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[Pasado] La sinfonía de los huesos crujientes [Dark S. Satou]

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[Pasado] La sinfonía de los huesos crujientes [Dark S. Satou]

Mensaje por Mark. el Dom Mar 20, 2016 2:18 am

¡Jahá! El gran, inigualable y formidable Mark despista a los despiadados matones de nuevo. Vaya, pues no.
Sin delicadeza alguna una manaza de tamaño considerable agarro el cuello de mi camisa y me levantó por los aires. Nuestras miradas coincidieron, la mía llena de esperanza y la suya, de ira.

- Creo que se ha ido por allí. - musité intentando señalar la dirección opuesta de la que venían. Las cejas de aquel pobre hombre descendieron aún más y cierta vena empezó a saludarnos desde el cuello del susodicho. - Como que no, ¿verdad?.

Vale, no respondió, pero creo que el hecho de lanzarme por los aires viene siendo un indicativo bastante notable de que no, no ha colado. Y eso que había puesto un mínimo de esmero en la escusa. Normalmente no me suelo molestar en señalar ninguna dirección. Se que he de ahorrar los detalles escabrosos, pero creo que es justo informar que coqué contra la pared más cercana de espalda. Y bocabajo. Por lo cual, cuando la gravedad hizo acto de presencia, el golpe fuerte, fue en la cabeza. Como si no me faltasen ya suficientes neuronas.

- Creo que ha habido alguna especie de malentendido - intenté justificar mientras me las apañaba para volver a levantarme y deleitar a mi audiencia con el sonido de mis huesos al crujir. - No le debo tanto dinero. Porque intereses no había, ¿verdad?.

Lo se. No ayudo mucho en esta "negociación", pero en mi defensa diré que esta gente tampoco solía poner mucho de su parte. Quizá el hecho de que los pagasen por sus músculos y no por su labia desmedida fuese un factor a tener en cuenta a la hora de analizar los hechos. Y por la cara que traían al acercarse, juraría que eso no iba a cambiar.

- Vale, vale - agité los brazos en señal de atención. Medio funcionó, frenaron como media décima de segundo. Algo es algo. - , esta claro que ya habéis mandado el mensaje. Alto y claro. A ver, que yo soy el primero que me encantaría pagar a vuestro jefe. Solo dadme algo de tiempo para poder pedírselo prestado a otra persona. - desvié la vista al matón que más alejado se encontraba - ¿No tendrás tu un par de centenas de áureos que dejarme verdad?, devuelvo a tiempo. Además, que tienes cara de buena persona, no puedes negarte.

No, no es que sea un idiota redomado. Que también. Pero ya puestos a sufrir una paliza, la cara de desconcierto de aquel hombre sería la única recompensa que podría llegar a tener en estos momentos. Bueno, el tiempo de descuento esta claro que se había terminado. Aquí vienen. Erguí mi esbelta figura y comencé a girar el cuello, y las muñecas. El primero de los hombres comenzó a correr hacía mí. Estaba preparado. Lancé el puñetazo.
Demasiado. Pronto. No estaba ni siquiera cerca, mi puño quedó en el aire a casi un metro de mi querido enemigo. Ergo decir que había puesto todas mis ganas en aquel vergonzoso acto y el equilibrio ahora brillaba por su ausencia. Lo bueno de caer al suelo en estas situaciones, es que el puño de aquel hombre tampoco me alcanzó. Pero una vez en el suelo, sus patadas si lo hicieron. Ais. Au. ¡Ey, no vale venir con palos a las pa... ¡AH! ..lizas!. Mierda.

Imaginaos el resto, y continuemos por el "tienes hasta mañana", que me dieron por ultimatum aquellos hombres antes de marcharse. ¿A qué mañana se referían, al mañana de hoy o al mañana que me dijeron la semana pasada al encontrarme?. Porras, necesito encontrar otro prestamista, y esta vez uno cuyos matones no lleven palos. Ni armas puntiagudas, punzantes o cortantes a ser posible. ¿Iba siendo hora de cambiar de ciudad?

