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Fairy Tail Chronicles


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Catalizador II

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Catalizador II

Mensaje por Luthia Zul el Vie Ene 15, 2016 4:05 am

No era sorpresa que Luthia dedicaba la mayor parte de su tiempo libre a entrenar sus habilidades de Maga Blanca, enfocándose mayormente en lo que era el uso de su Aura.

Seguía intentando entrar en un estado de meditación en el cual pudiese activar y sostener su magia de manera natural, pero aún no lo había conseguido del todo. Seguía sintiendo cómo algo fluía a través de ella, pero era incapaz de mantenerlo. La energía que lograba acumular, pronto se perdía.
Frustrada, ella quería pedir más ayuda de Pedro, pero no quería incomodarlo ni hacerle perder el tiempo, pues seguramente tendría asuntos más importantes que ayudar a una novata en el campo de Magia Blanca.

Recordaba lo que le había dicho Pedro. Su intención y motivación debían de estar claras para poder usar su Aura.
Su motivación ya era obvia: Convertirse en una gran curandera.
Su intención: Proteger a todo aquel lo necesitase. Especialmente a Tura. Pues el joven ya se había ganada un lugar en su corazón.

Cerró los ojos y volvió a intentarlo. Levantó sus brazos y abrió sus manos. Inhaló para almacenar energía, contuvo un momento su respiración, permitiendo que la energía se acomodase en su cuerpo. Después, exhalo.
Volvió a inhalar, esta vez imaginándose a las personas que quería proteger, y lo cual le motivaba para seguir con sus estudios.

Pero… Repentinamente, pensamientos de su madre y de su padre le vinieron a la mente. La energía se estaba desestabilizando, se sentía demasiado triste. Sentía como si su familia que había perecido hacia tan poco la observase y juzgase todo movimiento que hacía.
A pesar de estar en un estado semi-meditativo, podía sentir cómo su cuerpo se desmoronaba y lágrimas invadían sus ojos, bajando rápidamente por sus mejillas.
Quería gritar, pero no podía. Su cuerpo no le respondía.
Poco a poco, los rostros de sus padres se acercaron a ella. Fue entonces cuando ella recordó la pesadilla que había tenido acerca de los cráneos flameantes.
Estaba perdiendo el control de su mente, ésta le agredía con juegos de miedo. Los cráneos volvieron a aparecer, rodeándola, riéndose y ridiculizándola. Girando a su alrededor cada vez más rápido, cada vez más ruidoso. Se sentía desnuda, vulnerable. Estaba a punto de colapsar

Cuando creyó que ya no podía más, sintió su cuerpo explotar.

- - - - -

Con una bocanada de aire, Luthia recobró el conocimiento. Oía voces, pero no las escuchaba. ¿Decían su nombre? ¿Su apellido? Sólo entendía ruido.

-¡Joven Zul!-

Aunque con su visión algo borrosa, pudo distinguir la cara de Pedro, su mentor, frente a ella. Más que enfocar sus ojos, priorizo regular su respiración, pues sentía que había perdido varias tomas de aire.

-¿Qué… Sucedió? No recuerdo… Estaba practicando y entonces…- Con la ayuda de Pedro, logró sentarse.

-Explotaste- Le respondió su tutor –No literalmente, pero la magia suele hacer eso cuando es inestable. El sentimiento que te invadió tomó control completo sobre ti. Debes tener cuidado, Luthia-

Ella frotó sus ojos, dándose cuenta de que aún le lloraban, tratando de enfocar sus alrededores mejor.
Se encontraba en el suelo a las afueras del castillo, justo donde había empezado su práctica. Una especie de neblina luminosa los rodeaba, como si Magia Blanca rodeara al lugar. Seguramente causada por la “explosión”. Aunque esta nebulosidad no parecía dar curación o paz alguna.

