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Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

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Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Zor' Tahak el Lun Mayo 02, 2016 11:53 pm

Oscuridad, calor, inquietud, desconfianza… esas eran algunas de las cosas que Zor’ Tahak sentía en su camastro. Encerrado tras los barrotes como un animal de exhibición, esperando el momento en el que le proporcionan una falsa libertad pero durante la cual puede hacer lo que quiera. No sentía odio, placer, ni regocijo alguno al hundir su portentosa maza en las cabezas de sus oponentes. Él solo peleaba para sobrevivir, esperando el día en que se le presentara la oportunidad de poder acabar con aquellos que lo mantenían encerrado. No obstante aquello hacia que poco a poco que el orco se sintiera más encerrado y sus batallas por la supervivencia se volvían cada vez más sangrientas y sádicas. Quizás aquella espera lo estaba llevando a la locura.

Las mañanas siempre empezaban igual para el orco. Se levantaba y se preparaba para la lucha que tendría. A veces lo hacían trabajar de herrero pero eso no lo disgustaba pues lo ayudaba a ser mas fuerte desarrollando los músculos de sus brazos y controlando la fuerza de sus golpes. Zor’ Tahak sabía que aquel día era especial ya que había un torneo que se desarrollaría en la arena en la que residía. El dueño del orco se acercó a su jaula y le dijo. -Espero que hoy también des un gran espectáculo necesito que ganemos el evento de hoy. Quiero ver las caras de esos cabrones cuando vean que mis gladiadores han masacrado a los suyos y si encima dais espectáculo pues aun mejor. Hahahahahaha…- Rio mientras se alejaba. El orco había visto como perdían la vida compañeros suyos en eventos anteriores, pero ningún deseo de venganza o de demostrar poder se albergaban en él. Lo único que deseaba era la libertad, poder disfrutar de un cielo que no estuviera tras unos barrotes o sobre él mismo mientras lucha en la arena. Aun quedaba para eso y Zor’ Tahak no se hacía ilusiones ya que mantenía su mente fría y clara.

No tardaron mucho hasta que empezaron a sacarlo a él y al resto de gladiadores de sus celdas, el evento iba a comenzar y querían a los gladiadores listos antes de que comenzara.
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Re: Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Kraknar el Dom Mayo 15, 2016 3:43 pm

Gloria y riquezas se le habían prometido a Kraknar pero el orco carecía de tales deseos. Lo único que anhelaba eran buenos combates. Enfrentarse a verdaderos y poderosos guerreros capaces de hacer frente a un miembro de las Fauces Sangrientas. El deseo de combatir se hacía presente mientras su sangre de guerrero comenzaba a hervir ante lo que estaba por venir. Las puertas estaban a punto de abrirse. Según le habían contado, en este coliseo se encontraban los mejores luchadores de toda la zona y todos los combates eran a muerte. ¿Quizás hallaría aquí su final? Cabía la posibilidad y eso lo hacía mucho más emocionante.

-Tu compañero en este combate será otro orco. Usa un martillo a dos manos y es un formidable guerrero con una gran racha de victorias. Vuestros enemigos... no sé quienes serán, lo siento- Le explicó un gordo y opulento hombre.

Para poder luchar debía tener a alguien que lo apadrinara. Es decir, combatir en nombre de alguien. Le parecía absurdo e innecesario, pero no iba a quejarse siempre y cuando pudiera cumplir sus objetivos. Afirmó con la cabeza dando a entender que estaba de acuerdo y se preparó. No le habían dejado usar sus armas por si portaba algún tipo de veneno o químico. ¿Por qué iba a hacer eso? Una victoria como esa no era una victoria. Pero tampoco se quejó esta vez. En su lugar le otorgaron un escudo más viejo que el propio coliseo y una espada que no estaba en mejores condiciones. Tampoco le importaba. Finalmente se levantaron los barrotes permitiendo que entrara a la arena.

El público gritaba y clamaba por sangre. A Kraknar no le entusiasmaba que hubiera gente mirándolo. Cuando combatía desconectaba del mundo y se concentraba al cien por ciento en ello. Pero en este caso perdía esa intimidad, ese mundo a parte del que tanto disfrutaba. Pero si no había más remedio... Pisó la ardiente arena y observó a sus enemigos. Todavía no habían salido. Aunqe tampoco su compañero. Había sido el primero en entrar y todos lo observaban con atención. Era el nuevo, el respiro de aire fresco. Sería una decepción o alguien a quien clamar dependiendo de cómo actuara porque, después de todo... no era más que una actuación... ¿no? No para él.
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Re: Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Zor' Tahak el Jue Mayo 19, 2016 10:58 pm

