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Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

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Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Mar Mayo 17, 2016 11:42 pm

El olor a mar junto al graznido de las aves que sobrevolaban la isla hicieron que poco a poco fuese tomando consciencia de que una nueva mañana estaba por llegar. Me mantuve varios minutos en la cama, consciente de que en algún momento habría de levantarme. Empezaba a agradarme aquel repugnante olor a pescado y las gentes de la ciudad. Pero más aún me había enamorado de un lugar, la Roca, mi actual hogar. Por vicisitudes de la vida, la relación que poseía con mi último benefactor había terminado estrepitosamente mal y rumores sostenían que pronto saldría a la luz una, quizá no demasiado suculenta, pero si lo suficientemente atrayente cantidad de dinero por la que intercambiar mi cabeza. Algo que por cierto, no me hacía ni pizca de gracia. ¿Y hay más agradable que encontrar un reducto de paz en donde se condensa lo mejor y lo peor de la sociedad de las islas?, un lugar donde molestar demasiado a alguien podía suponer que jamás volvieses a escuchar de ese emplazamiento y que semejante castigo fuese temido por todos y cada uno que frecuentaba estos lares. Un lugar idóneo donde se refugiaban ricos y ladrones, y en donde por las noches brindaban sin temer por la cartera o la vida.

No hacía falta que dijese más, era un paraíso. Mi paraíso. Acabar en aquella isla había sido lo mejor que me había sucedido desde que tuve que huir del norte. Que a ver, la travesía a borde de aquel extravagante bote también había sido toda una experiencia, pero nada comparado con la vida que estaba llevando ahora mismo. Había conseguido estafar, no pagar mis deudas y protegerme de las repercusiones en aquel lugar, por solo un módico precio la noche que debido a mis recién adquiridos ingresos, no me importaba pagar.

Por fin abrí los ojos. Disfruté de las vistas del techo de mi habitación. Entonces noté el olor. Giré mi cabeza. El lado derecho de mi cama estaba revuelto y vacío. La almohada olía a hierbas frescas. Nada parecido a los olores de la isla, y mucho menos al mío propio. Allí había dormido otra persona. Hice memoria. Recordaba todo lo sucedido la noche anterior y nadie subió conmigo. Tampoco bebí lo suficiente como para poder olvidarlo. Aquí pasaba algo extraño. Al comprenderlo me incorporé de inmediato, pero me frenó un agudo dolor en mi brazo derecho. Cuando fijé mi vista en este, me lo encontré para mi sorpresa vendado desde la muñeca hasta el codo y unos arañazos salían disimuladamente desde debajo de la venda hasta casi la altura del hombro. Tuve que resistir la tentación de mirar bajo la venda, cuando al tocarla me invadió una oleada de dolor en el brazo.

- ¿Qué cojones...? - murmuré totalmente desconcertado.

Aparté la sábana y examiné el resto de mi cuerpo. Intacto. Incluso llevaba ropa. Eso ayudaba a descartar un par de opciones. Me levanté de la cama. Noté que debía tener otra herida en la espalda. A duras penas me las arreglé para palparla con el brazo izquierdo y deducir, aún más desconcertado de que estaba cicatrizada. ¿Una herida pasada de la que no recordaba nada?. Inmediatamente me vestí y salí de la habitación. Había pagado en un principio por dos semanas de hospedaje y tenía todas las ventajas que aquello me ofrecía en la Roca. Incluyendo un vigilante en los pasillo, uno, con algo de suerte, lo suficientemente avispado como para haber percatado algo fuera de lo habitual que a mi se me hubiese pasado por alto. En cuanto encontré a uno, exigí saber los nombres de aquellas personas que hubiesen entrado en mi alcoba la pasada noche. Me lo harían saber en cuanto pudiesen contactar con el guardia al que le correspondió aquel turno.

Aún inquieto, pero algo más tranquilo de lo que uno debería estar en una situación similar, ya que al fin y al cabo, estaba en un lugar seguro, me moví por los pasadizos que conectaba la Roca con los diversos establecimientos que poseía en la isla hasta llegar al corazón del lugar. Una enorme taberna que vista por fuera nadie llegaría a sospechar que pudiese haber semejante establecimiento en tan diminuto espacio. Un elfo discutía con un enano sobre las cualidades por las cuales una orca era la mujer ideal. En la mesa de al lado un noble jugaba a un extraño juego con el hijo de una casa rival, de vez en cuando se lanzaban profundas miradas de lo que todos sospechamos que sería el inicio de una desafortunada historia de amor. Opté por dejarme caer por la barra, lo que significaba reducir las posibilidades de verme envuelto de algún modo en alguna de esas dos historias. Hoy no tocaba ninguna de aquellas.

La mañana transcurrió en el tiempo que tarda uno en gastar más de lo que debería o sería capaz de beber. Demasiada gente que uno conoce, demasiadas copas a las que invitar, demasiado tiempo que matar. Aún no estaba listo para salir a la calle. No era seguro para mí. Aún no. Con demasiada tardanza quizás, acabó llegando el mensaje que había esperado y para no parar de sorprenderme, aseguraban que nadie había entrado en mi habitación la última noche más que yo mismo. No pregunté acerca de la rotundidad de aquellas afirmaciones, ya que si algo sabía de la Roca, es que tenía ojos y oídos en todas partes. No quería ni imaginarme de quien serían, ni de lo que algún día sería capaz de hacer con semejante información. Y aún me extrañaba que tanta gente desease exhibirse libremente en aquel lugar. Hasta yo tenía mis recelos.

Cansado, en parte por el desconcierto y en parte por el dolor rehuí las multitudes y volví de nuevo a mi habitación. Nada más entrar, me fije en una nota que descansaba sobre el suelo y que discretamente había sido instada a colarse bajo mi puerta en algún punto durante mi ausencia. Aquella nota anunciaba que en menos de veinticuatro horas la renta de mi habitación se daría por finalizada si no se volvía a pagar por ella. Aquello debía de ser un error. Apenas llevaba cinco días encerrado en la Roca y había pagado por dos semanas.

Aún plantado frente a la puerta, escuché varios pasos a mis espaldas. Los tortolitos de la taberna.

- Hoy el cielo promete tormenta. - comenzó uno, que se llevó el premio a la originalidad sacando como tema de conversación el tiempo.
- ¿Otra vez?, ayer la lluvia echó a perder la fiesta que habíamos organizado en los jardines. - replicó el otro apesadumbrado.

No di demasiada importancia a la conversación y cerré la puerta. Pero algo no acababa de cuadrarme. No sabía el que. Los engranajes que tenía en la cabeza parecieron ir arrancando poco a poco hasta que por fin dí con aquello que desencadenó una sospecha mucho mayor, que me heló el cuerpo y alma. Ayer no había llovido.
Abrí la puerta de sopetón y encontré a la pareja dos puertas más allá, entrando en una habitación mientras se fundían en un beso con promesas de demasiado intercambio de saliva. Corrí hacia ellos y en el ultimo momento interpuse mi pie entre la puerta. Debo admitirlo, el intento de cerrarla a pesar de que parte de mi estuviese en medio, dolió, pero no me dejé distraer por ello.

- ¿Has dicho que ayer llovió? - pregunté, inquieto.
- Ey, ¿quién es usted?, ¿cómo se atreve a...?
- ¿Has dicho que ayer llovió verdad? - repetí.
- ¿Qué...?- comenzó uno, pero fue inmediatamente interrumpido por el otro, el cual me miraba preocupado, desconfiado.
- Si, ayer llovió durante todo el día, igual que el día anterior e igual que parece que hará esta tarde. ¿Podría apartarse o me veo obligado a llamar a alguien más?

Retiré el pie y la puerta se cerró de golpe. Nadie había entrado ayer en mi habitación, pero ayer no estuve solo. Ayer llovió, pero yo no vi llover. Ayer... ayer puede que no fuese mi ayer.
Corrí a mi cuarto y corrí el mueble que tenía por mesilla y tras el cual había ocultado mi fortuna. No quedaba nada. Desaparecido. Ignorando el dolor de mi brazo arranqué la venda. Me dio igual profanar un grito de dolor, el verdadero horror estaba tras la venda. Alguien en un alarde de originalidad había tallado en arañazos sobre mi brazo un "Se busca" acompañado de tajos bastante profundos con la cantidad a recompensar. Palidecí al instante y de nuevo cubrí el brazo mientras volvía a repasar mis últimos recuerdos. Había bebido y reído, celebrado mi recién adquirida fortuna, pero no comentándola, sino fundiéndomela. Había vuelto a mi habitación, solo, y tirado en la cama intenté conciliar el sueño. Recuerdo que sonreía, incluso cuando... Cuando llamaron a la puerta.
Y como si todo fuese una obra de teatro, completamente coordinada, llamaron en ese instante a la puerta, con demasiada insistencia.

- Joder. -mascullé por lo bajo cuando comencé a entender la situación.

Palpé mis bolsillos, no me habían arrebatado el dinero de mis bolsillos y aún quedaba algo de ello. Agarré una capa desgastada que reposaba sobre mi silla y salté por la terraza.

En la calle, a mis espaldas solo se veía un edificio que a primera vista cualquiera juraría estar abandonado. Nadie podría imaginar que sería la posada más segura de la ciudad. O la que hasta hace unos días habría jurado que era la más segura de la ciudad. Corrí calle abajo, hacia el puerto. Tenía la sensación de que iba a tener que aplazar ciertos planes en Hrotmur para otra ocasión, ahora tenía que salir de allí cuanto antes. En mi mente una idea comenzaba a tomar forma; una venganza personal, demasiada gente a la que caía mal y adivinad, con la A: pérdida o debilidad notable de la memoria, Amnesia.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Miér Mayo 18, 2016 4:44 am

Me estiré con suavidad sobre las blancas sabanas que cubrían mi cuerpo desnudo, fregué mis ojos con el dorso de mis manos y miré hacia la ventana sonriente, hoy también sería un día de lluvia, eran los mejores a mi parecer porque la humedad cubría todo, y quizás, solo quizás, esta vez sí logrará quitar aquel hedor del lugar en el que me encontraba, era un puerto en el este de Dyscordia, no lo suficientemente al este, pero si estaba lejos de mi punto inicial en el mapa; me giré con suavidad buscando mis ropas las cuales se encontraban perfectamente dobladas sobre una silla y me levanté dispuesta a estar lista para bailar una noche más. Así me ganaba la vida, bailando noche a noche, entre lugar y lugar, no era como si no lo disfrutase, pero lentamente hacía sentir mi vida vacía y sin un sentido especifico, había abandonado mi hogar y ahora viajaba, siendo interrumpida muchas veces por leves recuerdos de hace cientos de años, en diferentes lugares, pero no era algo que me llenase por completo, le faltaba algo a mi vida; terminé de colocar mis guantes de forma algo ajustada y busqué mi velo para tapar mis orejas que revelaban al mundo que en efecto yo era un elfo, observé la silla, luego el suelo, y finalmente la cama en la cual había dormido, dando un pequeño respingo al notar que en efecto, no había dormido sola, y mi velo se encontraba sobre la cabeza de un desconocido.

-“Pues vamos a ver…¿Qué andabas haciendo?”-Di un vuelco leve hacia el pasado, yo me encontraba bailando, aquel joven se había acercado a mí, y diciendo algo como “Acompáñame” me había agarrado del brazo y terminé ahí; suspiré derrotada, no era la primera vez que despertaba al lado de una persona, pero normalmente no era tan extraño como despertarme y no notar inmediatamente que estaba ahí. Me encogí de hombros y tomé con suavidad el velo, procurando no hacer ruido con mis pies descalzos, lo ajusté a mi cabello, cepillé el mismo con mis dedos unos momentos y decidí lanzarme por el balcón, no sin antes darle una última mirada a aquel joven que se encontraba durmiendo, sonreí para mí, y me lancé con la gracilidad única que nosotros los elfos poseíamos, como si siempre hubiésemos vivido sobre los árboles.  

El resto de la mañana la pasé como cualquier otra, pasé por el mercado y compré algunas frutas, uvas y manzanas principalmente, algo de agua y unos trozos de pan, era un lugar más bien animado teniendo en cuenta que solo era un puerto, y aunque el aroma no era el mejor, me agradaba el hecho de que era muy animado y no había forma de sentirse solo;  la música llenaba las calles, la gente gritaba y reía, abordaba gente a los últimos barcos que saldrían del puerto, y muchos otros guardaban todo lo que podían antes de la supuesta tormenta. Sonreí para mí y cerré los ojos con suavidad mientras dejaba una de las uvas en mi boca, tarareé levemente una canción y dejé que el aroma me llevara a donde tuviese que llevarme, a aquel barco que veía continuamente en mis sueños.

“Debemos llegar lo antes posible, mi familia me necesita” Ella gritó de forma melancólica, lo que llevaba con ella tenía un valor incalculable, los marineros lo sabían, pero no lo habían visto, aun así, lo deseaban; saboree la fruta de dulce sabor, intentando olvidar lo amargo del momento, como si eso fuera posible dada las circunstancias. “¿Qué hacen? ¡Debemos apresurarnos!” Y luego, el ardor de la traición quema mi cuello, una gruesa mano toma mi garganta, me levanta y me arroja al mar abierto, sonrío y lloro, y finalmente, busco el aire que necesito para sobrevivir, sin encontrarlo en las oscuras profundidades que me rodean.  Suspiré abatida, una y otra vez lo recordaba, como si yo fuera alguna clase de mártir, estoy condenada a temerle al mar abierto por una traición pasada ¿Quién lo hizo? ¿Por qué lo hizo? ¿Y qué sucede después? Son preguntas que aún no tienen respuesta, al menos no para mí, digo, pudiendo llegar a los miles de años cumplidos algunos Elfos ¿Por qué debería revelarse a mí la historia pasada a tan pronta edad? No, no debía ser así y por lo mismo, estaba condenada a tragarme mi curiosidad y esperar pacientemente a que lo que se fuese a mostrar, se mostrase.

Tomé una nueva uva y la volví a poner en mis labios, recordando al joven junto con el que me desperté, no sabía nada de él y la verdad ni siquiera me había molestado la noche anterior en enterarme,  simplemente le había vendado su mano y luego a dormir, que los artistas debemos descansar bien el cuerpo -asentí efusivamente como si eso calmara mi conciencia- la verdad, era que me encontraba levemente preocupada, digo, no significaba nada para mi pasar la noche junto a alguien -creía que no- pero el echo especifico de toda esta vuelta y revuelta en mi cabeza, era que tenía curiosidad. Suspiré algo aburrida y me levanté con una grácil suavidad típica de los míos, observé mi alrededor y, un empujó me derribó nuevamente hacia donde me encontraba sentada, pestañeé rápidamente, me giré sobre mis rodillas y observé que quien se alejaba rápidamente sin siquiera una palabra de disculpa, era el susodicho de mis pensamientos anteriores; arrugué el entrecejo, giré suavemente mi cabeza dudando, y luego tomando la pequeña bolsa con mis cosas, me decidí a seguirle.

A pesar de lo que se podría pensar de mi apariencia, solía ser bastante buena para seguir personas ¿Cómo es que lo sabía? Porque las construcciones no eran nada comparadas con los grandes árboles de mi hogar, al menos hablando de escalar cosas; subí sin gran dificultad a una edificación conjunta y observé al joven que me encontraba siguiendo, sonreí algo juguetona y metí nuevamente una uva en mi boca para comerla, el joven parecía muy apurado, y así mismo, no paraban de asombrarme las múltiples contusiones las cuales llevaba por toda su piel -o al menos la que llevaba a la vista- cuando decidía avanzar, vi a lo lejos algo que me llamó la atención, un curioso cartel de “Se busca”, con aquel rostro en él.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Miér Mayo 18, 2016 9:19 am

Con paso acelerado fui esquivando a los peatones que iba encontrando calle abajo. En mi brazo derecho notaba cada una de las palpitaciones con las que mi corazón me premiaba, y con ellas, una tras otra punzada de dolor. No me hizo falta más que un rápido vistazo para descubrir que estaba sangrando y varios puntos rojizos comenzaban a destacar en la superficie de la venda. Resguardé mi brazo tras la capa. ¿Habría abierto la herida al desvendar mi brazo?, debía haber sido así. Me maldije por mi descuido. Mientras que el "Se busca" había sido delineado con superficiales arañazos, las cifras que había sobre mi piel, habían sido escritas a través de profundas heridas. Estaba claro que alguien se había ensañado. Joder con la violencia y sus formas de expresión más retorcidas.
No tardé demasiado en llegar al mercado que había antes del puerto. Obviamente no iba al puerto principal, situado al sur, sino más bien a otro más secundario, más barato y con gente de mente más abierta. Todo ello se situaba al este de la isla. Antes de adentrarme en el mercado atestado de gente, me permití un minuto de descanso. Me dejé caer sobre una caja y aún jadeante intenté hacer memoria.

Estaba tumbado en la cama, recuerdo que estaba feliz, casi eufórico. Por primera vez en mucho tiempo todo iba a pedir de boca y las semanas siguientes parecían destinarme más de esa felicidad. Observaba al igual que esta mañana el techo de mi habitación. Nada había cambiado en ese aspecto, seguía teniendo aquella humedad en la parte derecha. Entonces llamaron a la puerta. “toc, toc, toc”. Y luego, simplemente nada. Joder, me acuerdo del puñetero número de golpes, pero no de lo que sucedió después. Haciendo un cálculo rápido entre mis últimos recuerdos y la nota que indicaba que mi alquiler de la habitación estaba por concluir, habrían pasado alrededor de diez días. Diez días de los que no recordaba absolutamente nada. ¿Cómo era aquello posible?. Acaso… ¿acaso había perdido la capacidad de recordar nada del día anterior al despertarme?, ¿y si mañana no recordase nada de lo que hiciese hoy?
Un sudor frío recorrió toda mi columna. No. Eso es demasiado retorcido Mark. Pero es una opción, una opción que no pensaba plantearme. Desde luego no aquí ni ahora. Me levanté y aumenté el ritmo de mis pasos. En el mercado era difícil evitar a la gente, no paraban de moverse y en vez de mirar en la dirección por la que caminaban, tenían la vista fija en las hortalizas, frutas o pescados de turno. Mi estómago emitió un leve rugido en respuesta, como si se hubiese percatado de que mi mente y sus despistes de diez días se estaba llevando más atención que él y quisiese llamar algo la atención para que no se, perdiese el tiempo alimentándolo. Ahora que lo decía, ¿cuándo habría comido por última vez?

En aquel momento, me choqué de bruces con una joven que acabé derribando. Le dediqué unos breves segundos y al mirarla, algo en mi mente reaccionó. Una extraña sensación que no conseguí identificar. En aquel entonces no supe si fue por su cabello, la forma de moverse o por su olor, pero de alguna extraña razón, supe que la había visto antes. No le di más importancia a aquel asunto y seguí caminando hasta llegar al puerto.

- No conseguirás que nadie te lleve chico. – me advirtió el cuarto dueño de bote con el que intenté hablar –  Y no te convendría conseguirlo. La tormenta de los últimos dos días fue demasiado peligrosa en la mar y la de hoy promete lo mismo, nadie con dos dedos de frente te llevaría al continente.
- No necesito ir tan lejos, – repliqué – con ir a Nímiar o Sefor me conformo. Con salir de este lugar de hecho.

Aquel hombre me miró con curiosidad y alzó una ceja. Me examinó de arriba abajo, cosa que me puso los pelos de punta. Supe que no debí de dar muy buena impresión. Iba con unas sandalias desgastadas, unos pantalones y camisa demasiados grandes, que se sujetaban a mi cuerpo a través de una cuerda, todo ello recubierto por mi harapienta capa. Ya no hablar de la venda manchada de sangre o los moratones. Este día iba a ser muy largo.

