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Fairy Tail Chronicles


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Lianne Luneil ~

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Lianne Luneil ~

Mensaje por Lariel el Lun Mayo 16, 2016 10:18 pm

Nombre: Lianne Luneil

Apodo: Lariel, Aelini.

Edad: 27 (Su mente posee recuerdos más allá de los 2000 años)

Poder: Magia.

Estadísticas: ~

Raza: Elfo.

Sub-Raza: Viajante Espiritual.

Profesiones: Recolector (Herborista)-Alquimista(Curandero).

Armas: Usa principalmente un látigo aguamarina que asemeja la sutileza del agua y así mismo la furia de la misma. Por otro lado, es especialmente hábil (Para ser un Elfo) con armas que requieran agilidad y destreza, como es una lanza. La primera siempre la lleva entre sus ropajes, en cambio la segunda, es solo en caso de encontrarle tirada en algún lugar o entrenamiento donde se le otorgue.

Gremio: Aventurero.

Foto o dibujo:

Su Apariencia:


Descripción física: Lariel es una bella joven que posee una apariencia no superior a los 20 años, curvilínea, pero aun así más bien delgada y nada prominente; de una estatura promedio, no superior a las 1.62, siempre anda descalza así que su altura es más bien notoria a simple vista, aunque lo que más llama la atención de ella es su aspecto más bien irreal, de un largo cabello azul que suele arrastrar por dónde camina, ropajes cómodos y en algunos lugares holgados, pero que se adaptan perfectamente a su cuerpo, un velo que cubre sus orejas, y a veces su rostro, además de gran parte de su cabello y espalda. Unos ojos de un maravilloso color miel que resplandece con todo a su vista, unos labios rosa suave, y una piel nívea; unos guantes que llegan hasta sus codos y adornos dorados en sus ropajes que utiliza por mero gusto, la mayoría herencia de su madre, abuela, y así.

La mayoría del tiempo utiliza ropas blancas, otras veces, azul oscuro para alternar, siempre lleva entre sus ropas diversos objetos y un morral blanco que no se logra distinguir cuando ella camina.

Descripción psicológica:

Para describir a Lariel, solo hay una forma de hacerlo, exótica; su caminar es una danza, y sus palabras suelen ser una canción, por eso las reserva para ocasiones especiales, así es, Lariel no suele comunicarse con palabras, sino con acciones y leves movimientos de sus manos y pies, ahora se entiende porque sus ropas suelen ser tan estrambóticas, sino ¿Cómo más se va a comunicar si no le ven? De hecho, es fácil perderla de vista ya que como su niñez fue la de un típico elfo, suele distraerse fácilmente en las ciudades, sonriéndole a todo y curioseando de un lugar a otro. Así que, si andas con ella, lo mejor es tener cuidado de que no se te escape de las manos, es tan libre como el viento, tan frágil como el botón de una flor, y tan segura de sí misma como la montaña. Es inocente, muy inocente, y eso es debido a que el engaño solo se encuentra en sus memorias, el temor en su espina, y el mundo real más bien en un plano astral, nunca ha vivido las malas situaciones de la vida en carne propia, solo en sus memorias, por lo cual, le cuesta desconfiar de la gente.

En sus memorias hay de todas clases de actos profanos, de bondad y de amor, pero ella busca aquello donde muchos no lo ven, abandonó su hogar con el único afán de encontrar bondad en donde usualmente solo hay terror y horrores profundos, y así mismo, en donde todos ven un santo, ella encontraría un demonio, porque para ella el mundo no es solo negro y blanco, ambos es lo que les componen, y su meta final es hacer el mundo un lugar donde no se niegue la maldad, ni donde la bondad sea adjudicada a santos.

No es una persona vergonzosa y está dispuesta a hacer de todo para sobrevivir, no le molesta exhibir su cuerpo si tiene una buena razón para ello, pero no entiende el deseo carnal descomunal de muchas otras razas. Para ella besar puede ser un saludo, así como una caricia un acto de amor eterno, todo depende de la forma en que se haga, hasta el vuelo de un ave puede ser infinitamente especial.