El orco fue llevado hasta la entrada a la arena, allí le esperaba el martillo que había empleado en múltiples batallas. Aun tenía restos de la sangre de las víctimas que habían sucumbido ante él. Zor’ Tahak agarró el martillo y empezó a mirarlo. La empuñadura de cuero estaba desgastada por el paso del tiempo y por todo el martillo había abolladuras. En algún momento en el que estuviera en la herrería tendría que forjarlo desde cero o intentar dejarlo lo más nuevo posible. Un guerrero que perdiera la funcionalidad de su arma durante un combate quedaría indefenso, y en la arena aquellos gladiadores que no tuvieran un arma que aguantara la adversidad de los combates pagarían caro el no mantener en buen estado sus armas.

Una vez terminó de revisar su martillo se preparo para salir a la arena, pero de nuevo su “dueño” vino a darle algunos detalles. –En este combate pelearas contra otros gladiadores, son de ese miserable de Elvior Wourst. No hace falta que te contengas ya sabes que durante este evento todos los combates son a muerte así que disfruta. Ah, por cierto. Tendrás un compañero que te ayudará en la arena, es un orco como tú. Espero que estés contento de pelear junto a alguien de tu misma raza, jajajajaja…- Zor’ Tahak no se iba a contener. Para él, aquellos que se hacían llamar guerreros y no aceptaban su muerte cuando resultaban vencidos no eran más que escoria. Un auténtico guerrero debía saber que su vida estaba en manos de su vencedor que sería quien decidiría si vivía o moría. El orco sentía deseos de arrancarle la cabeza a aquel hombre, pero le había mantenido y lo había entrenado para ser un guerrero en la arena. No le gustaba recibir órdenes o sentirse como un animal enjaulado, pero sentía que le debía algo a su “dueño” y que para pagárselo debía hacer lo que le dijera.

Finalmente atravesó la puerta que daba a la arena, el lugar de múltiples luchas y donde había dado muerte a muchos gladiadores. Ahora se veía otra vez en aquel lugar para librar otra batalla, si vivía o moría no era algo que le importara. Si perecía lo haría aceptando su destino. Vio que su compañero estaba también ya en la arena. La idea de un compañero le molestaba, sentía que no confiaban en sus habilidades y que no sería capaz de sobrevivir si no era ayudado. Se fijó en que el orco no tenía colmillos, y estaba tuerto. Portaba un escudo bastante ruinoso y una espada de las más viejas. El orco se sintió ofendido ya que le habían puesto de compañero a un tullido, que encima parecía que le habían dado el peor de los equipamientos. Si sobrevivía, Zor’ Tahak pensó que le forjaría una espada y un escudo en optimas condiciones. Si tenía que llevar un compañero por lo menos quería que no fuese con un pedazo de hierro que parecía que empezaba a oxidarse.

El coliseo estalló en gritos cuando el comentarista comenzó a anunciar a los peleadores. –Señoras y señores, ricos y pobres, os presento a la primera de las parejas que pelearan hoy para vivir un día más. A uno ya lo conocemos, Zor’ Tahak también conocido como el monstruo por los numerosos combatientes que ha vencido en la arena y a los que ha dado muerte con sus propias manos. El otro es una nueva incorporación, esperamos que sobreviva a este combate o que si muere que de espectáculo al menos. A continuación entraran la pareja que peleará contra los dos que ya están frente a ustedes. Son los hermanos Morti, también conocidos como los hermanos relámpago. Esperemos que el combate merezca la pena.- Mientras el comentarista presentaba a los rivales de los orcos estos entraron a la arena también por separado y puertas diferentes. Ambos tipos llevaban armas que podían usar a muy corta distancia, ya que uno llevaba un katar y el otro unos puños de acero con púas. A simple vista se diría que ambos eran diestros en combate cuerpo a cuerpo por lo que habría que tener cuidado.
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Re: Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Kraknar el Sáb Mayo 28, 2016 4:33 pm

Tras él, llegó al escenario otro guerrero. Un orco de aspecto fuerte que portaba un enorme martillo. Ojalá ese fuera su rival, sin duda sería un combate de lo más emocionante. Alguien hizo una presentación y los rivales contra los que lucharían salieron a la arena Kraknar los observó atentamente. Sus armas no eran comunes y pocas veces se había enfrentado a alguien que las portara. Debía tener cuidado o podrían sorprenderle. Aunque no eran herramientas que permitieran mantener las distancias pues ambas parecían ser de muy corto alcance. El escudo le otorgaría cierta ventaja contra ellos, aunque también crearía un punto ciego y una carga en su brazo izquierdo.