-  Si quieres otro consejo, tampoco vayas diciendo eso por aquí. Intentar salir de la isla tan desesperadamente normalmente no suele ser buen síntoma de que uno vaya a tener un buen cliente.

Harto de aquella conversación me di la vuelta y me alejé de aquel bote. Desvié la vista hacia el mar y luego a las nubes grisáceas que había sobre este. Las últimas embarcaciones llegaban a lo lejos, apresurados por escapar de la incipiente tormenta. Y entonces un resplandor. El primer relámpago, seguido segundos después por su habitual estruendo del trueno. Una docena de marineros pararon un segundo sus quehaceres para observar al igual que yo el horizonte de cielo y mar. Supe que hoy no saldría de la isla.

Resignado me volví dispuesto a encontrar un lugar tranquilo y segundo donde ocultarme durante un día más cuando me encontré de bruces sobre una pared un cartel con mi retrato burdamente representado. No habían conseguido representar muy bien mi cabello, pero oye, que los moratones se los habían currado. Suspiré y arranqué el cartel. Al volverme me percaté de que varias personas me observaban e intercambiaban susurros.

Mi capa contaba con algo que algunos osarían llamar capucha, fuese lo que fuese, oculte mi cabeza en esta y salí del puerto a paso apresurado. Si, el puerto del este podría ser más barato y con gente más abierta de mente, pero el dinero era dinero en cualquier parte, y donde menos tenían, más lo ansiaban. El puerto ya no era un lugar seguro para mí. Apostaría que el centro de la ciudad tampoco lo sería, ¿qué debía hacer ahora?. Me movía rápidamente entre los callejones cuando comencé a sentir el mareo. Frené en seco. Demasiado cansado. La herida, el huir. No había nadie a mi alrededor. No sabía donde estaba. Una gota cayó sobre la punta de mi nariz. El suelo se movió. No, ¿era yo?. Un golpe. Caí sobre un áspero pavimento. Alcé el brazo y vi como la sangre goteaba por mi venda.
Llegué a escuchar unos leves pasos próximos a mí. Comenzó a llover más fuerte. Una silueta. Todo se fundió en negro, intenté murmurar algo y me desmayé.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Jue Mayo 19, 2016 8:37 pm

Me encontraba ya corriendo entre las superficies de los tejados de aquella ciudad, el viento marino agitaba mi cabello y mis ropas, siendo vista por no más que un puñado de personas que realmente estaban demasiado ocupadas como para siquiera apuntarme; intentaba no perder de vista a mi objetivo, pero la verdad me llamaba la atención ver un pequeño rastro rojizo tras él, al parecer el vendaje que le había hecho era demasiado superficial como para siquiera dejar que cicatrizara aquella herida ¿Qué clase de herida? No lo sabía, solo me había guiado por el aroma de la sangre, y como no tenía aquel joven la menor intención de decirme nada, solo había esperado a que se quedase dormido. Asentí decidida y seguí bajando por el pueblo, observaba cambiar el ambiente de forma lenta y paulatina, cada vez más carteles de “Se busca”, de diferentes personas, las caras eran mucho menos amigables y el aroma cada vez más nauseabundo; arrugué mi nariz y bajé de los tejados por cuestión de sanidad, ya que, aunque los suelos estuvieran más bien sucios, no era nada comparado con lo descuidado de los tejados.

Mientras bajaba intentaba no chocar con los ajetreados lugareños, movían cajas de un lado a otro, cruzaban tablas y algunos vidrios entre las calles, el ruido era ensordecedor y había un montón de palabras mal sonantes, aun así, me acerqué y oculté tras unos barriles apilados para lograr escuchar la conversación que mantenía aquel joven desconocido y un hombre más bien robusto, se encontraba parado frente a una especie de barco, parpadee asustada, no podría seguirlo realmente si se subía a aquella abominación. Para mi mala suerte, solo fue una negación y este se dirigió hacia otra parte del puerto, continua ciertamente, a probar suerte y así largarse de la isla ¿Sería por aquel cartel con su rostro en él? Parecía lógico, pero me causaba curiosidad ¿Por qué le buscaban?.

Luego de una cuarta negativa, probó suerte con alguien más, la verdad, todos eran altos, robustos y con caras de pocos amigos, pero que le iba a hacer, yo no juzgaba por las apariencias, todos podían ser amables y buenas personas, pero ninguno, absolutamente ninguno, estaba lo suficientemente loco (o desesperado) como para salir a alta mar con aquella tormenta sobre sus cabezas.

- No conseguirás que nadie te lleve chico. -Asentí al escuchar un poco de sensatez, a ver si el joven volvía ya a su habitación y podía pasar casualmente para ver su herida de una forma más formal–  Y no te convendría conseguirlo. La tormenta de los últimos dos días fue demasiado peligrosa en la mar y la de hoy promete lo mismo, nadie con dos dedos de frente te llevaría al continente.

- No necesito ir tan lejos, –Y el joven replicaba, negué fuertemente con la cabeza, con una reprimenda mental, aquel joven estaba ciertamente fuera de un rango de cordura normal para los humanos ¿Cómo sabía que era un humano? Pues, porque era absolutamente normal, sin cuernos ni orejas puntiagudas, solo él– con ir a Nímiar o Sefor me conformo. Con salir de este lugar de hecho.

-  Si quieres otro consejo, tampoco vayas diciendo eso por aquí. Intentar salir de la isla tan desesperadamente normalmente no suele ser buen síntoma de que uno vaya a tener un buen cliente.-Ante aquellas palabras el joven simplemente se dio media vuelta (teniendo yo que arrodillarme para esconderme) y se marchó de aquel lugar, ciertamente indignado; negué nuevamente con la cabeza y salí de mi escondite a paso lento, no debía correr ni llamar la atención, solo debía actuar natural, si, natural…y como si los dioses estuvieran en mi contra, el primer relámpago tamborileó los cielos, di un salto con un pequeño grito y unas cuantas cabezas se giraron para girarme, hice una reverencia en señal de disculpa y seguí con la mirada a mi objetivo, que ahora parecía un poco más alterado que hace unos minutos ¿Habría entendido que no podría salir? ¿Pero que le preocupaba exactamente?

Me encogí de hombros y comencé a caminar tras él, hasta que en un callejón nos encontramos con más de sus retratos, parpadeé evitando reír ante la representación, pues sí que habían puesto especial atención en los moretones y cardenales que adornaban su cuerpo; al mismo momento, unos murmullos de interés de los lugareños salieron a relucir, había logrado escuchar un “Con la recompensa aquí...” y un “Con la recompensa allá…” Así que, no, ya no pasaría desapercibido, el joven se encapuchó y poco menos corrió de aquel lugar, obligándome a hacer lo mismo a través de estrechos callejones, al menos ahora hacia lugares más agradables y menos apestosos. Una cuestión que me mantenía interesada era que, los carteles no especificaban que cosa había hecho, solo era una recompensa y su rostro ¿A caso no podían ser más específicos? Como su una Elfo no tuviera derecho a saber qué cosa perseguía apresuradamente por las calles de una ciudad como Hrotmur.

Había perdido al joven, con aquella capucha y la lluvia por venir simplemente me había distraído, miré por todos los alrededores y probé suerte en algunos callejones, los primeros dos por los cuales pase no tenían ni rastros de sangre ni a aquella persona, en cambio, el tercero tenía un cuerpo inerte yaciendo en sus suelos, caminé apresurada entre la lluvia sintiéndola caer a nuestro alrededor, me arrodillé al lado de su cuerpo y miré a mi alrededor, pues…no podía dejarle ahí ¿No? Y pues, tampoco podía llevarle a su habitación pues que suponía que, si intentaba irse tan desesperadamente, no era un buen lugar. Sin pensármelo mucho, me arrodillé a su lado y pasé el brazo sin la venda por sobre mi cuello, intentando mantener el cuerpo del joven de pie, por supuesto, caí de rodillas al igual que él (que por suerte pude mantener su torso y cabeza sobre mi cuerpo), suspiré algo cabreada ¿Qué los dioses no podían darme algo más de fuerza? Cerré mis ojos y rogué a Helas que, a pesar de ser un lugar inhóspito para la naturaleza, le diera la fuerza a esta cierva para cargar un cuerpo que era dos veces yo. Me levanté como pude y comencé a caminar hacia la caravana en el centro de la ciudad.  

Lo que recordaba de la caminata, no era algo realmente agradable, de hecho, mi ropa estaba completamente empapada y con manchas de barro (que no me agradaba del todo) y mis pies algo heridos debido al peso extra, al menos al llegar, la troupe me ayudó a cargar al joven y lo dejaron en el camarote que yo dormía. Me senté a su lado algo aliviada, no sabía cuánto tiempo habíamos pasado bajo la lluvia, pero algo era seguro, no volvería a cargar a nadie en lo que restaba de mi eternidad. Lo primero que hice fue quitarme la ropa y dejarla remojar para lograr quitar el lodo, me di unas vueltas buscando algún implemento médico y junté algo de ropa para poder cambiarle, luego de encontrar una camisa no del todo vieja y unos pantalones algo ajustados, me dispuse a desnudar a mi acompañante, con suavidad le quité todo lo que llevaba mojado y con especial agilidad lo volví a vestir, evitando hacer ningún comentario mental sobre su cuerpo. Una vez seco, envolví su cuello con una bufanda de lana, y me puse con su herida.

Dejé mi cuerpo sobre la silla cubierto por una manta, y me dediqué a analizar la herida en mi forma astral, asentí suavemente y pensé en plantas, en como crecían, en los árboles que firmes soportaban la lluvia y el viento; entre mis manos, una leve luz se formó, era como una esfera brillante, que pasé por el brazo ensangrentado de aquel joven, que por cosas del destino ahora tenía durmiendo en mi camarote, reí suavemente y seguí curándole hasta que la esfera desapareció y su brazo quedó, algo arañado, pero mucho mejor de lo que estaba.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Jue Mayo 19, 2016 10:27 pm

Tomé conciencia de mi mismo cuando aún estaba inmerso en un sueño. Todo era silencio, de color negro, todo menos mi respiración, que se escuchaba, pero también se veía. Era de un color blanquecino. En apenas un segundo, o lo que en el mundo onírico pareció un segundo, recorrí gran parte de mi vida y terminé contemplando como Claire se casaba. Aún no había sucedido, pero sabía que yo no estaría allí, así que disfrute de la velada en el corto espacio que duró. Se celebró en un campo y en todas las mesas había un cartel de "Se busca" con mi rostro en él. La gente no se extrañaba al verlo, sino que al contrario de lo que se podría esperar hacían ingeniosas bromas al respecto. Yo estaba sentado entre mi padre y mi madre. Ella bromeó mientras partía un trozo de tarta con que al terminar la boda me acompañarían a la horca y les respondí con una sonrisa. Mi hermano pasó por delante nuestra y se despidió. En el sueño aún seguía siendo un niño. Me invadió un terrible desasosiego cuando desapareció entre la niebla y de repente estaba solo, bajo la lluvia. No. No se veía lluvia, solo se escuchaba, así que esperé. Esperé a que llegase el relámpago para despertar.

El relámpago llegó, y desperté.

Lo primero que capté fue el olor de hierba mojada por la lluvia. Luego el olor del mar. Y con ello, el hedor del mar. Abrí los ojos y disfruté de las vistas del techo de una habitación en la que no había estado jamás. Una parte de mí creía que aún me encontraba en un sueño, pero todo a mi alrededor indicaba lo contrario. Entonces me llegó otro olor, uno que me resultaba extrañamente familiar. Giré mi cabeza a tiempo para vislumbrar como una pequeña esfera de luz se desvanecía. Bajó donde una vez estuvo solo quedaba un brazo manchado de arañazos. Casi sonreí cuando me di cuenta de que en efecto, aquel era mi brazo. Todo quedó en una mueca, pues a mi mente vino el estado de mi brazo la última vez que lo contemplé y mi mente despertó.

Lo último que recordaba era aquel sentimiento de resignación provocado por el último marinero que rechazó mi oferta. Imbécil. ¿Por qué quería abandonar la isla?. Ah, la Roca, el brazo, el cartel, la amnesia. Amnesia; había olvidado alrededor de diez días. Ahora había pasado el tiempo suficiente como para que mi brazo cicatrizase, ¿conclusión?, amnesia de nuevo. ¿Cuánto tiempo esta vez?. ¿Qué me había sucedido?, ¿dónde estaba?, ¿quién era aquella mujer de cabellos azules?. El puerto. No, el mercado. Allí hubo una mujer de pelo azulado. ¿Era la misma?. Mierda, no se, ¿importa?.
Lentamente mi incorporé. Retiré mi brazo del regazo de aquella chica y al apoyarlo sentí la punzada de dolor. Curado por fuera, no por dentro, o no lo suficiente. Apoyé toda la fuerza en el otro. Estaba vestido, con una ropa que no era mía y había algo que rodeaba mi cuello. Lana. Una bufanda. Fijé mi vista en esta durante varios segundos y la acaricié lentamente, comprobando su tacto. Luego miré a la chica.

Permanecí en silencio mucho tiempo, sin apartar la mirada. Su rostro se me hacía familiar, sus ojos, de alguna forma me inquietaban, pero la expresión que los acompañaban era tranquilizadora. Por alguna extraña razón no había echado a correr nada más verla. Quizá el hecho de que no hubiese ubicado aún la puerta, de que no supiese en que dirección huir o que apenas me sintiese con fuerzas tuviese algo que ver. Finalmente bajé la mirada hacia mi brazo derecho y acaricié la superficie de su piel con la otra mano. Los relieves causados por los arañazos se me antojaban extraños. Entonces llegué hasta un pequeño moratón que prometía desaparecer en un par de días. Lo recordaba de... de mis últimos recuerdos. No debería estar allí ya. Ni el sonido de la lluvia. Miré al techo de nuevo y recordé la luz. Algo encajó en mi mente. Quizá después de todo no hubiese pasado demasiado tiempo.

- Así que... ¿magia? - pregunté con voz ronca. Me aclaré la garganta. Dolía. - Gracias. Supongo.

Aunque realmente no me sentía demasiado agradecido. Recordaba lo sucedido en los callejones. Más o menos. Pero intuía mi desmayo. Sabía perfectamente como habría actuado yo de ser el que hubiese quedado de pie. Una persona que llevaba su precio en el brazo, desprotegida: Una promesa de llevar una buena vida por un tiempo. Esconderlo y evitar que nadie más supiese de su situación hasta que pudiese ser entregado a la justicia sería un buen comienzo. El problema era que yo hubiese sido otro prófugo y, quizás más importante, que era yo el que se había desmayado y tenía precio. Si, quizá eso tuviese algo de importancia.

- ¿Serviría de algo preguntar dónde me hallo, quién eres y que hacemos aquí?. Lo se, no son las preguntas más originales del mundo. - aún sentado me moví hasta apoyar mi espalda en la pared - Pero de poco me serviría también preguntar por los secretos de la luna, de quien heredaste el color de tus ojos o cuantos lunares contaste en mi espalda mientras me vestías, a pesar de que que todas ellas he llegado a planteármelas. Pero ya sabes, - solté sin pensar, pues volver al silencio en estos momentos se me antojaba una idea aterradora - si tuviésemos todas las respuestas, ¿qué gracia tendría?.

Suspiré y tamborileé con los dedos contra el suelo al ritmo de las gotas que chocaban con el techo. Paré cuando me recordaron a los golpes contra la puerta hará ya más de diez días. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y rodeé mis piernas con el brazo sano. Un nuevo sudor frío había recorrido mi cuerpo al pensar en ello. Volví a centrar mi vista en la enigmática chica y decidí concederme tanto a mi cuerpo para recuperarse como a ella para explicarse alrededor de cinco minutos. Suficientes para encontrar la puerta que estaba... (Miré alrededor) .. allí y para averiguar como salir por patas.
Salir por patas. Eso sonaba demasiado a mi. Vaya, puede que me encontraba mejor de lo que creía. Entorné los ojos y la determinación brilló en mis ojos, aquel instinto de supervivencia que nunca me abandonaba. Y si no me encontraba mejor, me obligaría a estarlo. Joder que si.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Jue Mayo 26, 2016 7:50 pm

Me concentré todo lo posible para no desfallecer luego de aquella pequeña muestra de magia, pero a pesar de todo el entrenamiento que había pasado, al ser un espíritu mi resistencia ante los recuerdos de mis antepasados disminuía a cada segundo, siendo inundada por recuerdos del mar, de la terrible muerte, de la falta de aire, cerré mis ojos entregándome al terrible arrullo de las olas entrando por mi garganta, negándome el aire, muriendo lentamente una y otra vez en mi mente; lentamente, sintiéndome débil, mi alma se entregó una vez más a mi cuerpo, el cual descansaba desnudo en la silla, sentí el aire, adoré el aire a pesar de su apestoso aroma, y junto a este, el calor de unas brazas cercanas calentaba mi cuerpo ¿De dónde provenía el calor? Mis compañeros de baile habían traído una especie de balde de metal en el cual habían rocas rojizas, vibrantes y sonantes, por cosa del calor que las abrazaba. Escuché una voz, “magia”, decía de forma más bien ronca, como si su habla no fuese algo usual en aquellos momentos; me sentí ciertamente identificada con aquella sensación y abrí mis ojos lentamente, parpadee un par de veces, e inspiré profundamente buscando el aire una vez más. Asentí ante su agradecimiento, y sin querer, con aquel movimiento dejé expuestas mis orejas, puntiagudas y preparadas, la prueba irrefutable de que era un elfo, las dejé ahí unos momentos ¿Qué podía pasar? Mi ropa estaba mojada, debía de caminar para ponerme otra cosa y salir a bailar, pero aún quedaban unas horas de luz, la tormenta había hecho que tuviéramos que conseguirnos una taberna y las farolas aun no iluminaban nuestro camino, estaba libre de hacer lo que quisiera, por ahora.

Parpadeé en respuesta a sus preguntas, y sonreí, me giré para quedar frente a frente a su cuerpo que se encontraba en mayor parte, magullado y muy golpeado, para luego mirarle directamente a los ojos que poseían un hermoso color avellana, mi acompañante se giró sin mucha suavidad hasta quedar apoyado en la muralla, pensé unos momentos en sus primeras preguntas, era algo que cualquiera podría responder, así que me levanté con mi danzarina figura, dejando caer la manta que cubría mi cuerpo y dando un par de pasos hacia la puerta (que realmente era un trozo de cuero que el viento movía como quería) salí del carromato en el cual nos encontrábamos y busqué a alguien que pudiese responder a las preguntas del joven, observé a mi alrededor y se encontraba el Jefe, di un leve aplauso y este se giró hacia donde estaba, poniendo los ojos en blanco.

-¡Ponte algo de ropa niña! ¡Luego mi esposa no nos dará de comer por una semana! -Reí suavemente y volví a entrar, esperando que el hombre que había hablado me siguiera, miré por los encimas y encontré mi ropa de cambio, en vez del blanco característico que yo solía usar, eran un azul muy oscuro que a mi parecer contrastaban muy bien, busqué cada parte del vestuario, las largas capas del vestido, pequeñas monedas de plata que sonaban al caminar y bailar, un velo que debía cubrir gran parte de mi rostro y mis orejas, unos guantes alargados, estaba todo, y mientras entraba el grandulón de rojos cabellos al carromato, comencé a vestirme; a mis espaldas escuché el sonido de los pasos húmedos sobre la madera, un movimiento de un mueble y luego un “paf” similar a cuando uno toca un tambor, me giré con curiosidad y resultaba que solo era el Jefe sentándose a un lado de las brasas y frente al joven-Pues veamos, primero que todo mi nombre es Jefe, y soy, pues, el líder de esta troupe, nosotros viajamos a través de Dyscordia dando nuestros servicios en fiestas y tales, todo muy común…Lo cierto es, que no solemos admitir gente sea buscada, es decir, que tenga precio sobre su cabeza-Arrugué mi nariz mientras terminaba de colocarme el vestido, y caminé hacia donde estaban el joven, que no conocía su nombre, y Jefe, colocándome justo tras las brasas.

