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El legado de los Harken (Parte 2)

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El legado de los Harken (Parte 2)

Mensaje por Alex el Jue Jun 02, 2016 9:07 pm

explicación:
Continuación de esta historia. Se sitúa días después de la primera, justo al terminar la Gran Guerra con los demonios.

Allí se encontraba de nuevo, frente a la puerta del edificio donde le devolverían su legado. ¿Pero de verdad lo quería? De verdad necesitaba ser un noble? No, nada podía importarle menos que su estatus social o lo que la gente pensara de él. Pero o estaba harto de que tratarán a su familia como escoria. Él no era nadie y no merecía nada, pero ellos... Sus abuelos los habían criado y cuidado mejor de lo que hubiera hecho cualquier noble y habían sido las mejores personas que había conocido. Walter Harken era uno de los mejores herreros de toda Dyscordia y hacía armas y armaduras dignas de un rey. Además siempre ha ayudado a los que tenía a su alrededor a pesar de parecer un viejo duro y gruñón. Incluso fue un gran guerrero y héroe en tiempos pasados. Y su abuela... No había nadie tan dulce y maternal como ella. A Alex e Isma no les faltó nunca un plato de comida aún si ella tenía que dejar de comer para que pudieran alimentarse sus nietos. Sí, ellos merecían que los tratasen con respeto y educación. Aunque fueran humildes eran mejores personas que cualquier remilgado de noble cuna.

Respiró hondo y entró. Se dirigió directamente hacia la mujer que lo atendió en un principio. Seguía mirándolo con desdén y superioridad, pero no sería por mucho tiempo.

-He vuelto- Afirmó.

-¿Quién es usted?- Preguntó ella.

¿De verdad no se acordaba o estaba haciéndolo a propósito? No hacía tanto tiempo como para que lo hubiera olvidado. Aunque, claro, también era cierto que debía atender a muchas personas al día. Pero Alex no estaba seguro. Tenía la sensación... No, la certeza de que sí lo recordaba pero prefería ignorarlo. Quizás esperaba que el solicitante se marchara frustrado y no volviera nunca más para darle trabajo.

-Soy Alex Harken. Solicité la recuperación del título nobiliario de mi familia hace poco tiempo- Respondió con un suspiro.

-Deme el número de su solicitud- Pidió con seriedad.

-Yo... No lo recuerdo- Dijo con amargura sin estar seguro de que le hubieran dado uno.

-De acuerdo, aunque no he recibido la notificación de ningún noble ni alto juez que lo apoyen- Respondió con cierto aire de victoria en su tono.

-No será necesario, he sido condecorado con la medalla al valor del reino de Aldoran por mi participación en la Gran Guerra y por haber matado a un capitán de los demonios- Dijo mostrando la medalla y la carta de agradecimiento que le habían dado.

-Está bien, pero no se le permitirá la entrada a las fiestas de palacio y deberá solicitar las visitas a la reina como cualquier plebeyo si no es apadrinado por una familia noble- Le contestó con desdén.

Alex no respondió, no tenía interés alguno en esas fiestas ni quería visitas con la reina. En su lugar se limitó a esperar que la mujer le entregará los papeles de su título. Aunque no sin antes aclararle que no serían oficialmente nobles hasta que el Consejero encargado lo certificada y podría tardar una semana. Pero daba igual, lo había conseguido. Lo primero que hizo fue correr en dirección a su hogar. Una locura pues, a pie, estaba a varias jornadas de distancia. Tal era su prisa por contarle a su familia lo que había logrado que olvidó a su caballo y a su hermano. Tardó varios minutos en darse cuenta y en volver hacia atrás.

-¡Lo hemos conseguido, Isma, los Harken vuelven a ser nobles! ¡Hay que contárselo al abuelo!- Gritó emocionado.

Se subió en su yegua y encabezó una rápida marcha para contar una feliz noticia que, sin embargo, no tuvo tan buen recibimiento como creía. En cuanto llegó desmontó dejando que los animales pastaran a sus anchas y abrió la puerta con prisa. Sus abuelos estaban sentados en la mesa tranquilamente.

-¡Los Harken vuelven a ser una familia noble! Hemos conseguido que vuelvan a respetarnos y a tratarnos como merecemos- Dijo con alegría.