Gustos:

~Los té de hiervas, panecillos dulces y pasteles, frutas y verduras frescas, carne recientemente cazada, agua de los manantiales.
~El frio y el calor, la lluvia y los días soleados, ella acepta ambos como parte de un ciclo y los disfruta a viva voz.
~Caminar descalza, y usar zapatos cuando el piso suele estar sucio.
~Las camas de las civilizaciones humanas, dormir en higueras está bien, pero le fascina el roce de las sabanas sobre su piel.
~Dormir y bañarse en lagunas, desnuda ambas.
~Cantar y bailar, ambas son actividades dentro de su fuerte.
~Las flores y árboles, cuidar de ellos, y vivir en las cercanías.

Disgustos:
~Aromas demasiado fuertes y muchas veces desagradables, como el sudor de tres días o la basura acumulada.
~El derramamiento de sangre innecesario.
~Disputas sin sentido alguno.
~Ladrones.

Historia:

Muchas veces las historias van más allá de solamente el pasado de una persona, desde siempre no he sido una única alma, a pesar de solo estar en la ínfima edad de los 27 años, mi historia es tan antigua como las hojas del Gran Árbol en la cual duermen nuestros antepasados; como muchos Elfos nací en las riveras de un maravilloso bosque, en el Oeste de Dyscordia, es un buen lugar para crecer, el verde lo cubría todo, desde la gran madre tierra que pisábamos, hasta las copas de los árboles que cubrían el cielo, que realmente no recuerdo que fuese azul. Desearía que mi historia comenzara ahí, hace no mucho, donde mi yo era realmente lo que todos ven, una pequeña y frágil elfo que jugaba en los manantiales deseando crecer para así conocer el mundo, más allá de mi entorno natal, lamentablemente, mi primer recuerdo, es el calor de las brasas de la guerra.

Correr, el humo, la toz que desgarraba desde lo profundo de mis pulmones, siento el sabor de una fruta desconocida, y el temor que sembraban aquellos que nos debían proteger; el amor de nuestro padre, de nuestro protector, y el cálido arrullo del Gran Árbol. No puedo decir más, luego, otro recuerdo le superpone, la luz que arañaba mis ojos luego de un sueño que se suponía eterno, el desconcierto al oír voces en mi mente, recuerdos que sé no son míos, y el valor para recorrer los alrededores, deseando asentarme junto a los míos en ese maravilloso lugar, confiando en un mañana. Luego, el dolor, la muerte, la necesidad de cambiar de hogar.

Sería curioso el hecho de que muchos siempre han deseado conocer lo que hay más allá de la muerte, yo recuerdo lo que es morir, no hay nada, solo soledad, solo oscuridad, y el descanso eterno, en la espera de un disturbio. También se lo que es el nacimiento, vivido una y otra vez en mis recuerdos, sin embargo, no recuerdo el mío, me han contado sobre la lluvia y la inquietud del rio, no puedo recordarlo, pero confío a fe ciega en mi gente, en mi madre, en mi anciana abuela, en mi bisabuela, en mi tátara abuela, en mi gente en general. Una niñez normal, o lo que logro recordar sobre ella, bellas mariposas, el césped crecer de forma salvaje, los arboles cantar una tierna canción, las raíces que nos unen a todos nosotros, y por supuesto, la magia; no hay una edad en la cual se puede decir que se manifieste en nosotros, tampoco es como si se pudiera enseñar, o imponer, solo fluye a través de todo lo que somos, al menos así sucedió conmigo.

Algo de mí, lo que yo soy, magia elemental de agua, siempre fue mi fuerte, por así decirlo, a la pequeña edad de cinco años, sentía aquel elemento como una parte fundamental de mi cuerpo, una extensión, una amiga a la cual siempre podía recurrir, manteniéndole en mi corazón la mayor cantidad de tiempo posible. A la triste edad de seis años, algo más se manifestó en mí, el mundo del pasado, donde transcurría la muerte, algo más allá de lo efímero, donde el yo pasaba a un plano totalmente distinto, mi madre me llamó Lenn, en nuestro idioma es sería como un viaje, un camino, alguien que caminaba entre lo efímero y aquello que se preservaba más allá, yo poseía la habilidad de volverme un espíritu. No puedo decir cómo me sentí en aquel momento, lloré, y por primera vez le pregunté a aquellos que me rodeaban, a mi familia, a mi pequeña troupe, por qué las voces del pasado eran tan tristes y sus recuerdos se negaban a dejar este mundo, aquel día aprendí algo más, no solo era un Lenn, o un viajante espiritual, era también Milithrag, una recolectora de los recuerdos de la tierra, nuestra tierra, nuestros recuerdos, pasados por los Elfos caídos desde hace milenios; por suerte para mí, solo es un legado de la tierra, nada más y nada menos, me decían, debería aprender a vivir con los recuerdos de los otros, como si fuesen míos, pero nunca dejando atrás mi propia existencia.