-Pues chico, que no sé lo que has hecho, pero hay carteles de tu rostro por toda la ciudad, eso nos preocupa, a todos nosotros…Pero esta chica, bueno, al parecer decidió que no eras una mala persona y te cargó de quien sabe dónde hasta acá-Hice una reverencia teatral en respuesta, dejando que las monedas sonasen y mi cabello se deslizara a desde mis hombros hasta mis pechos, casi tocando las brasas; di un pequeño salto hacia atrás y reí, con suavidad, ante la escena-Lo único que sabemos de ella es que se hace llamar Lariel y ninguna otra palabra ha salido de su boca desde entonces, todo lo demás lo suponemos por como baila, sus gestos y su magia.-Jefe juntó sus manos y su rostro cambió el semblante, dudaba del chico, eso yo lo sabía, pero no dejaría que lo tiraran a su suerte en una ciudad donde era buscado por quien sabe qué cosa sin una sola oportunidad, no, claro que no ¿Por qué era así con el joven? Pues, cuando lo vi por primera vez, parecía rogar por ayuda…¿Y por qué no dársela a quien lo necesita?.

-Yo…Lo cuidaré-Mi voz sonó lejana, extraña y más bien suave, como un leve susurro del viento, tanto así que sentía como si la lluvia a nuestro alrededor la hubiese opacado por completo, Jefe me miró como si fuese lo más extraño que ha escuchado en el mundo, sonreí, haciendo un signo con mis manos, el cual siempre había significado “Por favor” a lo largo de aquellos meses, luego llevé mis manos a mi pecho, hacia mi corazón, y luego hacia mi garganta, aquello significaba “Cantaré” en la siguiente función, algo confundido, el hombre robusto asintió, miró al joven, y luego de forma algo torpe se levantó, golpeando su cabeza contra el techo, procurando un quejido, caminó hacia la puerta y yo me despedí con mi mano, sonriente, para luego sentarme en donde este se encontraba hace unos momentos.

Suspiré aliviada ¿Ahora qué haría con aquel joven en mi camarote? Parpadee un par de veces observando las brasas y luego le miré a él, buscando sus ojos, su mirada, intentando encontrar bondad o una terrible crueldad ¿Cómo le haría saber lo que estaba pensando? Giré mi cabeza hacia un lado mientras fregaba mis manos una contra la otra, recibiendo el calor propio de estas y el que emanaba el tarrito de metal; me levanté de mi asiento y decidí sentarme al lado del joven, y bueno, ni tan sentarme había sido, me había puesto de rodillas sobre el camarote dejando mi rostro a solo unos centímetros del joven, sonriendo. Levanté mi mano para tocar su mejilla, pasé mis dedos con suavidad por ella sin parpadear, para luego alejarme de él, levantarme y quedarme de pie, observándolo unos momentos, y luego asentí, me giré hacia un estante buscando algo de papel y un trozo de carbón, en cuanto los encontré, junto con aguja e hilo, me dispuse a dibujar sentada una vez más.

Me dispuse a dibujar la luna, no era redonda y reluciente como se ve en la tierra, era una mujer, o la figura de una, que observaba desde los cielos, escondida en la bruma, a los humanos, ese era su secreto, que nos amaba, profundamente, tanto como para cuidar las noches y no dejar que nos encontremos en la penumbra de la vida sin un pequeño ápice de esperanza. Una vez mi dibujo estuviera listo, lo giré y se lo mostré al joven, sonriente, no era un dibujo hecho por un especialista, de hecho, eran un montón de trazos sueltos, pero que para mí al menos, tenían sentido.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Sáb Mayo 28, 2016 8:51 pm

De nuevo, un silencio roto por el susurro de aquellas rocas que proveían algo de calor a la pequeña instancia en la que nos encontrábamos y la lluvia al impactar sobre el tejado. O la clase de techo que hubiese allá fuera. No me había dado cuenta realmente del frío que hacía hasta que una brisa de aire movió la puerta (bueno, más bien, el trapo que había por puerta) y recorrió alegremente la habitación, hasta llegar a mi persona y darme un fuerte abrazo. Un fuerte y gélido abrazo. Un recuerdo para la madre que trajo al dios de turno que crease los vientos y el frío. O peor aún, a aquella que pariese al que se le ocurrió juntarlos en forma de maldad flotante.

Me removí, sacudí y hundí mi cabeza en la bufanda y aumenté la fuerza con la que abrazaba mis piernas en un vano intento por impedir que el poco calor que mi cuerpo había conseguido acaparar, se mantuviese en mí ser el máximo tiempo posible.
En aquel intento por, sin despegar los brazos de mis piernas, hacer que la bufanda mi cubriese el máximo de rostro posible, acabé depositando la vista en algo que no había percibido hasta aquel momento y debido a que soy medio idiota (siendo generosos) y que eso de la sutileza se me escapa con demasiada frecuencia, me quedé mirando fijamente lo puntiagudo de sus orejas. ¡Coño, una elfa! Espera, ¿una elfa en Hrotmur?, que vale, que no eran TAN raras de ver, pero si lo suficiente como para que mi reacción fuese la de... em... “¡Coño, una elfa!”. Es decir, analicemos la situación, de todas las personas que podría haber y hay en Hrotmur, me había encontrado con la elfa de turno. No me malinterpretéis, no soy racista y creo en las casualidades. Pero expliquemos las cosas por partes; No soy racista, solo que no he tenido el placer de relacionarme demasiado con gentes de otras razas. Si, vale que había entablado una especie de amistad con el cocinero de aquel barco, pero exceptuando este caso, mis experiencias habían estado limitadas en escasas conversaciones y es que en mi forma de vida, se me exige un poco de conocimiento sobre el comportamiento de la gente con la que trato. Ya sabéis, por esa idea descabellada de conseguir que me hagan de mecenas. La gente no suele soltar sus áureos así como así y por extraño que pueda parecer, lo han hecho conmigo en más de una ocasión y no porque sea racista, sino porque se leer (más o menos) a la gente y eso se debe a que… los humanos tenemos una cultura, idioma, forma de pensar común. No sé si me explico. En forma resumida: ¿Se tratar con humanos? Si, ¿se tratar con el resto de razas? Apenas lo he intentado, por lo que seguramente la respuesta sea no.
Vale, bien, explicado esto, llegamos a la segunda parte, que sea justamente la elfa quien me haya encontrado. Veamos, creo en las casualidades, de hecho mi vida como es ahora se ha construido sobre pilares de una larga cadena de casualidades, de que mis padres fuesen quien fuesen, que les debiese dinero justamente a su pequeña mafia local, que me encontrase a mi hermana en aquel pueblucho, que Tyalis conociese a aquel hombre de la extravagante pipa, que la madre de aquella joven noble que no aprobaba la relación con su sirvienta hubiese comprado un bote el día anterior de enterarse y que un día alguien decidiese querer dar ejemplo olvidando la daga en el lugar equivocado. Sin todos esos factores unidos, no estaría aquí, sin recordar los últimos días, siendo buscado por media ciudad, con una elfa. Pero también sé que muchas casualidades se cimientan sobre decisiones premeditadas y en muchas ocasiones no lo son, sino que fingen serlo. ¿Era una casualidad haberme encontrado a la elfa, o la elfa me había encontrado haciendo parecer que fuese una casualidad?, ¿había un motivo tras el encuentro?, esa era la cuestión. Ahora que valía el dinero suficiente como para solucionar la vida durante un tiempo a determinadas personas, debía ser precavido y sobretodo, desconfiar de todos. Ya había confiado en el submundo de La Roca, y había salido de allí con amnesia y una herida bastante llamativa a la par de dolorosa. Además, que aquella elfa había hecho magia y la amnesia no es algo que suceda así como así..

Interrumpí mis pensamientos cuando de repente la chica sonrió. Como si le hubiese hecho gracia lo que acababa de pensar. Espera, ¿hay gente capaz de leer el pensamiento?. Fuese como fuese, clavó sus ojos de color miel en los míos y se levantó. Me quedé sin aliento durante unos segundos en cuanto la manta se deslizó y el cuerpo desnudo de la joven se paseó por la habitación y sin preocuparle siquiera, la abandonó. Así, desnuda, dejándome así, solo, con los ojos como platos y una cara de idiota redomado. ¿Qué coño acababa de suceder?, de algo estaba seguro, no necesitaba más la bufanda, mi temperatura corporal había subido lo suficiente. ¡Adelante brisas gélidas!, atreveos a desafiarme ahora, ¿eh?, ¿eh?

Tras los segundos de cortesía necesarios para recomponerme de la sorpresa, aproveché que me encontraba solo para escabullirme. Me arrastré a gatas hasta la puerta (ya se que no lo es, pero para que nos entendamos, llamémosla así, ¿vale?) y observé por debajo del trapo que la componía al tiempo que alguien daba unos gritos. A escasos centímetros divise unos pequeños pies que debían de ser de la muchacha y más allá, una figura que se iba acercando. De un brinco volví a mi lugar original y calqué la postura que tenía antes de que la chica saliese, omitiendo la cara de idiota.
La primera en entrar fue la joven de pelos azules, que sin siquiera mirarme, atravesó la habitación tomando una prenda de aquí y otra de por allá y comenzó a vestirse. Luego, otra persona entró en la sala. Era bastante más grande, ancho y… masculino. Además de que por suerte, este estaba vestido. Me lanzó una mirada pétrea mientras se quitaba un pesado abrigo y lo lanzaba sobre un mueble junto la entrada, se acercó un par de pasos más, y se sentó junto a la única fuente de calor de la sala. Bueno, no, pero la elfa no cuenta. Justo frente a mí. Intercambiamos un par de miradas incómodas. Bueno, esas fueron las mías. Las suyas eran altivas y seguras. No era una persona intimidable y se notaba que poseía cierto estatus en el grupo de la elfa. Mis sospechas se confirmaron cuando empezó a hablar y me reveló que le llamaban Jefe. ¿Veis?, ¿veis?, se leer a los humanos.

Bueno, lo que no leí, pero si aprendí a lo largo de la corta conversación, no, perdón, monólogo del Jefe, fue que todos formaban parte de un troupe, que sabían cuánto valía pero no lo que había hecho, algo es algo, pero les preocupaba. A todos menos a Lariel, la chica, que había decidido cargarme hasta aquí por alguna razón. La cosa es que no parecían conocerla demasiado bien tampoco, ya que no habla, sino que piensa que por alguna razón, hacer movimientos extravagantes tendría un mejor resultado. ¿En qué mierda me había metido esta vez?

De repente, aún mientras pensaba que decir al respecto, o en su defecto, si salir corriendo contra una ventana y huir muy mucho sería una opción viable, algo nos llamó la atención tanto al Jefe como a mi. En un principio, creí que una brisa de viento había movido algo, pero no, aquel leve sonido poco a poco fue transformándose en mi cerebro como unas palabras, y al volver a reproducirlo mentalmente, así sonaban, una extraña pero agradable vocecita susurrando unas palabras aún más extrañas. Levanté lentamente la vista hacia la mujer. Jefe ya la miraba. Dos palabras y nos había hipnotizado. Pero este falso hechizo se rompió cuando comenzó con los extravagantes movimientos. Miré a Jefe, que había perdido aquella mirada segura y confiada, para pasar a una de completo desconcierto. Vaya, de la clase de las que a mí me gusta causar. Si ahora conociese a los elfos, podría saber si ese comportamiento es relativamente normal entres su sociedad, si no habla porque oculta algo, o porque narices decide bailar en clave, o lo que quiera que sea eso.  

Jefe finalmente asintió ante lo que le hubiese dicho la pelizaul y se levantó, chocando contra el techo de la sala. Vaya, aún parecía algo anonadado. Entre improperios abandonó la habitación. Cuando abrió la “puerta” una nueva brisa entró y recorrió la sala. ¿Esta gente es inmune al frío?, lo digo porque mientras yo muero un poquito por dentro con cada brisa, aquí la gente se pasea desnuda. El mundo está muy mal equilibrado.
La joven suspiró y se dejó caer donde hasta hace unos segundos había estado sentado Jefe y me miró. Y se tomó su tiempo para cesar aquella mirada. Ciertamente resultaba incómoda, así que aclaré mi garganta.

- Bueno, gracias... de nuevo. - dije sin mucha convicción. Aún no sabía si tenía que agradecerla, pero siempre era bueno, hacer creer que así lo hacía. – Entonces todo esto en que me convierte… ¿vuestro prisionero, protegido… nuevo empleado?, nadie suele hacer las cosas por amor al arte. – medité un segundo – Excepto los artistas, quizá. Como los de las troupes. Pero ya entiendes a lo que me refiero, ¿verdad? – esta vez si que la miré. Suspiré y derrotado continué - ¿Acaso entiendes lo que digo?, ¿hablas la misma lengua?. ¿Hablas siquiera..?

Como respuesta, la chica se levantó y se acercó a mí. Se volvió a sentar de rodillas, solo que esta vez más cerca. Demasiado cerca. Había acabado con su rostro a escasos centímetros del mío. Normalmente hubiese optado por echar el mío hacia atrás, pero teniendo en cuenta de que estaba pegado a la pared, no era una opción muy viable. Sin saber qué hacer, miré de izquierda a derecha sin mediar palabra, mientras la joven acariciaba lentamente mi mejilla para finalmente separarse de nuevo. Solté el aire que sin darme cuenta había estado conteniendo todo este tiempo en un suspiro. Dejadme definir toda esta situación en una sola palabra. Ejm, ahí va: “¿¡¿Qué?!?”. Pues eso.

Mientras la chica saltaba o danzaba de un lugar a otro, me levanté lentamente, apoyándome en la pared. Miré mi brazo, ya no había una herida que me delatase, pero aun así, seguía sintiendo una cierta molestia en él, por lo que opté en utilizarlo de momento el menor tiempo posible. Caminé hacia la “puerta”, mientras Lariel se tiraba al suelo a garabatear algo en un papel. Moví ligeramente la tira de cuero de la puerta y disimuladamente eché un vistazo al exterior. Seguía lloviendo y aunque estaba oscuro, se podía ver gracias a los farolillos a los últimos rezagados recogiendo sus tenderetes. Al mirar más alrededor lo entendí finalmente. Estábamos en un carromato de una caravana. Alrededor había más. Conseguí distinguir en una de las más cercanas a Jefe. Su carromato estaba bastante iluminado y él sí que tenía una puerta en condiciones, pero la mantenía abierta, ahora estaba fumando de una pipa mientras miraba al horizonte, pensativo y de repente, desvió la vista hacia mi posición. Me aparté al instante, pero juraría que nuestras miradas se habían llegado a cruzar durante una décima de segundo y por paranoico que sonase, una extraña sonrisa me había parecido llegar a ver en su rostro cuando miró en nuestra dirección.
No quise darle más vueltas al asunto, tampoco se me permitió puesto que Lariel reclamó mi atención. Estaba mirando en mi dirección, sonriente y sostenía entre sus manos un dibujo que había estado realizando. ¿Quizá esa era otra de sus formas con las que comunicarse con la gente? Me acerqué a ella y me senté a contemplar el dibujo.
Lo observé durante un buen rato, lo juro, pero por más que lo intentaba, no acababa de encontrarle un significado. Había una figura humanoide en lo alto, más grande, que bien podía ser Jefe, y más abajo, unas cuantas figuras similares pero más pequeñas, que supuse que era la… ¿troupe quizás?, ¿y qué?, ¿cuál era el punto de todo esto?

- Anda, es… muy bonito. ¿Qué significa? – pregunté sin saber muy bien si esperar una respuesta - Jefe dijo que lo tuyo era bailar, ¿verdad? – le lancé una sonrisa forzada – Bien, bien... – porque como como te dediques a la pintura… - Es sorprendente cuantos talentos ocultos puede tener una bailarina...

Miré a la “puerta” tentado a echar un nuevo vistazo a través de ella. Si en algún momento tenía planeado huir, sería mejor que nadie supiese de mi nueva ubicación, pero el Jefe ese… No podía salir de aquí bajo su atenta mirada. Ni tampoco de la de la elfa. ¿Y si ella solo era una perro guardián que me vigilase y me entretuviese mientras el otro iba a buscar su jugosa recompensa?, pero, ¿A dónde iría?, desde luego, ahora era el momento donde menos gente me encontraría por la calle. Quizás me podría colar en un barco, navegar un par de días como polizón.
En cuanto me di cuenta, dejé de mirar a la salida. Aquello podría verse como un acto sospechoso y no debía de tomar riesgos innecesarios, a pesar de que empezase a pensar que la elfa no era el mayor peligro. A fin de cuentas me había curado.
A fin de cuentas… me había curado…
Joder.

- Lariel – dije de repente, con demasiado ímpetu -, tu eres magas, curas heridas, ¿verdad? Y desde luego que eso se te da de perlas – señalé mi brazo como muestra de ello -, ¿qué tal se te dan las heridas de la mente?, verás, he olvidado los últimos días y la gente me busca por algo que he hecho durante ese periodo de tiempo – no, pero con suerte colará - , creo que me han utilizado, hechizado o algo por el estilo. Si puedes curar heridas en los brazos, podrás curar heridas en los recuerdos, ¿verdad?

Mi ritmo cardiaco se aceleró de solo pensarlo, era una idea repentina a la que de repente me había aferrado. Tenía lógica, y sabría porque no recordaba los últimos diez días, y que había hecho durante todo ese tiempo… Puede, y solo puede, que al contarle lo de la amnesia, hubiese adornado demasiado algunos detalles y omitido otros cuantos. Algunos podían considerarlo mentira, pero bueno, yo lo consideraba más bien otro punto de vista.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Mar Mayo 31, 2016 7:14 am

Dejé mi dibujo a la deriva y volví a poner atención en el joven, ladeé mi cabeza y comencé a cepillar mis cabellos de forma delicada y casi mimosa, movía rítmicamente mis pies mientras estaba sentada al lado de las piedras que emanaban ya un calor mucho menor, parpadeaba lentamente al igual que como respiraba, relamí mi labio inferior para humedecerlo un poco ya que el frío que hacía secaba un poco aquellas partes sensibles de mi rostro, el velo azul se encontraba caído cubriendo mi cuello y no mi rostro, pequeñas monedas sonaban en el momento que me movía en un pequeño vaivén típico del cuerpo nervioso que temblaba por cuestiones del clima; pensaba en su segunda pregunta ¿De quién había heredado el color de mis ojos? De la tierra, claramente, de mi padre y de los Dioses que habían guiado mi alma desde el pasado hasta mi cuerpo actual, casi eterno, pero aún así con una vida tan efímera y frágil como el de todas las criaturas ¿Cómo se lo explicaría a un hombre? El ser humano no destacaba por su delicadeza hacia los confines del mundo, ni las raíces de la tierra que nos unía, ni el respeto único y la guía de los Dioses, entonces ¿Por qué preguntaba en un primer lugar? No podía contestar esa pregunta, porque sería ir más allá de la comprensión del mundo de un mortal, la mortalidad era realmente poderosa, avivaba el ingenio, pero los hacía realmente ir tan rápido, que no podía seguir su ritmo.

