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Fairy Tail Chronicles


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La bestia se libera(Aprendiendo mineria)

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La bestia se libera(Aprendiendo mineria)

Mensaje por Thul'urk el Miér Oct 19, 2016 4:54 pm

Aprendiendo de Padre
(Con 15 años)

Cómo cada mañana, padre, me despertaba temprano para que comenzara con mis obligaciones. Nada mas abrir los ojos, un nerviosismo recorría mi cuerpo - ¿Qué aprenderé hoy?- me decía mientras arreglaba la habitación antes de salir. Cada día padre se tomaba muchas molestias para que aprendiera algo nuevo, ya que según él mi tiempo por este mundo no permitía que tuviéramos descanso alguno. Así que nada más levantarme y comer algo, ya comenzaba con un duro entrenamiento físico. Trabajo duro y constante, esa la forma en la que tenía padre de fortalecer mi cuerpo y aunque al principio fue un infierno, ya estaba comenzando a acostumbrarme a ello. Tras cultivar el cuerpo, que terminaba más o menos cuando el sol estaba en lo alto, padre comenzaba a instruir mi mente. Padre me había enseñado a leer y escribir, de forma que mi aprendizaje se había acelerado en gran medida a cuando no sabía. Tenía una gran paciencia conmigo a pesar de mis fallos a la hora de aprender y eso era algo que me daba la confianza de seguir intentándolo. Ya había conseguido aprender a hacer mis propias armas y complicados objetos que me ayudarían a acabar con los enemigos de padre con mayor eficiencia.  Pero lo que quería aprender con más ansias era la magia que padre controlaba, la elemental.

- Padre… ¿Cuándo me enseñaras magia? – pregunté mientras terminaba de realizar lo que había mandado hacer.
La cabeza del gran dragón negro comenzó a bajar tras mi pregunta y se posiciono a mi lado. En aquel momento comenzó a mirarme en silencio con aquel ojo rojo, no sé si en señal de advertencia o esperando a que yo le dijera algo más. Padre era muy severo, por lo que tras preguntar aquello temía que me fuera a castigar con algún tipo de trabajo físico extra, pero no fue así.

- ¿Magia?... Mi pequeño Thul, todavía no estás preparado para aprender los misterios de la misma. Eres demasiado joven incluso para los de tu raza, así que algunos años tendrán que pasar antes de que te enseñe sobre ella. – Dijo con una voz ronca, mientras seguía mirándome con detenimiento. Parecía que la conversación iba a acabar ahí, pero al verme algo afligido por su respuesta, el dragón negro siguió hablando. – No te preocupes pequeño, aprender la aprenderás, pero a su debido momento. – Terminó diciendo.

Tras aquella conversación no volví a comentarle nada sobre la magia elemental. Esperaría al momento en el que padre decidiera enseñarme por el mismo aquella misteriosa magia. Tendría que esconder mi deseo por aprenderla, algo que con las ganas que tenía se convertiría en algo tedioso. Pero ahora mismo tenía que quitarme ese pensamiento de la cabeza, por lo que le pregunté a padre que era lo que iba a enseñarme en ese día. En ese momento el dragón negro levantó la cabeza y se alejó elevándola a una plataforma de piedra que sobresalía de la pared de la gran cueva. En ella se encontraban una gran cantidad de pergaminos que había creado o recopilado a lo largo de su vida, por lo que eran bastantes. De entre todos ellos, cogió uno y descendió de nuevo dejando el pergamino a mis pies.