-Espero que sea un buen combate- Le dijo a su compañero.

Esa, podría decirse, había sido su forma de saludar a aquel que combatiría a su lado. No conocía las tradiciones de este lugar ni había participado nunca en otro coliseo, por lo que esperó a que alguien dijera o hiciera algo. Finalmente sus enemigos se abalanzaron a por ellos. El primer paso siempre era el más importante, justo después del último, y ellos ya lo habían dado. Estaban sedientos de sangre y su hostilidad podía verse perfectamente. Eso jugaría en su contra pues si no sabían controlarse perderían casi al instante. El orco preparó su escudo para recibir un envite y devolverlo con fuerza. Si todo salía bien un único movimiento sería necesario.

Hacia él fue el hombre que portaba los guanteletes espinados. Saltó, supuestamente para tener mayor potencia, y trató de encajar un golpe directo a Kraknar. ¿Eso era un ataque? ¿Contra alguien con un escudo? Recibió el golpe con la protección y escuchó cómo la madera crujía. Maldición, esa basura no aguantaría demasiado. Pero tampoco sería necesario. Levantó el brazo de la espada directo a las costillas de su contrincante y... este agarró la hoja con la mano. El guantelete era de hierro o acero, lo que le permitía detener el ataque sin cortarse. A Kraknar no le dio tiempo a reaccionar y perdió el arma que fue lanzada lejos de ellos.
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Re: Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Zor' Tahak el Jue Jun 09, 2016 5:03 pm

Mientras estudiaba a sus enemigos oyó a su compañero decir que esperaba un buen combate. Zor’ Tahak no sabía si lo estaba diciendo en serio. ¿Cómo podría un tuerto sobrevivir a La arena? El orco se limitó a decir. –Intenta no morir, si no damos espectáculo nos matarán aunque no perdamos.- Para Zor’ Tahak solo veía debilidad en su compañero, pero quizá su juicio había sido precipitado. Las reglas de la arena eran bastante duras, pero eso aseguraba que sus resultados y el espectáculo fueran los mejores.

De pronto la pelea comenzó y sus enemigos se abalanzaron sobre ellos. En el caso de Zor’ Tahak su rival era más rápido que él, sin embargo eso no significaba que su pelea estuviera decidida. Su enemigo comenzó con una cadena de golpes que el orco no podía hacer más que esquivar o bloquear con su martillo. Al verse acorralado tuve que ingeniárselas para hacer retroceder a su enemigo, por lo que trató de dar una patada en las piernas a su rival aunque este lo esquivó. Sin perder tiempo Zor’ Tahak lanzó un golpe con su martillo contra el torso de su oponente, a lo cual este intentó protegerse con sus katares. El golpe hizo que una de sus manos se desplazara hacia atrás partiendo así su mano. El hermano Morti al que se enfrentaba ahora no podía usar una de sus manos por lo que estaría en desventaja.

Entonces el orco vio como la espada de su compañero salía volando. Sin pensárselo 2 veces Zor´Tahak cogió el katar que su enemigo había perdido y lo tiro al suelo en dirección donde estaba su compañero. –No es una espada, pero será mejor que pelear con los puños. Avísame si necesitas ayuda.- Acto seguido Zor’ Tahak se lanzó contra el oponente del brazo roto con su martillo preparado. Si acababa rápido con él, el combate se volvería un 2 contra 1 y estarían en ventaja.
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Re: Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Thul'urk el Dom Oct 23, 2016 2:07 pm

Por fin había llegado a mi destino, el coliseo. Según los rumores, cogían a cualquiera que quisiera entrar a luchar y si por un casual no tenían a suficientes luchadores, secuestraban sin piedad para poder rellenar los huecos que tenían. Mi caso fue algo diferente. Tras verificar que aquel era el lugar que estaba buscando, fui andando a la puerta principal y me ofrecí voluntario para participar como luchador. En un principio los que llevaban todo aquello duraron de mis palabras, e incluso pensaban que podía ser un guarda. Pero tras ver bien mi apariencia y comprobar que no estaba loco, aceptaron mi ofrecimiento. Al momento me despojaron de mis armas y armadura, dejándome únicamente los guanteletes. Suerte que en ellos tenía las hojas ocultas, armas que al parecer no se dieron cuenta que poseía. En ese momento uno de los guardas me dio un escudo de madera bastante maltrecho y una porra de madera con la parte superior de metal. No eran gran cosa pero sería suficiente para acabar con lo que se pusiera por delante o al menos eso esperaba. El hombre gordo se empezó a frotar las manos. Un luchador había llegado a sus puertas y les había pedido combatir sin pedir nada a cambio, que loco se negaría a aceptar semejante trato sabiendo que con ello podría llenarse los bolsillos de oro sin gasta nada. Lentamente entré al coliseo mientras me percataba que los demás luchadores que me encontraba por el camino se me quedaban mirando. Podía ser por mi piel algo rojiza, inusual en orcos, o por el ojo derecho que tenía un brillo rojizo. Fuera como fuese me daba igual que me observaran. Yo había ido a aquel lugar a ganar experiencia en combate, tal y como padre quería.