¿Cuántos lunares había contado en su cuerpo?  Ninguno, pensando en su fragilidad le había vestido y secado tan rápido como habían podido mis manos, reí por lo bajo, no era alguien que hiciera las cosas rápido ni se preocupara por el tiempo, pero que otra cosa se podía hacer cuando o conocías los límites de los demás. Suspiré, una vez mi cabello estaba listo y mi cuerpo ya no temblaba volví a escuchar al joven, al parecer no apreciaba el silencio, y le preocupaban cosas más bien banales ¿La gente debía tener una razón para ayudar a otra? Pues si era así, la mía era simple curiosidad, así que hice un gesto con la mano izquierda, la abrí y cerré rápidamente y luego junté la uña del dedo índice con el pulgar para pasarla frente a mis ojos ¿En que lo convertía? No lo convertía en nada, la persona siempre era una persona, la identidad no cambiaba dependiendo de con quien estabas, solo cambia lo que dejas ver de ti, así que ladeando mi cabeza no intenté siquiera responder esa pregunta ¿Si entendía la lengua? Pues hablaba más de veinte idiomas, era algo vergonzoso ya que en mi tribu debíamos de saber más de cincuenta, pero como no utilizaba muy bien las palabras, hablaba veinte y comprendía más de setenta, para equilibrar, aunque algunos dialectos se encontraban extintos ya a esas alturas, aunque tendría que reconocer miles en cuanto cumpliera los doscientos años.

Reí suavemente, no sabía si el joven había visto mis respuestas o si las había entendido siquiera, pero al verlo absorto en la pintura colocando ciertas expresiones que denotaban confusión, solo supe que al parecer dibujar no era mi fuerte, y él realmente buscaba llenar el silencio con palabras sin ningún significado ¿Cuál era el ánimo de hacer eso? Hablar sin sentir, comer estando saciado, dormir sin haber recorrido los límites del cuerpo (Cansancio, le dicen), era una manía algo recurrente hoy en día, en todas partes la encontraba ¿El silencio era realmente tan desanimante? ¿Estaban acostumbrados a que el interés se traducía en palabras? Para poder comunicarme con el joven, tendría que recurrir a mi voz, aunque sentía que de cierta forma lo que dijese no sería totalmente cierto, los pensamientos no eran fáciles de expresar solo con vocablos. Parpadeé volviendo al momento, y este en el cual yo pensaba, observaba demasiado concentrado la salida, pensé en el frío, en su desmayo, en la lluvia y en que le buscaban bajo recompensa sobre su cabeza, entorné mis ojos entonces decidida a hablar, me levanté dejando sonar mi vestuario con aquel simple movimiento, y en cuanto iba a pronunciar palabra, el joven me paró en seco, asentí automáticamente al escuchar mi nombre y le miré en una pieza, de pie entre el camarote y las rocas que nos habían mantenido calientes, pero ya se habían apagado, llevé mis manos a las caderas pensando en lo que decía, vale, él sabía que yo tenía cierto entendimiento con la magia y mostraba su brazo revalidando su teoría, asentí sin esconderlo moviendo mi cadera en un tintineante “Sí” de las monedas, al parecer pensaba que por qué de que le buscaban tenía que ver con algo hecho en unos días que no poseía memoria, apreté mis labios, hice unos movimientos algo dubitativos con mi cabeza y crucé mis brazos frente a mi pecho,  casi en un abrazo a mí misma, pero con la vista lejana.

“La magia de luz es delicada, necesita bondad para ser realizada, respeto hacia la misma es lo único que puedes tener, o cosas malas pueden suceder” Tararee una canción antigua moviendo mis brazos en distintas direcciones, bailaba, buscando seguridad en mi respuesta, cantaba, para aclarar mi voz y mis palabras pudieran decir aquello que fuese considerado correcto “Si algún sentimiento lejano recurre a esta, o el motivo equivocado, puede ser igual de destructiva que la magia oscura más poderosa, ya que el trazo entre ambas es realmente delgado”.

-He visto como la magia destroza al hombre-Susurré, una vez más mis palabras eran tapadas por la lluvia y el tintineo de mis movimientos, buscaba la mirada del joven, buscaba bondad, la necesaria para curar cualquier herida, el cuerpo era una cosa totalmente distinta a la mente, y ni hablar sobre el alma-Puedo intentar recuperar un recuerdo-La tormenta sobre nuestras cabezas se pronunció con un rugido estruendoso, haciendo que diera un pequeño salto hacia atrás, parpadee rápidamente, podría hacerlo, pero luego de descansar un poco-Pero no podré en estos momentos, agotada-Lo último lo dije con un gesto de mis manos que apuntaban hacia mí, no era fácil curar algo profundo como una herida, mucho menos algo más profundo como la mente, y ni siquiera podíamos hablar del alma de una persona ya que eran planos totalmente distintos de una misma persona- …¿Cómo puedo pensarte?-

Me parecía algo injusto el hecho de que él conocía uno de mis nombres sin que tuviese la oportunidad de demostrárselo yo misma, así que me parecía bien el preguntarle el suyo propio ya que estábamos en todas esas tonterías de hablar; ya algo agitada por la tormenta, me senté en el camarote observando al joven y haciéndole un leve ademán con el brazo apuntando a la puerta-Ciertamente, te traje aquí por tu…-Pensé un momento en que había dormido a su lado el día anterior, en que le había seguido y abandonado mi comida en un callejón para traerle a la Troupe, además del hecho de haber curado su herida a pesar de ahora estar mentalmente agotada…Me haría responsable por cualquier cosa que hiciera en la Troupe y ahora debía además de bailar, cantar-Situación…No eres un prisionero, la libertad de irte es tuya, pero puedes pasar las noches junto a nosotros hasta que estés a salvo, nos marcharemos en lo que el cielo deje de recorrer la tierra-Ahora, en vez de apuntar a la puerta, dejé mi mano reposando en el tibio colchón y las mantas que cubrían mi cuerpo en las noches, ahí dormían tres personas, contándome a mí, la verdad no sabía dónde se encontraban en ese momento, pero siempre yo podría arrinconarme al dormir.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Vie Jun 03, 2016 7:47 pm

No me había percatado apenas de que mientras la idea de poder recuperar del olvido aquellos últimos diez días, había abandonado el cuero que hacía las veces de puerta así como la atenta mirada de Jefe y me había ido arrastrando hacia mi posible salvadora con cada palabra que pronunciaba. Sabía que recordar puede que no me aportase más que incómodos recuerdos, inseguridades y más problemas, pero siempre los humanos ansiamos algo más por encima de todos aquellos inconvenientes, y por desgracia para algunos, nos suele gustar conocer la verdad.

Al final, arrodillado frente a la joven, observé como meditaba y su mirada se perdía momentáneamente en el vacío al tiempo que comenzaba a cepillar su pelo. Quizá en el fondo no hablase mi idioma y todo lo que dije no sirvió para más que llenar el vacío creado por un incómodo silencio. Un leve suspiro se me escapó y con él, mi vaga y repentina esperanza. Mis latidos se relajaron y mi cuerpo se desinfló. Debía haber sabido que esto podría suceder, al fin y al cabo, nunca había habido una posibilidad real más las que cree en una estúpida fantasía. Ya debería haber aprendido a estar a la altura de las expectativas y a esperar siempre lo peor, de no recordármelo, no duraría mucho más. No debía olvidar tampoco que estaba siendo buscado.

Mi cuerpo se irguió y lentamente retrocedí de nuevo hasta apoyar mi espalda en el límite de la pared que acababa en la apertura que hacía de puerta. Por el rabillo del ojo pude distinguir la luz de la caravana de Jefe. Nada había cambiado con respecto a eso. No me fiaba de él, y para ser sinceros, aunque quisiese creer lo contrario, tampoco me podía fiar de Lariel. Desvié la mirada del exterior y comencé a fijarme realmente en el interior de la habitación por primera vez. Estaba adornada si, lo suficiente como para poder parecer sobrecargado pero todo parecía ser artesanal y de alguna manera… ligero y liviano, dando más una sensación de austeridad y porque no reconocerlo, de buen gusto. Me sentía cómodo con aquella sensación. Hubo una época en la que yo debía de ser así, aunque no con tan buen criterio, luchaba por acabar con la sobriedad de mi cuarto y aprovechaba cualquier objeto para ponerlo a prueba en una suerte de manualidad que si llegaba completar de una sola pieza, acabaría en algún rincón de la pared. Aunque… Bueno, digamos que aquellos días quedaron ya atrás en cuanto conocí que el brillo de los áureos vislumbrado por los ojos adecuados pueden abrirte todas las puertas del mundo. Y una vez pruebas el poder que el dinero te proporciona… Es difícil olvidarlo, pero casi instintivo ir en busca de más. Y luego pasa lo que pasa. Que acabas con los hippies de turno, sin recordar los últimos días y en busca y captura. Yuhu.
Pero que le voy a hacer, era un chico curioso. Y no era el único. Al igual que por los alrededores, podría haber alguien como lo fui yo. Y por desgracia, la oportunidad de parecerse más a mi persona, estaba a un grito, advertencia o traición. Las tenía todas contra mí. Pero no es la primera vez, así que… apuesto lo que sea a que no será la última.

Interrumpí mis pensamientos cuando Lariel volvió a mirarme. Había terminado de cepillar su pelo. Se incorporó y comenzó a hacer algunos extraños, bruscos y sobretodo, extravagantes gestos con las manos, acompañado de unos movimientos de cadera y brazos que se asemejaba bastante a una especie de baile, de no ser por lo breve que fue. Tras una melodiosa risa y un movimiento de cadera que hizo tintinear las monedas que debía llevar escondidas entre sus ropajes (Hablando de eso, ¿y mis monedas?), comenzó a tatarear una canción en una extraña lengua que no conocía de nada. ¿Aquello… podía ser un hechizo?, fuese como fuese, había que reconocer que tanto la voz como los movimientos de la chica resultaban hipnóticos. Si aquello resultaba ser un hechizo, diablos, que me hechizasen, que me haga recuperar la memoria, que me arrebate el habla, que me descubra los secretos del universo o que separe mi cuerpo de mi alma, pero que no parase nunca. Algo en alguna parte de mi mente pareció comprender que así se debía comportar alguien que hubiese vivido el tiempo suficiente como para haber visto el sol salir y ponerse por primera vez, que hubiese plantado árboles milenarios o que le hubiese dedicado un nombre a aquello que nunca lo tuvo antes. Así que aquello eran los elfos.

Finalmente, aquella especie de rítmico ritual paró y mi cuerpo se desinfló levemente. Lariel abrió de nuevo su boca y de ella salió un soplido de aire, un susurro, unas palabras que se colaban por entre el sonido de la lluvia hasta llegar a mí. Sus palabras parecían una advertencia. Me deshice de los encantos de la joven y le devolví mi mirada. En mis ojos brillaba la determinación de alguien que no aceptaría excusas. Alcé mi brazo, donde hace unas horas había una peculiar herida.

- Y yo he visto como reparaban a otro. – respondí, desafiante. No iba a dejar que aquellas palabras me hiciesen dudar. Quería mis recuerdos de vuelta y si realmente había una posibilidad. – Quizás tu no lo entiendas, se de buena tinta que el tiempo pasa distinto para los de tu raza, pero yo no poseo tanto tiempo. Quitarme los recuerdos ha sido arrebatarme días de mi vida. Por eso los necesito de vuelta, necesito saber que me puede estar costando mi vida, tanto como necesito respirar, tanto como necesito alimentarme, porque de lo contrario, puede que no viva mucho el tiempo suficiente como para hacerlo. He de aferrarme a ese clavo ardiendo. Por lo que si puedes hacerlo, yo… Lo necesito. Por favor.

No desvié mi vista de su mirada. Necesitaba que supiese que lo necesitaba. Que creyese que estaba perdido, que no sabía que podía costarme mi vida. Necesitaba engañar a una criatura que seguramente por lo menos triplicaría mi vida y mis experiencias, pero quizás no era la única que tenía talento en esta sala como para pertenecer a una troupe. Al fin y al cabo un actor podría ser parte de una, ¿no?.

- ¿Pensarme? – murmuré desconcertado – Ah. Ahhh, pensarme. Vale, vale – continué al fin, tras varios segundos de meditación – Pues puedes pensarme como el chico más guapo de la sala, como el más buscado de la ciudad o como aquel que suelen llamar Mark. Te dejo elegir. Yo tengo mi preferido. – esbocé una sonrisa burlona y guiñé un ojo.

Me explicó también el por qué me había traído hasta aquí. De forma bastante escueta he de reconocer. Así como que era libre de marcharme o de quedarme el tiempo suficiente como para que la troupe abandonase la ciudad. Era una idea tentadora. Demasiado, teniendo en cuenta las alternativas que podía tener.

- No pienso marcharme hasta que pueda recordar algo más. – o eso pensaba decir de momento, hasta que realmente me decidiese. – Pero por otro lado supongo que no os gustará que ande deambulando por los alrededores. Por eso de que la gente me vea relacionarme con vosotros. ¿Acaso tengo una opción real de que Jefe me deje salir?, ¿cómo sé que ninguno de vosotros está conspirando para hacerse con la recompensa?. Has de comprender que me sea difícil confiar en la gente dada mi situación. Puede que hacerlo haya sido la causa de mi repentina amnesia.

Las piedras que irradiaban el poco calor que había en la sala, se habían apagado completamente, haciendo que este se fuese escapando poco a poco de la sala. Volví a recoger mis piernas entre mis brazos. ¿Es que nadie les había propuesto a esta gente comprar una puerta en condiciones?, que si, que eran unos errantes de la vida y todo eso, pero ahora en serio. ¿De verdad no se lo habían propuesto?, es decir, en que momento dijeron "Oye, que aquí nos falta algo para tapar el interior, ¿porque no me dejas ese trozo de cuero que te ha sobrado?". Estoy casi seguro de que fue así como sucedió.

- Solo por saberlo, sin presiones ni nada de eso, pero recordando que soy un mero mortal cuya vida transcurre mucho más rápido que la tuya, ¿cuándo encontraras fuerzas para hacerme recordar? - pregunté acabando en dos tonos más agudos de mi voz natural y con una extraña sonrisa cordial la mar de forzada. - Es decir, no es como si tuviese prisa, pero mi cabeza podría rodar en cualquier momento y no haber visto aquellos momentos sería... Buf, un palo total. Algo que me quedase pendiente en esta tierra. He escuchado que hay fantasmas que se quedan anclados a este mundo por mucho menos. - comenté como quien no quiere la cosa, sin darle demasiada importancia.

No estaba para nada claro que intentaba presionar la situación. No. Nada. Vale, esto esta siendo pronunciado con un tono muy irónico. ¿Vale?.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Jue Jun 23, 2016 9:52 am

Un pequeño escalofrío recorrió mi espalda, un leve deje de la duda que toda aquella situación causaba sobre nosotros no me dejaba respirar con la naturalidad normal de un día de tormenta, el sonido de la lluvia a mi alrededor relajaba mi cuerpo, en cambio, el pensamiento de “Le has perseguido, guiada por la curiosidad, y ahora solo puedes pagarle protegiéndole de un mal que él mismo se ha causado” Un telar, aquello era el destino, y yo estaba en ese instante atrapada en un nudo que realmente no me preocupaba desatar ¿Eso estaba bien? ¿Sería solo curiosidad? ¿O algo que debía suceder desde el principio? Algo como eso no debería preocuparme, me preocupaba el joven, y eso, si debía hacerlo. Una noche normal de incesable lluvia y truenos sobre nuestras cabezas, hace unas horas atrás, me habían hecho conocer a aquel joven, pero él no lo recordaba, no recordaba haber pedido mi compañía y yo había aceptado por el mero hecho de que sus ojos si veían prácticamente desesperados por ayuda, la pregunta que me carcomía en esos instantes ¿Era mi ayuda? ¿O la ayuda de cualquiera como yo? Ni siquiera lograba comprender como sería yo capaz de ayudarle, y si eso debía hacer realmente, lo que yo deseaba, era descubrir que había más allá de los moretones que cubrían insistentemente su cuerpo.

Los ojos del joven, brillaban con la determinación de un ciervo nuevo decidido a correr por primera vez, me enterneció aquella imagen mental, tanto así que solo asentí parpadeando suavemente mientras me mostraba su brazo, aquel que yo había intentado curar, pero debido a que era muy joven, la magia aún no se arraigaba lo suficiente a mi alma como para curar por completo el cuerpo de alguien más; sonreí triste ante esa idea, después de todo era realmente joven, y no podía dejar de pensar que me encontraba algo perdida en esos instantes, lejos de mi hogar, de las amplias praderas y los espesos bosques, yo buscaba mi lugar a través de un sueño que poseía desde niña, una visión que trascendía el tiempo y las memorias de muchos de nosotros, pero ahí estaba, bailando y cantando, recorriendo la tierra para lograr comprender todo aquello que me rodeaba y se encontraba en mi mente, en la tierra,  en la gente que me rodea.

-Yo no…Repararé -Susurré sonriente mientras movía mi mano en un círculo frente a mí, era un ciclo dentro del cual me tocaría intervenir, no sabía de qué forma había perdido su memoria, pero sentía que realmente debía de ayudarle, no era por la forma en que hablaba ni la fuerza con la cual las palabras salían de su boca, era algo más profundo que iba desde la aceptación de la perdida de una parte de sí mismo, esperaba que realmente fuera así, que le asustara perder una parte él así como yo temía ahogarme en los recuerdos de alguien más. Me encontraba de pie algo inquieta, haciendo un gesto con mis manos, como si partiera una rama invisible y luego la lanzara a las brasas que ya estaban por apagarse, refiriéndome al hecho de que algo roto, podía transformarse en algo más, luego toqué mi propio brazo mostrándoselo, en el cual habían pequeñas cicatrices plateadas ya curadas, algo herido podía ser sanado, y luego le observé girando levemente mi cabeza hacia un lado, con una expresión más bien afligida, estiré mis manos, y lancé algo invisible hacia él-Algo que has perdido, es algo que deberé buscar-Pasé mis dedos por mi cabello, di un giro sobre la punta de mis pies y me dirigí hacia el camarote sentándome unos momentos, dejando mis manos bajo mis piernas para entregarles algo de calor-¿Cómo buscas algo que no conoces?-

Era lo que yo hacía hasta el momento, y la verdad no era nada más que deambular, no sabía realmente como se asemejaban ambas situaciones, pero en mi memoria no había nada como “Recuperar extractos de memoria” parecía una forma de curar, pero no estaba tan segura realmente; de tener algún libro de la ciudad del rey podría buscar información, estar segura de lo que hacía, pero no podía mentir, me excitaba la idea de hacerlo solo por el hecho de no sabía que podía pasar, para un Elfo, algo así, era realmente insensato, pero desde el momento que me marché dejando a mi tribu sin consejo alguno de las eras pasadas, ya había demostrado gran parte de mi misma, y lo que buscaba en aquel mundo que no parecía tan extenso, pero que realmente lo era. Escuché su nombre, o al menos la forma en que le podía llamar, que se asemejaban muchísimo, pero no era lo mismo, al menos serviría para gritar “Eh, que el carromato está por acá, el chico más guapo de la sala” y tal ¿Así era como funcionaba no? Eso me habían dicho la primera noche que pasé por aquí, era curioso como uno podía perderse entre carpas y carromatos de los extraños, y como irrumpir los rituales de cortejos de distintas razas podía llevarte hasta el borde del colapso, nerviosismo, le dicen.

-El chico más guapo de la sala -Susurré riendo, mi pecho vibraba en cuanto lo hacía, mi cabello se movía, y el aire frio parecía no afectar mi cuerpo con los temblores que provocaba, aquella risa parecía mucho más efectiva que el calor de las brasas, apunté a mi nariz con mi índice agregando un “pero” a aquello, luego apunté fuera, realmente apunté al trozo de cuero que manteníamos para cubrirnos, pero esperaba que se entendiera la idea-Mark será.-Miré a mi alrededor y encontré lo que parecía ser una manta, la verdad era un manojo de lana unida, así que me estiré sin levantarme del lugar, encorvándome un poco para llegar al suelo, aplastando mis pechos contra el camarote y con un leve quejido lo alcancé, levantándome luego grácilmente para dejarle sobre mis hombros, y con mis dedos que parecían más finos de los que deberían, comencé a hilar y tejer nuevamente, sin nada más que esas herramientas, para cubrirme del frio en la noche.