- Thul, has aprendido bien a crear tus propias armas y objetos con los que pocos podrían imaginar, pero… te falta encontrar la materia prima con la que poder crearlos. Te he proporcionado lo que has necesitado todo este tiempo para pudieras aprender lo más rápido posible, pero ha llegado el momento que seas tú y solo tú, el que te abastezcas sin la ayuda de nadie más. – dijo mientras yo abría el pergamino para ver de qué se trataba. – Ahí puedes ver los minerales conocidos por mí hasta ahora. Puede que no estén todos y posiblemente en tu camino encontraras alguno nuevo, pero con esa información y con práctica, podrás encontrar cualquier materia prima que necesites para crear tus armas. – Terminó diciendo.
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El tamaño del pergamino era bastante grande, lo que me daba una ligera idea de la gran cantidad de información que contenía. Me senté cruzando las piernas y comencé a leerlo y a asimilar la información escrita en él. Cobre, hierro, mezclas de diferentes minerales para obtener otros. Aquel trozo de papel era un auténtico tesoro. De repente un terremoto comenzó a sacudir todo el lugar. Estaba bastante emocionado y algo nervioso, por lo que cuando el temblor empezó no me di cuenta hasta que pasaron unos segundos. Cada cierto tiempo en el lugar donde vivíamos se producían terremotos por la actividad volcánica de una montaña no muy lejos de allí, pero cómo ya estaba tan acostumbrado, no me moví ni un ápice del lugar donde me encontraba. Tras calmarse el temblor, seguí leyendo el pergamino e intentando memorizar cada una de las combinaciones y minerales que había allí escrito. Luego iría a investigar a la red de túneles que había debajo donde vivíamos, por si había suerte y encontraba alguno de los minerales mencionados en aquel trozo de papel.

- Entra, y haz lo pactado enano – escuché decir a padre de repente.

No me había dado cuenta que padre había estado tanto tiempo fuera hasta que vi que la luz que entraba por la cueva indicaba que ya era por la tarde. Había estado tan absorto con aquel pergamino que el día se le había pasado en un parpadeo. Ahora que estaba algo más consciente de lo que me rodeaba, sentí curiosidad de a quien se había referido padre con “enano”.  Pero poco tarde en averiguar el significado de sus palabras al ver a un enano salir de detrás de padre, el cual se acercó a mí al verme. Era un enano bastante anciano que a duras penas parecía poder mantenerse en pie, aun así no parecía para nada escuálido, al contrario, tenía una musculatura marcada como si hubiera estado haciendo ejercicio durante toda su vida. Observándolo detenidamente pude percatarme de que estaba temblando, algo extraño ya que no hacía demasiado frio en la cueva. Aparte de eso, pude comprobar que en su mano derecha portaba un pico algo deteriorado, como si le hubieran dado un uso excesivo. Al llegar junto a mí padre comenzó a hablar.

- Thul. Este enano te enseñara a buscar tu materia prima y a saber trabajar los diferentes minerales. Su nombre es Roc. – dijo explicándome de quien se trataba. – Tú enano, tienes un mes para realizar tu cometido, si lo cumples, se te dará lo pactado. – Terminó diciendo mientras colocaba su cabeza entres sus patas y cerraba los ojos.

- S…i….si señor dragón. Th..u..u.ul, ¿verdad? Bueno por donde podría empezar – dijo el enano anciano visiblemente nervioso.

- Ya es tarde Roc, mañana empezaremos con la instrucción, ahora descansa. – dije mientras recogía mis cosas. Acto seguido, le preparé un lugar cómodo para que pudiera dormir y me fui a mi habitación, - mañana será un gran día – me dije mientras sentía que el cansancio me invadía  hasta que al poco caí rendido.

Durante la primera semana, Roc, se comportaba de una manera algo distante. Algo que me tenía algo confundido, ya que intentaba que se encontrara de la manera más confortable posible. Aún así, aprendí mucho de aquel anciano enano. Encontraba los filones de minerales a la primera y su técnica para sacarlos de la pared sin dañar la estructura de lo que lo rodeaba era impecable. Cada día se sentaba conmigo y me explicaba con detalle los lugares, profundidades y de qué manera había que prospectar los diferentes materiales que mencionaban en el pergamino. Había muchas cosas que en el pergamino no estaban apuntadas, por lo que con presura tomaba apuntes para dejarlo todo recopilado. Con Roc era mucho más fácil aprender que si lo hiciera por mi cuenta, ya que se tomaba su tiempo para enseñarme, era un gran maestro.

