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Fairy Tail Chronicles


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Esto es una ficha cualquiera, pero de Mark.

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Esto es una ficha cualquiera, pero de Mark.

Mensaje por Mark. el Jue Mar 17, 2016 10:10 pm

Nombre: Ehm... Hagamos esto, yo no te lo digo y cuando algún día te lo revele, te haces el sorprendido y juntos vamos aquí y lo ponemos ¿si?

Apodo: Mark.

Edad: 17. O quizá 21. ¿Entre 17 y 21 vale?, digamos que he dejado de contar.

Poder: Magia. Algún día. Espero.

Estadísticas: Creo que soy demasiado pobre para permitirme pagar unas estadísticas. Y también es que soy nuevo. Seguramente sea por lo segundo.

Raza: Humano

Sub-Raza: Ninguna, soy un humano normal, corriente y moliente. Bueno, quizá no. Pero sí que soy cien por ciento humano.

Profesiones: Ninguna, vivo al límite.

Armas: Ninguna, ¡las armas son de débiles! O en su defecto de quienes tienen dinero para una.

Gremio: Ninguno, ¡los gremios son de débiles! O en su defecto de quienes tienen dinero para u… ¿eh?, espera.

Foto o dibujo:  
Hola, soy un spoiler:

Esta imagen es perfecta. Me retrata entre los dos estados en los que me suelo encontrar, en un punto intermedio entre bien y la mierda máxima (porque si estar en la mierda no es lo suficientemente asqueroso, para eso tenemos la mierda máxima). Además, que me han sacado mi lado bueno.

Descripción física:  
Soy precioso, hermoso, beutifuloso. Tanto, que si me vieses querrías acostarte conmigo.
Porras, eso no llega ni a las ochenta palabras. Voy a tener que empezar a contar la verdad si quiero rellenar esto…
A ver, que no digo que no pueda ser precioso, es difícil saberlo con tantos moratones de por medio, si algún día desaparecen, te prometo que serás el primero en saberlo. La verdad es que podía ser peor, con mi tez horneada por los rayos del sol los moratones y heridas quedan mejor que si fuese un paliducho del tres al cuarto. ¿No crees?, además tengo el don de ir conjuntado las 24 horas del día con mi pelo castaño y mis ojos color avellana (tenía un amigo que decía que eran color porquería, pero las avellanas saben mejor).
Me gustan las camisas amplias, y es toda una suerte porque no suelo tener el gusto de comprar ropa de mi talla, suelo tomar lo que me dan. He guiñado un ojo al decir dar. Espera, para que nos entendamos mejor, suelo tomar lo que me “““dan””” (¿Son suficientes comillas?).
También me gusta llevar ropas de tonos similares a mi piel. Tampoco es difícil, en cuanto toman un poco de porquería comienzan a teñirse de ese color. Si es que mis gustos son de lo más convenientes. Es como mi manía de ir descalzo, se junta con que no tengo zapatos y es perfecto. A ratos. Bueno, tengo siempre unas sandalias a mano que me sirven para sobrevivir a ciertas superficies.
Además, cuando llevo esas sandalias consigo alcanzar la altura media de los hombretones de mi raza. Cuando no las llevo sufro cierto complejo de los dos centímetros faltantes. ¡Es tan frustrante que te ganen por dos centímetros!, ¿sabes lo que es eso?, si, no me refiero a los dos centímetros, estoy convencido de que a esos conocimientos ambos llegamos, me refiero a la frustración. Bueno, ¿sabes qué?, me da igual.



Descripción psicológica:
¡No, no, no!, no vayas preguntando por ahí sobre mi. ¿Qué clase de persona te creerás que soy si los escuchas?
Vale, veamos, se que puedo parecer un idiota cuya cordura anda por los suelos o incluso puedo ganarme cierta gama de insultos por atreverme a robar a un niño, pero me niego a aceptarlos. ¡Soy un superviviente!, no demasiado inteligente, eso es cierto, solo hay que ver mi historial, o mi cara llena de moratones. Se que soy de la clase de personas que no puede ni ser tomada en serio ni tomarse las cosas en serio, pero que queréis que le haga, la realidad es un asco, y no soy uno de los “afortunados” que vivan en su realidad. Por los dioses, te estoy hablando a ti, a alguien que no existe. ¿Y qué si el mundo que se desarrolla en mi cabeza es más interesante?, pero no estoy loco. Espero que todavía no. Se bastante bien lo que ocurre, simplemente, trato de ignorarlo o adormecerlo, es mi forma de ser feliz.