Mientras mis dedos se encontraban inmersos en aquella labor, escuché claramente sus dudas, me encogí de hombros como única respuesta ante sus interrogantes, no podía asegurarle que ninguno de la caravana no le iba a delatar, aunque  conocía cada una de sus historias, y había vivido con ellos no mucho más de tres estaciones, pero no eran la clase de personas que traicionaban sin ninguna razón aparente, no eran la clase de amigo que violaba algo tan sagrado como el silencio, y definitivamente yo no era la clase de persona a la cual ellos querrían espantar; quizás no confiaban en él, pero sinceramente esperaba que confiaran en mí, y que mis cortas palabras le hicieran entender a Jefe que yo realmente me ocuparía de esa persona, hasta que él, como Mark, decidiera que no era necesario tenerme cerca. Negué con la cabeza entonces y le sonreí, quitando unos segundos los ojos de mi pequeño telar y buscando los del joven, esperanzada de que le inspirara un poco más de confianza, más allá de la lluvia, los truenos y el hecho que pareciera que fuera del carromato hubiera un diluvio por todos los gritos de “Pon esto aquí” “Saca aquello allá” “Vamos, que mañana solo habrá sopa como se moje tal cosa” estaba el punto que quisiera o no, yo estaba realmente interesada en descubrir su historia tanto como él deseaba recuperar sus recuerdos.

Pensé levemente, podría hacerlo en medio de la noche ya que no necesitaba mucho para tener nuevamente fuerzas, una comida caliente y ya, pero mi cuerpo luego estaría hecho añicos durante las siguientes semanas y no era algo que se denominara agradable, haciendo unos cálculos mentales, pensaba que estaría en condiciones la noche siguiente, pero ya estaríamos saliendo de aquel lugar con los de la troupe, bueno, sería mañana definitivamente, no había que preocuparse más de aquello. Tararee suavemente una canción de cuna mientras “tejía” pensando en el hecho de que había pronunciado más palabras aquella tarde que en los últimos años, sonreí sin apartar la vista de mi labor, era algo curioso ya que, me parecía un niño perdido, el cual solo podía calmarlo con mis palabras, haciéndole saber que había algo conocido para él en este mundo ¿Sería por eso que todos se sienten reconfortados en el bullicio del día a día? Sin percatarse del alivio del silencio justo antes del amanecer.

-Antes de partir-Pronuncié terminando de una vez mi trabajo, lo que antes era un montón de hilos sin forma, ahora era un hermoso hilar, como la tela de una araña, pero los puntos unos junto a otro lograrían conservar el calor de mi -o nuestros- cuerpos aquella noche-O durante nuestro viaje-Sonreí confiada mientras me levantaba del camarote y me acercaba al joven danzando, dando un par de giros sobre mis pies, sin dejar nunca de tararear, en cuanto estuve lo suficientemente cerca, tanto como para rozar su mejilla con mi nariz, alcé mis brazos y lo cubrí con mi obra maestra de aquella noche (todo lo decía porque aún no había cantado ni bailado) le miré satisfecha, se encontraba cubierto por la manta y una bufanda, asentí y aplaudí para mí. Miré hacia afuera, las ondas del viento plasmadas en el cuero del carromato, la lluvia y la oscuridad completa de la tormenta sobre nuestras cabezas, temblé levemente por el frio, a pesar de adorar el clima y encontrarme asombrada por lo feliz que me encontraba en ese momento, sentía mi cuerpo helado y al descubierto por las débiles ropas que lo cubrían, cuando bailara no lo notaría, pero en esos momentos, vaya que me congelaba.

Escuché una voz en las afueras, me giré un momento para contemplar al joven abrigado y besé su mejilla, saliendo descalza en una pequeña danza propia de mí, sintiendo mis pies húmedos por las rocas, observando pequeñas luces siendo aplacadas por el viento; busqué la figura de Jefe y en cuanto la encontré seguí a la troupe hacia el bar que se encontraba a la vuelta de la esquina, había gente tanto dentro como fuera, y el aroma era a licor, humo y especias, no me disgustaba, de hecho me agradaba, teniendo en cuenta que la comparación era el aroma a pescado del puerto. Entramos y casi todo fue gritos junto con música, instrumentos juguetones una vez en un lugar seco fueron expuestos a miradas curiosas, un ritmo pegadizo sonaba y danzamos los bailarines hasta llegar a un escenario, en donde la música fue haciéndose más fuerte y envolvente, las risas cubrían el bar, mi cabello y mis ropas empapadas se ajustaban a mi cuerpo, y antes de comenzar con el show, ajusté mi velo tanto para cubrir mis orejas como mi rostro. Eran un montón de sensaciones, abrumadoras, casi como un hechizo, podía sentir el calor del fuego incluso estando a muchísimos metros de él, comencé a mover las caderas con suavidad, dejando que su sonido llenara la estancia, durante un momento pareció que la bulla desapareció, con mi figura en la escena, siendo el centro de las miradas de muchísimas personas, un leve sonrojo apareció en mi rostro, imperceptible muchas veces, pero ahí estaba, dándome el calor que necesitaba.

La música se fue haciendo cada vez más envolvente, similar a la que se tocaba de donde yo venía, como un suspiro, como si se mesclara con la lluvia y la esencia del lugar, abrí mis labios para cantar, en un idioma que no muchos podrían entender, el idioma de mi tierra, mientras que a mi alrededor gotas de lluvia se alzaban como cristales, acompañando el movimiento de mis caderas y mis manos en cuanto giraba, era un pequeño manto de agua que se encontraba a nuestro alrededor, un truco, magia elemental de agua. Era por eso, que la Troupe no me traicionaría. Yo era una maga, una bailarina, una voz que a pesar no ser más sonora que un leve susurro, se alzaba sobre el bullicio de una ciudad.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Vie Jun 24, 2016 2:34 am

Una sonrisa apareció inevitablemente en mi rostro cuando la elfa accedió a ayudarme a recuperar mi memoria. De un salto me acerqué a ella y tomé una de sus manos agradeciéndole infinitamente la disposición a la ayuda.

- Gracias, de veras. - concluí tras haberlo repetido varias veces.

Mi sonrisa mostraba una gran satisfacción. Quizás muchos la interpretarían como la satisfacción de conseguir ayuda de un alma amable, pero esa mayoría de personas, no me conocían. Aquella sonrisa... aquella sonrisa ya la había esbozado muchas veces. Era la que lucía cuando conseguía un préstamo, un benefactor o cuando me salía con la mía. Cuando conseguía engatusar a alguien para que ayudase a mi propósito, sabiendo antes que ellos, que les defraudaría. Lo haría, si, pero una vez hubiese conseguido lo que quería. No sonreía porque la elfa hubiese decidido ayudarme, sonreía porque había conseguido que decidiese ayudarme. Era a la vez una pequeña y abismal diferencia.

Más allá de aquello, las heridas sanaban tarde o temprano. Eso creí comprender cuando me mostró las cicatrices de su brazo. Las contemplé con sorpresa. Quise preguntar. Lo habría hecho, pero sabía que no conseguiría más respuesta que una vaga generalización de la situación o una combinación de movimientos extraños. Finalmente permanecía callado al respecto.

- Como buscas un objeto en la oscuridad. - contesté a la pregunta que formuló a continuación - Al principio te moverás a ciegas, pero pronto te acostumbrarás y comenzarás a entrever tu entorno y a encontrar lo que ansias. Puede que lleve tiempo. Por suerte, tengo todo el tiempo del mundo.

A continuación, Lariel intentó reprimir en un susurro lo que debería haber sido una risa, pero por más que lo hubiese intentado disimular, las comisuras de su boca delataban que por fin, alguien en este universo, había sucumbido a la presentación de mi nombre. Siempre solía dar al menos un par de opciones entre las que incluía la de "Mark", pero la gente era demasiado... No se, "seria" tal vez, solían tomárselo a mal o limitarse a fruncir el ceño. Aún no entiendo porque nadie había querido llamarme Lord Supremo. Respondí con otra sonrisa, esta mucho más sincera que la primera.

- Bueno, - comencé, restando importancia a la situación con un gesto de mano cuando decidió optar por Mark como nombre con el que "pensarme" - yo me hubiese quedado con la otra. Pero mi error ha sido dar la posibilidad de elección. Aprenderé para la próxima.

Tras decir aquello, se creó un momento de silencio en el que me volví para contemplar la lluvia más allá de nuestro techo, mientras que la peliazul comenzaba a tejer algo al tiempo que se encogía de hombros cada vez que sacaba a coalición mis dudas acerca de mi seguridad con los suyos. No me fiaba ni de jefe, ni de ninguno de ellos. O eso querría hacer. Pero poco a poco, comenzaba a dudar con la elfa. A pesar de todo, una cierta cantidad de confianza si que estaba depositando en ella. Consciente o no, había conseguido ligarme a la troupe solo con una promesa de intentar hacerme recordar. ¿Tan fácil era engatusarme a mí, el engatusador, con solo un par de promesas y una muestra de buena voluntad en forma de magia curativa?, ¿tan torpe me había vuelto?. Aparté finalmente aquellos pensamientos de mi mente. Ahora no quería creerlos. No quería prestarles atención, así que los acallé cada vez que volvieron a surgir.

No fue fácil, pues más tarde comentó que lo haría antes de partir. O durante el viaje. Aquello último no lo dijo tanto como una opción, sino como una convicción. Tenía la certeza de que me quedaría y lo peor, es que seguramente... fuese así.

Antes de que pudiese siquiera hacer un comentario al respecto, se abalanzó sobre mí, arropándome con la "manta" (o la supuesta) que había estado tejiendo todo este rato. Pronto recibí el confortante abrigo de esta y mi sorpresa inicial disminuyó y se sustituyó por una leve duda. Debía cederle la manta. Ella se estaba ganando mi confianza, y tenía la pinta de ser la clase de persona que no traicionaría a aquellos en quien confiase y... debía pertenecer a aquel grupo. Pero por otro lado, hacía tanto frío...
Abrí la boca para renunciar finalmente a la manta cuando unas voces sonaron en el exterior y tras un beso en la mejilla, Lariel abandonó la estancia de golpe, sin más explicación

Aún con una mano en la mejilla, intentando atrapar la sensación de sus labios en mi piel, la observé caminar en la distancia y entrar, no mucho más lejos, en una taberna. Lo cual, me creó una duda existencial. ¿Pretendía que la siguiese?, ¿ese era uno de aquellos gestos suyos?. Miré alrededor. No había nada que me detuviese en el carromato. Dejé caer la manta al suelo y me ajusté la bufanda al cuello y tomé una capa que había junto a la entrada. Me subí la capucha para poder ocultarme entre la multitud y tras musitar varias veces - Mierda - acabé por salir del carromato y correr hacia la taberna.

Al entrar, me encontré aliviado al fijarme que nadie me miraba, todos hablaban animados con la vista puesta en el escenario al tiempo que Lariel se subía a este.

Cuando las primeras gotas quedaron suspendidas en el aire, acompañando a sus movimientos, sentí como el aire abandonaba mis pulmones y la respiración se antojaba una una tarea tremendamente laboriosa. Aquella elfa debía ser una diablesa camuflada, porque nos había himnotizado a toda la taberna. Los más borrachos habían dejado sus jarras suspendidas a centímetros de sus labios. Los jugadores de cartas habían descuidado sus apuestas tiradas sobre la mesa para admirar a la misteriosa mujer. El camarero que estaba sirviendo una última bebida, había quedado ensimismado al escuchar su voz, y a pesar de que el líquido ya caía sobre sus pies, no se percataba de que la jarra hacía tiempo que ya rebosaba.

Todas las personas de la taberna habían sucumbido a su danza y a su voz. Todas las personas de la taberna menos una. Una figura que se movía entre los asistentes con la suficiente soltura para no rozar ni con su capa a ningún miembro de la clientela. A pesar de que su capucha ocultaba su rostro y de que en sus manos giraba un sai nadie le prestaba atención, todos seguían observando a la elfa como yo, sin pestañear, sin mediar palabra, sin saber de un mundo más allá de sus movimientos y por supuesto, sin depositar ninguna sospecha en la misteriosa figura.

Para cuando sentí el ardiente filo en mi cuello ya era demasiado tarde. Primero fue un primer corte de advertencia. De la herida emanó un extraño humo cuando esta comenzó a convertirse en quemadura. Exhalé una exclamación de sorpresa y me llevé la mano al cuello, pero eso solo hizo que con el contacto, el dolor aumentase. Habían roto mi embrujo. La canción quedó en un segundo plano, unicamente para mí. Nadie más pareció percatarse de mí. Me volví buscando con la mirada el causante de mi herida, pero antes de que pudiese encontrar un culpable, otro corte rasgó mi mejilla y el procesó de la quemadura se repitió. No lo comprendí al instante, pero aquella no era un arma normal. No era un arma que alguien normal pudiese permitirse llevar.

Algo agarró de mi capucha y tiró de mí. De nuevo con un grito de sorpresa caí al suelo y comencé a ser arrastrado fuera de la taberna, no sin intentar zafarme, pero aquello que me agarraba poseía una gran fuerza que me hizo la tarea imposible. En esta ocasión algún comensal desvió ligeramente su mirada para observar como mi cuerpo se alejaba. Nadie le dio mayor importancia y continuó observando el espectáculo.

Con una patada, la puerta de la taberna se abrió y la silueta salió de esta, con mi cuerpo arrastrado tras de sí. La lluvia comenzó a salpicarme en la cara y los charcos a empapar mis ropas. Cuando estuvimos fuera, la fuerza que tiraba de mi cuello cesó y di una bocanada de aire. La figura encapuchada se volvió hacía mi.

- Te has escondido bien de nuevo Mark. Pero nadie escapa a mí. - dijo una voz femenina imposiblemente familiar para mi. Nunca la había escuchado. Nunca, que recordase. - Pero no has pasado desapercibido, para nadie.

Había tenido el tiempo necesario para conseguir por lo menos sentarme, puesto que cuando apoyé una mano para levantarme, la mujer la apartó de una patada y acercó el sai hacia mi cuello, tocando la punta de este mi barbilla. Pronto comencé a notar de nuevo el calor y el ardor del filo del arma. Grité. Pero una mano tapó al instante mi boca. La mano estaba recubierta de un gran guante de cuero, adornado con caracteres de otras lenguas. En cuanto ejerció un poco de fuerza y sentí el dolor de mis huesos apretarse unos con otros comprendí que aquella mujer estaba armada hasta los dientes de artefactos mágicos. Un sai con un filo ardiente y un guante poseedor de una fuerza inusual para la constitución de la figura de la mujer, que explicaba como podía haberme sacado a rastras de la taberna con tanta facilidad.

Ahora que su rostro estaba más cerca del mío, lo examiné con cuidado. Una piel salpicada de pecas, un cabello de color miel trenzado alrededor de su cuello , y unos ojos castaños envueltos en un brillo azulado que me miraban con un odio que sería imposible pasar desapercibido."¿Quién eres?" intenté preguntar, pero el aguante amortiguó todo intento de que un sonido saliese de mi boca. A pesar de ello, la chica, pareció comprender lo que intentaba decir.

- ¿Quién eres?, eso quieres preguntar, ¿verdad?, siempre lo mismo - soltó con una voz burlona - , ¿qué quieres de mí?. Creí que ya habíamos superado esa fase Mark. A partir del tercer día deberías haber entendido que dejé de contestarlas. Oh, no lo intentes - continuó antes de que formulase la siguiente pregunta - ¿Por qué?. Lo sabes tan bien como yo. Si yo no tengo nada, tu tampoco lo tendrás.

Soltó mi mandíbula y colocó su guante sobre todo mi rostro, impidiéndome de nuevo articular palabra. Mis ojos, abiertos bajo aquel extraño cuero dejaron de ver oscuridad para verse deslumbrados por un resplandor blanquecino y comprendí con horror que era aquella luz. Tras esto, mi cuerpo cayó al suelo inconsciente mientras la figura se ajustaba la capucha y mientras se volvía dispuesta a marcharse murmuró para si misma unas últimas palabras.

- Hasta mañana pedazo de hijo de puta. - concluyó casi escupiendo las últimas sílabas.

Ni mi mente, ni mis oídos llegaron a captar nada de las últimas palabras. En mi cabeza se reproducía un baile en una taberna, el techo de una caravana, la huida por una calle al comienzo de la tormenta, el rogar por un barco que saliese de la ciudad, el correr calle abajo hacia el puerto, los pensamientos que habían cruzado mi mente al saber que llevaba diez días sin recuerdos, la espera en la taberna de la Roca y por último, el olor a mar junto al graznido de las aves de la isla hicieron que poco a poco me hicieron tomar consciencia de que una nueva mañana estaba por llegar. Tras cada una de esos momentos comenzó a ceñirse un halo de oscuridad, envolviéndolos poco a poco, haciéndolos desaparecer.



Un estruendoso sonido me despertó, acompañado de una húmeda sensación, de las gotas cayendo sobre mi cuerpo. Miré a mi alrededor confuso. ¿Dónde estaba?. Un potente dolor de cabeza amenazó al hacerse notar por primera vez. Llevé una mano a mi sien. ¿Qué estaba sucediendo?. Haciendo un gran esfuerzo, repasé mis últimos recuerdos. Había bebido y reído, celebrado mi recién adquirida fortuna, pero no comentándola, sino fundiéndomela. Había vuelto a mi habitación en la Roca, solo, y tirado en la cama intenté conciliar el sueño. Recuerdo que sonreía, incluso cuando... Cuando llamaron a la puerta.
Palpé mis ropas empapadas en busca del dinero. No estaba. Observé mis prendas. No... no se parecían a nada que en mi sano juicio me habría puesto. Tenía alrededor de mi cuello una bufanda. Yo nunca llevaría algo así. A mi alrededor, solo se distinguían las luces de una caravana y las de alguna clase de taberna. Era noche cerrada y por alguna razón, me encontraba bajo una enorme tormenta. En ese instante noté un leve dolor en la barbilla. Al llevarme una mano hacia ella, noté la quemadura y la volví a quitar. Notaba aquella misma sensación en la mejilla, y en el cuello.

Una figura se acercó lentamente hacia mí sin previo aviso. La notaba extrañamente familiar su rostro, su andar el color de su cabello. Pero jamás le había visto, de eso estaba seguro.

- ¿Qui... Quién eres? - pregunté indeciso sobre que debía siquiera preguntar.

En la distancia, tras una esquina, una figura encapuchada observaba con una amarga sonrisa lo ridículo de la situación. Un sai se movía vertiginosamente entre sus dedos, dispuestos quizás, después de tanto esperar y actuar tras las sombras durante el día, a hacer alguna excepción y convertirse en la personificación del horror de su víctima por una vez. Por lo menos, hasta que volviese a olvidar.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Lun Jun 27, 2016 7:52 am

Al ritmo del compás mis caderas y mis pies se agitaban, con leves pasos sobre el escenario que aun así transmitían la fuerza de mi danza, las leves gotas de agua que se elevaban a mi alrededor, recorriendo la instancia creando una atmosfera completamente irreal, el silencio no nos acompañaba, había música, truenos, pasos y tintineos por doquier, pero era como si el aire se hubiera escapado de los pulmones de todos los presentes, como si durante un súbito momento, todos fuéramos partes de un único plano, unidos por la música, el baile y la lluvia a nuestro alrededor; mi corazón galopante en mi pecho no me permitía detener aquel viaje, leves susurros que arrullaban a la melodía principal escapaban de entre mis labios, naciendo en lo profundo de mi garganta se los entregaba a cada uno de los presentes, sonrojada y emocionada a más no poder, ya que la música y el baile tenían un significado tan profundo para mí que me era imposible no pensar que regalaba algo muy importante, o peor, lo vendía como pago para mantener a un joven en una cama caliente. Con un único paso hacia adelante, la melodía se detuvo, el tintineo proveniente de mi cuerpo cesó de forma abrupta, rompiendo de un solo golpe la historia que hilábamos, mi cabello se encontraba húmedo, con un levé movimiento de mi muñeca las gotas a nuestro alrededor viajaron por la puerta, hasta caer de golpe a la tierra que rodeaba la ciudad, en cuanto el ruido volvió a la taberna en forma de aplausos, llantos y silbidos que exclamaban halagos para todos nosotros y nuestra actuación, mi mirada recorrió la estancia buscando a Mark, respirando de forma entrecortada bajé del escenario con ligera ayuda de mis compañeros, los cuales luego de aquella canción se apropiaron de las alturas de madera, tocando cosas más amenas y menos intensas, propias de una taberna.