Durante la segunda semana de salidas a los túneles, comencé a prospectar yo mismo los minerales, siempre bajo la supervisión de Roc. Me indicaba la manera en la que debía de golpear y que herramientas a usar, ya que aparte del pico, podían usarse un cincel y un martillo para sacar con más cuidado el mineral. Durante un descanso, averigüé porque eran tan bueno en lo relacionado con la minería. Al parecer, durante muchos años fue minero de uno de los comerciantes más ricos del norte de discordia y aunque aquello fue hace muchos años y se había retirado, aún mantenía su toque. Pese a su retirada el siguió buscando y prospectando minerales de lugares que conocía. Toda su vida que había dedicado a ello y aun jubilado, ser minero era su pasión por lo que la comenzó a practicar como un hobby, aparte de ganarse un dinero vendiéndolo. Sentía que Roc estaba más relajado que cuando llegó, esperaba poder tenerlo como amigo durante mucho tiempo, ya que comenzaba a caerme bien.

En la tercera semana aprendimos a diferenciar los diferentes materiales, peso, cuando debía moldearse, con que herramientas debía hacerse. Hasta en tres ocasiones tuve que ir a coger carboncillos para poder seguir apuntando todo lo que el anciano enano comentaba y no estaba en el pergamino. Durante una de sus explicaciones, un temblor de tierra sacudió el lugar, provocando que casi le diera un infarto al enano. Tras cesar el temblor le explique porque se producían aquellos terremotos, lo que lo tranquilizó a medias. Estaba aliviado de saber de donde provenían los temblores, pero estaba bastante asustado por que ocurriera mientras estaba bajo tierra. No entendí la fuente de su miedo por lo que proseguí con normalidad a hacer las tareas que estaba realizando antes de que temblara el suelo. Una semana más era lo que quedaba de plazo y sentí que aunque Roc en mi presencia estaba tranquilo, en presencia de padre se ponía nervioso y era algo que me tenía algo desconcertado.

En la cuarta y última semana nos trasladamos a la forja que teníamos en la cueva. Lugar en el que estuvimos practicando la combinación de los diferentes minerales y de la aleación que obteníamos al hacerlo. Estaba fascinado por todo lo que se podía hacer con unos pocos minerales y la forma en la que se podían utilizar y su maleabilidad. Este era el último punto que el enano me tenía que enseñar en cuanto a trabajar los minerales se trataba, algo que le agradecí enormemente. Había tenido mucha paciencia conmigo y además no le importaba explicarme las cosas varias veces hasta que lo entendía correctamente. Tras terminar, nos dirigimos hacia donde estaba padre, que había esperado pacientemente y sin decir ninguna palabra hasta finalizar mi instrucción.

- ¿has terminado enano? – dijo mi padre con un tono algo molesto.

- S…i, señor dragón. Ya no me queda nada que enseñarle. Ha s…ido un buen pupilo y ha aprendido lo enseñado satisfactoriamente – terminó diciendo con la cabeza gacha.

- Vamos, no seas modesto. Ha sido un maestro estupendo padre. ¿Dejaras que vaya a visitarlo de vez en cuando? – dije sonriendo mientras miraba a padre.

La expresión de padre cambió tras mis palabras y con un rápido movimiento, cogió al enano con sus fauces y se lo tragó. Mi cara se tornó en una expresión de horror, confusión y odio hacia mi padre.
- ¿Por qué padre? – dije fríamente.