Me fascino. No solo yo, muchas cosas, soy fácilmente impresionable. Me gusta lo nuevo, es curioso, ¿recuerdas?, es curioso la lista de cosas que son curiosas. Ah, claro, que la gente suele leer las cosas en orden... Bueno, pues haber leído antes mi historia para entenderlo. Quizá es uno de los motivos por lo que es fácil convencerme de… cualquier cosa. Me gusta creer a la gente ¿sabes? y creer que creen en mi para poder desilusionarlos. A ver, que no lo hago a posta. No muchas de las veces. Bueno, lo hago solo por un bien mayor. El mío. ah, y tomar un poco el pelo. Los museos serían más entretenidos si todo fueran retratos de gente desconcertada. Y... Bueno, podría seguir aburriéndote, pero la mejor forma de comprenderme es que leas mi historia. Entonces no habrá descripción psicológica que haga falta.
No es como si la hubiese escrito antes y me diese pereza terminar ahora esta parte. No.

Historia:

Es curioso el cambio. Lo frágil que resulta ser lo estable. Lo frágil que resulta ser el cuerpo, y la mente. Y su funcionamiento. Es curioso también la lista de cosas que son curiosas. Acabo de sonreír. Lo digo porque se que no me puedes escuchar, pero si que puedes percatarte de lo estúpidas que son mis palabras. Créeme, soy consciente. Por eso me río. Es triste. Lo se. Soy triste. Estoy pensando todo esto mientras caigo al suelo. Eso es más raro que triste, pero al fin y al cabo, somos unos afortunados.

Au. Si, acabo de caer al suelo. Sinceramente, el golpe no fue tan fuerte. O no dolió tanto. O no empezó a doler tan rápido. Creo que estás tan confuso como yo ahora mismo, pero tranquilo, que se supone que acabaré contándote lo que tengo que contarte. Empecemos por un punto intermedio de la historia. A ninguno de los dos nos interesa donde nací, a que edad dejé de cagarme encima o si este puñetazo fue el primero que provocó que me pitasen los oídos, así que gracias al poder del que a un narrador se le dota, empezaré la historia por donde me de la gana. Y ese punto resulta que es el… “Sois unos afortunados”.

La frase preferida de mi madre, mi maestra y una docena más de adultos repelentes. Tenía una familia, una casa donde caernos muertos, unos progenitores con trabajo estable y una educación asegurada. ¿Qué más podíamos pedir?, no tragamos la misma mierda que tragaron ellos para conseguirlo, así que su recompensa era regodearse una y otra vez con los afortunados que eran sus vástagos. Y no creas que lo hacían solo puntualmente, no. Para nada, disfrutaban recreándose en esas malditas palabras: “Sois (si, vosotros panda de idiotas) unos (puñeteros) afortunados (así que dejad de quejaros)”. No es que tenga un trauma o algo parecido con esta frase y que por eso sea el punto inicial de la historia. No. Creo. Espero. Mierda, ¿lo tengo?. No, definitivamente no. El problema de haber escuchado tanto aquella frase es que al final acabas creyéndotelo por activa o por pasiva, y el problema de creértelo surge cuando te das cuenta de que de afortunados tenemos poco. Entonces estás en la mierda.

Imaginad un mundo perfecto. Un hogar modesto, pero de los que tienen una chimenea. Una familia modesta, pero de las que pueden permitirse encender esa chimenea. Una pareja perfecta, con el suficiente tiempo libre para que ella se quede preñada cuatro veces. Unos hijos perfectos, pero con una excepción. Hola, fui el tercero y la gran excepción. ¿Sabes lo que se dice de “dime con quién andas, y te diré quién eres”?, pues tenía un amigo que no se sabía muy bien el dicho y decía “dime por donde andas y te diré con quién te rodeas”, lo gracioso de ese asunto es que él vivía al lado de un estercolero, por lo que decía que se rodeaba con una panda de mierdas. Si extrapolamos eso al dicho original, se rodeaba de una panda de excrementos, entre la cual estaba yo, por lo que el era un mierda también y si el lo era, y yo me rodeaba de gente como el… Bueno, la regla de tres sale clara, no hace falta que repita la palabra. Qué diablos, ¡Mierda!. Lo se, soy muy maduro.