-¿Respetarnos y tratarnos como merecemos? ¿Por tener un título? ¿Eso es lo que os hemos enseñado? Decepcionante…- Respondió Walter de forma tajante.

Aquella contestación chocó a Alex que, por un momento, no supo qué decir. No, no quería decir eso. El respeto se ganaba con esfuerzo no con títulos. Eso lo sabía de sobra, pero de todas formas era un aliciente para que no los juzgaran ni maltrataran por creerse superiores a ellos.

-No lo has entendido, abuelo, no quiero que nos traten como nobles, solo quiero que ellos no nos juzguen pensando que somos inferiores. Lo he hecho por vosotros, para pagaros una mínima parte de lo que habéis hecho por mí. No quiero que todos esos idiotas se crean mejores que vosotros y os traten como a ganado. Sois las mejores personas que conozco y merecéis que se comporten bien con vosotros- Respondió para explicarse.

-Perder el título nobiliario fue lo mejor que pudo pasarnos. El poder corrompe y lo que hizo mi abuelo lo demuestra. Dices que lo has hecho por nosotros, pero nunca lo hemos pedido. Nunca traté de recuperar nuestro título ni de limpiar del nombre de los Harken porque no quise. Ser alguien normal, ser alguien ajeno a todo ese mundo lleno de frivolidades, traición y control era la mejor opción para que nuestra familia viviera feliz. Y lo has estropeado todo. ¿Lo has hecho por nosotros o lo has hecho por ti?- Apuntó antes de darse la vuelta y marcharse.

-¡Walter!- Gritó la abuela de Alex.

Sin embargo no sirvió de nada, el hombre se marchó enfadado sin prestar atención al mundo que lo rodeaba. Cuando se molestaba de esa forma era imposible hacerle cambiar de opinión. Viejo testarudo…

-No importa, abuela, quizás tenga razón…- Escupió con dificultad.

Alex no quería admitir algo así. Él odiaba a los nobles y no quería tener nada que ver con ellos. Sin embargo ahí estaba. Siendo otro miembro de la corte en nombre de su “familia” ¿Y si era cierto? ¿Y si todo lo había hecho por él mismo? Tal vez su abuelo tuviera razón. No solo odiaba que trataran mal a su familia, también le dolía ver cómo lo despreciaban a él por ser un “muerto de hambre”. No tenían mucho dinero, no eran gente importante, sin embargo habían luchado toda su vida por sobrevivir y se habían esforzado de la mejor forma posible. Decía que era por su familia pero…Su abuela lo abrazó nublando momentáneamente sus pensamientos. Aquel abrazo era cálido y cariñoso. Le hizo olvidar su pesar y recordar ese aroma a la leña prendida, a la sopa recién hecha y el pan recién horneado, a las flores que decoraban la casa y a la madera húmeda del techo. El olor de su hogar, de su familia. Le hizo recordar las heridas en sus rodillas por caer cuando jugaba de pequeño, los golpes que se había dado junto a su hermano y as curas que su abuela les hacía. Le hizo recordar tiempos en los que solo debía preocuparse de qué jugar cada día.

-No, cariño, tú no eres así. Ya sabes cómo es tu abuelo y cómo se pone cuando está enfadado. Pero no hagas caso, tú eres un chico dulce y amable. Jamás harías algo tan egoísta, te conozco y sé que lo has hecho por nosotros. Te lo agradezco, porque sé que te has esforzado muchísimo y has pasado por muchos peligros, pero no debes preocuparte. No necesitas pagarnos nada porque todo lo que hemos hecho lo hicimos por amor. No importa cómo nos trate la gente, lo único que importa es que estemos todos juntos y seamos felices- Le explicó con dulzura.

Era cierto, lo único que importaba eran ellos… estar todos juntos y ser felices… pero tenía razón en más cosas. Sí, él no haría nada egoísta. No habría hecho todo eso por él porque jamás le importó ser o no ser un noble. Le molestaba que lo prejuzgaran pero no le afectaba lo suficiente como para querer cambiarlo todo. Él era feliz con su vida, pero no iba a permitir que menospreciaran a los suyos. Aún sin título eran las mejores personas del mundo, pero los elevaría a su altura para que nadie los mirara por encima del hombro. Para que el mundo entero los viera como realmente merecían. Aunque tuviera que sacrificarse y vivir el asqueroso y traicionero mundo de la nobleza.