- Thul. Tu seguridad es más importante que ese enano. Lo traje aquí porque sabía que podía servirme para enseñarte y nada más. Pero si ese enano contara que hay un dragón en estas montañas, ¿Qué crees que harían? ¿me dejarían en paz? ¡No! Vendrían a cazarme, cosa que también te pondría en peligro a ti y eso no lo puedo permitir. De esta forma, todos hemos tenido parte de beneficio. Tú has aprendido a prospectar minerales, el viejo enano ha disfrutado siendo tu maestro durante este mes y yo, yo he saciado mi apetito a la vez que te protegía. – dijo con un tono tranquilizador.

Había sido horrendo lo que acababa de hacer, pero sus palabras tenían cierta razón. Además, padre nunca se equivocaba, ¿no? Acepté lo ocurrido por admiración y respeto hacía padre, pero ese recuerdo no se me borraría en la vida. Asentí con la cabeza con respecto a lo que padre había dicho, pero no dije palabra alguna. Cogí mis herramientas y fui a mi habitación sin ni siquiera cenar. No volvimos a mencionar nada sobre lo ocurrido y lo único que tenía que indicaba que una vez me había enseñado Roc, eran mis notas tomadas con el carboncillo en el pergamino, el cual guardaría con recelo para siempre.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Varias semanas después del incidente, comencé a ir a buscar minerales por mi cuenta, de manera que pondría en práctica todo lo aprendido. Aunque lo encontrado inicialmente era algo pobre, una par de piedrecitas de hierro y algo de carbón, me sirvió para poder percatarme mejor de las diferencias de los distintos minerales. Cualquiera, y con razón, diría que encontrar solo aquello era un pérdida de tiempo, pero yo me sentía satisfecho con lo encontrado. Por lo que sin decaer el ánimo ni un segundo cogí el pico y me adentré de nuevo en aquel pasadizo oscuro. La única iluminación que había en aquel lugar eran unas pocas antorchas de aceite que había ido poniendo a lo largo del túnel, de manera que si se apagaba la que portaba al menos podría guiarme por las que estaban colgadas. Pronto le podría mostrar a padre mis avances.


- Buf, este creo que es el último. – Susurré mientras sacaba de la pared del túnel un pequeño trozo de cobre. Por pura suerte había encontrado un pequeño filón de cobre en uno de los túneles. No lo había visto hasta ahora, y eso que había pasado por allí casi a diario, pero parecía que el temblor ocurrido unos días atrás había dejado resquebrajado parte de la pared dejándolo visible.

De repente otro temblor comenzó a sacudir el túnel, pero esta vez el movimiento estaba siendo más intenso que otras veces. Cogí mis herramientas y la antorcha y me apresuré salir de allí cuanto antes. Durante mi huida me caí en un par de ocasiones, el temblor cada vez estaba siendo más fuerte, provocando que comenzaran a agitarse las paredes. Un sudor frio empezó a recorrer mi cuerpo y aumentaba a cada zancada que daba. Era la primera vez que sentía aquel miedo y no era demasiado agradable, pero, ya veía la luz que indicaba que ya estaba cerca la salida de la cueva. Una sonrisa apareció en mi cara de repente, cómo casi involuntaria, posiblemente en un acto reflejo de que por fin iba a salir del aquella situación. Pero mi expresión cambio de repente al observar el techo del túnel cercano a la salida, el cual había comenzaba a derrumbarse. – NOOOOOO- grité intentando en vano quitar las piedras que obstaculizaban mi camino. En ese momento el temblor se calmó y poco a poco el polvo provocado por el derrumbamiento se empezó a disipar. Mientras el polvo se disipaba, observé que un rayo de luz entraba por un pequeño agujero que no había tapado el derrumbamiento y a través de el pude ver a padre.