Lo que intento decir es que yo y mi grupo cercano no destacábamos por nuestra brillante mente, por lo que cuando comenzó la plaga, esa neurona que teníamos por cerebro sumó dos más dos y resulta que no daba diez, pero nosotros no lo sabíamos, así que digamos que procuramos darnos a la buena vida antes de que todo se fuese al traste aprovechándonos de aquella especie de anarquía temporal que hubo. Molestamos a demasiada gente, que total, iba a morir ¿verdad?, no habría represalias. No voy a entrar en vergonzosos detalles, pero creedme que hubiese sido mejor que todo se fuese al traste, porque la “gran plaga” de la que todos hablaban y cuyos síntomas comenzaban a manifestar medio pueblo, no fue tan mortal como la describíamos y sobrevivió demasiada gente.
La cosa es que al llevar por unos días una buena vida acabas descubriendo dos cosas: primero, que lo de ser muy afortunado se aplica solo cuando no sabes lo que es ser afortunado, y segundo, que serlo es muy caro. Y las cosas caras hay que pagarlas. Y pagarlas con dinero. O si no utilizarán tus dientes como monedas de cambio. Y luego, a tu familia.

Espera, que la cosa se pone más graciosa. Para darnos a la buena vida tuvimos (Si, tuvimos. Já. Como si fuese una obligación) que pedir cosas a ciertos grupos de gente que se encarga de proveerlas. Dos en particular. Es mejor que no sepas los nombres de esos grupos, tanto para protegerme a mí, como para… ¿qué diablos?, solo para protegerme a mí. El caso que esos grupos tienen un cabecilla, y luego está la gente con la que tratas. Imaginad la vida de esos cabecillas. Ellos sí que deben ser unos afortunados, ¿verdad?, pues imaginad que son tan afortunados que un día llegan sus súbditos a rendir cuentas a su hijo.
¡Premio!, resulta que yo no era la oveja negra de la familia, sino la daltónica que no vio cuan oscura era la lana de las que me rodeaban. Resulta que mis padres eran una especie de reyes del mal. Solo que en plan cutre y local. Unos mierdecillas con algo de poder y mucha más pasta de la que nos hacían creer. Y allí empezó el caos de verdad. ¿Recuerdas que debía rendir cuentas con dos en particular?, pues resulta que llegaron los otros. Y reclamaban mi cabeza.

Entiendo que mi familia pudiese estar furiosa y se dejase llevar por la ira del momento, pero eso de (y no exagero) coger una silla como arma y secundar la moción de pagar mis deudas con sangre, creo. Y digo creo, que no fue la mejor manera de manejar la situación.

La cosa es que salir por patas siempre se me ha dado especialmente bien. ¿Y qué puedes hacer cuando le debes dinero a medio mundo?, la respuesta es clara: endeudarte con el otro medio para huir a otra parte, cambiar de nombre, apellido e historia. Y repetir el proceso tantas veces como poblaciones con prestamistas haya en Dyscordia.
Si todo sobre papel fuese tan bonito y fácil, supuestamente no debería estar recibiendo una paliza ahora mismo. Porque si, si no lo recuerdas, todo esto empezó con un puñetazo lo suficientemente fuerte como para que empezase a hablar de mi existencia a un ser ficticio como lo eres tú.  ¿Qué te parece si cambiamos al presente para seguir contando la historia?, cuidado, que no te pille desprevenido el cambio de narración, empezamos en tres… dos… uno y…

Risas. No es que se riesen de algo gracioso, a no ser que ver levantarme del suelo lo sea, es que son tan imprescindibles que si no se ríen no tienen nada más que hacer, así que les compadezco en cierta forma y por tanto, digamos que les permitimos las risas.

- Dime ratita, ¿ya ha sido suficiente?. – me preguntó con cierto tono de burla el Señor Musculitos.
- Eso es lo que pregunté a tu madre an…
- Oh venga, sé que eres más original que eso. – reprochó.
- Cierto, no quería decirlo delante de todos, pero eso es lo que te pregunte anoc…

Puñetazo. La habitación comenzó a girar trescientos sesenta grados. O en su defecto fue mi cuerpo el que lo hizo.

- Creo que ya hemos dejado claro un par de cosas – dije mientras me apoyaba en alguien intentando recobrar el equilibrio. Mierda, creo que eso que noto tiene más sangre que saliva – tú quieres tu dinero y  yo no lo tengo. Podrías seguir pegándome el resto del día y no sacar nada productivo de este o preguntarte a ti mismo en que momento decidiste fiarte de mí. Analízalo, compréndelo y no lo repitas. Sería definitivamente la mejor  forma de sacar provecho a esta preciosa tarde.

En realidad estaba lloviendo.

- Está lloviendo. – contestó. Como si lo de preciosa tarde fuese lo único descabellado que hubiese dicho.
- Los días soleados están sobrevalorados. Créeme.

La gente se rio. En serio, ¿se ríen de eso? Empiezo a creer que tienen que reírse cada cierto tiempo para justificar su presencia. Sí que debe ser triste su existencia. Señor Musculitos sonrió. Seguro que deleitándose con la imagen de mi cabeza y mi cuerpo dejando de ser una unidad o algo por el estilo. Le devolví una sonrisa manchada de rojo.

