- Intentó mirar hacia su torso, pero un dolor agudo le impedía mover bien el cuello y lo que lograba observar, estaba cubrido de vendas -Me desgarró entero. No sé qué hago vivo, ni dónde estoy. Tengo calor gracias a las mantas, pero el entorno sigue siendo frío. ¿Sigo en el norte...?

La puerta se abrió de golpe, sin ni siquiera picar o escuchar pasos. Tampoco es que la mayor preocupación del príncipe fuera la de centrarse en su oído, sorprendiéndole y frunciendo el ceño mientras dirigía la mirada hacia la figura que entraba, cubierta por una capa que rodeaba todo su cuerpo y una capucha que impedía ver su rostro.

-¡Angie, ha despertado!- Reconoció su voz al momento, suspirando aliviado -¡Dark! ¡¡¡Daaaark!!!

Corrió hacia él y lo apretó con fuerza, pero soportó el dolor. Porque la calidez que le provocaba que ella le abrazase de aquella forma, mitigaba cualquier rastro de heridas que todavía no estaban cerradas. Rodeó sus brazos por detrás de su espalda y le devolvió el abrazo, apoyando su cabeza en la clavícula de la cazadora.

-Me alegra que seas la primera cosa que haya visto tras despertar -le indicó con una sonrisa dulce- ¿cuánto he dormido, Ash?

A pesar de que Ashley era de piel pálida, ruborizó al instante sus mejillas, tapándoselas con las manos de forma orgullosa.

-Una semana. No te has movido de ahí en seis días, tardamos un día en llegar hasta aquí. Sam te salvó justo antes de que te desangrases.

-Gritaste Angie. ¡Está bien!- Gritó feliz -¿Dónde está? Y mis hermanos...? Digo... Nyrbe y Tsuki, ya sabes, nos llevamos muy bien, son como mis hermanos.

-Se encuentra en la sala de abajo, preparando tu dosis de hierbas diarias. Respecto a los demás... Bueno... Están bien, no te preocupes. Angie te comentará el resto.

Todos están bien. Mi familia está bien... Pensó, notando cómo la piel se le erizaba y se quitaba un gran peso de encima. Se separó de Ashley y acarició su mejilla dedicándole una pequeña mueca agradable.

-¿Qué te pasa...?- le preguntó extrañada -tu actitud... Tu tono de voz, tu forma de ser.

-He recuperado mi memoria, Ashley. Era así... Vete a saber por qué. Mi madre me hizo creerme que era así para olvidarme de mis hermanos y mi padre. Me quedé en shock cuando nos separamos, y fue la única solución. No la culpo, como madre, hizo lo mejor para su hijo.

Se quedó boquiabierta, sin palabras. No sabía qué responderle, así que entre el silencio -agradable y no para nada incómodo-, perdiéndose entre sus amatistas, le intentó robar un beso de forma lenta. Sus miradas se cruzaron y bajaron lentamente hacia los labios, volviendo un momento normal en uno tremendamente lento. Pero el sonido de la puerta abriéndose los separó actuando los dos al unísono como si nada hubiese ocurrido.

-Creo que esas cosas deberíais reservarlas para cuando estéis realmente solos.

-¡¡Angelica!!

Saltó de la cama ignorando el dolor que recorría todo su torso y la abrazó, hundiendo sus brazos por detrás de ella y frotando su mejilla contra la suya. Comenzó a llorar, el cúmulo de sentimientos que había retenido durante tanto tiempo hacia su elfa explotaron en aquel momento. La pelirroja no tardó mucho en echarse a llorar también, volviendo una escena conmovedora en una más bien cómica desde parte de la cazadora. Una vez gritaron, lloraron y rieron juntos se sentaron los tres en la cama para resumir la situación en la que se encontraban.

-Esto es la base de Ryüko, la parte exterior que da desde el primer piso. Seguramente no habías estado aún aquí pero ya se encuentra en condiciones de ser habitable. No hay muchos muebles, no es especialmente grande, pero un principio siempre es un principio. Hemos tenido que dejar a los demás atrás en el pueblo, y no saben que hemos desaparecido de repente, ni mucho menos que me habéis encontrado. Entonces...

-¡¿Os fuisteis sin decir nada?!- Gritó cortándola, su tono había pasado del dulce y carismático a uno autoritario y amargo -¡Pueden estar preocupados! Angelica, fuimos hasta allí todos para buscarte. Arriesgaron sus vidas por ti, ¡y así se lo pagas! Por todos los santos de Dyscordia, una semana... Tenemos que volver.

-La cosa es que no podemos. Hemos encontrado unos datos que muy probablemente ayuden a Norin en su incursión. Son valiosos y nos dirán qué ha invadido la isla para saber a qué enfrentarnos. El problema es... hay demonios. Por los alrededores, y un grupo de tres será mucho mejor que uno de once o doce personas.

-Ashley.. ¿Has visto lo que casi nos hace un único demonio? Casi me mata, y si no llegamos a atacar de forma suicida el mayor de los Harken y yo, no estaríamos aquí para contarlo.