– PADREEEEEEEEEEEEEE- grite con todas mis fuerzas mientras intentaba quitar las rocas. – PADREEEEEEEE- volví a gritar de nuevo al ver que me miraba sin hacer movimiento alguno. Tras mirarme unos instantes, comenzó a moverse, pero no en mi dirección. Mis gritos llamándolo hicieron que comenzara a sentir la garganta desgarrada, pero ninguno de ellos fue atendido. Solo pude ver como su cola desaparecía en la lejanía dando un golpe en la pared, momento en el que la única luz que había se apagó de repente. Algo había caído tapando el agujero y ahora estaba en el más absoluto silencio y obscuridad. – Padre…. – susurré, tragando saliva con sabor a sangre.

El sonido de mi corazón cada vez más acelerado parecía retumbar entre aquellas paredes, aquel silencio hacía que pudiera escuchar hasta el sonido más tenue. Eso provocó que comenzara a ponerme nervioso, produciendo un aceleramiento considerable en mi respiración. No podía respirar correctamente y sentía que mi cabeza no estaba funcionando bien, ya que no podía razonar ni pensar. Apoye la mano contra un muro cercano evitando casi por segundos que cayera pesadamente contra el suelo, aun así no podía evitar que mi cuerpo descendiera poco a poco hasta que acabe sentado y con la espalda apoyada contra la pared. – Padre…. padre…. padre…. ayudam….e….. – conseguí decir mientras sentía cómo iba perdiendo la conciencia poco a poco, hasta que caí inconsciente sin poder evitarlo.

Abrí los ojos de repente cogiendo una bocanada de aire, como si me hubiera estado ahogando y que por fin pudiera coger aire. Mi respiración empezó a agitarse de nuevo y todavía no podía pensar con claridad, pero contra más tiempo pasaba más me tranquilizaba, hasta el punto en el que ya pude pensar con algo más de nitidez. Aún en el suelo y en la más absoluta oscuridad, palpe con la mano a mí alrededor en busca de la antorcha que llevaba conmigo la cual se me había caído con el temblor. No tardé en encontrarla, por lo que me puse de rodillas a su lado. Con unas piedras que padre me había dado, comencé a crear la chispa para encenderla y al poco de comenzar, la antorcha comenzó a prender de nuevo. Las demás antorchas del túnel se habían apagado, por lo que agradecí tener algo de luz. Apunté con la antorcha al túnel obstruido y observe con desesperación que era imposible salir por allí. Con cierta dificultad me levanté y emprendí mi descenso por aquel entramado de túneles, mi objetivo ahora era salir de allí.

Durante mi camino recogí el aceite de las antorchas que estaban colgadas en la pared, ya que la única antorcha que me interesaba que estuviera encendida era la que llevaba. Ya ni sabía las horas que llevaba caminando por aquel lugar y ni siquiera sabía si era de día o de noche, el tiempo en aquellos túneles era un poco incierto. Pero eso no era lo que más me preocupaba, si no la deshidratación. Comenzaba a sentir que la sed comenzaba a consumirme, ya que aparte de no haber bebido nada durante todo el tiempo que llevaba en los túneles, el sudar profusamente no ayudaba. Por ahora podría aguantar, pero no sabía hasta cuándo. En ese momento me percaté que estaba caminando por un túnel por el cual no había estado nunca, ya que por lo que iba los marcaba. Al poco tiempo de andar por él, llegué a una especie de sala no demasiado grande. En ella pude apreciar una serie de dibujos en las paredes, los cuales parecían contar una historia. Algo de un mundo subterráneo gobernado por enanos y de cómo un dragón los llevo a su declive.