Rodé un poco hasta quedar bocarriba en el suelo. La luz se filtraba por las cuerdas llenas de ropas. Se notaban que estaban mojadas. Más que nada porque goteaban y las gotas me daban directamente en la frene. Estaba en un callejón de mala muerte. Por lo menos, el suelo estaba seco. Bueno, creo que va siendo hora de evaluación de daños. Levanté el brazo derecho. Au. Mal empezamos.
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Re: [Pasado] La sinfonía de los huesos crujientes [Dark S. Satou]

Mensaje por Dark S. Satou el Lun Mar 21, 2016 12:46 am

-¿Este es un buen lugar para empezar a reforzar la alianza, no crees, Ashley?- Exclamó con una sonrisa vaga mientras desembarcaba y asentaba sus pies ante el gran puerto.

No le respondió. Miró impresionada la gran ciudad de Hrotmur y elevó poco a poco la mano, acto que presenció Dark con el rabillo de su ojo derecho. Se encogió de hombros, le pasó la mano por el hombro a la joven cazadora y después aprovechó para aminorar la marcha, rumbo a cualquier pelea o conflicto que le ayudase a convencer gente para unirse a su causa. No, no era un buen inicio para una relación de confraternización, pero la desesperación que tenía por reclutar nueva gente tras la destrucción de su base, iba en aumento. Los demonios habían pasado por encima, o más bien la traición de uno de sus hombres. No, no importaba aquello en aquel momento. El joven príncipe se guió entre los gritos, ajetreo y demás cosas sin importancia que creaban una ciudad poblada.

<<¿Y dónde puedo empezar a buscar?>>, se preguntó, preso de la falta de orientación gracias a los dificultosos callejones de la capital. No servía ir hacia la izquierda, o meterse donde nadie iría. Como mucho había algún que otro animal o mendigo que no servía para su propósito. Preguntar a su compañera no era una opción desde que perdió el habla, ya que le contestaría con alguna que otra mirada o un simple suspiro. Y tampoco es que ella tuviese un gran sentido de la orientación. Más de una vez se habían perdido por grandes ciudades, sobretodo en la capital de Fergor, en el norte. Tenía que enfatizar más la búsqueda de algo o alguien que le ayudase a crecer como líder y no tardaría en hacerlo. Algo le sorprendió, ya que una gran mano agarró todo su hombro y le hizo girarse bruscamente. Pero se había dejado, y eso era algo que pillaría en sorpresa al desconocido.

-¡Hey, tú! Ese mechón...

-¿Es bonito, verdad?- Le preguntó con tono sarcástico mientras se recomponía debido al movimiento tan brusco que le habían obligado a hacer. -Ahora es cuando dices: ¡esos ojos púrpura!

-Me lo has quitado de la boca.- Le respondió con cara de pocos amigos.

Se agachó esquivando el primero de los puñetazos -que era totalmente predecible, dejó un intervalo de tiempo al levantar el brazo izquierdo y lanzarlo hacia la cara del protagonista- y volteó al hombre con una ágil finta, sacando una de sus armas y apuntando con ella hacia el cuello de su agresor.

-Bueno, supongo que tendré que hacer yo las preguntas. ¿Quién te manda?- Le ordenó responder, esta vez con una énfasis en el tono mucho más notoria. Había dejado claro de que le rebanaría el pescuezo si no contestaba, pero no parecía algo que sorprendía al grandullón.