Ahora tenía una nueva misión que cumplir. De nada servía ser un noble si el resto de los aristócratas podían reírse de ellos por no tener nada. Era necesario que obtuviera alguna porción de tierra para su familia. Se sentía algo avergonzado pues sabía muy poco sobre los Harken y desconocía por completo cuales habían sido sus tierras. Pero daba igual pues era un nuevo legado, una nueva familia que no cometería los errores del pasado. Podría haber preguntado o buscado en los registros pero no quería hacerlo. No quería imitar a aquellos que les quitaron la oportunidad de una vida mejor a sus abuelos. Y entonces le vino una idea a la cabeza. Walter Harken era demasiado orgulloso y jamás aceptaría, de ninguna forma, trasladarse de su casa para ir a unas tierras que supuestamente les pertenecían así que solo quedaba una solución. Estaba preparado para marchar de nuevo, aunque una preocupada y sabia Ele se lo prohibió y le obligó a descansar. Junto a ello, partió al día siguiente.

-Saludos, mi nombre es Alex Harken. Me gustaría saber a quién pertenece el territorio donde está ubicada la casa de mi familia- Se presentó y pidió.

-Sencillo, a aquel que reclame los impuestos por habitarla- Respondió un horondo hombre opulento y bajito.

Curioso… Alex jamás había pensado eso y, de todas formas, el recaudador de impuesto no era un noble y nunca había escuchado el nombre que decía. Además, era su abuelo el que se encargaba de pagarlos. Seguro que lo había escuchado alguna vez. El recaudador vestía siempre con unos jubones marrones y una camisa gris con un escudo… ¿qué tenía el escudo? ¿Era un pájaro? No, podría ser algún pez. Una trucha o un salmón eran factibles. No, era un pájaro. Maldición, con la buena memoria que tenía y no podía recordarlo. ¿Tan indiferente había sido siempre? Un ave blanca y grande… con un pico alargado y en posición rampante…

-¡Una garza marfil rampante sobre un escudo sable!- Gritó entusiasmado al recordarlo.

-¿Perdón?- Preguntó sorprendido el hombre que lo atendía.

-¿A quién pertenece ese escudo de armas?- Interrogó.

-¿Garza marfil rampante sobre escudo sable? Debe estar hablando de la familia Blair- Contestó.

Alex agradeció la ayuda y se marchó sin el entusiasmo con el que había llegado. Los Blair no eran una buena familia. Ni si quiera eran buenas personas. Muy a su pesar había trabajado para ellos en alguna ocasión. No eran más que sucios y rastreros cobardes con un título que les quedaba demasiado grande. Tiranos, déspotas, dictadores… increíblemente egocéntricos y creyentes de que las personas son objetos en vez de eso, personas.

-No podría haber sido peor- Se dijo a sí mismo.

Seguramente sí podría haberlo sido pero poco importaba. Las posibilidades de obtener lo que quería eran prácticamente nulas. Sin embargo no iba a rendirse. Pero… ahora iba a saber cuan horrible era el mundo de la nobleza. Marchó hacia el castillo de los Blair y presentó sus respetos en la entrada y esperó hasta ser recibido por el cabeza de familia.

-Lord Peter Blair, señor de estas tierras y significativo miembro de la corte. Es todo un honor que alguien tan importante y ocupado como usted haya encontrado tiempo para este humilde servidor- Saludó.

-Según mis sirvientes eres Alex Harken, un nuevo noble. ¿Nos conocemos?- Contestó con cierta indiferencia.

-Nos conocimos en circunstancias menos… comunes. Antes de recuperar mi titulo nobiliario trabajé para usted. Un enfrentamiento en el bosque al sur de sus tierras- Explicó.

-Vaya, me temo que no lo recuerdo- Dijo con la misma indiferencia.

-Unos hombres pretendían atacarlo y usted fingió una partida de caza para que se abalanzaran sobre una trampa- Reveló.

El hombre quedó dubitativo por unos segundos hasta que expresó cierta sonrisa lúgubre.

-Y todos cayeron. Tengo un don para la estrategia. Ahora te recuerdo, aunque hace ya unos años de ello. ¿Qué te ha traído a mi morada?- Quiso saber.

¿Don para la estrategia? Tendió una de las trampas más sencillas de la historia. Los hombres que querían matarlo eran antiguos soldados a los que despidió u pretendían “cobrar” su sueldo de otra forma y había extendido el rumor de que iría de cacería. Ellos cayeron porque eran tan idiotas como paran o corroborarlo. ¿De verdad podía ser llamado si quiera estrategia?