De repente, me detuve en seco. El sonido de una gota caer en el agua hizo que pisara con más suavidad, procurando que mis pasos no taparan aquel sonido al pisar. Poco a poco me fui acercando al lugar de donde provenía aquel goteo y al llegar observé como desde una piedra que sobresalía del techo, un pequeño hilo de agua bajaba hasta caer a un pequeño agujero con agua. Casi sin poder controlar mi cuerpo me abalance a saciar mi sed, momento en el que por poco no me di en la cabeza con un saliente cercano. El agua era la mejor que había probado en mi vida o al menos esa fue la impresión que me dio cuando di el primer sorbo. Podría parecer que aquello era el simple hecho de beber agua, pero de alguna manera me sentía algo más aliviado después de la tensión de todo lo ocurrido. Tras beber, me senté a descansar mientras intentaba aclarar mis ideas. Estaba atrapado bajo tierra, con algo de agua y nada que comer. No era una situación era demasiado alentadora, pero al menos estaba vivo. Por lo que mientras descansaba, me puse a leer el pergamino de padre bajo la luz de la antorcha. Tras un buen rato leyendo el sueño comenzó a apoderarse de mí, por lo que apagué la luz, había que ahorrar aceite, y me recosté como pude para dormir un rato.

Podría decir que ya habían pasado varios días o incluso una semana, pero estando en aquel lugar donde no podía saber cuándo era de noche o día hacía que me fuera imposible saberlo. Mi rutina diaria había sido la búsqueda de una salida, leer el pergamino varias veces y observar si encontraba algún mineral mientras andaba por los túneles. Era lo único que podía hacer y el tiempo no jugaba a mi favor. El agua parecía que a no se filtraba como antes y tenía que racionarla cada vez más, aparte, el estómago comenzó a dolerme considerablemente y cada vez me sentía más cansado. Tenía que salir de allí ya. En ese momento un temblor comenzó a sacudir la tierra nuevamente, pero en esta ocasión ni me moví. Estaba demasiado cansado como para intentar huir y en el que caso de huir, ¿adónde iría? No había lugar para esconderse, ya que en todos lados me podía esperar la muerte y era imposible adivinar qué lugar de la galería se desprendería esta vez. Cerré los ojos y espere a que todo pasara, eso o encontrar mi final sin haber podido cumplir el cometido que me encomendó padre.

Por fin el temblor acabó y por suerte o por desgracia seguía vivo. Había escuchado un gran estruendo en el lugar donde me encontraba, pero todavía no veía nada por la gran condensación de polvo que había. Pero tras disiparse el polvo, pudre apreciar que mi única fuente de agua que había encontrado había desaparecido. Mi mundo comenzó a derrumbarse poco a poco y el miedo comenzó a apoderarse de mí por primera vez desde que llegué a aquel lugar, pero… ¿Luz? En la esquina de la sala observe un diminuto punto de luz, por lo que corrí hasta posicionarme debajo para comprobar de dónde provenía. En el techo de la sala había un pequeño agujero por el que entraba un diminuto haz de luz, pero en aquella oscuridad se podía ver claramente. En ese momento comencé a buscar rocas cercanas del derrumbamiento y comencé a apilarlas, de manera que en poco tiempo hice una plataforma algo inestable con ellas. Lentamente y con precaución empecé mi ascenso esperando que aquella torre improvisada aguantara hasta que pudiera salir de allí. Debido a que fui con cuidado, tarde más de lo esperado en llegar al techo de la sala, pero sin más dilación, me agarre a un saliente cercano para poder mantener el equilibrio y comencé a darle con el pico para abrir el agujero lo máximo posible.