Luthia pronto se dio cuenta del origen del humo mágico: Ella misma.
Miro sus manos, y éstas emanaban un extraño vapor con luz. Movió sus brazos, haciendo figuras en el aire. Esto era tanto aterrador como fascinante. Su cuerpo parecía expedir un extraño tipo de energía.

-E-es bueno ver que estas bien, Lucy- Dijo Tura, quien se encontraba también sentado al lado de ella -El estallido causó que ambos mi padre y yo nos acercáramos al lugar, p-pero lo que más nos preocupaba eras tú. Nos dio miedo que n-no ibas a…D-despertar…-

-Es cierto, Luthia.- Suspiró Pedro –Debes tener mucho cuidado para evitar que esto ocurra de nuevo-

Así que…Fue una experiencia cercana a la muerte. Debo admitir que no hubo luz que seguir, ni paz a encontrar. Ciertamente dejar de vivir no es tan emocionante como lo describen. Sin embargo. Me da miedo volver a intentar esta nueva magia que quiero desarrollar. Quizás sea mejor darle un descanso o… Abandonar esta ridícula idea. Mi tutor tiene razón. Esto es demasiado, y me da temor volver a perder el conocimiento de tal manera. Si no hubiese sido por él, yo ya no estuviera en este mundo…

Luthia se recostó de nuevo –Creo que… Es suficiente practica por hoy...- Puso su mano frente a ella, observando que el humo brilloso ya había cesado de emanar de ella.

-Estoy de acuerdo- Dijo Pedro

Tura los acompañó con un movimiento de cabeza de arriba abajo.

- - - - -

Acostada en su cama, no le quedaba nada más que pensar en el error que había cometido hacía ya algunas horas.
Se maldecía a si misma por haber permitido que sus emociones se apoderaran de ella, que la muerte de sus padres aun la perseguía.
Pero al mismo tiempo se le ocurrió que tampoco se había dado la oportunidad de llorarles.

Comenzó a sentir un nudo en la garganta. Quería llorar. Pero no quería permitírselo. No podía demostrar debilidad ahora. Era una adepto de Summa Sapientia y...
Y al poco rato se encontró sollozando sobre su almohada. Era inútil, debía llorar. Debía llorarle a sus padres.
Se sentía culpable por no haber estado ahí para ayudarles. Se sentía culpable por haberse ido a pasear al pueblo, junto con su hermana, en vez de haberse quedado en la mansión. Quizás si eso hubiera pasado, sus padres aun seguirían vivos, y le sonreirían de lejos al saber que su pequeña hija ahora era miembro de un gremio de magos.
Pero eso ya no era posible, ellos habían desaparecido de este mundo.

Llegó un momento en que Luthia tuvo que morder la almohada para que sus gritos no se escucharan por todo el lugar.
Sus lágrimas empapaban su rostro. ¿Qué pensaría Tura si la viese ahora? Seguramente perdería el respeto por ella y la llamaría una niña llorona y quejumbrosa. Tenía que ser fuerte por él también. Pero no podía. Hoy no.

Extrañaba a sus padres. Extrañaba a su hermana Sophia.
La muy rata se había ido sin dejar aviso. Sólo una tonta nota, retándola a seguir adelante.

Recordó entonces como su madre decía mucho una frase: “Las cosas pasan por algo”
Le era difícil pensar como eso podría hacer sentido en estos momentos, pero al darle tiempo, se dio cuenta de que si la tragedia en su pueblo nunca hubiera ocurrido, quizás jamás se hubiese decidido por viajar al castillo de  Summa Sapientia. Y por ende, jamás hubiera conocido a sus amigos, ni a Pedro, ni a Astinus, o Fenrir. Y mucho menos a Tura.

Se sentía un poco mejor después de haber llorado tanto. Y aunque en porción casi escasa, se sentía algo feliz por las amistades que tenía ahora.
Se pudo sentar en su cama, y con sus prendas limpió sus lágrimas. Se seguía sintiendo mal, pero al menos la urgencia de llorar se había esfumado.