Al entrar en aquel enorme edificio, comencé a oler un hedor insoportable. Una mezcla entre sangre, excrementos y sudor, algo que provocó que gruñera levemente por lo de desagradable que era. Pero no debía de preocuparme por ello, pronto saldría a la arena y la sangre que olería seria caliente y fresca. Mis pensamientos quedaron interrumpidos cuando un humano bastante gordo acompañado por dos guardas comenzó a hablarme.

- ! Tú, orco! Ahora que has entrado en la arena me perteneces que no se te olvide. Para salir de aquí tendrás que pagar el precio por entrar. No es habitual que alguien se presente voluntario en el coliseo así que espero que des lo mejor de ti y no nos defraudes, o si no, tendremos que… darte un escarmiento. – Comenzó a decir en modo chulesco y prepotente. En ese momento empezó a reírse con sus guardas.

- Si me das sangre, no derramare la tuya humano. Ahora indícame donde tengo que esperar para mi combate. – dije fríamente mirándolo. De repente me encadenaron las manos y los pies. Y en ese momento el gordo enfrentó su mirada a la mía.

- Si me das espectáculo te daré toda la sangre que quieras. Llevadlo a su celda. – terminó diciendo, mientras se alejaba con aquel tembleque de sus carnes flácidas.

Un vitoreo en la arena me indicaba que una pelea estaba en proceso, por lo que de camino a mi celda mire por una de las ventanas con barrotes que daban a la misma. En ella había dos orcos peleando, uno con una espada y un escudo y otro con una maza a dos manos. Aquello me pareció interesante por lo que me quedé observando un poco más. Agradecí en ese momento que el guarda que me estaba llevando a la celda le gustara como peleaba uno de ellos, lo que provocó que no tuviera ninguna prisa por encerrarme. Parece que su favorito era el orco con la maza, que al parecer llevaba más tiempo en aquel lugar, así que no le quitaría ojo de encima por si tenía que pelear contra él. Otro vitoreo hizo que girara rápidamente la vista hacía el otro orco, el cual acaba de perder la espada, lo que vaticinaba que para él el combate estaba llegando a su fin o al menos era lo que parecía. En pocos segundos las cosas cambiaron levemente, el orco de la maza desarmó de una de las manos a su oponente, arma que lanzó a su compañero para sustituir la espada perdida. – mmm, interesante – pensé mientras el guarda comenzaba a empujarme de nuevo.

- Espera, espera. –
Grito el gordo humano con el que había hablado hace un momento.-Entraras ahora orco. Normalmente no puede entrar nadie cuando empieza una pelea, pero he movido unos hilos y podrás entrar. – me dijo mirándome con una sonrisa, mientras se acercaba a mi lado. – No te confundas orco, no lo hago por tus ansias de sangre, lo hago por las mías, quiero verte morir. – dijo riéndose al momento e indicando a los guardas que me llevaran a la puerta.

Tenía suerte de que estuviera encadenado, porque si no, me hubiera lanzado a arrancarle a bocados su piel grasienta. Apreté los dientes para contenerme y seguí el camino que me estaban indicando. Por lo escuchado, sabía que el coliseo era un nido de ratas y buitres que hacían cualquier cosa para sacar beneficio, pero aquel tipo estaba en la parte más alta, y sería el primero de mi lista cuando quisiera dejar aquel lugar.

- Señoras y señores. Por primera en el coliseo se va a permitir que dos luchadores, uno por bando, se incorporen a una pelea ya iniciada, por lo que se habrá derramamiento de sangre asegurado. Por el bando de Zor’ Tahak y Kraknar, tenemos a un orco de piel rojiza que ha entrado voluntariamente en el coliseo para derramar sangre. Esperemos que no caiga en el primer choque. Por otro lado. ¿Qué es eso? Si, habéis adivinado, sonidos de tambores. El gran Borug será el rival asignado para entrar a la arena. Parece que este orco ha cabreado a alguien para hacer que Borug salga a luchar. Con 150 kilos de puro musculo y dos metros cincuenta, el audron rompe huesos. Borug el destructor.- Tras anunciar al audron el público enloqueció, parecía que aquel tipo era un hueso duro de roer, algo que hacía que quisiera salir con más ansias.