La gente me hablaba, me alagaba y me ofrecía dinero, joyas, algo para beber, ante tales cosas yo solo sonreía, hacía un leve movimiento de cabeza y seguía caminando, aunque solía pensar que mis compañeros aceptaban aquellos regalos de buenísima gana; negué con la cabeza un par de veces y llegué a la barra, antes de decir mi palabra, la dulce y fría agua se encontraba frente a mí, agradecí con una leve sonrisa y bebí girando mis pies para poder tener una vista panorámica de aquel lugar, vi muchas cabezas, diversos cabellos, hombres y mujeres, algunos animales, gente que bebía, otros que charlaban y algunos que solo iban a apostar a aquellos lares, quité aquel dulce brebaje de entre mis labios, y con un pequeño puchero que hizo escurrir una gota de agua por mi barbilla, suspiré dispuesta a volver al carromato para verificar si el joven se encontraba ahí, o había decidido irse. Miré la barra, encontré una pluma y con un líquido viscoso y oscuro, escribí con una letra elegante sobre la madera un pequeño pedido, algo dulce para comer, un emparedado con queso, y agua miel para llevar todo; el cantinero arrugó el entrecejo, asintió, y antes de comenzar con lo que le demandaba, borró lo escrito con un sucio paño que se encontraba en las cercanías. Sin poder evitar reí esperé a que mi pedido estuviera listo, por mientras arreglaba mi velo que por la prisa en beber se encontraba colgando de cualquier parte, dejando mi rostro descubierto, arrugué el entrecejo unos momentos y lo ajusté nuevamente, secando con el dorso de la mano mis labios y barbilla húmedos; un par de jóvenes se acercaban a mí y yo los alejaba con una maestría indudable, si encontraba escurridizas las hojas llevadas por el viento, imagínense una bailarina que ha crecido sobre las copas de los árboles, casi imposible de atrapar, a menos que se distraiga por, comida.

-Gracias-Dije una vez el aroma estuvo a mis espaldas, saqué unas monedas, y en un rápido intercambio salí corriendo de la taberna en busca del joven, en cuanto salí quedé completamente empapada una vez más, las luces se encontraban en su mayoría apagadas, pensando en que eran muchísimas velas y pocas configuraciones de otro tipo, sentí pena por la pobre llama que debió estar a la intemperie cuando la tormenta amenazaba contra nosotros; entrecerré mis ojos para poder ver mejor el lugar, no era mucho lo que había que correr hasta el carromato, exhale suavemente y mi aliento quedó marcado como vaho a mi alrededor, sonreí, abracé una pequeña bolsa café contra mis pechos, y caminé.  No se realmente que pensaba en aquellos cortos tres pasos, pero al bajar mi mirada unos momentos observé un bulto, un bulto con unos ojos maravillosamente trastornados, perdidos, intentando entender que acababa de pasar, di un pequeño salto de sorpresa y me acerqué para observarle, estaba empapado, con el cabello al descubierto y nuevas heridas, nuevos moretones relucientes en su cuerpo además de un leve hilillo de sangre que se resbalaba por la comisura de sus labios.

Me quedé de pie frente al joven unos momentos, casi tan consternada como él, esa mirada era algo completamente distinto a lo que había visto hace, quizás media hora atrás, como mucho, respiré lo más calmada que pude, busqué en mi mente algo que me ayudara, pero por primera vez solo estaba yo y mis silenciosos pensamientos gritando de forma desgarradora; no solté esta vez la bolsa, ya había perdido comida en la mañana por perseguirle, pero cada vez estábamos empapándonos más, me arrodillé frente a él y le mire buscando una explicación, eran los ojos del joven de la taberna, cuando lo vi por primera vez, pero se encontraba ¿Asustado? No lo sabía, era difícil para mí saber…¿Qué debía hacer en ese momento?. Acaricié suavemente su mejilla, observé leves quemaduras en su cuello, algunos golpes, arañazos, suspiré y sonreí luego agarré su brazo, negándome a hacer más en aquellos momentos, solo lo agarré y con mi débil fuerza lo arrastré casi a la caravana, bajo la lluvia, sin articular palabra alguna, la gente no aparecía aturdida en los callejones por arte de magia ¿O si?.

-¿Qué sucedió?-Pregunté preocupada, había preguntado quien era yo, un escalofrío recorrió mi espalda, le dejé sentado en el camarote, me comencé a quitar la ropa distraída esperando que recordase al menos un poco de lo que había pasado en aquellos momentos, mi cuerpo estaba húmedo, igual que mi cabello, las ropas se encontraban por completo en el suelo mientras estrujaba de forma distraída los azules cabellos que poseía, dejando que goteasen sobre la ropa; una vez sintiéndome más segura sobre el asunto, caminé hacia la manta que había tejido con mis propias manos hace un rato, para acércame al joven, cubriéndome levemente con esta en cuanto me senté a su lado.-¿Recuerdas mi nombre?...¿Tu nombre? ¿Mark?-Dije aquellas palabras confiada, como si nos hubiésemos conocido desde toda la vida y yo tuviera total certeza de que aquel era su nombre, parpadee intrigada, dejé con suavidad la manta a su lado, dejando que se deslizara por mis hombros quedando desnuda nuevamente, en lo que caminé hacia la bolsa que había traído (ahora completamente empapada, pero su contenido se encontraba bien para nuestra suerte)  y con total naturalidad di un enérgico salto hacia el camarote, un salto de dos metros dentro de una caravana, sin complicación alguna en esquivar diversos objetos en los suelos.-Soy Lariel…-

Me resultaba completamente extraño hablar, pero sentía que si me expresaba como lo hacía normalmente, lo espantaría sin lugar a dudas, además de que no entendería ni pepinos sobre lo que yo le debía estar comentando ¿Cómo debía actuar? Digo, lo había rescatado de un callejón, dos veces, y ahora parecía una loca de patio que hacía expresiones corporales muy marcadas que seguramente el no entendía; suspiré agotada, mirando suplicante al joven en busca de una explicación, quizás sería necesario que buscase los recuerdos en ese momento, pero luego no me podría mover…¿Y que si le seguía sucediendo el resto de su vida? Además que quizás ahora era una burbuja con capas, la primera capa serían los recuerdos del día pasado, y así hasta todo lo que había olvidado hasta el momento, suspiré una vez más, el frio comenzaba a calarse por mis huesos y se me acaban las opciones para vestirme.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Sáb Jul 02, 2016 9:15 pm

Todo a mi alrededor se me tornaba al mismo tiempo tremendamente familiar y totalmente desconocido. La lluvia empapaba cada poro de mi piel, pero al mismo tiempo ya habían sido empapados antes. Las luces con las que los relámpagos iluminaban el cielo me mostraban un paisaje que mi mente intentaba reconocer, pero por más que lo intentaba, por más posos de recuerdos que encontrase, por más reminiscencias que pudiese intuir de un pasado, toda la información a la que mi mente intentaba acceder se encontraba oculta, envuelta en un mar de oscuridad, inaccesible por alguna razón que no llegaba a entender ni siquiera percibir.

Una joven se encontraba frente a mí, igualmente mojada, me miraba con una extraña mirada que al mismo tiempo se podría interpretar como de confusión o como de tristeza. Nuestros ojos se cruzaron y al contemplar el color miel que reinaba en los iris de la desconocida, me invadió una profunda y abrumadora sensación de desasosiego. Una tímida lágrima resbaló por mi mejilla, camuflada por las gotas de lluvia. ¿Qué demonios estaba pasando?, yo no debería estar aquí. Yo no estoy aquí. No lo estaba. ¿Lo estoy?. ¿Quién es ella?, ¿por qué me mira de esa manera?. No lo entiendo. Tengo miedo. No entiendo lo que esta pasando. Joder, tengo miedo.  

La chica se arrodilló sin previo aviso frente a mi y cuando alzó su mano intenté apartarme, aún con los reflejos adormecidos, su mano llegó antes hacia mi mejilla, paseandola por ella en una breve caricia. Me quedé congelado en el instante en el que entramos en contacto. Ella me conocía. Estaba seguro. Por alguna razón que se me escapaba en estos momentos, me conocía.
Cuando su dedo llegó a mi quemadura, el dolor que había quedado mitigado por el olvido, regresó fugazmente, haciendo que mi rostro se tornase en una desagradable mueca. Me llevé la mano a la quemadura. Mis dedos rozaron los de la desconocida unos segundos antes de que estos se retirasen y bajo su piel, bajo la suavidad de su tacto, allí estaba, una quemadura con forma de corte. La palpé sin entender. Aquello no estaba ayer cuando me acosté.

Sin mediar alguna palabra, la joven me pasó el brazo por debajo del mío e intentó con más fuerza de la que debería tener levantarme. A pesar de estar terriblemente cansado y confuso, me obligué a levantarme, ayudado por la joven. Me dejé llevar en la dirección en la que ella se movía. En varias ocasiones tropecé y casi caigo al suelo, pero no me soltó en ningún momento. Me esforcé por continuar el camino. No tardamos demasiado en llegar hasta una caravana cercana, pero para mí la percepción del tiempo había sido altamente mayor. Respiraba con dificultad. Quizás en otras condiciones, me habría dado cuenta de que una sombra pasaba por detrás de la joven con la vista clavada en nosotros y se volvía a perder en la oscuridad. Quizás en otra situación, habría advertido el peligro de esa mirada, de lo que depararía. Pero en aquel momento... En aquel momento, aquella silueta no era más que una sombra, una sombra que se mezclaba con las del exterior de la caravana, que componía un paisaje que en otra ocasión me hubiese gustado contemplar, pero ahora no podía imaginar su procedencia de otro lugar más que de una pesadilla.

Algo salió de la boca de la desconocida. Creo que yo también dije algo. Tuve que dejar mis pensamientos aparte durante unos segundos para entender que me había preguntado sobre lo que sucedió, y para recordar que yo, con voz de imbécil, había soltado un lamentable "¿Ehh? eh..".
Me encontraba observando el camarote. La cabeza comenzaba a dolerme. Cada vez una sensación de dejá vu mayor recorría mi mente y la imposibilidad de lo que aquello insinuaba provocaba aquel dolor. Al final clavé la mirada en la joven e intenté concentrarme lo que estaba sucediendo. Sinceramente, no ayudó mucho que de repente se levantase y comenzase a desnudarse. Vale, si, de no ser por el dolor que sentía, juraría que me encontraba en otro sueño erótico. Pero que queréis que os diga, en ellos no solía haber una sola mujer, y desde luego no tenía ninguna ni el cabello azul ni las orejas punt...tiagudas... ¡Coño, una elfa! Espera, ¿una elfa en Hrotmur?, espera, ¿acaso seguía en Hrotmur?, que vale, que no serían TAN raras de ver, pero si lo suficiente como para que... em... ¡Coño, una elfa!.

Si ya había dado la impresión de un potente retraso con mi respuesta, ahora con la mirada fija en cada centímetro de su cuerpo, cualquier persona, según mi "amplia" experiencia habría salido corriendo, me hubiese dado o una patada o se hubiese tropezado al darse cuenta de donde se posaba mi mirada y em... digamos que el resto no era agradable. Sin embargo, la elfa simplemente tomó una manta que más bien parecía una telaraña de una tela torpemente entrelazada, que desde luego abrigaría tan poco como lo que tapaba y se envolvió en esta.
Volvió a acercase a mí y me hizo una pregunta cuya respuesta desconocía tanto como la anterior que me había formulado. ¿Qué si sabía su nombre?, ¿cómo pretendía que lo supiese si no me lo había dicho?. Ya un poco más cómodo conmigo mismo y tras superar la sorpresa inicial, volvía a abrir esa bocaza que me caracterizaba.

- ¿Debería? - pregunté degustando cada sílaba y armándome de confianza.

Ya no estaba tan confuso, ahora mi estado de alerta se había disparado, el escuchar mi propia voz me proporcionó cierta seguridad, cierta sensación de que con mi labia podría ganarme el favor de la situación y tornarla hacía mi. O eso podría haber sido más sencillo si hubiese sido una humana, pero una elfa... No conocía sus costumbres ni forma de relacionarse. Vale, las probabilidades de meter la pata eran altas, ¿pero acaso me quedaba alternativa?.

- ¿Mi nombre? - pregunté tras hacerlo ella - , pues verás, por ser tu puedes llam... - dispuesto a ofertarle una serie de posibilidades ridículas que podrían ser mi nombre, tal y como solía hacer, tuve que frenar en seco cuando de su boca salió mi nombre. Definitivamente, si alguna vez había tenido alguna duda al respecto, si, la elfa me conocía. - Mark. - repetí, con cierto tono de desconfianza. ¿Qué quería?, ¿qué sabía de lo que estaba pasando?. Mierda. ¿Recordáis lo de controlar la situación?, joder, olvidad lo que dije, no entiendo una puta mierda. - ¿Cómo sabes mi nombre? - concluí, dispuesto a comenzar a poner las cartas sobre la mesa en esta extraña situación.

Antes de poder siquiera responderme, se levantó y de un salto inhumano cruzó la habitación. Es gracioso. Es inhumano porque ella no es humana. Vale. No es gracioso.
Entonces lo dijo, su nombre. Casi me dio ganas de responder "Claro que eres Lariel, ¿quién ibas a ser si no?", pero antes de siquiera abrir la boca mi mente me indicó que algo estaba mal en aquella contestación: Yo antes no sabía que se llamaba Lariel. Abrí la boca de nuevo intentando contradecir a mi cerebro, demostrar que era mentira, pero lo único que conseguí fue que el dolor de cabeza aumentase.

- Yo... - dolor de cabeza - se... - más dolor. Abrí la boca. No lo dije. Cerré. Volví a abrirla. Me llevé una mano al rostro, confuso - ¿Nos... nos conocemos?

En mi mente una vocecilla gritaba desesperadamente cosas que no podía escuchar. Dolía. Dolía mucho. ¿Me... me estaba volviendo loco?, joder, ¿y si así acababa todo?, ¿despertándome en lugares extraños, con mujeres que me llevaban a una habitación, se desnudaban y...? Bueno, dicho así no sonaba demasiado mal, pero no, joder, me refiero a todo lo que esta pasando. ¿Y si me estaba volviendo verdaderamente loco?, ¿y si nunca me acosté en aquella habitación?, ¿y si no existe un lugar llamado La Roca? , o incluso, ¿y si el humo que esta saliendo de esa cosa clavada en la pared no fuese real?.

Espera.

¿Debería estar saliendo humo de allí?

Entorné los ojos y me dí cuenta de que esa "cosa" no era ni más ni menos que un sai. Vale, así que la elfa guardaba armas así en su habitación, es algo que te llena de confianza, si, pero el problema no esta allí. ¿Por qué diablos esta empezando a arder la madera a su alrededor?. Vale, loco o no sabía que aquello no era correcto.
Me levanté dispuesto a salir por patas o algo por el estilo, cuando alguien entró en ese instante por la puerta (Bueno, "puerta", era más bien un trapo que impedía la visión más allá de la sala) y colocando una mano sobre mi hombro ejerció subitamente fuerza hacia abajo tirándome al suelo.

En cuanto mi espalda chocó contra el suelo pude observar a otra mujer envuelta en una capa negra, cuyo rostro no llegaba a vislumbrar, pero si el extraño guante que llevaba en la mano que me había empujado de nuevo al suelo. Esa misma mano fue la que alargó para tomar el sai y quitándose la capucha, sopló en dirección a la madera ardiendo y la apagó antes de que pudiese suponer realmente un problema, dejando como único recuerdo de aquello, un diminuto agujero enegrecido por los bordes. Tras contemplarlo atontado unos segundos, desvié la vista hacia la desconocida, hacia su cabello de color miel, recogido en varias coletas que se entrelazaban alrededor de su cuello, sus mejillas salpicadas de pecas y sus ojos de un azul pálido que me miraban con desprecio. En seguida, tanto mi vista como la suya se desviaron hacia Lariel.

¿Quién era ella? - quise preguntarle - ¿qué coño está pasando?, ¿os conocéis?, ¿me conoce?, ¿qué coño está pasando?, ¿por qué estaba ardiendo la madera?, ¿qué coño está pasando?, ah y si, ¿QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO?.

- Vale, ahora entiendo mejor las cosas - dijo la desconocida al contemplar a Lariel, a su manta y a lo poco que ocultaba tras esta - , tu debes ser la putita encargada de sacar a Mark de la ciudad, ¿verdad?. Mira, no lo conseguiste una vez y he de decir que te las arreglaste muy bien para huir de mi, hay que ser muy idiota para atreverse a volver. Cosa que no llego a entender, ahora que te observo - dijo esto último con un gran desprecio - pareces muy poca cosa para lo que hiciste.

Abrí la boca para decir algo al respecto. Es decir, estaba hablando de mi, tendría algún derecho a decir siquiera si quería irme de aquí, y sobre todo saber donde queda "aquí" exactamente, por que ya no me encontraba tan seguro de estar en Hrotmur. Pero antes quería pregunt...

- Como oses preguntar quien soy - dijo la mujer volviéndose hacia mí en cuanto me escuchó tomar aire para hablar - me aseguraré de que sean esas las últimas palabras que articulen tu asquerosa lengua. - cerré la boca al instante. Lo medité por segundo y la volví a abrir - Y con ello también me refiero a preguntar sobre que quiero de ti, por qué, dónde, cuándo y sobretodo "qué coño".

Vale, cerré la boca impresionado. ¿Acaso leía la mente?, porque cada una de esas preguntas se me habían pasado por la cabeza mientras hablaba. Sobre todo el "¿Qué coño?", esa había sido la más repetida. Asentí lentamente mientras repasaba mentalmente la lista de prohibiciones.

- Vale... ¿Puedo preguntar entonces si me conoces y que pinto yo en todo este asunto? - la mujer dio un paso enfurecida hacía mi, yo me arrastré hacia atrás, levantando las manos en petición de calma - ¡No he dicho ninguna de las preguntas prohibidas! - aseguré.

En un acto de total injusticia, ignoró mi réplica, y con la mano en la que llevaba aquel gigantesco guante, me agarró del pelo y tiró de mi hacia su posición. Con un grito, ayudé algo a la causa  y me arrastré hacia su persona en pos de un menor sufrimiento.

- Hagamos una cosa. - comenzó, mirando a Lariel y jugueteando con el sai entre sus dedos - Podemos hacerlo por las buenas: desistirás en lo que quiera que hayas planeado para Mark, te irás de Hrotmur con tu panda de vagabundos de circo y no volverás a vernos a ninguno de los dos. No te acercarás a mi ciudad nunca más. Si eres de las que tienen remordimientos y sabes que te sentirás culpable, puedo hacer que los recuerdos de tus últimas veinticuatro horas desaparezcan, jamás habrás encontrado a Mark. Nadie podrá probarlo. Sin remordimientos. Cada uno seguirá su camino. - hizo una pausa dramática que pretendí interrumpir con alguna clase de comentario, pero al verme abrir la boca, me golpeó con el mango de su sai y lo único que conseguí articular fue un quejido. - Por otro lado, podemos hacerlo por las malas y teñir de rojo esta habitación, haciendo que tu troupe pierda a su artista de turno. - dijo señalando alrededor con su sai - El resultado para mi será el mismo. Estoy segura de que para ti no. Creo que la elección es sencilla, ¿verdad? - concluyó con una sonrisa de hiena.