Golpe a golpe veía como las rocas que rodeaban al agujero iban cayendo al suelo dejando entrar aún más luz, hasta que de repente, un efecto en cadena hizo que cayeran una gran cantidad de aquellas rocas al suelo. Aquello casi me tira de la torre de piedras, ya que hizo que comenzaran a tambalearse, pero por suerte aguantaron. Por fin podía ver el lugar con más claridad el lugar por el que estaba entrando la luz y la verdad me quede un poco desanimado al encontrarme con ello. - ¿Un pozo? – pensé, buscando la manera de subir por él. Era un pozo de agua o al menos hubo en algún tiempo, ya que ahora estaba seco, y la verdad parecía bastante profundo. La luz casi no llegaba directamente. Llegaban por el reflejo de las piedras de las que estaba hecho, las cuales parecían muy brillantes a simple vista. Pero ahora no era tiempo de quedarme obnubilando, ahora ya tenía un camino por el que poder subir… o al menos esa era la idea. Innumerables veces intenté salir de aquel lugar, intentando escalar hincando el pico, subiendo un poco más la torre de rocas, e incluso y de una manera algo desesperada, hincado los dientes para obtener algo de apoyo en el ascenso. Nada funcionaba y mis mermadas fuerzas se esfumaron en mi último intento de subida. Dolor, rabia, tristeza, decepción y vergüenza. Mi cuerpo iba a estallar por tal cumulo de emociones y sentimientos. Ya no podía más, tenía que aceptar que iba a morir en aquel lugar. En ese momento un tremendo dolor de cabeza agitó mi mente, como si me la estuvieran golpeando con un mazo.

- AAAAAAAARGGGGG. ¿Qué me pasa? – Grité enérgicamente, mientras mi cuerpo comenzaba a convulsionarse con fuerza.

Comencé a sentir calor por todo el cuerpo, provocando que me retorciera aún más de lo que estaba. Que era aquella sensación, era como si estuviera explotando por dentro, cosa que casi me provoca perder el conocimiento y como si de un sueño se tratará, el dolor se fue. Abrí los ojos y observé con horror lo que me había ocurrido, ¿garras?, ¿escamas?, ¿dientes afilados? Aunque eso no era lo peor. Lo peor era que veía como mi cuerpo se estaba moviendo pero no era yo el que lo controlaba. Sentía cada cosa que estaba pasando, pero no mi cuerpo no reaccionaba a voluntad, estaba siendo controlado por otra parte de mí. Mi respiración comenzó a agitarse, mientras los latidos del corazón retumbaban en todo mi organismo. Mi cabeza miro hacia arriba y comenzó a ascender por la torre de rocas hasta la base del pozo. Al llegar y pensé que caería de nuevo al fondo de la sala, pero en vez de eso, comencé a ascender. Mis uñas afiladas se clavaron con fuerza en los recovecos de aquel cilindro de piedra y con la ayuda de la cola, comencé a trepar. En mi ascenso los dedos comenzaron a sangrar y sentía como múltiples roces herían mi cuerpo, aquello estaba siendo mi peor pesadilla, pero de alguna manera también mi salvación.

Mi mano llegó al filo del pozo y con un último impulso salí de aquel lugar. El ascenso había sido eterno, pero por fin estaba fuera. Ahora sentía el calor del sol en mi dolorido y magullado cuerpo. Una sensación que hizo que sonriera casi involuntariamente. Un mareo repentino me sacudió de nuevo, esta vez sin dolor alguno. Mareo que se intensifico, provocando que el desmayo fuera inminente. Comencé a ver borroso y apenas podía tener los ojos abiertos, estaba exhausto, mareado y mi cuerpo solo me pedía cerrar los ojos. Pero antes de que me desmayara, pude apreciar como una enorme sombra pasaba por encima de mí. - ¿Padre?...- pensé segundos antes de perder el conocimiento.

Cogí una gran bocanada de aire y abrí los ojos de repente y en ese momento comencé a respirar agitadamente. Me senté rápidamente para ver donde me encontraba y en ese momento un terrible dolor comenzó a sacudir mi cuerpo. Las contusiones y las heridas repartidas por todo mi cuerpo, me recordaron de golpe todo lo que me había ocurrido. Pero ahora tenía que ver donde me encontraba… ¿estaba en mi habitación?, pensé sorprendido. Al mirar con más detenimiento, observé que mi cuerpo estaba atado con unas telas en su mayor parte y que tanto las escamas negras, como los colmillos y las garras, habían desaparecido. -¿Habrá sido un sueño? No, es imposible. Este dolor que siento es real. Mis recuerdos son reales… pero ¿entonces? – me pregunté bastante confundido. Tenía que ver a padre, tenía que contarle lo que me había ocurrido y lo que había aprendido, por lo que me levanté con dificultad y me encaminé al exterior. Nada más salir pude ver como la entrada del túnel derrumbado estaba despejado, algo que me extrañó enormemente. Pero antes de que pudiera pensar en ello, la voz de padre retumbo por todo el lugar.