El segundo golpe no lo pilló con la guardia baja, ya que bloqueó con uno de sus antebrazos. Sin embargo, aquello le obligó a retroceder varios pasos hacia atrás. Iba acompañado de uno aun más alto que él, quizás con cara de bonachón para el cuerpo en el que estaba encerrado. Observó su alrededor y vio a un chico de tez blanquecina y pelo oscuro arrastrándose por el suelo o quizás intentándose mantener de pie. Y si ellos dos estaban cerca, no hacía falta adivinar cómo había acabado aquella situación ni quiénes eran los culpables de que el muchacho se encontrase en aquella pésima condición. Hasta que, irónicamente, el hielo de la situación se quebró gracias a varias flechas en el suelo obligaron a retroceder a lmatones, ya que estaban impregnadas en ese elemento. Sonrió mirando a las cuerdas en las que tendían la ropa y guiñó el ojo a su compañera. No tardaron en huir, a pesar de lo agresivos que eran. A nadie le gustaba que le clavasen una flecha.

-Hey, ¿te encuentras bien?- Preguntó al muchacho tendiéndole la mano para levantarse. -Si te apetece, puedes explicarme quién eres, qué haces y, si lo sabes, quién es el líder de esos tíos. No me gusta que me intenten pegar una paliza sin que ni siquiera me inviten a una cena. Y supongo que a ti tampoco, por tu estado.- Acabó explicándole en un intento de hacerle reír un poco. La risa mitigaba el dolor, o por lo menos lo ausentaba durante el período en que duraba.
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Re: [Pasado] La sinfonía de los huesos crujientes [Dark S. Satou]

Mensaje por Mark. el Lun Mar 21, 2016 1:53 am

Vale. Ahora el izquierdo. Oh, vaya, ese brazo ha salido medio ileso. Viva yo. Ahora os toca a vosotras señoras piernas, evaluación de daños. A ver, empezamos por usted, la derecha. El sonido de unas flechas al chocar contra el suelo marcó el pistoletazo de salida para dicha comprobación. ¿Es que no tenían suficiente con los palos, ahora además arcos y flechas?. Malditos enfe... eeeee.... ¡eeeermos!.
¿Sabéis que?, no hace falta seguir con la evaluación de daños por el momento. El ponerse de pie de un salto no ha funcionado, caerse de nuevo al suelo, tampoco ha sido el mejor de los destinos. Es hora de pasar al plan de supervivencia B: Rodar hasta encontrar un plan de supervivencia C decente.

Por desgracia, no fui lo suficientemente rápido, ya que escuché un par de pasos alejándose y otro par acercándose al tiempo que alguien preguntaba a otro alguien si estaba bien. Abrí el ojo derecho en modo espía super secreto. Oh vaya, cierta persona me miraba. Y no había ningún "otro alguien" en su rango de visión más que un servidor. ¿Me estaba preguntando a mi si estaba bien?. Vale, eso solo podía significar dos cosas, o estaba ciego, o era una pregunta trampa. ¡Rueda!. Y Rodé. Hasta chocar contra sus pies. Vale, mejor rodar en la dirección contraria. No di más de tres vueltas antes de chocar con una pared y aún no había encontrado un plan de supervivencia C. Mierda.

- Bueeeeeeno... - comencé en un intento de ganar tiempo y tantear la situación - No se yo si por aquí la gente tendrá una definición distinta a lo que yo entiendo por "bien", pero estoy casi seguro que sea cual sea el grado de bienestar necesario para poder decir que lo estoy, yo no lo alcanzo.

Escruté de arriba a abajo la palma de la mano que aquel peculiar desconocido me ofrecía, y si bien por las líneas que la surcaban podríamos saber que tendría una corta vida, media docena de nietos y un estanque de zumo de uva, esa información solo me servía para confirmar que aquella anciana que insistió en enseñarme a leer las manos tenía una gran capacidad inventiva. De cualquier forma, al final accedí y tomé su mano prestada para poder levantarme, más que nada por si eso del estanque de zumo era cierto, quizá incluso podría convencerle de que compartiese un poco.
Craso error, nada más hacerlo comenzó a avasallarme a preguntas. Miento, no eran preguntas, eran una amable oferta por su parte de que le dijese toda aquella gama de datos algo incómodas de proporcionar y una peculiar reflexión sobre palizas y cenas.