Había colocado mis manos alrededor del puño que agarraba mi pelo e intentaba sin mucho éxito librarme de las garras de loca esa. No comprendía una mierda de la situación, pero lo que si sabía es que por alguna razón que se me escapaba, todo aquello trataba sobre mi y no se me daba ni una puñetera oportunidad de decir algo al respecto.

- ¿Y yo qué? - solté - ¿No tendré algo que decir al respecto?

Esta vez lo que me golpeó fue su otro puño en la cara.

- Suficiente has dicho ya. ¿Recuerdas la lista de cosas que tenías prohibidas decir?, se amplia a cada una de las palabras que conozcas. - tras una última mirada de advertencia se giró hacia Lariel, en busca de una respuesta - Elige bien, no doy segundas oportunidades.

Se encargó muy bien de lucirse con su sai lanzándolo varias veces al aire y recogiéndolo con unos movimientos ágiles que se asemejaban demasiado a una puñalada. Sus exhibiciones del manejo de su arma al igual que el hacer arder un minúsculo de su pared dejaban más que claro el aire intimidante que rodeaba a la elección de la elfa.
No me quedaban demasiadas esperanzas en lo que podía pasar a continuación. Tenía una ligera sospecha de que aquello se debía a mi gran golpe, al motivo por el que me encerraba en La Roca, pero era como si faltase algo de información en mi mente. Y lo que había dicho de borrar sus últimas veinticuatro horas de memoria... ¿Era aquello lo que estaba sucediendo?, ¿de allí el sentimiento de familiaridad?, pero de ser así, la pelimiel había mencionado que habían intentado sacarme de la ciudad y con aquella tormenta, no veía como. No conocía a Lariel de antes, ¿por qué iba a intentar ayudarme?. Fuese como fuese, había algo entre la elfa y yo que había olvidado, y era la única carta que podía jugar en aquel momento.

Cerré los ojos y al abrirlos, lucí mi mejor mirada de corderito hacia la elfa. Mis labios se movieron articulando sin sonido un suplicante "por favor". Y lo decía en serio. Bueno, no lo dije en voz alta, pero lo articulaba en serio. Necesitaba su ayuda. Si había algo que nos relacionase, necesitaba que esa conexión me salvase de lo que quisiera que fuese aquella situación.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Dom Ago 21, 2016 2:56 am

Un suave “Debería” escapó de sus labios como una duda que para mí, se sintió como la lluvia recorriendo mi cuerpo una vez más, fría, calando mis huesos y haciéndome temblar lentamente, acompañada de la brisa que era su voz en aquellos momentos, solté un leve suspiro evitando mirarle, con mi vista puesta en las brasas que ahora se encontraban completamente apagadas, intentado recordar el calor de hace algunos minutos atrás;  entre mis dedos tenía lo que había traído para comer, se lo tendí evitando su mirada, y lo solté sin cerciorarme del todo en que lo hubiera sujetado, estaba cansada luego de bailar y cantar, sin contar con que el pequeño truco mágico para elevar el agua me había agotado, aun no podía controlar del todo bien la magia elemental, pero era tan hermosa y vivaz que simplemente siempre había sentido que valía la pena completamente solo unos minutos de magia pura a mi alrededor. Haciendo un recuento de la situación no todo estaba tan mal, había un hermoso sonido que nos arrullaría aquella noche, el aire a pesar de estar cargado junto al aroma del mar y los peces atrapados en las marañas de las criaturas que paseaban durante la tarde, era respirable en aquellos momentos gracias a la lluvia que limpiaba los alrededores, o más bien amenazaba con tirar cada una de las edificaciones del lugar, lo que sucediera primero realmente; a pesar de que no recordara nada de lo sucedido, se encontraba vivo, aunque algo maltratado, y teníamos comida, un techo y el calor que podríamos proporcionarnos.

Me lamentaba mentalmente por la situación, no sabía mucho más que él, era la segunda vez en menos de veinticuatro horas que lo recogía en un terrible estado de las calles, pero no era la primera noche que pasaríamos juntos, éramos leves conocidos el uno del otro, pero realmente me preocupaba por el por el mero hecho que dentro de todas las personas que había conocido hasta ese momento, era el que más frágil me parecía; mientras palpaba el área alrededor de donde nos encontrábamos sentados, entre unas mantas y cuero, la lana a nuestro alrededor, encontré unas cintas que grácilmente enrollé alrededor de mi cuerpo, partiendo por mis pechos, luego mis brazos y atándoles finalmente al cuello, saboree sus palabras, llenas de dolor e incertidumbre como si fueran mías.

-Dos veces, te has deslizado por la vida sin reconocer lo que te rodea, eso es lo que pensaba hasta hoy…Te encontré herido en un callejón, y dormimos juntos una vez en un sitio, pero si no recuerdas, no nos conocemos-Hice un gesto con mis brazos como si tomara algo y lo lanzara, dejando ir aquellos momentos, porque no nos conocíamos en lo que era nuestro presente, que era lo único que teníamos en común, al menos el ahora aún podía recuperar la parte que ambos habíamos perdido, porque yo para él, estaba perdida. Levantándome una vez más rodee la estancia buscando algo para cubrirme, al igual que anteriormente, solo un trapo blanco cual nieve, no más largo que uno de mis brazos, que logré amarrar alrededor de mi cintura un par de veces, cubriendo hasta un poco más arriba de mis rodillas, sin velo esta vez, dejando mi cabello libre, al igual que mis orejas. Comencé a trenzarlo con suavidad mientras pensaba en donde había dejado aquel ungüento para las quemaduras, giré dos veces sobre mi eje, la punta de mis pies, para ampliar lo que veía, y así bajo una de las sillas, se encontraba una pequeña bolsa de lino, que aún tenía flores sobresalientes de él, me agaché con suavidad y saqué un frasquito.  –Tengo algo, ayudará-

Me levanté airosa y triunfante con la medicina, pero al girarme algo ardía, busque guiándome por mi olfato, pero no fue necesario, un arma puntiaguda quemaba el cuero que cubría el carromato, parpadee un par de veces sin asimilar del todo lo que estaba pasando, di un paso hacia atrás chocando con un estante del cual tintinearon unas botellas de vidrio; solo observé lo que sucedía, por primera vez frunciendo el ceño y apretando mis labios, aquello no me gustaba nada.  Una mujer cubierta por un velo negro (capucha le llamaban) irrumpió en el espacio agrediendo al joven que se encontraba conmigo, suspiré en un instante, más heridas que curar, en lo que había pasado de tiempo había logrado pensar en que Mark era un agujero sin fondo de gastos médicos, que si lo buscaban no era por algo bueno que había hecho, y que aquella joven usaba unas ropas que me agradaban, pero en un color demasiado no hermoso. Agarré como pude la manta que me cubría (puesto que a pesar de mis rudimentarios ropajes, mis pezones aún sobresalían al igual que la piel bajo mis caderas se encontraba cual níveo color expuesta a la luz) y me enfrenté a la mirada más venenosa que había presenciado hasta entonces, sentí como mi mente se iba lentamente, hacia el pasado, hacia el cuento de mis antepasados, pero con gran esfuerzo logré mantenerme en aquel lugar, observando al joven doblegado en el suelo, y la mujer armada frente a mí.

Ladee suavemente la cabeza sin comprender las palabras de la joven, sus pecas me parecían curiosas, seguramente sería una humana, pero las armas que llevaban poseían el aroma de la magia, aquello no era una buena combinación, aún más pensando en lo hostil de la persona frente a nosotros; todo me hacía pensar que era la responsable de las memorias perdidas de Mark y algunas de sus heridas que gran trabajo me habían costado curar, como para que venga a abrirlas nuevamente. Llevé mi mano hasta mi frente (como no lo había pensado antes), ladee mi cabeza mostrando la palma de mi otra mano (era demasiado obvio), abrí la mano y sonreí mirando desafiante a aquella mujer (solo debo arrebatarle la magia para recuperar sus recuerdos), reí suavemente (fácil). Dentro de lo que divagaba la joven había dicho un discurso digno de alguna obra de teatro, luego me recriminaría a mí misma por no haberle puesto atención, suponía que preguntar “Cuales son las opciones” ya no era el caso, pero mientras se encontraba absorta en su discusión con Mark (A la cual tampoco había puesto atención) pasé con suavidad mi mano por los estantes, buscando un regalo de hace mucho tiempo, el cual logré poseer en pocos momentos, lo escondí tras de mi amarrándolo con suavidad a mi muñeca, dando un débil paso hacia adelante, mirando a los dos jóvenes frente a mí. De la mujer, solo percibía hostilidad, ira y amenaza, sonreí con suavidad, del joven percibí suplica, una mirada que decía “sálvame” mires como la mires, y luego estaba yo, aferrándome a mi látigo en mis espaldas, solté la rudimentaria manta dejando expuesto mi cuerpo,  caí al suelo como un saco de patatas.

“La mujer reía, sin creer lo que veía, el joven, bueno, suponía que podría estar en una mejor posición, yo me encontraba al lado de mi cuerpo, traslucida y pálida, sin dejar que ninguno de los dos me viera. Cuando la mujer se alejó del joven unos pasos, solo para agarrar mis cabellos y levantar mi cabeza, yo de un leve salto quedé al lado de Mark.

-Mark-Susurre su nombre, dejando que me viera, me escuchara, me sintiera a su alrededor, apoyando mi cuerpo sobre él, como una cálida manta para pasar el frio, apoyé mi mejilla junto a la de él-No temas, luego podremos hablar, necesito que corras, puedo distraerla unos momentos, no puedo herirla, solo hacerle…algo de daño circunstancial ¿Me sigues?-Suspirando levemente, levanté mi brazo creando en el aire haces de luz con forma de agujas, la mujer al notar un leve brillo se dio vuelta soltando mi cuerpo a mi parecer de forma más bien brusca, sonreí levemente respirando, y desapareciendo de la vista de Mark, solté las agujas hacia el cuerpo de la mujer, hiriendo levemente sus rodillas y sus brazos, lamentablemente su capa la había salvado de un daño mayor.”


Volviendo a mi cuerpo, rápidamente me puse de pie, tomando mi látigo con fuerza lo lancé de tal forma que pudiera amarrar la mano armada de la mujer, logrando hacerlo, tiré de este atrayéndola hacia mí, descolocándola por un momento, luego solo sonreí, ella sin perder un segundo, golpeó mi estómago con su brazo libre, equipado con un guante bastante duro a mi parecer, quedando de rodillas frente a mí, observándome a los ojos; tomé su Sai con mis manos, sintiendo calor, como si hubiese tomado una de las brasas ardientes, el aroma de la carne calcinada llenaba la habitación, luego solo cerré los ojos, ya había sido suficiente, yo no había nacido para luchar.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Jue Sep 08, 2016 1:39 am

Estaba cansado. Y confuso. Y además, mi cabeza iba a estallar en cualquier momento. No, en serio, es un hecho: es imposible que algo duela tanto si no es síntoma de una inminente explosión. O implosión. No estaba muy seguro cual de las dos debía suceder en estos casos. Nunca había visto explotar o implosionar una cabeza. ¿O si lo había hecho?, no se, desde luego lo que si que sabía es que no podía fiarme de mi mismo. ¡Si hasta me había parecido escuchar que la elfa había dicho que dormimos juntos una noche!

...

- Espera, ¿cómo que dormimos juntos... en un sitio? - pregunté, dejando todos mis pensamientos, dudas y dolores aparte - ¿p-pero cómo de juntos...?

Di que sí Mark, uno con las prioridades bien claras. ¿Esclarecer qué demonios me estaba pasando?, ¡eso está sobrevalorado!, lo importante es saber los detalles de una noche que podía haber estado junto a una elfa. Además, que tampoco había podido pasar nada. Es decir, me acordaría. Porque... no podía olvidar algo así, ¿verdad?. Mierda, ¿podía?
Obviamente, no iba a obtener respuesta alguna de aquel crucial detalle de mi posible vida, porque en su lugar hizo aparición la encapuchada. ¿Recuerdan que mencioné con anterioridad que si de un sueño erótico se tratase debería de haber más de una mujer involucrada?, bueno, pues quizás no debía de descartar tan pronto lo del sueño.

O... Si.

¡Vale!, creo que el puñetazo fue un claro indicio de que siendo sueño o no (que ya os digo yo que no, porque joder, como duele), la cosa no iría por esos derroteros. Y como en todo este asunto estaba yo involucrado, no podía pasar más de un par de minutos sin ser arrastrado por el suelo. En este caso, era algo más doloroso que de costumbre, puesto que me agarraba del pelo y tiraba de mí sin piedad alguna. Mi instinto de supervivencia era claramente deficiente, así que lo más que se me ocurrió fue dedicarle una mirada de suplica a la peliazul, como si pudiese o quisiese ayudarme.

Sorprendentemente, lo hizo. La encapuchada de las trenzas de oro dio un grandilocuente discurso en el que dejaba bien clarito a la elfa que no se atreviese a cruzarse en su camino. Pero o bien esas largas orejas paradojicamente le habían impedido escuchar claramente la conversación o bien las leyendas que hablaban de un príncipe azul erraban en el género y lo de azul lo decían más por el cabello que por la armadura, porque la chica se movió en busca de algo, ¡y se reveló contra la encapuchada...! dejando caer su... em... tela y su... esto... cuerpo...

...

Y allí estaba... luchando ferozmente al estilo ameba: sin hacer nada. En el suelo. Tirada. ¿Esto podía ser más raro?, ¿podía estar yo en peor situación?.
Y de repente, sucedió, el escalofrío, preámbulo de una nueva evaluación a mi cordura, puesto que la escuché. Es decir, la estaba viendo, tirada en el suelo, como si hubiese fallecido de repente de un mal hipo o a saber que mal, y sin embargo juraría, juraré y defenderé que escuché su voz, que escuché como decía mi nombre, me pedía que corriese. Concluyó con una extraña pregunta. ¿Qué si la seguía?. Me dieron ganas de soltar una carcajada. Joder, no la seguía. No la seguía para nada.

La encapuchada comenzó a reír y soltó mi cabello para agarrar el de la peliazul. Yo tenía la mirada clavada en sus ojos, que se encontraban mirando al vacío, desprovistos de cualquier brillo que indicase vida. Pero entonces, el brillo volvió. Y algo encajó en mi mente. Aquella elfa era algo más de lo que aparentaba.

Me levanté de un salto y comencé a correr hacia la salida del carromato. Pisé algo que no debía: Mi bufanda. Noté como se me cortaba la respiración y resbalé. Rodé, llevándome conmigo la tela que hacía las veces de puerta y continué rodando los escalones que había junto al carro. Caí de bruces en un charco. Tardé un segundo en reubicarme y comprender que había dejado la bufanda atrás con mi caída y que si ahora no respiraba es porque tenía el rostro hundido en agua. Saqué mi cabeza del charco y escuché un grito a mis espaldas, hecho que provocó que saliese corriendo al instante. No me planteé que el grito pudiese ser de dolor o socorro. Simplemente, era un grito que no presagiaba nada bueno.
¿Y... la elfa?, me atreví a mirar atrás un segundo. Nadie me seguía, ¿estaría haciendo frente a la jov...?

Algo se interpuso en mi camino. Me hundí en ese algo y reboté hacía atrás, cayendo de culo. Ante mí, un grandullón de cabellos rojizos me miraba con desconfianza. Apretó los labios y negó lentamente con la cabeza. Caí en la cuenta de que aquel hombre ya me conocía. Abrí la boca y dije lo primero que se me pasó por la cabeza. Parece ser, que por una vez en mi vida, aquellas palabras fueron las acertadas.

[...]

En ese mismo instante, en el interior del carromato, la joven de las trenzas doradas intentaba arrebatar el sai a la elfa de cabellos azules, mientras esta, se aferraba al filo ardiente del arma, impidiendo que la encapuchada pudiese clavarlo en su estómago. Esta se había percatado de que Mark había desaparecido y antes de volver a encontrarle había optado por quitarse de en medio aquella nueva molestia. Porque encontraría a Mark, siempre lo había hecho, aquella era su ciudad y mientras siguiese en ella, Mark no podría huir de su miseria. No sin ayuda. No sin gente como esa elfa.

Tras el forcejeo, la encapuchada consiguió arrebatar el sai y con una sonrisa de suficiencia lo elevó en el aire dispuesta a descargarlo sobre su víctima, pero cuando decidió hacerlo, algo tiró de su muñeca y la levantó por los aires. El puño que la había agarrado era dos veces más grande que el suyo y el tamaño de aquel personaje, dejaría en ridículo a la chica y a la elfa. La mirada de Jefe se cruzó con la encapuchada y sin pensarlo dos veces la lanzó contra la pared más lejana.

En ese mismo instante, entró por la puerta un She'khas que era conocido por toda la troupe por sus grandes habilidades acrobáticas. Con sus cuatro manos fue agarrándose a los tablones del techo y moviéndose entre estos a velocidad de vértigo hasta llegar a la chica. Esta estampó su gran guante contra la primera mano que se abalanzó sobre ella y sonó un crujido que no pronosticaba nada bueno para el acróbata, pero a pesar de ello, no cedió su empeño y sus otras tres manos consiguieron inmovilizar los brazos de la joven. Jefe enseguida hizo lo propio con las piernas.

Y justo en el momento oportuno, entré por la puerta, seguido de dos hombres más, que corrieron a ayudar a los miembros de su troupe. Observe con suficiencia la escena y al percatarme de su presencia, corrí hacía la elfa. Me fijé en sus manos magulladas. No se si se ella se habría dado cuenta, pero estaban temblando. Apoyé suavemente mis palmas bajo sus muñecas, haciendo que su temblor cesase.

Suspiré, no por nada en particular, si no por hacer algo. No sabía que decir en aquella situación. Abrí la boca para agradecer lo que había hecho por mí. Para prometerla que se lo compensaría, que no lo olvidaría. Para decir algo bueno de vez en cuando, una promesa sincera quizás. Pero justo cuando el primer hilo de voz salió de mi boca, fui empujado a un lado por el grandullón de cabellos rojizos, que comenzó a avasallar a la elfa con preguntas, al mismo tiempo enfadado e inmensamente preocupado. De vez en cuando me lanzaba una mirada de desconfianza y me bramaba algo, pero había dejado de prestar atención. Mi mirada estaba fija en la joven de cabellos dorados. En la mirada que me devolvía. En el odio que emanaba.
Un miembro de la troupe había tomado su sai y este rozaba el cuello de la joven. Le gritaban que se estuviese quieta. Le amenazaban con su propia arma.

De repente, algo cambió en su mirada. De la ira pasó a la desolación. Pero solo fue un segundo, un segundo de flaqueza. Sabía que estaba perdida, atrapada. No podía escapar. Su mirada se paró un par de segundos en mí y luego se desvió hacia el que lo amenazaba con su sai. Y de golpe lo comprendí.

Alcé mi mano para decir algo, pero era tarde. La chica echó atrás su cabeza y embistió contra el sai. Este se clavó en su cuello. El humo comenzó a surgir junto a la sangre. Unos gorgojeos ahogados por el grito del she'khas inundó la sala. El chico soltó el sai. El cuerpo cayó el suelo con gran estruendo. La chica aún se revolvía en una expresión de inmenso dolor. Pero su mirada seguía perdida en la ira. Se revolvió. Intentó gritar. Un chorro de sangre salió de su cuello, luego de su boca. Su piel comenzó a arder. Su mirada se volvió a clavar en mí, y el brillo de esta desapareció. Dejó de moverse. De intentar gritar. De sufrir.