Comenzó a reducir la distancia entre nosotros, primero lentamente, pero acelerando a medida que se acercaba. No exagero al decir que por la postura de su cuerpo y en especial la de su puño, aquello podría doler muchísimo. Era hora de mi ataque especial. Me coloqué en posición. Espera… Espera… Casi… ¡Ya!
Me agaché con, seguramente, demasiada antelación, pero quería asegurarme de esquivar el golpe, no soy tan prepotente, ¿Vale?. Coloqué todo el peso de mi cuerpo en la pierna izquierda ya flexionada, y con toda la fuerza que me fue posible reunir, hice uso de mi técnica secreta. ¡Patada en las partes más pudorosas de cualquier hombre con orgullo!

Todos los hombres del local contuvieron el aire, y parte de su alma se rompió al presenciar aquello. Señor Musculitos tembló unos segundos, mientras su cerebro asimilaba la magnitud del dolor y mientras yo, no perdí el tiempo e  hice acto de desaparición (¿Qué?, si “acto de presencia existe”, también lo hará “acto de desaparición”, ¿no?).

Al salir del local, la lluvia hizo me saludó al estilo “Hola, soy la lluvia, y te voy a empapar”. Busqué con la mirada el plan de huida. ¿No habría decidido abandonar?. Pues suerte no lo hizo, encontré a Roxanne y a su caballo, bajo una terraza. En cuanto me vio, acudió a mí y sin dudarlo, salté sobre su corcel.

- ¿Lo has hecho? – preguntó.
- La mar de bien, si es que se me permite la observación. Ah, yo también estoy bien por cierto.
- Ya, claro, ¿y él?
- Me temo que no tendrá ganas de engañarte de nuevo durante una buena temporada.
- ¿Tan fuerte ha sido?
- Su hombría no es lo único que he quebrado allí dentro si es que me entiendes.

Soltó una carcajada. La tía me cae bien. Tiene lo que su pareja, o expareja ahora le falta. Cabalgamos hasta las afueras del pueblo y frenó en seco. Entendí lo que quería decir. Me bajé al instante.

- Bueno, supongo que no me darás la recompensa que prometiste.
- Supones bien.
- Había que intentarlo.
- Claro. Cuídate Mark.
- No te acostumbres a llamarme así. ¿Vas a querer esa boina?, sabes bien que siempre me gustó a mi más que a ti.
Roxanne se la quitó, la contempló y tras meditarlo me la lanzó. La sacudí y me la ajusté.
- Ah, - dijo antes de dar media vuelta – si te vuelvo a ver por mi zona…
- … será mi hombría la que destacará por su ausencia. – concluí. – Ah, y saluda a mama de mi parte. Dile, no sé, que es una afortunada por no haberme visto el pelo durante tanto tiempo.
Sonreímos, y nos dimos la espalda. Para cuando dejé escuchar el trote, empecé a notar algo raro en la boina. Me la quité y pude contemplar una cariñosa nota: “Pienso delatarte en cuanto vuelva. Buena suerte". Que maja, normalmente no avisan. Supongo que son privilegios de volver a casa por navidad.
Hola. Mira, te voy a contar otra cosa sobre mí. No es que se me dé demasiado bien la geografía, por lo que de alguna forma acabé donde empezó todo. Quizá y solo quizá debería preguntar antes de ir a alguna parte por su nombre en vez de si hay algún prestamista generoso. Quizá esa es una de las razones por las que si algún día me ves, me encontrarás lleno de moratones.

Seguramente te preguntarás, ¿Cuándo demonios se va a callar?, en mi defensa diré que técnicamente he hablado muy poco, pero terminaré con el inicio de algo más, compartiendote mis planes.

En un futuro chasquearé los dedos los dedos y unas chispas de color negro harán acto de presencia. Revolotearán antes de volver a desaparecer no sin antes pasar por un tono rojizo. ¿Porque... qué hay peor que una suerte de demente que debe dinero a todo el mundo?, uno que ha descubierto la magia (o uno que te debe dinero a TI).
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Re: Esto es una ficha cualquiera, pero de Mark.

Mensaje por Alex el Vie Mar 18, 2016 10:04 pm

¡Muy buena ficha! Muy original y extraña también. Es curioso que no pidas armas ni profesiones, pero eres tú el que decide.
Recibes 1.000 áureos de inicio.
Pásate por el censo para dejar constancia y que se te ponga el color:
http://www.seedsofdyscordia.com/t549-censo-marzo-abril-mayo#3048

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