- Que quieres que te diga - comencé con un rodeo para no soltar información indebida -, lo de la cena suena bien, pero puestos a preferir, preferiría que me invitasen a no recibir esa paliza.

Nada más conseguir mantenerme en pie por mi mismo, el mareo acudió a mi, haciendo que me apoyase en el hombro de aquel tipo. Tras un fugaz vistazo a su rostro, opté por sustituirle por una pared. Las paredes tenían pinta de ser más estables que aquel sujeto. Además, no tenían ojos púrpuras, ¿qué clase de persona con los ojos púrpuras podía ser de fiar?. Quizá aquella anciana que una vez intentó enseñarme a leer... Ah, cierto, tampoco. Ahora en serio, ¿quién demonios tienen los ojos púrpuras?. Quizá hubiese mencionado en la misma pregunta a aquellos que podrían tenerlos.

- Perdóname, creo que el golpe en la cabeza ha sido más efectivo de lo que me gustaría reconocer. Por cierto, ¿quién diablos eres tu y porque tienes tanto tiempo libre como para ir paseándote por estas calles? - antes de que pudiese decir nada, le interrumpí - Y que conste, que lo tuyo tecnicamente no fue una pregunta, así que si, en efecto, yo pregunté primero.

Quizá y solo quizá, no debería haber dicho aquello en primer término, pero me perdí las primeras clases de "como socializar con un desconocido tras recibir una paliza parte uno". En el peor de los casos, podría intentar rodar de nuevo.
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Re: [Pasado] La sinfonía de los huesos crujientes [Dark S. Satou]

Mensaje por Dark S. Satou el Miér Mar 23, 2016 2:24 am

<<¿Qué hace este tío?>> se preguntó mientras le ayudaba a levantarse. Una situación embarazosa se llegó a transformar en casi una cómica, al ver que el chaval rodaba y acabó haciéndolo en dirección hacia sus pies, chocándose y tratando de huir en vano. No parecía pesar demasiado, pero eso era un tema que le daba absolutamente igual.

-¿Que quién soy yo?- Preguntó de forma retórica. No le gustaba que evadiesen sus preguntas, pero prefería no forzar una respuesta. -Dark Satou. Y quien me acompaña, la rubia del arco, es Ashley Makinami.- Acabó explicando mientras la señalaba con la palma de la mano abierta.

Pero, de forma lamentable, antes de poder volver a insistir en que le respondiese, ocurrió algo: un cuchillo que rozó su costado provocó que se girase rápidamente exteriorizando una ráfaga negra que cubrió su mano desnuda y atravesó el pecho del desconocido que se encontraba ya detrás de él. Apretó los dientes y encajó un puñetazo en el estómago que lo lanzó varios metros hacia atrás, chocando contra un contenedor de basura y dejándolo brevemente inconsciente, lo suficiente como para que su enemigo corriese hacia él y le agarrase del cuello.

-¿Con que energía interior, eh?- Le preguntó, antes de caer al suelo de rodillas.

Una flecha había atravesado parte de su cráneo, mostrándose la punta por delante de su sien. El joven príncipe apartó la cabeza, mostrando una mirada arrepentida. Se había cobrado dos vidas inocentes que podrían haberse salvado si no hubieran subestimado al líder de Ryüko. Se apoyó en el cadáver para levantarse y colocó su arma en la vaina, que estaba ubicada en la espalda. Un lugar quizás extraño para colocar una espada larga, ya que era más difícil sacarla desde ese ángulo. Pero siempre le resultaba y quizás, era una ventaja por si dudaban de la velocidad de su desenvaine. Agitó un poco la cabeza y se quitó el polvo de encima, el golpe que había recibido seguía escociendo, pero no más que las dudas que recubrían su cabeza.

-Vale... Vamos a hablar a algún lugar en el que no nos estén atacando cada dos por tres, te dejo elegir. Parece ser que soy igual o más buscado que tú, y si quien apuesta por nuestras cabezas es la misma persona, quizás, y solo quizás, tengamos un objetivo en común.- Le explicó encogiéndose de hombros.