Miró alrededor de su cuarto. Era una habitación mucho más pequeña de la que tenía en su mansión, pero aun así apreciaba que el gremio le había dado un lugar donde vivir y la recibieran con los brazos abiertos. Esta era su nueva familia, y la quería proteger.

Por un momento, se sintió decidida a volver a intentar el ejercicio de las auras. Pero pronto el miedo la envolvió. ¿Y qué tal si volvía a explotar? ¿Qué pasaría si esta vez explotase por completo y muriera?
No. No podía darse el lujo de morir ahora. Con un suspiró, acepto que esta nueva técnica que quería desarrollar sería mejor olvidarla.
Aun asi, no se iba a rendir en seguir con sus estudios de Maga Blanca, prestaría sus servicios, como siempre, a quien lo necesitase, pero las técnicas avanzadas se las dejaría a los talentosos.

Tonta era en pensar que ella pudiera llegar a hacer algo grandioso como lo que se proponía.

Su estómago le rugió, pidiéndole alimento.
Parecía buena idea buscar comida

Algo decepcionada consigo misma, salió de su cuarto para ir al gran comedor y poder pescar algo aperitivo antes de empezar con alguna misión que el gremio le proporcionase.

- - - - -

Se escuchaban cantos y risas de vez en cuando. Grandes amigos se reunían para brindar, sin importar la razón.
Realmente no había nada que celebrar, solamente que estaban vivos quizás. El miedo de los demonios tal vez los impulsaba a ser más bárbaros con sus bebidas y sus gritos.  
Luthia se sentaba por sí misma, comiendo lo que había encontrado de manera silenciosa y pensativa. Incluso ni se dio cuenta cuando su compañero se había sentado junto a ella.

-¿Pue-puedo hacerte compañía?-

-Tura. Sabes que no necesitas pedirme permiso para estar conmigo.- Decía, mientras le daba otro mordisco a su comida.
Tura sólo dio una risilla, mientras se sentaba

Despues del evento pasado en su cuarto, los dos bromeaban, sonreían, y disfrutaban estar a lado del otro. Las misiones las llegaban a hacer siempre juntos, a menos de que el padre de Tura, Pedro, solicitase que él lo acompañase. Aunque esas veces eran raras ahora.

Se pasaron el rato platicando de cualquier cosa, mientras ambos comían.
Pero una carcajada por parte de un grupo los distrajo de su conversación inicial. Volteando a ver de donde provenían las risas, pronto se enteraron de que ellos eran el foco de atención y la causa de las burlas.

“Son novios. Son novios” Gritaban los pillos. “¡Que se besen! ¡Que se besen!” Los molestaban.

Luthia ignoraba los gritos, y tenía pensado seguir alimentándose, pero al momento de regresar su cabeza, se encontró con un Tura brillando rojo.
Esto le causo algo de gracia a ella.

-N-no te rías… Esto es incómodo… ¿A t-ti no te molesta?-

-¿Por qué habría de? Después de lo que hemos vivido juntos, es normal que la gente nos vea como pareja. Es decir. Incluso yo ya sé de qué zapato calzas.-

-¡L-Lucy!- Gritó el joven apenado, dando un mini salto en su lugar.

Luthia rio sutilmente mientras veía aterrizar a Tura en su lugar de nuevo.  

-No es sólo eso…- Comentaba Tura, mientras se encontraba cabizbajo. –Sé que a ti no te molesta tanto esto… P-pero recuerda que yo soy… Un monstruo.-

-No eres un monstruo-

-En tus ojos no, p-pero si en los de ellos. Escucha Lucy… Tú eres una persona sumamente talentosa y valiente y hermosa y todo eso. Yo sé que toda cosa que te plantees la puedes lograr. Pero… Pero para mí es diferente. Yo por más que lo intente, jamás lograre ser alguien como tú. ¡Y-Y no es que te tenga envida!- Moviendo frenéticamente los brazos, preocupado de que llegara a ofender a Lucy –Al contrario. Estoy orgulloso del renombre que te has ganado e-en el gremio, y d-de que seas mi amiga y-

-Estas divagando- Interrumpió Luthia.