Las rejas para entrar a la arena comenzaron a abrirse mientras calentaba para la lucha. Casi en el centro, todavía estaban peleando los dos orcos que había visto desde la ventana. Cosa que no preocupó, ya que viéndolos pelear podía comprobar que tenían cierta experiencia, uno más que otro, así que no sucumbirían ante sus enemigos. – Venga, sal ya – Me dijo el guarda quitándome los grilletes. Gruñí mientras lo miraba fijamente y salí a la arena. Al salir el solo comenzó a calentarme levemente, ya que mi corazón ya estaba bombeando con fuerza y estaba ardiendo por dentro por empezar a pelear y destruir a mis rivales. En ese momento levante el arma que me habían dado mientras me encaminaba al lugar donde estaban peleando mis compañeros, iba siendo hora de acabar con esos dos que estaban dando problemas y centrarnos en el premio gordo.

Por el otro lado, tras abrirse la reja, Borug salió con rapidez y se paró en seco. Miró al público y levantando su arma, una gran maza de un metro y medio con pinchos desde la mitad hacía arriba, y comenzó a chillar. Aquello provocó aún más vítores de los que ya estaba recibiendo. Supongo que todo era por el espectáculo. Tras girar sobre sí mismo un par de veces, se plantó en dirección a la trifulca y comenzó a andar lentamente hacía allí. Aparte de la gran maza estaba completamente enfundado en una armadura de hierro de cintura para abajo con una placa metálica en el pecho, además de un casco que le cubría casi toda la cabeza. Los brazos estaban cubiertos con una armadura de cuero y tenía aparte de su arma unos nudillos de hierro en sus mano. Ya estaba impaciente por entrar en combate con él, pero antes debíamos vencer a los otros dos.
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Re: Las fauces que rompieron las cadenas [Privado][Zor' Tahak y Kraknar]

Mensaje por Kraknar el Vie Nov 04, 2016 11:32 pm

Perder la espada había sido un error más que grave. Podía, literalmente, costarle otro ojo de la cara. O incluso la vida. Ambas opciones se antojaban igual de indeseables y desgradables. Debía pensar rápido  actuar aún más veloz si quería cambiar las tornas. Aunque... ¿se habían decantado hacia algún lado? Aun conservaba su escudo y eso debía ser más que suficiente. Sí, sin lugar a dudas para él lo sería. Pero su compañero de equipo no parecía pensar lo mismo. Le arrojó un arma, pero si no podía ganar con lo que tenía no merecía la victoria. Rechazó el arma en silencio y se preparó para un nuevo ataque.

Su rival golpeó con puños encontrándose con el escudo y quebrándolo aún más. El reborde metálico no serviría de nada si lo rompía por el centro... ¿o sí? La mente de Kraknar brilló por un instante. Todo había terminado. Encajó el puño izquierdo de su enemigo con su mano desnuda y profirió un grito de dolor. Las púas del guantelete se incrustaron en su piel haciéndolo sangrar y provocando calambres y escozor. Pero cuando sufría algún daño se hacía más fuerte. Apretó con la mano con potencia aferrándose al arma que lo dañaba e inutilizándola. Su contrario, al sentir la inmovilización trató de golpear con el otro puño. Craso error que le costaría el combate.

Kraknar solo necesito desviar el golpe con el escudo y aprovechar la propia trayectoria de aquella herramienta defensiva que se había convertido en ofensiva. La dirigió con tanta fuerza como pudo hacia la garganta de su rival partiendo la nuez de este y haciendo que un sonido gutural se desprendiera pro su boca. Faltaba poco para que se ahogara en su propia sangre, aunque no sería una muerte muy digna para un guerrero que le había ofrecido tal combate. Posó sus dos manos en la cabeza del herido y la giró con fuerza y velocidad partiéndole el cuello.

Miro hacia atrás. Estaba tan concentrado en su combate que no se había dado cuenta de que había dos nuevos integrantes. tampoco había escuchado al anunciador. Aunque, debía suponer que el que salía por la misma puerta que él sería un nuevo compañero y el gigante de la puerta contraria sería... un nuevo enemigo. Anduvo tranquilamente hacia su espada. El escudo no aguantaría ni una sacudida más por lo que lo tiró al suelo y se preparó a luchar solo con la hoja. Aunque, quizás, los dos combatientes nuevos debían enfrentarse entre ellos. Kraknar no conocía las reglas de aquel lugar.
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