Retrocedí un paso, consternado por lo que acababa de ver. ¿Por qué haría algo así?, ¿quién demonios era esa chica?.
Poco a poco todos los rostros de la sala se fueron girando. Primero miraron al gandullón, que parecía ser el jefe. Luego a Lariel y a sus manos, para finalmente clavar todos sus ojos en mí, en el desconocido, en el elemento extraño del lugar.
Todos sus rostros expresaban el mismo desconcierto que podía expresar el mío.

Trague saliva.
Presentía que aquello no era más que el principio.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Lariel el Jue Sep 08, 2016 4:25 am

“Al observar el océano me invadía un terrible sentimiento, el arrepentimiento con aroma a sal en mi nariz hacía temblar mis rodillas, en los instantes en que elfos y humanos habían persistido en la paz infundida, nuevos aparatos habían nacido, magia con forma compacta que habían sido creado con el único fin de herir, de obtener el poder que no les pertenecía. Los humanos eran inteligentes, se valían de su debilidad y las transformaban en fuerzas, haciéndose poseedores de fuerza, utilizando su inteligencia y su instinto de supervivencia; cosas como la mortalidad, no podíamos entenderla, yo no podía entenderla, y por lo mismo cooperar con ellos no había sido más que un juego, hasta que nuestro fin había llegado, con el aroma del acero y la magia.

¿Qué veían mis ojos? Humo salir de una provincia vecina a través de las olas, las mismas que golpeaban un acantilado bajo mis pies…¿Bajo mis pies? Bajo mi asiento, hace mucho tiempo que ya no podía caminar, y por eso lloraba, por haber ayudado a quien no debía, por haber entregado mis conocimientos, por dar tanto hacia los desconocidos, que ahora destruían todo lo que alguna vez había amado.”


Abrí mis ojos, no había luz, la verdad no sabía si es que no había o mis ojos eran incapaces de verla, oía ruido, la lluvia caer, el frío en mi espalda, en casi todo mi cuerpo, el aroma de la sal, el dolor en mis manos ¿sufría? No, no era sufrimiento, simplemente estaba asustada, asustada de morir, asustada de seguir el camino de arrepentimiento que me precedía desde eones pasados; la muerte y el dolor estaban en mi memoria, pero la delgada línea que separaba mi existencia de todo lo que lograba recordar, me decía que realmente no quería morir, no lo deseaba, estaba asustada, realmente si podía escogerlo, escogía vivir, a pesar de haber pensado, por una fracción de segundo que podía entregarme a la muerte, quería vivir. Una vez pude enfocar mí alrededor, solo vi a la mujer de cabellos dorados frente a mí, con una sonrisa triunfante, a punto de clavar el Sai en mi cuerpo, quise gritar, gemir de dolor, llorar…Pero solo había logrado sonreír, levantado con suavidad mis manos para alcanzar las suyas, para evitarle este patético recuerdo a quien heredara los míos, pero algo había ocurrido, de un momento a otro, la amenaza había volado literalmente por los aires, mi boca estaba ligeramente abierta, temblando por el momento pasado, dejé caer mis brazos y giré mi cuello de forma robótica para observar la escena.

Jefe intentaba inmovilizar a la chica, pero esta forcejeaba y luchaba con fiereza en contra de un hombre que era al menos tres veces más grande que ella, luego entró Rue, un joven acróbata muy bueno con los trozos de pescado, a pesar de su apariencia y sus cuatro brazos, por separados no eran muy fuertes, pero sí muy hábiles y poderosos cuando se encontraban unidos en un único objetivo, en este caso la joven que se levantaba enfrentado al líder de la troupe, el cual simplemente se había posicionado frente a mi mientras Rue a una velocidad inigualable para mucho se abalanzaba sobre ella, y luego de un par de muy dolorosos forcejeos que seguramente habían terminado con uno de los mejores acróbatas con una mano pulverizada, lograba inmovilizarla por completo, amenazándola con aquella arma que había quemado mis manos y el cuello de Mark. No hice más que acomodar mi cabeza nuevamente, veía por la muerta como entraba Mark, Ashie junto con su novio Lion, todo en cámara lenta, las gotas que empapaban a mi gente, al joven que habían amenazado y de alguna forma había salvado gran parte de su cuerpo de posibles heridas y magulladuras, había logrado conservar mis recuerdos.

Sentí luego un gentil toque, más bien frío por lo que parecía ser culpa del clima, observe los ojos de color miel derretida que habían calmado mis temblores, y solo sonreí cansada, yo era optimista, las cosas no podían estar peor en esos momentos, en aquel carromato nos llovíamos, el techo ahora se encontraba completamente agujereado dejando pasar el agua, las paredes astilladas, nuestro acróbata herido, su bailarina chamuscada cual barbacoa, y bueno, Jefe gritándome en la oreja como si no hubiese un mañana. Reí suavemente, ya no parecía preocuparle en absoluto que me encontrara completamente desnuda, ni que uno de los carromatos más antiguos se encontraba gravemente herido, tampoco parecía importarle que había lanzado a volar a Mark, de hecho vi un débil brillo satisfecho por parte de Jefe al hacerlo, simplemente preguntaba cosas del estilo “Quién es la chica” “Te encuentras bien” “Quién rayos es la chica” “¿Quién me pagará esto?” “¿Te encuentras bien?” “Va que es culpa del muchacho” “Definitivamente es culpa del muchacho” “Deberíamos cocinar al muchacho”.

Quise decir algo en su defensa, pero en cuanto le miré instantáneamente mis ojos se desviaron hacia la de cabellos brillantes como el sol, vi como Lion tomaba el Sai y lo acercaba peligrosamente a su cuello, inspiré aire para decir unas palabras, que por favor no la amenazaran así, necesitábamos que nos contestara algunas cosas, que curáramos las heridas de todos, reunir piezas para el carromato destrozado, y luego, todo se había teñido de rojo carmesí, el aroma de la sangre empapó el lugar, sal, barro y la lluvia, todos cubiertos de rojo, una lagrima, dos lágrimas, la lluvia, la tormenta que comenzaba a amenazar con tirar el lugar abajo desde sus cimientos, el sonido de un cuerpo contra las tablas del suelo, el terror, el desconcierto.

Quise cubrir mi nariz, pero realmente no podía mover mis brazos, por el ardor, por el frio, o por los temblores que habían vuelto una vez más a mi cuerpo; sentía mis labios secos, mi respiración se hacía cada vez más pausada y menos profunda, nuevamente la leve luz del lugar era disipada de mis ojos, el cansancio había inundado cada poro de mi cuerpo, y simplemente sentí mi cuerpo caer, antes de la nada.

“Realmente no podía decir si me encontraba o no en aquel lugar, pero podía sentir muchas cosas en un plano totalmente diferente, el frío seguía ahí, así como unos brazos que me abrazaban y me proporcionaban abrigo, sabía que me tocaban lentamente y de forma suave, pero no sabía si nos movíamos o simplemente me mecían; también escuchaba monedas, y escuchaba como arrastraban objetos en la lejanía. Así mismo escuchaba y sentía la tormenta que crecía segundo a segundo sobre nuestras cabezas, un estruendo, que era la voz de Jefe tomando el mando, esperaba que no fueran muy duros con Mark, aquello me inquietaba, sentía cierta responsabilidad por el joven, como si de un ciervo perdido se tratara algo me impulsaba a ayudarle, saber que quizás era tratado de forma injusta me hacía revolverme en aquel sueño del cual era incapaz de despertar.


Mi mano se agarraba al vacío, un dulce aroma a caldo había llegado hasta mi nariz, pero realmente no sabía si era parte de una ilusión o algo real, era incierto todo lo que sentía, me encontraba descansado, pero al mismo completamente atenta a cada indicio que me diera una pista de lo que sucedía a mí alrededor. Era como ir en un bote con los ojos cerrados, siendo arrastrada por una débil corriente y cubierta por las frondosas ramas de un bosque, así mismo, uno puede saber gracias a la luz que pasa cuando te cubren o cuando estás directamente bajo el sol, solo por el leve cambio de coloración, de luz que alcanza tus pupilas, aquello mismo era lo que yo sentía, pero con cada sentido de mi cuerpo dormido y cansado. Pude recordar la sangre y la joven, un vacío similar a la perdida había logrado alcanzarme, debido a mi condición de receptora sabia como ningún otro elfo podía reconocer la muerte, lo efímero que podían ser vivir cientos de años cuando el fin es que te atraviese una daga en el pecho ¿Cómo era para los humanos si su vida era extremadamente limitada comparada a la nuestra? ¿Sentiría aquella tristeza si la muerte no estuviera grabada desde siempre dentro de mi?.

Puedo entenderlo, quise decir en respuesta a una pregunta pasada que me había dicho Mark, si puedo entender lo preciado de tus recuerdos, sé lo que es la muerte y el valor de la vida. Me gustaba pensar, que cualquiera habría hecho lo mismo por el joven, cualquiera le habría ayudado a pesar de saber que había un precio por su cabeza, cualquiera se hubiera dejado herir, pero me temía, que yo era una de esas personas locas que lo harían, lo haría por cualquiera la verdad, solo para encontrar aquella luz brillando en el centro oscuro de sus vidas.”


Abrí mis ojos con dificultad, aún era de noche, no sabía qué hora era, me encontraba desconcertada y en alerta, cubierta con varias mantas, pero no había rastro de mis ropas, el aroma era desconocido para mí y a mi lado se encontraba un cuerpo, abrazado a mi cintura, cubierto por otro par de mantas con el mismo aroma desconocido. Parpadee con suavidad, aún demasiado débil como para siquiera querer saltar a buscar algo de comida, así que solo deslicé con suavidad mis dedos por el cuerpo de mi acompañante, pasándolo por lo que parecían sus hombros, su cuello, su mejilla, y así hasta enredarme entre el cabello humedecido de aquel que respiraba a mi lado. Mareada, solo entonces noté un torpe vendaje sobre las palmas de mi mano, cuando cabellos pasaron por sobre la carne calcinada, parpadee un par de veces y luego volví a recostarme hasta que amaneciera.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

Mensaje por Mark. el Lun Sep 12, 2016 11:30 pm

Sentí las miradas clavándose en mí una a una. El she'khas había soltado a la chica, dejando caer su brazo lentamente. En una de sus manos, un dedo se torcía en una posición imposible y la mitad de su palma se tambaleaba como gelatina. Desde luego era algo que una chica como aquella no podría haber hecho. No desde luego, sin aquel guante.
En otra esquina del carromato, abrazando sus piernas se encontraba el chico que a lágrima viva balbuceaba alguna clase de disculpa. Era el que había sujetado el sai en el momento en el que ella había decidido... Bueno, acabar con todo. Otro chico, más joven aún intentaba consolarle y procuraba dar la espalda al cadáver. Estaba pálido y a veces no salía voz de su garganta.
Jefe aferraba a la elfa, como si sintiese que si la soltase comenzase a flotar y se perdiese en el cielo o algo por el estilo. No paraba de bramar cosas. Ordenes a sus compañeros, preguntas a la peliazul, algún que otro comentario poco elegante hacia mi persona. Alternaba la vista entre la joven - o quizás no tanto - elfa y yo.

De repente, me sentí terriblemente abrumado. Las miradas se sentían como un dedo acusador sobre mi persona. Mi respiración se aceleró. Mi mente comenzó a a trazar planes de huida, a procesar lo sucedido, las consecuencias, a preguntarse por el pasado perdido. Unas voces se contradecían con otras. Sentí como si las ideas que cruzaban mi mente gritasen intentando interponerse unas a otras. Retrocedí un paso. En mi cabeza comenzaba a crecer un insoportable dolor. Me llevé una mano a la frente. El suelo del carromato comenzó a moverse. Las paredes también.
De reojo encontré el sai, quemando una diminuta porción de madera de la pared. No. Era el suelo. Ahora el techo. No. El... No. Era... el... tec.. suel...

Retrocedí un paso, aterrorizado. Pisé algo. Era blando. Eso pensé mientras comenzaba a resbalarme con la bufanda que había dejado caer anteriormente. Hubo un momento en el que mis pies se despegaron del suelo y mi mente quedó en blanco. Solo un instante antes de que cayese al suelo, antes de que mi cabeza lo golpease con fuerza, antes de que todo se tornase negro.


[...]

"¡Te digo que él ha tenido algo que ver con todo esto!"

Reconocí la voz. Era del grandullón.

"¡Y yo te digo que si Lariel lo trajo, deberíamos darle un voto de confianza!"

Contestó una voz que por el tono deduje que era femenina, pero que sonaba tan grave como una masculina.

"Mírale, si crees que él no ha salido malparado es que definitivamente debes comenzar a usar las lentes."

"¡Usaré las lentes cuando me plazca, no cuando lo diga un médico de pacotilla!"

Abrí los ojos lentamente. Allí estaba el grandullón, de espaldas, junto a una mujer igual de grande que o bien era su hermana melliza, o debía de ser su esposa. No podía ser otra cosa. Ella se percató al instante de que había despertado y le dio un manotazo al grandullón antes de que siguiese despotricando sobre los médicos de la ciudad. Este se volvió y ambos, hombre y mujer, al mismo tiempo entrecerraron los ojos y me examinaron a fondo.

Me percaté de que no muy lejos, sentado en una silla, en la misma posición que antes, se encontraba el chico que había sujetado el sai. Parecía dormido, pero aún así, no dejó de abrazar sus piernas ni un solo segundo.

Me pesaban los párpados, así que volvía a cerrar los ojos. Pero un grito de parte del grandullón me obligó a volver a abrirlos.

- ¡Ni se te ocurra, ni se te pase por la cabeza, volver a quedarte dormido o inconsciente! - agarró mi silla y tiró de ella para acercarme a la mesa. En ese instante me dí cuenta de que estaba atado a ellas por unas gruesas cuerdas. - Vas a aclararnos un par de cosas.

La mujer pareció hacer un gesto casi imperceptible de asentimiento. Estaba claro que ella también quería responder algunas cuantas preguntas. Empezaron con las típicas preguntas de "¿Quién coño eres?", "¿qué mierda haces aquí?", "No, en serio, ¿quién eres y qué haces aquí?"

- La gente me llama Mark. - repetí pacientemente. - Y no tengo ni idea de que hago aquí.

Ambos soltaron un bufido al unisono. Cada vez estaba más claro que solo podían ser pareja o familia. Intercambiaron una larga mirada, como si se pudiesen comunicar telepáticamente. Tras un minuto en silencio, el grandullón apoyó sus enormes manos en mis hombros y tomó aire.
Un segundo después me estaba sacudiendo violentamente mientras me exigía que respondiese porque una joven se había "quitado la vida" en una de sus caravanas. Volví a empezar.

- Verás, - dije, con voz cansada - llevo un día o... - reflexioné - días muy raros. Recuerdo haber vuelto a mi habitación de.. - no podía mencionar "La Roca", así que improvisé - la posada, e intentar dormir. Entonces alguien llamó a la puerta y yo me levanté a abrirla. Y al instante estaba frente a vuestra caravana, tirado en el suelo y empapado hasta los huesos. Así, de golpe, sin nada de entremedias. Levanté el brazo para agarrar el picaporte y de repente, lluvia, frío, un enorme dolor de cabeza y todo a mi alrededor había cambiado. Y apareció la elfa. Me llevó a su carromato y me dijo que ya me había recogido más veces, que dor... - me aclaré la garganta - que ya nos conocíamos de antes, pero yo no la recuerdo haber visto. Si, vale, me resultaba familiar, pero...

El grandullón había dejado ya de zarandearme mientras escuchaba mi loca explicación y se rascaba la barbilla, como si intentase encajar la información.

- ¿Y a mi? - preguntó de golpe, interrumpiéndome. Le miré, confuso, así que reformuló la pregunta - ¿qué recuerdas de mí?, ¿sabes quién soy?.

Titubeé unos segundos. Intenté recordar si lo había visto antes, pero no, solo tenía un recuerdo de él.

- Choqué contigo cuando - huía - buscaba ayuda. Aparte de nuestro salvador, no se quien eres. - reconocí.

Volvieron a cruzar la mirada entre ellos. Comenzaba a molestarme. ¿Qué significarían esas miradas?, ¿qué me estaba perdiendo?. La mujer me pidió que continuase con la historia.

- Una vez en el carromato, antes de que realmente pudiese entablar una conversación con la chica, apareció la... otra. Tenía un sai que quemaba todo lo que su hoja tocase. Apestaba a magia. También tenía un extraño guante que juraría que le hacía mucho más fuerte. Dijo... - medité un par de segundos, intentando procesar la implicación de sus palabras - Le dijo a la elfa, que no conseguiría salvarme. Que dejase que se fuese conmigo o por las buenas o por las malas. Que si se sentía mejor, podía hacer... que no lo recordase. Borrarle el recuerdo de su elección. Pero ella, no se porque, decidió luchar. Distrajo a la loca esa y me dijo que corriese. Y eso hice. Salí corriendo a buscar ayuda y el resto ya lo sabes. - concluí mirando al grandullón.

Tanto el grandullón como la mujer comenzaron a cuchichear y cuando ya estaban casi gritando, decidieron salir para hablar a solas. El tiempo que estuve "solo" (no contaré al chico de la silla, por su ausente presencia) lo aproveché para situarme. Estaba claro que estaba en un carromato. Mucho más grande que el otro. Más.. "elegante" o al menos, recargado. Debían ser los jefes del lugar.

Esperé a que volviesen. Tardaron bastante. Al final volvieron. Me hicieron varias preguntas. Todas las respuestas fueron "No, no lo recuerdo.". Algunas de ellas sospecho que iban con trampa. Por alguna razón, parecieron complacidos y el grandullón comenzó a aflojarme las cuerdas.

- Creo que ya hemos tenido suficiente por hoy - comentó la mujer -, mañana seguiremos con esto. Descansa. Lo necesitas. Nosotros nos encargaremos de que ningún extraño más se acerque. - y con ello juraría que también insinuaba que me vigilarían  a mí.

- La chica... - comenté - La elfa... ¿está bien?

El grandullón frunció el ceño. Creo que sabía lo que diría la mujer, y no le gustaba en absoluto.

[...]

Observé la "nueva puerta" del carromato. Esta vez una tela en mucho mejor estado. La aparté para pasar. Detrás de mí, dos personas me observaban de cerca. No se molestaron en disimularlo. Dentro, estaba ella. Tumbada en el suelo. Su pecho se movía lentamente, síntoma de una respiración pausada. Su rostro era de calma. Suspiré, algo decepcionado. Realmente quería preguntarle algo.

Me acerqué a ella, con la idea de quizás despertarla. Entonces observé las quemaduras de sus manos. Despertarla probablemente solo le devolvería el dolor. Volví a suspirar. Estaba oscuro, así que me acerqué a observar mejor sus quemaduras. No me malinterpretéis, no me siento culpable por haber huido, al fin y al cabo aquello le salvo la vida. Pero no podía evitar preguntarme por qué me ayudó. Si la chica decía la verdad, podía haberle hecho olvidar. Era una elección sencilla. Sin remordimientos, sin dolor.
Y sin embargo...

Bostecé. Me dejé caer en el suelo. Quizás esperase a que despertase. De cualquier modo, no creo que fuese capaz de dormir hoy. No después de todo lo que ha pasado.

...

Comencé a roncar despiadadamente. En mis sueños competía con la elfa en un concurso de ronquidos. Ella era terriblemente buena. No iba a dejar que me ganase. En el sueño no tenía quemaduras. En el suelo no tenía lagunas en mi memoria. En el sueño, volvía a ser dueño de mi persona, de mi mismo y de mis propios ronquidos. Y menudos ronquidos.
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Re: Con la A: Pérdida o debilidad notable de la memoria. [Lariel]

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