-L-lo siento…  Es sólo q-que tú me has enseñado muchas cosas de confiar en mí mismo, y d-de que la valentía de alguien n-no se mide por la cantidad de miedo que puede suprimir, sino por la capacidad que tiene de actuar pese al miedo.-

-…Tura-

-¿S-sigo divagando?

-Si. Pero me has hecho entender algo importante con tus palabras. Eres un genio- Si Luthia tuviera barba, seguramente se la estaría arreglando como si fuese un sabio barbudo, pero frotar su mentón tendría que bastar.

-¿Lo s-soy? Vaya, tendrás que avisarle a mi padre para darle la buena nue- Espera. Creo que ya he hecho esa broma.-

Luthia se levantó de golpe, asustando a Tura en el instante. Lo tomó de la mano y lo obligo a caminar con ella rápidamente.

-E-espera, ¿a d-dónde vamos?- Decía Tura mientras intentaba seguirle el paso a su compañera.

-Me has hecho descifrar algo. Tenía temor de seguir practicando por miedo al miedo, valga la repetición, que sentía. Pero tú Tura, me has hecho entender que el miedo lo puedo usar a mi favor, pues tener temor significa que quieres proteger algo o a alguien. Necesito poner esto a práctica. Pero necesito que alguien esté cerca, en caso de que falle- Luthia seguía caminando sin cesar, ni siquiera molestándose a voltear detrás para ver a Tura. –Si vuelvo a explotar, alguien tendrá que avisarle a Earandil que he perecido.-

-¡N-no bromees con eso!- Gritó Tura, tratando de no tropezarse con sus propios pies mientras intentaba seguirle el paso a Luthia – ¡Y-ya no me está gustando esta idea!-

-Me pregunto si mandaran mi cuerpo de vuelta al poblado de donde soy, o me enterraran cerca del castillo-

-¡L-Luthia!-

Incapaz de sostener su risa, Luthia le sonrió a Tura. –Bromeo, pero aun así es importante que tú estés aquí conmigo-

Se encontraban de nuevo a las afueras del castillo, donde siempre Luthia solia practicar. Aunque por la plática que estaba teniendo, parecia tenia un nuevo plan.

-Escúchame bien Tura. Te explicaré que es lo que hace mi ejercicio. Si vez que las cosas van mal, necesito que hagas una de dos. Que te alejes del lugar para evitar ser afectado por la explosión, o me des un golpe para despertarme y evitar que la magia pierda su balance-

-J-jamás podría llegar a lastimarte-

-Perfecto. Entonces habrás de correr si todo sale mal-

Tura gimió. Luthia al fin le soltó la mano, y le indico con señas donde se quedase. Inconforme, y dudoso, Tura se movió a donde le habían indicado.

Tomó su posición de meditación, alzó brazos, y abrió sus manos. Comenzó a inhalar, cerró sus ojos, y mantuvo la respiración. Después exhaló, y repitió el proceso.

Esta era la parte fácil del ejercicio, y la cual tenía harta experiencia. Era la parte cuando entraba en una meditación profunda cuando el “peligro” comenzaba.

Tura observaba desde su lugar, nervioso. Sabía que su compañera bromeaba acerca de poder llegar a morir… O al menos eso esperaba él.

Silencio. Luthia continuaba con sus respiraciones, absorbiendo energía, y manteniéndola en ella. Activó sus palmas para comenzar a transformar su energía en Magia Blanca. La energía era estable por el momento, las visiones aun no empezaban. Todo iba bien…