-Tenemos dos semanas antes de que llegue el grupo que también quiere los planos. No te permitiremos salir de aquí para ir a buscarles, nuestra prioridad son esos planos.

Dark bajó la cabeza y pensó en los demás. Lo tenían que estar pasando fatal, él mismo solo con pensarlo le hacía sentirse horriblemente mal. Pero dos semanas pasaban rápido, y Stella, su madre, era la máxima prioridad del joven. Cerró su puño y volvió a levantarse de la cama, agarrando a Colmillo de Fuego de la mesita y colocándose el cinturón por encima de las vendas.

-Ha llegado la hora de que aprenda a usar... eso. Una semana y nos iremos hacia el lugar donde se encuentran esos planos, necesito tiempo para aprenderlo. Tardaremos un día en cogerlos y después buscaremos a los demás. ¿Entendido?

Asintieron con la cabeza. Era hora de que fuese usuario de lo que le había prohibido su madre y los generales de Norin. Algo de lo que había leído sobre su abuelo Rhogur, el matadragones. Su título hacía gala a lo que un día fue usado para exterminar los dragones... La energía interior.

Las heridas terminaron de sanar en aquel mismo día, el entumecimiento que sentía era más por haberse estado una semana en cama que por las nuevas cicatrices. Aprovechó para meditar tranquilamente y pensar una forma de activar la energía interior. Recordó la pelea contra el demonio y visualizó el aura que Alex emanó para dotar sus ataques de una mayor penetración. Se esforzó para intentar sacar algo de dentro de él, pero le fue imposible. Necesitaba una mayor concentración, o eso creía. No tenía idea alguna de cómo funcionaba aquella energía ni cómo se activaba, pero debía haber alguna forma. No tendría la ayuda de nadie ni ningún mentor que le enseñase, y tenía a penas seis días y medio para dominar el summum de las técnicas físicas. Era de alto riesgo ya que mermaba en gran forma las capacidades físicas del usuario tras utilizarla, pero una gran ventaja mientras estaba activa. Un único ataque podía ser devastador, y valía la pena probarlo. No perdía nada si no era apto; simplemente, lo habría intentado.

Tras tres horas intentándolo, se dirigió hacia fuera y observó el horizonte. Se encontraban rodeados de montañas, en el pie de una de estas. A los alrededores solo había blanco. los árboles cubiertos de escarcha, arbustos congelados, una capa de nieve de medio metro... Un entorno que era extrañamente esperanzador. Se acercó a un árbol y apretó el puño con fuerza para después golpearlo con los nudillos y partirlo por la mitad con el mismo golpe, lanzando el tronco metros hacia atrás y, tras caer, salpicando con nieve. Miró boquiabierto hacia su mano y contorneó lo que era su brazo. Estaba aún más musculado que antes, y había pasado de una figura tonificada a una más robusta, sin pasarse de lo normal. Notó también el incremento de fuerza al poder levantar con facilidad una roca más grande que él.

-Hemos estado masajeando bien tus músculos para que no perdieras forma física y mira, hasta te ha resultado beneficioso. Tenías toda esa fuerza reprimida, vete a saber por qué. ¿Buscas activar la energía interior, Dark?- El príncipe asintió con la cabeza. -No puedo ayudarte. Pero sí puedo enseñarte bases de meditación para que puedas previsualizar e intentar sacar hacia fuera algo de energía. Si es como la magia, estaré encantada de ayudarte.- Acabó diciendo con una sonrisa.

Volvieron hacia la casa tras un extenso entrenamiento físico que consistía en saltar entre rocas con pesos unidos a todo el cuerpo, ya que la relajación muscular que provocaría el descanso le ayudaría a concentrarse mejor. La elfa entrelazó sus dedos con los del joven y le ordenó que cerrase los ojos para después darle pautas que debería atender, memorizar y realizar.

-A partir de ahora entrarás en un estado en el que te verás a ti mismo. Imagínate a ti, en esta sala, solo. Mi voz te guía y te enseña qué hacer. Te encuentras tranquilo y relajado tras un entrenamiento que te ha dejado agotado. Ves que alrededor de ti hay un aura, un aura que te identifica y que emanas constantemente. Si la puedes ver en el estado en el que te encuentras, simplemente tienes que dejarla salir.

Tras seguir los pasos, algo comenzó a rodearle con intensidad. Un aura negra comenzó a consumirle, haciéndole caer hacia atrás desmayado para después desvanecerse en el mismo contacto con el aire.

-Impresionante. Cada día me sorprende más. Al final la matrona Elisabeth tendría razón con que él era realmente el próximo matadragones.

Volvió a despertar, pero agotado. Había caído antes de que el sol se pusiera y ahora se encontraba en lo más alto. ¿Cuánto había dormido, más de trece horas? Agitó la cabeza y recordó qué le indujo al desmayo. Algo le robó la conciencia y mermó toda su capacidad física. ¿De eso se trataba la energía interior? Si con unos miserables segundos había acabado así, ¿cómo podían los Harken aguantar en pie tras usarla? Eran unas personas fuertes y admirables. Quería ser como ellos y tener la resistencia para permanecer erguido tras imbuir su cuerpo en la famosa y destructiva energía interior.