-Verá, mi señor, como bien sabe soy un nuevo noble y mi familia ni si quiera ha sido apadrinada todavía. Si usted, en toda su magnificencia, fuera tan amable de ser nuestro bienhechor podríamos votar en la Corte y, claro, apoyarlo en todas sus decisiones. Además, como no podemos tierra alguna no somos más que campesinos a ojos de grandes señores como usted por lo que le rogaría que nos concediera una mínima parte de su territorio donde está ubicada la casa de mi familia- Dijo con tanta falsa cordialidad y labia como pudo.

-¿El apoyo de unos nuevos nobles a cambio de una porción de tierra? Vuestro voto no tendría importancia alguna en la cámara. Os eximiré de pagar impuestos y os apadrinaré- Escupió el hombre.

-No es suficiente, necesito esa pequeña porción de territorio- Rogó de nuevo

-¡¿Qué no es suficiente?! ¡¿Qué necesitas?! ¡Estás jugando conmigo, muchacho!- Gritó furibundo.

Se levantó de su dorado trono con al cara roja y el pecho henchido preparado para soltar tantos improperios y a tan alta voz como pudiera cuando Alex clavó la rodilla en el suelo. Jamás le había gustado hacer eso y menos para alguien tan deleznable como ese asqueroso hombre. Pero le iba a gustar mucho menos lo que iba a hacer a continuación.

-Haré lo que sea, mi señor- Aseguró el nuevo noble.

Lord Peter Blair cambió su rostro por uno mucho más ameno e incluso recuperó su color original.

-Quizás podamos llegar a un acuerdo- Afirmó.

Pasaron varias horas y, finalmente, Alex salió del castillo. Pero no fue en dirección a su hogar, tenía un nuevo destino. La política que rodeaba el mundo de la alta cuna había resultado incluso más sórdida de lo que creía. El noble le había encargado la misión más terrible que podía. Le había pedido que matara a su propio hijo. Anthony Blair era un conocido predicador de la vida libertina y había sido visto en todos los locales… subidos de tono de Fergor. A su padre no le hacía mucha gracia, pero ese no era el motivo. La afición del hijo lo había llevado a embarazar a una de las hijas de Ramsay Goldary. El matrimonio iba a ser en breve y no podía cancelarse debido a la mancillamiento de la muchacha. Aunque sí había una forma. Si Anthony era asesinado, Peter no solo se libraría de entregar gran parte de sus tierras a la pareja sino que, además, también podría culpar a la otra familia. Si la acusación daba sus frutos la familia Goldary acabaría en tan mal estado que para los Blair sería sencillo apoderarse de todas sus pertenencias. La vida de un hijo a cambio de pastos y castillos.

Tres hombres del noble acompañarían a Alex para asegurarse de que cumplía con su misión y apoyarlo de ser necesario. Tardarón poco tiempo en llegar al hostal donde estaba hospedado Anthony. Cada paso en los escalones que subían al piso superior del edificio sonaba lúgubre. Eran casi un grito de condena. La puerta cedió con suavidad pero chirriando como si estuviera herida. El mayor de los hermanos Harken entró seguido por los soldados que le escoltaban. El joven Blair saltó de la cama medio desnudo y sorprendido. Ni si quiera tuvo tiempo de agenciarse un arma pues Alex desenvainó y rogó que no se moviera. Casi al instante la víctima de la intriga descubrió lo que estaba ocurriendo.

-¿Qué te ha ofrecido? ¿Qué precio ha puesto a la muerte de su propio hijo?- Preguntó repugnado.

-Las tierras donde vive mi familia. Son lo más importante de mi vida y haré lo que sea necesario por ellos. Lo siento- Respondió antes de que la sangre corriera.

Pasaron unas horas hasta que, acompañado, llegó al castillo de su cliente. Entró sin ser recibido y se dirigió hacia la sala del trono. El lugar estaba vacío por lo que esperó a que Peter llegara.

-¿Has cumplido la misión? Explícame todo- Exigió el noble.