- Thul! ¿Por qué has tardado tanto? – dijo acercando la cabeza a mi posición.

- Padre no te vas a creer lo que me ha ocurrido – dije un poco emocionado, pero antes de que pudiera decir nada, padre me interrumpió.

- Lo sé. Te elegí y te acogí por eso. Eres mitad dragón Thul, y por fin tu lado salvaje ha visto la luz. Durante muchas lunas pensé que podría haberme equivocado al escogerte, que mis sentidos ya no eran tan afinados como antes, pero parece que al final tenía razón. Jajajajajaja. Thul, tú iniciación a comenzado. Estas apunto de ser parte de algo más grande de lo que puedes imaginar y tendrás el honor de ser el que. Ahora descansa te lo has merecido – Dicho esto, se dio la vuelta y salió de la enorme sala.

Confundido tras sus palabras, sentí una mezcla de pena, vergüenza y rabia. Pero las palabras de padre eran sagradas y todo lo que decía que hiciera lo ejecutaba sin rechistar. El solo quería lo mejor para mí, pero por primera vez en mi vida un atisbo de duda pasó por mí mente. Desechando ese pensamiento rápidamente, me senté en el suelo y descansaría cómo padre me había dicho que hiciera. Me miré las manos y recordé el momento que las vi con garras afiladas, y la piel con escamas negras. Ahora parecía todo una pesadilla, pero era real. Al menos había sacado algo bueno, había aprendido a prospectar minerales y diferenciarlos, con la práctica aprendería a combinarlos para crear nuevos y más fuertes materiales. Inconscientemente sonreí, este iba a ser el inicio de una nueva etapa en mi vida.

(A las afueras de la cueva en la montaña)

El dragón negro cruzó el umbral de la entrada de la cueva y se paró al instante. Sentía que alguien estaba cerca de su ubicación, por lo que comenzó a observar a alrededor hasta que vio la sombra de alguien apoyada en un árbol. A simple vista no reconoció de quien podría tratarse, aunque tenía una ligera idea por la forma en la que tenía de aparecer.

- Wolmurg. ¿Qué te trae ante mi presencia? – dijo de repente.

- No has perdido tu toque viejo dragón. – dijo desde las sombras Wolmurg.

- ¿Solo has venido hasta aquí para llamarme viejo? – Dijo en un tono algo molesto el gran dragón.

- Vale, vale, iré al grano. Es sobre Drasha. Ha realizado su movimiento uniéndose a la hermandad del cuervo. A partir de ahora nos será más difícil ir tras ella. – dijo intentando excusarse.

- Parece que mi fracaso está creciendo. – dijo quedándose pensativo unos instantes. – Bien, sigue cómo lo teníamos pactado, en algún momento bajara la guardia. – Termino diciendo.

El hombre sombrío hizo una especie de reverencia y desapareció en un parpadeo. Las noticias traídas por aquel extraño no eran las que el gran dragón había planeado, pero lo único que tenía que hacer era acelerar el entrenamiento de su herramienta. Pronto sería capaz de corregir los errores que cometió hace ya tiempo y cuando llegara ese día, el mundo temblaría con su regreso.

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Re: La bestia se libera(Aprendiendo mineria)

Mensaje por Starrk el Sáb Oct 22, 2016 4:06 pm

La historia ha sido bastante larga, aunque contenía algunas faltas de ortografía nada que resaltar. Ha estado entretenida, aunque en algunas partes se me hizo pesada.
Te concedo la profesión de minería.

Historia moderada

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