Tras volver al salón principal de Ryüko, se sentó en el suelo para recordar las palabras de Angelica y volver a repetir el proceso. Esta vez solo imaginó uno de sus brazos con el aura, pero no logró nada. Se levantó del suelo y llevó la mano a su barbilla, intentando ver qué hacía mal. ¿Necesitaría alguna motivación? Proteger a los suyos, necesitaba proteger a los suyos. Cerró los ojos, extendió los brazos y volvió a imaginar el aura rodeándole, comenzando a emanar una vez más de su cuerpo para después golpear una pared detrozándola. Volvió a descontrolarse y cayó de rodillas, perdiendo la visión a las décimas de segundo. Lo encontraron tendido en el suelo con mala cara, pero al ver el agujero de la pared, comprendieron de que su capacidad iba aumentando de forma estúpidamente rápida.

-Siempre era el que menos aportaba del grupo. Lleva dos días y ya... Y ya está logrando hacer esto. La capacidad en la que avanza da...

-Miedo.

Volvió a despertar. No entraba ningún tipo de luz por el ventanal y se encontraba durmiendo con alguien al lado. Volteó la cabeza y miró a Ashley, que se encontraba profundamente dormida con un brazo rodeado por encima del pecho del joven. Acarició su mejilla lentamente y se levantó con el mayor cuidado posible, colocando los pies en sus zapatillas con delicadeza y poniéndose de pie sin intentar hacer crujir las tablas de la cama. Una vez se encontró firme anduvo hacia el salón una vez más y logró darse cuenta de que estaba limpio y la pared reconstruida. Se encogió de hombros y golpeó varias veces al aire, comenzando a calentar para intentar una vez más dominar la energía interior. Tras flexionar sus rodillas, estirarse bien y soltar un pesado bostezo perezoso imaginó el aura. No quería repetir el error de liberar demasiada a la vez, así que tras concentrarse, visualizó lentamente un tenue negro alrededor de su brazo derecho.
Exhaló aire mientras ponía todas sus fuerzas en que no se escapase más energía de lo normal y al final logró conseguirlo. Cayó de rodillas con dificultad en la respiración y comenzó a reír por lo bajo hasta cerrar los ojos y quedar incapacitado.

Esta vez lo que le despertó fueron unos cantos acompañados de la sonata matutina de los pájaros.

Canción que canta Ashley:

La voz le guió, recorriendo el pasillo principal hasta llegar hasta una de las ventanas laterales de la base. Apoyó la frente contra el cristal y se dedicó a escuchar y observar a Ashley, que daba varias vueltas entre la nieve mientras entonaba aquella canción tan preciosa. No se dio cuenta que desde que llegaron al norte hacía un mes y medio, no había nevado todavía. Colocó la mano encima de la superficie que los separaba y sonrió melancólicamente, ya que era la primera vez que veía los copos de escarcha en toda su vida. Caían lentamente y se fundían con el blanco del entorno, desapareciendo al instante gracias a la temperatura del ambiente. Quiero ser más fuerte para protegerla. Para proteger a mis hermanos. Para proteger a Angelica. A los Harken. Quiero recuperar Norin y volver Ryüko algo a lo que todos los exiliados puedan acceder para tener una nueva oportunidad. Quiero dejar mi pedazo en este mundo y, con toda seguridad, de forma humilde y anónima. Hasta que nada de esto esté realizado, no pienso morir. Dominaré la energía interior y atacaré antes de que el enemigo tenga oportunidad de amenazar a los míos.

Pero de lo que no se daría cuenta, era que el apodo del que ahora le daba igual -el exiliado amatista- se volvería poco a poco en el del liberador. Había llegado a la decisión de dar su vida para salvar y construir un lugar mejor para los demás, siendo conocidos o no. Con la llegada de los demonios y los bandidos solo traería problemas a lo que se conocía como una sociedad estable a lo largo de la historia. Perfeccionó la técnica durante tres días más dedicándose a la administración de energía y concentración. Después, recogieron todo para partir aún más hacia el sur, donde los planos y los informes les esperaban de una vez por todas.

Petición:
-Energía interior.
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Re: Don't be afraid.

Mensaje por Isma el Lun Dic 21, 2015 7:48 pm

La historia está bastante bien. Me ha faltado algún momento de énfasis o épico, pero como es un entrenamiento para la energía interior de grado 1, no me voy a poner tiquismiquis. Eso sí, espero que el árbol que rompes fuese un árbol podrido o irás por ahí con la mano rota.

También he de decir que le has dedicado poco tiempo (On-rol), pero dado el nivel del personaje, es factible. Obtienes 2.664 puntos de experiencia y 3.996 áureos y obtienes la energía interior de grado uno. Especifica en la ficha y o en los datos si es ofensiva o defensiva.

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