-Por supuesto, mi señor, le contaré todo lo que pasó. Su hijo estaba escondido en la posada que usted nombró. Sin embargo no estaba acompañado de ninguna mujer. Al parecer iba a mantener la promesa de ser fiel a su prometida. En cuanto lo encontré hizo ademán de coger su arma, pero lo detuve e impedí que pudiera defenderse. Sus hombres trataron de hacer mi trabajo al ver que yo no lo completaba, pero tajé la mano de uno de ellos y empujé al resto hacia el exterior. Quise escapar junto a Anthony por la ventana, pero era demasiado peligroso saltar y sus soldados entraron de nuevo sin dificultad. El herido estaba gritando en el suelo pero los otros intentaron luchar contra mí. No quería matarlos, pero no me dejaron más opción. Podrá encontrar sus cuerpos en el cementerio local, puesto que las autoridades se hicieron cargo de ellos. Aunque lamento informarle que están en una fosa y no en tumbas propiamente definidas. Y ahora, como es menester, me gustaría recibir mi recompensa- Explicó.

El noble estalló en furia e insultos mientras llamaba a sus guardias para que apresaran a Alex que desenvainó preparado para defenderse.

-¿Tu recompensa? ¡Perro estúpido y altanero! ¡Te pedí que mataras a mi hijo y has matado a mis hombres! ¡Tú recompensa será tener la cabeza en una pica junto a las de tus familiares!- Gritó furibundo.

-Ha confesado usted un crimen terrible… el parricidio es algo repugnante. Pero me ha hecho un favor- Aseguró.

Tras Alex aparecieron un grupo de guardias de Fergor y Anthony Blair. Todo estaba claro, aquel hombre había confesado un intento de asesinato por lo que sería detenido y despojado de su título justo antes de ser enviado a pudrirse a alguna prisión del Norte. Pero no tenía intención de hacerlo por lo que envió a sus hombres a que “defendieran su honor”. La lucha no duró demasiado. El nuevo noble se hizo cargo de la mayoría mientras los guardias lo apoyaban. Las espadas silbaban en el aire y la sangre manchaba los adoquines de un hermoso suelo. Los gritos se ahogaron cuando la muerte reclamó a los vencidos. Peter, sin más opción que rendirse, trató de quitarse la vida con su propia daga, pero fue detenido por su hijo.

-No, padre, ¿cómo iba a permitir que acabara con su vida? Mi deber como hijo es procurar que no muera. Aunque será difícil teniendo en cuenta el lugar donde va a ir. Prometo visitarlo alguna vez si mis labores como señor de estas tierras y nuevo cabeza de la familia Blair me lo permiten. Llévenselo- Dijo.

El orondo noble no dijo nada, simplemente se quedó observando, con la mirada perdida en el infinito, a un peón que se había convertido en rey y le había ganado en su propio juego. Un nuevo noble que llegó al tablero y acabó con una de las piezas más importantes sin haber jugado jamás. ¿Tendría siempre la misma suerte? ¿Sobreviviría al juego más peligroso de todos? Alex tenía muchas intrigas por delante, pero era el momento de resolver esta.

-Agradezco lo que has hecho pro mí. No solo has salvado mi vida, me has concedido el mandato de mi familia. Cumpliré la promesa de mi padre. Recibirás la parte de mis tierras donde tu familia habita y serás apadrinado por los Blair. Espero que los Harken estén presentes el día de mi matrimonio- Comentó.

-Será un placer, mi señor- Respondió con cortesía.

Ahora llegaba el momento de contarle a su familia lo que había hecho. Pero… ¿cómo lo haría? Quizás la nobleza no había podido con él, pero ahora debía procurar que su abuelo no le arrancara la cabeza.

Peticiones:
-Finalización de la petición de recuperación del título nobiliario de los Harken y obtención de este.
-Extensión de tierra media suficiente para la contrucción de esta pequeña fortaleza que será construida gracias a los oficios de obrero y arquitecta de Alex y Ele:

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Re: El legado de los Harken (Parte 2)

Mensaje por Starrk el Lun Jun 06, 2016 12:28 am

La historia ha estado entretenida, he sentido tu dedicación a la recuperación de tu titulo nobiliario y la obtención de las tierras. He visto que has cometido algunos errores gramaticales o faltas de ortografía debido a una mala pulsación de tecla u otro.

Obtienes 3387 de experiencia y 5081 áureos. También te comunico que doy el visto bueno a la historia y te hago entrega de tu terreno. Espero que lo disfrutes.

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