Cómo podría explicárselos, para nosotros, en nuestra condición de inmortales, es muy difícil dejar de ser, o ser, siendo tan comprometidos con la tierra, y odiando específicamente las disputas, que uno de nosotros caiga no suele ser, normal, no suele ser agradable como la vejes, o la muerte a través del sueño, suele ser doloroso, sacrificado, más allá de algo esperado, el fin de nuestra vida es el luto para muchos. En mi memoria, las muertes iban desde una cruel enfermedad, hasta los vestigios de guerras en otros lares que nos alcanzaban injustamente -Al menos, así era en mis recuerdos, mi gente siempre fue totalmente pacífica y soñaba con ser mediadora en los grandes lugares- más allá de lo que quedaba, estaba todo lo que se iba, en mi memoria yo encontraba, la crueldad y la desolación que ningún elfo joven debería conocer jamás.

Al cumplir 10 años, me apodaron Aelini, bajo el cuidado de la lluvia me entregué a la troupe, a la naturaleza y al mundo más allá de nosotros; fue una maravillosa ceremonia, muchos jóvenes, al igual que yo, fueron apodados según su personalidad, su centro y, bueno, la cordura de nuestra Gran Madre de aquellos momentos, una gran mujer, una fuerza mental indomable, pero creía que los años le habían pasado algo la cuenta. Yo la verdad, no conozco las costumbres de los Elfos en otras partes, a menos en mi hogar, las riveras, poseemos tres diferentes nombres, el primero es aquel que conserva nuestro linaje y nuestra primera identidad, el segundo, aquel que nos corresponde por quienes somos, en nuestro idioma natal y dado por nuestra cabecilla del clan, y el tercero, pero no menos importante, aquel que nos dábamos nosotros mismos, aquel que me otorgué, fue Lariel. Muchos pueden pensar que diez años no era suficiente para comenzar a ser un adulto, pero el tiempo para los elfos es distinto, no hay prisas, pero tampoco hay porque esperar, siempre seremos quienes somos, desde nuestra corta edad hasta la infinidad que nos depare Helas.

En cuanto cumplí los 17 años, ya era capaz de sobrevivir sola, en el tiempo con mi tribu me especialicé en la alquimia y la herbolaria, soy especialmente buena con armas a distancia (Como la mayoría de los elfos he decir) y no una maestra con la lanza, pero sabría defenderme; en la altura de los árboles, junto con el arrullo de sus copas, pasaban mis días observando los horizontes, soñando con ir más allá, pero con un objetivo totalmente distinto a la mayoría de los aventureros que osaban a salir de casa. Cuando cerraba mis ojos, lograba escuchar muchas cosas, además del canto de las aves, estaba el susurro de las eras pasadas, los cuales me decían que todo, absolutamente todos poseían bondad en sus corazones, y que así mismo, todos podían ser absorbidos por la oscuridad; cuando tenía 15 años, comencé una práctica de autocontrol para no sucumbir ante mis miedos, ni ante las voces…Debo decir que era algo realmente difícil, pero con el tiempo uno se siente capaz de poder pasar un día sin malos pensamientos, y así, por meses, ahora yo cumplía un año de haber dejado aquel estado atrás, y las voces volvían para carcomer mi conciencia.

Que te invadan las voces y pierdas la concentración puede ser peligroso, debido a que principalmente, el ligue de tu alma y tu cuerpo es tan frágil, que me tomó toda mi infancia el no levantarme luego de una siesta siendo solo un alma; perderse es fácil, asustarse es fácil, ser un alma, no, no es fácil, y más aún cuando en tu mente solo llega el grito desesperado de ayuda…La muerte que me persigue usualmente, es el de una mujer, creo que la mayoría son voces de mujeres, pero ella, se ahogó en situaciones extrañas, en alta mar, lejos de nuestro hogar, siento la falta de aire, siento el dolor de mis pulmones, y luego, nada.