Luthia comenzó entonces a ver lo que más temía. Dos calaveras llameantes comenzaron a rodear su cuerpo. Sus risas subían a carcajadas burlonas, culposas, y degradantes. Pero Luthia se mantenía fuerte. Tenía miedo, pero no se iba a dejar dominar por él. En vez de luchar contra ese temor, lo iba a transformar en lo que quería proteger.
Los cráneos representaban la muerte de sus padres, y la culpa que ella sentía por eso. Aceptó entonces que ya no podía hacer nada por ellos. Era tiempo de dejarlos ir. De dejarlos descansar.
Al tener estos pensamientos, los cráneos comenzaron a tomar una forma más amigable. Los dientes que mostraban, chistosamente daban la impresión de dar una pequeña sonrisa. Poco a poco, el temor se convertía en algo diferente.
En un parpadeo, las flameantes calaveras desaparecieron, y tomaron forma de sus padres. Estos le sonreían a Luthia. Y aunque ella no los escuchaba, estaba seguro de que decían algo muy importante.

“Estamos orgullosos de ti. Vive, hija. Vive, y protege a los tuyos.”

Después de decir lo que tenían que decir, la imagen de sus padres pronto se desvaneció.
Lagrimas corrían por las mejillas de Luthia.  Pero que era esto, no estaba triste ni aterrada. Se sentía… Feliz. Se sentía en paz.
Era hora de crear nuevas imágenes.

Comenzó a visualizar a Astinus, el joven mago adepto que había mostrado ser sumamente educado y pulcro. Luthia lo estimaba, y le agradaba que tuvieran una pequeña amistad.
Después apareció Fenrir, el arquero aventurero que se les había unido en su viaje a Villa Serea, sin duda, alguien valiente, y dispuesto a proteger a sus iguales. Luthia lo respetaba.
Siguiente en mostrarse fue Pedro, su tutor, quien a pesar de ser de pocas palabras, sostenía mucha paciencia y sabiduría para su joven edad. Luthia lo quería y agradecía el tiempo que él le daba a ella y la ayuda que había recibido.

Finalmente, Tura. Una persona que Luthia había llegado a amar y había compartido más que sólo una pequeña amistad.

Los cuatro individuos que habían aparecido frente a ella, le mostraban una pequeña sonrisa, haciendo una reverencia, y extendiendo sus manos hacia ella…

“Protege a los tuyos”

-¡Luthia!-

La energía explotó.

- - - - -

Tura observaba desde la distancia, la magia de Luthia era impresionante y brillante. Él veía como la energía se estaba enfocando en ella, rodeándola, y su cuerpo empezaba a absorberla.
Luthia destellaba con su magia.

Al estar Tura cerca de ella, podía sentir un extraño, pero placentero sentimiento. Era como si se encontrará en un lugar lleno de paz y alegría. Sin saber que ocurría realmente, Tura portaba una pequeña sonrisa en su rostro.

Luthia seguía absorbiendo energía. Llegó un momento en que era tanta la magia centrada en ella, que la luz que emanaba cegaba un poco, por lo que Tura ya no la podía ver directamente y necesitaba cubrirse los ojos para poder soportar tanta luz.
Sin embargo, la constante paz se seguía sintiendo, por lo que Tura no sentía miedo alguno, pese a que no podía ver que le estaba ocurriendo a su amiga.

La luz era demasiada potente, tuvo que apartar su vista por completo y observar sólo el suelo. El pasto brillaba y dejaba ver una corriente de energía se seguía acumulando en Luthia.
El momento de paz pronto se volvió en preocupación, Tura recordaba ya haber visto esto. Era el mismo evento en el cual Luthia había explotado cuando intentaba activar su Aura.

Esto no iba bien.

Ciego, Tura intentaba gritar el nombre de su compañera, pero su voz no se escuchaba entre tanto movimiento y absorción de energía. Sentia como si su voz fuese aspirada y anulada.

Tura tomó aire, e inflo sus pulmones hasta hartarse de oxígeno, y con todas sus fuerzas, gritó.
-¡Luthia!-

Al instante, una onda lo tumbó, haciendo que cayera de sentón.
Las ondas de energía seguían golpeándolo, cada una menos fuerte que la anterior. La luz que lo estaba cegando, también poco a poco bajaba su intensidad.