No necesitaba ser inteligente para adivinar que seguramente aceptaría la oferta, ya que si no había podido contra aquellos dos grandullones, era mucho más débil que él. Y el haber sido el asesino de dos de los que los buscaban, era la prueba perfecta para que confiase en él. No sabía por qué, pero aquel chico tenía algo que le atraía. Tal vez era su forma de actuar, quizás demasiado despreocupado para todo lo que le rodeaba. <<Yo era así hasta que Alex me hizo esta cicatriz en el ojo. Recuerda, Dark. Aprende de los demás.>> Se acabó recordando a sí mismo, palpando la marca que recorría todo su ojo izquierdo, desde el pómulo hasta la ceja.
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Re: [Pasado] La sinfonía de los huesos crujientes [Dark S. Satou]

Mensaje por Mark. el Jue Mar 24, 2016 1:44 am

Dark Satou. Menudo nombrecito. Pero anda que el de su compañera no tenía su intríngulis ni nada, la señorita Ashley Makinaki, no, Makimi... Da igual, la señorita Ashley se ganaba el premio al apellido más impronunciable que había escuchado en... ¿los últimos cinco minutos?. De hecho me estaba cuestionando seriamente el hecho de que Dark lo hubiese pronunciado tan mal que me hubiese hecho aún más complicado la labor de decirlo en voz alta. O... al menos en esa voz alta que resuena en mi cabeza.
Iba a responder con algo ingenioso (Aún no se el que, no pude ni pensarlo, pero seguro que sería ingenioso.) cuando de repente, sin alguna señal que pudiese servir como antecedente al estilo "Hey, que se va liar por aquí, ¿vale?, no os asustéis". Espera, ¿porqué ninguna pelea había empezado nunca así?, si algún día decido empezar una, primero, indicará que estoy muy borracho y segundo, la empezaré con una cordial aviso. Bueno, pero centrándonos en lo acontecido, sin alguna señal que pudiese servir como preparativo, empezó la pelea.

Mi mente se quedó congelada alrededor de un segundo mientras asimilaba lo que estaba pasando, para luego asegurarse de que no me estaba pasando a mi y terminando por deducir que si no hacía algo, probablemente me acabase por pasar. Obviamente haría algo heroico digno de ser recordado, pero en seguida comprendí lo bien que se le estaba dando eso a Dark y le dejé espacio. Retrocedí tanto que acabé con la espalda pegada a la pared del callejón. Más espacio no podía darle.

La pelea no duró demasiado. De hecho, me atrevería a decir que duró demasiado poco. Madre mía, con la puntería de Misakimi. Mierda, de la señorita Ashley. Con la puntería de la señorita Ashley no me sorprende para nada. ¡Menuda puntería!, por otra parte, también era algo... em... repulsivo, ya sabes, eso de "erase una vez un hombre a una flecha pegado, erase una muerte superlativa". ¿Se podía decir que una muerte era superlativa?. El caso, que quizá fuese por el golpe en la cabeza o por una obsesión demasiado desarrollada hacia todo lo que brille, pero aquella muerte no me causó el impacto que debería haberme causado, pero en su lugar si que hizo florecer en mi ciertas ideas que de contarlas, me ganaría el desprecio de más de una persona.

- Vaya... - fue lo que conseguí decir tras aquel espectáculo - Vaya... - repetí - Vaya, vaya, vaya... - y así es como encontré mi palabra favorita del día - Creo que al final si que vas a ser la clase de hombre al que hay que invitar a una cena antes de intentar dar una paliza. Diría que no quiero ni imaginarme lo que pasaría al no hacerlo, pero digamos también que ya he asistido a la demostración práctica...