-Lariel-Escuché en lo bajo de los árboles, una voz conocida, mi madre, pestañeé, inspirando profundamente en busca de aquel ansiado aire que uno de nuestros ancestros jamás tuvo por última vez, abrí mis ojos y sonreí, dejé caer mi cuerpo hacia atrás y deslizándome por las ramas toqué el césped que nos rodeaba; ahí se encontraba mi bella madre, nunca le había preguntado su edad, pero era tan hermosa como el resto de nuestra tribu. Ella poseía un hermoso cabello verde, al igual que sus ojos, era alta y agraciada, y nunca escondía sus orejas, no así como muchos de nosotros, criados para abandonar las riveras, que solíamos cubrírnoslas-Siempre te quedas mirándome como una Khele, por qué no mejor haces algo con la tribu y vamos a recolectar-

Me encogí de hombros y asentí, sosteniendo entre mis manos una canasta echa por ella misma, sonreí y avance a un paso suave tras ellas; al contrario de lo que muchos pensarían, el bosque y la rivera siempre estaba animada, con las risas de los niños y las actividades de los adultos, al contrario de las grandes ciudades elficas, los bosques eran más bien una junta constante, no nos separábamos mucho, el amor florecía a cada instante, la naturaleza nos acompañaba, al igual que las risas y los bailes, era realmente alentador vivir en un lugar así. Aunque, como siempre, al compás de mi caminar, podía escuchar los vestigios del pasado recorrer mi espina, lamentos, risas, sabores diferentes, más allá de mi hogar.

¿Por qué les cuento este pequeño fragmento de mi vida? Si parece sin ninguna importancia, pues, aquella noche, anuncié a mi madre, a madre, y a toda la tribu en general que emprendería un viaje, aun no decidía la fecha de mi partida, pero que me prepararía para eso; me observaron, asintieron, y me levante de mi puesto usual caminando hacia el bosque, lista para comenzar un largo camino de preparación -a mí me tomó siete años estar lista para salir del bosque- durante esos siete años, me entrené en soledad, mentalmente -y casi nada físicamente- para lo que me deparara aquella aventura, estaba asustada, si, y emocionada también, pero lo que realmente deseaba, era por fin comprender a aquellas voces en mi cabeza, recorriendo toda Dyscordia como se debía, con mis pies y mi alma, y no solo entre historias.

Al cumplir veinticuatro años, me monté en el caballo de un comerciante y me alejé hacia mi primer destino, la ciudad del rey, no fue una mala experiencia, aprendí mucho, el cómo las ropas te hacen lo que eres, lo que se espera de un elfo en el mundo, lo que somos y un millar de historias sobre otras razas. Pasé dos años en la biblioteca de aquel lugar, no mucho la verdad, podría haber estado ahí cien años y seguiría sin estar preparada, pero la juventud es así, impaciente, yo era impaciente. Al cumplir los veintisiete años, ya me encontraba lo suficientemente lejos de mi hogar como para sentir nostalgia, el punto era que, no sabía dónde me encontraba parada, ni a donde debía ir.
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Re: Lianne Luneil ~

Mensaje por Alex el Mar Mayo 17, 2016 10:37 am

Una ficha realmente buena, me ha encantado. Lo cierto es que en este foro no había visto nunca factible una idea como la de los Milithrag, pero me ha gustado tanto tu historia y cómo lo has explicado que vamos a permitirlo. Eres la primera Milithrag del foro, enhorabuena.

Solo falta algo, el arma debes elegir una sola que se te entregará. El resto puedes comprarlas en la tienda o conseguirlas en roles. Deberás pasar una imagen de dicho arma para que te la podamos poner en el inventario. Puedes volver a postear aquí o enviarme un mensaje privado.

Recibes 1.000 áureos de inicio, de los cuales se te restarán 500 si decides tener un arma personalizada (imagen especial)
Pásate por el censo para dejar constancia y que se te ponga el color:
http://www.seedsofdyscordia.com/t549-censo-marzo-abril-mayo#3048
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