Después de unos momentos, Tura pudo acostumbrar sus ojos a la intensidad. Se paró en cuanto pudo y lentamente avanzó hacia donde estaba su compañera. Y ahí, la vio finalmente.

Luthia seguía en su pose de meditación, pero su piel brillaba, sus manos y cara emanaban magia. Una pequeña sonrisa se encontraba en su cara, y lágrimas invadían sus ojos.
Ella no parecía moverse, como si estuviera petrificada.
Tura se acercó lentamente, cuidadoso de no encadenar otra explosión.

-¿…Lucy?-

Luthia jadeó repentinamente, y Tura la acompañó con un chillido por el susto que le dio al despertar ella repentinamente.
Respirando con algo de dificultad, Luthia abrió los ojos también. Tura observó cómo éstos también le brillaban y carecían de iris y pupila. Pero conforme pasaba el tiempo, sus ojos volvieron lentamente a la normalidad.

Aparentemente de la nada, ella comenzó a reír, pero la risa pronto se convirtió en sollozos. Después en un largo suspiro. Y al final, comenzó a tambalearse, pronto a encontrarse con el suelo, pero Tura ya estaba a su lado y la atrapó antes de que pudiese lastimarse.

Tura repetía el nombre de Luthia sin parar, tratando de hacer que reaccionara. Checó si su pecho se inflaba, para ver si respiraba. Pero antes de que pudiese comprobarlo, una mano se posó en la mejilla de él, y lo acercó a para darle un beso en los labios.

-C-creo que lo conseguí…- Dijo ella, aun algo débil. Mientras acariciaba el cabello de Tura.

Pero el hombre sólo balbuceaba, pues lo que menos se esperaba en ese momento era recibir un signo de afectividad como ése.
-¡L-lo único que c-conseguiste fue darme un susto!-

Peticiones:
3335 palabras

Nota 8

• Técnica Pasiva: Aura Curativa
Emanas una pequeña aura que cura, inspira y revitaliza a todo aquel que se encuentre cerca de ti. (El poder y radio del aura depende mucho de tu estado emocional.)
Si se te llega a herir, y si el daño a tu cuerpo es mínimo, te curas automáticamente y de manera inconsciente.

• Técnica Pasiva: Aura Curativa II
Tras usar tu Magia Blanca, entras en un estado en el cual tu cuerpo irradia un aura curativa. Cualquier persona cerca de ti se siente libre de todo pesar e inspirada por tu presencia. (El poder y radio del aura depende mucho de tu estado emocional.)
Si se te llega a herir, no importa la profundidad o tamaño de la herida, esta se puede cerrar en pocos segundos automáticamente e inconscientemente.
El dolor sigue siendo el mismo, por lo que sabes bien que no te conviene abusar de esta habilidad, pues te puedes llegar a desmayar y ser poco útil para tus compañeros.
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Re: Catalizador II

Mensaje por Isma el Dom Ene 17, 2016 1:36 am

Consigues 3315 puntos de experiencia y 4972 áureos.

He de mencionar que la historia me ha gustado. Principalmente por la relación entre Luthia y Tura y la dramatización del entrenamiento para una técnica curativa. Sobre faltas de ortografía y gramática no tengo mucho que decir. Aunque te dejas varias tildes que a mi aparecer son muy necesarias. Principalmente en verbos conjugados en pasado. Como: exhalo en vez de exhaló. Pero no es en todos, así que no voy a ser muy estricto con este punto.

La primera técnica te la voy a dar por válida, pero la mejora no, pues a mi parecer, no es una historia de nueve como se te exigió en la petición de técnicas. No obstante, voy a darte parte de esa mejora. ¿Parte de la mejora? Sí, una parte. Esto quiere decir que tan solo tendrás que hacer una nueva historia o rol con un 6 de nota para conseguirla.

Hago mención de que podrías conseguirla en el evento si te esfuerzas.

Puedes pedir una segunda moderación y cualquier duda, no temas preguntar.

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