Me acerqué lentamente hacía aquel hombre. Ahora el regusto de su nombre tenía un sabor completamente distinto. Dark Satoru, fuese quien fuese, si tal como imaginaba tenía algún problema con los tipos con los que yo tenía problemas... Já.
Me agaché frente al cadáver y por teatralidad más que nada, posé mis dedos sobre su cuello. Definitivamente aquel hombre estaba en posesión de un corazón carente de latidos.

- Esta muerto. - confirmé, por eso de que el hecho de haber un objeto atravesando su cráneo no fuese suficiente indicio, y rebusqué entre sus cosas - Por lo que... Ya no necesitará esto. - me levanté y mostré a mis espectadores una bolsita de cuero. Con un leve ejercicio de muñeca tanteé su peso, que junto al tintineo producido me permitió deducir de sobra lo que ya imaginaba.

Con un extraño brillo en los ojos, caminé hacia Dark y su impronunciable compañera.

- Espero que vuestros nombres no hayan sido más que el comienzo de la respuesta ante mi pregunta - recordemos, la de quien diablos era - , porque créeme, ahora si que tengo curiosidad. Venga, seguidme, creo que conozco el lugar perfecto.







Bueno, los silencios incómodos no siempre eran lo peor, pero definitivamente si que eran incómodos, y más cuando a tus espaldas se encontraban dos personas de esas que no quieres mirar (ni pronunciar sus apellidos) mal. Habíamos llegado a la Roca. No era una roca, no me malinterpretéis, pero así lo llamaba la gente de la zona. Muy originales no eran, la verdad. Estábamos parados frente a una puerta, con una mirilla de esas deslizables, bien cerrada. Había llamado ya tres veces, la última haciendo un uso de fuerza algo excesivo. ¿Qué diablos estaría pasando allí dentro?. Finalmente la mirilla se deslizó y un par de hermosos ojos azules se asomaron por esta. Un gutural gruñido sonó desde el otro lado.

- Yo también me alegro de verte. - dije a modo de saludo.

La mirilla se cerró y tras unos segundos de espera, la puerta se abrió. De aquellos bellos ojos solo quedaban eso, los ojos, por desgracia para ellos, eran portados por un hombre de cara deforme por las cicatrices y un cuerpo que realmente dudo que pudiese caber por aquella puerta. Al abrirse la puerta también deshizo lo que sea que usaran para aislar el sonido (sospecho fuertemente que la magia esta involucrada) y un ruido ensordecedor escapó del local la Roca. Hice un gesto a mis acompañantes para que me siguieran y entré el primero.

Recorrí un camino invisible entre las mesas, mesas que estaban rodeadas por los grupos más variopintos que uno pudiese imaginarse, e incluso de aquellos que uno no podía ni sospechar. Hombres de alta cuna sentados junto a orcos armados hasta los dientes, rameras y eruditos charlando tranquilamente sobre física mágica o lo que sea que hablasen eruditos y rameras tras unas cuantas copas, elfos y goblins animando juntos a las enanas que hacían gala de elaboradas barbas en el escenario... Lo dicho, el paraíso de lo esperpéntico. Y lo mejor de todo, que lo que se hacía en la Roca, debía quedarse en la Roca. Y cualquiera que tuviese dos dedos de frente u ojos para ver lo que había en su interior, tenía razones más que suficientes para apelar a aquel lema.

Atravesé la sala y crucé una nueva puerta, nuevamente aislada de todo ruido y por la cual había repartida numerosa cantidad de mesas. En aquel lugar reinaban los cuchicheos y no era por nada, aquí todo lo que se dijese se entremezclaba con los murmuros ajenos, convirtiéndose en el mejor sitio para tener una conversación privada. Elegí un sitio alejado del resto y ofrecí unas sillas a mis acompañantes.

- Bienvenidos a la Roca. Obviamente no es una roca, pero eso nadie debe saberlo, puesto que como reza el lema del lugar "lo que sucede en la Roca, se queda en la Roca". Ahora estáis advertidos. Dicho esto... - me recosté en mi asiento - ¿quién quiere hablar primero?
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